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Prophets Of Rage: Una voz para la revolución

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Se muestran al mundo como una “revolución musical”, además de autodefinirse como “la banda sonora del pueblo contra la administración Trump”. Prophets Of Rage se hizo de un nombre con apenas medio año de existencia, involucrándose en los asuntos sociales de Norteamérica y gestándose como la respuesta ante la necesidad de una voz por parte de los ciudadanos en Estados Unidos. Originado a partir de miembros de Rage Against The Machine, Cypress Hill y Public Enemy, este supergrupo ha provocado a la autoridad con sus atrevidas y revolucionarias presentaciones, las que guardan estrechamente el espíritu de las bandas madre de cada integrante.

La interrogante es casi instantánea: ¿Cómo logras tal éxito con apenas un EP de material original? La respuesta es bastante sencilla. Prophets Of Rage decidió salir y darle espacio a una sociedad hambrienta de revolución, una sociedad que sucumbe ante la hostilidad, viviendo día a día el flagelo de un país dividido, alterado y en constante conflicto. Tom Morello tomó su guitarra como si fuera un arma de guerra para entregar mediante sus riffs el mensaje de que la resistencia no ha muerto; la lucha que vivió Rage Against The Machine durante los agitados 90 está escribiendo un segundo capítulo. Morello declaró que se unieron con el fin de hacerle frente a toda la “basura política” presente en las elecciones presidenciales, mientras que Chuck D decidió volver a la zona de combate por los constantes problemas en torno a la violencia contra la raza negra, tópicos ya enfrentados durante sus estadías en RATM y Public Enemy, respectivamente.

Estados Unidos necesitaba revelarse de nuevo, tal como reza el slogan “MAKE AMERICA RAGE AGAIN”, el que se convirtió en la premisa de las polémicas presentaciones de la banda. La gente se sentía frustrada sin la existencia de RATM, y pese a haber un conflicto y una necesidad de expresar las emociones más internas de una juventud rabiosa, no existía la banda sonora adecuada para un momento como este. Hablamos de canciones directas, potentes, llenas de ira y de ese constante deseo de ir contra la autoridad. ¿Quién no ha querido golpear a su jefe, revelarse contra el director de la escuela o darles lo que de verdad merecen las autoridades que toman nuestras decisiones en el congreso y La Moneda? Multipliquemos eso unas cuantas veces y tendremos como resultado el sentir de los ciudadanos estadounidenses, quienes necesitan una forma de expresar todo lo que sienten debido al yugo que están viviendo luego de las últimas elecciones presidenciales.

Rage Against The Machine, Public Enemy y Cypress Hill, imaginarse tres catálogos como esos sonando en conjunto resulta demoledor. Los riffs más estridentes posibles, mezclándose con furiosas e incendiarias rimas, se transforman en un grito de guerra ensordecedor y muy consciente del estado actual del mundo. Vivimos conflictos, problemas económicos, crisis, guerras y violencia todos los días, por lo que una revolución siempre es necesaria. La música logra cumplir a la perfección ese papel; no hay que combatir el fuego con más fuego, sino que más bien sacar la voz en pos del arte, apoyándose del inmenso poder de unión que logra la música. Prophets Of Rage logra generar un consenso entre tres sectores diferentes, ya sea la constante violencia en las marchas, la lucha por los derechos de las minorías o la prohibición por parte de las autoridades frente a diferentes temas, todos tienen algo que decir, todos necesitaban esa voz que este supercombo de músicos les ha entregado.

Chile no está ajeno a esa necesidad, y podrá expresarla el próximo 3 de mayo cuando Prophets Of Rage incendie el Movistar Arena con sus potentes canciones. Serán dos horas de música que prometen ser un fiel reflejo de los mejores años de cada uno de los componentes de este grupo. Las ganas de revolución son una necesidad universal, no importa el color, raza, sexo o religión: todos tenemos algo que decir, y todos necesitamos una vía por la cual decirlo. Vivimos tiempos agitados alrededor del mundo, pero ahora tenemos una banda sonora para hacerle frente a tan complejo panorama.

