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Los secretos mejor guardados del Rock

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Sólo Walter White cocinaría esta clase de química. Un crack del código de tus discos favoritos. ¿Quién necesita El Código Da Vinci cuando descubres algunos de los secretos de Tool, Mastodon, Nine Inch Nails, Aphex Twin? Revisitando un artículo escrito por uno de los grandes  desencriptadores del mundo, Maxwell Yezpitelok, quien reside en Valparaíso (escribe para el grandioso sitio Cracked y hasta entiende mensajes codificados en Navajo, dicen), ¡echamos un vistazo único al contenido del maldito maletín de Pulp Fiction del rock! Tú sólo permítenos, pacientemente, guiarte de la mano por un museo bizarro.

Como reza la frase:

“Nada en este libro es cierto, pero es así exactamente como son las cosas”.

El Escondido Mensaje Extraterrestre de Jimi Hendrix

Esto pondrá tus ojitos en éxtasis como cuando sacaste por primera vez la vida extra de Super Mario. La canción “Third Stone From The Sun”, del álbum “Are You Experienced?” (1967), es una psicodélica pieza de rock/jazz instrumental con unos extraños sonidos de fondo. Es el único corte instrumental del disco y el que con más seguridad puede gatillar un flashback de viaje en ácido. Pero lo que resulta más metanfetamínico es que, si ajustas la velocidad de tu tocadiscos, repentinamente escucharás a dos alienígenas hablando por radio mientras se aproximan ala Tierra. ¿Qué hace un mensaje extraterrestre en un disco que contiene tópicos como el secuestro de damas y quemar cosas? Nadie sabe.

Quizás esto quería decirnos el hombre de Just

El disco “Kid A” (2000) de Radiohead, editado después del inmensamente popular “OK Computer” (1997), parece ser un álbum particularmente fértil dando origen a toda clase de teorías. Nick Hornby, el autor de “Alta Fidelidad”, lo catalogó como “un suicidio comercial”, especulando que la banda había intencionalmente desarrollado un trabajo extraño y experimental para enfurecer al sello y quebrar el contrato discográfico (cuando en realidad fue un éxito de ventas). Pero existe una teoría aún más sórdida. Un periodista de la revista Spin, advirtió que “Kid A” involuntariamente vaticinó los atentados del 9/11 un año antes que estos ocurriesen.

Es suficientemente raro que Kid A verdaderamente incluyera bizarros trozos del futuro, pero no en el disco mismo, sino en el arte del trabajo. Verás, junto con la carátula regular con las usuales letras y créditos, existe un segundo booklet un poco más perturbador, oculto detrás del contenedor del disco. El fondo es enteramente negro, por lo que el booklet extra no es inmediatamente visible. Figura un arte extraño y pedazos de letras de canciones, como también otros pasajes de textos que parecen, a primera vista, extractos dispersos de poesía.

Sin embargo, resulta que esas piezas de textos no son sólo escritos al azar de la banda, realmente son letras de sus próximos dos álbumes, “Amnesiac” (2001) y “Hail To The Thief” (2003). Tal como lees, estas impresiones en el arte escondido pertenecen a canciones que saldrían 3 años más tarde. ¡Muévete Huey Lewis, el real himno de “Volver al Futuro” es Radiohead! Aunque es bastante común que las bandas dejen canciones fuera de los discos y las re-usen en el futuro, es fantástico que aquellos que advirtieron este detalle en el cuadernillo tuvieran un vistazo del futuro.

Radiohead y la década de un álbum secreto

El disco “In Rainbows” de Radiohead debutó el 10/10/2007, 10 años más tarde que “OK Computer”, y hay 10 letras en cada título de ambos álbumes. Adicionalmente, el título original de “OK Computer” era “Zeroes And Ones”, ó “01” (la imagen espejo de “10”, obviamente) Sólo esta última observación sería suficiente para que los amantes de las conspiraciones empezarán a vivir un sueño, y lo sabes, si alguna vez te tocó pasar tiempo junto a alguno. ¿La parte aterradora del asunto?  Esta vez tienen toda la razón.

