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Mejores discos internacionales 2017

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Desde 2012 que el equipo musical de HumoNegro ha venido jugándosela con los mejores discos del año. Parece una tarea sencilla, dada la cantidad de listas que pululan en internet, algunas muy valorables como otras de sospechosa calidad y procedencia, pero no lo es. Disfrutamos mucho seleccionando los mejores discos del año, eso es irrefutable, pero es difícil por la cantidad de lanzamientos que aparecen cada día.

Nos gusta la lista de discos que generamos cada año, más que nada por cómo la hacemos: es un proceso que comienza el 9 de diciembre de 2016 y termina en el 7 de diciembre de este año, involucra a todo el equipo y además es el resultado de gustos subjetivos pasados por una fórmula objetiva. Por supuesto que tiene sus limitantes, como todo ranking: no involucramos EPs, compilatorios, ni material en vivo, ni de covers o reversiones, sólo LPs oficiales lanzados en el año.

Tampoco segregamos por género, evaluamos la calidad de cada disco por su propia valía y como aporte al mundo musical; tampoco entramos en comparaciones con discos pasados de un mismo artista; y aunque cada placa tiene un número en esta lista, valoramos más su conjunto que sus individualidades (de hecho, en esta ocasión los primeros diez lugares se diferenciaron sólo por centésimas en su puntaje). Por supuesto, quienes están más arriba en el ranking han generado un mayor consenso en el equipo, sin embargo, acá no hay algo premeditado para que salga tal o cual artista en los primeros lugares, sino que –como se explicó anteriormente– es el resultado de la visión individual de 11 personas aunado en un todo final.

Como siempre, no hay discos chilenos en esta lista porque a aquellos los destacamos en ESTE ARTÍCULO.

Si quieres ir escuchando los discos, hay enlaces en el nombre del artista y en la portada que llevan a streamings gratuitos, y la mayoría también con la reseña que escribimos durante el año.

50°

Wire – “Silver/Lead”

Silver LeadVeteranos del rock alternativo, del punk en su etapa más temprana, Wire se ha posicionado como uno de los grupos más vanguardistas de la escena. “Silver/Lead”, su decimosexta producción en cuatro décadas, es la muestra fehaciente de la experticia que estos británicos han acumulado al reformular y adaptar su sonido a un panorama musical tan mutable como impredecible, facultad que, lejos de despojar a esta banda de su sello atmosférico característico, le proporciona una herramienta adicional, pues cada pieza de esta obra despide una estela etérea, una especie de narración cósmica intensificada por sutiles detalles que hacen de este un disco sólido y bien estructurado.

49°

Junius – “Eternal Rituals For The Accretion Of Light”

Eternal Rituals For The Accretion Of LightUna experiencia épica. Eso es lo que esta banda norteamericana de post-metal ha venido proponiendo y entregando satisfactoriamente desde su debut oficial en 2009, cuando decidieron emprender un viaje temático que no tardaría en transformarse en una trilogía conceptual. Una eficaz combinación entre pletóricas texturas sonoras y letras reflexivas que hablan sobre la trascendencia de la vida después de la muerte. Esta es, precisamente, la tercera pieza de este rompecabezas; un álbum donde la versatilidad de la voz de su vocalista, Joseph E. Martínez, se comporta como el perfecto conductor de una artillería instrumental tan hipnótica como vertiginosa.

48°

Él Mató A Un Policía Motorizado – “La Síntesis O’Konor”

Intensidad emotiva. El disco “La Síntesis O’Konor” es una obra rebosante de vitalidad; es un disco para saltar, para gritarlo, para llorarlo y para sufrirlo. Los integrantes Niño Elefante, Santiago Motorizado, Doctora Muerte, Pantro Puto y Chatrán Chatrán probablemente hayan hecho el mejor disco de lo que va de su carrera y se lo han hecho saber a todo Latinoamérica. Los temas que recorren el álbum van desde la identidad personal y el amor, al fracaso y la depresión, en un conjunto de melodías inolvidables. Con “La Síntesis O’Konor”, Él Mató A Un Policía Motorizado ha logrado encarnar un sonido indie de la más alta calidad y, tarea difícil, de la más alta autenticidad.

47°

King Krule – “The OOZ”

Si se pudiera definir la música realizada por Archy Ivan Marshall, se podría decir que hablamos de una especie de jazz trasnochado con leves pinceladas de hip hop. Si a lo anterior le sumamos su particular timbre vocal, nos termina entregando unas piezas lo-fi solapadas de gran calidad. Por momentos enérgico, en otros introspectivo, su tercer disco –el que parece la banda sonora idónea tanto para primaverales atardeceres como para invernales desvelos llenos de melancolía– consolida la incipiente pero fructífera carrera del cantautor inglés, quien ya empieza a coronarse como un verdadero monarca de la música alternativa de la gran isla europea.

46°

Depeche Mode – “Spirit”

Con una de las discografías más abultadas dentro del mundo de la música, Depeche Mode ha enarbolado a la electrónica como su bandera de lucha, convirtiéndola en un sello de identidad. “Spirit” viene a complementar esa gran biblioteca sonora con texturas musicales elegantes y envolventes, todo ello adornado por la prolífica voz de Gahan. La creatividad lírica y expresiva de la banda se vuelca y plasma de comienzo a fin en “Spirit”, volviéndose un disco que captura desde lo sensorial y lo emocional. Del trabajo de los británicos emana una genuina sensación de madurez, mezclada con la legitimidad propia del verdadero cancerbero de la electrónica en el siglo XXI.

45°

Trivium – “The Sin And The Sentence”

The Sin And The SentenceTrivium es la prueba viva de la perseverancia. Con un extenso recorrido en el cuerpo y un buen puñado de discos bajo el brazo, “The Sin And The Sentence” viene a aplicar todo lo aprendido y a engendrar uno de los mejores trabajos de la banda. El cuidado por cada detalle de las guitarras propone un metalcore con un tono pulcro, cuyo brillo no esconde los reiterados guiños al heavy metal de corte más melódico. La voz de su frontman, Matt Heafy, es otro punto a favor de la placa, paseándose por variados matices de intensidad que denotan su buen pasar. “The Sin And The Sentence” es un álbum prolijo que no hace más que augurar un futuro prometedor para la banda de Orlando.

44°

Mark Lanegan Band – “Gargoyle”

Como solista o como integrante de agrupaciones musicales, Mark Lanegan ha navegado por el extenso océano del rock alternativo destacando por su amplia experiencia en la composición, ejecución y producción musical. “Gargoyle” es el resultado de esa irreprochable trayectoria, y en él se deja entrever un esfuerzo por construir una atmósfera sonora oscura y decadente, todo adornado por una cancina voz de Lanegan, pero una que deslumbra por la coherencia con el concepto general del disco. La ajustada instrumentación y electrificación se oye en las diez composiciones que ciertamente transmiten la seguridad y seriedad con la que Lanegan acomete el acto de la creación artística.

43°

Primus – “The Desaturating Seven”

The Desaturating SevenPrimus, a esta altura del siglo, es una verdadera institución musical que nunca ha postergado una idea por intentar agradar a la crítica. En “The Desaturating Seven” tenemos otra apuesta por una estructuración conceptual del disco. Aparecen en él ritmos disonantes cargados de funk y retoques de metal, junto a una interesante apuesta por la experimentación instrumental en canciones que van in crescendo en intensidad y texturas. En tan sólo siete composiciones, Primus demuestra todo su virtuosismo a la hora de elaborar atmósferas musicales complejas y edificantes. Nadie, después de oír este trabajo, podría aducir un estancamiento en su creatividad artística.

42°

O.R.k. – “Soul Of An Octopus”

Con músicos de primera línea del rock progresivo, la banda O.R.k. muestra en “Soul Of An Octopus” más que una habilidad técnica desbordante: una sobriedad estética digna de escuchar. A veces resuenan influencias de Porcupine Tree, de Tool, otras las de King Crimson y del folk, se conjugan fórmulas conocidas del género junto a elementos experimentales de la manera más diestra, con una exactitud profesional y una producción con un tacto estético impecable. En términos generales, es un disco que recoge lo mejor de lo clásico del progresivo junto a la elaboración de elementos de vanguardia que, sin duda, da luces acerca del porvenir del género.

