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Discos chilenos destacados 2017

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Es imposible la tarea de igualar todos los lanzamientos en Chile en un año. Tal ejercicio desconocería las posibilidades desiguales en una industria que es lo suficientemente complicada de definir como unívoca como es la nacional. Entonces, nuestra tarea durante los últimos cinco años ha sido la de destacar discos chilenos, muchos de ellos que no han tenido espacio a lo largo del año en nuestro sitio, en una lista que los eleve y que disponga una vitrina brillante de material lanzado en un 2017 que fue especialmente bueno en ese aspecto.

Tenemos en especial discos con conceptos detrás, sea en el sonido (“Elipse” de CAF) o en la forma de construir las canciones (“Los Antiguos Astronautas” de Portugal). Además, existen álbumes de calidad en muchos géneros, y aquí está la cosecha que hicimos este año, basados en la mezcla entre calidad, potencial y buenas canciones. La invitación es a escuchar con la mente abierta, porque en un estilo diferente al que escuchas normalmente puede estar una agradable sorpresa, y esta lista está hecha para que te sorprendas y conozcas lo mejor del año.

  • Si quieres ir escuchando los discos, cada título y portada contiene un link directo a streaming gratuito; haz click y aparecerán. La lista está en orden alfabético.

Adelaida – “Paraíso”

La banda de Valparaíso volvió claramente decidida a subir la apuesta que ellos mismos hicieran con “Madre Culebra” un par de años antes. Con nueva integrante en las cuatro cuerdas, el trío no sólo mantiene al tope esa atractiva combinación de noise rock, grunge y shoegaze que los ha hecho tan reconocibles, sino que se aventuran a explorar nuevos matices y atmósferas que, sin sacrificar en nada la visceralidad y energía de la banda, hacen de esta nueva entrega un viaje mucho más luminoso y desafiante que su predecesor. Seductores en lo musical y tremendamente cercanos en lo lírico, “Paraíso” se instala sin duda, como uno de los capítulos irrenunciables de este 2017.

Aguaturbia – “Fe, Amor y Libertad”

Después de 47 años de silencio discográfico, el mítico conjunto que en los setenta liderara la movida rock psicodélica a nivel local, vuelve a los estudios para agregar un tercer capítulo a su alabado catálogo discográfico. Con un sonido contundente, la banda firma diez cortes que, haciendo gala de un estilo de cargada identidad rock blues, nos invitan –con un ánimo abiertamente feminista y letras en español esta vez– a revisar problemáticas relacionadas con los desafíos que plantea la vida en pareja y la forma en que enfrentamos el devenir de los días intentando no perder el norte. El espíritu rebelde y la pasión sin duda siguen ahí, es un gusto tenerlos de vuelta.

Austral – “Patagonia”

Metal Étnico. Así define su propuesta Austral, grupo oriundo de Santiago, cuyo primer larga duración explota una original fusión de trash metal con elementos propios del folclore del sur del mundo. Intentar la comunión de estilos tan distantes no siempre resulta bien, sin embargo, luego de recorrer los cincuenta y ocho minutos que dura este viaje, queda clarísimo que acá no sólo hay destreza instrumental (evidente en el trabajo de guitarras y percusiones), sino además un grado de respeto y compromiso con la idea de trabajar un concepto, que es francamente envidiable. Nunca antes la trágica historia del genocidio Selknam había sido musicalizado con tanta energía y pasión.

Bagual – “Nulla”

El tercer disco de la banda los pone en un lugar expectante en nuestro rock, sonando con un doom black metal que los asemeja a exponentes internacionales. Ese cruce de colores entre Deftones y Deafheaven, hace que suene familiar lo que crean, y en “Nulla” esto se exacerba con calidad en todos los sentidos. Este trabajo es más brutal, crudo, lleno de paisajes, de quimeras y cosas concretas. Cuando el riff domina tantas facetas del rock, se agradece tener una propuesta donde la distorsión y las figuras de cuerdas no se usan por virtuosismo, sino que para enriquecer las canciones. He ahí el triunfo de Bagual: evitar que el fondo se pierda entre tan buena forma.

