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Perfil Placebo: Brian Molko

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El carismático y extravagante Brian Molko es el líder y frontman de Placebo, sin lugar a dudas una figura excluyente dentro del trío oriundo de Londres. El músico, nativo de Bruselas, Bélgica, a la edad de 18 años se trasladó a Inglaterra para estudiar arte dramático en el Goldsmith College, alternando BRIAN MOLKO 02sus clases con la práctica del instrumento que a la postre marcaría su camino: la guitarra, siendo fuertemente influenciado por el sonido de los neoyorkinos de Sonic Youth. Su gusto por la música de a poco lo fue insertando en toda la corriente underground londinense y es precisamente aquí que conoce al baterista Steve Hewitt, al que posteriormente se le uniría el bajista Stefan Olsdal, completando la formación del proyecto que, momentáneamente, se llamó “Ashtray Heart”, pero que más adelante sería mundialmente conocido como Placebo.

Creo que es posible vivir sin música, aunque no sería agradable”.

La estética como arma

Dentro del mundo del espectáculo, la imagen cumple un rol fundamental en la difícil misión de sorprender y capturar fanáticos, y esto lo maneja a la perfección el excéntrico Brian Molko, que desde sus comienzos musicales se ha preocupado de proyectar un llamativo look andrógino, muy propio del estilo que hace décadas impuso el legendario David Bowie. Quizás lo que más llama la atención de la propuesta de este talentoso músico, es que esta postura tan propia del glam rock no se condice para nada con el ambiente conservador y religioso en el que fue criado. Molko siempre se ha declarado bisexual y durante las dos décadas de vida de Placebo ha utilizado la ambigüedad sexual como una BRIAN MOLKO 01importante arma de atracción mediática, siendo los primeros años de la banda los más significativos en lo que a esto respecta, destacando las presentaciones de la banda donde salían al escenario vestidos de mujer y con exceso de maquillaje como una forma de romper el molde ideológico en el que estaba inmerso, en esos años, el Reino Unido.

El vocalista ha declarado que, lo de caracterizarse como mujer, también tenía un aliciente un poco más perverso y especial; el de llamar la atención de algún tipo homofóbico en el público, que pensando que estaba en presencia de una hermosa muchacha, estuviera dispuesto a intimar con ella/él, descubriendo en ese momento su verdadera naturaleza.

El hecho de vestirme de mujer en los primeros años del grupo, era una declaración política”.

Las drogas como motor creativo

La primera etapa de Placebo estuvo fuertemente marcada por el consumo de una gran variedad de sustancias adictivas por parte de Brian Molko, tales como cocaína, alcohol, heroína entre muchas otras. La oscuridad en la que estaba inmerso el vocalista durante este período se ve claramente reflejada en la letra de sus canciones, con una temática marcada por la desolación, la autodestrucción y los excesos. Un claro ejemplo de la influencia de las adicciones de Molko en sus letras lo constituye el tema “Special K”, perteneciente al álbum “Black Market Music” (2000), en donde realiza un parangón entre los efectos de estar enamorado y la ketamina, droga con fuerte potencial alucinógeno. Si tratásemos de buscar la génesis de los problemas de adicción del frontman, habría que remontarse a su adolescencia, donde se le diagnosticó un trastorno depresivo que lo obligó a mantenerse constantemente medicado, iniciando de esta manera un romance con las drogas que muchos aseguran se mantiene hasta la actualidad. “Mi vida dejó de ser caótica. En el pasado tuve que enfrentar muchas cosas, muchos excesos y me abandoné, pero hoy creo que hay menos caos a nivel personal”, declararía luego de su rehabilitación.

BRIAN MOLKO 03Esta imagen de adicto le ha pasado la cuenta a Molko, y a Placebo en general, siendo constantemente criticados por salir al escenario en condiciones “no adecuadas”. Los detractores más acérrimos no pierden oportunidad para sacar a la palestra los problemas de drogas del vocalista, y así quedó en evidencia durante su presentación en el MTV Murcia Night 2009, donde la banda se retiró del escenario tras interpretar sólo seis canciones, alegando problemas de sonido, pero cuya información extraoficial hablaba de un Brian Molko de ojos desorbitados y cara desencajada. Estos rumores cobraron aun más fuerza un mes después, cuando el músico se desmayó durante un show en Osaka, Japón, obligando a los organizadores a cancelar la presentación. La declaración oficial de Placebo tras el incidente, apuntaba a que el vocalista habría contraído un virus, el cual combinado al jet lag y el cansancio del viaje le produjeron una descompensación que hacía imposible que pudiese volver a escena.

