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Venom en Chile

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Prometedora se veía la jornada del recién pasado miércoles 9 de diciembre, una tripleta de bandas extremas con Venom a la cabeza liderando el cartel para lo que sería quizás una de las visitas más esperadas en lo que a materia de metal extremo de culto se refiere. Y es que la ya mítica agrupación liderada por Cronos en las voces y que ha cambiado tanto de alineación como mujer cambia de zapatos, sólo había venido una vez en el pasado a Sudamérica en el distante año ’86 y sólo a Brasil, con Exciter y unos jóvenes Sepultura como teloneros. Recién en el presente año por fin sería la oportunidad de Chile.

El show daría inicio un poco pasado de las 20 horas con los locales de Atomic Aggressor quienes desde el Chile Metal Fest (donde tocó Obituary más Sadus) no se les veía pisar un gran escenario para telonear a una banda internacional. Con toda la garra que los caracteriza, estas leyendas del metal nacional se las jugaron con clásicos de Bloody Ceremonial, Resurrection y su más reciente material Rise Of The Ancient Ones. De esta forma la banda se luciría en vivo frente al poco pero presente público que iba en crecimiento a medida que pasaban los minutos.

A las nueve de la noche, sería el turno de los malditos Pentagram que reunidos este año sólo para tocar un par de fechas en Chile y Europa se darían el lujo de ser la antesala de una de las bandas que más los influenció a la hora de componer allá en los ochentas. Estos verdaderos dinosaurios primigenios del Death/Thrash local se ganarían al público desde el primer momento con cortes clásicos y conocidos por la masa chascona chilensis como Profaner, Fatal Predictions, Demented, la grindcore Pigs, y Demoniac Possession entre varias otras que decoraron una presentación muy parecida a la que fue para su show de reunión el pasado Agosto. Divertido fue el hecho de que Anton, el vocalista, destacara la “cagá” que quedó la vez pasada con los mosh en varias canciones y que ahora estaba gustoso de volver a verlas. Al parecer el público chileno en ese sentido le gana por lejos en respuesta a los pasivos europeos.

Bien pasados de las diez de la noche, un foco rojo potente se centraría en la figura omnipresente del macho cabrío, también conocido como satanás, que se ubicaba en el fondo del telón mientras una estrepitosa intro daba la bienvenida a una verdadera leyenda en vida como lo es Cronos quien acompañado de los leales Rage en guitarras y Danté en batería darían vida a una jornada de blasfemia, ocultismo y por supuesto toda la cuota de metal pesado, hard rock, y punk como sólo el sonido de Venom lo puede lograr.

El inicio con Black Metal era lo que muchos esperaban, y los círculos de mosh se armaron en un dos por tres. Continuarían rápidamente con Welcome to Hell y el sonido no era el más pulcro para la jornada, algo mejoraría con la llegada de Bloodlust pero en entrega y aguante la banda no se quedaba atrás. Puntos extras para la increíble iluminación que pudimos presenciar aquella noche, dando a todo el evento un toque lúgubre y misterioso de destacar. Que increíble era escuchar por fin estos temas en vivo, quizás tocados algo más sucios pero que va, y más chacal era ver a un prendidísimo Cronos que vociferaba “South America needs some Venom”, ¿alguna duda de esto?

La noche avanzaba y el ánimo del público no se apagaba ni por un segundo, los torbellinos de gente se dividían en cancha al ritmo de tonadas tales como Hell, Seven Gates Of Hell, Straight To Hell (y varias otras con Hell jajajá), pero el real caos se generó en Countess Bathory, tema clásico del trío que destaca por lo ganchero y pegajoso que resulta y más todavía porque debe ser uno de los temas que siempre Pentagram hace cover (y en este ocasión por razones obvias no lo hicieron). El público saltando y en las tribunas todos levantando los brazos al ritmo de los oscuros riffs del grupo.

Sorprendente fue la inclusión en el setlist de temas tales como In Nomine Satanas y Don’t Burn The Witch, canciones que hasta el momento no se habían tocado al parecer en este tour, nadie los esperaba realmente y fue muy grato que sorprendieran con este as bajo la manga.

La velada llegaba a su fin y con Metal Black se alejaban los músicos de escena por un momento, para luego a pedido del público volver a salir a las tablas y deleitarnos con las últimas sorpresas de la noche: In League With Satan y Witching Hour, canciones con las que el alboroto tomó un carácter masivo, y el desorden en cancha se vivió como pocas veces pasa en el Caupolicán. Las luces se encienden, la banda se despide, y luego de la tormenta vuelve la calma, sólo el grito de un emocionado Cronos irrumpía en la escena mientras aullaba “We’ll Be Back!” y todos aplaudían mientras se retiraban felices a sus casas luego de sendo espectáculo.