41°

METZ – “Strange Peace”

Strange PeaceAcoples, distorsión y estridencia; noise rock puro y crudo. Así es como este trío ha logrado cimentar una sólida carrera, encontrando un punto de consolidación sonora de la mano de este tercer álbum, el que cuenta con la producción de nada más ni nada menos que de ese baluarte del rock alternativo que es Steve Albini. Y es que era cuestión de tiempo para que METZ llamara su atención, pues, como orgullosos herederos de todo el legendario sonido de Seattle de finales de los 80, con “Strange Peace” estos canadienses dan cátedra de cómo componer un rock visceral que remueve la totalidad de nuestras entrañas a punta de descargas eléctricas y verdaderos cataclismos sónicos.

40°

The War On Drugs – “A Deeper Understanding”

A Deeper UnderstandingNo se requiere de un entendimiento tan profundo para descifrar la fórmula de The War On Drugs: su modelo se desarrolla sobre una base aprendida de estandartes del rock americano, como Bruce Springsteen o Neil Young. Bajo esa premisa, el proyecto del siempre creativo Adam Granduciel arremete con una obra sólida, íntima y detallista, desentrañando las claves de ese denominado dad rock para darles frescura, brillantez y un sello propio que no necesita caer en plagios o lugares comunes. Con un trabajo tan bueno como sus anteriores, Granduciel vuelve a demostrar su talento en la producción, llevándonos por un constante viaje de emociones y experiencias personales.

39°

Ulver – “The Assassination Of Julius Caesar”

Al escuchar el presente de Ulver, cuesta creer que los orígenes de la agrupación se alojan en el black metal. Hace varios años ya que los noruegos tomaron un giro radical, dirigiendo sus inquietudes hacia lo electrónico y lo atmosférico. Sin dejar de lado el interés por las sonoridades oscuras, “The Assassination Of Julius Caesar” viene a marcar su metamorfosis más reciente, ofreciendo una placa cargada al synthpop y evidenciando el talento que tienen para visitar estilos sin sonar forzados. Causa sorpresa escuchar un disco con tanta cercanía a lo bailable e intencionalidad pop, dejando en claro que lo único permanente en Ulver es el espíritu ecléctico.

38°

Sepultura – “Machine Messiah”

Cuando se busca construir el presente, a veces es necesario recurrir al pasado, por lo que Sepultura decidió buscar esos agresivos riffs de los viejos tiempos para incorporarlos a la actual vereda sonora que recorren en esta renovada etapa de su carrera. Sin mediar en el prejuicio obligado de que toda banda sin sus integrantes originales no siempre hará el mejor de los trabajos, los brasileños optaron por seguir mirando al futuro, alimentando a una bestia que parece estar poco preocupada de sí su rugido es o no tan fuerte como antaño, sino más bien se conforma con seguir estando ahí, vigente sin la necesidad de recurrir a antiguas técnicas de auto revisión.

37°

Algiers – “The Underside Of Power”

Si se puede destacar algún disco por su contenido político, ese reconocimiento se lo lleva el nuevo trabajo de Algiers, quienes de la mano de una rupturista propuesta sonora plantean un férreo discurso contra el renacer de los movimientos ultra conservadores. Experimental por donde se le mire, “The Underside Of Power” combina excelentemente una diversidad de géneros, dentro de los que encontramos post punk, soul, trip hop, no wave y góspel. Pese a lo disímil de estos ritmos, la combinatoria nos entrega como resultado un producto sublime, en donde cada canción cautiva por la naturalidad y fluidez con la que se expone el contenido, tanto lírico como sonoro.

36°

Japanese Breakfast – “Soft Sounds From Another Planet”

El segundo LP del proyecto de Michelle Zauner destila versatilidad e intención. Habla del espacio exterior como oportunidad de sanar y escapar, pero a la vez se concentra demasiado en lo que pasa en la Tierra y cómo duele. En ambos casos, trenzados hasta que se hacen uno en la variedad de estilos que mueven al disco, queda claro que hay decepciones a la vuelta de la esquina disfrazadas de hermosas melodías, un poco de noise y bastante de honestidad. Otro valor del álbum es que, pese a narrar episodios profundamente imperfectos y con fuerza, mantiene un control preciso de todo, otorgando una sensación de seguridad que pocas veces se alcanza con música así de devastadora.

35°

Noel Gallagher’s High Flying Birds – “Who Built The Moon?”

Who Built The Moon?Definitivamente no hay vuelta atrás. Si bien, desde el primer día de su aventura en solitario, el mayor de los Gallagher dejó claro que no pretendía revivir el legado de Oasis, “Who Built The Moon?” es la prueba indiscutible de que Noel evolucionó. Esto es precisamente mirar hacia delante, lanzarse al vacío y salirse con la suya, todo en poco más de cuarenta minutos. Mientras Liam sigue insistentemente mirando hacia The Beatles y los sesenta, las musas que rodean a Noel en este tercer álbum recogen sonidos anclados en el glam, góspel y rock espacial, para lograr dar vida a una provocadora fiesta cargada de beats bailables. Sólo queda pararse y aplaudir.

34°

Pond – “The Weather”

En este disco se encapsulan fantasías antiguas y se funden con un sonido contemporáneo. Melodías que llegan a lo onírico, juegos de voces futuristas y sintetizadores lo-fi son parte de “The Weather”, un disco que rescata la fluorescencia de la ciencia ficción de los setenta y ochenta. Pond logra un sonido que, en términos generales, podemos encapsular dentro del pop o de un rock más bien mesurado, con ritmos electrónicos y psicodélicos que se ejecutan de manera habilidosa y creativa. El resultado es evidente: un sonido orgánico que recupera un melodías del pasado para volverlo una síntesis fresca al frenesí post-futurista que es nuestro año 2017.

33°

Charlotte Gainsbourg – “Rest”

En estos tiempos, el acto de interpretar ha perdido valor e incluso se castiga a quien no crea sus propias canciones. A Charlotte siempre se le reclamó eso, con colaboradores como Beck o Jarvis Cocker, pero se pasaba por alto su vocación musical. Su tono susurrante y delicado, invita e intriga, y en su primer álbum en siete años esto queda de manifiesto. Además, ella escribe la mayoría de las letras del disco, impulsada por las muertes de Serge, su padre, y Katy Barry, su hermana, mezcladas por la adicción al alcohol, lo que dotó de ira y pena al disco que, entre tenebroso y bello, empuja a la reflexión y a escuchar, en ese atractivo borde del límite entre vida y muerte.

32°

Mors Principium Est – “Embers Of A Dying World”

Si bien el death metal melódico no goza de la misma relevancia que tuvo a comienzos de milenio, también es cierto que el último trabajo de estos finlandeses suena inspirado y con la misma energía de aquellos días. La banda nunca ha escatimado en recursos para enriquecer sus canciones y esta oportunidad no es la excepción, porque temas como “Into The Dark” o “In Torment” despliegan toda la cosmovisión de la música extrema que el grupo posee, creando una mixtura exquisita entre los azotes propios del death y los arreglos orquestales, edificando una muralla de sonidos que le otorga grandilocuencia y que los ubica en la vanguardia del estilo, del cual son uno de los pioneros.

31°

Robert Plant – “Carry Fire”

Carry FireEsta nueva entrega de Robert Plant toma los elementos explorados en “Lullaby And… The Ceaseless Roar” (2014) y los mejora para demostrarnos que la vigencia y la musicalidad no tienen edad. La mezcla entre lo africano, lo oriental y su omnipresente ethos blusero que es parte de su ADN, despliega lo mejor de varios mundos con un sonido vibrante, original y sorprendente, capaz de vestir distintos ropajes pasando por el folk y la electrónica en partes iguales, envolviéndolo en un manto de atemporalidad que refresca el espíritu. “Carry Fire” es una muestra de cómo la madurez y la sofisticación pueden ser tan estremecedoras como el trueno más devastador del martillo de los dioses.

30°

Juana Molina – “Halo”

Experimentación sonora de primer nivel. En su última entrega, la argentina conjuga elementos de la electrónica, el folk y el trip hop junto a elementos del jazz y ritmos étnicos. El resultado es uno de los álbumes más interesantes del año en la música latinoamericana. En “Halo” se puede escuchar el despliegue del genio creativo de Juana Molina, tanto en melodías hábiles, como en “Cosoco”, y piezas misteriosas, como en “Paraguaya”, sin dejar de lado una emotividad profunda que se muestra en canciones como “Cálculos y Oráculos”. “Halo” es un disco brillante, difícil de encasillar, y parece que en eso mismo yace su principal virtud.

