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Mejores discos internacionales 2019

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Por octava vez consecutiva, el equipo HumoNegro elige los mejores discos internacionales del año. Este es un trabajo que se desarrolla desde el primer día de diciembre hasta el último de noviembre entre los periodistas de nuestro medio, donde se van calificando individualmente los discos lanzados mes a mes.

En esta ocasión, pasaron más de 400 discos, quedando más de 200 en una preselección, para finalmente dejar los 50 con los puntajes más altos. Lo anterior se traduce no sólo a un ranking de lo que grupalmente consideramos los trabajos de mejor calidad en el año, sino que también en los que generaron mayor consenso. Y por el proceso aplicado, esta es una lista completamente original.

Por supuesto, los discos analizados se enmarcan en nuestra amplia línea editorial, dando como resultado un abanico de estilos. En esta lista no están considerados los EPs, registros en vivo, grandes éxitos o compilaciones.

  • No hay discos chilenos en esta lista porque a aquellos los destacamos en ESTE ARTÍCULO.
  • Si quieres ir escuchando los discos, haz clic en la gráfica o en el nombre de un álbum, y te llevará directamente a su streaming.

Chelsea Wolfe – “Birth Of Violence

Luego del impacto disonante con “Hiss Spun” (2017), Chelsea Wolfe se inclina por realizar un álbum que explora una veta nueva dentro de su carrera. Con un sello claramente introspectivo, “The Birth Of Violence” se aleja del bullicio de su trabajo anterior para enfocarse en un sonido que se reduce a lo esencial. Acompañada de su guitarra y algunos arreglos sutiles, la voz de la artista continúa llenando los espacios con una fuerza envolvente. A lo largo de un recorrido honesto, Wolfe da cuenta de su hastío con la fama y la necesidad utilizar la música como canalizador de emociones. En este nuevo disco, la artista amplía su repertorio y nutre su estatus de soberana de las penumbras.


Rammstein – “RAMMSTEIN

Nadie se esperaba un retorno así de potente. Polarizando la discusión, como siempre, Rammstein generó polémicas con su sencillo debut, criticando la “alemanidad” y los símbolos profanos de la identidad nacional, y de ahí en adelante que ese mero fósforo que ilustra la portada de este disco –hasta hace poco sin título– permitía avizorar la chispa que se volvía a encender tras una década de silencio discográfico. Ideas crujientes, una marca propia sin par, una actitud que traspasa el acto de escuchar cada track y la capacidad de convertir al rock industrial en un sonido tan pegote como el pop más infeccioso, son todos atributos de un disco que devuelve al mejor Rammstein: incendiario, excesivo e innegable.


Russian Circles – “Blood Year

Los oriundos de Chicago llegan con un disco que se desprende de clichés para elaborar una especie de banda sonora para los turbulentos tiempos que vive el mundo. Aunque el vaivén sonoro que suele utilizar el trío está presente en cada momento, es la forma en que se van relatando las melodías lo que hace de “Blood Year” un imprescindible dentro de su catálogo, entregando composiciones sólidas y de carácter fuerte, mientras explora los terrenos más oscuros en lo musical. Fuera de que, evidentemente, no ofrezca mayores novedades en torno a una banda que ya opera bajo una fórmula estudiada, este LP demuestra es el constante crecimiento que el conjunto ha adquirido con los años.


Iggy Pop – “Free

No deja de ser increíble que, después de más de cincuenta años de carrera musical, Iggy Pop siga con deseos de desafiarse a sí mismo. No conforme con haber grabado discos de proto punk, new wave, electrónica y otros estilos, en esta oportunidad el padrino del punk nos regala un álbum de cargada identidad jazz y abierto ánimo introspectivo, que por supuesto deja espacio para que Iggy juegue a ser Iggy, pero que por sobre todas las cosas destaca por el delicado trabajo en los paisajes sonoros y la fantástica calidad interpretativa de un James Osterberg a esta altura totalmente graduado de crooner. No es lo que nos esperábamos de él, pero es un gusto ver cómo todavía puede sorprendernos.


Lagwagon – “Railer

Como si fuera su primer disco. Así de vivo y urgente se sigue escuchando Lagwagon a la altura de su noveno álbum de estudio. En poco más de treinta minutos, los californianos se anotaron un disco casi perfecto, celebrando lo mejor del skate punk de antaño, intercalando momentos de energía más pesada, dejando espacio para reírse de ellos mismos y, además, regalándonos un nuevo punk cover para agregar al catálogo de joyas resucitadas por el estilo. Todo esto gracias a un Joey Cape que sigue sonando increíble en los vocales, una base rítmica que parece no aflojar nada con los años y un par de genios en las guitarras que todavía tienen lo necesario para salir a romper tímpanos. Un verdadero misil.


Soilwork – “Verkligheten

El reciente álbum de Soilwork fue una de las primeras sorpresas del año. Lanzado a principios de enero, los insignes representantes del metal escandinavo ofrecen en “Verkligheten” nuevamente un trabajo que refleja los elementos propios de la escena de esa región del mundo: voces que se intercalan entre lo melódico y gutural, guitarras contundentes y vertiginosas, junto a las constantes melodías inspiradas en el folclor nórdico. La energía en sus distintos niveles es el norte de este álbum, donde se destaca la velocidad en canciones como “When The Universe Spoke”, o el ímpetu épico y armonioso de “Full Moon Shoals”, entregando de manera proporcionada un disco intenso y sólido.


Tool – “Fear Inoculum

Quizás el regreso al estudio más esperado de la última década fue el de Tool, tras 13 años del lanzamiento de su antecesor. Ceñido al característico estilo de la banda, el LP cumple con creces en términos de calidad técnica y sonido. Si bien, no es tan arriesgado o innovador como los anteriores, el disco es capaz de lograr una continuidad tanto en términos melódicos como líricos, cristalizando las expectativas de sus fanáticos. Sus intrincados y cuidadosos arreglos son piedra angular de su cohesivo hilo conductor, que incluye guiños orientales, especialmente en percusión, e hipnóticos patrones rítmicos, confirmando la perfecta amalgama que solamente el cuarteto californiano puede lograr.


The National – “I Am Easy To Find

Apenas terminaba el ciclo de su exitoso “Sleep Well Beast” (2017) cuando The National se aventuraba en lo que sería una de sus obras más coherentes en cuanto a música y concepto. Tomando una narrativa que aborda una serie de vivencias cotidianas, la banda ejecuta sentidas melodías y abstractas oraciones guiadas por el dolor y la melancolía, siempre bajo la dirección musical de los hermanos Dessner y la inconfundible lírica del matrimonio de Matt Berninger y Carin Besser. Sin la necesidad de encumbrarse como su mejor álbum, “I Am Easy To Find” prefiere ser una obra netamente de contexto, demostrando el gran momentum creativo que el conjunto atraviesa desde hace varios años.


Anderson .Paak – “Ventura

Luego del éxito de su segundo disco, “Malibu” (2016), el artista norteamericano Anderson .Paak ha forjado un prolífico camino por las múltiples vertientes de la música negra. Al igual que muchos músicos de su generación, Brandon Paak Anderson recoge los tonos cálidos del soul, el R&B y el funk para interpretarlos bajo una visión contemporánea, muy emparentada a lo que se conoce como “urbano”. En “Ventura” (2019), .Paak va perfeccionando una fórmula que cautiva desde el comienzo. Acompañado con excelentes colaboraciones, tales como André 3000, Lalah Hathaway o Nate Dogg, la placa profundiza con solidez esta mixtura suave y dinámica en formato neo soul.


The Yawpers – “Human Question

A veces no es necesario complejizar la apuesta para tener buenos resultados. Hace dos años el power trio de Colorado nos regaló un excelente y complejo trabajo de estudio que, teniendo suficientes méritos musicales, terminó alejando más que acercando a sus seguidores. En esta oportunidad, el conjunto decidió dar vuelta la página y volver a jugársela por lo que saben hacer mejor: crear canciones directas, llenas de rock blues de alto octanaje, a ratos pantanoso y garajero, a ratos calmado y por momentos desatado y explosivo. No hay secretos ni dobles mensajes en estos 37 minutos de buen rock. Pianos, coros sentidos, saxo y guitarras; simple y grandioso al mismo tiempo.


