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Santiago Gets Louder: System Of A Down, el rugido de los rebeldes

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Como cabezas de cartel y encargados de dar termino a la primera jornada del festival Santiago Gets Louder, System Of A Down regresa por segunda vez a nuestro país para arremeter con su rock combativo y rebelde, en un show que ha despertado tantas o más pasiones que el primero, principalmente por el cruce generacional entre los fanáticos veteranos, quienes pudieron disfrutarlos en su pleno apogeo –entre los que se encuentra este redactor- y lo más jóvenes, quienes han descubierto en su música a los nuevos clásicos del rock contemporáneo. SOAD retorna en un momento clave y como guinda de la torta de un domingo que quedará en el recuerdo de todos aquellos que encontraron en el nü metal –o aggro-metal para los más vieja escuela- la voz que pudo interpretar su rabia y frustraciones. He aquí unas cuantas reflexiones sobre el pasado y presente de la banda, de cara a su próximo concierto en la comuna de Cerrillos.

Madurez con alma adolescente

SYSTEM OF A DOWN 00Los años pasan y no en vano, y eso se puede apreciar en los rostros de los cuatro músicos armenio estadounidenses que conforman System Of A Down. Acercándose al medio siglo de vida, los integrantes del grupo han vivido todo el proceso de rockstars y, a día de hoy, ya podemos verlos como hombres que quizás sigan cometiendo excesos, pero ya están más centrados y enfocados netamente en hacer bien su labor.

Para los seguidores más veteranos, no es extraño reconocer la evolución sonora de la banda. Comparándolos con sus primeras grandes presentaciones, a principios del nuevo milenio, a lo que han estado haciendo últimamente, SOAD ha pasado de sonar como una bosta en vivo, a hacerlo como una banda potente y con peso sobre el escenario. Sin editar material nuevo desde el año 2005, el conjunto se ha dedicado a pulir al máximo la interpretación de sus canciones, llegando a corregir cualquier defecto del pasado. Prueba de aquello fue el concierto que ofrecieron en Santiago hace cuatro años; nadie puede negar que sonaron impecable.

Lo bueno de todo esto es que, a pesar de estar más viejos, la actitud se mantiene intacta. Daron Malakian sigue tan ácido como siempre, transformándose en el protagonista del show y dirigiéndose al público con discursos que a veces se confunden con delirios sicodélicos. Serj Tankian ha logrado con SYSTEM OF A DOWN 01su voz plasmar el mismo poder que derrocha en estudio, además de funcionar como el perfecto catalizador de la locura de su compañero en las guitarras. Por su parte, Shavo Odadjian y John Dolmayan hacen que la columna vertebral del grupo se encuentre más sólida que nunca, entregándonos a una banda que está tocando mil veces mejor que hace una década, manteniendo el mismo espíritu de un comienzo. Y eso, desde el punto de vista de un fanático, sólo se puede agradecer.

Un discurso inmortal

Siempre es un tema delicado cuando una banda con un discurso tan fuerte en contra del capitalismo, el estado, la guerra, la religión, o cualquier otro sistema de control y represión, comienza a vender millones de discos y a aparecer en MTV. Ha pasado con Rage Against The Machine, Refused, o más escandalosamente con Sex Pistols, quienes pasaron de pioneros del punk, a ser estampados de ropa interior que se comercializaba en centros comerciales. Cuando llega el dinero y la fama, todo cambia, y a System Of A Down también le pasó. Si queremos ponernos extremistas, deberíamos quemar toda su discografía y hacer la vista gorda a la banda, pero hay algo que en SOAD no ha desaparecido, a pesar de todos los millones: el espíritu y la esencia.

Si en el punto anterior destacábamos a un grupo de músicos que ha evolucionado con el paso del tiempo, ahora hablamos de un discurso que ha permanecido, ante todo, intacto. “Somos los mismos, pero ahora con autos caros”, fue la cuña que Malakian dio hace unos cuantos años, cuando se preparaba el lanzamiento de “Mezmerize” (2005).  System Of A Down podrá ser una banda ultra popular, pero esa fama se la ha ganado netamente por su música y el mensaje que esta entrega, mensaje que se conecta directamente con nuestro lado rebelde, que nos hace cuestionarnos el mundo en que vivimos y cuyas ideas seguirán siempre vigentes. Escuchar el disco homónimo de la banda SYSTEM OF A DOWN 02hoy, despierta la misma rabia y fervor que hace 17 años, sobre todo cuando en nuestro país se está viviendo un despertar de la población a través de la protesta y el destape de casos de corrupción cometidos por las personas que deberían velar por nuestro bienestar. System Of A Down regresa en un momento de inflexión del pueblo chileno, tal como lo hizo el año 2011 en pleno movimiento estudiantil, y no importa cuánta plata tengan en su bolsillo, su discurso es inmortal y uno de los elementos fundamentales de su música, además de la potencia que, de por sí, demuestran con sus instrumentos.

El desquite

Este punto viene condicionado por una apreciación netamente personal: el show de los armenios el año 2011 en la comuna de La Florida, fue y será recordado como un debut perfecto. Con un lleno casi total del estadio Bicentenario, la hora y media de actuación del grupo fue una fiesta de principio a fin, donde el coro multitudinario puso una voz desgarradora a cada uno de los cortes interpretados, mientras que los circle pits, slams y piruetas varias, contagiaban de energía a las miles de almas presentes en el recinto. La banda sonó como cañón y la química fluyó desde la primera nota. En definitiva, todo el mundo quedó satisfecho con un show impecable. Pero hubo un problema que este redactor, como fanático del grupo, encontró imperdonable.

