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Mejores discos internacionales 2019

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Por octava vez consecutiva, el equipo HumoNegro elige los mejores discos internacionales del año. Este es un trabajo que se desarrolla desde el primer día de diciembre hasta el último de noviembre entre los periodistas de nuestro medio, donde se van calificando individualmente los discos lanzados mes a mes.

En esta ocasión, pasaron más de 400 discos, quedando más de 200 en una preselección, para finalmente dejar los 50 con los puntajes más altos. Lo anterior se traduce no sólo a un ranking de lo que grupalmente consideramos los trabajos de mejor calidad en el año, sino que también en los que generaron mayor consenso. Y por el proceso aplicado, esta es una lista completamente original.

Por supuesto, los discos analizados se enmarcan en nuestra amplia línea editorial, dando como resultado un abanico de estilos. En esta lista no están considerados los EPs, registros en vivo, grandes éxitos o compilaciones.

  • No hay discos chilenos en esta lista porque a aquellos los destacamos en ESTE ARTÍCULO.
  • Si quieres ir escuchando los discos, haz clic en la gráfica o en el nombre de un álbum, y te llevará directamente a su streaming.

Chelsea Wolfe – “Birth Of Violence

Luego del impacto disonante con “Hiss Spun” (2017), Chelsea Wolfe se inclina por realizar un álbum que explora una veta nueva dentro de su carrera. Con un sello claramente introspectivo, “The Birth Of Violence” se aleja del bullicio de su trabajo anterior para enfocarse en un sonido que se reduce a lo esencial. Acompañada de su guitarra y algunos arreglos sutiles, la voz de la artista continúa llenando los espacios con una fuerza envolvente. A lo largo de un recorrido honesto, Wolfe da cuenta de su hastío con la fama y la necesidad utilizar la música como canalizador de emociones. En este nuevo disco, la artista amplía su repertorio y nutre su estatus de soberana de las penumbras.


Rammstein – “RAMMSTEIN

Nadie se esperaba un retorno así de potente. Polarizando la discusión, como siempre, Rammstein generó polémicas con su sencillo debut, criticando la “alemanidad” y los símbolos profanos de la identidad nacional, y de ahí en adelante que ese mero fósforo que ilustra la portada de este disco –hasta hace poco sin título– permitía avizorar la chispa que se volvía a encender tras una década de silencio discográfico. Ideas crujientes, una marca propia sin par, una actitud que traspasa el acto de escuchar cada track y la capacidad de convertir al rock industrial en un sonido tan pegote como el pop más infeccioso, son todos atributos de un disco que devuelve al mejor Rammstein: incendiario, excesivo e innegable.


Russian Circles – “Blood Year

Los oriundos de Chicago llegan con un disco que se desprende de clichés para elaborar una especie de banda sonora para los turbulentos tiempos que vive el mundo. Aunque el vaivén sonoro que suele utilizar el trío está presente en cada momento, es la forma en que se van relatando las melodías lo que hace de “Blood Year” un imprescindible dentro de su catálogo, entregando composiciones sólidas y de carácter fuerte, mientras explora los terrenos más oscuros en lo musical. Fuera de que, evidentemente, no ofrezca mayores novedades en torno a una banda que ya opera bajo una fórmula estudiada, este LP demuestra es el constante crecimiento que el conjunto ha adquirido con los años.


Iggy Pop – “Free

No deja de ser increíble que, después de más de cincuenta años de carrera musical, Iggy Pop siga con deseos de desafiarse a sí mismo. No conforme con haber grabado discos de proto punk, new wave, electrónica y otros estilos, en esta oportunidad el padrino del punk nos regala un álbum de cargada identidad jazz y abierto ánimo introspectivo, que por supuesto deja espacio para que Iggy juegue a ser Iggy, pero que por sobre todas las cosas destaca por el delicado trabajo en los paisajes sonoros y la fantástica calidad interpretativa de un James Osterberg a esta altura totalmente graduado de crooner. No es lo que nos esperábamos de él, pero es un gusto ver cómo todavía puede sorprendernos.


Lagwagon – “Railer

Como si fuera su primer disco. Así de vivo y urgente se sigue escuchando Lagwagon a la altura de su noveno álbum de estudio. En poco más de treinta minutos, los californianos se anotaron un disco casi perfecto, celebrando lo mejor del skate punk de antaño, intercalando momentos de energía más pesada, dejando espacio para reírse de ellos mismos y, además, regalándonos un nuevo punk cover para agregar al catálogo de joyas resucitadas por el estilo. Todo esto gracias a un Joey Cape que sigue sonando increíble en los vocales, una base rítmica que parece no aflojar nada con los años y un par de genios en las guitarras que todavía tienen lo necesario para salir a romper tímpanos. Un verdadero misil.


