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Mike Patton Mike Patton

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Todos los caminos llevan a Patton

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Michael Allan Patton, objeto de devoción para todo un contingente de fanáticos chilenos, que en las últimas dos décadas lo han elevado a la categoría de ídolo y que, hoy por hoy, lo sitúan como uno de los artistas internacionales más queridos en nuestro territorio. La figura de Patton no sólo llama la atención por su inagotable talento y una prodigiosidad que no aguanta comparación, sino también por su carisma y excentricidad, que lo hacen acreedor de un conjunto de anécdotas que cualquier rostro nacional envidiaría. Recordado es su paso con Faith No More por el Festival de la Canción de Viña del Mar en 1991, donde rompió todos los protocolos con un beso al imperturbable Antonio Vodanovic, además de una inesperada declaración de amor a Myriam Hernández.

MIKE PATTON 01Otra postal que queda en la retina del público nacional es la imagen de un desfachatado Mike Patton en el escenario del Monster Of Rock de 1995 siendo bañado por un aluvión de escupitajos, que, más que perturbarlo, parecía motivarlo a domar a un irracional Teatro Caupolicán, recinto que a la postre terminó rindiéndose ante la figura de este genio moderno. Haciendo alarde de su estrecha relación con Chile, y en un hecho sin precedentes, participó junto a Faith No More en la Teletón 2010, donde se despacharon una curiosa versión del tema “Qué He Sacado Con Quererte” de Violeta Parra y donde el frontman bautizó a Don Francisco como “Don Corleone”. A esta altura, no es descabellado afirmar que Patton ya es parte de la cultura popular de nuestro país: ha carreteado y se ha emborrachado en bares bohemios de Valparaíso, se ha cortado el pelo en algún local del Persa Biobío y ha sido candidateado para ser Rey Guachaca. ¿Qué duda cabe que Patton ya es de los nuestros?

Pero seamos justos, el renombre que ha alcanzado Mike Patton a nivel mundial no sólo se fundamenta en su extravagante personalidad, sino más bien en una extensa lista de proyectos y colaboraciones que lo catapultan como uno de los músicos más respetados y valorados de su generación, con una creatividad que no conoce de límites y que le permite desplazarse entre múltiples estilos y géneros, manteniendo siempre su impronta cargada de genialidad y talento. Son tantos los proyectos en que se ha embarcado y tantos los artistas que se han sentido influenciados por su música, que sería muy difícil abordarlos a todos en un único artículo, pero a través de estas líneas se desarrollará el ejercicio de hacer un rápido recorrido por su trayectoria, con el fin último de demostrar que, independiente de las encrucijadas y bifurcaciones de la ruta, todos los caminos llevan a Patton.

MR BUNGLEHiperactivo por naturaleza

Mike Patton es hiperactivo por naturaleza, y es ahí donde radica esa necesidad constante de no quedarse quieto, de siempre estar creando y de experimentar con diversos estilos musicales. Su acercamiento con la escena rock comenzó a la temprana edad de 17 años, siendo esta la génesis de una carrera plagada de éxitos y reconocimiento, forjando una leyenda que año a año se alimenta de nuevas obras maestras y que nos hace pensar que estamos en presencia de alguien especial: una rara especie en peligro de extensión, una figura que está destinada a trascender y cuyo nombre quedará grabada a fuego en la historia del rock.

Su primera banda fue Mr. Bungle, creada en 1985 en conjunto con Trevor Dunn, Trey Spruance, Theo Lengyel y Jed Watts, con quienes llegaría a editar tres álbumes de estudio, “Mr. Bungle” (1991), “Disco Volante” (1995), y “California” (1999), antes de su disolución en 2004. En paralelo con este primer proyecto, en 1989 se incorporaría a Faith No More en reemplazo del vocalista Chuck Mosley, siendo esta la banda que sin lugar a dudas le ha traido mayor reconocimiento mundial, editando los discos “The Real Thing” (1989), “Angel Dust” (1992), “King For A Day… Fool For A Lifetime” (1995) y “Album Of The Year” (1998), además de un nuevo material que está en pleno proceso de gestación y que probablemente verá la luz este año. En 1999 decide interactuar con un sonido más experimental, reclutando para esto a Buzz Osborne, Dave Lombardo y al viejo conocido Trevor Dunn, con quienes constituye el proyecto Fantômas. Fruto de esta sociedad se desprenden los álbumes “Fantômas” (1999), “The Director’s Cut” (2001), “Delìrium Còrdia” (2004) y “Suspended Animation” (2005).