Existe una manera de combinar los tracks de “OK Computer” (en adelante nos referiremos a este disco como 01) e “In Rainbows” (en adelante nos referiremos a él como 10), para formar un solo e inmenso megadisco. La explicación es la siguiente: “Para crear el playlist 01 y 10, empieza con el primer tema de OK Computer, “Airbag”, y continúa con el primer corte de In Rainbows “15 Step”. Alterna los álbumes, track por track, hasta llegar a “Karma Police” de “OK Computer”, haciendo de “All I Need” el décimo tema de la lista de “cero unos” y “unos ceros”. No es que suenen cabalmente bien todas reunidas, es simplemente que te cagarás los pantalones con lo que escucharás con este orden. De la misma manera que “Golden Slumbers”, “Carry That Weight” y “The End” todas fluyen entre sí en el disco Abbey Road de The Beatles, como si todas hubieran sido registradas en una gran sesión.

¿No nos creen? Tan sólo escuchen la secuencia. Para obtener el efecto en su dimensión máxima, tienes que ajustar tu player fundiendo 10 segundos entre el final de un tema con el inicio del siguiente (sí, más número 10), entonces, ahora sí, cágate en los pantalones.

Hay quienes advierten que la canción “Nude” (10 del disco), empieza con el reverb de “Subterranean Homesick Alien” (01 del disco) aún reposando, y que los beats al final de “Airbag” (01) sientan el tempo para “15 Step” (10). Si bien esto ya es inusual, lo realmente extraterrestre es que las canciones fueron escritas y compuestas con 10 años de diferencia. La impactante sincronicidad también puede aplicarse a las letras. Al parecer los conceptos flotando entre los temas 01 y 10 del playlist, contienen ideas de una canción extendiéndose, continuando en la siguiente. De hecho, una de las canciones de “In Rainbows” fue originalmente escrita para “OK Computer” y no fue usada sino 10 años después, y el título de otra parece resumir el concepto de todo el cuadro: “Jigsaw Falling Into Place” (Puzzle Cayendo en su Lugar).

La misma banda anunció el lanzamiento de “In Rainbows” sólo 10 días antes de su estreno (algo bastante extraño), y dichos anuncios fueron acompañados por una serie de 10 mensajes crípticos posteados en el website del grupo. Eso no es nada nuevo: los mensajes crípticos suelen ser la única forma de comunicación de músicos de rock alternativos, pero los fans de Radiohead, siendo fans de Radiohead, notaron que los mensajes expuestos enfatizaban la letra X (Una frase: “Xendless Xurbia”). Y, díganme, ¿no es “X” el número romano de 10? Además, observemos el arte de la carátula del disco.

Radiohead Gigantes

Ah, sí, y cómo no, Don Francisco. Muchas personas no deben tener idea de la relación existente entre Mario Luis Kreutzberger Blumenfeld y la banda inglesa, pero hurgueteando en distintos foros, hemos encontrado una imagen que corresponde a un EP de 1995, llamado “Just”, donde encontramos una imagen de un jovial Don Francisco en la parte posterior del disco.

 

Pearl Jam: Un tributo a un amigo solitario

Cuando se trata de canciones escondidas, Pearl Jam es probablemente conocido por  “Master/Slave,” que no figura como canción en la lista de temas que conforman el mega debut “Ten” (1991). Pero, en realidad, preferimos “4/20/02”, un corte descartado de las sesiones de Pearl Jam para Riot Act, el séptimo álbum de estudio, y que empieza a sonar unos 4 minutos luego que el último track de la compilación de 2 discos “Lost Dogs” (2003). Es una sentida oda fantasma de Eddie Vedder, dedicada a Layne Staley de Alice In Chains. La canción fue escrita el día que Vedder se enteró de la muerte de Staley por sobredosis. Es importante destacar que Layne murió el 5 de abril de 2002, pero su cuerpo fue hallado el 19 de abril de 2002. En este sentido, Eddie Vedder y el título de la canción se refieren al día en que Pearl Jam se enteró de la tragedia, un día después.

Mastodon es el History Channel del Heavy Metal

Entender “Crack The Skye” (2009) requiere ir más allá de sus 50 atronadores minutos de música. Sumergirse en sus temáticas alusivas a la época de los zares rusos, las experiencias extrasensoriales y otras hierbas teóricas físicas cuánticas, son como los agujeros de gusano. Una cruza hipnótica entre Stephen Hawking y el History Channel. Y hasta el jodido Rasputín rockea.

