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The Prodigy: Electrónica en su estado más salvaje

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La historia de The Prodigy se remonta a finales de la década de los ochenta, en donde Liam Howlett, tecladista y compositor, decide abandonar la banda de hip hop Cut 2 Kill, debido al poco impacto mediático que tuvieron las dos producciones que el grupo editó. Posterior a este episodio, se comienza a desempañar como DJ en el club nocturno “The Barn”, en donde conoce a dos amigos que se dedicaban a bailar, Keith Flint y Leeroy Thornhill, quienes le pidieron al pinchadiscos que les grabara una cinta con sus canciones favoritas. Al cabo de unos días, Liam les entregó el cassette con lo solicitado, además de cuatro temas que el mismo había creado; en la etiqueta de la cinta se leía “The Prodigy”, en homenaje al sintetizador Moog Prodigy que el músico utilizó para preparar el material.

Keith y Leeroy quedaron tan impresionados con los temas creados por Howlett, que le propusieron formar un grupo en donde él estuviera a cargo de poner la música y ellos del baile (para esto incluyeron a una amiga conocida como “Sharky”). De inmediato se pusieron a buscar locales que estuvieran dispuestos a albergar su show, y es en este contexto que Ziggy, amigo de la banda y futuro manager, les consigue una presentación en el mítico Club The Labyrinth. Este primer evento fue todo un éxito, y despertó la idea de buscar un nuevo integrante que se hiciera cargo de animar, eligiendo para este puesto al MC Maxim Reality. No tuvo que pasar mucho tiempo para que la banda firmara contrato con la casa discográfica XL-Recordings, quienes escucharon un demo de 10 canciones creadas por Liam, y del cual se desprende el primer EP de la agrupación “What Evil Lurks” (1991), del cual se pusieron a la venta 8.000 copias y que marcó la salida de Sharky, quien no estuvo de acuerdo en firmar con un sello profesional.

Sólo un año después ve la luz “Experience” (1992), primer álbum de estudio de la banda, captando de inmediato la atención del medio y obteniendo muy buenas críticas. El disco estuvo 25 semanas en el Top 40 de las listas inglesas, obteniendo disco de oro. “Music For The Jilted Generation” (1994), segundo trabajo  de The Prodigy, ratificó el talento y éxito del grupo, vendiendo un millón de copias a tan sólo dos semanas de su lanzamiento y siendo nominado a un Mercury Music Prize (actualmente conocido como Barclaycard Mercury Prize).

En 1995, paralelamente a la decisión de iniciar una gira por Reino Unido, se incorpora a la banda el guitarrista Jim Davies del grupo Pitchshifter. Era cuestión de tiempo para que la música de The Prodigy penetrara otros difíciles mercados, como por ejemplo Estados Unidos, objetivo que se concretó con el lanzamiento de su tercer larga duración “The Fat Of The Land” (1997), ganándose el reconocimiento de iconos del estilo hard dance. Liam decide incursionar como solista editando el álbum “The Dirtchamber Sessions Volume One” (1999), pero sin dejar de lado el trabajo con su clásica agrupación. En 2000, Leeroy Thornhill abandona la banda para dedicarse por completo a sus proyectos en solitario.

La polémica aparece en el horizonte de The Prodigy, cuando en 2002 editan el single “Baby’s Got A Temper”, el cual es objeto de fuertes críticas por la supuesta mención en su letra de la droga Rohypnol, utilizada en los casos de violación. El cuarto álbum de estudio, “Always Outnumbered, Never Outgunned” ve la luz en 2004, y sólo un año después sale al mercado el compilado “Their Law: The Singles 1990–2005” (2005), el cual formaba parte del contrato firmado con XL-Recordings, en donde se estipulaba que la quinta placa debía ser un recopilatorio de las canciones editadas durante los 15 años de carrera de la banda. En 2007 deciden romper los lazos con la casa discográfica para formar un sello propio, Take Me To The Hospital, además crean la filial Ragged Flag Recordings para albergar a nuevos artistas. La agrupación tiene un renacer musical de la mano de “Invaders Must Die” (2009), que los vuelve a situar en un primer plano, llegando rápidamente al tope de los rankings de ventas en Inglaterra.

The Prodigy aterriza por tercera vez en Chile para presentarse en el escenario de Maquinaria Festival 2012, en el Club de Campo Las Vizcachas. Como preámbulo a lo que será este nuevo show de los ingleses en nuestras tierras, podemos escuchar la interpretación de “Voodoo People” en el V Festival 2008.