Benjamín Walker – “Brotes”

El gran triunfo del segundo disco de este cantautor no es su sonido coherente, ni la producción preciosa de Javier Barría, sino cómo Walker encuentra confianza en sus conceptos y también en cómo evita lo preconcebido. En vez de abrazar ciertos géneros y esquemas, y seguirlos al pie de la letra, él decide escribir un libro nuevo, palabra por palabra, donde la comodidad y expresividad con la que interpreta terminan brillando más que los detalles estilo Godrich que Barría pudo meter para ilustrar a las letras y las guitarras que, a final de cuentas, son la fortaleza que Benjamín usa con sabiduría. Con sutileza, este trabajo cautiva oídos evitando modas y espejismos.

Cevladé – “Pinceles y Puñales”

El rap chileno tiene excelentes exponentes, pero pocos llegan a sacar materiales consistentes al nivel de Cevladé. No sólo se trata de un rapero dotado en entrega y rimas, sino que su capacidad de mezclar estilos, emociones y motivaciones lo pone entre lo más granado del género y la música chilena en general. Transparencia en sus letras, identificar la importancia de los sonidos orgánicos y la elección de samplers precisos, convergen en un disco que nuevamente tiene a Cevladé como el rapero más completo del país. Inteligencia, desgarro y sentido de la melodía son los conceptos claves que confirman la capacidad del “Demonio Maravilla” en su ruta a la trascendencia.

Cómo Asesinar A Felipes – “Elipse”

ElipseDesafiantes, cambiantes, permanentes. Los Felipes son una banda en constante peak creativo, que aún no declina, que aún no decepciona y que aún convoca, y para lograr esto es que deben correr las fronteras de sus posibilidades. En “Elipse” hay tiempos irregulares, una estructura en movimientos digna de la música clásica, y un verdadero discurso poético que cruza la obra completa. Si Cómo Asesinar A Felipes ya había desafiado a la canción y a la rima, en esta monumental y compacta labor se dan el lujo de hacer vanguardia sin alienar. Con un mensaje claro, directo y nunca simplón, CAF nuevamente saca parte del material más excitante del año. Una linda costumbre.

Como Talar Un Alerce – “Como Talar Un Alerce”

Latin jazz, bossa nova, lounge y folk podemos disfrutar en el álbum homónimo de Cómo Talar Un Alerce. Se trata de ocho cautivadoras composiciones donde los vocales han sido excluidos de forma deliberada (aportando únicamente como un instrumento más), con la intención de dar a la propuesta una transversalidad autónoma a los límites del lenguaje. José Antonio Mena junto a su guitarra acústica oficia como líder del proyecto, sin embargo, es la interacción con los aportes de Lucas Harcha (bajo; sintetizadores), Pascual Cortés (trompeta), Alfonso Vergara (clarinete) y Raimundo Santander (guitarra eléctrica) lo que finalmente hace de este trabajo una experiencia única.

Curasbún – “Aunque Les Duela”

El manifiesto que acompañó el lanzamiento de este disco de la banda de oi! y punk nacional, fue un mensaje sacado desde el manual del estilo, con el antifascismo y el antirracismo como algo central. Pero para que dicho mensaje pegue, debe estar acompañado del marco adecuado, uno que tiene mucho que ver con el estilo. Si bien el manifiesto debe ser sacado del pasado, en el sonido existe una evolución que hace que cada letra contra Pinochet, su legado y herederos, la fuerza policial y mucho más, sea sentida como algo real y con la rabia y angustia adecuada para ser creíble. Curasbún sigue haciendo punk vieja escuela, con un giro que hace que la rabia sea muy fresca.

Electrodomésticos – “Ex La Humanidad”

Ex La HumanidadLa banda liderada por Carlos Cabezas no pierde el tono. Firmando el periodo más prolífico de su carrera, Electrodomésticos da vida a un álbum oscuro y cinemático, pero al mismo tiempo familiar y acogedor. Sin abandonar el ánimo vanguardista, el conjunto (cuyas filas completan hoy Edita Rojas, Valentín Trujillo Jr. y Sebastián Muñoz) esta vez se aproxima a la composición en un estilo más cercano al formato canción tradicional, logrando por un lado seguir sonando a ellos mismos sin caer en el autoplagio y, al mismo tiempo, explorar fronteras que hacen más accesible y atractiva su propuesta a nuevos oyentes. Pasan los años y Electrodomésticos sigue estando en su mejor momento.

