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Elvis Presley: El Rey sigue vivo

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¿Qué conjunto de requisitos debe satisfacer un artista para hacerse acreedor del título nobiliario de “Rey”? Algunos podrán asociarlo a la cantidad de álbumes vendidos, tal vez tenga relación al número de veces que ha sido versionado por otros músicos, o quizás sólo se trate de una exitosa estrategia comercial apoyada en una llamativa imagen. Lo más probable es que la respuesta a esta interrogante esté supeditada al ojo crítico de quien la analice, por el contrario, deben existir muy pocas personas que pongan en duda quién es, y será por siempre, el dueño de este lugar de privilegio en el Olimpo de la música. Si existe una figura excluyente en la historia del rock, esa es la de Elvis Presley, quien en base a su carisma, talento y excentricidad, conquistó a todo un planeta, haciendo que su legado se mantenga más vivo que nunca.

“Antes de Elvis no había nada” (John Lennon)

Cuarenta años desde que el mundo se conmocionó ante la noticia del fallecimiento del Rey del Rock. A partir de este episodio se comenzaron a forjar una serie de rumores que apuntaban a que Elvis Presley habría simulado su propia muerte para comenzar una nueva vida bajo otra identidad, teorías que se potenciaron entre los millones de fanáticos que no aceptaron la idea de perder a uno de sus mayores ídolos. Existe una gran cantidad de leyendas asociadas a la trascendental figura del cantante, las cuales se sustentan en la devoción que produce Elvis en cada uno de sus seguidores, y es precisamente por esto que cada día se conocen nuevos testimonios de personas que aseguran haber visto con vida al Rey. Es probable que nunca se sepa con exactitud si el músico dejó de existir ese 16 de agosto de 1977, pero lo cierto es que su imagen seguirá viva en cada uno de sus fieles.

La versión oficial

Antes de profundizar en las teorías anexas a la muerte de Elvis Presley, resulta prudente conocer la versión oficial de los sucesos que rodearon su deceso.  El año 1971 representa un importante punto de inflexión en la vida y trayectoria del Rey del Rock: su mujer, Priscila Presley, se enamoró de Mike Stone, profesor de kárate de Elvis, provocando un quiebre en el matrimonio que jamás sería reparado. Según declaraciones de la propia Priscila, posterior al nacimiento de Lisa Marie Presley (1968) el cantante sólo le habría hecho el amor una sola vez en dos años, lo que, sumado a las reiteradas infidelidades del artista, habría gatillado la decisión de tomar a su hija y abandonarlo. Posterior a este episodio Elvis se refugió en las drogas, donde -gracias a su nombre- tenía una increíble facilidad para encontrar a médicos y farmacéuticos en Los Angeles y en Las Vegas dispuestos a recetarle lo que quisiera. Presley no consumía heroína y, como sus drogas eran con receta, se auto convenció de que no era un drogadicto. Ya en 1975 se le veía bastante mal sobre los escenarios (presentaciones que de todas maneras seguían recaudando millones de dólares), había aumentado considerablemente de peso y se le olvidaban las letras de sus canciones.

Paralelamente comenzaron a aparecer los problemas económicos, con origen en la reconocida generosidad de Elvis (que para muchos rayaba en la locura) y en una vida llena de excentricidades, como por ejemplo la fuente de Pepsi que mandó a construir en su mansión, lo que se traducía en que el cantante necesitase más de medio de millón de dólares al mes para satisfacer todas sus necesidades, obligándolo a sobre exponer su imagen (en algunos casos realizaba hasta dos conciertos por día) y vender los derechos de autor de sus canciones para no tener que hipotecar Graceland.