29°

Spoon – “Hot Thoughts”

Sin ser precisamente el disco más brillante de su carrera, Spoon logra facturar otro trabajo de gran calidad. La novena entrega de la banda de Austin pasea tranquilamente entre lo bailable, lo atmosférico y lo sintético, con una combinación siempre interesante de psicodelia, post-punk y hasta algo de jazz y dub, confeccionada a base de guitarras urgentes, sintetizadores futuristas, un gran sentido del ritmo y buenas letras. “Hot Thoughts” demuestra que la consistencia y la innovación son valores intransables para los comandados por Britt Daniel, aunque a estas alturas no tengan que demostrarle nada a nadie: su sólida discografía es argumento suficiente.

28°

Roger Waters – “Is This The Life We Really Want?”

Descontando la ópera “Ça Ira” (2005), tuvimos que esperar 25 años para que Waters nos regalara un disco brillante, donde el sonido de su banda madre se hace presente al son de los convulsionados tiempos que corren. Armado con un puñado de canciones que fácilmente podrían calzar en cualquiera de las obras que lo hicieron gigante en los años 70, en “Is This The Life We Really Want?” el bajista se adueña con sana nostalgia de la esencia de Pink Floyd que siempre le fue tan propia, y dosifica los elementos de manera perfecta para que el resultado no parezca un tributo forzado. Ladrillo a ladrillo, Roger Waters refuerza su legado con la que bien podría ser su obra decisiva.

27°

St. Vincent – “MASSEDUCTION”

MASSEDUCTIONAnne Erine Clark es una artista que sabe reinventarse constantemente en cada una de sus entregas. Siempre bajo una vanguardista comprensión sobre lo que es y cómo debe ser la música pop, este nuevo lanzamiento da un paso adelante en su incesante y experimental búsqueda. Más cercana que nunca a los ritmos electrónicos, el disco logra generar una particular comunión entre su característico modo de tocar la guitarra y las cibernéticas emulaciones generada por los sintetizadores. Bajo esta serie de logaritmos, más allá del látex y el neón, MASSEDUCTION es un álbum tan futurista como vintage, combinación solo posible gracias a la genialidad de St. Vincent.

26°

The Contortionist – “Clairvoyant”

En menos de una década, los estadounidenses de The Contortionist alcanzaron el reconocimiento de la escena del metal progresivo mundial gracias a una propuesta que, si bien partió ligada a sonidos más duros y cercanos a lo que majaderamente hacían muchos de sus coetáneos, hoy mutó hacia un estilo único y sobresaliente, donde abundan las sutilezas y el enfoque melódico predomina de manera asertiva. La canción homónima, “The Center” o “Return To Earth” dejaron atrás cualquier comparación odiosa y continúan el sendero trazado en el excelente “Language” de 2014; un camino que pocos se han atrevido a recorrer, pero que ofrece una recompensa superior, como lo es trascender.

25°

The Horrors – “V”

La audacia es un recurso perdido a ratos en la música actual, y por eso es que la valentía de la reinvención es algo digno de celebrar con su mero esbozo. The Horrors hace todo lo anterior y mucho más en su quinto disco, el excelente “V”, que en vez de cambiarlo todo, realiza una actualización a los códigos ya utilizados. La oscuridad y lo gótico se quedan, pero en vez de guitarras y ritmos crudos, las melodías y pulsos más cercanos a la electrónica ochentera se toman el registro. Hay valentía y sentido de la identidad, la que se refuerza a través del cambio, debido a que la banda inglesa se mueve con soltura y fuerza en terrenos que le parecían ajenos.

24°

Protomartyr – “Relatives In Descent”

Relatives In DescentCuarto disco del cuarteto de Detroit y siguen sin dar ninguna señal que haga pensar que están perdiendo tensión. En esta oportunidad Joe Casey nos obliga a transitar por un paisaje árido y desolador (mucho más familiar de lo que quisiéramos), que nos empuja a mirar de frente demonios e incertezas que apuntan a cada uno de nosotros, tanto en lo individual como en lo comunitario. Musicalmente la banda funciona perfecta para acompañar el duro viaje en el que nos vemos envueltos, sencillos, pero contundentes y arrolladores como siempre, dejando muy pocos espacios para ganchos de corte radial. No se trata de un disco fácil de seguir, pero sin duda es uno de esos necesarios.

23°

Anathema – “The Optimist”

Desde Liverpool con amor. Anathema ha experimentado un largo proceso de metamorfosis que pareciera estar llegando a su fin. Muy atrás quedó aquella época en la que el death doom metal era el eje central de su flujo compositivo. La incorporación de elementos electrónicos, jazz, pop y prog a su base instrumental, ha hecho mucho más explícito el refinamiento de su técnica e inventiva. Un sonido sosegado, elegante y melancólico a la vez que reverberante, es el resultado de este sincretismo, en el que la dulcísima y evanescente voz de Lee Douglas termina por aportar una cuota de solemnidad a cada pieza en la que participa. Un trabajo tan conmovedor como estimulante.

22°

Leprous – “Malina”

Gozan del reconocimiento desde su primer disco del año 2009, gracias a la forma elegante y soberbia en que mezclan metal, progresivo y otros elementos para construir su propuesta. “Malina” es la cúspide del proceso creativo que han experimentado desde su génesis y que pareciera no tener techo, porque las expectativas frente a lo que  harán en el futuro son más que alentadoras, debido a la contundencia de cortes como “Captive” o “Leashes”, donde la pericia y el talento de la banda quedan expuestos, sobre todo de Einar Solberg, quien ahora solo usó un registro de voz limpio, aumentando el atractivo de la obra y su alcance, pensando en llegar a una mayor audiencia.

21°

Ty Segall – “Ty Segall”

Lúcido y directo. En menos de cuarenta minutos, Ty Segall vuelve a moverse con éxito por ese peligroso terreno que mezcla revisionismo descarado y transgresión personal. En su noveno álbum de estudio, el californiano recoge influencias que van desde el glitter de Marc Bolan al rock pop psicodélico de The Kinks y Lennon, pasando por viscerales momentos de hard y garage rock. Se trata de una entrega compacta y, al mismo tiempo, llena de matices, alcanzando finalmente esa claridad que otras veces ha sido tan esquiva para el cantautor. Sin duda, uno de sus mejores trabajos, ideal para aquellos que hasta hoy no se han dejado seducir por este embajador del rock de guitarras.

20°

Elder – “Reflections Of A Floating World”

Con temas que bordean los diez minutos, siempre revestidos por largos pasajes instrumentales que nos sumergen en un variado mundo de enérgicos jams y riffs, este trío de Boston ha sabido redefinir a su antojo los límites dentro de su género. Con una exquisita e innovadora propuesta, tan agresiva como lisérgica, que incorpora elementos del rock progresivo a las densas atmósferas del doom metal y el stoner rock, Elder nos hace viajar a través de una diversa geografía de paisajes sonoros, mientras la lírica esboza un cuestionamiento sobre lo que es realmente verdadero en este efímero mundo.

19°

Foo Fighters – “Concrete And Gold”

Grohl y sus muchachos lo hicieron de nuevo. Después de “Sonic Highways” (2014) parecía que la banda volvía a perder el rumbo. Bastó, sin embargo, con anunciar que harían un álbum que iba a sonar como “Motörhead tocando el Sgt. Peppers Lonely Hearts Club Band” para que todos quisiéramos, al menos, volver a creer en los Foo. Concentrados esta vez (por fin) en lo estrictamente musical, el conjunto logra facturar un disco potente, coherente e interesante como propuesta sonora, lleno de guiños a la época dorada del rock. Para los amantes del cuarteto de Liverpool, un deleite, ya que están por toda la placa; para los seguidores del ex Nirvana, definitivamente un gusto.

18°

Run The Jewels – “Run The Jewels 3”

No es necesario ser explícito cuando todo el mensaje está ahí, latente y expuesto, y Run The Jewels lo supo muy bien con su tercer larga duración. La dupla asesina compuesta por El-P y Killer Mike se despacha un álbum agresivo, uno que dispara hacia todos lados, orquestando un relato que critica el caos político que se vive en el mundo por estos días, y generando una previa al inminente apocalipsis social que se asoma con fuerza. Sin dejarse capturar, los raperos desarrollan un disco hostil, genuino y, sobre todo, muy urgente, con los parámetros necesarios para contraatacar líricamente a las esferas de poder, esas que tanto abusan de nosotros de manera cotidiana.