Thank You Scientist – “Terraformer

Thank You Scientist es un proyecto progresivo en el más amplio sentido de la palabra. Generando una mezcla original, la banda reúne elementos del jazz, el rock progresivo de los setenta y la rítmica del math rock. Dicha combinación ofrece en “Terraformer” un resultado que suena con originalidad, dentro de un terreno donde pareciera estar todo hecho. Pese a la complejidad técnica, el septeto ejecuta canciones que se preocupan por ser accesibles. A modo de ensamble, la banda va más allá de la clásica formación de rock, incluyendo bronces y cuerdas, nutriendo así una propuesta que se desarrolla como un viaje interesante e inteligible, pese a sus pretensiones.


Julia Kent – “Temporal

Las características del cello lo hacen un instrumento único, que en tiempos versátiles como estos gana muchos adeptos, pero también ha hecho notar el espectro de cuándo su sonido es bien utilizado y cuándo no. Julia Kent, de fama anterior con Rasputina y Antony And The Johnsons, en su sexto trabajo como solista evita desperdiciar compases o capas y, en vez de eso, consigue mezclar sus impulsos techno y góticos para derivar en piezas complejas, construidas con maestría e intención. Usando la repetición de líneas que dialogan unas con otras de forma eficaz, trenzando arpegios, notas planas y progresiones, Julia Kent muestra en “Temporal” su madurez y creatividad en pleno.


Jay Som – “Anak Ko

En vez de operar desde la timidez o lo opaco que podrían sugerir los arreglos minimalistas y cálidos clásicos del indie y el dream pop, Jay Som exuda confianza en el cariño que le muestra a sus canciones. Ese es el ingrediente clave para que un disco como este –que en manos de tantos hubiera quedado en la intrascendencia– termine siendo uno de los trabajos más atractivos y disfrutables del año. “Tenderness”, “Get Well” o “Superbike” dejan en claro el amplio abanico creativo de la artista norteamericana de origen filipino, en un álbum que, tal como sugiere su título (“mi niña” en el dialecto tagalo, que es como le dice su madre), evoca sensaciones de acogida, humildad y mucho, mucho amor.


Better Oblivion Community Center – “Better Oblivion Community Center

Levemente centrado en el concepto del bienestar, este LP deslumbra con una efectividad y simpleza que condensa muy bien la forma en que Phoebe Bridgers y Conor Oberst trabajan en cada uno de sus proyectos. Bajo una armonía amable y canciones que destacan la calidad vocal de ambos, “BOCC” es una ráfaga de frescura con una impronta multifacética, tomando estridentes guitarrazos con delicados acordes más acústicos en un disco que prácticamente no tiene puntos bajos. En la simpleza muchas veces se encuentran los detalles, y con sus pegajosos coros y melodías el dúo consagra un excelente trabajo colaborativo mediante diez canciones y un recorrido musical por diferentes estilos y texturas.


La Dispute – “Panorama

Tomando distancia del sonido estridente, explosivo y directo que caracterizó a “Wildlife” (2011), el cuarto álbum de La Dispute se articula bajo una producción primordialmente sutil. Pese a que el motor del conjunto continúa situado en canalizar emociones intensas, “Panorama” concadena las canciones para llegar al clímax de un modo paulatino. Pasando por momentos que van desde la melancolía al júbilo, las palabras de Jordan Dreyer son un relato tremendamente personal, y están cargadas de una interpretación potente y apasionada. La última obra de La Dispute es un álbum luminoso, con una composición delicada y minuciosa, generando esta dicotomía de sentimientos donde resalta un aire estilizado.


Marika Hackman – “Any Human Friend

Con el lanzamiento de su tercer LP, Marika Hackman vuelve a las pistas con un cambio de sonido y una lírica mucho más explícita y sincera, desmarcándose de la línea desenchufada que la hizo famosa en sus primeros trabajos. Lleno de matices en términos sonoros, el disco juega con la contraposición de melodías suaves y de corte acústico con otras más bailables y llenas de poder electrónico. En cuanto a las letras, Hackman continúa con la senda que comenzó con “Boyfriend” dos años antes, aportando una narrativa más gráfica y audaz al abordar temas desde el punto de vista de una mujer queer en el plano emocional y sexual, tales como el amor en pareja, la masturbación femenina y la fragilidad mental.


B Boys – “Dudu

La ansiedad no da tregua, y es hasta peor cuando alguien intenta calmar un sentimiento tan individual. El impulso y la entropía de esta sensación es parte de los principales motores de uno de los discos con mejor dinámica de 2019, “Dudu”, el segundo LP del trío neoyorkino B Boys. En vez de apuntar al acto de acotar o pulir su sonido, la energía del grupo destila mayores cuotas de angustia, alegría y necesidad de escapar del aburrimiento lógico de los tiempos en tracks como “Pressure Inside” o “I Want”, sin abandonar jamás un sentido de urgencia que inunda el disco (a veces en su detrimento), ahogando la sobrecarga de responsabilidades de la vida contemporánea en sonidos excesivos y directos.


FKA twigs – “MAGDALENE

Una relectura a la figura de María Magdalena hizo que FKA twigs se replanteara también la forma en la que la historia es contada. No sólo la narran los ganadores, sino que también ellos son hombres. ¿Cuántas construcciones culturales han aprisionado a las mujeres y cuán extenso es el efecto de este control patriarcal sobre las relaciones hoy? La artista intenta averiguar pistas en su interior y alrededor para resolver esta interrogante, en canciones con texturas futuristas, lúgubres, preciosas y de un R&B lleno de giros y peripecias, con colaboración del productor Nicolas Jaar, generando un trabajo tan del presente como de las ancestras, cuyas auras parecen inundar un álbum impactante.


Sharon Van Etten – “Remind Me Tomorrow

La cálida voz de Sharon Van Etten se destaca por adoptar una estampa propia dentro de la figura del cantautor. En esta ocasión, la artista ofrece un trabajo enmarcado entre sintetizadores y ritmos etéreos, los que sumados a su color vocal entregan un disco de personalidad elegante. La contemplación de “I Told You Everything” convive a la perfección con las composiciones de un ritmo más punzante, tales como “Comeback Kid” o “No One’s Easy To Love”, o aquellas de aire onírico, como “Memorial Day”. “Remind Me Tomorrow” es una obra que se destaca por la sutileza de un pop que viaja por distintas variantes con absoluta naturalidad.


The Divine Comedy – “Office Politics

Aunque a Neil Hannon se le reconoce mucho por su capacidad melódica y su tendencia a cantar sobre amores, tragedias o historias, también su retórica se sirve mucho de aquello que se encuentra bajo la alfombra, barrido como todo lo sucio en la cotidianidad. Es en lo más rutinario que se sirve para crear el álbum más variopinto en estilos musicales de The Divine Comedy, desde una electrónica kraftwerkiana hasta su lado pop orquestal más clásico, siempre manteniendo la consistencia prístina de su concepto: ahondar en las dinámicas del trabajo de oficina y quienes lo disfrutan, sufren y viven. Una especie de “The Office” hecho disco, convirtiéndolo en un improbable espejo para el oyente.


Stella Donnelly – “Beware Of The Dogs

En la naturaleza minimalista, de arreglos tenues y letras directas del debut de la artista australiana, está la fortaleza de un mensaje poderoso. El manejo de las historias ajenas y propias en canciones como “Tricks” o “Mosquito” le otorga una singularidad que es un bien preciado en tiempos de homologaciones forzosas. También ayuda mucho la capacidad de disponer de la plataforma de una canción para apuntar a los abusos contra las mujeres por la masculinidad tóxica (“Boys Will Be Boys”) o a lo cerdo que pueden ser los hombres más viejos (“Old Man”), todo en composiciones desarrolladas en la medida justa para poner a Stella en el centro de todo, firmando un primer disco único, como debe ser.


Kate Tempest – “The Book Of Traps And Lessons

En tiempos complejos, el arte cumple un rol activista. Así lo entiende la rapera británica Kate Tempest en “The Book Of Traps And Lessons”, quien, además de dar una mirada profundamente crítica a la Inglaterra del Brexit, añade un carácter casi pedagógico a una propuesta que se acerca más a la poesía que al hip hop. Mediante una prosa que transmite fuerza y emotividad, Tempest pone en conflicto el estado actual de la sociedad de consumo. Desde las consecuencias de una economía depredadora, hasta los signos de un estilo de vida individualista, el disco expone la crisis estructural de un modelo que se derrumba en distintas partes del mundo.