Emisario Greda – “Anhelario”

Cuando Emisario Greda se anunció como banda del tradicional sello Quemasucabeza, parecía extraño. Los ex Pujem eran parte de una escena alejada de convencionalismos, pero su disco debut muestra una propuesta que se aleja de escenas y erige su propio mérito. Una independencia atemporal rodea a este trabajo, donde la melodía es piedra angular. Proteger a toda costa la canción, pulir sus bordes y ser dignos de ella son gestos profesionales que necesitan un paraguas más amplio, y esa es una de las cientos de decisiones que destilan madurez del primer LP de Emisario Greda, entre armonías vocales e instrumentales que por su sobriedad hacen que cada compás signifique mucho más.

Fernando Milagros – “Milagros”

Fernando Milagros se ha convertido en un especialista a la hora de construir puentes sonoros. “Milagros” vuelve a cautivarnos con esa lúcida fusión de sonidos propios del folclore latinoamericano con ritmos cuyo domicilio se ubica abiertamente en el pop rock más tradicional. Sin tratarse de algo nuevo para el cantautor, lo que hace excepcional a esta entrega es lo directo, seductor y sobre todo la evidente transversalidad que baña a cada uno de los tracks del disco. Prueba irrefutable de esto, es la nada despreciable lista de colaboradores que anota el álbum, sumando estilos e identidades procedentes de México, Colombia y Perú. Un amable y cautivador caleidoscopio.

Filipina Bitch – “Animales Del Espanto”

Filipina Bitch hace su debut formal parándose justo en esa esquina donde lo visceral y espontáneo se adueñan por completo de la expresión artística. Es difícil clasificar la propuesta del cuarteto, puesto que tiene la virtud de transitar por varios estilos sin dejar de sonar coherente. Los pasajes de noise rock, punk, psicodelia e incluso stoner, conviven de forma natural y fluida sin atropellarse en ningún momento, dando como resultado un paisaje que es al mismo tiempo cautivador y amenazante. En tan sólo una jornada de grabación en el estudio, la banda se las ingenió para retratar de manera fiel años de experiencia musical. Así es como suena un álbum cuando está vivo.

Franja de Gaza – “Despegue”

En una apuesta que claramente busca expandir la oferta sonora que la banda mostró hace algunos años en formato EP, los oriundos de Conchalí presentan “Despegue”, su primer larga duración. En esta oportunidad, el quinteto baja el nivel de las distorsiones y, al mismo tiempo que mantiene un excelente trabajo en las guitarras (posiblemente la mejor carta que poseen), avanza de forma categórica a la hora de generar atmósferas y paisajes sonoros que van del vértigo a la calma sin perder un ápice de calidez y elegancia. Esto, que el conjunto ha llamado “Rock Galáctico”, básicamente es una excelente combinación de post-rock e indie, ejecutada con respeto y convicción.

Julia Smith – “Temporal”

Con la clara intención de crecer, Julia Smith vuelve a las pistas con un álbum que, si bien rememora muchas de las claves de eso que alguna vez se denominó “rock penquista”, en esta oportunidad juega definitivamente a expandir la paleta sonora que define al conjunto. Producidos por Mauricio Basualto (Los Bunkers), el quinteto nos regala una propuesta elegante, que de la mano de una excelente ejecución instrumental nos invita a recorrer seductores paisajes sonoros, yendo desde el new wave al power pop guitarrero, pasando en el camino por temas románticos de aire radial y otros que saludan al canto nuevo. De esos discos que sólo mejoran cada vez que se vuelven a escuchar.

Lanza Internacional – “Lanza Internacional”

En formato trío, con Mauricio Durán asumiendo el bajo, Francisco Durán en guitarra y voz y Ricardo Nájera en batería, Lanza Internacional comienza a escribir con el pie derecho su historia post Bunkers. Con un sonido directo, enérgico y contagioso, los oriundos de Concepción dan vida a un álbum que termina de explorar esa vertiente new wave, synth pop bailable que Los Bunkers sólo alcanzaron a mirar de reojo en “La Velocidad De La Luz” (2013). Las influencias de este magnífico álbum homónimo ya no miran hacia los sesenta, sino que apuntan derechamente a fines de los setenta y principios de los ochenta, saludando a gigantes como New Order, Devo y Talking Heads.