“Crack The Skye” es un insondable e imaginativo viaje astral preñado de psicodelia, riffs mastodónicos y montañas de polvo cósmico. Hay que tener los sentidos bien invertidos, eso sí, para que estos genios locos tatuados hasta la médula compartan con todos nosotros, simples mortales, el enigma detrás de “Crack The Skye”. El disco es totalmente conceptual, y si en “Leviathan” (2004) todo gira en torno al elemento Agua (y más en concreto, alrededor de la historia de Moby Dick), y en “Blood Mountain” (2006) el tema principal es el elemento Tierra (narrando una hipotética y mística ascensión a una montaña), en “Crack the Skye” toca mirar más allá, la parte mística, profunda y oculta, sondear parámetros lejanos como el espacio.

La historia que narra el disco está dividida en 7 capítulos de canciones, todo hilvanando un gran guión para una película que proyecta el auditor. Reparemos en un detalle del título: ¿Por qué Sky más “e”? Es el nombre de la hermana del baterista Brann Dailor, ésta murió cuando él era joven y es un tributo a su persona, así el círculo se cierra abarcando el infinito, desde la psicotrópica portada hasta la última nota, hay una explicación detrás. Dicha historia, dolorosamente personal, adquiere en “Crack The Skye” una dimensión más fantasiosa: narra la historia de un chico parapléjico atrapado en su cuerpo, quien usa los viajes astrales como única vía de escape. En una ocasión, se acerca demasiado al Sol -como Ícaro- y el cordón umbilical dorado que estaba conectado a su plexo solar se quema, quedando a la deriva en el espacio exterior. Es entonces cuando un agujero de gusano le absorbe y le arrastra hasta el mundo de los espíritus, y estos depositan su alma en el cuerpo de Rasputín, quien es asesinado cuando intentaba derrocar al Zar. Así, las dos almas abandonan el cuerpo del monje ruso, dirigiéndose hacia una brecha o ruptura en el cielo (de ahí el título de Crack the Skye, haciendo un juego de palabras entre “cielo” en inglés y el nombre Skye), donde Rasputín usará su sabiduría para devolver el alma del chico a su cuerpo, antes de que sea demasiado tarde. ¡Y tú pensabas que Stargate era increíble!

Y es que “Crack The Skye” es uno de esos discos que requieren ser escuchados una y otra vez de principio a fin, para poder saborear como es debido sus múltiples pliegues y recovecos.

 

Tool: Cazadores Del Arca Perdida

¿Recuerdan al cura de seis brazos en “Opiate” y el diorama basado en el sexo anal? ¿Y qué tal el cerdo afeitado en la cama de tenedores de “Undertow”? Y, por supuesto, “Ænima”, con la caja de multi-imágenes de ojos que se mueven, y cómo borrar de la retina al tipo autofelándose de la portada. Y “Lateralus”, con su construcción en base a la secuencia de Fibonacci y cuyo orden alternativo de los temas (no el que viene indicado en el disco) permite que se enganchen las canciones, como eslabones, de modo que el mismo acorde que termina un tema empieza el siguiente, y con las letras de Maynard James Keenan yuxtaponiéndose como un silabario totalmente nuevo. Es decir, si las cuentas están correctas, el número de palabras en cada frase es la suma del número de palabras en las previas dos líneas, y así, consecutivamente. Pero nada, repito, nada te ha preparado para el secreto detrás del quinto álbum de Tool: Wikileaks no ha filtrado aún cables top-secret sobre la información que te revelaremos y hasta Julian Assange babea por este código oculto en “10,000 Days” (2006) Tres temas separados del quinto álbum de Tool pueden ensamblarse en… ¡Uno diferente! Este asunto es como Voltron, sólo que con canciones de metal progresivo en vez de metales progresivos de robots. Sin embargo, muchas bandas hacen canciones multipartes, así que no hay nada especial, ¿verdad?

Bien, la diferencia es que, en este caso, no obtienes la canción completa haciendo algo tan mundano como tocar un track después de otro, lo obtienes cambiando el orden ¡y tocándolas al mismo tiempo! Sí, Tool es a la música, lo que Stanley Kubrick es al cine.