The Flaming Lips – “King’s Mouth: Music And Songs

En tiempos donde los singles le ganan cada día más terreno a los discos como formato musical, atreverse con un álbum conceptual es una jugada que siempre merece ser aplaudida. Para su decimoquinto larga duración, The Flaming Lips juega a empujar sus propios límites y decide encantarnos con la surreal historia de un bebé gigante destinado a ser rey y sacrificar la vida por su pueblo. El disco alterna espacios destinados al relato (a cargo del ex The Clash, Mick Jones) con otros donde el conjunto se avoca a construir un mundo cargado de psicodelia y sinfónica majestuosidad. Sencillo y entrañable en igual medida, “King’s Mouth: Music And Songs” vuelve a posicionar a Coyne y sus muchachos en el sitial que merecen.


The Raconteurs – “Help Us Stranger

Dejar de lado cualquier regla preestablecida es algo que le sienta muy bien a Jack White, por lo que un trabajo como el tercer disco de The Raconteurs resulta extraño a primeras por su estructura tan convencional. En “Help Us Stranger” nos encontramos con el disco más efectivo y mejor logrado del conjunto, optando por una toma de decisiones muy inteligente en pos de su desarrollo y comprendiendo muy bien el espíritu del rock norteamericano más puro, descifrando y reinterpretando códigos de carácter más clásico en canciones que podrán parecer de estructura simple, pero que gozan de una impecable producción para realzar cada uno de sus elementos sin sonar monótono o copiado en el proceso.


Lana Del Rey – “Norman Fucking Rockwell!

Norman Rockwell fue uno de los pintores que mejor reflejó la cultura estadounidense, por ello no es extraño que una artista obsesionada con la representación de lo “americano” como es Lana Del Rey lo haya tomado como referencia bibliográfica para el que es su mejor disco a la fecha. Corajudo, exigente, divertido y sensual, el quinto LP de la artista permite que su voz suene mejor que nunca, con decisiones estéticas prístinas a lo largo del extenso trabajo que también tiene en sus letras un activo que no sólo pone a la sociedad estadounidense en la lupa, sino también a su propia historia, con honestidad, sátira y excelencia por doquier.


Angel Olsen – “All Mirrors

Si bien, desnudar el alma no es una tarea desconocida para Angel Olsen, la artista lo lleva a un nivel más profundo y oscuro en su cuarto LP. En él la cantante se posiciona como figura de la escena indie, incluyendo guiños orquestales al pop barroco y una influencia notoria de synth-pop. De principio a fin, la instrumentación precisa y su ecléctica voz permiten al oyente viajar desde la penumbra en su inicio hacia la esperanza en su ocaso. Sus letras contienen una carga emocional variada e importante, pasando de la tristeza a la rabia, de la melancolía a la introspección y la resiliencia, acoplando cada sentimiento a la perfección con descriptivas y envolventes melodías.


Karen O & Danger Mouse – “Lux Prima

La esencia misma de “Lux Prima” se extrae de la confluencia de dos mentes artísticas. Por un lado, la frontwoman de Yeah Yeah Yeahs, Karen O, y por otro el reconocido productor Danger Mouse; juntos dan como resultado a una de las colaboraciones más interesantes del año. Destacándose por su sonido refinado, la voz brillante de Karen lanza susurros que nutren de fuerza, protagonismo e identidad propia al proyecto. En cuanto al rol de Brian Burton, la experimentación en sintetizadores y un sonido primordialmente reverberante son los cimientos de un disco que viaja por diversos caminos sonoros. Un trabajo que destaca por su equilibrio minucioso.


Vampire Weekend – “Father Of The Bride

Tras seis años de silencio discográfico y con uno de sus genios creativos fuera de la banda, Vampire Weekend no la tenía fácil. Por fortuna, “Father Of The Bride” logra sin problemas su cometido. Se podrán decir muchas cosas de este álbum (que es muy largo o desordenado), sin embargo, hay que reconocer que se trata de un disco jugado, entretenido y luminoso, que se atreve a explorar nuevos terrenos sonoros (country, flamenco disco, lounge, duetos), al mismo tiempo que se las arregla para mantener intacto el sello musical de la banda. No es un paseo perfecto, no obstante, la declaración de intenciones es gigantesca. El conjunto sigue teniendo varios ases bajo la manga por jugar.


PUP – “Morbid Stuff

Lo de PUP a esta altura se está transformando en costumbre. No sólo han firmado un catálogo prácticamente impoluto, sino que además se han dado maña para desarrollar una marca sonora única (que al final del día es lo que hace la diferencia entre una banda del montón y otra que logra instalarse en el imaginario colectivo con identidad propia). “Morbid Stuff” explota lo mejor del pop punk rabioso y angustiante que hasta acá han venido entregando los de Toronto y, al mismo tiempo, se aventura a explorar terrenos más duros en lo musical (“Full Blown Meltdown”) y otros de abierto ánimo confesional (“Free At Last”), subiendo aún más la apuesta a una propuesta que ya venía siendo excepcional.


Mike Patton & Jean-Claude Vannier – “Corpse Flower

Cuando dos mundos colindan, es esencial comprender contextos completamente opuestos. “Corpse Flower” es ejemplo de eso, con Jean-Claude Vannier y Mike Patton alcanzando originalidad mediante tracks que van yuxtaponiendo diferentes elementos, moviéndose cada uno en su mundo, y encontrándose en líricas retorcidas y melodías de una precisión quirúrgica. Una unión como esta podría haber resultado un fracaso en distintos niveles, pero la maestría que ambos poseen permite que puedan convivir de manera plena para alcanzar un objetivo final. Tal como la entrañable belleza de la flor que le da nombre, la música tiene su encanto dentro de estructuras elegantes y un espíritu totalmente pendenciero.


LIFE – “A Picture Of Good Health

Con “Popular Music” (2017) el cuarteto inglés ya había demostrado que era capaz de anotarse buenos temas, sin embargo, que se despacharan un disco así de redondo a tan sólo dos años de su debut fue toda una sorpresa. Los oriundos de Hull definitivamente no estaban para perder el tiempo y salieron decididos a romperlo todo con tal de entregar su furibundo e inteligente mensaje. Cuotas precisas de post punk, neo psicodelia, krautrock, un bajo demoledor y vocales que parecen salir directo del estómago de Mez, terminaron transformando a “A Picture Of Good Health” en un manifiesto maldito, de esos que miran a la cara y, de ser necesario, la escupen para sacar de la inercia. Imperdible.


Billie Eilish – “WHEN WE ALL FALL ASLEEP, WHERE DO WE GO?

Cuando se dice que está todo inventado, los riesgos siempre se agradecen, por lo que la irrupción de Billie Eilish en el panorama musical es una apuesta no sólo en términos estéticos, sino que también musicales. Ya con la fama adquirida con su anterior EP y uno que otro lanzamiento, la artista logra dar rienda suelta a una propuesta estrictamente elaborada por ella junto a su hermano Finneas, mezclando una serie de ritmos y elementos para articular uno de los álbumes más transgresores del pop actual. Uno que, si bien está dominado por las fórmulas repetidas y figuras prefabricadas, encuentra en la joven californiana una propuesta refrescante, personal y, sobre todo, muy honesta.


Jambinai – “ONDA

Más allá de la hegemonía del k-pop, Jambinai se posiciona como un proyecto de origen coreano que recoge elementos tradicionales desde una perspectiva contemporánea. El uso de instrumentos musicales propios de su folclor hace de “ONDA” una obra inusual para oídos occidentales. Por otro lado, la composición de canciones con una base instrumental sólida ofrece guiños cercanos al post rock como segunda pieza de una fórmula única; el resultado final gravita por atmósferas intensas, voces cristalinas y pasajes apoteósicos. Con la misma firmeza de una montaña, la última placa de Jambinai ofrece una valiosa relectura a sus tradiciones musicales.


Kim Gordon – “No Home Record

Haber sido parte de una de las bandas de rock más influyentes de los últimos cuarenta años, no impidió que en la actualidad Kim Gordon se despachara uno de los discos más vanguardistas que golpeó la escena este 2019. Se trata de nueve canciones de naturaleza oscura y claustrofóbica, que, si bien gozan del sello noise característico de Gordon, están dedicadas por completo no sólo a la fusión de estilos (hip hop industrial, post punk, tecno), sino que también a una desvergonzada exploración instrumental y vocal. El resultado es un cóctel caótico, desafiante y definitivamente adictivo. Probablemente un álbum que tome tiempo terminar de entenderlo en toda su dimensión.


Swans – “leaving meaning.