Las Modas Pasajeras – “Estaciones”

La consciencia de sí mismos es algo que define a este trío, con versatilidad y un mosaico refrescante de sonidos puestos. Más pop, más rock, más surfer, incluso, “Estaciones” le hace honor al nombre pasando por diferentes estados de ánimo, movimientos y tiempos, sin temer a que haya un olor a café de la mañana, mezclado con el cansancio de la tarde, mientras pasa un viento frío que desarme lo confortable. Además, el toque análogo que se evidencia tras una escucha acuciosa le da un tinte atemporal al disco, y retrata aún más a la banda que, en vez de dejarse llevar por lo actual, opera sin mirar al calendario, buscando y encontrando lo que mejor les sale, y les sale muy bien.

Lucybell – “Magnético”

El formato trío le es cómodo a Lucybell, pero a ratos la discografía no reflejaba este equilibrio bien logrado, y por ello es tan refrescante el resultado del primer disco de estudio en siete años del conjunto. “Magnético” renueva los pergaminos de la banda, sin robarle a su pasado o a otros para seguir adelante. El disco fluye sin sobrecargarse en una dirección, y opera como un “grandes éxitos inédito”. Quizás su mayor atractivo sea que Lucybell no descansa en su zona de confort para crear, porque hay intención genuina en que las ideas dispuestas sean parte de la vida de quienes escuchan. Un triunfo clave para una de las bandas rock más importantes del país.

Mantarraya – “Pornografía”

Exploraron el mar, y ahora lo hacen con el espacio. Aunque el nombre del segundo álbum de la banda penquista apunte a lo personal, entre sábanas, lo cierto es que musical y líricamente las ideas están puestas en lo que va más allá del techo, sea sintética u oníricamente. En vez de cerrarse en un sonido en particular, el quinteto usa todo lo que tiene a la mano para, en medio de ritmos dinámicos, samplers y sonidos orgánicos, crear algo más cercano a lo que pasa después de que la “Pornografía” opera, en un mundo de sueños, películas y mucha sabrosura. Uno de los discos chilenos que mejor entiende la lógica de cruzar estilos de este milenio, con gracia y sin prejuicio.

Martín Pescador – “Bitácora”

En formato rock pop cordial y fácil de seguir, las canciones que dan forma a “Bitácora” nos trasladan por paisajes sonoros que al mismo tiempo rebosan guitarras de espíritu indie folk, dando espacio suficiente para la intrusión de beats y loops propios del mundo de la electrónica, logrando dar lugar a una seductora propuesta donde las atmósferas se posicionan como evidente leitmotiv del conjunto. Por su parte, en lo lírico, el álbum se desenvuelve íntimo, interesante y personal, sin llegar a ser confesional. Con un sonido claro y un concepto compacto, “Bitácora” se alza a día de hoy, sin duda, como el trabajo mejor logrado del proyecto liderado por Ariel Acosta.

Niña Tormenta – “Loza”

El disco debut del proyecto de Tiare Galaz brilla donde otros palidecen. Hacer canciones “desnudas” con arreglos sencillos y acústicos, muchas veces es más difícil que lo más producido, porque es en la transparencia que cualquier vapor puede empañar la vista. “Loza” no cae en esos problemas, y es un álbum de excelente construcción y con terminaciones precisas, rescatando la voz bella de Niña Tormenta y lo acústico, además de ciertos sonidos atmosféricos, que le dan un halo mucho más celestial a un disco que habla desde lo cotidiano y sentimental, hasta el rescate incluso de lo tradicional, como en “A La Mar Vine Por Naranjas”. Uno de los discos chilenos más bonitos de 2017.

Paracaidistas – “Bruxar”

Pop juvenil, fresco y fácil de seguir. Las doce canciones que dan vida a “Bruxar” gozan de una vitalidad y energía que rayan en lo encantador. De la mano de una seductora mezcla de indie punk y noise pop, el conjunto (que anota dentro de sus puntos altos la maravillosa dinámica que se da entre Joaquín Saavedra y Mari Llovet en los vocales) nos invita a recorrer un paisaje honesto y liviano, donde, bajo un filtro de cándida inocencia, las cosas nunca parecen ser tan complicadas como para que una buena canción no sea capaz de sacarnos del mal rato. De esos discos donde cada track corre el riesgo de convertirse en single. Reconfortantes y necesarios.

