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Noel Gallagher’s High Flying Birds: El creador al centro

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Cuando se piensa en Noel Gallagher es imposible no despegarse del recuerdo de Oasis, de las disputas con su hermano Liam, de su visita a Downing Street para ver a Tony Blair o de sus innumerables episodios donde la boca y el poco filtro no le juegan buenas pasadas. Sin embargo, en su última faceta se puede ver a Noel cómodo y seguro de su arte, y también de las canciones que vendrá a mostrar en Lollapalooza 2016.

NOEL GALLAGHER 01David Bowie murió a principios de año, y una de sus últimas acciones públicas fue en los BRIT Awards de 2014, cuando ganó el premio a mejor artista masculino. Kate Moss se hizo presente en el escenario, con un traje de la era Ziggy Stardust para aceptar el premio en su nombre. Protagonista indirecto de la escena fue Noel Gallagher, presentador de la categoría, que dijo: “¿Ustedes creían que David Bowie vendría para acá? David Bowie es demasiado cool para esta mierda”, con toda la gracia del mundo. Y es cierto: Noel sabe a estas alturas muy bien qué puede y qué no puede pasar en los escenarios, y quién está en el centro de la atención.

Casi 25 años de carrera lo avalan, una trayectoria de las más exitosas en la historia de la música británica con Oasis lo respaldan, y también un presente muy auspicioso con su proyecto Noel Gallagher’s High Flying Birds. El primer disco homónimo de la agrupación ya era muy bueno, y los videos que acompañaban a los sencillos también tenían un halo de coherencia que era muchísimo más complicado de encontrar a nivel conceptual en Oasis. Incluso en los mejores tiempos de la banda no había temas demasiado anexados los unos a los otros, más allá del éxito de cada single. En cambio, con NGHFB el músico pudo generar una lógica mucho más potente, lo que también se nota en “Chasing Yesterday”, el buen álbum que sacó el año pasado.

Noel se pone al centro como nunca antes había ocurrido, y funciona. Ya lo vimos en 2013, cuando en el Teatro Caupolicán mostró un espectáculo lleno de pulcritud y sin necesidad de salir de lo musical para deleitar a su público. Incluso se nutrió de lados B de Oasis, los que tienen un diálogo relevante con tracks como “Everybody’s On The Run” o “AKA… What A Life!”, ambas de su primer disco.

En “Chasing Yesterday” nos encontramos con una reafirmación de los conceptos que definen a Noel Gallagher, con la posibilidad cierta de no dejar su arrogancia de lado, como se evidencia en “Ballad Of NOEL GALLAGHER 02The Mighty I”, una de esas letras que sólo le sientan bien a gente como él. Pero en vez de caer todo el tiempo en este camino, sólo es presentado a ratos precisos para recordarnos al personaje, a la vez que se nos introduce a un set de composiciones que se lucen cada una por sí sola.

Llama la atención también la capacidad de la banda de Gallagher para sonar fluida y como si nada requiriera de un gran esfuerzo. El momentum de las canciones puede descansar en la composición, pero también en la forma en la que surgen los crescendos sonoros y emotivos, y además en la manera en la que cada instrumentista consigue tener su espacio, algo que en vivo es aún más notorio y denota la complicidad entre Noel y los suyos.

La sabiduría de Gallagher para recién ponerse al centro de la atención cuando está en un momento de madurez compositiva importante, y con toda la experiencia de su parte, habla también de la inteligencia del tipo, y tal vez sea también resultado de todas las fallas en las que ha incurrido alguna vez. Sí, todos recuerdan las peleas con Liam, el apoyo a los laboristas o sus dichos polémicos, pero Noel Gallagher como solista se las ha arreglado para que el centro esté en otro lugar, las luces apunten a otro sitio, y que no sea un lado oscuro, sino que meramente quede a la vista el creador y su obra. En tiempos de distracciones, esto es algo muy valioso.