PD: Como dato gracioso, notable el final con el sonido de cierre de sistema de Windows que se escuchó a todo lo ancho y largo del Teatro. ¡Detalles que se escapan a los sonidistas!

Fotos por Jorge González Guerra

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7 Comentarios

7 Comments

  1. Fabian

    13-Dic-2009 en 12:42 pm

    Muy Bueno el Show!!.,..increíble
    habían personas que decían que no iban porque solo venía Cronos…a mi parecxer se perdieton tremendo Recital

    Flack..muye Buenas Fotos!!!

    y lo de Windows al final…me hizo reir mucho…como que le quito la mistica del momento…jaja

  2. Sol Oróstica Trejo

    13-Dic-2009 en 4:50 pm

    RT @HumoNegro: Review: VENOM EN CHILE http://bit.ly/7oTQYo

  3. mantas

    14-Dic-2009 en 11:56 am

    muy buen review compadre, el recital buenísimo, no podia creer que estaba viendo tanto clasico junto, GRANDE VENOM !!!

  4. jose

    14-Dic-2009 en 5:44 pm

    que increible cronos weon..cuantos años tiene?..una polenta de la san puta el viejo….

  5. Luchifer

    15-Dic-2009 en 1:43 am

    El 2do mejor show de mi vida, los estaba esperando desde los 80’s…

    Respecto a lo del cierre de windows, yo lo vi en primera fila… el netbook que tenia el tecnico de escenario al lado izquierdo, donde tenian todos los efectos, introducciones, etc… lo apago, y en el momento que va a cerrar la pantalla, se escucha la fanfarria estupida de windows… jjajajaja

    A los que se lo perdieron, una lastima… a los que no quisieron ir pensando que seria una perdida de lucas por tener solo “1 miembro original” les digo: IDIOTAS… se perdieron un show de lujo, un clasico de clasicos… un deber… el show con el mejor frontman del metal de todos los tiempos.

    Luchifer

  6. Ricardo

    27-Dic-2009 en 3:50 pm

    Increible, la raja, un privilegio haber sido parte de este infierno. No falto ni sobro nadie, creo que estubieron los que debian.
    Junto dos generaciones de chascones esta banda. Lo bueno es que no hubo ni possers ni nerds metal.
    Cronos sigue cantando como siempre. Este es el metal de satan para hombres no para señoritas con su new metal melodico y pintadas como perras.

  7. Ignacio Machuca F.

    14-Ene-2010 en 4:04 pm

    @nicollapse WTF->http://tinyurl.com/ygqzq7o

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Bush + Stone Temple Pilots: Las fuerzas de la historia

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Cuando nos enfrentamos a una noche donde hay dos bandas relevantes, cuyo apogeo parece estar instalado hace décadas, la gran pregunta es por qué se siguen moviendo estos proyectos más allá de la nostalgia qué puede motivar a las bandas a continuar. Dos vertientes muy diferentes, pero a la vez complementarias, es lo que se pudo ver en la noche del 21 de febrero en un Teatro Caupolicán repleto que vivió una noche de rock tradicional, hits indelebles y también diferentes maneras de ver cómo evolucionar.

Antes, con puntualidad extrema (como ocurrió toda la jornada) se paró en el escenario la banda Randy Watson, que pese a que no tiene tanto ruedo discográfico y se presenta como una “nueva” agrupación, destila experiencia y potencia en el escenario. En 20 minutos lograron una reacción inmediata de la gente que ya a esa hora ocupaba más de la mitad del recinto de calle San Diego. Su rock es potente, recuerda al estilo alternativo de los 90’s pero también tiene quiebres más contemporáneos. Si estos son los primeros pasos del retorno de esta banda (que por los inicios de la década sacó su primer material), habrá que esperar qué viene, y si en estudio pueden replicar esa energía contagiosa que ya muestran.

Otra banda nacional recibida de gran forma por el público fue Temple Agents, que siempre en estas ocasiones de abrir para bandas muy reconocidas sale jugando con maestría, pese a que los problemas de sonido con el micrófono de Ale Solar pudieran haber quitado un poco de atención en las canciones. Su potencia es innegable, aunque resulta extraño que, pese a grandes ocasiones y grandes presentaciones, todavía aparente ser tan lejano este nombre. Quizás a Temple Agents le pesa cantar en inglés, pero al mismo tiempo es parte de esas gracias que les hacen tener un look y presentación de nivel internacional, y ello merezca más reconocimiento, en especial por su capacidad en el escenario.