Según los antecedentes oficiales, el 15 de agosto de 1977 a las 22:30 hrs., Elvis Presley salió de su mansión para ir a la consulta de su dentista, a quien visitaba una vez a la semana, vestido con una camiseta de la DEA (Drug Enforcement Administration). A su regreso a Graceland habría llamado al doctor Nick Nichopoulos para pedirle unos sedantes, que más tarde un empleado compraría en la farmacia. Elvis tomó una primera dosis en la madrugada, la que al parecer no tuvo el efecto esperado, ya que el músico seguía con energía para sentarse al piano e interpretar la que sería su última canción, “Blue Eyes Crying In The Rain”, original de Willie Nelson. Al regresar a su habitación habría consumido otras tres dosis de somníferos y barbitúricos, comunicándole a Ginger Alden, modelo de 21 años y actual pareja del músico, que iría al baño a leer. A las 13:30 hrs. del 16 de agosto, el manager de Elvis, Joe Esposito, se presentó en la mansión para definir los últimos detalles de unos conciertos que estaban preparando, encontrando el cuerpo del artista tendido boca abajo en el suelo del baño.

    “La imagen es una cosa y el ser humano otra. Es muy difícil vivir como una imagen” (Elvis Presley)

La noticia de la muerte del Rey se hizo pública a las 15:30 hrs. de ese mismo día, atribuyéndose su deceso a un paro cardíaco producido por los más de 14 tipos de estupefacientes que se detectaron en su organismo, lo que sumado a sus 120 kilos de peso habría provocado un golpe que su corazón no fue capaz de soportar. A partir de este momento, se empezaron a desencadenar una serie de episodios que hasta el día de hoy hacen pensar en que el Rey del Rock no dejó de existir esa noche.

Una muerte que despierta sospechas

Cuesta trabajo abstraerse del fanatismo que genera la figura de Elvis Presley y como esta pseudo-adoración puede influenciar la percepción que se tiene de ciertos fenómenos que rodearon su muerte, los cuales podrían hacer presumir que quizás el deceso del Rey del Rock fue sólo un montaje para dar vuelta la página y comenzar una nueva vida. Lo cierto es que existen piezas que no encajan en el puzle de su fallecimiento, como por ejemplo la tumba del artista, en donde su segundo nombre “Aaron” está inscrito con doble “a”, siendo que en su certificado de nacimiento figura como “Aron”. Además, su lugar de descanso en Memphis está ubicado entre las tumbas de su padre (que falleció en 1979) y la de su abuela, lo que atenta contra los deseos del músico, quien siempre indicó sus intenciones de ser enterrado junto a su madre que falleció en 1958.

Estos no son los únicos sucesos extraños que se asocian a la muerte del Rey. El certificado de defunción original se extravió y el que se conserva está fechado con dos meses de retraso, en donde llama profundamente la atención que se indica que el peso del artista al momento de su deceso era de 76 kilos, siendo que superaba fácilmente los 115. Existe otro antecedente que no se puede omitir: hasta la fecha la familia del Rey no ha hecho efectivo el cobro del millonario seguro de vida que tenía el artista con la compañía Lloyds de Londres, lo que podría encajar con el hecho que en Estados Unidos no se considera delito el fingir la muerte, pero sí fingirla para beneficiarse de un seguro.

Existen otros episodios que pueden resultar un poco más subjetivos, como que algunos de los asistentes al entierro han indicado que el ataúd de bronce estaba particularmente frío, dejando entrever la posibilidad que se haya utilizado hielo para conservar un potencial muñeco de cera a imitación del Rey. En este mismo contexto, la periodista Alanna Nash indicó que el cuerpo no parecía humano, fenómeno que quizás se podría atribuir al exceso de maquillaje. Otro dato que despierta suspicacias es que Elvis tenía sus manos llenas de callos a raíz de la práctica del kárate (cinturón negro), sin embargo, la figura del ataúd tenía sus manos perfectamente tersas y libres de imperfecciones. En la década del setenta Elvis Presley se hizo seguidor de la numerología, y si se suman los números de la fecha de su muerte (16/08/1977) se obtiene “2001”, justamente el título de la película favorita del artista, cuya trama apunta a un hombre que medita sobre su inmortalidad sentado en el baño, mismo lugar donde posteriormente sería encontrado muerto.

