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New Order: Autocuratorías (para ahuyentar la nostalgia)

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“El futuro está bajo fuego. El pasado está ganando terreno”. Esa es la línea que inicia la nueva canción de Japandroids, “Near To The Heart Of Wild Fire”, pero también es una forma de graficar bien la relación entre las expectativas y la realidad. Cuando algo funciona, mirar hacia adelante es difícil y la nostalgia apremia. Le pasa a una banda relativamente nueva como los canadienses, y ese “fuego” contra el futuro sin duda que estuvo a la vista para New Order, una de las agrupaciones que más se asocia a una época específica, los 80, y que pese a ello tiene una carrera con discos seminales en cuatro décadas diferentes.

new-order-01Music Complete” (2015) no sólo fue un retorno, sino que una reafirmación de la identidad de una banda normalmente asociada a un tiempo específico, en vez de a un sonido propio. New Order logró la trascendencia propia por generarse un espacio y una manera de disponer sus composiciones que escapara de lo que hacía el resto, sin perder de vista las tendencias dominantes. Mal que mal, es una banda de pop y el pie en el presente no debe estar ausente. El disco editado el año pasado no sólo era un retorno, sino que una muestra de la influencia que New Order tiene en la música actual, con colaboraciones muy bien pensadas, como la de Brandon Flowers en “Superheated” o de Ellie Jackson (La Roux) en tres tracks. Sin que esté esa intención, lo que se ve en New Order es un sentido de retrospectiva de su obra, la que logra mirar hacia adelante por la consciencia que hay sobre las canciones y sobre los elementos elegidos. Como una exposición en un museo, la curatoría logra dotar a ítems clásicos de nuevas lecturas y de una frescura relevante, no sólo ponderando lo histórico, sino que dejando en claro que lo antiguo con lo actual derivará en un futuro esplendoroso, incluso manifestando quienes podrían tomar el relevo.

El capítulo de esta década es uno con más claridades. Peter Hook está profitando de las marcas New Order y Joy Division con éxito, y las animosidades no están tan latentes; Gillian Gilbert volvió a la banda tras años de ausencia, los que dedicó a la crianza de sus hijos con Stephen Morris; Mute Records editó el disco en vez de una transnacional dominante, devolviéndole ese ápice de libertad necesaria a la banda para jugársela con un material que no le debía nada a nadie.

new-order-02En vivo la banda se impulsa con estas canciones, con esta novedad llena de aires conocidos, para luego mezclar su repertorio clásico y cerrar sin negar la nostalgia o, más que eso, el dolor de la pérdida. Sí, es una forma de aprovecharse de la historia y contrarrestar los vientos del futuro que se oyen, pero jamás negarán su ligazón con Joy Division, y esa mirada es necesaria para la perspectiva: en la oscuridad hay ausencia de luz, pero aun en ese escenario es posible que un halo mínimo cambie todo.

Mientras muchas muestras se encargan de dejar al pasado en el inicio, con el fin de que sea olvidado con el correr del deambular, New Order todavía se enorgullece de su punto de partida, que justamente fue un final, un big bang en la música británica y en el pop alternativo en general. A lo que estamos invitados es a ver la expansión del universo en 3D, a ver si Stephen Hawking está en lo cierto en una exhibición que, curada por Morris, Gilbert y Bernard Sumner, permite notar que la nostalgia se ahuyenta cuando el ojo y el oído son dirigidos con maestría, armando un caminar siempre hacia adelante, incluso cuando pareciera que se está mirando atrás.

Por Manuel Toledo-Campos

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1 Comentario

1 Comentario

  1. Usuario

    21-Nov-2016 en 5:29 pm

    Ver a Kraftwerk, New Order y Peter Hook en menos de una semana es una wea impensada. Dios de verdad que existe.

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Especial En Órbita 2017: Cigarettes After Sex

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Cigarettes After Sex

Un cenicero con los restos de cigarros recién apagados. Ventanas con las cortinas cerradas. Ropa interior en el suelo, en una silla, en medio de las sábanas o los cojines. ¿Solo o acompañado? ¿Luces prendidas o apagadas? ¿Imaginación, sueño o realidad palpable? Los ambientes que genera Cigarettes After Sex en sus canciones pintan imágenes complejas, ponen espejos al frente, y permiten la intermitencia entre brillantez y opacidad, porque el amor, el sexo, la soledad, y todo lo que esté entremedio, son puestos en la lupa sonora del cuarteto liderado por Greg Gonzalez.

Aunque con EP “I” (2012) habían tenido una notoriedad clara y su manera de ver al pop estaba de manifiesto, ciertamente había terminaciones que pulir y escenarios que iluminar más allá de lo teatral. En su álbum debut homónimo, salido en junio pasado, Cigarettes After Sex consigue salir de lo esquemático que podría ser su tipo de composición, y así las cosas fluyen. En vez de andar a tropiezos con las piezas de ropa que caen, todo puede ir un poco más lento, pero con más seguridad en los recursos y movidas a utilizar. En la habitación que se llena del sonido de los norteamericanos ya no es necesario tropezar al andar, porque cada movimiento tiene un impulso natural, entre un dreampop elegante y una manera oscura de plantar el ambient, entre una voz aterciopelada y bajos y ritmos profundos.

Quizás el rubro donde le falte cierta experiencia a la banda sea en las letras, que no consiguen la delicadeza que la interpretación en instrumentos y voz sugieren, pero también es parte del aprendizaje. Quizás son las palabras que se meten entre los cuerpos y que traban el correr de la sangre, que hielan las manos y convergen en la necesidad de seguir adelante, porque lo que consigue musicalmente Cigarettes After Sex no es sólo remitir a lo que ocurre en pareja, trío, o grupo de gente que se busca entre el amor, odio, lujuria y ausencia, sino que armar recuerdos que se puedan esconder en los beats de un bajo casi tan protagonista en la melodía como la voz de Greg, que entre tul y cuero sumerge las conciencias en historias sencillas, pero que conectan con el oyente.

Eso sí, lo concreto de las letras permite que haya un ancla en el mundo real. No se trata de un lugar de ensueño, donde el acto de tocar, besar, desear o amar quede restringido a acciones sin consecuencias. En las canciones de Cigarettes After Sex –y en especial en su LP homónimo– existen detalles concretos, corazones rotos (“Sweet”), ilusiones que se traducen en metáforas demasiado directas (“Opera House”) o la cotidianidad de una cama (“K”). No hay mucho que esconder cuando el olor a tabaco continúa en el dormitorio o cuando la brisa de la madrugada pega en los hombros, porque en medio de un ambiente idílico reside lo humano, a través del contacto físico y/o emocional.

A eso termina refiriendo la banda, entre un minimalismo elegante y sexy, a lo humano, a lo que puede errar, a lo que puede doler, y también a lo crudo e insensible (“Young & Dumb”), donde Gonzalez es capaz de culpar a su objeto de deseo de forma misógina por despecho, y aun así sonar como si pudiera convencer a cualquiera de seguirlo, a él y a sus palabras. El mundo de Cigarettes After Sex no es perfecto, se repleta de cenizas, ropa revuelta, olor a humo, a fluidos corporales, a alcohol, a ausencia, de dolores y palabras envueltas en rocas y cemento. El difícil terreno de lo carnal y lo ecléctico se funde en medio de imperfecciones que otorgan la calidez necesaria para que las canciones y los sonidos no se queden en axiomas vacíos, sino que realmente puedan generar una conexión significativa. Y en ese tipo de construcción narrativa y musical es que Cigarettes After Sex se ha vuelto una banda necesaria de escuchar y sentir. Bien adentro. Humanamente.

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