17°

Mogwai – “Every Country’s Sun”

Mogwai nos hace sentir en carne propia la fusión entre lo retro y el avant-garde. La banda, que sin duda alguna es uno de los principales referentes del post-rock, nos entrega un trabajo ubicado entre el caos, la calma y el viaje astral. “Every Country’s Sun” es una profusión de sonidos donde temas estridentes, como “Battered At A Scramble”, contrastan de manera elegante con tracks como “Coolverine”, y encuentran el equilibrio en composiciones melancólicas que explotan en melodías vibrantes, como la homónima “Every Country’s Sun”. Una muestra de vaivenes sonoros en que la estridencia rockera de Mogwai se conjuga con elementos clásicos del krautrock.

16°

Godspeed You! Black Emperor – “Luciferian Towers”

Luciferian TowersLa enorme variedad de influencias musicales presentes en la vida artística de los canadienses es un ademán que recurrentemente aparece en sus producciones. Junto a ello, la teatralidad y la elegancia de sus composiciones da cuenta de un esfuerzo colectivo por renovar viejos estandartes del rock, sin volverlos lugares comunes o simplemente arruinarlos. “Luciferian Towers” deslumbra al capturar los sentidos a través de composiciones épicas y enigmáticas, que crecen y se desarrollan con naturalidad. Atrevimiento, densidad instrumental, paisajes musicales y creatividad, definen por completo este trabajo que ciertamente viene a renovar una acaudalada trayectoria discográfica.

15°

The xx – “I See You”

Haber utilizado tan intensamente los medios de comunicación antes del lanzamiento de este trabajo, ciertamente tuvo sus beneficios, aunque no dejaba de ser una arriesgada jugada si es que algo, por mínimo que fuera, salía mal. “I See You” es una apuesta indie que entremezcla la teatralidad vocal de Romy, la intensidad tonal de la electrónica de Jamie, y los ajustados arreglos instrumentales de Oliver Sim. Este es un trabajo teatral y directo, reposado en la melodía, pero directo en la lírica. La mayor virtud de “I See You” es la atmósfera conceptual que sus sonidos construyen, transformándose en una producción elegante y fielmente ajustada a su género y origen.

14°

Converge – “The Dusk In Us”

The Dusk In UsConverge no sólo se dedicó a la nostalgia durante este año. Junto con lanzar un álbum en vivo que conmemora el aniversario de su afamado “Jane Doe” (2001), “The Dusk In Us” es la propuesta más reciente de la banda, donde su fórmula caótica e iracunda continúa remeciendo el panorama contemporáneo del hardcore. Como es habitual, Kurt Ballou es quien produce el imaginario instrumental de la banda, proporcionando pasajes tanto lentos como veloces, cargados de la intensidad brutal y disonante tan propia de los de Salem. Junto al grito desgarrador de Jacob Bannon, Converge sigue cargado de una potencia visceral que no ha dejado de deslumbrar desde comienzos de siglo.

13°

The National – “Sleep Well Beast”

The NationalLa esencia oscura de la música de The National se reafirma a cada paso que avanzan. En un par de meses los norteamericanos fueron capaces de crear un disco elegante, adecuadamente calibrado en la instrumentación y arreglos, con líricas potentes que se sumergen en las más grandes batallas de la humanidad en la actualidad. Como quienes saben reelaborar sus influencias musicales, The National ha demostrado una gran capacidad de reinvención en el mismo terreno explorado, pues, sonando distinto en cada disco, podríamos reconocer y asociar cualquier canción de este trabajo a los oriundos de Ohio. Desgarrador, pero luminosamente creativo, son los conceptos que definen a esta placa.

12°

Soen – “Lykaia”

En el universo del progressive y post rock, y durante la última década, ha germinado una cantidad importante de bandas que ha logrado hacerse un espacio en la escena. Sin embargo, cuando aparece Soen con su prestigiosa alineación de miembros (Opeth, Testament, Sadus), un cúmulo de expectativas –no mal fundadas– asomaron esperando encontrar lo que precisamente se exhibe en este disco. “Lykaia” es un trance en sí, uno que invita y que magnetiza a través de una fórmula versátil y de una evidente belleza compositiva, donde lo impetuoso y parsimonioso se halla en la misma medida. Un trabajo sobrio que, exento de aparatosidad, logra brillar por sí solo.

11°

Mastodon – “Emperor Of Sand”

Hace años que Mastodon se posicionó como uno de los grandes nombres del metal contemporáneo, y este nuevo disco es sólo una prueba más de ello. Tras sufrir la pérdida de seres queridos en manos del cáncer, lo que se planteó como un ejercicio terapéutico terminó siendo una de las más grandes producciones dentro del catálogo de la banda. Con un magnifico uso de las capacidades vocales de sus integrantes, quienes trabajan entonaciones mucho más melódicas, la agrupación vuelve a pulverizar tímpanos sin abandonar su tradicional sonido lleno de brutalidad, velocidad y complejidad técnica. Tan progresivo como duro, “Emperor Of Sand” es sin duda uno de los grandes lanzamientos de 2017.

10°

Dead Cross – “Deas Cross”

La agrupación que une nuevamente a Patton y a Lombardo, despliega un nivel de brutalidad amenazante en un viaje de 28 minutos, capaz de destruir todo a su paso. Lejos de la faceta avant-garde explorada en Fantômas, esta nueva apuesta se basa en la mezcla de hardcore punk y thrash metal que avanza de manera apabullante con la fuerza de un huracán entre chillidos, sonidos guturales y un amplio espectro de voces que incluso abren paso a lo melódico, parte de la elasticidad del hombre de Faith No More. Más que un supergrupo, Dead Cross es un interesante estallido de caos y bestialidad en perfecto estado de gracia, demostrando que sus componentes están en mejor forma que nunca.

Thurston Moore – “Rock N Roll Consciousness”

Luego de los excelentes resultados de “The Best Day” (2014), Thurston Moore parece ratificar el hallazgo de una segunda vida después de Sonic Youth, entregando un álbum lleno de matices y con un claro enfoque en riffs impregnados de un carácter volátil e hipnotizante. Gracias a la compañía de una alineación de lujo con Debbie Googe, Steve Shelley y James Sedwards, con “Rock N Roll Consciousness” Moore entrega un trabajo que no presenta mucha evolución en materia sonora, pero sí en términos de concepto y forma, estructurando una atrevida liberación de toda la creatividad encerrada en su mente, musicalizada de manera sólida y concisa, sin mayores pretensiones.

Björk – “Utopia”

Utopia¿Cómo se rearma un alma tras quedar destruida? ¿Cómo reenfocarse en lo interno tras una tragedia? Björk crea un mundo nuevo, autopoético, desde su perspectiva del amor y de la convergencia humana. Se alía a Arca para producir este disco y, en vez de seguir un trayecto celestial –como hizo después de “Volta” (2007)–, se decide a resignificar lo terrenal. Carne, cuerpo o relaciones ya no son lo mismo para ella y se dedica, en parte de sus canciones más densas a la fecha, a su reconstrucción completa. Paradigmático es el uso de flautas, instrumento que, tal como la voz, depende de la respiración, uno de los resabios de la vida en plenitud, que es lo que celebra Björk.

LCD Soundsystem – “American Dream”

A pesar de prometer un largo adiós, la espera fue breve para volver a tener noticias de LCD Soundsystem. Luego de anunciar su despedida, la que quedó registrada en un show en vivo grabado en el Madison Square Garden, fue cosa de seis años para que James Murphy volviera a ponerle ruedas a su proyecto musical y publicar el cuarto álbum de la banda, ofreciéndonos la fórmula a la que ya nos tiene acostumbrados: colgarse de variantes más bailables del new wave y el post punk al ritmo de sintetizadores, y adhiriendo alguna referencia al krautrock. “American Dream” es un retorno triunfal, demostrando que LCD Soundsystem aún conserva la capacidad de sonar fresco.

Kendrick Lamar – “DAMN.”

Luego de la obra maestra que fue “To Pimp A Butterfly” en 2015, K-Dot adopta el alias de Kung Fu Kenny para entregar un álbum lleno de abrasivas rimas e imparable ritmo, pasando por sus raíces, su camino al estrellato y su estatus como referente del hip hop. En “DAMN.”, la naturaleza narrativa de su álbum anterior pasa a segundo plano, centrándose en lo que funciona como una muy buena colección de canciones, siguiendo un hilo conductor sin caer en los parámetros preestablecidos de un disco conceptual. Con invitados de lujo, como Rihanna o U2, Kendrick Lamar demuestra su capacidad para crear hits instantáneos, sin mermar la calidad tanto lírica como musical de su obra.