Playa Gótica – “Amigurumi”

Al pop se le tilda de ser “ligero”, y por eso es tan deliciosa una propuesta como la de este cuarteto, que, desde una violencia instrumental donde se cruza el shoegaze y el post punk, deriva en canciones pop interpretadas por la mejor frontwoman del país hoy, Fanny Leona, llegando a una fórmula única, intensa, fuerte, ruda y bailable. Pocas veces un disco debut presenta una identidad tan clara y, a la vez, flexible, y he ahí la fortaleza en la escritura de las canciones y las capacidades de una banda donde cada parte resulta vital. El equilibrio de la fuerza en Playa Gótica permite la locura necesaria, y hace de esta una de las propuestas más vivas en mucho tiempo.

Poder Fantasma – “Todo Lo Que Quiero Decir Es Lo Que No Quieren Escuchar”

Con nueve canciones plagadas de energía y un controlado descontrol, Francisco Heredia (la mente que da vida a Poder Fantasma) nos invita a cambiar el switch adultocéntrico que lo rodea todo y a mirar las cosas desde otra perspectiva, esa de las voces que, por juventud o espacio, muchas veces no son tomadas en serio. Sintetizadores, teclados y guitarras distorsionadas se adueñan de este fantástico LP debut, que nos golpea con una propuesta fresca y llena de vida, una que podríamos catalogar como tecno punk pop (o algo así). La destreza con que Heredia logra manejar tiempos y matices líricos (alternando intimidad, crítica social y sentido del humor) es ciertamente excepcional.

Portugal – “Los Antiguos Astronautas”

Muchas veces la mejor manera de acercarse a la comprensión de un fenómeno es tomar algunos metros de distancia. Eso es lo que hace Portugal en esta entrega: toma palco y, sin ninguna prisa, nos entrega cálidas postales que apuntan a retratar ese viaje en el que nos vemos inmersos día a día, regalándonos finalmente una composición madura y lúcida, de indiscutibles tintes espaciales. Ya sea echando mano a beats que rememoran a Thom Yorke, letras que apuntan derechamente hacia el cosmos (“Pixel”) o a la sentida y acogedora interpretación de Mariano Hernández, “Los Antiguos Astronautas” se alza como una irrenunciable invitación a dejarse cautivar por la inmensidad.

Protistas – “Microonda”

Siempre había sido una banda de guitarras, con canciones basadas en el juego de figuras, solos y riffs, pero Protistas tuvo que cambiar con la salida de Julián Salas, y lo hace de la mano de una dinámica distinta, más directa, melódica y abierta. Aunque el sonido no cambió en la superficie, irrupciones como la de Niña Tormenta dejan en claro que hay intenciones distintas, con letras más relevantes, y lecturas sencillas. Más historias y paisajes dominan los parajes de una banda que en algún momento tuvo como punto fuerte la construcción de texturas. Ahora, en vez de ropajes preciosos, la música goza de un equilibrio minimalista, y ahí radica su inédita y familiar fuerza.

Recrucide – “The Cycle”

Precisión, excelencia, pulcritud, pueden ser sinónimos de la labor de una máquina, pero el nivel que ha alcanzado Recrucide llega a tal punto, que se les puede dar ese carácter porque, tras un gran disco anterior –el alabado “Svpremacy” (2014)–, la banda debía exigirse más. Y pese al riesgo que representa lo anterior, “The Cycle” es el resultado de la valentía y el trabajo con la tensión suficiente como para no desfallecer en el intento de escribir la propia historia. La discografía del conjunto se demuestra como una de las esenciales del género en Chile, eso habla de la solidez estructural que tiene lo que la banda ha construido, y aquello da para celebrar y escuchar con atención.

Slowkiss – “Ultraviolet”

Es decepcionante ver cómo aún los proyectos anteriores de Elisa Montes y Vicky Cordero definen un prejuicio hacia Slowkiss, cuando en sus tres años de existencia la banda ha conseguido un camino propio, como pocos, en un mundo como el del rock. Mujeres comandando una banda es algo para celebrar en un medio masculinizado como el nuestro, pero se les ha invisibilizado. La respuesta del cuarteto es rotunda: despachar sus canciones más potentes y enfocadas, con un toque único de ira y energía que no se decanta en gritos insignificantes, sino en riffs y vocalizaciones sentidas. “Ultraviolet” hace que se espere con ansia más futuro de una banda a la que se le debe escuchar en su mérito.