Soilwork – “Verkligheten

El reciente álbum de Soilwork fue una de las primeras sorpresas del año. Lanzado a principios de enero, los insignes representantes del metal escandinavo ofrecen en “Verkligheten” nuevamente un trabajo que refleja los elementos propios de la escena de esa región del mundo: voces que se intercalan entre lo melódico y gutural, guitarras contundentes y vertiginosas, junto a las constantes melodías inspiradas en el folclor nórdico. La energía en sus distintos niveles es el norte de este álbum, donde se destaca la velocidad en canciones como “When The Universe Spoke”, o el ímpetu épico y armonioso de “Full Moon Shoals”, entregando de manera proporcionada un disco intenso y sólido.


Tool – “Fear Inoculum

Quizás el regreso al estudio más esperado de la última década fue el de Tool, tras 13 años del lanzamiento de su antecesor. Ceñido al característico estilo de la banda, el LP cumple con creces en términos de calidad técnica y sonido. Si bien, no es tan arriesgado o innovador como los anteriores, el disco es capaz de lograr una continuidad tanto en términos melódicos como líricos, cristalizando las expectativas de sus fanáticos. Sus intrincados y cuidadosos arreglos son piedra angular de su cohesivo hilo conductor, que incluye guiños orientales, especialmente en percusión, e hipnóticos patrones rítmicos, confirmando la perfecta amalgama que solamente el cuarteto californiano puede lograr.


The National – “I Am Easy To Find

Apenas terminaba el ciclo de su exitoso “Sleep Well Beast” (2017) cuando The National se aventuraba en lo que sería una de sus obras más coherentes en cuanto a música y concepto. Tomando una narrativa que aborda una serie de vivencias cotidianas, la banda ejecuta sentidas melodías y abstractas oraciones guiadas por el dolor y la melancolía, siempre bajo la dirección musical de los hermanos Dessner y la inconfundible lírica del matrimonio de Matt Berninger y Carin Besser. Sin la necesidad de encumbrarse como su mejor álbum, “I Am Easy To Find” prefiere ser una obra netamente de contexto, demostrando el gran momentum creativo que el conjunto atraviesa desde hace varios años.


Anderson .Paak – “Ventura

Luego del éxito de su segundo disco, “Malibu” (2016), el artista norteamericano Anderson .Paak ha forjado un prolífico camino por las múltiples vertientes de la música negra. Al igual que muchos músicos de su generación, Brandon Paak Anderson recoge los tonos cálidos del soul, el R&B y el funk para interpretarlos bajo una visión contemporánea, muy emparentada a lo que se conoce como “urbano”. En “Ventura” (2019), .Paak va perfeccionando una fórmula que cautiva desde el comienzo. Acompañado con excelentes colaboraciones, tales como André 3000, Lalah Hathaway o Nate Dogg, la placa profundiza con solidez esta mixtura suave y dinámica en formato neo soul.


The Yawpers – “Human Question

A veces no es necesario complejizar la apuesta para tener buenos resultados. Hace dos años el power trio de Colorado nos regaló un excelente y complejo trabajo de estudio que, teniendo suficientes méritos musicales, terminó alejando más que acercando a sus seguidores. En esta oportunidad, el conjunto decidió dar vuelta la página y volver a jugársela por lo que saben hacer mejor: crear canciones directas, llenas de rock blues de alto octanaje, a ratos pantanoso y garajero, a ratos calmado y por momentos desatado y explosivo. No hay secretos ni dobles mensajes en estos 37 minutos de buen rock. Pianos, coros sentidos, saxo y guitarras; simple y grandioso al mismo tiempo.


Thank You Scientist – “Terraformer

Thank You Scientist es un proyecto progresivo en el más amplio sentido de la palabra. Generando una mezcla original, la banda reúne elementos del jazz, el rock progresivo de los setenta y la rítmica del math rock. Dicha combinación ofrece en “Terraformer” un resultado que suena con originalidad, dentro de un terreno donde pareciera estar todo hecho. Pese a la complejidad técnica, el septeto ejecuta canciones que se preocupan por ser accesibles. A modo de ensamble, la banda va más allá de la clásica formación de rock, incluyendo bronces y cuerdas, nutriendo así una propuesta que se desarrolla como un viaje interesante e inteligible, pese a sus pretensiones.


