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Una década de HumoNegro

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19 de abril de 2005: Teníamos la idea en mente, y nos superaban las ganas de comenzar lo más pronto posible. Estaban todos los bosquejos preparados, sólo nos faltaba la definición de nuestra identidad, cómo seríamos conocidos.

En una época donde proliferaban los blogs, y donde tanto los espacios más personales como los medios de este tipo trataban de poseer un nombre ligado al rock o a algún género específico, y a pesar que siempre quisimos que aquel estilo predominara en nuestra línea editorial, sabíamos que de manera natural nuestros horizontes –y los de nuestros futuros lectores- se expandirían en algún momento y finalmente nos uniría la música, la calidad de esta, o lo que nos evocaba o evocó en algún punto de la vida, por lo tanto, nuestro nombre no podía restringirse a esos límites. Y así pasó lo más extraño.

PAPA SMOKEYMientras nos craneábamos con esto, veíamos en la televisión –sin querer, sólo estaba prendida- que en el Vaticano salía humo blanco y el nuevo Papa era elegido. No le dimos mayor importancia. Luego alguien nos preguntó acerca del nombre de la siguiente forma: “¿Ya les salió humo blanco?” A lo que uno de nosotros respondió: “No, sólo humo negro”, para graficar en modo papal que nada se nos había ocurrido. Y así se inició todo.

Nos gustaría que la historia anterior fuera más pomposa, anecdótica y con más –por decirlo de algún modo- glamour, pero las cosas son como son y nuestra identidad se dio así, por una tontera, por una casualidad proveniente desde un ángulo que ni siquiera nos interesaba. Incluso, con el pasar del tiempo, mucha gente nos ligó a la serie “Lost”, y nos daba risa, pero era genial a la vez: el humo negro era un personaje muy patea-culos, y que se nos asociara a eso era maravilloso.

Una semana después, HumoNegro ya cobraba vida en la red y empezábamos a compartir nuestras inquietudes musicales y cinematográficas (así es, desde un principio HN tuvo espacio para el cine, aunque hubo un hiato de unos años en ese apartado), lo que se dio a nuestro ritmo, de una forma humilde pero constante, construyendo poco a poco algo que nos permitiera sentir orgullo de lo que acá se hace.

Es claro que tuvimos muchos problemas en ciertas partes del camino, y que incluso el sitio tuvo períodos donde había poco contenido y pocas actualizaciones, donde cubríamos pocos conciertos, y que incluso nos tuvo dejando de lado la sección de cine por largo tiempo, pero las convicciones no decayeron, y sabíamos que las dificultades que en algún momento hicieron más silencioso a este HumoNegro sólo serían el vuelo necesario que hay que tomar antes de pegarse el salto, y así fue que nos lanzamos con la revista impresa.

GOULD Y LA REVISTAEra el segundo semestre de 2011, y quisimos jugárnosla por una revista gratuita, impresa para todas y todos, donde pudiéramos generar un material de calidad, muchas veces no disponible a menos que vayas a un quiosco o la busques por internet. Y publicamos un número, pero no pudimos sacar más por distintas razones. Claro, hubo decepción y rabia, porque así pasa cuando las cosas te importan, pero hubo un resultado aún más importante que sacar un número o dos más de aquella revista: este intento nos permitió formar un equipo de gente, armar la columna vertebral que nutriría a HumoNegro en el área musical hasta el día de hoy. Junto con ello, nos propusimos tener una cobertura grande de Maquinaria Festival de ese año, y comenzamos a sentir que debíamos cubrir muchos eventos musicales relevantes, y sentimos que podíamos hacerlo. Desde ese momento, y con una decepción a cuestas de quienes partimos con el sitio y de quienes se sumaron, comenzamos a pavimentar el camino en el que nos encontramos el día de hoy, y que esperamos continuar. Tiempo después pudimos también rearmar la sección de cine, la que nos tiene comentando todos los estrenos de cada semana, con un equipo de personas que nos enorgullece y que proviene de ustedes mismos, los lectores, porque nuestra búsqueda siempre se ha basado en el potencial, no en nombres reconocidos o estrellas del periodismo. Las personas no están destinadas a hacer una sola cosa en la vida, a aquello que un título educacional les designa como único sendero a seguir, creemos que los talentos no tienen rótulos y esa ha sido nuestra consigna en los últimos años.

Desde el comienzo nos movió la idea de generar contenidos de calidad, de presentar la música y el cine desde un ángulo particular, con opinión y análisis, no simplemente cayendo en formatos preestablecidos. Nuestro norte ha sido entregar más de lo que se pueda esperar de nosotros y muchas veces esto no ha sido comprendido, como cuando nos han dicho que algunos comentarios de cine son escritos “en difícil”, entre otras cosas, pero para nosotros es parte de lo que nos mueve: generar contenidos que no se encuentran en otra parte, y puntos de vista que nutran la experiencia de disfrutar de estas artes.

Junto con ello, de a poco hemos mirado más hacia adentro y hemos puesto cada vez más atención a lo que pasa en Chile, algo que en su momento era complicado, pero que con la confianza de bandas, sellos y artistas, y también con el trabajo que hemos puesto en ello, ahora nos permite ofrecer cada vez más y mejores espacios para dar a conocer propuestas, discos, y noticias de músicas y BANDAS CHILENASmúsicos chilenos, así como también siempre estamos atentos a los estrenos del cine chileno, y en especial aquellos que pasan más por salas acotadas que por las principales cadenas. Claro, hay mucho terreno que avanzar ahí, pero sentimos que estamos en una dirección y ritmo correctos para ahondar en esto.

