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Perfil Placebo: Stefan Olsdal

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El sueco Stefan Olsdal es uno de los dos personajes responsables de la existencia de Placebo. En contadas ocasiones el destino se encarga de dar segundas oportunidades, y así sucedió con la relación entre Olsdal y el carismático Brian Molko, quienes a pesar de haber asistido a la misma escuela en Luxemburgo, nunca llegaron a cruzar palabra. Tuvieron que pasar varios años para que sus caminos se volviesen a encontrar en la estación South Kensington del tren subterráneo de Londres, donde tras un par de tragos y una amena conversación, descubrieron varios puntos en común, entre ellos el gusto por la música, que más tarde desembocaría en la formación de una de las bandas insignes del rock alternativo de la década del noventa. Los primeros pasos de Olsdal en la música datan de 1987 cuando asumió el puesto de baterista en la orquesta de su escuela, pero rápidamente se vería atraído por el particular y profundo sonido del bajo, teniendo como punto de referencia a destacados exponentes del género, como Steve Harris de Iron Maiden.

Funcionamos bien. Está claro que tenemos altibajos, pero aquí seguimos. Se puede decir que somos un matrimonio, musical y sin sexo en la mezcla. Tal vez por eso hemos aguantado tanto”.

Proyecto paralelo

HOTEL PERSONANo muchos saben que Stefan Olsdal desde hace más de cinco años trabaja en un proyecto paralelo a Placebo, en el cual comparte créditos con los españoles Javier Solo y David Amen, y que lleva por nombre Hotel Persona. El estilo de este experimento se podría encasillar como pop electrónico y tiene su génesis en un club nocturno de Brixton, Londres, donde el trío se conoce hace más de una década y deciden comenzar a trabajar en conjunto. Lo primero que llama la atención de la banda es su nombre, que según declaraciones de los propios integrantes no fue la primera opción que habían barajado. En un comienzo habían decidido llamarse Material, pero el nombre ya había sido utilizado por una agrupación americana. Más adelante Olsdal se inspiraría en la película “Persona” (2002) de Ingmar Bergman para identificar al trío, sin embargo, surgiría un nuevo obstáculo: ya existían otras tres bandas que usaban este seudónimo.

Hotel Persona es algo que hago cuando tengo un descanso de Placebo. Escribo diferentes tipos de música y no todo tiene cabida dentro de Placebo, eso es lo que encuentro interesante de tener este otro proyecto, que puedo desarrollar otras facetas y tipos de música que de otro modo se me quedarían perdidas”.

Como una forma de marcar diferencia con estas agrupaciones, toman la decisión de agregar al nombre la palabra “hotel”, que representa el anonimato, donde se puede asumir cualquier identidad que se desee, generando un fuerte contraste con la palabra “persona”, que a su vez gráfica algo inherente al individuo, algo de lo que no se puede renegar. La banda edita en 2008 dos álbumes de estudio: “En Las Nubes”, y un par de meses después, “In The Clouds”, teniendo como única diferencia entre ellos que algunos temas en español del primer disco están en inglés en el segundo. Esta placa cuenta con la colaboración de una interesante mixtura de músicos, entre los que se cuentan Alaska, Miguel Bosé, Samantha Fox y el propio Brian Molko, configurando de esta forma una apuesta que no deja de resultar atractiva.

STEFAN OLSDAL 01Lucha contra la homofobia

Tras 20 años de trayectoria como miembro de Placebo, para nadie es un secreto que Stefan Olsdal es gay; nunca ha tenido problemas en declarar abiertamente su homosexualidad y mucho menos en manifestar su lucha contra la homofobia. Es común verlo salir a escena con la palabra “HOMO” dibujada en su pecho y besar a Brian Molko durante sus presentaciones en vivo, como una forma de protesta contra las corrientes discriminatorias. Emblemático es el beso que se dieron durante un show en Vilnius, Lituania (2007), como una manera de expresar su apoyo a los derechos de los homosexuales en ese país, quienes venían sufriendo reiterados episodios de segregación y censura.

La homofobia es una plaga que tiene que ser detenida antes de que se expanda alrededor del mundo”.