Luego de 14 discos de estudio, la banda liderada por Michael Gira suma un épico nuevo álbum. El LP de más de hora y media se empecina en llevar más allá el concepto de experimentación, con hipnóticos esquemas rítmicos que evolucionan hacia un ritmo más folk que sus antiguos trabajos. Sin embargo, ello no aplaca la intensidad ni oscuridad característica del grupo. Además, la larga lista de colaboraciones le da un especial toque, con nombres de artistas que van desde Baby Dee y el dúo A Hawk And A Hacksaw hasta antiguos miembros de la agrupación. La voz de Gira merece mención aparte: sus matices y potencia fascinan canción tras canción, lo que reafirma que Swans está lejos de colgar los guantes.


Gruzja – “Jeszcze Nie Mamy Na Was Pomysłu

Alejados de la hegemonía clásica de la música angloparlante, Gruzja es de aquellas rarezas dignas de destacar. Pese a los límites que impone la barrera idiomática, “Jeszcze Nie Mamy Na Was Pomysłu” expresa de manera bastante concreta el concepto estético de la banda. Valiéndose de sonidos gélidos y oscuros, propios de la región europea oriental durante el underground de los ochenta, Gruzja entrega un disco feroz y crudo, el que se reparte entre la agresividad del black metal y lo sombrío del post-punk en parte iguales, entregando una mirada que encuentra los puntos comunes de esta mixtura. El segundo disco de Gruzja es una obra que, independiente del idioma, posee una impronta cavernaria y cautivadora.


Little Simz – “Grey Area

Llegó el momento de graduar a Little Simz. Después de años jugando a ser la joven promesa del rap inglés, pero errando el objetivo cada vez que quería dar el salto a las grandes ligas, pareciera que Simbi Ajikawo finalmente encontró ese punto donde la ansiedad dejó de ser un problema y se transformó en una motivación. Lúcida, confiada y haciendo gala de sus excepcionales destrezas como MC, Little Simz nos regala un álbum que elude con inteligencia los clichés del género, privilegiando los instrumentos en vivo por sobre los samples y arrasando en lo musical con una propuesta sonora que apuesta permanentemente a cambiar de velocidades y estilos. Conciso y efectivo, un verdadero deleite.


Aldous Harding – “Designer

Menos intensa, entregándose al absurdo con mayor libertad y consiguiendo que cada track fluya como se le antoja a la canción, Aldous Harding no abandona lo oblicuo de cada trayectoria, jamás tomando la ruta fácil. En “Designer” la neozelandesa jamás luce en control total de este cuadro abstracto, pero eso le permite lucir con confianza y arrojo como pocos trabajos en el año. “The Barrel”, “Pilot” o “Fixture Picture” son composiciones desarrolladas para estar abiertas, como galerías exhibiendo obras de arte, más allá de un disco, pero no olvidando lo exquisito que puede sonar la música bien hecha. Lo abstracto de este trabajo exige, no entregando respuestas, pero sí sensaciones sin par.


Weyes Blood – “Titanic Rising

El mundo puede acabarse en cualquier momento, pero eso no significa que la belleza del aguante culmine. A ese tránsito entre amores, odios, luces y sombras es al que Natalie Mering le canta en su cuarto disco como Weyes Blood. En vez de quedarse en la exquisita chance de que el brillo de la orquestación o el pop bien hilvanado encandilen al oyente, Mering entiende cómo lo relevante es el significado de las emociones y cómo eso puede darle el toque de atemporalidad que requieren canciones como “Movies” o “Andromeda”. “Titanic Rising” opera como un canto a respirar en medio de un ahogo, y a la belleza de sobrevivir a la falta de humanidad reinante en el cotidiano.


The Claypool Lennon Delirium – “South Of Reality

Ya nos habían regalado un tremendo álbum hace un par de años, en lo que parecía ser más una anécdota que un proyecto a seguir. Por suerte, el dúo decidió ir por más, sumando un nuevo capítulo a esta historia. Los 47 minutos de “South Of Reality” vuelven a deleitarnos con esa fantástica fórmula que combina paisajes de delicada textura sonora con la cuota justa de psicodelia desenfrenada. El equilibrio que alcanza Claypool y Lennon es tan dinámico y original, que aun cuando la mayor parte de los cortes del álbum superan los cinco minutos, el viaje es realmente irrenunciable. Probablemente de las mejores colaboraciones que se han anotado un par de discos en los últimos años.


Waste Of Space Orchestra – “Syntheosis

Uno de los viajes más fascinantes dentro del panorama metal de este año es lo que ofrece el proyecto Waste Of Space Orchestra. Reuniendo a miembros de la banda Oranssi Pazuzu con otros músicos del circuito finlandés, el colectivo entrega en “Syntheosis” un recorrido por los rincones más oscuros del sonido espacial. Las atmósferas del álbum reúnen con audacia y éxito vertientes tan dispares como el black metal y el rock sicodélico, o el doom con lo progresivo. La mezcla atípica se sustenta en envolventes frecuencias de bajo y sintetizadores, junto a distintos colores vocales y ritmos monolíticos. Una apuesta excéntrica en todo ámbito, que se atreve a tomar riesgos y experimentar en el imaginario de lo oscuro.


Otoboke Beaver – “Itekoma Hits

Japón es cuna de cruces poco convencionales, de eso no quedan dudas, pero siempre habrá bandas que saben cómo echar por la borda cualquier idea preconocida con su música y entregar obras plagadas de clichés, y a la vez absolutamente novedosas. El perfecto ejemplo lo hace Otoboke Beaver con “Itekoma Hits”, un disco que bebe desde muchas vertientes, empapándose sin mayores preocupaciones de todas ellas. Cuando las idols y boy bands juveniles son lo primordial en el panorama musical asiático, encontrar un disco que pueda mezclar hardcore, punk y noise con una soltura y actitud tan segura como en este, es porque no importa cuánto lo intentes, siempre un japonés sabrá hacerlo mejor.


Lingua Ignota – “CALIGULA

Discos como este permiten replantear el rol de la música como un instrumento que trasciende el simple arte de interpretar melodías. En “CALIGULA”, la canadiense Krystin Hayter entrega el capítulo más personal de su proyecto Lingua Ignota, con una obra que pasa por el metal, la música sinfónica, la ópera, el noise y un sinfín de estilos, en un trabajo horripilante, inquietante y oscuro en su vereda sonora, pero sentido, frágil y delicado en sus momentos más íntimos. Como un canto de guerra contra el machismo, “CALIGULA” es un disco que enfrenta, desestabiliza y deconstruye, generando la inquietud necesaria ante una realidad que se mantiene invisibilizada, encubierta y más vigente que nunca.


Baroness – “Gold & Grey

Después de doce años explorando la senda de los discos cromáticos, Baroness decidió cerrar esta etapa con un álbum que confirma que lo del cuarteto es de un nivel abiertamente excepcional. Los sesenta minutos que dan vida a esta entrega son prueba del crecimiento musical de un conjunto que ya no es sólo capaz de deslumbrar desde la vereda del sludge y el stoner metal, sino que además se aventura a explorar lo mejor de estilos como el rock progresivo, el space rock e incluso el krautrock, sin perder un ápice de coherencia. Con una consistencia instrumental que sólo ha sabido crecer con los años “Gold & Grey” se alza como uno de esos álbumes que es un deber escuchar.


Michael Kiwanuka – “KIWANUKA

El “síndrome del impostor” es algo que aquejó a Michael Kiwanuka, por ello parte de sus desafíos era no dejar que su falta de ego le quitara experiencias en la creación o en el escenario, y como un acto de fe le puso su apellido al proyecto detrás de su tercer disco. Esta disposición a tener una mayor confianza en sus aptitudes se tradujo en un álbum más desafiante, urgente, atractivo y celebratorio como nunca había hecho una de las voces más únicas del soul en estos tiempos. “KIWANUKA” funciona como un todo y también en sus canciones por separado, donde la autoafirmación es algo clave frente a las injusticias, dificultades y absurdo de aquello que nos rodea.


Thom Yorke – “ANIMA

En medio de un prolifero momento creativo, el también frontman de Radiohead aborda el concepto general de la sociedad para entregar su tercer álbum como solista, donde un relato a través de la vertiginosa vida urbana hace de “ANIMA” una experiencia que desafía la emocionalidad humana, incorporando interrogantes sobre una base metafórica y dentro de un frío y distópico contexto como ambientación general de su concepto. Siempre en la vereda de los beats, el músico lleva los ritmos a un lugar diferente a la pista de baile, privilegiando instrumentos programados con uno que otro atisbo de humanidad, generando así las confrontaciones necesarias para un relato lleno de atributos extra musicales.