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1 Comentario

1 Comentario

  1. Marianors

    09-Nov-2012 en 3:42 pm

    Yo fuí al caupolican (en esa epoca teatro monumental) a la gira del Fat of the land. esa fue la primera vez por allá por el 98

    sé que vinieron pa otra gira creo que a un festival electronico, como mucho a un SUE o derrepente Creamfields, no recuerdo bien pero no fuí

    y la tercera vez el Banco de Chile regalo entradas por un sorteo por la gira del invaders must die, que me gane! yahoo

    Por lo cual mínimo es la cuarta vez.

    l resto esta todo bueno el reportaje, cabría destacar que Firestarter fue LA canción que hizo el cambio.

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Especial En Órbita 2017: Cigarettes After Sex

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Cigarettes After Sex

Un cenicero con los restos de cigarros recién apagados. Ventanas con las cortinas cerradas. Ropa interior en el suelo, en una silla, en medio de las sábanas o los cojines. ¿Solo o acompañado? ¿Luces prendidas o apagadas? ¿Imaginación, sueño o realidad palpable? Los ambientes que genera Cigarettes After Sex en sus canciones pintan imágenes complejas, ponen espejos al frente, y permiten la intermitencia entre brillantez y opacidad, porque el amor, el sexo, la soledad, y todo lo que esté entremedio, son puestos en la lupa sonora del cuarteto liderado por Greg Gonzalez.

Aunque con EP “I” (2012) habían tenido una notoriedad clara y su manera de ver al pop estaba de manifiesto, ciertamente había terminaciones que pulir y escenarios que iluminar más allá de lo teatral. En su álbum debut homónimo, salido en junio pasado, Cigarettes After Sex consigue salir de lo esquemático que podría ser su tipo de composición, y así las cosas fluyen. En vez de andar a tropiezos con las piezas de ropa que caen, todo puede ir un poco más lento, pero con más seguridad en los recursos y movidas a utilizar. En la habitación que se llena del sonido de los norteamericanos ya no es necesario tropezar al andar, porque cada movimiento tiene un impulso natural, entre un dreampop elegante y una manera oscura de plantar el ambient, entre una voz aterciopelada y bajos y ritmos profundos.

Quizás el rubro donde le falte cierta experiencia a la banda sea en las letras, que no consiguen la delicadeza que la interpretación en instrumentos y voz sugieren, pero también es parte del aprendizaje. Quizás son las palabras que se meten entre los cuerpos y que traban el correr de la sangre, que hielan las manos y convergen en la necesidad de seguir adelante, porque lo que consigue musicalmente Cigarettes After Sex no es sólo remitir a lo que ocurre en pareja, trío, o grupo de gente que se busca entre el amor, odio, lujuria y ausencia, sino que armar recuerdos que se puedan esconder en los beats de un bajo casi tan protagonista en la melodía como la voz de Greg, que entre tul y cuero sumerge las conciencias en historias sencillas, pero que conectan con el oyente.

Eso sí, lo concreto de las letras permite que haya un ancla en el mundo real. No se trata de un lugar de ensueño, donde el acto de tocar, besar, desear o amar quede restringido a acciones sin consecuencias. En las canciones de Cigarettes After Sex –y en especial en su LP homónimo– existen detalles concretos, corazones rotos (“Sweet”), ilusiones que se traducen en metáforas demasiado directas (“Opera House”) o la cotidianidad de una cama (“K”). No hay mucho que esconder cuando el olor a tabaco continúa en el dormitorio o cuando la brisa de la madrugada pega en los hombros, porque en medio de un ambiente idílico reside lo humano, a través del contacto físico y/o emocional.

A eso termina refiriendo la banda, entre un minimalismo elegante y sexy, a lo humano, a lo que puede errar, a lo que puede doler, y también a lo crudo e insensible (“Young & Dumb”), donde Gonzalez es capaz de culpar a su objeto de deseo de forma misógina por despecho, y aun así sonar como si pudiera convencer a cualquiera de seguirlo, a él y a sus palabras. El mundo de Cigarettes After Sex no es perfecto, se repleta de cenizas, ropa revuelta, olor a humo, a fluidos corporales, a alcohol, a ausencia, de dolores y palabras envueltas en rocas y cemento. El difícil terreno de lo carnal y lo ecléctico se funde en medio de imperfecciones que otorgan la calidez necesaria para que las canciones y los sonidos no se queden en axiomas vacíos, sino que realmente puedan generar una conexión significativa. Y en ese tipo de construcción narrativa y musical es que Cigarettes After Sex se ha vuelto una banda necesaria de escuchar y sentir. Bien adentro. Humanamente.

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