Julia Kent – “Temporal

Las características del cello lo hacen un instrumento único, que en tiempos versátiles como estos gana muchos adeptos, pero también ha hecho notar el espectro de cuándo su sonido es bien utilizado y cuándo no. Julia Kent, de fama anterior con Rasputina y Antony And The Johnsons, en su sexto trabajo como solista evita desperdiciar compases o capas y, en vez de eso, consigue mezclar sus impulsos techno y góticos para derivar en piezas complejas, construidas con maestría e intención. Usando la repetición de líneas que dialogan unas con otras de forma eficaz, trenzando arpegios, notas planas y progresiones, Julia Kent muestra en “Temporal” su madurez y creatividad en pleno.


Jay Som – “Anak Ko

En vez de operar desde la timidez o lo opaco que podrían sugerir los arreglos minimalistas y cálidos clásicos del indie y el dream pop, Jay Som exuda confianza en el cariño que le muestra a sus canciones. Ese es el ingrediente clave para que un disco como este –que en manos de tantos hubiera quedado en la intrascendencia– termine siendo uno de los trabajos más atractivos y disfrutables del año. “Tenderness”, “Get Well” o “Superbike” dejan en claro el amplio abanico creativo de la artista norteamericana de origen filipino, en un álbum que, tal como sugiere su título (“mi niña” en el dialecto tagalo, que es como le dice su madre), evoca sensaciones de acogida, humildad y mucho, mucho amor.


Better Oblivion Community Center – “Better Oblivion Community Center

Levemente centrado en el concepto del bienestar, este LP deslumbra con una efectividad y simpleza que condensa muy bien la forma en que Phoebe Bridgers y Conor Oberst trabajan en cada uno de sus proyectos. Bajo una armonía amable y canciones que destacan la calidad vocal de ambos, “BOCC” es una ráfaga de frescura con una impronta multifacética, tomando estridentes guitarrazos con delicados acordes más acústicos en un disco que prácticamente no tiene puntos bajos. En la simpleza muchas veces se encuentran los detalles, y con sus pegajosos coros y melodías el dúo consagra un excelente trabajo colaborativo mediante diez canciones y un recorrido musical por diferentes estilos y texturas.


La Dispute – “Panorama

Tomando distancia del sonido estridente, explosivo y directo que caracterizó a “Wildlife” (2011), el cuarto álbum de La Dispute se articula bajo una producción primordialmente sutil. Pese a que el motor del conjunto continúa situado en canalizar emociones intensas, “Panorama” concadena las canciones para llegar al clímax de un modo paulatino. Pasando por momentos que van desde la melancolía al júbilo, las palabras de Jordan Dreyer son un relato tremendamente personal, y están cargadas de una interpretación potente y apasionada. La última obra de La Dispute es un álbum luminoso, con una composición delicada y minuciosa, generando esta dicotomía de sentimientos donde resalta un aire estilizado.


Marika Hackman – “Any Human Friend

Con el lanzamiento de su tercer LP, Marika Hackman vuelve a las pistas con un cambio de sonido y una lírica mucho más explícita y sincera, desmarcándose de la línea desenchufada que la hizo famosa en sus primeros trabajos. Lleno de matices en términos sonoros, el disco juega con la contraposición de melodías suaves y de corte acústico con otras más bailables y llenas de poder electrónico. En cuanto a las letras, Hackman continúa con la senda que comenzó con “Boyfriend” dos años antes, aportando una narrativa más gráfica y audaz al abordar temas desde el punto de vista de una mujer queer en el plano emocional y sexual, tales como el amor en pareja, la masturbación femenina y la fragilidad mental.


B Boys – “Dudu

La ansiedad no da tregua, y es hasta peor cuando alguien intenta calmar un sentimiento tan individual. El impulso y la entropía de esta sensación es parte de los principales motores de uno de los discos con mejor dinámica de 2019, “Dudu”, el segundo LP del trío neoyorkino B Boys. En vez de apuntar al acto de acotar o pulir su sonido, la energía del grupo destila mayores cuotas de angustia, alegría y necesidad de escapar del aburrimiento lógico de los tiempos en tracks como “Pressure Inside” o “I Want”, sin abandonar jamás un sentido de urgencia que inunda el disco (a veces en su detrimento), ahogando la sobrecarga de responsabilidades de la vida contemporánea en sonidos excesivos y directos.


FKA twigs – “MAGDALENE

Una relectura a la figura de María Magdalena hizo que FKA twigs se replanteara también la forma en la que la historia es contada. No sólo la narran los ganadores, sino que también ellos son hombres. ¿Cuántas construcciones culturales han aprisionado a las mujeres y cuán extenso es el efecto de este control patriarcal sobre las relaciones hoy? La artista intenta averiguar pistas en su interior y alrededor para resolver esta interrogante, en canciones con texturas futuristas, lúgubres, preciosas y de un R&B lleno de giros y peripecias, con colaboración del productor Nicolas Jaar, generando un trabajo tan del presente como de las ancestras, cuyas auras parecen inundar un álbum impactante.


