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Sum 41: Un segundo aire

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Dentro de la cada vez más amplia gama de festivales musicales que desde un tiempo a esta parte copan la cartelera chilena, Frontera, el Festival Latinoamericano de Artes y Música, presenta algunos matices especiales que lo desmarcan significativamente del resto de sus competidores, cediendo un poco de terreno en lo que a parafernalia respecta, pero ganando adherentes año a año en base a una propuesta muy cargada al producto nacional y, sobre todo, fundamentada en un par de números internacionales particularmente atractivos, como Bosnian Rainbows (2013), Divididos (2014) o Ciro y Los Persas (2015). Uno de los shows llamado a ser protagonista de esta cuarta edición del festival es el de los canadienses de Sum 41, quienes debutarán en el país luego de varios intentos fallidos.

sum-41-frontera-01El desembarco de los nativos de Ontario será con una nueva placa bajo el brazo, “13 Voices” (2016), trabajo que puso fin a cinco años de silencio discográfico y que los sacó de gira de la mano de su Don’t Call It A Sum-Back Tour. Ciertamente, este lanzamiento trajo algo de tranquilidad a los fanáticos de la banda, quienes por mucho tiempo se vieron inmersos en la incertidumbre de no saber con seguridad si los norteamericanos continuarían su carrera. Esto, en el contexto de los problemas de salud de su frontman, Deryck Whibley, hospitalizado por una insuficiencia hepática y renal consecuencia de una extensa historia de abuso de alcohol; además del distanciamiento de Steve Jocz, baterista y fundador de la agrupación, por motivos que hasta el momento se desconocen. En una época donde el futuro del –en ese entonces– cuarteto era dudoso, no todas fueron malas noticias: el año pasado se anunció el regreso del guitarrista Dave “Brownsound” Baksh, quien se había alejado en 2006 para dedicarse a tiempo completo a su nueva banda, Brown Brigade.

Si nos remontamos a la génesis de Sum 41, se advierte la importancia y trascendencia de sus primeros dos álbumes, los que tuvieron una calurosa recepción por parte de los fanáticos y de los medios especializados. Tras el espaldarazo de Island Records, los oriundos de Ajax sorprendieron con el EP “Half Hour Of Power” (2000), para posteriormente consagrar su renovado y particular estilo con su primer larga duración, “All Killer, No Filler” (2001), ocupando los primeros lugares de las listas en EE.UU. y realizando más de trescientas presentaciones en el transcurso de un año. Indudablemente, uno de los grandes responsables del explosivo éxito de este trabajo fue su primer sencillo, “Fat Lip”, tema que en 2011 fue incluido en los resultados de una investigación liderada por el musicólogo Alisun Pawley y el psicólogo Daniel Müllensiefen; en ella, el objetivo consistía en identificar los factores esenciales que transforman una canción en pegajosa, y el hit de los liderados por Deryck Whibley ocupó el respetable tercer lugar, tras las incombustibles “We Are The Champions” de Queen, y “Y.M.C.A.” de Village People.

sum-41-frontera-02Han pasado dieciséis años desde aquel triunfante debut, siete discos de estudio, e incluso una insólita experiencia que casi los lleva a perder la vida: la grabación del documental “Rocked: Sum 41 In Congo” (2005), sobre la guerra en la República Democrática del Congo para War Child Canada, que los vio siendo rescatados por el representante de la ONU, Charles “Chuck” Pelletier, al que le agradecieron a su modo, titulando su tercer álbum como “Chuck”, lanzado en 2004.

Con esa historia a cuestas, el ahora quinteto sigue rodando con la misma energía e intensidad que en sus veinteañeros inicios. El próximo 3 de diciembre el público chileno tendrá la oportunidad de encontrarse por primera vez con Deryck Whibley y compañía, cuando sean los encargados de remecer el Club Hípico de Santiago en una nueva versión del Festival Frontera.

