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Perfil Placebo: Steve Forrest

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Steve Forrest, baterista diestro oriundo de California, es el más joven de los tres pilares que fundamentan Placebo, habiéndose incorporado a la banda durante 2008 en reemplazo de Steve Hewitt. Sus primeros pasos en el mundo de la música los dio con la banda de punk rock Evaline, habiendo colaborado también en las voces y guitarra rítmica de la agrupación indie Florence é Florentino. Cuando se le pregunta por los artistas que le han servido como puntos de referencia en su formación profesional, no duda en mencionar a grandes exponentes del género, tales como Dave Grohl (Nirvana y Foo Fighters), Joey Castillo (Queens Of The Stone Age), Mick Fleetwood (Fleetwood Mac) y Travis Barker (Blink 182), que fue quien lo inspiró a sentarse frente a la batería por primera vez.

Habiendo crecido en California en los noventas, era inevitable no escuchar la música de Blink 182, y yo con doce años empecé a aporrear los tambores intentando imitar a Baker”.

Sangre joven

2007 marca un importante punto de inflexión en la carrera de Placebo, ya que su baterista histórico, Steve Hewitt, decide alejarse de la agrupación alegando diferencias creativas con Molko y Olsdal. Este cambio en la alineación de la banda fue tomado como una oportunidad para renovar las energías y es así como los dos miembros restantes se dieron a la dura tarea de buscar un reemplazante en las baquetas, el cual debía cumplir con dos características fundamentales: ser talentoso y, sobre todo, tener una buena química con ellos, ya que según declaraciones del propio Olsdal, “cuando tienes que estar de gira durante un par de años, es esencial que exista una buena convivencia entre todos, para mantener la armonía en el equipo y hacer más llevadero el desgaste propio de las presentaciones”.

En esta búsqueda de un reemplazante para Hewitt, surge la joven figura de Steve Forrest, a quien habían conocido en 2006 cuando su banda teloneó a Placebo en la primera parte de la gira de promoción del álbum “Meds” (2006). Una de las cosas que de inmediato llamó la atención de Olsdal y Molko fue su creciente entusiasmo, tal como un niño en una tienda de dulces, ansioso por experimentar todo por primera vez, contagiando de esta saludable energía al resto de la banda. Antes de presentarse a la audición, Forrest se dio al arduo trabajo de aprender la totalidad de las canciones que la agrupación había grabado durante sus 14 años de vida, con lo cual terminó por convencerlos de que él era la persona idónea para el puesto. Adicionalmente, y en este afán de renovar su imagen, Placebo reclutó a la talentosa violinista Fiona Brice, quien tendría una activa participación en los arreglos de cuerdas y coros del álbum “Battle For The Sun” (2009).

El desafío de experimentar

STEVE FORREST 01El último álbum de Placebo, “Loud Like Love” (2013), significó un desafío especial para Steve Forrest, ya que se vio en la obligación de trabajar con elementos que hasta ese momento le eran desconocidos. A la hora de hablar del cambio de chip que tuvo que realizar durante el proceso creativo de esta placa, el baterista destaca la colaboración del productor Adam Noble (Muse, Paul McCartney), quien lo ayudó a expandir su mente, musicalmente hablando, con el objeto de aceptar la utilización de beats electrónicos, que suponen una incómoda dependencia a la claqueta, pero que proporcionan nuevos matices y texturas al sonido de la banda.

Personalmente considero que he aprendido mucho durante el proceso de creación de este disco y no creo que los músicos deban auto limitarse a la hora de obtener el sonido deseado”.

Forrest, al igual que los otros miembros de Placebo, se ha mostrado muy satisfecho y orgulloso con el resultado plasmado en este nuevo álbum, desmarcándose de la línea creativa que habían trazado con su anterior producción y volviendo a la exitosa senda de “Meds” (2006). Es cierto que, en este último disco, el baterista pierde parte del protagonismo sonoro que evidenció en “Battle For The Sun” (2009), pero no cabe ninguna duda que suena mucho más sólido y cohesionado con el resto de la banda.