Tenemos Explosivos – “Victoria”

Sonido contundente, concepto claro y letras que ya se quisieran la mayoría de las bandas (incluyendo una serie de samples estremecedores). Tenemos Explosivos, para bien o para mal, nos tiene mal acostumbrados a entregas de un nivel superlativo. La base rítmica, cortesía de Matías Acuña (batería) y Álvaro Urrea (bajo), mantiene la tensión al tope durante toda la entrega, mientras que la excelente performance de Eduardo Pavez en los vocales, llena de matices y sentimiento el duro y sobrecogedor discurso por el que nos obliga a atravesar el conjunto. A no dejarse confundir por las barreras estilísticas del post hardcore, este es el tipo de discos que deberían escuchar todos.

Tomates Rocky – “Fábulas Y Relatos De Los Maestros De La Calentura Senil”

Lo de “Fábulas Y Relatos De Los Maestros De La Calentura Senil” es un viaje que golpea desde el primer contacto. Basta con admirar el arte de la portada para entender que lo que tenemos al frente no tiene nada de trivial. Masterizados por Chalo González, la fiesta a la que nos invita el grupo no da respiros, desatándose con todo desde el primer segundo. Mezcla de Fulano y King Gizzard & The Lizard Wizard, las dosis de psicodelia, rock setentero y delirio son avasalladoras. Las letras, por su lado, nos llevan por parajes que van desde lo lisérgico a paisajes anclados en el duro transitar urbano. Imposible no esbozar una sonrisa ante tanta energía y desenfreno.

Travis Moreno – “Travis Moreno”

El imaginario que moviliza a Travis Moreno es realmente digno de celebrar. Las ganas por crear son tan relevantes, que incluso sin guitarrista se las arreglan para dar vida a un álbum rebosante de psicodelia, rock progresivo y profunda admiración por la poesía como forma de expresión (dos de los cortes mejor logrados de esta entrega responden a este canon, de hecho). Con una propuesta más directa que en el pasado, el nivel mostrado en la ejecución de los teclados a manos de Andrés Sánchez y las múltiples personalidades que asume el versátil bajo de Felipe Ayala, hacen imposible no creer que los quillotanos están llamados a firmar sendos capítulos de aquí en adelante.

Trementina – “810”

Tras el éxito alcanzado por “Almost Reach The Sun” (2015), muchas bandas hubieran optado por repetir la fórmula, sin embargo, el conjunto oriundo de Valdivia no está para facilismos, lo de ellos es definitivamente especial. Teniendo muy claro dónde están sus fortalezas, la banda en esta oportunidad optó por abandonar el muro sonoro y las pesadas distorsiones en la guitarra, dando paso a un sonido liviano y cristalino, lleno de delicadas atmósferas que se encuentran sistemáticamente engalanadas por las angelicales intervenciones de Vanessa Cea en los vocales. Que desde nuestras fronteras nazca una propuesta dreampop de esta contundencia, es definitivamente un deleite.

Weight Of Emptiness – “Anfractuous Moments For Redemption”

Echando mano a una sólida base death metal, sobre la que se suman elementos del black, doom e incluso el metal progresivo, el quinteto de Santiago se dio maña para firmar este año uno de esos gratos e inesperados capítulos con los que cada cierto tiempo nos sorprende la escena local. Superando por completo las dificultades a las que se ven enfrentados los grupos que vienen del mundo de la gestión independiente, Weight Of Emptiness se anota un álbum contundente y arrollador, que alterna espacios de oscuridad y redención, destacando simultáneamente por el excelente nivel exhibido en la ejecución instrumental y la fantástica calidad de su sonido. De exportación.

Por David Martínez y Manuel Toledo-Campos

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Las tres etapas de The Raconteurs

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No debería ser tan adecuado catalogar a Jack White como el líder de The Raconteurs, pero sin duda él es su cara más visible. Más allá de eso, la banda ha forjado una imparable carrera desde 2005, transformándose en uno de los proyectos más interesantes del oriundo de Detroit, con tres álbumes de estudio hasta la fecha que sonarán fuerte el próximo 13 de noviembre cuando el conjunto llegue por primera vez a Chile con un concierto en Coliseo Santiago. Desde sus inicios hasta ahora, The Raconteurs ha ido quemando diferentes etapas, desde las exploradoras canciones de su primer LP, pasando por el rock más radial en el segundo, hasta derechamente las composiciones con carácter de stadium rock de su tercera placa. El proyecto es, sin duda, el punto de encuentro entre músicos que van adquiriendo experiencias por fuera en sus distintas entregas musicales, forjando en conjunto su sabiduría y carácter al encontrarse aquí reunidos.