Por Manuel Toledo-Campos

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Especial En Órbita 2017: Cigarettes After Sex

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Cigarettes After Sex

Un cenicero con los restos de cigarros recién apagados. Ventanas con las cortinas cerradas. Ropa interior en el suelo, en una silla, en medio de las sábanas o los cojines. ¿Solo o acompañado? ¿Luces prendidas o apagadas? ¿Imaginación, sueño o realidad palpable? Los ambientes que genera Cigarettes After Sex en sus canciones pintan imágenes complejas, ponen espejos al frente, y permiten la intermitencia entre brillantez y opacidad, porque el amor, el sexo, la soledad, y todo lo que esté entremedio, son puestos en la lupa sonora del cuarteto liderado por Greg Gonzalez.

Aunque con EP “I” (2012) habían tenido una notoriedad clara y su manera de ver al pop estaba de manifiesto, ciertamente había terminaciones que pulir y escenarios que iluminar más allá de lo teatral. En su álbum debut homónimo, salido en junio pasado, Cigarettes After Sex consigue salir de lo esquemático que podría ser su tipo de composición, y así las cosas fluyen. En vez de andar a tropiezos con las piezas de ropa que caen, todo puede ir un poco más lento, pero con más seguridad en los recursos y movidas a utilizar. En la habitación que se llena del sonido de los norteamericanos ya no es necesario tropezar al andar, porque cada movimiento tiene un impulso natural, entre un dreampop elegante y una manera oscura de plantar el ambient, entre una voz aterciopelada y bajos y ritmos profundos.

Quizás el rubro donde le falte cierta experiencia a la banda sea en las letras, que no consiguen la delicadeza que la interpretación en instrumentos y voz sugieren, pero también es parte del aprendizaje. Quizás son las palabras que se meten entre los cuerpos y que traban el correr de la sangre, que hielan las manos y convergen en la necesidad de seguir adelante, porque lo que consigue musicalmente Cigarettes After Sex no es sólo remitir a lo que ocurre en pareja, trío, o grupo de gente que se busca entre el amor, odio, lujuria y ausencia, sino que armar recuerdos que se puedan esconder en los beats de un bajo casi tan protagonista en la melodía como la voz de Greg, que entre tul y cuero sumerge las conciencias en historias sencillas, pero que conectan con el oyente.

Eso sí, lo concreto de las letras permite que haya un ancla en el mundo real. No se trata de un lugar de ensueño, donde el acto de tocar, besar, desear o amar quede restringido a acciones sin consecuencias. En las canciones de Cigarettes After Sex –y en especial en su LP homónimo– existen detalles concretos, corazones rotos (“Sweet”), ilusiones que se traducen en metáforas demasiado directas (“Opera House”) o la cotidianidad de una cama (“K”). No hay mucho que esconder cuando el olor a tabaco continúa en el dormitorio o cuando la brisa de la madrugada pega en los hombros, porque en medio de un ambiente idílico reside lo humano, a través del contacto físico y/o emocional.

A eso termina refiriendo la banda, entre un minimalismo elegante y sexy, a lo humano, a lo que puede errar, a lo que puede doler, y también a lo crudo e insensible (“Young & Dumb”), donde Gonzalez es capaz de culpar a su objeto de deseo de forma misógina por despecho, y aun así sonar como si pudiera convencer a cualquiera de seguirlo, a él y a sus palabras. El mundo de Cigarettes After Sex no es perfecto, se repleta de cenizas, ropa revuelta, olor a humo, a fluidos corporales, a alcohol, a ausencia, de dolores y palabras envueltas en rocas y cemento. El difícil terreno de lo carnal y lo ecléctico se funde en medio de imperfecciones que otorgan la calidez necesaria para que las canciones y los sonidos no se queden en axiomas vacíos, sino que realmente puedan generar una conexión significativa. Y en ese tipo de construcción narrativa y musical es que Cigarettes After Sex se ha vuelto una banda necesaria de escuchar y sentir. Bien adentro. Humanamente.

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