Bush: Hacia adelante, sin miedo

En una entrevista con nuestro medio (que pronto publicaremos), Gavin Rossdale dice que es un “músico trabajador”, reconociéndose como parte de una clase, más allá de talentos o de méritos. Lo que le llena el alma es hacer música y mostrarla, sea a través de Bush o de otros artistas, y es esa apertura la que queda de manifiesto desde las 21:23 hrs. en adelante, en un set que pese a descansar mucho en “Sixteen Stone” (1994), su primer álbum, al mismo tiempo es capaz de mostrar cómo la banda continúa hacia adelante, sin temores.

El pilar de lo que hace la banda es Gavin, sin duda. El tipo se mueve con la prestancia y atractivo en escena que desearía tener Adam Levine y la voz que muchos de la mitad de su edad quisieran mantener. Desde temas más antiguos como “Machinehead” hasta la más nueva del set, “This Is War”, Rossdale entrega movimiento, intensidad y alegría a cada uno de sus movimientos. La banda que lo acompaña, además, es impecable, y suena perfecta desde el primer momento. Eso es algo que no cambiará a lo largo de la jornada, mientras Gavin habla en su español sorprendentemente fluido con un público que, quizás pudo haber llegado en su mayoría a ver a Stone Temple Pilots, pero que se entregó a la experiencia de Bush.

Esta segunda etapa de Bush, que apretó el botón de reinicio en 2010, lleva casi lo mismo que esa que comprendió de 1992 a 2002, y quizás no ha entregado singles memorables, pero ha permitido consolidar a una agrupación demasiado empantanada por el sonido de los tiempos, y darle sus propios matices y, más importante, sanearla de nostalgias sonoras. Una cosa es cantar “Greedy Fly” o “Everything Zen” 20 años después, y otra muy diferente es hacerlo copiando y pegando entre un tiempo y el otro. Es ese error el que Bush evita a toda costa, sin traicionar el momentum propio de las composiciones, y ahí es donde se le puede creer a Gavin: el respeto a la canción es digno de un obrero de la música, y esa devoción a la obra es algo que corre con fuerza en cada etapa de ese viaje.

Entremedio, como en cada periplo, hay baches, y en este caso tuvo que ver con un conato que Gavin tuvo con un asistente en platea baja, quien al parecer tenía un ánimo violento, y que Rossdale intentó calmar, encontrándose con un muro de condescendencia por parte de este miembro del público. Ya nos decía Gavin en la mañana del concierto que intenta no pescar lo que dicen los haters, pero que cara a cara la situación era otra, y así fue. El muchacho se fue, golpeando a su paso a gente del público, un episodio ridículo donde se confunde la “actitud rockera” con la lisa y llana estupidez. Algo irónico luego de tocar un tema llamado “Everything Zen” para dar paso a otro llamado “Let Yourself Go”. Literalmente, Gavin invitó a ese furioso “fan” a dejarse ir.

Tras “Swallowed” y un coro rotundo del público, Gavin se fue a la mitad de “Little Things” bajando a la barricada que separa la cancha del escenario, y luego salió de la vista de la gente para volver en la galería del Caupolicán y transitar por todo el ancho de las plateas cantando y sacándose selfies al paso con algunos, y siendo tocado por otros muchos. Una locura que más tarde sería copiada pero no igualada. Era la invitación a estar todos juntos, como decían Los Jaivas, y también The Beatles en “Come Together”, corte del álbum blanco que Bush cubrió antes de rematar con “Glycerine”, donde Gavin a pura guitarra primero hizo cantar a la gente, y rematando con “Comedown”, directo en el corazón de la nostalgia. En vez de apelar a sonar al pasado, Bush suena a presente, y así proyecta su futuro, con una energía envidiable, que por 80 minutos llevó a un teatro repleto a vivir todos los tiempos, mirando hacia adelante, sin auto plagios ni mentiras, derivando en un gran show.

Stone Temple Pilots: Completando el círculo 

Quienes no buscaban sorprender ni mostrar vigencia fueron Stone Temple Pilots, que pese a ser el plato fuerte de la noche, cayó un poco en el ejercicio de ser opacados por Bush y su excelente presentación, algo similar a lo ocurrido con The Hives eclipsando a Arctic Monkeys en su recordada visita de 2014. Puntual como todo lo que se vivió en la noche, Stone Temple Pilots entró a escena sin mayores presentaciones, abocándose directo a la música con “Wicked Garden” y “Crackerman”, canciones que de inmediato encendieron los ánimos de un público que iba decidido a pasarlo bien, sin importar que la encarnación de la banda arriba del escenario no sea la misma que los hizo famosos. Eso, en el papel, ya que desde el look a los movimientos de Jeff Gutt emularon durante toda la noche a Scott Weiland, algo que podría ser bueno o malo dependiendo el punto de vista que se mire, pero que, a la larga, sirvió como un buen efecto placebo para no caer en cuenta de que la voz que retumbaba en cada rincón del teatro no era la misma que instaló estas composiciones en la memoria colectiva.