Fontaines D.C. – “Dogrel

Álbum debut con sabor a clásico. Desde las primeras notas que dan vida a “Dogrel” queda clarísimo que este trabajo goza de una energía especial. Caustico, visceral, directo y con un espíritu abiertamente punk, el larga duración apuesta a musicalizar el descontento y las desventuras a las que hay que sobreponerse cuando no se nace siendo parte de la elite. Para ello, el quinteto de Dublín combina con éxito una oferta sonora que va desde el post punk al new wave pasando por el glam rock, haciendo así de cada track una aventura única y cautivadora. Toda la razón tiene Grian Chatten en “Big” cuando confiesa “mi infancia fue pequeña, pero yo voy a ser grande”. No cabe duda de eso.


Slipknot – “We Are Not Your Kind

El ligar un estilo musical a un tiempo determinado es un error, pensando en cómo el revisionismo permite que ciertos sonidos vuelvan y se sientan frescos. También cerrarse a la temporalidad de la música evita notar con los sentidos abiertos cómo hay artistas y bandas que pueden reinventarse y voltear la tortilla a su favor, y eso es lo que con maestría logró Slipknot. Con inteligencia, valentía y mucha fuerza, “We Are Not Your Kind” es un triunfo para el rock y el metal, pero también lo es para un grupo de artistas tantas veces encasillados en su legado en vez de ser adulados con justicia por la capacidad de seguir generando parte del material más excitante e innovador en el género.


Black Midi – “Schlagenheim

La fuerza de “Schlagenheim” es un torrente caótico y destructivo. A punta de experimentación, estructura heterodoxas y catarsis, Black Midi se consignó como una de las grandes revelaciones de este año. En tiempos donde las expectativas no están orientadas a las guitarras, el conjunto londinense ofrece una propuesta de rock en estado visceral. Tomando nota de movimientos vanguardistas, como el no wave y el noise rock, el álbum cambia de intensidades con total fluidez, cuyas máximas son la preocupación por los compases repetitivos, letras que viajan entre los mensajes crípticos y el desencanto social, junto a un prolijo manejo de la tensión. Un ejemplar que resulta atractivo dentro de su excentricidad.


Nick Cave & The Bad Seeds – “Ghosteen

El 17º disco del conjunto parece alejarse de un sonido “de banda”, pero esto le permite a Nick Cave dar con sus letras más personales a la fecha. Si “Skeleton Tree” (2016) disponía en el sonido un pesar y una oscuridad brillantes, en “Ghosteen” la premisa es que se escuche qué dice Nick, cómo lo dice, cómo lo canta y cómo lo siente. En vez de que la batería o una pléyade de guitarras muestren el poder, es Nick Cave el que arrasa con su mezcla entre control, vulnerabilidad, misterio y sinceridad, en un álbum doble donde se confronta a las nociones de origen para luego abordar qué ocurre con los finales. “Ghosteen” es un trabajo coral, donde Cave practica con excelencia la empatía, entendiendo los dolores del mundo, comprendiendo cómo la memoria es un arma efectiva para la compañía, y también que nadie está olvidado, porque sin memoria no hay historias. El sonido del disco responde a la intimidad que destilan las letras y el desgarro de la interpretación vocal. Nick se hace acompañar de Warren Ellis, consiguiendo una obra de arte dedicada a la pena y la esperanza. La idea de lo injusto que es tener una pérdida se erradica, convirtiéndola en valor, en contención y en un acto de continuidad que sana y salva.


Ránking y textos por Manuel Cabrales, Javier Pérez, Manuel Toledo-Campos, David Martínez, Francisca Miranda y Claudio Tapia.


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Los discos de Bob Dylan

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Bob Dylan Discos

El 24 de mayo de 1941 en Duluth, Minnesota, nace Robert Allen Zimmerman, más conocido como Bob Dylan, uno de los músicos más trascendentes de la escena folk, rock y blues de los 60 y 70. Figura difícil de atrapar, enemigo de los rótulos y eterno héroe de las letras, ha dado vida a una carrera incombustible, plagada de himnos grabados a fuego en el imaginario colectivo.

Como buen artista con más de cinco décadas de carrera en el cuerpo, es poseedor de un catálogo discográfico gigantesco, que muchas veces puede ser abrumador cuando uno desea aproximarse a su obra. Con esto en mente, y a manera de celebrar su figura en el momento en que cumple años, hemos querido compartir con ustedes un ranking de los larga duración de estudio del cantautor, partiendo por sus trabajos menos afortunados para luego cerrar con sus obras maestras. Como todo ranking, el orden de los discos tiene un carácter subjetivo y sin duda debatible, por lo que, más que centrarse en el lugar de cada álbum, nos gustaría que disfruten el recorrido tanto como lo hicimos nosotros.

39°

Knocked Out Loaded (1986)

El quinto disco lanzado por Dylan en los ochenta se ubica justo al medio de su peor racha. Las críticas a este álbum no pasan por las canciones incluidas; de hecho, el tema encargado de abrir el álbum es tremendamente efectivo, a pesar de su evidente sencillez. El problema con este disco tiene que ver con su cantidad de puntos bajos. La mezcla de estilos es difícil de entender (pasando por blues rock, pop y reggae), la instrumentación tiene una energía pobrísima y buena parte de los giros sonoros por los que apuesta Bob para ganar intensidad rayan abiertamente en lo cliché (el coro de niños en “They Killed Him” es el ejemplo más claro de eso). Sin duda, de los pocos discos de Dylan que uno podría elegir ignorar.


38°

Down In The Groove (1988)

Definitivamente, la segunda mitad de los ochenta no fue un buen período para Bob. Como a muchos artistas que hicieron el tránsito desde los 70, la firma musical de esta nueva década terminaría pasándole por arriba, llevándolo a perder buena parte de su propia identidad sonora. El álbum número veinticinco de Dylan tiene la particularidad de haber reunido un número gigantesco de colaboradores, incluyendo a Eric Clapton, Jerry García, Steve Jones y Paul Simonon, entre otros, y pese a sus tremendos pergaminos, terminaría dando vida a un deslavado set de pop folk genérico que, como muchos de los discos menos afortunados de Bob, se deja escuchar sin problemas, pero tiene poco o nada para llevarse con uno.


37°

Empire Burlesque (1985)

Muchos discos de Dylan tienen la particularidad de dejar clarísimo de qué se va a tratar el con sólo escuchar el primer tema. Es el caso de “The Times They Are A-Changin’”, “Highway 61 Revisited” y, desafortunadamente también es cierto, con “Empire Burlesque”. Los 46 minutos de música de este álbum califican dentro del pop más plástico que alguna vez le veríamos al artista. La estructura de casi todos los temas es increíblemente predecible, la instrumentación es arquetípica hasta el hastío y, lamentablemente, hasta algunas de las letras (habitualmente su escudo invencible) son desechables. De todas las trilogías que firmó Bob, este álbum da inicio a la más baja de ellas.


36°

Saved (1980)

Segundo disco de la trilogía cristiana. Más allá de las críticas que pueden existir respecto a la originalidad de la oferta musical y de lo “poco desafiante” del contenido narrativo de algunos tracks, lo cierto es que el nivel de entrega que alcanza Bob en estos discos es ciertamente destacable. Cada uno de los cortes de este álbum tiene a Dylan abiertamente dejándolo todo. Sin ir más lejos, la canción que da título al álbum es increíblemente cautivadora, lista para convertir al más recalcitrante de los ateos. Maravillosos pasajes de gospel, precisos acompañamientos vocales y toneladas de intensidad hacen de este trabajo un álbum con el que uno podrá no congeniar, pero que ciertamente tiene grandes momentos.


35°

Self Portrait (1970)

El primer disco de Dylan basado básicamente en versiones (fuera de su álbum debut) exige una mirada abierta. Para empezar, el mismo Dylan ha afirmado que se trató de una humorada, un álbum destinado a bajarle los humos a la gente que insistía en verlo como una figura mesiánica. En ese sentido, es fácil entender lo descuidado del registro, cuyo principal problema es lo desordenado que es. Bob transita caprichosamente por canciones clásicas como “Blue Moon”, cortes de aire country, temas instrumentales y momentos de rareza sublime, como la versión de “The Boxer” de Simon & Garfunkel, donde juega a interpretar las dos voces en tiempos que rara vez coinciden. Un álbum básicamente dirigido a completistas.