En 2001, su versatilidad lo lleva a experimentar con el trip hop, canalizando esta inquietud a través de la formación de la banda Lovage, en donde comparte créditos con Dan Nakamura y Jennifer Charles, y que se materializa a través del disco “Music To Make Love To Your Old Lady By” (2001). Cuesta trabajo entender de dónde saca Mike Patton el tiempo y la energía para mantener múltiples proyectos de forma simultánea, pero lo cierto es que lo logra y no sólo eso, sino que también lo hace bien. Exponiendo su faceta más alternativa, en 2000 da vida a Tomahawk, agrupación que complementan los músicos Duane Denison, John Stanier y Kevin Rutmanis (que a la postre sería reemplazado por Trevor Dunn), y que a la fecha ostenta cuatro álbumes de estudio: “Tomahawk” TOMAHAWK(2001), “Mit Gas” (2003), “Anonymous” (2007) y “Oddfellows” (2013). Para Patton nunca es suficiente, y así queda en evidencia en 2006 cuando decide navegar por las aguas del pop y el hip-hop, para lo cual invita a múltiples colaboradores y da vida al proyecto Peeping Tom, en una aventura que tiene su epítome en la placa “Peeping Tom” (2006). Y también está el curioso dúo que reúne a la figura del frontman con la del pianista australiano Anthony Pateras, y que bajó el nombre de Tētēma editaron el álbum “Geocidal” (2014).

Un elemento que ha servido de ayuda para saciar la creciente hambre creativa del nativo de Eureka, es la creación de su propio sello discográfico en 1999, bajo el nombre de Ipecac Recordings, instrumento que sirve de plataforma para la mayoría de los proyectos del músico y que, adicionalmente, le abre las puertas a toda una camada de artistas que se escapan de la línea más convencional.

Colaboraciones de lujo

El incombustible Patton no solo ocupa su tiempo en la creación de nuevos proyectos, sino que también se da la maña de colaborar con toda una galería de reconocidos músicos, que acuden al vocalista para impregnar sus obras con la cuota de genialidad y brillantez que sólo él puede aportar. Dentro de las múltiples colaboraciones que ostenta en su curriculum, algunas de las más significativas se enmarcan en su relación con el legendario John Zorn, primero aportando con las MIKE PATTON MOONCHILDvoces de sus ocho álbumes de estudio, editados entre 1992 y 2014, además de su participación en el proyecto experimental Hemophiliac, que tuvo como resultado los discos “Hemophiliac” (2002) y “50th Birthday Celebration Volume 6” (2004), y del fructífero trío (y cuarteto en vivo) Moonchild, que desde su formación en 2006 ha producido los trabajos: “Moonchild: Songs Without Words” (2006), “Astronome” (2006), “Six Litanies For Heliogabalus” (2007), “The Crucible” (2008), “Ipsissimus” (2010), “Templars: In Sacred Blood” (2012) y “The Last Judgment” (2014).

Además del trabajo junto a Zorn, Mike Patton ha paseado su característica voz por muchos otros álbumes, destacando sus colaboraciones con Maldoror (“She”, 1999), The Dillinger Escape Plan (“Irony Is A Dead Scene”, 2002), Björk (“Medúlla”, 2004), The X-Ecutioners (“General Patton vs. The X-Ecutioners”, 2005), Zu (“Carboniferous”, 2009), The Qemists (“Lost Weekend”, 2008), entre muchos otros. No es muy difícil presagiar que este extenso listado de colaboraciones seguirá creciendo, de igual manera que crece el legado de Patton, cuya figura excluyente amenaza con opacar a toda una industria que le rinde pleitesía.

Trabajo en solitario y bandas sonoras

Pocas de las obras de Mike Patton son tan auténticas y viscerales como su trabajo solista, el que paradójicamente también es el más criticado e incomprendido, resaltando por su carácter rupturista y en extremo experimental. La genialidad y la locura son conceptos que se encuentran estrechamente relacionados en el mundo artístico, siendo el catálogo solista de Patton el mejor ejemplo de este fenómeno, el que está conformado por los álbumes “Adults Themes For Voice” (1996) y “Pranzo MOB PATTONOltranzista” (1997). En una categoría totalmente diferente podemos ubicar el proyecto Mondo Cane, experimento que versiona canciones italianas de la década de 50 y 60, y que ha sido presentado en Chile en dos ocasiones, en su última visita compartiendo escenario con el mítico Ennio Morricone.

Patton es un artista multifacético e integral y, por lo mismo, en ningún momento dudó en aceptar el desafío de incursionar en la composición de bandas sonoras, y tal como era de esperarse los resultados lo avalaron y engrandecieron su versatilidad, con excelentes críticas de los medios especializados y una buena recepción del público en general. En este contexto, el cantante ya puso su nombre en la música de varias producciones: los cortos “A Perfect Place” (2008) y  “Shiloh’s Twelfth” (2013), y los largometrajes “Crank: High Voltage” (2009), “La Solitudine Dei Numeri Primi” (2010) y la subvalorada “The Place Beyond The Pines” (2012).