Por Gustavo Inzunza

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Mogwai, Future Islands y Sun Kil Moon, las tres fuerzas del otoño

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Fauna Otoño 2018

Al ver el cartel del festival que se realizará en Espacio Riesco este 12 de mayo, queda claro que varios mundos podrán convivir en el mismo espacio de Fauna Otoño, algo importante en tiempos donde la tolerancia y el respeto son claves para la convivencia, también considerando que la disposición de escenarios permite escuchar la gran mayoría de las propuestas. Es en este ánimo que destacan tres propuestas difíciles de clasificar, pero al mismo tiempo que son sencillas de identificar, las que intentaremos disponer desde las sensaciones más allá de tecnicismos.

 

Mogwai: Calma en el caos

Cada vez que una canción de Mogwai explota, la sensación que queda es de una extraña calma. Como si el cosmos aplicará un mecanismo de relajación ante un trauma, o como si hubiera hipnosis en el momento exacto del apocalipsis. Lo que hacen los escoceses va más allá de lo que técnicamente consiguen, porque construir crescendos que redunden en una catarsis bella es algo que pueden hacer muchos, pero lo de Mogwai va más allá, a veces dejando a la deriva al oyente en una meseta polar para luego, desde esa incertidumbre, llegar con un sonido más grande que la vida.

Aunque la banda hace rato que no saca un disco que caiga en gracia a todo el espectro de sus fans, lo que ha hecho en los últimos años, más que inventar una rueda nueva, ha sido refrescar la forma en la que ruedan. Eso hace que, en vez de escuchar algo que parezca igual a lo anterior, se permita ver en la performance misma las ganas de crear de los escoceses, quienes también destacan como creadores de soundtracks para películas y series. Si Mogwai es capaz de crear un mundo para sí mismos, en estos casos también son hábiles para arropar mundos ajenos en la música. Al final, lo que es evidente es cómo pueden manejar los ánimos, los espacios y los tiempos, fundamental para un espectáculo que relaja y tensa a la vez, como los latidos del corazón.

Future Islands: Baila por tu vida

La sofisticada propuesta del trío norteamericano Future Islands no alcanza a esconder las ansias de conseguir algo fundamental para la vida: el movimiento. Todas las armonías, las melodías, las figuras de bajo, todo eso redunda en la provocación fundamental de mover el cuerpo, las ideas, las emociones, a través de una dirección muy particular por la voz de Samuel T. Herring, uno de los frontman más impredecibles y entregados en un escenario. Cuando vemos la forma en la que Samuel vive un concierto, queda claro que lo de Future Islands no es casual, y que él siente esa música tanto o más que los fans.

Pero la banda no es sólo lo que consigue Samuel, porque la dinámica entre sintetizadores y bajo es parte de lo que hace a la agrupación sobresalir. Gerrit Welmers y William Cashion dialogan a través de compases que se tejen de tal forma, que no se puede ignorar lo que hit tras hit consigue Future Islands. Al final, el imperativo es bailar y sorprenderse con la extravagancia de Herring, y es difícil que eso no pase donde sea que se presenten.

Sun Kil Moon: aislar y provocar

No necesariamente a todos les puede gustar todo el mundo. Bien lo sabe y entiende Mark Kozelek, quien, más que preocuparse de agradar, ha intentado contar historias y hacerse valer en el escenario. Legendaria es aquella ocasión donde puteó a The War On Drugs por sonar muy fuerte, lo que molestaba su espectáculo con una sola guitarra. Kozelek en el proyecto Sun Kil Moon narra y expresa emoción a un grado descriptivo enorme, basado en letras casi declamadas, que no escatiman tiempo ni esfuerzo en llegar a lo medular de las historias y mucho más.

Pero Kozelek también es parlanchín debajo del escenario, y no es extraño verlo como Morrissey, lanzando opiniones poco populares, difíciles de defender y que, en vez de acercar gente a su música, la alejan. Esto redunda en que Sun Kil Moon tal vez no es un nombre tan conocido porque Mark no está interesado en algo tan masivo, pero sí en la cantidad de respeto necesario para que sus creaciones sean respetadas y realmente escuchadas. Es probable que en vivo quede claro que tantos dimes y diretes sirven para, finalmente, encontrar la música en medio del camino.

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