Sharon Van Etten – “Remind Me Tomorrow

La cálida voz de Sharon Van Etten se destaca por adoptar una estampa propia dentro de la figura del cantautor. En esta ocasión, la artista ofrece un trabajo enmarcado entre sintetizadores y ritmos etéreos, los que sumados a su color vocal entregan un disco de personalidad elegante. La contemplación de “I Told You Everything” convive a la perfección con las composiciones de un ritmo más punzante, tales como “Comeback Kid” o “No One’s Easy To Love”, o aquellas de aire onírico, como “Memorial Day”. “Remind Me Tomorrow” es una obra que se destaca por la sutileza de un pop que viaja por distintas variantes con absoluta naturalidad.


The Divine Comedy – “Office Politics

Aunque a Neil Hannon se le reconoce mucho por su capacidad melódica y su tendencia a cantar sobre amores, tragedias o historias, también su retórica se sirve mucho de aquello que se encuentra bajo la alfombra, barrido como todo lo sucio en la cotidianidad. Es en lo más rutinario que se sirve para crear el álbum más variopinto en estilos musicales de The Divine Comedy, desde una electrónica kraftwerkiana hasta su lado pop orquestal más clásico, siempre manteniendo la consistencia prístina de su concepto: ahondar en las dinámicas del trabajo de oficina y quienes lo disfrutan, sufren y viven. Una especie de “The Office” hecho disco, convirtiéndolo en un improbable espejo para el oyente.


Stella Donnelly – “Beware Of The Dogs

En la naturaleza minimalista, de arreglos tenues y letras directas del debut de la artista australiana, está la fortaleza de un mensaje poderoso. El manejo de las historias ajenas y propias en canciones como “Tricks” o “Mosquito” le otorga una singularidad que es un bien preciado en tiempos de homologaciones forzosas. También ayuda mucho la capacidad de disponer de la plataforma de una canción para apuntar a los abusos contra las mujeres por la masculinidad tóxica (“Boys Will Be Boys”) o a lo cerdo que pueden ser los hombres más viejos (“Old Man”), todo en composiciones desarrolladas en la medida justa para poner a Stella en el centro de todo, firmando un primer disco único, como debe ser.


Kate Tempest – “The Book Of Traps And Lessons

En tiempos complejos, el arte cumple un rol activista. Así lo entiende la rapera británica Kate Tempest en “The Book Of Traps And Lessons”, quien, además de dar una mirada profundamente crítica a la Inglaterra del Brexit, añade un carácter casi pedagógico a una propuesta que se acerca más a la poesía que al hip hop. Mediante una prosa que transmite fuerza y emotividad, Tempest pone en conflicto el estado actual de la sociedad de consumo. Desde las consecuencias de una economía depredadora, hasta los signos de un estilo de vida individualista, el disco expone la crisis estructural de un modelo que se derrumba en distintas partes del mundo.


The Flaming Lips – “King’s Mouth: Music And Songs

En tiempos donde los singles le ganan cada día más terreno a los discos como formato musical, atreverse con un álbum conceptual es una jugada que siempre merece ser aplaudida. Para su decimoquinto larga duración, The Flaming Lips juega a empujar sus propios límites y decide encantarnos con la surreal historia de un bebé gigante destinado a ser rey y sacrificar la vida por su pueblo. El disco alterna espacios destinados al relato (a cargo del ex The Clash, Mick Jones) con otros donde el conjunto se avoca a construir un mundo cargado de psicodelia y sinfónica majestuosidad. Sencillo y entrañable en igual medida, “King’s Mouth: Music And Songs” vuelve a posicionar a Coyne y sus muchachos en el sitial que merecen.


The Raconteurs – “Help Us Stranger

Dejar de lado cualquier regla preestablecida es algo que le sienta muy bien a Jack White, por lo que un trabajo como el tercer disco de The Raconteurs resulta extraño a primeras por su estructura tan convencional. En “Help Us Stranger” nos encontramos con el disco más efectivo y mejor logrado del conjunto, optando por una toma de decisiones muy inteligente en pos de su desarrollo y comprendiendo muy bien el espíritu del rock norteamericano más puro, descifrando y reinterpretando códigos de carácter más clásico en canciones que podrán parecer de estructura simple, pero que gozan de una impecable producción para realzar cada uno de sus elementos sin sonar monótono o copiado en el proceso.


Lana Del Rey – “Norman Fucking Rockwell!