Nuestra apuesta es por la calidad, por los puntos de vista, y por la posibilidad de entregar espacios a quienes sentimos que editan material con valía suficiente para ser difundidos. Nuestra apuesta no es sentirnos la única plataforma donde puedes informarte o analizar la música y el cine, sino que una de las tantas que necesariamente deben existir para que tú te informes y analices las cosas del modo que desees. Por lo tanto, nuestra apuesta desde esta vereda es simplemente entregar la mejor información posible, con una perspectiva que se pueda complementar con la tuya.

Va una década de HumoNegro, y esperamos que se note que queremos hacer esto con humildad, respeto y rigurosidad; con cariño y las convicciones claras. Así ha sido, y así seguirá siendo, esperando que tanto nuestros lectores como nosotros mismos sigamos creciendo y expandiendo nuestros horizontes en el proceso.

HumoNegro. Nuestro nombre nació por una casualidad y una tontera que no medimos en ese momento, pero finalmente la identidad, esa esencia que no es calculable con los sentidos, la fuimos forjando con el pasar de los años, equivocando y acertando, con prueba y error, pero siempre con esfuerzo y honestidad. Creemos que ese es el camino y, hasta que nadie diga lo contrario, seguiremos transitando por él.

Muchas gracias por estos diez años, y vamos por más. Muchos más.

Por el equipo HumoNegro

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Columnas

Chester Bennington y la nostalgia prematura

Publicado

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Creo que la primera vez que escuché a Linkin Park fue dentro de una tanda de videoclips en MTV, con su canción más famosa, el sencillo “One Step Closer”. Su sonido era algo que jamás antes había escuchado en mis cortos doce años de vida, y no tardé en descubrir que eran parte de la nueva camada de bandas pertenecientes al nü metal, o como le decíamos en el colegio, el “Aggro”, estilo que comenzaba a dar sus primeros –y agigantados– pasos en el mainstream, llegando a dominar en poco tiempo los rankings mundiales, marcando la nueva tendencia del rock pesado en la orbe, tal como en su momento lo hizo el grunge, el heavy metal o el glam rock. Junto a nombres como Korn, Limp Bizkit, System Of A Down o Slipknot, Linkin Park se tomó al mundo por asalto, convirtiéndose en la banda más popular del nü metal. Su música estaba por todas partes.

A pesar de que, entre mis compañeros de curso, todos en plena adolescencia, nos decantábamos por bandas “true”, que siempre eran las más “rudas”, pesadas y oscuras de la escena, tales como Mudvayne o Coal Chamber, nos era imposible marginarnos del coro colectivo cuando canciones como “Numb”, “Somewhere I Belong” o “In The End” eran reproducidas por algún parlante durante los recreos en el colegio. Y es que esa es la gran virtud de Linkin Park: con riffs pegajosos, sintetizadores repartiendo scratches por doquier, rapeos fáciles de memorizar y las efectivas líricas despachadas por el vozarrón de Chester Bennington, dan a luz una serie de cortes que se instalaron en nuestra memoria como verdaderos himnos de una generación. Por gusto, repetición o simple resignación, Linkin Park se convirtió en parte de la banda sonora de todos los que crecimos durante la primera década de este milenio, en parte de los recuerdos de quienes hoy despiden a uno de sus integrantes clave.

La sensación es extraña. Anoche, en el trayecto a casa, me puse a escuchar un mix de los californianos. Sin ser fanático de la banda, pude cantar cada una de las canciones que aparecieron en la lista, incluidas algunas de sus últimos discos e, inevitablemente, retrocedí en el tiempo a mis años de adolescente, dejándome envolver por la nostalgia y la tristeza. Es raro porque, comparándola con otra pérdida reciente, como la de Chris Cornell, donde el sufrimiento se dejó sentir con mayor pesadumbre en generaciones adultas, este dolor era propio y de mis pares también. Mientras el ex vocalista de Soundgarden había realizado una carrera prolífica y ya había alcanzado el estatus de leyenda, Chester Bennington todavía iba labrando su camino. Con esto en cuenta, me fue inevitable pensar: “¡No tengo ni 30 años, y ya estoy presenciando la muerte de uno de mis ídolos de juventud!”. Fácilmente me imaginaba viendo un concierto de Linkin Park en unos veinte años más, quizás acompañado de mis amigos de infancia, o incluso de un hijo o hija, tal como he podido observar que ocurre en conciertos de grupos legendarios como Metallica o Guns N´ Roses. Pero esto ya no será así, a menos que la banda decida seguir adelante, pero bien saben los fanáticos de Alice in Chains que eso nunca será lo mismo.

La muerte de Chester Bennington es un golpe para una generación que aún es muy joven para sentir nostalgia, pero que hoy llora de manera masiva a uno de sus ídolos. Insisto, la sensación es extraña y, en lo personal, el luto no es sólo por la pérdida física del malogrado cantante, sino que también por los recuerdos que fueron teñidos por su potente voz. Sean cuales sean las razones que tuviste para tomar la decisión que tomaste, descansa en paz, Chester Bennington.

Por Sebastián Zumelzu

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