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Paul Banks: Antes y después de Interpol

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Es noviembre de 2011 y las luces del Teatro Caupolicán comienzan a apagarse, como minutos antes lo hicieran los últimos extractos de “Obstacle 1”. Paul Julian Banks, se despide con un “gracias” en perfecto español y deja ver, por última vez, sus lentes negros de marco grueso y el chaleco blanco con PAUL BANKS 01parches en los codos que cubren su camisa. Tras la partida de Carlos Dengler, Interpol se transformó en trío y, terminada la gira promocional de su homónimo y cuarto disco, el silencio se apoderó de los neoyorquinos, pero no del frontman que, casi inmediatamente, inició el proceso de realización de su segundo trabajo en solitario.

Paul gozó de una infancia multicultural. Por motivos familiares tanto como por el trabajo de su padre, vivió en España y Norteamérica. Atrás quedaron esos tres años donde jugó en las calles de Clacton-on-Sea en Essex, Inglaterra. Apasionado por las artes, su estadía en México lo hizo ser parte de obras teatrales y musicales, al igual que fanático del hip-hop. Incluso trabajó como DJ, bajo el seudónimo de DJ Fancypants.

Ya de regreso en Estados Unidos, asistió a la Universidad de Nueva York para estudiar Inglés y Literatura, donde hizo del novelista autobiográfico Henry Miller su escritor favorito. En esos barrios, además, se forjaría la alianza que llevó a Interpol a transformarse en una de las bandas más PAUL BANKS 02importantes de Estados Unidos en la década pasada. Porque, tras conocerse en París, Banks aceptaría la invitación de Daniel Kessler de unirse al grupo.

Y terminada la gira promocional de “Our Love To Admire” (2007), el tercer larga duración de los neoyorquinos, Paul tuvo listo su debut como solista. Bajo el seudónimo de Julian Plenti, bautizó a su primer trabajo personal como “Julian Plenti Is… Skyscraper” (2009). Pero no fueron solamente dos años de realización. Como contó a la revista Interview, desde su juventud que venía escribiendo sus propias canciones: “Ha sido una parte de mi vida por mucho tiempo”. Y el disco implicaba la posición en la que se encontraba en aquel momento, como músico y compositor, porque a través de este ejercicio siguió desarrollando su genio. Jugando con los sonidos y las estructuras. Con la arquitectura de cada canción.

PAUL BANKS 03Y no era Paul Banks el que escribía sus propias canciones, sino Julian Plenti. Pero no hablamos de una segunda persona, sino de su primera identidad como músico. Esa que cultivó desde la universidad. Y que su fichaje en Interpol escondió: “Llegó un punto en que no era saludable para mí como artista tener canciones de mi adolescencia jugando en mi cabeza sin externalizarlas”, contaría a Spin, en medio de la celebración de los diez años de “Turn On The Bright Lights” (2002). Además, cada una de esas canciones que plasmó en algún papel o libreta, conmemoraban necesariamente lo que vivía en ese instante, cuando no superaba los 18 años de edad. Es por eso que temáticamente las canciones de “Banks” (2012), su segundo disco, son distintas. Porque hoy Paul es una persona con distintas y mayores experiencias: “Sentí que era importante que la gente escuchara esa evolución”, dijo en la misma entrevista a Spin.

Esas son las dos caras que vendrá a mostrar Paul Julian Banks a nuestro país el próximo 12 de marzo en el Club Chocolate. La juventud y la experiencia del líder de Interpol, antes y después de Interpol.

Por Bastián García

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Mogwai, Future Islands y Sun Kil Moon, las tres fuerzas del otoño

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Fauna Otoño 2018

Al ver el cartel del festival que se realizará en Espacio Riesco este 12 de mayo, queda claro que varios mundos podrán convivir en el mismo espacio de Fauna Otoño, algo importante en tiempos donde la tolerancia y el respeto son claves para la convivencia, también considerando que la disposición de escenarios permite escuchar la gran mayoría de las propuestas. Es en este ánimo que destacan tres propuestas difíciles de clasificar, pero al mismo tiempo que son sencillas de identificar, las que intentaremos disponer desde las sensaciones más allá de tecnicismos.

 

Mogwai: Calma en el caos

Cada vez que una canción de Mogwai explota, la sensación que queda es de una extraña calma. Como si el cosmos aplicará un mecanismo de relajación ante un trauma, o como si hubiera hipnosis en el momento exacto del apocalipsis. Lo que hacen los escoceses va más allá de lo que técnicamente consiguen, porque construir crescendos que redunden en una catarsis bella es algo que pueden hacer muchos, pero lo de Mogwai va más allá, a veces dejando a la deriva al oyente en una meseta polar para luego, desde esa incertidumbre, llegar con un sonido más grande que la vida.

Aunque la banda hace rato que no saca un disco que caiga en gracia a todo el espectro de sus fans, lo que ha hecho en los últimos años, más que inventar una rueda nueva, ha sido refrescar la forma en la que ruedan. Eso hace que, en vez de escuchar algo que parezca igual a lo anterior, se permita ver en la performance misma las ganas de crear de los escoceses, quienes también destacan como creadores de soundtracks para películas y series. Si Mogwai es capaz de crear un mundo para sí mismos, en estos casos también son hábiles para arropar mundos ajenos en la música. Al final, lo que es evidente es cómo pueden manejar los ánimos, los espacios y los tiempos, fundamental para un espectáculo que relaja y tensa a la vez, como los latidos del corazón.

Future Islands: Baila por tu vida

La sofisticada propuesta del trío norteamericano Future Islands no alcanza a esconder las ansias de conseguir algo fundamental para la vida: el movimiento. Todas las armonías, las melodías, las figuras de bajo, todo eso redunda en la provocación fundamental de mover el cuerpo, las ideas, las emociones, a través de una dirección muy particular por la voz de Samuel T. Herring, uno de los frontman más impredecibles y entregados en un escenario. Cuando vemos la forma en la que Samuel vive un concierto, queda claro que lo de Future Islands no es casual, y que él siente esa música tanto o más que los fans.

Pero la banda no es sólo lo que consigue Samuel, porque la dinámica entre sintetizadores y bajo es parte de lo que hace a la agrupación sobresalir. Gerrit Welmers y William Cashion dialogan a través de compases que se tejen de tal forma, que no se puede ignorar lo que hit tras hit consigue Future Islands. Al final, el imperativo es bailar y sorprenderse con la extravagancia de Herring, y es difícil que eso no pase donde sea que se presenten.

Sun Kil Moon: aislar y provocar

No necesariamente a todos les puede gustar todo el mundo. Bien lo sabe y entiende Mark Kozelek, quien, más que preocuparse de agradar, ha intentado contar historias y hacerse valer en el escenario. Legendaria es aquella ocasión donde puteó a The War On Drugs por sonar muy fuerte, lo que molestaba su espectáculo con una sola guitarra. Kozelek en el proyecto Sun Kil Moon narra y expresa emoción a un grado descriptivo enorme, basado en letras casi declamadas, que no escatiman tiempo ni esfuerzo en llegar a lo medular de las historias y mucho más.

Pero Kozelek también es parlanchín debajo del escenario, y no es extraño verlo como Morrissey, lanzando opiniones poco populares, difíciles de defender y que, en vez de acercar gente a su música, la alejan. Esto redunda en que Sun Kil Moon tal vez no es un nombre tan conocido porque Mark no está interesado en algo tan masivo, pero sí en la cantidad de respeto necesario para que sus creaciones sean respetadas y realmente escuchadas. Es probable que en vivo quede claro que tantos dimes y diretes sirven para, finalmente, encontrar la música en medio del camino.

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