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The Libertines: Sobre héroes y tumbas

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Nos gusta la perfección. Es un valor buscado por la mayoría, en especial aquellos que valoran el acto de seguir las reglas, esas que se cree dejan todo en orden y hacen más alcanzable lo bueno. Pero también presenta el riesgo de cerrar vías, unificar criterios y hacer todo ciertamente más aburrido. Por ello debe haber quienes no sigan las reglas, y también quienes las rompan. La perfección es un camino, pero la imperfección también, sino que alguien explique el éxito e impacto que tuvo The Libertines en la música británica hace casi quince años, sin voces ni riffs ni solos virtuosos que le volaran la cabeza a un entendido objetivo. Y he allí su gracia. También su maldición. Héroes y villanos, como diría el tema de Brian Wilson, el cuarteto tuvo momentos de brillantez y actitud que les haría merecedores de toda la atención, pero también de los abismos más profundos, casi llegando a un ostracismo inequívoco.

THE LIBERTINES 01Un poco de contexto: en 2001 salió “Is This It”, el disco fundamental de The Strokes y también la punta de lanza del revisionismo del garage rock, que sería uno de los sonidos dominantes en la década y que parecía devolver lo cool a América, tras un dominio británico en paralelo a un masivo pero críticamente plano grunge –al menos en lo respectivo a los números más célebres– en EE.UU. La respuesta vino desde un grupo de gente imperfecta, a diferencia de los impolutos Strokes. The Libertines era de esas bandas por las que nadie daría un peso en un programa de talentos, que se “irían a capilla” y probablemente ni siquiera hubieran pasado el corte. No eran técnicos, afinados, o virtuosos. Tampoco eran “bonitos” o llenos de estilo de pasarela, dignos de estelarizar una campaña publicitaria. Pete Doherty y Carl Bârat se emborrachaban, se cruzaban en los micrófonos el uno del otro, gritaban evocando más a Johnny Rotten que a créditos de la década anterior como los Gallagher o a un Damon Albarn. Ellos simplemente hacían lo que querían, con la actitud como principal capital para elevar a la categoría de himnos los sencillos que sacaban.

Pete y Carl se encontraron en Londres en 1997, pero recién en 2000 encontraron sello y armaron su desembarco en el inconsciente de la generación del tercer milenio. Producidos por Bernard Butler (ex Suede), lograron notoriedad inmediata por los trazos punk que se advirtieron en “What A Waster” y “I Get Along”, singles enormes que eran tan directos como representativos de las necesidades comunicativas de una nueva generación. La política doméstica no era tema para analizar profundamente, como había pasado en “Parklife” de Blur en 1994, sino que las sensaciones de los individuos en particular, y por ello se veía hasta heroico el esfuerzo hedonista y violento de The Libertines al entregar un post-punk respecto a estar harto de todo, sin necesidad de pensar en un “otro” porque –con suerte– se puede hablar de sí mismo.

THE LIBERTINES 02Heroico podía ser el acto para la juventud, y la banda completada por John Hassall en guitarra y Gary Powell en batería, recogía el guante para ponérselo y sacar desde la genialidad “Time For Heroes”, que se convertiría en el manifiesto de una generación completa. Mientras The Strokes era el referente del buen gusto, The Libertines era referencia obligada del poder de la actitud. Aunque era “Up The Bracket” el sencillo para difundir el disco debut, sería el segundo single el que terminaría por cuajar cada cosa, mientras inmediatamente todo se comenzaría a desmoronar.

Sí, eran los héroes de esta nueva generación, lejos del britpop y de las guerras entre bandas para vender más discos, con una actitud incorrecta y talentos que difieren de lo tradicional, pero esta energía no viene de la nada. Pete, en especial, es un fiestero de aquellos, con sexo, drogas y rock & roll, y sin mayor medida de cuánto puede aguantar. Los episodios conflictivos se multiplicaban, así como también la cantidad de fans del grupo. Mientras Pete vivía la vida loca y la banda parecía destinada a la tumba, los shows se llenaban, repletando recintos cada vez más grandes. Mientras Pete se asociaba con gente igual o más adicta a la fiesta y las drogas, más molestia tuvo Carl, lo que explotó tras el buen período que tuvieron en New York grabando las Babyshambles Sessions, proyecto que finalmente sería reconocido como uno de los trabajos solistas de Pete.