El de Chile era el concierto que cerraba su gira por Sudamérica, que los llevó por Brasil como parte del Rock In Rio de ese año, luego por Argentina y finalmente a Santiago, en un recorrido parecido al que realizarán en esta nueva visita, sumando a un par de países del continente. Revisando los tres repertorios que el cuarteto mostró en esa ocasión por este lado del mundo, el que ofrecieron en la capital fue el más breve de todos, con 26 canciones; tres menos que en Brasil y cuatro menos SYSTEM OF A DOWN 03comparado con el de Buenos Aires. Eso no sería un gran problema, puesto que tocaron todos los clásicos que queríamos escuchar, pero tomando en cuenta la entrega total de los fanáticos chilenos y el grato ambiente que se vivió aquella noche, lo mínimo era recibir el espectáculo completo. ¿Cómo pudieron privarnos de “ATWA”, “Innervision” o “Revenga”? Canciones que para cualquier fanático del grupo son esenciales y que hubieran significado grandes adhesiones al set.

Para quien firma, el hecho de haber tenido menos que el resto, cuando se entregó tanto, significó una pequeña espina en el zapato que molesta hasta el día de hoy. Es por eso que esta nueva visita se avista como un desquite, donde tendremos una nueva oportunidad para escuchar los clásicos de siempre y aquellas joyas que no pudieron ser rescatadas la vez anterior. Para que se vayan haciendo una idea, ya desempolvaron “Spiders”, “Honey” y “DDevil”, así que esperemos a que alguna de ellas caiga el próximo domingo 27 de septiembre. Sea como sea, toquen todo lo que nos gustaría que tocaran o no, el regreso de System Of A Down es el reencuentro con la adolescencia, con esa necesidad de escapar de lo establecido, o simplemente romperlo todo. El rugido de la rebeldía llegó desde Armenia para revolucionar a todo el mundo, y ahí estaremos de nuevo para alzar el puño y cantar al unísono los himnos de nuestra generación.

Por Sebastián Zumelzu

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Especial En Órbita 2017: Cigarettes After Sex

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Cigarettes After Sex

Un cenicero con los restos de cigarros recién apagados. Ventanas con las cortinas cerradas. Ropa interior en el suelo, en una silla, en medio de las sábanas o los cojines. ¿Solo o acompañado? ¿Luces prendidas o apagadas? ¿Imaginación, sueño o realidad palpable? Los ambientes que genera Cigarettes After Sex en sus canciones pintan imágenes complejas, ponen espejos al frente, y permiten la intermitencia entre brillantez y opacidad, porque el amor, el sexo, la soledad, y todo lo que esté entremedio, son puestos en la lupa sonora del cuarteto liderado por Greg Gonzalez.

Aunque con EP “I” (2012) habían tenido una notoriedad clara y su manera de ver al pop estaba de manifiesto, ciertamente había terminaciones que pulir y escenarios que iluminar más allá de lo teatral. En su álbum debut homónimo, salido en junio pasado, Cigarettes After Sex consigue salir de lo esquemático que podría ser su tipo de composición, y así las cosas fluyen. En vez de andar a tropiezos con las piezas de ropa que caen, todo puede ir un poco más lento, pero con más seguridad en los recursos y movidas a utilizar. En la habitación que se llena del sonido de los norteamericanos ya no es necesario tropezar al andar, porque cada movimiento tiene un impulso natural, entre un dreampop elegante y una manera oscura de plantar el ambient, entre una voz aterciopelada y bajos y ritmos profundos.

Quizás el rubro donde le falte cierta experiencia a la banda sea en las letras, que no consiguen la delicadeza que la interpretación en instrumentos y voz sugieren, pero también es parte del aprendizaje. Quizás son las palabras que se meten entre los cuerpos y que traban el correr de la sangre, que hielan las manos y convergen en la necesidad de seguir adelante, porque lo que consigue musicalmente Cigarettes After Sex no es sólo remitir a lo que ocurre en pareja, trío, o grupo de gente que se busca entre el amor, odio, lujuria y ausencia, sino que armar recuerdos que se puedan esconder en los beats de un bajo casi tan protagonista en la melodía como la voz de Greg, que entre tul y cuero sumerge las conciencias en historias sencillas, pero que conectan con el oyente.

Eso sí, lo concreto de las letras permite que haya un ancla en el mundo real. No se trata de un lugar de ensueño, donde el acto de tocar, besar, desear o amar quede restringido a acciones sin consecuencias. En las canciones de Cigarettes After Sex –y en especial en su LP homónimo– existen detalles concretos, corazones rotos (“Sweet”), ilusiones que se traducen en metáforas demasiado directas (“Opera House”) o la cotidianidad de una cama (“K”). No hay mucho que esconder cuando el olor a tabaco continúa en el dormitorio o cuando la brisa de la madrugada pega en los hombros, porque en medio de un ambiente idílico reside lo humano, a través del contacto físico y/o emocional.

A eso termina refiriendo la banda, entre un minimalismo elegante y sexy, a lo humano, a lo que puede errar, a lo que puede doler, y también a lo crudo e insensible (“Young & Dumb”), donde Gonzalez es capaz de culpar a su objeto de deseo de forma misógina por despecho, y aun así sonar como si pudiera convencer a cualquiera de seguirlo, a él y a sus palabras. El mundo de Cigarettes After Sex no es perfecto, se repleta de cenizas, ropa revuelta, olor a humo, a fluidos corporales, a alcohol, a ausencia, de dolores y palabras envueltas en rocas y cemento. El difícil terreno de lo carnal y lo ecléctico se funde en medio de imperfecciones que otorgan la calidez necesaria para que las canciones y los sonidos no se queden en axiomas vacíos, sino que realmente puedan generar una conexión significativa. Y en ese tipo de construcción narrativa y musical es que Cigarettes After Sex se ha vuelto una banda necesaria de escuchar y sentir. Bien adentro. Humanamente.

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