Norman Rockwell fue uno de los pintores que mejor reflejó la cultura estadounidense, por ello no es extraño que una artista obsesionada con la representación de lo “americano” como es Lana Del Rey lo haya tomado como referencia bibliográfica para el que es su mejor disco a la fecha. Corajudo, exigente, divertido y sensual, el quinto LP de la artista permite que su voz suene mejor que nunca, con decisiones estéticas prístinas a lo largo del extenso trabajo que también tiene en sus letras un activo que no sólo pone a la sociedad estadounidense en la lupa, sino también a su propia historia, con honestidad, sátira y excelencia por doquier.


Angel Olsen – “All Mirrors

Si bien, desnudar el alma no es una tarea desconocida para Angel Olsen, la artista lo lleva a un nivel más profundo y oscuro en su cuarto LP. En él la cantante se posiciona como figura de la escena indie, incluyendo guiños orquestales al pop barroco y una influencia notoria de synth-pop. De principio a fin, la instrumentación precisa y su ecléctica voz permiten al oyente viajar desde la penumbra en su inicio hacia la esperanza en su ocaso. Sus letras contienen una carga emocional variada e importante, pasando de la tristeza a la rabia, de la melancolía a la introspección y la resiliencia, acoplando cada sentimiento a la perfección con descriptivas y envolventes melodías.


Karen O & Danger Mouse – “Lux Prima

La esencia misma de “Lux Prima” se extrae de la confluencia de dos mentes artísticas. Por un lado, la frontwoman de Yeah Yeah Yeahs, Karen O, y por otro el reconocido productor Danger Mouse; juntos dan como resultado a una de las colaboraciones más interesantes del año. Destacándose por su sonido refinado, la voz brillante de Karen lanza susurros que nutren de fuerza, protagonismo e identidad propia al proyecto. En cuanto al rol de Brian Burton, la experimentación en sintetizadores y un sonido primordialmente reverberante son los cimientos de un disco que viaja por diversos caminos sonoros. Un trabajo que destaca por su equilibrio minucioso.


Vampire Weekend – “Father Of The Bride

Tras seis años de silencio discográfico y con uno de sus genios creativos fuera de la banda, Vampire Weekend no la tenía fácil. Por fortuna, “Father Of The Bride” logra sin problemas su cometido. Se podrán decir muchas cosas de este álbum (que es muy largo o desordenado), sin embargo, hay que reconocer que se trata de un disco jugado, entretenido y luminoso, que se atreve a explorar nuevos terrenos sonoros (country, flamenco disco, lounge, duetos), al mismo tiempo que se las arregla para mantener intacto el sello musical de la banda. No es un paseo perfecto, no obstante, la declaración de intenciones es gigantesca. El conjunto sigue teniendo varios ases bajo la manga por jugar.


PUP – “Morbid Stuff

Lo de PUP a esta altura se está transformando en costumbre. No sólo han firmado un catálogo prácticamente impoluto, sino que además se han dado maña para desarrollar una marca sonora única (que al final del día es lo que hace la diferencia entre una banda del montón y otra que logra instalarse en el imaginario colectivo con identidad propia). “Morbid Stuff” explota lo mejor del pop punk rabioso y angustiante que hasta acá han venido entregando los de Toronto y, al mismo tiempo, se aventura a explorar terrenos más duros en lo musical (“Full Blown Meltdown”) y otros de abierto ánimo confesional (“Free At Last”), subiendo aún más la apuesta a una propuesta que ya venía siendo excepcional.


Mike Patton & Jean-Claude Vannier – “Corpse Flower

Cuando dos mundos colindan, es esencial comprender contextos completamente opuestos. “Corpse Flower” es ejemplo de eso, con Jean-Claude Vannier y Mike Patton alcanzando originalidad mediante tracks que van yuxtaponiendo diferentes elementos, moviéndose cada uno en su mundo, y encontrándose en líricas retorcidas y melodías de una precisión quirúrgica. Una unión como esta podría haber resultado un fracaso en distintos niveles, pero la maestría que ambos poseen permite que puedan convivir de manera plena para alcanzar un objetivo final. Tal como la entrañable belleza de la flor que le da nombre, la música tiene su encanto dentro de estructuras elegantes y un espíritu totalmente pendenciero.


LIFE – “A Picture Of Good Health

Con “Popular Music” (2017) el cuarteto inglés ya había demostrado que era capaz de anotarse buenos temas, sin embargo, que se despacharan un disco así de redondo a tan sólo dos años de su debut fue toda una sorpresa. Los oriundos de Hull definitivamente no estaban para perder el tiempo y salieron decididos a romperlo todo con tal de entregar su furibundo e inteligente mensaje. Cuotas precisas de post punk, neo psicodelia, krautrock, un bajo demoledor y vocales que parecen salir directo del estómago de Mez, terminaron transformando a “A Picture Of Good Health” en un manifiesto maldito, de esos que miran a la cara y, de ser necesario, la escupen para sacar de la inercia. Imperdible.


