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Primus: Inconfundibles

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Si tenemos que nombrar algunas agrupaciones que practiquen un estilo inclasificable y que su premisa sea innovar y hacer música sin limitaciones, sin duda alguna que Primus estaría dentro de esa selecta lista. Formados a mediados de los 80, han desarrollado una forma muy particular de crear canciones, lo que los ha posicionado en un lugar apartado y exclusivo dentro del contexto del rock moderno, donde fusionan sin contemplaciones dosis de funk, metal, rock progresivo y varios otros elementos, creando un híbrido de sonido ecléctico que resulta absolutamente reconocible, diferenciando su trabajo de cualquier otra propuesta contemporánea, sobre todo por el distintivo y preponderante sonido del bajo, que es utilizado casi como una guitarra.

PRIMUS 01Desde un comienzo las cosas fueron difíciles para la banda, ya que no lograron conformar una alineación estable hasta varios años más adelante, cuando el que hoy es el único miembro original de lo que al principio se llamó Primate (nombre que cambiaron debido a una amenaza legal de otro grupo que se llamaba The Primates), el virtuoso Les Claypool reclutó, luego de dos demos y un hiato de un año, a quienes eventualmente se convirtieron en la formación clásica de Primus: Larry “Ler” LaLonde, ex guitarrista de la legendaria banda de death metal Possessed, y Tim “Herb” Alexander. Así, un mes después de tal unión, editaron el primer registro más serio de la banda: el disco en vivo “Suck On This”, y ya en 1990 lanzaron su primer álbum de estudio llamado “Frizzle Fry”, donde destacan los cortes “John The Fisherman” y “Too Many Puppies”, ambos singles y con un éxito radial considerable, que eventualmente llamó la atención del sello Interscope Records, contratándolos ese mismo año.

Despegue y consolidación

En 1991 y con el respaldo de una disquera importante, apareció “Sailing The Seas Of Cheese”, su segundo disco, que resultó un éxito de ventas, con tres singles que ayudaron a posicionarlo de manera comercial: “Those Damned Blue-Collar Tweekers”, “Jerry Was A Race Car Driver” y “Tommy The Cat”, estos dos últimos con dos videoclips rotando constantemente en MTV. Para ese entonces el sonido mixto de la banda se transforma en una marca registrada, un sello inconfundible que perdurará en el tiempo y que servirá de inspiración trascendental en las generaciones posteriores de conjuntos que desarrollaron otras fusiones de metal y componentes alternativos.

PRIMUS 02Durante ese período, giras con artistas de la talla de U2, Rush (una de sus más grandes influencias), Anthrax o Public Enemy acrecentaron de manera exponencial su fama y la demanda por verlos en vivo, y por ello decidieron crear su tercer larga duración: “Pork Soda”, un disco más oscuro en términos del mensaje que exponían y que  se ubicó séptimo en la lista Bilboard Top 10 de la época, con singles como “DMV”, “Mr. Krinkle” y la seminal “My Name Is Mud”, además de liderar el en ese entonces festival alternativo de rock Lollapalooza y participar en Woodstock 1994, siendo ambas actuaciones memorables y definitorias en el futuro de la banda.

Claypool y sus secuaces figuraban como uno de los actos más llamativos e innovadores del rock de aquellos días, no sólo por su diferenciación del resto de la escena y su virtuosismo en la ejecución instrumental, sino que también por la extravagancia e irreverencia que manifestaban tanto en sus letras y conceptos, como en los atuendos estrafalarios que usaban en todo ámbito, ya sea en un mega festival o en una presentación televisiva, como las que realizaron en los programas de afamados conductores como David Letterman o Conan O’Brien.

Siguiendo la tónica de la banda, en 1995 editaron “Tales From The Punchbowl”, que contiene hasta hoy su canción más popular y nominada al Grammy, “Wynona’s Big Brown Beaver”. En los días posteriores, Alexander abandona el grupo y es reemplazado por Bryan “Brain” Mantia. Con él a cargo de la batería, Primus grabó el tema principal de la exitosa serie animada South Park y lanzó su quinto registro de estudio llamado “Brown Album”. Luego de liderar la gira Sno-Core junto a The Aquabats, PRIMUS 03Long Beach Dub Allstars y unos menos conocidos en ese entonces Blink-182, además de grabar un EP de covers, publicaron “Antipop” en 1999, que incluye colaboraciones de Tom Morello de Rage Against The Machine, James Hetfield de Metallica, Stewart Copeland de The Police, Jim Martin de Faith No More y Fred Durst de Limp Bizkit, quien mientras producía la canción y single “Lacquer Head”, aconsejó a Claypool para que recuperara el sonido más agresivo y cercano al metal que desarrollaron en un principio.

Separación, reunión y la “Fábrica de Chocolate”

Llegó el nuevo milenio y, según el mismo Claypool, para ese entonces se encontraba en un bloqueo creativo que terminó por gatillar un receso de casi 3 años, en los cuales los miembros por separado trabajaron en distintos proyectos. Ya en 2003 la banda recupera a Alexander en batería y se presentan en distintos instancias, como festivales y otros shows donde tocaron por completo el primer disco, por ejemplo.