En ningún caso estás líneas buscan convertirse en un ejercicio de objetividad absoluta, porque claramente no lo es, sino más bien representa una expresión honesta y transparente de la devoción que despierta el músico californiano en este redactor, una atracción que se fundamenta a partir de su legado musical y que es transversal a su icónica figura, una suerte de felación literaria que pretende ensalzar los atributos de una de las mentes más brillantes del universo musical, quien a sus 47 años ya ocupa un lugar de privilegio en el olimpo del rock.

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1 Comentario

1 Comentario

  1. test

    02-Feb-2015 en 3:42 pm

    También fue la voz en un juego que se llama “The darkness 2” :V

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Mogwai, Future Islands y Sun Kil Moon, las tres fuerzas del otoño

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Fauna Otoño 2018

Al ver el cartel del festival que se realizará en Espacio Riesco este 12 de mayo, queda claro que varios mundos podrán convivir en el mismo espacio de Fauna Otoño, algo importante en tiempos donde la tolerancia y el respeto son claves para la convivencia, también considerando que la disposición de escenarios permite escuchar la gran mayoría de las propuestas. Es en este ánimo que destacan tres propuestas difíciles de clasificar, pero al mismo tiempo que son sencillas de identificar, las que intentaremos disponer desde las sensaciones más allá de tecnicismos.

 

Mogwai: Calma en el caos

Cada vez que una canción de Mogwai explota, la sensación que queda es de una extraña calma. Como si el cosmos aplicará un mecanismo de relajación ante un trauma, o como si hubiera hipnosis en el momento exacto del apocalipsis. Lo que hacen los escoceses va más allá de lo que técnicamente consiguen, porque construir crescendos que redunden en una catarsis bella es algo que pueden hacer muchos, pero lo de Mogwai va más allá, a veces dejando a la deriva al oyente en una meseta polar para luego, desde esa incertidumbre, llegar con un sonido más grande que la vida.

Aunque la banda hace rato que no saca un disco que caiga en gracia a todo el espectro de sus fans, lo que ha hecho en los últimos años, más que inventar una rueda nueva, ha sido refrescar la forma en la que ruedan. Eso hace que, en vez de escuchar algo que parezca igual a lo anterior, se permita ver en la performance misma las ganas de crear de los escoceses, quienes también destacan como creadores de soundtracks para películas y series. Si Mogwai es capaz de crear un mundo para sí mismos, en estos casos también son hábiles para arropar mundos ajenos en la música. Al final, lo que es evidente es cómo pueden manejar los ánimos, los espacios y los tiempos, fundamental para un espectáculo que relaja y tensa a la vez, como los latidos del corazón.

Future Islands: Baila por tu vida

La sofisticada propuesta del trío norteamericano Future Islands no alcanza a esconder las ansias de conseguir algo fundamental para la vida: el movimiento. Todas las armonías, las melodías, las figuras de bajo, todo eso redunda en la provocación fundamental de mover el cuerpo, las ideas, las emociones, a través de una dirección muy particular por la voz de Samuel T. Herring, uno de los frontman más impredecibles y entregados en un escenario. Cuando vemos la forma en la que Samuel vive un concierto, queda claro que lo de Future Islands no es casual, y que él siente esa música tanto o más que los fans.

Pero la banda no es sólo lo que consigue Samuel, porque la dinámica entre sintetizadores y bajo es parte de lo que hace a la agrupación sobresalir. Gerrit Welmers y William Cashion dialogan a través de compases que se tejen de tal forma, que no se puede ignorar lo que hit tras hit consigue Future Islands. Al final, el imperativo es bailar y sorprenderse con la extravagancia de Herring, y es difícil que eso no pase donde sea que se presenten.

Sun Kil Moon: aislar y provocar

No necesariamente a todos les puede gustar todo el mundo. Bien lo sabe y entiende Mark Kozelek, quien, más que preocuparse de agradar, ha intentado contar historias y hacerse valer en el escenario. Legendaria es aquella ocasión donde puteó a The War On Drugs por sonar muy fuerte, lo que molestaba su espectáculo con una sola guitarra. Kozelek en el proyecto Sun Kil Moon narra y expresa emoción a un grado descriptivo enorme, basado en letras casi declamadas, que no escatiman tiempo ni esfuerzo en llegar a lo medular de las historias y mucho más.

Pero Kozelek también es parlanchín debajo del escenario, y no es extraño verlo como Morrissey, lanzando opiniones poco populares, difíciles de defender y que, en vez de acercar gente a su música, la alejan. Esto redunda en que Sun Kil Moon tal vez no es un nombre tan conocido porque Mark no está interesado en algo tan masivo, pero sí en la cantidad de respeto necesario para que sus creaciones sean respetadas y realmente escuchadas. Es probable que en vivo quede claro que tantos dimes y diretes sirven para, finalmente, encontrar la música en medio del camino.

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