Chelsea Wolfe – “Hiss Spun”

Hiss SpunLa oscuridad es un territorio vasto lleno de matices. Desde la publicación de “Abyss” (2015), Chelsea Wolfe se ha dispuesto a explorar este universo, transmutándolo y pariendo a una criatura híbrida, la que no teme en cruzarse con el metal de corte más letárgico, como el sludge o el doom. Quien comenzó su carrera dentro del darkwave, ahora vuelve a reafirmar su curiosidad por mutar sonoridades e inmiscuirse en ritmos más toscos, construyendo así un imaginario lleno de capas de sonido y voces etéreas con una lírica sombría. Valiéndose de una impronta de clásicos de la estética gótica, Wolfe logra abrir su propio sendero sombrío a pasos firmes.

The Afghan Whigs – “In Spades”

Las sombras y las siluetas difusas a veces expresan mucho más que las palabras claras pero vacías. Es en los márgenes del significado donde Greg Dulli mueve con más experticia sus líricas, y donde The Afghan Whigs también alcanza una mayor relevancia. Entre el dolor y la lujuria, entre la duda y la certeza, “In Spades” conforma un paseo por la mente de Dulli, más maduro que nunca, y con la claridad para aceptar que se desconocen cosas, y que eso está bien, que ser sabelotodo no es siempre lo mejor. Ante las preguntas sobre la vida y la muerte -su guitarrista Dave Rosser murió poco después de lanzado el álbum-, la banda responde con uno de sus mejores trabajos.

Steven Wilson – “To The Bone”

Despojándose de toda complejidad, la gran figura del rock progresivo actual ofrece un disco fresco, luminoso y lleno de melodías que sorprenden por su ductilidad y gancho en cortes como “Permanating” o “The Same Asylum As Before”, los mejores ejemplos de que el inglés sale de la zona de confort y dosifica esa misma genialidad, que antes se explayaba en verborreas musicales, para encausarlas en composiciones mucho más directas, incluso en pasajes más íntimos. Concebido para crear polémica, Wilson logra traspasar las odiosas fronteras de las etiquetas en “To The Bone”, una placa que no pasa inadvertida para sus adeptos, pero tampoco para sus detractores.

Queens Of The Stone Age – “Villains”

“Villains” fue hecho a mano. Existe una continuidad coherente respecto a sus trabajos anteriores, pero lo hacen sin tornarse aburridos ni repetitivos. Su leitmotiv siempre fue evidente, y en este último disco sigue vigente. ¿Sacude la cabeza? Sí. ¿Sacude el esqueleto? También. Pero más allá de esta cualidad ganchera, se puede apreciar una consolidación en el trabajo vocal de Josh Homme, quien presume de una voz más pulida que nunca. Las letras reflexivas, asomadas bajo aquella careta glamorosa que tanto los define, es otro punto alto, sin quitarle mérito al excelente juego melódico que logra el conjunto de cuerdas de Troy Van Leeuwen, Dean Fertita y el bajo de Michael Shuman.

Slowdive – “Slowdive”

Sólo ocho canciones necesitó Slowdive para sentar cátedra sobre el porqué y para qué reunir una banda después de diecinueve años. Lo de este nuevo álbum en ningún caso entra en la categoría de cumplir por cumplir, lo que vemos acá es puro amor y respeto por la música. Sin duda ha pasado el tiempo, sin embargo, el dúo vocal compuesto por Neil Halstead y Rachel Goswell  sigue encontrando espacios de aire celestial para fluir sobre las magníficas atmósferas que nos regala el resto de la banda. La excelente producción y el cuidado puesto en entregar una propuesta compacta y armónica, hacen lucir al shoegaze como un estilo del cual todavía podemos seguir sorprendiéndonos.

Por Manuel Toledo-Campos, Hans Oyarzún, Manuel Cabrales, David Martínez, Carolina Velásquez, Diego Márquez, Emilio Toledo, Pablo Cerda, Javier Mardones, Javier Pérez y Claudio Tapia

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Los discos de Bob Dylan

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Bob Dylan Discos

El 24 de mayo de 1941 en Duluth, Minnesota, nace Robert Allen Zimmerman, más conocido como Bob Dylan, uno de los músicos más trascendentes de la escena folk, rock y blues de los 60 y 70. Figura difícil de atrapar, enemigo de los rótulos y eterno héroe de las letras, ha dado vida a una carrera incombustible, plagada de himnos grabados a fuego en el imaginario colectivo.

Como buen artista con más de cinco décadas de carrera en el cuerpo, es poseedor de un catálogo discográfico gigantesco, que muchas veces puede ser abrumador cuando uno desea aproximarse a su obra. Con esto en mente, y a manera de celebrar su figura en el momento en que cumple años, hemos querido compartir con ustedes un ranking de los larga duración de estudio del cantautor, partiendo por sus trabajos menos afortunados para luego cerrar con sus obras maestras. Como todo ranking, el orden de los discos tiene un carácter subjetivo y sin duda debatible, por lo que, más que centrarse en el lugar de cada álbum, nos gustaría que disfruten el recorrido tanto como lo hicimos nosotros.

39°

Knocked Out Loaded (1986)

El quinto disco lanzado por Dylan en los ochenta se ubica justo al medio de su peor racha. Las críticas a este álbum no pasan por las canciones incluidas; de hecho, el tema encargado de abrir el álbum es tremendamente efectivo, a pesar de su evidente sencillez. El problema con este disco tiene que ver con su cantidad de puntos bajos. La mezcla de estilos es difícil de entender (pasando por blues rock, pop y reggae), la instrumentación tiene una energía pobrísima y buena parte de los giros sonoros por los que apuesta Bob para ganar intensidad rayan abiertamente en lo cliché (el coro de niños en “They Killed Him” es el ejemplo más claro de eso). Sin duda, de los pocos discos de Dylan que uno podría elegir ignorar.


38°

Down In The Groove (1988)

Definitivamente, la segunda mitad de los ochenta no fue un buen período para Bob. Como a muchos artistas que hicieron el tránsito desde los 70, la firma musical de esta nueva década terminaría pasándole por arriba, llevándolo a perder buena parte de su propia identidad sonora. El álbum número veinticinco de Dylan tiene la particularidad de haber reunido un número gigantesco de colaboradores, incluyendo a Eric Clapton, Jerry García, Steve Jones y Paul Simonon, entre otros, y pese a sus tremendos pergaminos, terminaría dando vida a un deslavado set de pop folk genérico que, como muchos de los discos menos afortunados de Bob, se deja escuchar sin problemas, pero tiene poco o nada para llevarse con uno.


37°

Empire Burlesque (1985)

Muchos discos de Dylan tienen la particularidad de dejar clarísimo de qué se va a tratar el con sólo escuchar el primer tema. Es el caso de “The Times They Are A-Changin’”, “Highway 61 Revisited” y, desafortunadamente también es cierto, con “Empire Burlesque”. Los 46 minutos de música de este álbum califican dentro del pop más plástico que alguna vez le veríamos al artista. La estructura de casi todos los temas es increíblemente predecible, la instrumentación es arquetípica hasta el hastío y, lamentablemente, hasta algunas de las letras (habitualmente su escudo invencible) son desechables. De todas las trilogías que firmó Bob, este álbum da inicio a la más baja de ellas.


36°

Saved (1980)

Segundo disco de la trilogía cristiana. Más allá de las críticas que pueden existir respecto a la originalidad de la oferta musical y de lo “poco desafiante” del contenido narrativo de algunos tracks, lo cierto es que el nivel de entrega que alcanza Bob en estos discos es ciertamente destacable. Cada uno de los cortes de este álbum tiene a Dylan abiertamente dejándolo todo. Sin ir más lejos, la canción que da título al álbum es increíblemente cautivadora, lista para convertir al más recalcitrante de los ateos. Maravillosos pasajes de gospel, precisos acompañamientos vocales y toneladas de intensidad hacen de este trabajo un álbum con el que uno podrá no congeniar, pero que ciertamente tiene grandes momentos.


35°

Self Portrait (1970)

El primer disco de Dylan basado básicamente en versiones (fuera de su álbum debut) exige una mirada abierta. Para empezar, el mismo Dylan ha afirmado que se trató de una humorada, un álbum destinado a bajarle los humos a la gente que insistía en verlo como una figura mesiánica. En ese sentido, es fácil entender lo descuidado del registro, cuyo principal problema es lo desordenado que es. Bob transita caprichosamente por canciones clásicas como “Blue Moon”, cortes de aire country, temas instrumentales y momentos de rareza sublime, como la versión de “The Boxer” de Simon & Garfunkel, donde juega a interpretar las dos voces en tiempos que rara vez coinciden. Un álbum básicamente dirigido a completistas.