Por Manuel Cabrales

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Especial En Órbita 2017: Cigarettes After Sex

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Cigarettes After Sex

Un cenicero con los restos de cigarros recién apagados. Ventanas con las cortinas cerradas. Ropa interior en el suelo, en una silla, en medio de las sábanas o los cojines. ¿Solo o acompañado? ¿Luces prendidas o apagadas? ¿Imaginación, sueño o realidad palpable? Los ambientes que genera Cigarettes After Sex en sus canciones pintan imágenes complejas, ponen espejos al frente, y permiten la intermitencia entre brillantez y opacidad, porque el amor, el sexo, la soledad, y todo lo que esté entremedio, son puestos en la lupa sonora del cuarteto liderado por Greg Gonzalez.

Aunque con EP “I” (2012) habían tenido una notoriedad clara y su manera de ver al pop estaba de manifiesto, ciertamente había terminaciones que pulir y escenarios que iluminar más allá de lo teatral. En su álbum debut homónimo, salido en junio pasado, Cigarettes After Sex consigue salir de lo esquemático que podría ser su tipo de composición, y así las cosas fluyen. En vez de andar a tropiezos con las piezas de ropa que caen, todo puede ir un poco más lento, pero con más seguridad en los recursos y movidas a utilizar. En la habitación que se llena del sonido de los norteamericanos ya no es necesario tropezar al andar, porque cada movimiento tiene un impulso natural, entre un dreampop elegante y una manera oscura de plantar el ambient, entre una voz aterciopelada y bajos y ritmos profundos.

Quizás el rubro donde le falte cierta experiencia a la banda sea en las letras, que no consiguen la delicadeza que la interpretación en instrumentos y voz sugieren, pero también es parte del aprendizaje. Quizás son las palabras que se meten entre los cuerpos y que traban el correr de la sangre, que hielan las manos y convergen en la necesidad de seguir adelante, porque lo que consigue musicalmente Cigarettes After Sex no es sólo remitir a lo que ocurre en pareja, trío, o grupo de gente que se busca entre el amor, odio, lujuria y ausencia, sino que armar recuerdos que se puedan esconder en los beats de un bajo casi tan protagonista en la melodía como la voz de Greg, que entre tul y cuero sumerge las conciencias en historias sencillas, pero que conectan con el oyente.

Eso sí, lo concreto de las letras permite que haya un ancla en el mundo real. No se trata de un lugar de ensueño, donde el acto de tocar, besar, desear o amar quede restringido a acciones sin consecuencias. En las canciones de Cigarettes After Sex –y en especial en su LP homónimo– existen detalles concretos, corazones rotos (“Sweet”), ilusiones que se traducen en metáforas demasiado directas (“Opera House”) o la cotidianidad de una cama (“K”). No hay mucho que esconder cuando el olor a tabaco continúa en el dormitorio o cuando la brisa de la madrugada pega en los hombros, porque en medio de un ambiente idílico reside lo humano, a través del contacto físico y/o emocional.

A eso termina refiriendo la banda, entre un minimalismo elegante y sexy, a lo humano, a lo que puede errar, a lo que puede doler, y también a lo crudo e insensible (“Young & Dumb”), donde Gonzalez es capaz de culpar a su objeto de deseo de forma misógina por despecho, y aun así sonar como si pudiera convencer a cualquiera de seguirlo, a él y a sus palabras. El mundo de Cigarettes After Sex no es perfecto, se repleta de cenizas, ropa revuelta, olor a humo, a fluidos corporales, a alcohol, a ausencia, de dolores y palabras envueltas en rocas y cemento. El difícil terreno de lo carnal y lo ecléctico se funde en medio de imperfecciones que otorgan la calidez necesaria para que las canciones y los sonidos no se queden en axiomas vacíos, sino que realmente puedan generar una conexión significativa. Y en ese tipo de construcción narrativa y musical es que Cigarettes After Sex se ha vuelto una banda necesaria de escuchar y sentir. Bien adentro. Humanamente.

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