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Slash: Cuerdas y excesos

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Probablemente, para muchos el nombre de Saul Hudson no tenga ninguna connotación especial en el mundo de la música, y ni siquiera el antecedente adicional de que la revista Rolling Stone lo situó dentro del selecto grupo de los 100 guitarristas más talentosos de todos los tiempos, nos podría entregar muchas luces respecto al personaje en cuestión. Sin embargo, esta percepción cambia radicalmente cuando decimos que estamos hablando de Slash, el otrora icónico guitarrista de Guns N’ Roses, y creador del punteo de “Sweet Child O’ Mine”, una de las secuencias sonoras más SLASH Y AXL ROSEcaracterísticas de la historia del rock. No existe nadie que pueda poner en tela de juicio el virtuosismo del guitarrista oriundo de Londres, cuyo talento sólo puede ser eclipsado por su trayectoria plagada de excesos y polémicas, donde destaca su consumo de todo tipos de drogas y alcohol, problemas con la justicia y vergonzosos episodios públicos.

Lo cierto es que, independiente de las distracciones que Slash ha tenido que enfrentar a lo largo de su atribulada carrera, siempre ha sabido mantenerse activo desde el punto de vista creativo y musical. Tras los constantes enfrentamientos internos con Axl Rose, que a la postre gatillarían su alejamiento definitivo de Guns N’ Roses en 1996, el guitarrista formó la banda Slash’s Snakepit, cuya alineación la completaba Gilby Clarke y Matt Sorum (Guns N’ Roses), Mike Inez (Alice In Chains) y el vocalista Eric Dover, junto a quienes editó los discos “It’s Five O’Clock Somewhere” (1995) y “Ain’t Life Grand” (2000). Posterior a esta etapa llegaría un proyecto mucho más ambicioso, una superbanda que reunía a Slash con el carismático frontman de Stone Temple Pilots, Scott Weiland, además del guitarrista Dave Kushner y de los viejos conocidos Duff McKagan y Matt Sorum. Este experimento fue bautizado como Velvet Revolver, y entregó dos álbumes de estudio, “Contraband” (2004), y “Libertad” (2007), y el EP “Melody And The Tyranny” (2007).

En 2009, Slash empieza a trabajar en su disco debut de manera solista, para lo cual convoca a una constelación de estrellas del universo del rock, entre las que destacan Chris Cornell, Dave Grohl, Iggy Pop, Ozzy Osbourne, Lemmy Kilmister, Alice Cooper, entre muchos otros. El álbum homónimo vio la luz en 2010, y marca el comienzo de una estrecha relación entre el guitarrista y el vocalista de Alter Bridge, Myles Kennedy, quien junto al bajista Todd Kerns y el baterista Brent Fitz dan vida a la banda SLASH y THE CONSPIRATORSde apoyo “Myles Kennedy & The Conspirators”, cuya fructífera fórmula ya ostenta los trabajos “Apocalyptic Love” (2012) y el reciente “World On Fire” (2014), siendo esta última producción la que los traerá nuevamente a nuestro territorio, el próximo 4 de marzo, al escenario del Teatro Caupolicán. Esperando lo que será una nueva presentación del quinteto en nuestras tierras, los dejamos con algunas de las anécdotas que adornan la trayectoria de Slash.

Drogas y alcohol, su gran debilidad

Slash ha reconocido en varias entrevistas que desde muy temprana edad encontró en las drogas y el alcohol un mecanismo de escape, para superar su timidez y el miedo a una realidad que le resultaba abrumadora. Según declaraciones del guitarrista, recién durante una gira rápida con Velvet Revolver en el verano de 2006, fue la primera vez que estuvo sobrio sobre un escenario, evidenciando con esto una adicción de más de un cuarto de siglo. Un hábito que comenzó a experimentar desde los 12 años y que, en gran medida, ha forjado una carrera que no ha estado exenta de escándalos y desventuras. Dentro de todo, el músico ha sido relativamente afortunado: en 1991 estuvo muerto durante 6 segundos a causa de una sobredosis de heroína, y ha padecido tres paros cardiacos, transformando el hecho de que esté por cumplir 50 años sea casi un milagro.

SLASH ANGUSTIALos excesos de Slash generaron como efecto secundario una creciente paranoia, patología que tuvo su punto más álgido a fines de los ochenta, cuando creyó estar siendo perseguido por criaturas extraterrestres con ametralladoras y por Depredador, de la película “Predator” (1987), protagonizada por Arnold Schwarzenegger, lo que lo hizo huir desnudo por el complejo turístico donde estaba alojado. El abuso del alcohol le ha significado una extensa lista de penosos incidentes, “destacando” su aparición completamente ebrio en los MTV American Music Award de 1990, donde tras recibir uno de los premios de la velada, intentó durante 20 segundos pronunciar su discurso, el cual se diluyó entre balbuceos e insultos hacía el público, hasta que finalmente la transmisión fue interrumpida y el músico sacado del escenario. Otro personaje que sufrió las consecuencias de los excesos del guitarrista, fue el legendario Michael Jackson, quién durante una presentación invitó a Slash para interpretar en conjunto el tema “Black Or White”, teniendo como consecuencia la ejecución de un solo interminable que sólo pudo ser extinguido cuando el músico fue sacado por personal de seguridad a petición del rey del pop. Claro que la evidencia audiovisual demuestra que fue un acto concertado más que un incidente.