Hombre muerto caminando

Existe una teoría que ha cobrado más fuerza que cualquier otra, y que tiene relación a que dos horas después de la muerte de Elvis Presley algunos testigos habrían visto a una persona increíblemente parecida al Rey comprando pasajes rumbo a Argentina. Este personaje habría firmado como John Burrows, seudónimo que utilizaba el artista durante sus viajes (se hacía llamar así por una marca de comida mexicana que consumía frecuentemente). Años más tarde, Burrows comenzó a realizar shows como imitador de Elvis, utilizando un antifaz que le cubría parte de la cara. Lo cierto es que este rumor nunca podrá ser comprobado, ya que el pseudo-imitador falleció en 1998.

El periodista argentino Jerónimo Burgués dedicó más de 10 años de investigación para tratar de dilucidar la teoría sobre la presencia del Rey del Rock en tierras trasandinas, antecedentes que fueron plasmados en el libro “Elvis Vive Entre Nosotros” (2006). De acuerdo con este documento, la llegada de Elvis habría sido parte de una operación conjunta entre el FBI, la CIA y la Policía Federal Argentina para proteger al músico de posibles intentos de asesinato, tras conocerse su intención de ayudar al FBI brindando información confidencial sobre la mafia y algunos artistas que habrían estado inmersos en actividades ilícitas.

“Elvis está vivo, se escribe cartas conmigo, cuando el sol empieza a caer, Bob Dylan también lo sabe…” (Canción “Elvis Está Vivo” de Andrés Calamaro)

Los millones de dólares que genera al año la figura de Elvis Presley (sólo superado por Michael Jackson y Kurt Cobain, como los famosos muertos que más ingresos perciben) son una muestra inequívoca de que el legado del Rey se mantiene vigente entre sus miles de fanáticos alrededor del mundo. Son innumerables las leyendas y teorías de conspiración que rodean a Elvis, desde las más descabelladas, que apuntan a que el cantante habría sido abducido por extraterrestres, hasta las más documentadas e investigadas, como que su desaparición sería parte de uno de los planes de protección a testigos más elaborados de la historia, sin embargo, queda en cada uno de sus seguidores la decisión de creer o no si el Rey del Rock sigue entre nosotros. Un último antecedente que estaba quedando en el tintero: Elvis es un anagrama de “Lives” (Vive).

Por Gustavo Inzunza

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Rompan Todo: La Historia del Rock en América Latina

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Rompan Todo

Abarcar un territorio desde las manifestaciones artísticas es un desafío gigante. De las dificultades de ese proceso no se ha librado “Rompan Todoː La Historia del Rock en América Latina”, un ambicioso proyecto impulsado por Nicolás Entel, Picky Talarico, Iván Entel y el músico y productor Gustavo Santaolalla, que en seis episodios (totalizando casi cinco horas de contenido) va entregando cronológicamente énfasis sobre momentos claves para el rock en este continente.

La crítica ha sido dispar, con algunos alabando el esfuerzo o agradeciendo las emociones que gatilla esta sucesión de escenas, y otros apuntando a lo que falta y, más aún, a quiénes faltan y de dónde son. Una persecución que pone la lupa en personajes y países ausentes, en una dinámica que, en el juego de inclusión y exclusión que implica necesariamente el acto de editar un producto audiovisual, resulta invariablemente fútil. Una obra de este carácter debe ser mirada con la perspectiva que se intenta entregar, que es mostrar la evolución histórica del rock en Latinoamérica, y ahí hay un concepto clave: evolución. Pero en “Rompan Todo” hay una disparidad importante respecto al avance mostrado, ya sea en los conceptos o en el espíritu que los más de cien entrevistados entregan en sus declaraciones.