A fin de cuentas, lo que STP hace en el escenario es una continuación natural de la carrera de la banda, como si se tratara de empujar un legado estrictamente musical en vez de reposar en la figura de su fallecido frontman. Lo anterior, es una ventaja para el conjunto, ya que se omiten clichés casi obligatorios de las bandas reformadas como el recuerdo a los que ya no están, dedicar alguna composición emotiva a un ex compañero, o el típico “esta noche es para *inserte nombre de fallecido*”, lo cual seguramente era lo que muchos esperaban durante la noche, pero lo más cercano de eso fue la presencia de Jeff Gutt como una especie de cuerpo poseído por el espíritu rebelde y lleno de actitud que tenía Scott Weiland en sus mejores años. Por supuesto, no hay necesidad de quitarle mérito al vocalista, ya que su interpretación es lo que más refuerza una banda que siempre ha sonado perfectamente arrolladora, y eso lo demostró a la hora de despachar clásicos del catálogo del cuarteto como “Bing Bang Baby” o “Plush”, cuya interpretación semi a capella en la primera parte generó uno de los momentos más lindos de la velada.

Y si la noche estaba dispuesta para la nostalgia, las canciones del nuevo álbum homónimo de la banda debieron pasar a segundo plano, con las igualmente tremendas “Meadow” y “Roll Me Under” como las únicas presentes dentro del set. Aquí es donde fue posible notar la gran calidad vocal de Gutt y su entrega hacia el espectáculo, recorriendo toda la cancha del Caupolicán mientras recibía el cariño y los flashes de la gente a medida que los hermanos DeLeo junto a Eric Kretz echaban abajo el escenario con su implacable forma de tocar rock. Si bien Gutt es quién conduce la fiesta, se nota de manera indirecta que es Robert DeLeo junto a su hermano Dean quienes lucharon contra la corriente para sacar la banda adelante en tiempos tan adversos como los que han vivido. “Interstate Love Song”, una de las favoritas de la gente, permitió que los hermanos notaran lo que querían: el público no los olvida y sus canciones siguen sonando tan fuerte como antes.

El show avanzaba hacia el final y llegaban las canciones “Dead And Bloated” y “Trippin’ On A Hole In A Paper Heart” para dar el punto final, cerrando así un círculo que se completaba con la banda volviendo a sus orígenes, ya que, como se notó en varias ocasiones, la figura de Jeff Gutt emuló a un Weiland en sus mejores años, casi como volver en el tiempo a los días en que STP era una de las bandas más comentadas dentro de la escena del grunge y el rock alternativo de los años noventa. “Sex Type Thing” fue la que finiquitó definitivamente un nuevo paso del conjunto por nuestras tierras, el tercero, pero a la vez el primero con esta nueva encarnación que pasó la prueba de cumplir con las expectativas y exigencias que requiere un catálogo tan nutrido y poderoso como el de los oriundos de San Diego, California.

Solo el tiempo dirá si esta alineación puede seguir adelante con éxito, pero al menos con lo demostrado anoche se puede entrever que así será. Tanto Bush como STP tuvieron la tarea de sacar adelante un legado que para el mainstream podría haberse quedado estancado en el tiempo, pero demostraron vigencia y sobre todo respeto por una carrera que dio muchos frutos y que sigue estando latente dentro del corazón de sus seguidores. Puede que ambos sean actos de nostalgia, pero cuando esa nostalgia se expresa tan bien como en sus mejores años, no se siente como tal. Aquí no hubo auto parodias ni músicos en caída libre en cuanto a interpretación o entrega en escena, sino que más bien las energías propias de este segundo aire que las dos agrupaciones tuvieron. Los años podrán seguir pasando, pero el talento, la entrega y el deseo de seguir tocando impecablemente quedará siempre, sin tener que contar con manchas oscuras dentro de tan preciado legado musical.

Setlist Bush

  1. Machinehead
  2. The Sound Of Winter
  3. This Is War
  4. The People That We Love
  5. Greedy Fly
  6. Everything Zen
  7. Let Yourself Go
  8. Swallowed
  9. Little Things
  10. Come Together (original de The Beatles)
  11. Glycerine
  12. Comedown

Setlist Stone Temple Pilots

  1. Wicked Garden
  2. Crackerman
  3. Vasoline
  4. Silvergun Superman
  5. Big Bang Baby
  6. Big Empty
  7. Creep
  8. Plush
  9. Meadow
  10. Interstate Love Song
  11. Roll Me Under
  12. Dead And Bloated
  13. Trippin’ On A Hole In A Paper Heart
  14. Sex Type Thing

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