34°

Under The Red Sky (1990)

Después de una década para el olvido, el álbum número 27 de Bob Dylan llegó a demostrar que, si bien el oriundo de Duluth aún era capaz de lanzar una placa rescatable como “Oh Mercy”, ciertamente seguía extraviado. La apertura del álbum con “Wiggle Wiggle” no puede ser menos auspiciosa (casi con seguridad no la canción por la que Slash quería ser recordado por colaborar con Dylan), por fortuna, no todo en esta entrega es de ese nivel. De hecho, algunas baladas y pasajes de blues rock son más que correctos, y el tema que da título al álbum es sin duda querible si uno considera que el disco está dedicado a su hija de cuatro años. No es el momento más brillante de Dylan, pero lejos de ser su más bajo.


33°

Dylan (1973)

Después de dejar Columbia y sin hacerlo partícipe, el sello decidió lanzar un nuevo álbum de Dylan usando básicamente canciones que habían quedado fuera de sus dos discos de 1970, dando vida a algo así como una suerte de “Self Portrait”, pero un poco más ordenado. Sólo versiones y algunos cortes tradicionales ocupan este corto set de canciones que, sin ofrecer nada deslumbrante, logra rescatar algunos temas que de lo contrario habrían quedado sepultados por muchos años esperando la llegada de los bootlegs oficiales. Acertadas versiones de “Can’t Help Falling In Love” y, particularmente, la sentida toma de “The Ballad Of Ira Hayes” hacen de este álbum una parada obligada para cualquier seguidor de Bob.


32°

Together Through Life (2009)

Escrito en conjunto con Robert Hunter (Grateful Dead), “Together Through Life” debe ser el único punto de estos últimos 25 años donde Bob Dylan se ha anotado un claro traspié. Sin duda, hay seguidores que siempre van a disfrutar un nuevo disco de blues folk con mucho del sonido de New Orleans viniendo de Bob, el problema de este álbum es que básicamente se dedica a repetir la fórmula que venía explotando en sus últimos discos y la hace sonar plana, ofreciéndonos muy poco para conservar con nosotros al final del día (“It’s All Good” debe ser la gran excepción). Tomar el espíritu de una canción que Bob iba a componer para un soundtrack y terminar haciendo un álbum de ello quizás no fue la mejor idea.


31°

Christmas In The Heart (2009)

Tal como dice el título, el gran atributo de esta colección de clásicos de Navidad es el cariño con que está hecho. Para el año 2009 Dylan estaba pasando por un período complejo en términos de desempeño vocal, y claramente estaba teniendo problemas para adaptarse a su “nueva” voz (cosa que es posible notar también en “Together Through Life”). Afortunadamente, la instrumentación, el ánimo general del grupo de músicos y la forma en que están logradas las atmósferas es tan maravillosa, que el álbum logra transmitir de manera perfecta el espíritu que intenta contagiar, más allá de los baches vocales que uno pueda encontrar. Sorpresivamente, Dylan se anotó uno de los mejores discos de Navidad de los últimos años.


30°

Shot Of Love (1981)

El último disco de la trilogía cristiana tiene sin duda más aciertos que desencuentros. El ánimo es más luminoso que en “Saved”, el trabajo en la guitarra se anota un punto alto y el grueso de la apuesta sonora es convincente e incluso contagiosa más allá de algunas variaciones estilísticas algo difíciles de entender, que van desde el reggae a canciones de aire motown. El problema con “Shot Of Love” tiene que ver desafortunadamente con el ánimo de Dylan en lo narrativo, donde por momentos se le escucha abiertamente molesto y acusador (lo contrario que uno esperaría de un tipo lleno de espiritualidad). Claramente, después de tres discos en esta misma línea, Bob necesitaba comenzar a mirar hacia otros horizontes.


29°

Pat Garrett & Billy The Kid (1973)

Para muchos el disco de “Knockin’ On Heaven’s Door” y nada más. Sin duda, el tema versionado por Clapton en 1975 y luego por Guns N’ Roses en 1987 se ha instalado fuerte en el imaginario colectivo, y posiblemente ha hecho llegar a Dylan a más de un curioso. Por fortuna, el disco es mucho más que eso. No hay que olvidar que el álbum número 12 de Dylan es un soundtrack, y en esa línea se aboca la mayor parte del tiempo a generar ambientes que, para ser justos, están muy bien logrados. Viniendo de Bob, indudablemente uno quisiera tener más letras para revisar (el disco incluye otros tres cortes “cantados”), pero la verdad es que el álbum logra graduarse con éxito en la línea folk country que se dedica a explorar.


28°

Triplicate (2017)

Luego de dos discos fundamentalmente, dedicados a versionar clásicos en su gran mayoría popularizados por Frank Sinatra, Dylan decidió volver a apostar por la misma fórmula, pero esta vez con un disco triple. Un desafío mayor, pero de alguna forma, y mirado en retrospectiva, un ejercicio que el cantautor parecía necesitar (en lo vocal y también en lo motivacional) para poder volver a la composición original. Los 95 minutos de “Triplicate” no son un recorrido fácil. Extremadamente homogéneo por largos pasajes, la virtud principal de este set es la respetuosa y elegante manera en que Dylan y sus músicos logran adueñarse de cada uno de estos tracks, impregnándolos de su propia y nostálgica mirada.


27°

Infidels (1983)

El gran retorno de Bob post trilogía cristiana para muchos de sus seguidores. Para otros, sin embargo, un disco aún fuertemente ligado al discurso religioso, que además empezaba a mostrar los tics del sonido ochentero que tan mal le hicieron al cantautor. Más allá de los desacuerdos esperables, es cierto que “Infidels” goza de un mejor sonido en términos de producción y además tiene una narrativa que, si bien sigue ligada al imaginario religioso, es ciertamente más elegante que la de los discos que lo preceden. Quizás el gran mérito de este trabajo es que se trata de un disco breve y entretenido, que cada vez que logra ser bueno (como lo hace al inicio y al cierre de la entrega, por ejemplo), es muy bueno.


26°

World Gone Wrong (1993)

La primera mitad de los noventa fue un periodo de transición para Dylan, que terminaría llevándolo una vez más en su carrera a grabar discos de versiones. Más allá de las limitaciones propias de este tipo de registros, “World Gone Wrong” nos permitió volver a disfrutar de la faceta donde muy probablemente se encuentra más cómodo, cuando se trata básicamente de él y su guitarra. Con un sonido rústico (las canciones fueron grabadas en la cochera de su casa) y principalmente abocado a revisitar clásicos del blues rural popularizados por artistas insignes como Blind Willie McTell y Willie Brown, el álbum número 29 de Dylan es un recorrido esencialmente íntimo y sencillo, para disfrutar sin prisas.


25°

Planet Waves (1974)

Para su debut en el sello Asylum, Dylan dejó atrás el sonido country que había explorado intermitentemente desde “John Wesley Harding” (1967) y decidió volver al folk rock. En términos de ventas, este giro fue un éxito; de hecho, fue el primer número uno de Dylan en Estados Unidos. Como propuesta sonora, sin embargo, aun tratándose de un recorrido ciertamente agradable, la verdad es que por momentos la entrega se siente errática (la inclusión de dos versiones del mismo track es el mejor ejemplo de eso) y, a pesar de tener algunas canciones que sobresalen, como la versión lenta de “Forever Young” o “Dirge”, finalmente todo parece sostenerse sobre las virtudes del sello sonoro del combo Dylan-The Band.


24°

Street-Legal (1978)

La experiencia con “Desire” (1976) y el “Rolling Thunder Revue” (1975-1976) claramente dejó en la cabeza de Bob muchas nuevas posibilidades musicales a explorar. En ese contexto, apuesta por expandir su sonido y decide sumar a su banda habitual, tres cantantes mujeres para las segundas voces, un violinista, un saxofonista e incluso un trompetista para uno de los tracks. Las canciones que dan vida a “Street-Legal” son todas gigantes por naturaleza, llenas de intensidad, con un Dylan preciso en los vocales y siempre apuntando a explotar en un clímax épico. Para muchos, un álbum tremendamente sobrepoblado y por momentos reverberante, pero innegablemente entretenido y con identidad propia. De escucha obligada.