34°

Under The Red Sky (1990)

Después de una década para el olvido, el álbum número 27 de Bob Dylan llegó a demostrar que, si bien el oriundo de Duluth aún era capaz de lanzar una placa rescatable como “Oh Mercy”, ciertamente seguía extraviado. La apertura del álbum con “Wiggle Wiggle” no puede ser menos auspiciosa (casi con seguridad no la canción por la que Slash quería ser recordado por colaborar con Dylan), por fortuna, no todo en esta entrega es de ese nivel. De hecho, algunas baladas y pasajes de blues rock son más que correctos, y el tema que da título al álbum es sin duda querible si uno considera que el disco está dedicado a su hija de cuatro años. No es el momento más brillante de Dylan, pero lejos de ser su más bajo.


33°

Dylan (1973)

Después de dejar Columbia y sin hacerlo partícipe, el sello decidió lanzar un nuevo álbum de Dylan usando básicamente canciones que habían quedado fuera de sus dos discos de 1970, dando vida a algo así como una suerte de “Self Portrait”, pero un poco más ordenado. Sólo versiones y algunos cortes tradicionales ocupan este corto set de canciones que, sin ofrecer nada deslumbrante, logra rescatar algunos temas que de lo contrario habrían quedado sepultados por muchos años esperando la llegada de los bootlegs oficiales. Acertadas versiones de “Can’t Help Falling In Love” y, particularmente, la sentida toma de “The Ballad Of Ira Hayes” hacen de este álbum una parada obligada para cualquier seguidor de Bob.


32°

Together Through Life (2009)

Escrito en conjunto con Robert Hunter (Grateful Dead), “Together Through Life” debe ser el único punto de estos últimos 25 años donde Bob Dylan se ha anotado un claro traspié. Sin duda, hay seguidores que siempre van a disfrutar un nuevo disco de blues folk con mucho del sonido de New Orleans viniendo de Bob, el problema de este álbum es que básicamente se dedica a repetir la fórmula que venía explotando en sus últimos discos y la hace sonar plana, ofreciéndonos muy poco para conservar con nosotros al final del día (“It’s All Good” debe ser la gran excepción). Tomar el espíritu de una canción que Bob iba a componer para un soundtrack y terminar haciendo un álbum de ello quizás no fue la mejor idea.


31°

Christmas In The Heart (2009)

Tal como dice el título, el gran atributo de esta colección de clásicos de Navidad es el cariño con que está hecho. Para el año 2009 Dylan estaba pasando por un período complejo en términos de desempeño vocal, y claramente estaba teniendo problemas para adaptarse a su “nueva” voz (cosa que es posible notar también en “Together Through Life”). Afortunadamente, la instrumentación, el ánimo general del grupo de músicos y la forma en que están logradas las atmósferas es tan maravillosa, que el álbum logra transmitir de manera perfecta el espíritu que intenta contagiar, más allá de los baches vocales que uno pueda encontrar. Sorpresivamente, Dylan se anotó uno de los mejores discos de Navidad de los últimos años.


30°

Shot Of Love (1981)

El último disco de la trilogía cristiana tiene sin duda más aciertos que desencuentros. El ánimo es más luminoso que en “Saved”, el trabajo en la guitarra se anota un punto alto y el grueso de la apuesta sonora es convincente e incluso contagiosa más allá de algunas variaciones estilísticas algo difíciles de entender, que van desde el reggae a canciones de aire motown. El problema con “Shot Of Love” tiene que ver desafortunadamente con el ánimo de Dylan en lo narrativo, donde por momentos se le escucha abiertamente molesto y acusador (lo contrario que uno esperaría de un tipo lleno de espiritualidad). Claramente, después de tres discos en esta misma línea, Bob necesitaba comenzar a mirar hacia otros horizontes.


29°

Pat Garrett & Billy The Kid (1973)

Para muchos el disco de “Knockin’ On Heaven’s Door” y nada más. Sin duda, el tema versionado por Clapton en 1975 y luego por Guns N’ Roses en 1987 se ha instalado fuerte en el imaginario colectivo, y posiblemente ha hecho llegar a Dylan a más de un curioso. Por fortuna, el disco es mucho más que eso. No hay que olvidar que el álbum número 12 de Dylan es un soundtrack, y en esa línea se aboca la mayor parte del tiempo a generar ambientes que, para ser justos, están muy bien logrados. Viniendo de Bob, indudablemente uno quisiera tener más letras para revisar (el disco incluye otros tres cortes “cantados”), pero la verdad es que el álbum logra graduarse con éxito en la línea folk country que se dedica a explorar.


28°

Triplicate (2017)

Luego de dos discos fundamentalmente, dedicados a versionar clásicos en su gran mayoría popularizados por Frank Sinatra, Dylan decidió volver a apostar por la misma fórmula, pero esta vez con un disco triple. Un desafío mayor, pero de alguna forma, y mirado en retrospectiva, un ejercicio que el cantautor parecía necesitar (en lo vocal y también en lo motivacional) para poder volver a la composición original. Los 95 minutos de “Triplicate” no son un recorrido fácil. Extremadamente homogéneo por largos pasajes, la virtud principal de este set es la respetuosa y elegante manera en que Dylan y sus músicos logran adueñarse de cada uno de estos tracks, impregnándolos de su propia y nostálgica mirada.


27°

Infidels (1983)

El gran retorno de Bob post trilogía cristiana para muchos de sus seguidores. Para otros, sin embargo, un disco aún fuertemente ligado al discurso religioso, que además empezaba a mostrar los tics del sonido ochentero que tan mal le hicieron al cantautor. Más allá de los desacuerdos esperables, es cierto que “Infidels” goza de un mejor sonido en términos de producción y además tiene una narrativa que, si bien sigue ligada al imaginario religioso, es ciertamente más elegante que la de los discos que lo preceden. Quizás el gran mérito de este trabajo es que se trata de un disco breve y entretenido, que cada vez que logra ser bueno (como lo hace al inicio y al cierre de la entrega, por ejemplo), es muy bueno.


26°

World Gone Wrong (1993)

La primera mitad de los noventa fue un periodo de transición para Dylan, que terminaría llevándolo una vez más en su carrera a grabar discos de versiones. Más allá de las limitaciones propias de este tipo de registros, “World Gone Wrong” nos permitió volver a disfrutar de la faceta donde muy probablemente se encuentra más cómodo, cuando se trata básicamente de él y su guitarra. Con un sonido rústico (las canciones fueron grabadas en la cochera de su casa) y principalmente abocado a revisitar clásicos del blues rural popularizados por artistas insignes como Blind Willie McTell y Willie Brown, el álbum número 29 de Dylan es un recorrido esencialmente íntimo y sencillo, para disfrutar sin prisas.


25°

Planet Waves (1974)

Para su debut en el sello Asylum, Dylan dejó atrás el sonido country que había explorado intermitentemente desde “John Wesley Harding” (1967) y decidió volver al folk rock. En términos de ventas, este giro fue un éxito; de hecho, fue el primer número uno de Dylan en Estados Unidos. Como propuesta sonora, sin embargo, aun tratándose de un recorrido ciertamente agradable, la verdad es que por momentos la entrega se siente errática (la inclusión de dos versiones del mismo track es el mejor ejemplo de eso) y, a pesar de tener algunas canciones que sobresalen, como la versión lenta de “Forever Young” o “Dirge”, finalmente todo parece sostenerse sobre las virtudes del sello sonoro del combo Dylan-The Band.


24°

Street-Legal (1978)

La experiencia con “Desire” (1976) y el “Rolling Thunder Revue” (1975-1976) claramente dejó en la cabeza de Bob muchas nuevas posibilidades musicales a explorar. En ese contexto, apuesta por expandir su sonido y decide sumar a su banda habitual, tres cantantes mujeres para las segundas voces, un violinista, un saxofonista e incluso un trompetista para uno de los tracks. Las canciones que dan vida a “Street-Legal” son todas gigantes por naturaleza, llenas de intensidad, con un Dylan preciso en los vocales y siempre apuntando a explotar en un clímax épico. Para muchos, un álbum tremendamente sobrepoblado y por momentos reverberante, pero innegablemente entretenido y con identidad propia. De escucha obligada.