Por sí mismas, las canciones parecen completamente diferentes: “10,000 Days” (11:13) es un extenso número de rock progresivo, “Wings For Marie” (6:11) es una tranquila canción que construye un crescendo, y “Viginti Tres” (5:02) es sólo un puñado de sonidos raros. 6:11 más 5:02 suman 11:13, eso es supuestamente porque pones “Viginti Tres” y “Wings For Marie” juntas (en ese orden) y las tocas al mismo tiempo que “10,000 Days”.

Si eso les parece muy complicado, chequeen las demostraciones que hay en Youtube. Notarás que los sonidos extraños de “Viginti Tres” parecen estar en sincronía con la melodía de “10,000 Days.” Es el mash up definitivo. El rubik empieza a rotar. Casi al final, las voces de ambas canciones se alternan perfectamente, y escucha bien: formando letras completamente diferentes. Tal es la alquimia de Tool. Si observas las duraciones de los temas, “10,000 Days” alcanza los 11 minutos y 13 segundos. Cuando sumas las duraciones de “Viginti Tres” y “Wings for Marie”, suman también 11:13. Además, “Viginti Tres” significa el número 23 en latín, y 23 es el número de la sincronicidad. Como diría el replicante de Blade Runner: “He visto cosas que no podrían creer, contemplé rayos C brillando en la oscuridad junto a la Puerta de Tannhäuser… y el disco “10,000 Days” de Tool”.

No es la estática, es Aphex Twin: Ven con Papi

Quizás esta revista cayó en manos equivocadas, pongamos un raggetonero que cree que “Ven Con Papi” (Come To Daddy) le suena algo familiar a Don Omar. ¡JA! Lo que las perturbadoras imágenes de la cinta “El Aro” hacen por el cine, Aphex Twin lo hace por la música. Y reconozcámoslo: todos adoramos un buen susto. Richard D. James, alias  Aphex Twin, es un excéntrico que hace del término algo canónico y tiene una degenerada compulsión de acecharnos como una actividad paranormal en el glorioso y desquiciado video clip de “Come To Daddy” (Y el corto infernal: “I Want Your Soul, I Will It Eat Your Soul”)

Pero, aparentemente, exponer los ojos a las imágenes del horror abyecto de Richard D. James en sus videoclips, no es suficiente. Quiere que escuches esas imágenes también. Su single de 1999, “Windowlicker”, incluye un lado B con el pegajoso nombre de…

…(los fans llaman a este tema simplemente “La Ecuación,” a no ser que trabajen para Stephen Hawking y esta sea su clase de sueño mojado) 5 minutos y 30 segundos escuchando el tema, podemos oír un sonido metálico, como un fuerte rumor puede oírse, es un momento sonoro que, francamente, no es nada fuera de lo ordinario cuando escuchas Aphex Twin. Lo que realmente es espeluznante es que cuando pasas justo esa sección por un espectrograma (un programa que convierte las ondas de sonidos en imágenes visibles), aparece esto:

Esta locura demente sonriendo de forma maléfica, es Richard D. James entrando en tus oídos en la forma de ondas sonoras. Y desde entonces, tiene un lugar de honor en todos nuestros corazoncitos negros. Pero el alma mater de Aphex Twin no es el único en esta liga de demencias geniales. Nine Inch Nails lo hizo en algunas canciones del álbum “Year Zero” (2007). Tugar, tugar, salir a buscar.

Songs in the Key of X: Music from & Inspirado por X-Files

A Mulder le fascinaría el tópico “La verdad está en el track escondido”. Mientras la misteriosa serie “Los Expedientes Secretos X” estaba llena de conspiraciones gubernamentales, abducciones extraterrestres con pie grande y el monstruo del Lago Ness dándose un picnic en cada episodio, es algo idóneo que el soundtrack de la serie de televisión contenga temas ocultos. El espectral remake de Nick Cave And The Dirty Three de la canción “Better Go Home Now” de Dirty Three, sólo es accesible manualmente si retrocedes la primera canción del disco 12 minutos. El tema tiene 6 minutos de duración con una oscura temática religiosa y una letra notable de Nick Cave y Warren Ellis.

Sigur Rós: Una tesis sobre paréntesis

En su website, Sigur Rós, puede leerse la siguiente declaración de principios de los druidas de Islandia: “Simplemente vamos a cambiar la música para siempre, y la forma en que la gente tiene de pensar sobre la música. Y no creemos simplemente poder hacerlo, lo haremos”.