23°

Shadows In The Night (2015)

Cuando Bob anunció que lanzaría un álbum de versiones de clásicos popularizados por Sinatra, no dejó de ser una sorpresa. La pregunta obvia fue: ¿Cómo lo va a hacer Dylan, cuya voz viene en franco decaimiento, para versionar a un tipo apodado “La Voz”? Y lo cierto es que, sin grandes contratiempos, logra triunfar en esta empresa básicamente por lo bien elegido del set, lo respetuoso de su interpretación y el gran trabajo en la instrumentación, donde el pedal steel guitar pone la nota alta de la entrega. Sin embargo, más allá de sus méritos, la verdad es que este trabajo no es un recorrido fácil. De ánimo sombrío y muy pausado, la oferta puede ser desalentadora, sobre todo para quienes no conocen al artista.


22°

Good As I Been To You (1992)

Este lanzamiento y “World Gone Wrong” perfectamente podrían haber sido un disco doble, ya que ambos se dedican a explorar el mismo concepto, que es el de “un artista y su guitarra”. Las diferencias pasan principalmente por las temáticas, donde este trabajo destaca por su evidente luminosidad comparado con el que le sigue. Los 55 minutos de “Good As I Been To You” nos regalan la mejor cara del Dylan blusero, capaz de ir desde tracks sentidos y nostálgicos –con magníficos pasajes de armónica– a otros de desenfreno sin ningún problema. No por nada Bob se referiría a estas canciones como “la verdadera música para mí”. La oferta se siente natural y cautivadora, a pesar de lo sencillo de su naturaleza.


21°

Oh Mercy (1989)

A lo largo de su carrera, Daniel Lanois (U2, Peter Gabriel) ha probado ser uno de esos productores que tiene un impacto innegable en el proceso creativo y el sello sonoro de los artistas que acompaña. Tanto así, que, si bien este es un disco de Dylan, es imposible negar que lleva el sello Lanois en lo más profundo de su ADN. Las atmósferas están perfectamente logradas, el sonido es espacioso y fluye de manera impecable, el trabajo en las percusiones es preciso y, lo mejor de todo, es que Bob se escucha increíblemente compenetrado con la propuesta. Los himnos que nos dejó este disco, donde “Most Of The Time” es el ejemplo ineludible, se ubican con propiedad dentro de lo mejor del catálogo tardío del artista.


20°

New Morning (1970)

Cuatro meses después del polémico “Self Portrait”, Dylan volvió con un ánimo que de alguna manera parecía exigir revancha. La placa tiene varias particularidades que lo iban a convertir en un triunfo sin hacer de él un disco excepcional. Acá encontramos un Dylan para todos los gustos; hay canciones de espíritu blues, pop, country e incluso jazz (cuestionable decisión), la instrumentación está bien lograda, Bob vuelve a su estilo vocal tradicional y además el track que abre y el que da nombre al álbum son canciones increíbles. Sin ser un recorrido perfecto, es difícil pasar por estos 35 minutos de música sin encontrar nada para atesorar.


19°

Bob Dylan (1962)

Cierto es que el debut de Dylan probablemente suena tal como lo hacían el promedio de los aspirantes a estrella folk de los sesenta, sin embargo, si uno escucha con atención, no es difícil entender por qué el productor de Columbia Records, John H. Hammond, insistió en conservar a este joven artista, a pesar del pobre desempeño en ventas que tuvo el álbum. Elementos que destacan en este set: el ímpetu de Bob en la guitarra, la armónica e incluso las voces, la destreza para tomar temas tradicionales y darles nueva vida, como en “In My Time Of Dyin”, que más tarde sería versionada por Led Zeppelin, es un buen ejemplo de esto, y la escasa, pero efectiva capacidad compositiva del artista. Justo lo suficiente para apostar por él.


18°

John Wesley Harding (1967)

Si el inicio de su etapa eléctrica ya había sido un giro inesperado, cambiar otra vez de rumbo justo cuando se había apropiado de la escena rock blues de Estados Unidos fue una movida que dejó congelado a todo el mundo. Colgándose de la imagen de un forajido –de reputación muy distinta a lo que reza la canción que abre el disco– y del retiro forzado después de su famoso accidente en moto, Dylan aprovechó de volver a un sonido de naturaleza folk, que claramente miraba hacia la etapa country que estaba por empezar, cambiar por completo su abordaje narrativo apostando por letras muy breves, como la de la fantástica “All Along The Watchtower”, además de enviar un mensaje a todos los que creían haberlo descifrado.


17°

Fallen Angels (2016)

Una de las particularidades que tiene la trilogía de standards es que, pareciendo muy homogénea, realmente cada álbum tiene un enfoque particular. El segundo de este set es un álbum esencialmente luminoso, con historias que, más que de soledad y pérdida (como las del disco anterior), hablan de encontrar y dejarse llevar, con melodías de una calidez y paz que invitan a sonreír y con un cantante que claramente parece estar disfrutando el momento. Más allá de la elegante instrumentación que caracteriza a toda esta saga, lo que hace único a “Fallen Angles” es lo fantástico que está Dylan en los vocales, muy por sobre lo que se le había visto la última década. De esos discos donde todo parece funcionar.


16°

The Basement Tapes (1975)

Es difícil saber cuánto de lo que se dice de este álbum tiene que ver con el mito que lo rodea y cuánto con sus méritos musicales. Publicado luego de ocho años de haber sido grabado, lo que terminó con el misterio y los bootlegs que circulaban por todos lados, el grupo de canciones que da vida al tercer disco doble de Dylan es claramente una colección diferente. El sonido no es el de un cantautor, todo acá suena a colaboración; el ánimo es expansivo, los cortes fluyen de forma natural y lo instrumental reimagina con éxito el sonido de la música de raíz estadounidense. Para quienes buscan un giro sonoro en Bob, este es el disco ganador; para los que disfrutan más de sus letras, hay otros trabajos más exitosos.


15°

Love And Theft (2001)

Quizás el mejor disco para anticipar lo que nos iba a regalar el cantautor los próximos 20 años. Lanzado el 11 de septiembre de 2001, la casi hora de música de esta entrega es un claro adelanto de la trilogía de música tradicional estadounidense (que empieza este disco) y de lo que se vendría luego con la saga de tributos iniciada con “Shadows In The Night” de 2015. Grabado casi en vivo, uno de los puntos altos de este álbum pasa por el grado de espontaneidad que exuda cada uno de los tracks, que incluso extendiéndose por más de cinco minutos en la mitad de los casos, logran hacer de este viaje un recorrido fantástico por lo mejor del pop, ragtime, blues, e incluso algo de vaudeville.


14°

Slow Train Coming (1979)

Quienquiera que diga que la trilogía cristiana fue un fracaso tras otro, nunca ha escuchado este álbum. Mezcla perfecta de entrega interpretativa y un fantástico grupo de músicos, con Mark Knopfler en la guitarra principal, el disco encargado de abrir este ciclo es un capítulo obligado del catálogo del artista. Sencillo en lo lírico, pero directo y efectivo en lo musical, las canciones que dan vida a este álbum se caracterizan por tener un feeling extremadamente liviano y cautivador. Compartiendo mucho del espíritu de “Street-Legal” (voces femeninas y bronces), lo cierto es que los pasajes de blues, gospel e incluso reggae, claramente llevan la apuesta al siguiente nivel.


13°

Tempest (2012)

Echando mano a la misma propuesta sonora de los últimos 10 años y con una voz en franco deterioro, la llegada de este álbum dejó muy poco para encantar al oyente casual. Por fortuna, el tiempo probaría que todos los que insistieron en descubrir las virtudes de la entrega tuvieron su recompensa, ya que “Tempest” marca uno de los puntos más altos de Dylan como contador de historias. Alejado casi por completo del formato estrofa-coro-estrofa, los paisajes que atraviesa este álbum van desde momentos de completa y reflexiva oscuridad, a otros de sobrecogedor homenaje, como los fantásticos siete minutos que cierran el álbum recordando a John Lennon. Disco de evolución pausada, pero tremendamente gratificante.


12°

Nashville Skyline (1969)

Si bien, es cierto que desde “John Wesley Harding” (1967) era posible ver que Dylan buscaba una nueva firma sonora, es en este disco donde se vuelca por completo a explorar la música country, pero no sólo eso: además cambia su forma de cantar. Puede sonar arriesgado y, de hecho, en su momento alejó a muchos de sus seguidores, sin embargo, el “nuevo Dylan” no sólo firmó un álbum a la altura de su catálogo, sino que también se anotó más de un track increíble en esta aventura. Quizás el mejor ejemplo de esto sea que incluso cuando acompañado por Johnny Cash se arriesgó a versionar uno de sus temas más entrañables, logró hacerlo de forma tan contundente, que es difícil elegir una de las dos versiones.