23°

Shadows In The Night (2015)

Cuando Bob anunció que lanzaría un álbum de versiones de clásicos popularizados por Sinatra, no dejó de ser una sorpresa. La pregunta obvia fue: ¿Cómo lo va a hacer Dylan, cuya voz viene en franco decaimiento, para versionar a un tipo apodado “La Voz”? Y lo cierto es que, sin grandes contratiempos, logra triunfar en esta empresa básicamente por lo bien elegido del set, lo respetuoso de su interpretación y el gran trabajo en la instrumentación, donde el pedal steel guitar pone la nota alta de la entrega. Sin embargo, más allá de sus méritos, la verdad es que este trabajo no es un recorrido fácil. De ánimo sombrío y muy pausado, la oferta puede ser desalentadora, sobre todo para quienes no conocen al artista.


22°

Good As I Been To You (1992)

Este lanzamiento y “World Gone Wrong” perfectamente podrían haber sido un disco doble, ya que ambos se dedican a explorar el mismo concepto, que es el de “un artista y su guitarra”. Las diferencias pasan principalmente por las temáticas, donde este trabajo destaca por su evidente luminosidad comparado con el que le sigue. Los 55 minutos de “Good As I Been To You” nos regalan la mejor cara del Dylan blusero, capaz de ir desde tracks sentidos y nostálgicos –con magníficos pasajes de armónica– a otros de desenfreno sin ningún problema. No por nada Bob se referiría a estas canciones como “la verdadera música para mí”. La oferta se siente natural y cautivadora, a pesar de lo sencillo de su naturaleza.


21°

Oh Mercy (1989)

A lo largo de su carrera, Daniel Lanois (U2, Peter Gabriel) ha probado ser uno de esos productores que tiene un impacto innegable en el proceso creativo y el sello sonoro de los artistas que acompaña. Tanto así, que, si bien este es un disco de Dylan, es imposible negar que lleva el sello Lanois en lo más profundo de su ADN. Las atmósferas están perfectamente logradas, el sonido es espacioso y fluye de manera impecable, el trabajo en las percusiones es preciso y, lo mejor de todo, es que Bob se escucha increíblemente compenetrado con la propuesta. Los himnos que nos dejó este disco, donde “Most Of The Time” es el ejemplo ineludible, se ubican con propiedad dentro de lo mejor del catálogo tardío del artista.


20°

New Morning (1970)

Cuatro meses después del polémico “Self Portrait”, Dylan volvió con un ánimo que de alguna manera parecía exigir revancha. La placa tiene varias particularidades que lo iban a convertir en un triunfo sin hacer de él un disco excepcional. Acá encontramos un Dylan para todos los gustos; hay canciones de espíritu blues, pop, country e incluso jazz (cuestionable decisión), la instrumentación está bien lograda, Bob vuelve a su estilo vocal tradicional y además el track que abre y el que da nombre al álbum son canciones increíbles. Sin ser un recorrido perfecto, es difícil pasar por estos 35 minutos de música sin encontrar nada para atesorar.


19°

Bob Dylan (1962)

Cierto es que el debut de Dylan probablemente suena tal como lo hacían el promedio de los aspirantes a estrella folk de los sesenta, sin embargo, si uno escucha con atención, no es difícil entender por qué el productor de Columbia Records, John H. Hammond, insistió en conservar a este joven artista, a pesar del pobre desempeño en ventas que tuvo el álbum. Elementos que destacan en este set: el ímpetu de Bob en la guitarra, la armónica e incluso las voces, la destreza para tomar temas tradicionales y darles nueva vida, como en “In My Time Of Dyin”, que más tarde sería versionada por Led Zeppelin, es un buen ejemplo de esto, y la escasa, pero efectiva capacidad compositiva del artista. Justo lo suficiente para apostar por él.


18°

John Wesley Harding (1967)

Si el inicio de su etapa eléctrica ya había sido un giro inesperado, cambiar otra vez de rumbo justo cuando se había apropiado de la escena rock blues de Estados Unidos fue una movida que dejó congelado a todo el mundo. Colgándose de la imagen de un forajido –de reputación muy distinta a lo que reza la canción que abre el disco– y del retiro forzado después de su famoso accidente en moto, Dylan aprovechó de volver a un sonido de naturaleza folk, que claramente miraba hacia la etapa country que estaba por empezar, cambiar por completo su abordaje narrativo apostando por letras muy breves, como la de la fantástica “All Along The Watchtower”, además de enviar un mensaje a todos los que creían haberlo descifrado.


17°

Fallen Angels (2016)

Una de las particularidades que tiene la trilogía de standards es que, pareciendo muy homogénea, realmente cada álbum tiene un enfoque particular. El segundo de este set es un álbum esencialmente luminoso, con historias que, más que de soledad y pérdida (como las del disco anterior), hablan de encontrar y dejarse llevar, con melodías de una calidez y paz que invitan a sonreír y con un cantante que claramente parece estar disfrutando el momento. Más allá de la elegante instrumentación que caracteriza a toda esta saga, lo que hace único a “Fallen Angles” es lo fantástico que está Dylan en los vocales, muy por sobre lo que se le había visto la última década. De esos discos donde todo parece funcionar.


16°

The Basement Tapes (1975)

Es difícil saber cuánto de lo que se dice de este álbum tiene que ver con el mito que lo rodea y cuánto con sus méritos musicales. Publicado luego de ocho años de haber sido grabado, lo que terminó con el misterio y los bootlegs que circulaban por todos lados, el grupo de canciones que da vida al tercer disco doble de Dylan es claramente una colección diferente. El sonido no es el de un cantautor, todo acá suena a colaboración; el ánimo es expansivo, los cortes fluyen de forma natural y lo instrumental reimagina con éxito el sonido de la música de raíz estadounidense. Para quienes buscan un giro sonoro en Bob, este es el disco ganador; para los que disfrutan más de sus letras, hay otros trabajos más exitosos.


15°

Love And Theft (2001)

Quizás el mejor disco para anticipar lo que nos iba a regalar el cantautor los próximos 20 años. Lanzado el 11 de septiembre de 2001, la casi hora de música de esta entrega es un claro adelanto de la trilogía de música tradicional estadounidense (que empieza este disco) y de lo que se vendría luego con la saga de tributos iniciada con “Shadows In The Night” de 2015. Grabado casi en vivo, uno de los puntos altos de este álbum pasa por el grado de espontaneidad que exuda cada uno de los tracks, que incluso extendiéndose por más de cinco minutos en la mitad de los casos, logran hacer de este viaje un recorrido fantástico por lo mejor del pop, ragtime, blues, e incluso algo de vaudeville.


14°

Slow Train Coming (1979)

Quienquiera que diga que la trilogía cristiana fue un fracaso tras otro, nunca ha escuchado este álbum. Mezcla perfecta de entrega interpretativa y un fantástico grupo de músicos, con Mark Knopfler en la guitarra principal, el disco encargado de abrir este ciclo es un capítulo obligado del catálogo del artista. Sencillo en lo lírico, pero directo y efectivo en lo musical, las canciones que dan vida a este álbum se caracterizan por tener un feeling extremadamente liviano y cautivador. Compartiendo mucho del espíritu de “Street-Legal” (voces femeninas y bronces), lo cierto es que los pasajes de blues, gospel e incluso reggae, claramente llevan la apuesta al siguiente nivel.


13°

Tempest (2012)

Echando mano a la misma propuesta sonora de los últimos 10 años y con una voz en franco deterioro, la llegada de este álbum dejó muy poco para encantar al oyente casual. Por fortuna, el tiempo probaría que todos los que insistieron en descubrir las virtudes de la entrega tuvieron su recompensa, ya que “Tempest” marca uno de los puntos más altos de Dylan como contador de historias. Alejado casi por completo del formato estrofa-coro-estrofa, los paisajes que atraviesa este álbum van desde momentos de completa y reflexiva oscuridad, a otros de sobrecogedor homenaje, como los fantásticos siete minutos que cierran el álbum recordando a John Lennon. Disco de evolución pausada, pero tremendamente gratificante.


12°

Nashville Skyline (1969)

Si bien, es cierto que desde “John Wesley Harding” (1967) era posible ver que Dylan buscaba una nueva firma sonora, es en este disco donde se vuelca por completo a explorar la música country, pero no sólo eso: además cambia su forma de cantar. Puede sonar arriesgado y, de hecho, en su momento alejó a muchos de sus seguidores, sin embargo, el “nuevo Dylan” no sólo firmó un álbum a la altura de su catálogo, sino que también se anotó más de un track increíble en esta aventura. Quizás el mejor ejemplo de esto sea que incluso cuando acompañado por Johnny Cash se arriesgó a versionar uno de sus temas más entrañables, logró hacerlo de forma tan contundente, que es difícil elegir una de las dos versiones.