Skywalker Sound intentó reproducir Sigur Rós mezclando ballenas, delfines, gatos y el Alien Azul del El Quinto Elemento, pero fue imposible.

Y existe un disco de Sigur Rós que representa un desafío a todo lo establecido. Carente el álbum de título, carentes de título las canciones, resulta difícil referirse a él: ‘( )’. “No me pregunten a mí, yo estoy en paréntesis”, señalaría Nicanor Parra. La propuesta no deja de ser impresionante: la gente debe completar la obra, el que escucha es parte del proceso creativo. El booklet incluido en el disco consta de hojas totalmente en blanco, que según los propios integrantes de Sigur Rós, pueden ser llenadas de dibujos, letras; “( )” no es una obra acabada. Así, la banda puso al alcance de los que reciben su arte, la posibilidad de formar parte del proceso creativo. Pero el experimento no se queda ahí: no hay un lenguaje concreto utilizado en el disco. Algunos afirman que la banda creó el suyo propio, pero lo cierto es que el álbum está plagado de balbuceos y sonidos vocales que funcionan como un instrumento más, dicho “lenguaje” recibió el nombre de Hopelandic. “¿Qué carajo es eso?”, me pregunto, tal como tú. Algo como lo que Tolkien hizo en El Señor de los Anillos o James Cameron para Avatar. Un dialecto nativo. Si has escuchado Cocteau Twins, una banda en la cual -por lo general- no hay letras. Sí voz, pero no letras, ¿entiendes la idea? Además encontrarás en este disco un inusual y largo silencio.

El abrupto final de la canción número 4, es seguido por 36 segundos de silencio, lo que corresponde a la división del álbum en 2 partes. El lado “dulce” y el lado “heavy”. ¿Por qué 36 segundos? Porque es el tiempo promedio en que uno tarda en sacar un cassette terminado el lado A, darlo vuelta y empezar el lado B. ( )” es la posibilidad del regreso a la inocencia primitiva del ser humano, leyéndose esta afirmación como la capacidad de comunicarse por medio de balbuceos y expresiones aparentemente sin sentido; poseer la sabiduría de un niño. La portada del disco es la representación de esta libertad: un par de paréntesis entre los cuales puede escribirse cualquier cosa. No hay nada definido, no hay nada establecido, pasen al mundo del juego de recreación continua. Las emociones que desata “( )” en el auditor, es un limpiador universal como el lauril sulfato de sodio.

Por Gonzalo Frías

Link al artículo orginal escrito por Maxwell Yezpitelok

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Rompan Todo: La Historia del Rock en América Latina

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Rompan Todo

Abarcar un territorio desde las manifestaciones artísticas es un desafío gigante. De las dificultades de ese proceso no se ha librado “Rompan Todoː La Historia del Rock en América Latina”, un ambicioso proyecto impulsado por Nicolás Entel, Picky Talarico, Iván Entel y el músico y productor Gustavo Santaolalla, que en seis episodios (totalizando casi cinco horas de contenido) va entregando cronológicamente énfasis sobre momentos claves para el rock en este continente.

La crítica ha sido dispar, con algunos alabando el esfuerzo o agradeciendo las emociones que gatilla esta sucesión de escenas, y otros apuntando a lo que falta y, más aún, a quiénes faltan y de dónde son. Una persecución que pone la lupa en personajes y países ausentes, en una dinámica que, en el juego de inclusión y exclusión que implica necesariamente el acto de editar un producto audiovisual, resulta invariablemente fútil. Una obra de este carácter debe ser mirada con la perspectiva que se intenta entregar, que es mostrar la evolución histórica del rock en Latinoamérica, y ahí hay un concepto clave: evolución. Pero en “Rompan Todo” hay una disparidad importante respecto al avance mostrado, ya sea en los conceptos o en el espíritu que los más de cien entrevistados entregan en sus declaraciones.