Lo que surgió como una idea entre Jack White y Brendan Benson, se vio materializada en el primer disco de la banda, “Broken Boy Soldiers” (2006), con el dúo acompañándose de Jack Lawrence y Patrick Keeler para desarrollar un trabajo donde fueron explorando distintas veredas del rock, pasando por la psicodelia y el garage, entre otros estilos, lo que generó toda una novedad debido a la variada instrumentación, algo poco habitual para White en sus trabajos con The White Stripes hasta “Get Behind Me Satan” (2005), obra que sirvió como puntapié inicial para que el músico ampliara la paleta de instrumentos y estructuras que maneja en sus composiciones. Además de sencillos más conocidos como “Steady, As She Goes”, “Broken Boy Soldiers” o “Level”, este álbum cuenta con algunas gemas escondidas, como “Hands”, “Store Bought Bones” o “Blue Veins”, donde se demuestra lo bien que funciona cada pieza del conjunto cuando trabajan a paso firme, cómodos y totalmente cómplices de cada movimiento que se ejecuta.

Fue así como la banda incorporó más elementos del blues y un rock mucho más radial en “Consolers Of The Lonely” (2008), un trabajo que llegó de manera sorpresiva con un anuncio apenas la semana anterior a su lanzamiento. Con los ojos de la crítica ya sobre su figura, la banda mantuvo la vara en alto en términos de calidad compositiva, destacando el mega hit “Salute Your Solution” y otros pilares fundamentales de su catálogo, como “Old Enough”, “Top Yourself” o “Carolina Drama”, donde los factores acústicos del country son incorporados a la manera en que la banda ya acostumbraba a operar. Todo eso, gracias a la unión de Benson y White, donde se encuentran dos mundos completamente diferentes, permitiendo que la banda diera sus primeros indicios hacia el rock más clásico tipo Led Zeppelin o The Who, algunas de las principales comparaciones que se hicieron al momento de que publicaran su segundo trabajo, el que vino acompañado de un silencio discográfico que se prolongó por poco más de una década.

Help Us Stranger

En algún punto de ese período comenzó a gestarse el regreso triunfal con “Help Us Stranger”, álbum que los traerá por primera vez a Sudamérica y donde la banda toma riesgos para beneficiarse de un sonido mucho más maduro y estructurado, recordando mucho al rock de estadios que desarrollaron durante la década del 90 bandas como Guns N’ Roses o The Rolling Stones, utilizando muchas estrategias, como la combinación de guitarras acústicas con eléctricas, coros de doble voz y un teclado cada vez más prominente no sólo en este trabajo, sino que también en el resto del repertorio. Dichas canciones tienen una ventaja particular a la hora de enfrentarse al show en vivo, y esa es que la banda entiende muy bien cómo adaptar la música a diferentes contextos, cambiando los tempos, incorporando pasajes de improvisación o simplemente modificando la forma en que estas son interpretadas.

Ya con tres álbumes a su haber, The Raconteurs parece finalmente haber encontrado su norte en el rock que pretende hacer. Y no es que hayan tardado toda su carrera en concretar algo como esto, sino más bien es un reflejo de la madurez sonora que la banda fue adoptando cada vez mejor a medida que sus otros proyectos le tomaban el tiempo entre un álbum y otro. Muchas veces se ha debatido de si Jack White es un innovador o simplemente reinterpreta estilos, lo cierto es que tiene mucho de ambos, por lo cual no se le debe quitar méritos cuando se analiza su obra. Eso sí, cuando hablamos del cuarteto (o quinteto en vivo, si se considera a Dean Fertita dentro de la alineación), nos damos cuenta de inmediato que son cuatro fuerzas que, más que opacarse entre ellas, se combinan a la perfección para conformar un combo imparable, el que de seguro derribará Coliseo Santiago cuando la banda repase estas tres importantes obras en el mes de noviembre.

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