Billie Eilish – “WHEN WE ALL FALL ASLEEP, WHERE DO WE GO?

Cuando se dice que está todo inventado, los riesgos siempre se agradecen, por lo que la irrupción de Billie Eilish en el panorama musical es una apuesta no sólo en términos estéticos, sino que también musicales. Ya con la fama adquirida con su anterior EP y uno que otro lanzamiento, la artista logra dar rienda suelta a una propuesta estrictamente elaborada por ella junto a su hermano Finneas, mezclando una serie de ritmos y elementos para articular uno de los álbumes más transgresores del pop actual. Uno que, si bien está dominado por las fórmulas repetidas y figuras prefabricadas, encuentra en la joven californiana una propuesta refrescante, personal y, sobre todo, muy honesta.


Jambinai – “ONDA

Más allá de la hegemonía del k-pop, Jambinai se posiciona como un proyecto de origen coreano que recoge elementos tradicionales desde una perspectiva contemporánea. El uso de instrumentos musicales propios de su folclor hace de “ONDA” una obra inusual para oídos occidentales. Por otro lado, la composición de canciones con una base instrumental sólida ofrece guiños cercanos al post rock como segunda pieza de una fórmula única; el resultado final gravita por atmósferas intensas, voces cristalinas y pasajes apoteósicos. Con la misma firmeza de una montaña, la última placa de Jambinai ofrece una valiosa relectura a sus tradiciones musicales.


Kim Gordon – “No Home Record

Haber sido parte de una de las bandas de rock más influyentes de los últimos cuarenta años, no impidió que en la actualidad Kim Gordon se despachara uno de los discos más vanguardistas que golpeó la escena este 2019. Se trata de nueve canciones de naturaleza oscura y claustrofóbica, que, si bien gozan del sello noise característico de Gordon, están dedicadas por completo no sólo a la fusión de estilos (hip hop industrial, post punk, tecno), sino que también a una desvergonzada exploración instrumental y vocal. El resultado es un cóctel caótico, desafiante y definitivamente adictivo. Probablemente un álbum que tome tiempo terminar de entenderlo en toda su dimensión.


Swans – “leaving meaning.

Luego de 14 discos de estudio, la banda liderada por Michael Gira suma un épico nuevo álbum. El LP de más de hora y media se empecina en llevar más allá el concepto de experimentación, con hipnóticos esquemas rítmicos que evolucionan hacia un ritmo más folk que sus antiguos trabajos. Sin embargo, ello no aplaca la intensidad ni oscuridad característica del grupo. Además, la larga lista de colaboraciones le da un especial toque, con nombres de artistas que van desde Baby Dee y el dúo A Hawk And A Hacksaw hasta antiguos miembros de la agrupación. La voz de Gira merece mención aparte: sus matices y potencia fascinan canción tras canción, lo que reafirma que Swans está lejos de colgar los guantes.


Gruzja – “Jeszcze Nie Mamy Na Was Pomysłu

Alejados de la hegemonía clásica de la música angloparlante, Gruzja es de aquellas rarezas dignas de destacar. Pese a los límites que impone la barrera idiomática, “Jeszcze Nie Mamy Na Was Pomysłu” expresa de manera bastante concreta el concepto estético de la banda. Valiéndose de sonidos gélidos y oscuros, propios de la región europea oriental durante el underground de los ochenta, Gruzja entrega un disco feroz y crudo, el que se reparte entre la agresividad del black metal y lo sombrío del post-punk en parte iguales, entregando una mirada que encuentra los puntos comunes de esta mixtura. El segundo disco de Gruzja es una obra que, independiente del idioma, posee una impronta cavernaria y cautivadora.


Little Simz – “Grey Area

Llegó el momento de graduar a Little Simz. Después de años jugando a ser la joven promesa del rap inglés, pero errando el objetivo cada vez que quería dar el salto a las grandes ligas, pareciera que Simbi Ajikawo finalmente encontró ese punto donde la ansiedad dejó de ser un problema y se transformó en una motivación. Lúcida, confiada y haciendo gala de sus excepcionales destrezas como MC, Little Simz nos regala un álbum que elude con inteligencia los clichés del género, privilegiando los instrumentos en vivo por sobre los samples y arrasando en lo musical con una propuesta sonora que apuesta permanentemente a cambiar de velocidades y estilos. Conciso y efectivo, un verdadero deleite.