PRIMUS 04Durante los siguientes años, se dedicaron básicamente a la reedición de material antiguo, un  disco de grandes éxitos y ese tipo de cosas, aparte de actuaciones en distintos festivales alrededor del mundo, hasta que en 2011 “Herb” abandona al grupo otra vez y en su reemplazo vuelve el baterista fundador junto a Claypool, Jay Lane, para trabajar en lo que sería su nuevo y séptimo disco de estudio, llamado “Green Naugahyde”. A pesar de todas las nuevas fechas y la exposición que significa tocar en una banda de la fama de Primus, Lane abandona la formación en 2013 y llega otra vez Alexander para hacerse cargo de las baquetas y continuar con la carrera de la banda, que luego de esto decide volver al estudio para interpretar a través del estilo propio de Primus, la banda sonora de la película de 1971, “Willy Wonka & The Chocolate Factory”, lo que se convierte en su trabajo discográfico más reciente.

Llena de más altos que bajos, la historia de Primus es rica en anécdotas y sobre todo en aclamación por parte de la crítica, debido a la mezcla única de sonidos que han conjugado a lo largo del tiempo, siendo su principal artífice el fructífero Claypool, que hoy ostenta el título de prodigio y es, sin duda, una de las mentes más creativas y refrescantes dentro del contexto del rock moderno de grandes masas, pero con una validez en el underground que ya se quisiera cualquier músico. En RockOut Fest tendremos la posibilidad de disfrutar nuevamente de toda la parafernalia sonora de una agrupación única en su especie, aunque no sepamos de cuál.

Por Hans Oyarzún

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Especial En Órbita 2017: Cigarettes After Sex

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Cigarettes After Sex

Un cenicero con los restos de cigarros recién apagados. Ventanas con las cortinas cerradas. Ropa interior en el suelo, en una silla, en medio de las sábanas o los cojines. ¿Solo o acompañado? ¿Luces prendidas o apagadas? ¿Imaginación, sueño o realidad palpable? Los ambientes que genera Cigarettes After Sex en sus canciones pintan imágenes complejas, ponen espejos al frente, y permiten la intermitencia entre brillantez y opacidad, porque el amor, el sexo, la soledad, y todo lo que esté entremedio, son puestos en la lupa sonora del cuarteto liderado por Greg Gonzalez.

Aunque con EP “I” (2012) habían tenido una notoriedad clara y su manera de ver al pop estaba de manifiesto, ciertamente había terminaciones que pulir y escenarios que iluminar más allá de lo teatral. En su álbum debut homónimo, salido en junio pasado, Cigarettes After Sex consigue salir de lo esquemático que podría ser su tipo de composición, y así las cosas fluyen. En vez de andar a tropiezos con las piezas de ropa que caen, todo puede ir un poco más lento, pero con más seguridad en los recursos y movidas a utilizar. En la habitación que se llena del sonido de los norteamericanos ya no es necesario tropezar al andar, porque cada movimiento tiene un impulso natural, entre un dreampop elegante y una manera oscura de plantar el ambient, entre una voz aterciopelada y bajos y ritmos profundos.

Quizás el rubro donde le falte cierta experiencia a la banda sea en las letras, que no consiguen la delicadeza que la interpretación en instrumentos y voz sugieren, pero también es parte del aprendizaje. Quizás son las palabras que se meten entre los cuerpos y que traban el correr de la sangre, que hielan las manos y convergen en la necesidad de seguir adelante, porque lo que consigue musicalmente Cigarettes After Sex no es sólo remitir a lo que ocurre en pareja, trío, o grupo de gente que se busca entre el amor, odio, lujuria y ausencia, sino que armar recuerdos que se puedan esconder en los beats de un bajo casi tan protagonista en la melodía como la voz de Greg, que entre tul y cuero sumerge las conciencias en historias sencillas, pero que conectan con el oyente.

Eso sí, lo concreto de las letras permite que haya un ancla en el mundo real. No se trata de un lugar de ensueño, donde el acto de tocar, besar, desear o amar quede restringido a acciones sin consecuencias. En las canciones de Cigarettes After Sex –y en especial en su LP homónimo– existen detalles concretos, corazones rotos (“Sweet”), ilusiones que se traducen en metáforas demasiado directas (“Opera House”) o la cotidianidad de una cama (“K”). No hay mucho que esconder cuando el olor a tabaco continúa en el dormitorio o cuando la brisa de la madrugada pega en los hombros, porque en medio de un ambiente idílico reside lo humano, a través del contacto físico y/o emocional.

A eso termina refiriendo la banda, entre un minimalismo elegante y sexy, a lo humano, a lo que puede errar, a lo que puede doler, y también a lo crudo e insensible (“Young & Dumb”), donde Gonzalez es capaz de culpar a su objeto de deseo de forma misógina por despecho, y aun así sonar como si pudiera convencer a cualquiera de seguirlo, a él y a sus palabras. El mundo de Cigarettes After Sex no es perfecto, se repleta de cenizas, ropa revuelta, olor a humo, a fluidos corporales, a alcohol, a ausencia, de dolores y palabras envueltas en rocas y cemento. El difícil terreno de lo carnal y lo ecléctico se funde en medio de imperfecciones que otorgan la calidez necesaria para que las canciones y los sonidos no se queden en axiomas vacíos, sino que realmente puedan generar una conexión significativa. Y en ese tipo de construcción narrativa y musical es que Cigarettes After Sex se ha vuelto una banda necesaria de escuchar y sentir. Bien adentro. Humanamente.

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