La miniserie documental es como una mesa coja que jamás logra un equilibrio en lo que ella misma quiere mostrar, situación generada por los dos hemisferios que pujan por ser el centro de la atención. Por un lado, está el mercado más grande en términos numéricos, el mexicano, donde el éxito es cuantioso cuando existe, y por otro está el argentino, que no es tan vasto en ventas o población, pero que con el correr de los capítulos tiene otro tipo de éxito, uno más importante. En México los sucesos siempre van en una lógica que se va repitiendo: se habla de políticos corruptos, de cómo los músicos tratan de preservar una identidad mexicana, y cómo alguien encontró algo nuevo para ser éxito con las masas. Desde esa triada, este polo no evoluciona. Las consignas se repiten, cansinamente, y la complacencia con este mercado tan enorme es tal, que este es el único territorio donde la mayoría de los entrevistados tiene impacto local y no continental. Café Tacvba, Molotov o Maná escapan a ello, pero el resto del tiempo –que no es poco– la cantidad de referentes parece tan ajeno al hemisferio sur, que distrae.

En este lado del continente la reflexión es mayor, y también lo son las terribles circunstancias de dictaduras y asesinato de artistas. Es cierto que Argentina ocupa la mayor parte del tiempo, pero su gravitación en el escenario internacional es justificada en el relato, incluso con la presentación de figuras claves que emigraron desde el país trasandino para innovar en el resto de Latinoamérica. Ahí existe un énfasis de evolución entre la colaboración y la intención de influir en el crecimiento musical de bandas de muchos países. Además, la carga de figuras que cruzan las décadas, como Charly García o Gustavo Cerati, es importante y se va ahondando en el camino. No es una consigna al aire con alguien diciendo que es talentoso: eso se ve y se siente en el relato audiovisual.

En medio, casi como transiciones, están los casos de otros países, con figuras como Los Prisioneros, La Vela Puerca, Los Saicos o Aterciopelados, pero son minutos frente a las horas dedicadas a México y Argentina, donde la disposición ágil de escenas permite entender el frenesí del choque entre las ganas de hacer música y decir algo, y las dificultades que ponen las situaciones particulares en cada uno de los países. Por ello es tan impactante la gravitación por lugares comunes que sobresalen desde el lado mexicano del montaje, en contraposición a la épica más profunda que emana desde Buenos Aires. Es cosa de ver la comparación más fallida: Maná y Soda Stereo. A Maná incluso se le transforma en chiste, pero se justifica con el éxito; en cambio en Soda Stereo es la calidad lo que se pone como factor fundamental. El cuidado entre unos y otros es diferente, incluso cuando el objetivo de plantear figuras masivas de cada país parece ser el mismo.

Un problema grave es la inequidad de género, que apenas es tocada por Andrea Echeverri en frases sentidas donde habla de las dificultades de ser la única mujer por mucho tiempo en el rock colombiano, mientras Héctor Buitrago se ríe, como bajándole el perfil. Las mujeres en el relato pueden ser contadas con los dedos de las manos, y su lugar es terciario. Sólo un montaje cerca del final, donde se muestran muchas más figuras, da a entender que podría existir una nueva temporada o serie sobre ellas. Eso sería muy bueno, pero al menos en estos seis episodios esa es la verdadera deuda pendiente, más que países o nombres en particular.

Un detalle final viene de los dos entes más reflexivos de la serie completa. David Byrne es (casi) el único hablante anglosajón del documental y, sin embargo, sus declaraciones son más elocuentes y las que mejor resumen el panorama general del continente completo. Son los únicos espacios de unión real, junto con Soda Stereo y Gustavo Santaolalla, productor ejecutivo y piedra angular de múltiples escenas y discos fundamentales (y el más mencionado en la serie), desde Molotov hasta León Gieco, pasando por Jorge González, Julieta Venegas o La Vela Puerca. La presencia de Santaolalla es clave, pero el montaje descuida el equilibrio, generando un ruido innecesario que enloda al otro personaje que es capaz de trazar las líneas transversales de una historia que, fuera de esos dichos, se queda en polos separados, con evoluciones dispares. No hay que desconocer el trabajo arduo tras una miniserie como “Rompan Todo”, pero también vale la pena tener perspectiva respecto a cómo se aprovechan estos, los exiguos espacios que tiene la música en la plataforma que sea.


Título Original: Rompan Todoː La Historia del Rock en América Latina

Director: Picky Talarico

Duración: 295 minutos

Año: 2020

Plataforma: Netflix


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