11°

Another Side Of Bob Dylan (1964)

Cada vez que quisieron colgarle una etiqueta, Dylan decidió moverse. En esta oportunidad fue en lo narrativo, donde el artista dijo “suficiente con esto de la ser la voz de su generación”. Las canciones de este álbum suenan al mismo folk que ya le conocíamos, sin embargo, tienen un ánimo mucho más liviano: hablan de amor, desencuentros y también tienen espacio para el humor, cosa que en su disco anterior hubiera sido impensable. El giro fue tan definitivo, que incluso en los cuatro minutos de la fantástica “My Back Pages” el artista se toma el tiempo de explicar su salida del ala más política del movimiento folk. Con una lírica claramente renovada, lo que seguía ciertamente era cambiar su sonido.


10°

Modern Times (2006)

Una de las cosas que hace de este un disco excepcional, es cómo el cantautor logra atrapar el espíritu de lo que venía mostrando en sus discos anteriores para luego ponerlo en un paquete increíblemente consistente. Echando mano a pasajes del más tradicional de los blues, como los seis minutos de “Rollin’ And Tumblin’” o la fantástica “Thunder On The Mountain” (con referencia a Alicia Keys incluida), Dylan aprovecha de intercalar canciones de ánimo muy pausado, pero de una belleza excepcional. Es difícil atravesar este set sin dejarse encantar por el ánimo jazz de “Spirit On The Water” o el fraseo en la maravillosa “Workingman’s Blues #2”. Elegante en la ejecución y simplemente eterno en las letras.


Rough And Rowdy Ways (2020)

Rough And Rowdy Ways

Hay discos demasiado grandes como para intentar ponerlos en una reseña. Este álbum tiene mucho de eso. Musicalmente preciso, privilegiando las baladas y los pasajes de blues, lo cierto es que lo de esta entrega va mucho más allá de lo sonoro. En este viaje el cantautor se acerca a nosotros con una cercanía inusitada, como aquel viejo amigo que hizo todo el recorrido y vuelve a compartir algunos secretos para poder retirarse a descansar. Acá Bob nos mira a la cara, comparte mucho de su intimidad, intenta explicar sus contradicciones y además nos invita a descifrar postales de una época que, pareciendo lejana, está mucho más cerca de lo que creemos. Si finalmente esta fue su despedida, es un dignísimo adiós.


Time Out Of Mind (1997)

Una de las cosas que hace de este disco un recorrido excepcional, es cómo toma lo mejor de dos personalidades potentes involucradas en el proceso creativo y termina dando vida a una suerte de soundtrack acerca de los procesos de pérdida y la inevitable transitoriedad del ser. Lanois nos golpea una vez más con sus tradicionales atmósferas gigantes, sin embargo, en esta vuelta es el cuidado en los detalles –como el efecto en la voz de Dylan usado para abrir el álbum o las percusiones en “Not Dark Yet”– lo que termina robándose las miradas. Si a eso le sumamos la contundencia lírica de un artista que, cercano a sus sesenta años, empieza a lidiar con demonios que antes no había enfrentado, el resultado es superlativo.


The Times They Are A-Changin’ (1964)

Las diez canciones que dan vida al tercer álbum del artista, marcan uno de los momentos más oscuros y provocadores que alguna vez firmaría. De hecho, basta con ver la portada para anticipar que lo que sea que incluya este set no va ser liviano. Acompañado sólo de su guitarra y armónica, y echando mano a lo mejor de sus destrezas como artista folk, Bob levanta una voz de sentida y urgente denuncia en cada uno de los tracks que golpea el set. Los pasajes incluyen, entre otros, líneas acerca de la disparidad ante la ley, la miseria a la que nos condena el sistema y la despreciable manipulación política. Un recorrido de una carga emocional gigantesca, que desgraciadamente sigue sonando actual.


Desire (1976)

Después de “Blood On The Tracks”, Dylan decidió evitar la composición en solitario, en lo que uno podría ver como una vuelta a las sombras de un artista que siempre ha preferido evitar hablar de sí mismo. Jacques Levy fue el encargado de acompañar al músico en este apartado, firmando siete de los nueve tracks. Por fortuna, el resultado de esta apuesta fue increíble; en lo musical se trata de un álbum atrevido, diferente y dinámico, en largos pasajes caracterizado por la presencia de voces femeninas y el fantástico violín de Scarlet Rivera, que dejaría su sello en tracks eternos, como la luminosa “Mozambique” o la demandante “Hurricane”. Definitivamente un álbum de exitosísima búsqueda sonora.


Bringing It All Back Home (1965)

Reflejo de un artista todavía dividido, el primer álbum de la trilogía eléctrica es la muestra perfecta de lo mejor de las dos personalidades del músico. Mientras el lado A nos deleita con todo el rock blues furioso del nuevo Dylan, listo para comerse el mundo, anotándose himnos gigantes como “Subterranean Homesick Blues” y “Maggie’s Farm”, el lado B se encarga de entregarnos lo que le iba quedando de identidad folk. Sin embargo, una de las cosas más increíbles de este álbum es que, casi como en un desafío de identidades, la cara B sale a encarar a su contraparte de forma apabullante, abriendo con “Mr. Tambourine Man” y luego manteniendo el nivel hasta el final de la entrega. Sin duda, memorable.


Highway 61 Revisited (1965)

Con Dylan transformado en estrella de rock e intentando lidiar con el odio de su primera ola de seguidores, mucho del ímpetu avasallador que tiene este álbum está relacionado con la necesidad de desahogo que el artista estaba teniendo. La forma en que “Like A Rolling Stone” abre el disco con un golpe seco, como quien da una patada a una puerta y luego dispara una lírica furiosa llena de desdén, respaldada por una muralla de sonido donde el órgano Hammond se lo come todo, fue una de las cosas que cambió el sonido y la identidad de la música de toda una generación. Nunca en el mundo del rock alguien había tocado las claves que el músico explotó en esta entrega. Probablemente su trabajo más influencial.


Blonde On Blonde (1966)

Tras 18 meses enfocado en dar vida a tres discos que lo vieron mutar por completo, es con el último de este grupo que el cantautor sube la apuesta. No sólo se trata de uno de los primeros álbumes dobles de música rock de la historia, sino que este es el trabajo donde vemos al autor alcanzar el sonido que siempre quiso tener y que él describiría como “el sonido fino y salvaje del mercurio”, donde finalmente termina de desarrollar su tan típico fraseo en los vocales. Además, es en estos 70 minutos donde por fin Dylan deja de mirar a sus seguidores y decide reírse de todo y de todos. Las postales que nos dejó este álbum son el mejor reflejo de un artista al tope de sus capacidades y liberado por completo.


The Freewheelin’ Bob Dylan (1963)

Si uno intentara resumir que es lo que hace del segundo álbum de Dylan un trabajo excepcional, probablemente habría que decir que es su equilibrio. Sin tratarse de una placa de corte romántico o abiertamente enfocada en lo sociopolítico, es capaz de firmar increíbles pasajes en cada una de esas esquinas, echando mano a una propuesta sonora sencilla, pero apabullante. Cálido y evocador cuando debe serlo, como en el caso de “Don’t Think Twice, It’s All Right”, certero en los pasajes que invitan a la reflexión, como en la inmortal “Blowin’ In The Wind”, e implacable cuando la urgencia lo amerita, como sucede en “Masters Of War”. Es difícil saber si sólo se trata de su mejor álbum folk o derechamente de su mejor álbum.


Blood On The Tracks (1975)

Sin tratarse del álbum de Dylan más arriesgado en lo musical, ni el más críptico en lo lírico, lo que hace de “Blood On The Tracks” una experiencia única, tiene que ver con lo universal de su temática de fondo y con la increíble lucidez del artista a la hora de elegir cómo musicalizar este delicado viaje. Muchos lo han catalogado como el “álbum de ruptura definitivo”, aludiendo a que hablaría del divorcio del artista, sin embargo, mirado en perspectiva, lo cierto es que poco importa si el disco habla del músico o no, lo maravilloso de este grupo de canciones es cómo el cantautor captura las distintas etapas que se atraviesan durante el duelo de pareja de forma sencillamente sobrecogedora. Las imágenes que nos regala este álbum van desde los espacios de negación, ira y reconciliación, para luego cerrar con la tan postergada, pero necesaria, aceptación. No hay forma de recorrer este álbum sin notar que hay algo de cada uno de nosotros en esos versos. Definitivamente, inmortal.


Arte por Rodolfo Jofré

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