Olsdal ha declarado que, cuando se es parte de una minoría sexual, es común sentirse fuera de lugar, siendo muy difícil identificarse con la gente que te rodea, y que por lo mismo los homosexuales tienden a ocultar su condición. Si bien es cierto el bajista reconoce que aún queda en él algo de esa “vergüenza gay” que lo dominó en su juventud, también entiende que haber vivido bajo ese manto de dudas y experimentación ayudó a moldear al talentoso artista que ahora conocemos.

Por Gustavo Inzunza

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Especial En Órbita 2017: Cigarettes After Sex

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Cigarettes After Sex

Un cenicero con los restos de cigarros recién apagados. Ventanas con las cortinas cerradas. Ropa interior en el suelo, en una silla, en medio de las sábanas o los cojines. ¿Solo o acompañado? ¿Luces prendidas o apagadas? ¿Imaginación, sueño o realidad palpable? Los ambientes que genera Cigarettes After Sex en sus canciones pintan imágenes complejas, ponen espejos al frente, y permiten la intermitencia entre brillantez y opacidad, porque el amor, el sexo, la soledad, y todo lo que esté entremedio, son puestos en la lupa sonora del cuarteto liderado por Greg Gonzalez.

Aunque con EP “I” (2012) habían tenido una notoriedad clara y su manera de ver al pop estaba de manifiesto, ciertamente había terminaciones que pulir y escenarios que iluminar más allá de lo teatral. En su álbum debut homónimo, salido en junio pasado, Cigarettes After Sex consigue salir de lo esquemático que podría ser su tipo de composición, y así las cosas fluyen. En vez de andar a tropiezos con las piezas de ropa que caen, todo puede ir un poco más lento, pero con más seguridad en los recursos y movidas a utilizar. En la habitación que se llena del sonido de los norteamericanos ya no es necesario tropezar al andar, porque cada movimiento tiene un impulso natural, entre un dreampop elegante y una manera oscura de plantar el ambient, entre una voz aterciopelada y bajos y ritmos profundos.

Quizás el rubro donde le falte cierta experiencia a la banda sea en las letras, que no consiguen la delicadeza que la interpretación en instrumentos y voz sugieren, pero también es parte del aprendizaje. Quizás son las palabras que se meten entre los cuerpos y que traban el correr de la sangre, que hielan las manos y convergen en la necesidad de seguir adelante, porque lo que consigue musicalmente Cigarettes After Sex no es sólo remitir a lo que ocurre en pareja, trío, o grupo de gente que se busca entre el amor, odio, lujuria y ausencia, sino que armar recuerdos que se puedan esconder en los beats de un bajo casi tan protagonista en la melodía como la voz de Greg, que entre tul y cuero sumerge las conciencias en historias sencillas, pero que conectan con el oyente.

Eso sí, lo concreto de las letras permite que haya un ancla en el mundo real. No se trata de un lugar de ensueño, donde el acto de tocar, besar, desear o amar quede restringido a acciones sin consecuencias. En las canciones de Cigarettes After Sex –y en especial en su LP homónimo– existen detalles concretos, corazones rotos (“Sweet”), ilusiones que se traducen en metáforas demasiado directas (“Opera House”) o la cotidianidad de una cama (“K”). No hay mucho que esconder cuando el olor a tabaco continúa en el dormitorio o cuando la brisa de la madrugada pega en los hombros, porque en medio de un ambiente idílico reside lo humano, a través del contacto físico y/o emocional.

A eso termina refiriendo la banda, entre un minimalismo elegante y sexy, a lo humano, a lo que puede errar, a lo que puede doler, y también a lo crudo e insensible (“Young & Dumb”), donde Gonzalez es capaz de culpar a su objeto de deseo de forma misógina por despecho, y aun así sonar como si pudiera convencer a cualquiera de seguirlo, a él y a sus palabras. El mundo de Cigarettes After Sex no es perfecto, se repleta de cenizas, ropa revuelta, olor a humo, a fluidos corporales, a alcohol, a ausencia, de dolores y palabras envueltas en rocas y cemento. El difícil terreno de lo carnal y lo ecléctico se funde en medio de imperfecciones que otorgan la calidez necesaria para que las canciones y los sonidos no se queden en axiomas vacíos, sino que realmente puedan generar una conexión significativa. Y en ese tipo de construcción narrativa y musical es que Cigarettes After Sex se ha vuelto una banda necesaria de escuchar y sentir. Bien adentro. Humanamente.

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