Aldous Harding – “Designer

Menos intensa, entregándose al absurdo con mayor libertad y consiguiendo que cada track fluya como se le antoja a la canción, Aldous Harding no abandona lo oblicuo de cada trayectoria, jamás tomando la ruta fácil. En “Designer” la neozelandesa jamás luce en control total de este cuadro abstracto, pero eso le permite lucir con confianza y arrojo como pocos trabajos en el año. “The Barrel”, “Pilot” o “Fixture Picture” son composiciones desarrolladas para estar abiertas, como galerías exhibiendo obras de arte, más allá de un disco, pero no olvidando lo exquisito que puede sonar la música bien hecha. Lo abstracto de este trabajo exige, no entregando respuestas, pero sí sensaciones sin par.


Weyes Blood – “Titanic Rising

El mundo puede acabarse en cualquier momento, pero eso no significa que la belleza del aguante culmine. A ese tránsito entre amores, odios, luces y sombras es al que Natalie Mering le canta en su cuarto disco como Weyes Blood. En vez de quedarse en la exquisita chance de que el brillo de la orquestación o el pop bien hilvanado encandilen al oyente, Mering entiende cómo lo relevante es el significado de las emociones y cómo eso puede darle el toque de atemporalidad que requieren canciones como “Movies” o “Andromeda”. “Titanic Rising” opera como un canto a respirar en medio de un ahogo, y a la belleza de sobrevivir a la falta de humanidad reinante en el cotidiano.


The Claypool Lennon Delirium – “South Of Reality

Ya nos habían regalado un tremendo álbum hace un par de años, en lo que parecía ser más una anécdota que un proyecto a seguir. Por suerte, el dúo decidió ir por más, sumando un nuevo capítulo a esta historia. Los 47 minutos de “South Of Reality” vuelven a deleitarnos con esa fantástica fórmula que combina paisajes de delicada textura sonora con la cuota justa de psicodelia desenfrenada. El equilibrio que alcanza Claypool y Lennon es tan dinámico y original, que aun cuando la mayor parte de los cortes del álbum superan los cinco minutos, el viaje es realmente irrenunciable. Probablemente de las mejores colaboraciones que se han anotado un par de discos en los últimos años.


Waste Of Space Orchestra – “Syntheosis

Uno de los viajes más fascinantes dentro del panorama metal de este año es lo que ofrece el proyecto Waste Of Space Orchestra. Reuniendo a miembros de la banda Oranssi Pazuzu con otros músicos del circuito finlandés, el colectivo entrega en “Syntheosis” un recorrido por los rincones más oscuros del sonido espacial. Las atmósferas del álbum reúnen con audacia y éxito vertientes tan dispares como el black metal y el rock sicodélico, o el doom con lo progresivo. La mezcla atípica se sustenta en envolventes frecuencias de bajo y sintetizadores, junto a distintos colores vocales y ritmos monolíticos. Una apuesta excéntrica en todo ámbito, que se atreve a tomar riesgos y experimentar en el imaginario de lo oscuro.


Otoboke Beaver – “Itekoma Hits

Japón es cuna de cruces poco convencionales, de eso no quedan dudas, pero siempre habrá bandas que saben cómo echar por la borda cualquier idea preconocida con su música y entregar obras plagadas de clichés, y a la vez absolutamente novedosas. El perfecto ejemplo lo hace Otoboke Beaver con “Itekoma Hits”, un disco que bebe desde muchas vertientes, empapándose sin mayores preocupaciones de todas ellas. Cuando las idols y boy bands juveniles son lo primordial en el panorama musical asiático, encontrar un disco que pueda mezclar hardcore, punk y noise con una soltura y actitud tan segura como en este, es porque no importa cuánto lo intentes, siempre un japonés sabrá hacerlo mejor.


Lingua Ignota – “CALIGULA

Discos como este permiten replantear el rol de la música como un instrumento que trasciende el simple arte de interpretar melodías. En “CALIGULA”, la canadiense Krystin Hayter entrega el capítulo más personal de su proyecto Lingua Ignota, con una obra que pasa por el metal, la música sinfónica, la ópera, el noise y un sinfín de estilos, en un trabajo horripilante, inquietante y oscuro en su vereda sonora, pero sentido, frágil y delicado en sus momentos más íntimos. Como un canto de guerra contra el machismo, “CALIGULA” es un disco que enfrenta, desestabiliza y deconstruye, generando la inquietud necesaria ante una realidad que se mantiene invisibilizada, encubierta y más vigente que nunca.