Por Gustavo Inzunza

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Especial En Órbita 2017: Cigarettes After Sex

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Cigarettes After Sex

Un cenicero con los restos de cigarros recién apagados. Ventanas con las cortinas cerradas. Ropa interior en el suelo, en una silla, en medio de las sábanas o los cojines. ¿Solo o acompañado? ¿Luces prendidas o apagadas? ¿Imaginación, sueño o realidad palpable? Los ambientes que genera Cigarettes After Sex en sus canciones pintan imágenes complejas, ponen espejos al frente, y permiten la intermitencia entre brillantez y opacidad, porque el amor, el sexo, la soledad, y todo lo que esté entremedio, son puestos en la lupa sonora del cuarteto liderado por Greg Gonzalez.

Aunque con EP “I” (2012) habían tenido una notoriedad clara y su manera de ver al pop estaba de manifiesto, ciertamente había terminaciones que pulir y escenarios que iluminar más allá de lo teatral. En su álbum debut homónimo, salido en junio pasado, Cigarettes After Sex consigue salir de lo esquemático que podría ser su tipo de composición, y así las cosas fluyen. En vez de andar a tropiezos con las piezas de ropa que caen, todo puede ir un poco más lento, pero con más seguridad en los recursos y movidas a utilizar. En la habitación que se llena del sonido de los norteamericanos ya no es necesario tropezar al andar, porque cada movimiento tiene un impulso natural, entre un dreampop elegante y una manera oscura de plantar el ambient, entre una voz aterciopelada y bajos y ritmos profundos.

Quizás el rubro donde le falte cierta experiencia a la banda sea en las letras, que no consiguen la delicadeza que la interpretación en instrumentos y voz sugieren, pero también es parte del aprendizaje. Quizás son las palabras que se meten entre los cuerpos y que traban el correr de la sangre, que hielan las manos y convergen en la necesidad de seguir adelante, porque lo que consigue musicalmente Cigarettes After Sex no es sólo remitir a lo que ocurre en pareja, trío, o grupo de gente que se busca entre el amor, odio, lujuria y ausencia, sino que armar recuerdos que se puedan esconder en los beats de un bajo casi tan protagonista en la melodía como la voz de Greg, que entre tul y cuero sumerge las conciencias en historias sencillas, pero que conectan con el oyente.

Eso sí, lo concreto de las letras permite que haya un ancla en el mundo real. No se trata de un lugar de ensueño, donde el acto de tocar, besar, desear o amar quede restringido a acciones sin consecuencias. En las canciones de Cigarettes After Sex –y en especial en su LP homónimo– existen detalles concretos, corazones rotos (“Sweet”), ilusiones que se traducen en metáforas demasiado directas (“Opera House”) o la cotidianidad de una cama (“K”). No hay mucho que esconder cuando el olor a tabaco continúa en el dormitorio o cuando la brisa de la madrugada pega en los hombros, porque en medio de un ambiente idílico reside lo humano, a través del contacto físico y/o emocional.

A eso termina refiriendo la banda, entre un minimalismo elegante y sexy, a lo humano, a lo que puede errar, a lo que puede doler, y también a lo crudo e insensible (“Young & Dumb”), donde Gonzalez es capaz de culpar a su objeto de deseo de forma misógina por despecho, y aun así sonar como si pudiera convencer a cualquiera de seguirlo, a él y a sus palabras. El mundo de Cigarettes After Sex no es perfecto, se repleta de cenizas, ropa revuelta, olor a humo, a fluidos corporales, a alcohol, a ausencia, de dolores y palabras envueltas en rocas y cemento. El difícil terreno de lo carnal y lo ecléctico se funde en medio de imperfecciones que otorgan la calidez necesaria para que las canciones y los sonidos no se queden en axiomas vacíos, sino que realmente puedan generar una conexión significativa. Y en ese tipo de construcción narrativa y musical es que Cigarettes After Sex se ha vuelto una banda necesaria de escuchar y sentir. Bien adentro. Humanamente.

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