Por Gustavo Inzunza

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Especial En Órbita 2017: Cigarettes After Sex

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Cigarettes After Sex

Un cenicero con los restos de cigarros recién apagados. Ventanas con las cortinas cerradas. Ropa interior en el suelo, en una silla, en medio de las sábanas o los cojines. ¿Solo o acompañado? ¿Luces prendidas o apagadas? ¿Imaginación, sueño o realidad palpable? Los ambientes que genera Cigarettes After Sex en sus canciones pintan imágenes complejas, ponen espejos al frente, y permiten la intermitencia entre brillantez y opacidad, porque el amor, el sexo, la soledad, y todo lo que esté entremedio, son puestos en la lupa sonora del cuarteto liderado por Greg Gonzalez.

Aunque con EP “I” (2012) habían tenido una notoriedad clara y su manera de ver al pop estaba de manifiesto, ciertamente había terminaciones que pulir y escenarios que iluminar más allá de lo teatral. En su álbum debut homónimo, salido en junio pasado, Cigarettes After Sex consigue salir de lo esquemático que podría ser su tipo de composición, y así las cosas fluyen. En vez de andar a tropiezos con las piezas de ropa que caen, todo puede ir un poco más lento, pero con más seguridad en los recursos y movidas a utilizar. En la habitación que se llena del sonido de los norteamericanos ya no es necesario tropezar al andar, porque cada movimiento tiene un impulso natural, entre un dreampop elegante y una manera oscura de plantar el ambient, entre una voz aterciopelada y bajos y ritmos profundos.

Quizás el rubro donde le falte cierta experiencia a la banda sea en las letras, que no consiguen la delicadeza que la interpretación en instrumentos y voz sugieren, pero también es parte del aprendizaje. Quizás son las palabras que se meten entre los cuerpos y que traban el correr de la sangre, que hielan las manos y convergen en la necesidad de seguir adelante, porque lo que consigue musicalmente Cigarettes After Sex no es sólo remitir a lo que ocurre en pareja, trío, o grupo de gente que se busca entre el amor, odio, lujuria y ausencia, sino que armar recuerdos que se puedan esconder en los beats de un bajo casi tan protagonista en la melodía como la voz de Greg, que entre tul y cuero sumerge las conciencias en historias sencillas, pero que conectan con el oyente.

Eso sí, lo concreto de las letras permite que haya un ancla en el mundo real. No se trata de un lugar de ensueño, donde el acto de tocar, besar, desear o amar quede restringido a acciones sin consecuencias. En las canciones de Cigarettes After Sex –y en especial en su LP homónimo– existen detalles concretos, corazones rotos (“Sweet”), ilusiones que se traducen en metáforas demasiado directas (“Opera House”) o la cotidianidad de una cama (“K”). No hay mucho que esconder cuando el olor a tabaco continúa en el dormitorio o cuando la brisa de la madrugada pega en los hombros, porque en medio de un ambiente idílico reside lo humano, a través del contacto físico y/o emocional.

A eso termina refiriendo la banda, entre un minimalismo elegante y sexy, a lo humano, a lo que puede errar, a lo que puede doler, y también a lo crudo e insensible (“Young & Dumb”), donde Gonzalez es capaz de culpar a su objeto de deseo de forma misógina por despecho, y aun así sonar como si pudiera convencer a cualquiera de seguirlo, a él y a sus palabras. El mundo de Cigarettes After Sex no es perfecto, se repleta de cenizas, ropa revuelta, olor a humo, a fluidos corporales, a alcohol, a ausencia, de dolores y palabras envueltas en rocas y cemento. El difícil terreno de lo carnal y lo ecléctico se funde en medio de imperfecciones que otorgan la calidez necesaria para que las canciones y los sonidos no se queden en axiomas vacíos, sino que realmente puedan generar una conexión significativa. Y en ese tipo de construcción narrativa y musical es que Cigarettes After Sex se ha vuelto una banda necesaria de escuchar y sentir. Bien adentro. Humanamente.

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