SLASHHHHHEpisodios desclasificados

El 13 de agosto de 1999, Slash fue arrestado mientras se encontraba en una sesión de grabación en Los Angeles, California, esto debido a una denuncia que interpuso su novia por una supuesta agresión de la que habría sido víctima, una semana antes, cuando ella y el guitarrista se hospedaron en La Parc Hotel de West Hollywood. El músico fue puesto en libertad el mismo día del arresto previo pago de una fianza de US$ 50.000.

En el marco de la constante disputa de egos en la que se ven enfrascados Axl Rose y Slash, es que se van conociendo algunos detalles personales que los músicos van desclasificando con la finalidad de poner en vergüenza al otro. El último de estos episodios se vivió en 2011, cuando Axl hizo público un supuesto problema de incontinencia urinaria del guitarrista a causa de la ingesta excesiva de alcohol, lo que hacía que constantemente se desmayara y orinara encima, lo que era aprovechado por el vocalista para quedarse con las groupies de Slash, que huían despavoridas cada vez que el músico tenía este “accidente”. El frontman de Guns N’ Roses se ha encargado de recalcar que esta situación no era un hecho aislado, sino que ocurría con demasiada frecuencia.

El 4 de marzo es una fecha que muchos fanáticos del rock deben tener marcada con rojo en sus calendarios, sobre todo los nostálgicos de la exitosa primera etapa de Guns N’ Roses, y los incondicionales de cada uno de los proyectos en que el excéntrico Slash ha puesto su impronta. El escenario del Teatro Caupolicán se prepara para recibir nuevamente toda la potencia e intensidad de Slash, en compañía de los viejos conocidos de Myles Kennedy & The Conspirators, en una velada que promete repasar toda la discografía del guitarrista, rememorando esos majestuosos solos de cuerdas que han marcado varias generaciones.

Por Gustavo Inzunza

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Especial En Órbita 2017: Cigarettes After Sex

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Cigarettes After Sex

Un cenicero con los restos de cigarros recién apagados. Ventanas con las cortinas cerradas. Ropa interior en el suelo, en una silla, en medio de las sábanas o los cojines. ¿Solo o acompañado? ¿Luces prendidas o apagadas? ¿Imaginación, sueño o realidad palpable? Los ambientes que genera Cigarettes After Sex en sus canciones pintan imágenes complejas, ponen espejos al frente, y permiten la intermitencia entre brillantez y opacidad, porque el amor, el sexo, la soledad, y todo lo que esté entremedio, son puestos en la lupa sonora del cuarteto liderado por Greg Gonzalez.

Aunque con EP “I” (2012) habían tenido una notoriedad clara y su manera de ver al pop estaba de manifiesto, ciertamente había terminaciones que pulir y escenarios que iluminar más allá de lo teatral. En su álbum debut homónimo, salido en junio pasado, Cigarettes After Sex consigue salir de lo esquemático que podría ser su tipo de composición, y así las cosas fluyen. En vez de andar a tropiezos con las piezas de ropa que caen, todo puede ir un poco más lento, pero con más seguridad en los recursos y movidas a utilizar. En la habitación que se llena del sonido de los norteamericanos ya no es necesario tropezar al andar, porque cada movimiento tiene un impulso natural, entre un dreampop elegante y una manera oscura de plantar el ambient, entre una voz aterciopelada y bajos y ritmos profundos.

Quizás el rubro donde le falte cierta experiencia a la banda sea en las letras, que no consiguen la delicadeza que la interpretación en instrumentos y voz sugieren, pero también es parte del aprendizaje. Quizás son las palabras que se meten entre los cuerpos y que traban el correr de la sangre, que hielan las manos y convergen en la necesidad de seguir adelante, porque lo que consigue musicalmente Cigarettes After Sex no es sólo remitir a lo que ocurre en pareja, trío, o grupo de gente que se busca entre el amor, odio, lujuria y ausencia, sino que armar recuerdos que se puedan esconder en los beats de un bajo casi tan protagonista en la melodía como la voz de Greg, que entre tul y cuero sumerge las conciencias en historias sencillas, pero que conectan con el oyente.

Eso sí, lo concreto de las letras permite que haya un ancla en el mundo real. No se trata de un lugar de ensueño, donde el acto de tocar, besar, desear o amar quede restringido a acciones sin consecuencias. En las canciones de Cigarettes After Sex –y en especial en su LP homónimo– existen detalles concretos, corazones rotos (“Sweet”), ilusiones que se traducen en metáforas demasiado directas (“Opera House”) o la cotidianidad de una cama (“K”). No hay mucho que esconder cuando el olor a tabaco continúa en el dormitorio o cuando la brisa de la madrugada pega en los hombros, porque en medio de un ambiente idílico reside lo humano, a través del contacto físico y/o emocional.

A eso termina refiriendo la banda, entre un minimalismo elegante y sexy, a lo humano, a lo que puede errar, a lo que puede doler, y también a lo crudo e insensible (“Young & Dumb”), donde Gonzalez es capaz de culpar a su objeto de deseo de forma misógina por despecho, y aun así sonar como si pudiera convencer a cualquiera de seguirlo, a él y a sus palabras. El mundo de Cigarettes After Sex no es perfecto, se repleta de cenizas, ropa revuelta, olor a humo, a fluidos corporales, a alcohol, a ausencia, de dolores y palabras envueltas en rocas y cemento. El difícil terreno de lo carnal y lo ecléctico se funde en medio de imperfecciones que otorgan la calidez necesaria para que las canciones y los sonidos no se queden en axiomas vacíos, sino que realmente puedan generar una conexión significativa. Y en ese tipo de construcción narrativa y musical es que Cigarettes After Sex se ha vuelto una banda necesaria de escuchar y sentir. Bien adentro. Humanamente.

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