THE LIBERTINES 03El mismo Doherty tuvo que pasar dos meses en prisión por entrar a robar a la casa de Bârat, quien cuando salió de la cárcel lo estaba esperando para hacer un concierto esa misma noche en un pub. Eran amigos desquiciados y desquiciantes, que en cosa de un año ya tenían historias para llenar libros completos, y que también explorarían la ira mutua. Sí, eran los héroes de la generación, pero no por ello podían evitar la muerte de su fuego único, incluso con el éxito que representó su álbum homónimo de 2004. Hubo peleas en el estudio, episodios cada vez más recurrentes de Doherty, que derivarían en la separación de la banda, la que sólo volvería a reunirse en 2010 para tocar un manojo de shows, y luego en 2014 para tocar de nuevo, lanzar un muy buen disco en 2015 (“Anthems For Doomed Youth”), pero en el camino a la redención los Libertines pasaron de héroes a muertos, de energía a ser un derrumbe, de ser anti-talentos a ser simplemente bufones de la prensa musical británica, experta en explotar episodios así de particulares.

Pete Doherty tuvo su purgatorio y se encontró con las melodías y su valor en medio, con lanzamientos propios cada vez más ligados al poder de la guitarra limpia, en tanto que Carl Bârat ha ido explotando las posibilidades de la distorsión y el rock más crudo, por lo que era raro verlos de nuevo juntos creando algo. Sin embargo, el regreso de The Libertines parece haber tenido el tino necesario para no perder la identidad de la banda, más allá de ellos mismos, y eso ya es un talento en sí, sin traicionar la música creada ni tampoco a sus fans. Nadie sabe si esta calma seguirá ahí o si es un espejismo muy breve, pero por ahora esperamos que The Libertines vea que este es su tiempo para ser héroes, y no para shows de horror.

Por Manuel Toledo-Campos

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Especial Primavera Sound Santiago 2022: Pixies

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Si de otorgar créditos se trata, no es exagerado decir que Pixies es una influencia ineludible a la hora de moldear el rock durante los últimos años del siglo XX. Incluso puede sonar ingenuo, pero antes del cuarteto de Boston nadie pudo combinar de manera tan sencilla y magistral la estridencia con la melodía. El contrapunto sonoro de versos suaves y coros intensos, que les concedió la adoración de figuras como Kurt Cobain o David Bowie, fue una fórmula imitada hasta el hastío durante los noventa, como si se tratase del descubrimiento de la pólvora.

Catalogados como punta de lanza del rock alternativo o cuna del indie, lo cierto es que Pixies toca una fibra tan elemental en la música popular, que su sonido no deja de ser relevante hasta la actualidad. Sólo bastaron tres años para que la banda se apoderara de la industria, paradójicamente, desde un sello independiente. De aquel memorable trío, que incluye el EP “Come On Pilgrim” (1987) y sus dos álbumes, “Surfer Rosa” (1988) y “Doolittle” (1989), se recoge lo más selecto de su repertorio, con una inédita mixtura de surf, punk y noise pop, entre otras sonoridades.

Pese a sus casi cuatro décadas de carrera, no son muchas las ocasiones en que Pixies se ha citado con su público de Chile. Recordado es aquel primer encuentro del año 2010 durante Maquinaria Festival: con la fortuna de contar con su formación original, la banda saldó las deudas pendientes con una fanaticada que los esperó por décadas, coreando cada uno de sus clásicos, y que además incluyó una pasada memorable por La Cúpula del Parque O’Higgins. Luego, para la edición 2014 de Lollapalooza, la agrupación volvió junto a la bajista argentina Paz Lenchantin, rearticulando al cuarteto que actualmente cuenta con una activa agenda de conciertos.

Ante tal trayectoria, no es de extrañar que sean parte de los nombres elegidos para encabezar Road To Primavera este 16 de octubre en la Explanada de Ciudad Empresarial, antesala auspiciosa para la primera versión de Primavera Sound Santiago, que traerá nostalgia y algunas novedades. En medio de una gira que los llevará por Europa, Estados Unidos, Japón, Oceanía y, por supuesto, Sudamérica, la banda anota su tercera visita a grandes festivales en Chile, esta vez con nuevo material bajo el brazo. Se trata de su octavo larga duración, “Doggerel”, cuya fecha de lanzamiento está estipulada para este 30 de septiembre, concediendo la oportunidad perfecta para disfrutar de un repertorio fresco, a pocos días después de su publicación.

Con razones de sobra para formar parte de la primera edición de Primavera Sound Santiago, Pixies es un nombre anchamente consolidado. Fundamentales al momento de entender las raíces de la música alternativa, cada visita es una ocasión más que necesaria para reencontrarse con una banda que no aparece con frecuencia en estas latitudes. Con clásicos de su primera etapa como “Here Comes Your Man”, “Monkey Gone To Heaven”, “Velouria”, o el famosísimo “Where’s My Mind?”, los precursores del college rock cuentan con un amplio repertorio que no se ha quedado en el pasado, muy por el contrario, vienen con la atractiva promesa de presentar material nuevo de esta longeva, pero vigente agrupación. Una ocasión imperdible por donde se le mire.

Información sobre el line up del festival, eventos satélite y entradas, la puedes encontrar ACÁ.

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