La miniserie documental es como una mesa coja que jamás logra un equilibrio en lo que ella misma quiere mostrar, situación generada por los dos hemisferios que pujan por ser el centro de la atención. Por un lado, está el mercado más grande en términos numéricos, el mexicano, donde el éxito es cuantioso cuando existe, y por otro está el argentino, que no es tan vasto en ventas o población, pero que con el correr de los capítulos tiene otro tipo de éxito, uno más importante. En México los sucesos siempre van en una lógica que se va repitiendo: se habla de políticos corruptos, de cómo los músicos tratan de preservar una identidad mexicana, y cómo alguien encontró algo nuevo para ser éxito con las masas. Desde esa triada, este polo no evoluciona. Las consignas se repiten, cansinamente, y la complacencia con este mercado tan enorme es tal, que este es el único territorio donde la mayoría de los entrevistados tiene impacto local y no continental. Café Tacvba, Molotov o Maná escapan a ello, pero el resto del tiempo –que no es poco– la cantidad de referentes parece tan ajeno al hemisferio sur, que distrae.

En este lado del continente la reflexión es mayor, y también lo son las terribles circunstancias de dictaduras y asesinato de artistas. Es cierto que Argentina ocupa la mayor parte del tiempo, pero su gravitación en el escenario internacional es justificada en el relato, incluso con la presentación de figuras claves que emigraron desde el país trasandino para innovar en el resto de Latinoamérica. Ahí existe un énfasis de evolución entre la colaboración y la intención de influir en el crecimiento musical de bandas de muchos países. Además, la carga de figuras que cruzan las décadas, como Charly García o Gustavo Cerati, es importante y se va ahondando en el camino. No es una consigna al aire con alguien diciendo que es talentoso: eso se ve y se siente en el relato audiovisual.

En medio, casi como transiciones, están los casos de otros países, con figuras como Los Prisioneros, La Vela Puerca, Los Saicos o Aterciopelados, pero son minutos frente a las horas dedicadas a México y Argentina, donde la disposición ágil de escenas permite entender el frenesí del choque entre las ganas de hacer música y decir algo, y las dificultades que ponen las situaciones particulares en cada uno de los países. Por ello es tan impactante la gravitación por lugares comunes que sobresalen desde el lado mexicano del montaje, en contraposición a la épica más profunda que emana desde Buenos Aires. Es cosa de ver la comparación más fallida: Maná y Soda Stereo. A Maná incluso se le transforma en chiste, pero se justifica con el éxito; en cambio en Soda Stereo es la calidad lo que se pone como factor fundamental. El cuidado entre unos y otros es diferente, incluso cuando el objetivo de plantear figuras masivas de cada país parece ser el mismo.

Un problema grave es la inequidad de género, que apenas es tocada por Andrea Echeverri en frases sentidas donde habla de las dificultades de ser la única mujer por mucho tiempo en el rock colombiano, mientras Héctor Buitrago se ríe, como bajándole el perfil. Las mujeres en el relato pueden ser contadas con los dedos de las manos, y su lugar es terciario. Sólo un montaje cerca del final, donde se muestran muchas más figuras, da a entender que podría existir una nueva temporada o serie sobre ellas. Eso sería muy bueno, pero al menos en estos seis episodios esa es la verdadera deuda pendiente, más que países o nombres en particular.

Un detalle final viene de los dos entes más reflexivos de la serie completa. David Byrne es (casi) el único hablante anglosajón del documental y, sin embargo, sus declaraciones son más elocuentes y las que mejor resumen el panorama general del continente completo. Son los únicos espacios de unión real, junto con Soda Stereo y Gustavo Santaolalla, productor ejecutivo y piedra angular de múltiples escenas y discos fundamentales (y el más mencionado en la serie), desde Molotov hasta León Gieco, pasando por Jorge González, Julieta Venegas o La Vela Puerca. La presencia de Santaolalla es clave, pero el montaje descuida el equilibrio, generando un ruido innecesario que enloda al otro personaje que es capaz de trazar las líneas transversales de una historia que, fuera de esos dichos, se queda en polos separados, con evoluciones dispares. No hay que desconocer el trabajo arduo tras una miniserie como “Rompan Todo”, pero también vale la pena tener perspectiva respecto a cómo se aprovechan estos, los exiguos espacios que tiene la música en la plataforma que sea.


Título Original: Rompan Todoː La Historia del Rock en América Latina

Director: Picky Talarico

Duración: 295 minutos

Año: 2020

Plataforma: Netflix


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