11°

Another Side Of Bob Dylan (1964)

Cada vez que quisieron colgarle una etiqueta, Dylan decidió moverse. En esta oportunidad fue en lo narrativo, donde el artista dijo “suficiente con esto de la ser la voz de su generación”. Las canciones de este álbum suenan al mismo folk que ya le conocíamos, sin embargo, tienen un ánimo mucho más liviano: hablan de amor, desencuentros y también tienen espacio para el humor, cosa que en su disco anterior hubiera sido impensable. El giro fue tan definitivo, que incluso en los cuatro minutos de la fantástica “My Back Pages” el artista se toma el tiempo de explicar su salida del ala más política del movimiento folk. Con una lírica claramente renovada, lo que seguía ciertamente era cambiar su sonido.


10°

Modern Times (2006)

Una de las cosas que hace de este un disco excepcional, es cómo el cantautor logra atrapar el espíritu de lo que venía mostrando en sus discos anteriores para luego ponerlo en un paquete increíblemente consistente. Echando mano a pasajes del más tradicional de los blues, como los seis minutos de “Rollin’ And Tumblin’” o la fantástica “Thunder On The Mountain” (con referencia a Alicia Keys incluida), Dylan aprovecha de intercalar canciones de ánimo muy pausado, pero de una belleza excepcional. Es difícil atravesar este set sin dejarse encantar por el ánimo jazz de “Spirit On The Water” o el fraseo en la maravillosa “Workingman’s Blues #2”. Elegante en la ejecución y simplemente eterno en las letras.


Rough And Rowdy Ways (2020)

Rough And Rowdy Ways

Hay discos demasiado grandes como para intentar ponerlos en una reseña. Este álbum tiene mucho de eso. Musicalmente preciso, privilegiando las baladas y los pasajes de blues, lo cierto es que lo de esta entrega va mucho más allá de lo sonoro. En este viaje el cantautor se acerca a nosotros con una cercanía inusitada, como aquel viejo amigo que hizo todo el recorrido y vuelve a compartir algunos secretos para poder retirarse a descansar. Acá Bob nos mira a la cara, comparte mucho de su intimidad, intenta explicar sus contradicciones y además nos invita a descifrar postales de una época que, pareciendo lejana, está mucho más cerca de lo que creemos. Si finalmente esta fue su despedida, es un dignísimo adiós.


Time Out Of Mind (1997)

Una de las cosas que hace de este disco un recorrido excepcional, es cómo toma lo mejor de dos personalidades potentes involucradas en el proceso creativo y termina dando vida a una suerte de soundtrack acerca de los procesos de pérdida y la inevitable transitoriedad del ser. Lanois nos golpea una vez más con sus tradicionales atmósferas gigantes, sin embargo, en esta vuelta es el cuidado en los detalles –como el efecto en la voz de Dylan usado para abrir el álbum o las percusiones en “Not Dark Yet”– lo que termina robándose las miradas. Si a eso le sumamos la contundencia lírica de un artista que, cercano a sus sesenta años, empieza a lidiar con demonios que antes no había enfrentado, el resultado es superlativo.


The Times They Are A-Changin’ (1964)

Las diez canciones que dan vida al tercer álbum del artista, marcan uno de los momentos más oscuros y provocadores que alguna vez firmaría. De hecho, basta con ver la portada para anticipar que lo que sea que incluya este set no va ser liviano. Acompañado sólo de su guitarra y armónica, y echando mano a lo mejor de sus destrezas como artista folk, Bob levanta una voz de sentida y urgente denuncia en cada uno de los tracks que golpea el set. Los pasajes incluyen, entre otros, líneas acerca de la disparidad ante la ley, la miseria a la que nos condena el sistema y la despreciable manipulación política. Un recorrido de una carga emocional gigantesca, que desgraciadamente sigue sonando actual.


Desire (1976)

Después de “Blood On The Tracks”, Dylan decidió evitar la composición en solitario, en lo que uno podría ver como una vuelta a las sombras de un artista que siempre ha preferido evitar hablar de sí mismo. Jacques Levy fue el encargado de acompañar al músico en este apartado, firmando siete de los nueve tracks. Por fortuna, el resultado de esta apuesta fue increíble; en lo musical se trata de un álbum atrevido, diferente y dinámico, en largos pasajes caracterizado por la presencia de voces femeninas y el fantástico violín de Scarlet Rivera, que dejaría su sello en tracks eternos, como la luminosa “Mozambique” o la demandante “Hurricane”. Definitivamente un álbum de exitosísima búsqueda sonora.


Bringing It All Back Home (1965)

Reflejo de un artista todavía dividido, el primer álbum de la trilogía eléctrica es la muestra perfecta de lo mejor de las dos personalidades del músico. Mientras el lado A nos deleita con todo el rock blues furioso del nuevo Dylan, listo para comerse el mundo, anotándose himnos gigantes como “Subterranean Homesick Blues” y “Maggie’s Farm”, el lado B se encarga de entregarnos lo que le iba quedando de identidad folk. Sin embargo, una de las cosas más increíbles de este álbum es que, casi como en un desafío de identidades, la cara B sale a encarar a su contraparte de forma apabullante, abriendo con “Mr. Tambourine Man” y luego manteniendo el nivel hasta el final de la entrega. Sin duda, memorable.


Highway 61 Revisited (1965)

Con Dylan transformado en estrella de rock e intentando lidiar con el odio de su primera ola de seguidores, mucho del ímpetu avasallador que tiene este álbum está relacionado con la necesidad de desahogo que el artista estaba teniendo. La forma en que “Like A Rolling Stone” abre el disco con un golpe seco, como quien da una patada a una puerta y luego dispara una lírica furiosa llena de desdén, respaldada por una muralla de sonido donde el órgano Hammond se lo come todo, fue una de las cosas que cambió el sonido y la identidad de la música de toda una generación. Nunca en el mundo del rock alguien había tocado las claves que el músico explotó en esta entrega. Probablemente su trabajo más influencial.


Blonde On Blonde (1966)

Tras 18 meses enfocado en dar vida a tres discos que lo vieron mutar por completo, es con el último de este grupo que el cantautor sube la apuesta. No sólo se trata de uno de los primeros álbumes dobles de música rock de la historia, sino que este es el trabajo donde vemos al autor alcanzar el sonido que siempre quiso tener y que él describiría como “el sonido fino y salvaje del mercurio”, donde finalmente termina de desarrollar su tan típico fraseo en los vocales. Además, es en estos 70 minutos donde por fin Dylan deja de mirar a sus seguidores y decide reírse de todo y de todos. Las postales que nos dejó este álbum son el mejor reflejo de un artista al tope de sus capacidades y liberado por completo.


The Freewheelin’ Bob Dylan (1963)

Si uno intentara resumir que es lo que hace del segundo álbum de Dylan un trabajo excepcional, probablemente habría que decir que es su equilibrio. Sin tratarse de una placa de corte romántico o abiertamente enfocada en lo sociopolítico, es capaz de firmar increíbles pasajes en cada una de esas esquinas, echando mano a una propuesta sonora sencilla, pero apabullante. Cálido y evocador cuando debe serlo, como en el caso de “Don’t Think Twice, It’s All Right”, certero en los pasajes que invitan a la reflexión, como en la inmortal “Blowin’ In The Wind”, e implacable cuando la urgencia lo amerita, como sucede en “Masters Of War”. Es difícil saber si sólo se trata de su mejor álbum folk o derechamente de su mejor álbum.


Blood On The Tracks (1975)

Sin tratarse del álbum de Dylan más arriesgado en lo musical, ni el más críptico en lo lírico, lo que hace de “Blood On The Tracks” una experiencia única, tiene que ver con lo universal de su temática de fondo y con la increíble lucidez del artista a la hora de elegir cómo musicalizar este delicado viaje. Muchos lo han catalogado como el “álbum de ruptura definitivo”, aludiendo a que hablaría del divorcio del artista, sin embargo, mirado en perspectiva, lo cierto es que poco importa si el disco habla del músico o no, lo maravilloso de este grupo de canciones es cómo el cantautor captura las distintas etapas que se atraviesan durante el duelo de pareja de forma sencillamente sobrecogedora. Las imágenes que nos regala este álbum van desde los espacios de negación, ira y reconciliación, para luego cerrar con la tan postergada, pero necesaria, aceptación. No hay forma de recorrer este álbum sin notar que hay algo de cada uno de nosotros en esos versos. Definitivamente, inmortal.


Arte por Rodolfo Jofré

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