Baroness – “Gold & Grey

Después de doce años explorando la senda de los discos cromáticos, Baroness decidió cerrar esta etapa con un álbum que confirma que lo del cuarteto es de un nivel abiertamente excepcional. Los sesenta minutos que dan vida a esta entrega son prueba del crecimiento musical de un conjunto que ya no es sólo capaz de deslumbrar desde la vereda del sludge y el stoner metal, sino que además se aventura a explorar lo mejor de estilos como el rock progresivo, el space rock e incluso el krautrock, sin perder un ápice de coherencia. Con una consistencia instrumental que sólo ha sabido crecer con los años “Gold & Grey” se alza como uno de esos álbumes que es un deber escuchar.


Michael Kiwanuka – “KIWANUKA

El “síndrome del impostor” es algo que aquejó a Michael Kiwanuka, por ello parte de sus desafíos era no dejar que su falta de ego le quitara experiencias en la creación o en el escenario, y como un acto de fe le puso su apellido al proyecto detrás de su tercer disco. Esta disposición a tener una mayor confianza en sus aptitudes se tradujo en un álbum más desafiante, urgente, atractivo y celebratorio como nunca había hecho una de las voces más únicas del soul en estos tiempos. “KIWANUKA” funciona como un todo y también en sus canciones por separado, donde la autoafirmación es algo clave frente a las injusticias, dificultades y absurdo de aquello que nos rodea.


Thom Yorke – “ANIMA

En medio de un prolifero momento creativo, el también frontman de Radiohead aborda el concepto general de la sociedad para entregar su tercer álbum como solista, donde un relato a través de la vertiginosa vida urbana hace de “ANIMA” una experiencia que desafía la emocionalidad humana, incorporando interrogantes sobre una base metafórica y dentro de un frío y distópico contexto como ambientación general de su concepto. Siempre en la vereda de los beats, el músico lleva los ritmos a un lugar diferente a la pista de baile, privilegiando instrumentos programados con uno que otro atisbo de humanidad, generando así las confrontaciones necesarias para un relato lleno de atributos extra musicales.


Fontaines D.C. – “Dogrel

Álbum debut con sabor a clásico. Desde las primeras notas que dan vida a “Dogrel” queda clarísimo que este trabajo goza de una energía especial. Caustico, visceral, directo y con un espíritu abiertamente punk, el larga duración apuesta a musicalizar el descontento y las desventuras a las que hay que sobreponerse cuando no se nace siendo parte de la elite. Para ello, el quinteto de Dublín combina con éxito una oferta sonora que va desde el post punk al new wave pasando por el glam rock, haciendo así de cada track una aventura única y cautivadora. Toda la razón tiene Grian Chatten en “Big” cuando confiesa “mi infancia fue pequeña, pero yo voy a ser grande”. No cabe duda de eso.


Slipknot – “We Are Not Your Kind

El ligar un estilo musical a un tiempo determinado es un error, pensando en cómo el revisionismo permite que ciertos sonidos vuelvan y se sientan frescos. También cerrarse a la temporalidad de la música evita notar con los sentidos abiertos cómo hay artistas y bandas que pueden reinventarse y voltear la tortilla a su favor, y eso es lo que con maestría logró Slipknot. Con inteligencia, valentía y mucha fuerza, “We Are Not Your Kind” es un triunfo para el rock y el metal, pero también lo es para un grupo de artistas tantas veces encasillados en su legado en vez de ser adulados con justicia por la capacidad de seguir generando parte del material más excitante e innovador en el género.


Black Midi – “Schlagenheim

La fuerza de “Schlagenheim” es un torrente caótico y destructivo. A punta de experimentación, estructura heterodoxas y catarsis, Black Midi se consignó como una de las grandes revelaciones de este año. En tiempos donde las expectativas no están orientadas a las guitarras, el conjunto londinense ofrece una propuesta de rock en estado visceral. Tomando nota de movimientos vanguardistas, como el no wave y el noise rock, el álbum cambia de intensidades con total fluidez, cuyas máximas son la preocupación por los compases repetitivos, letras que viajan entre los mensajes crípticos y el desencanto social, junto a un prolijo manejo de la tensión. Un ejemplar que resulta atractivo dentro de su excentricidad.


Nick Cave & The Bad Seeds – “Ghosteen

El 17º disco del conjunto parece alejarse de un sonido “de banda”, pero esto le permite a Nick Cave dar con sus letras más personales a la fecha. Si “Skeleton Tree” (2016) disponía en el sonido un pesar y una oscuridad brillantes, en “Ghosteen” la premisa es que se escuche qué dice Nick, cómo lo dice, cómo lo canta y cómo lo siente. En vez de que la batería o una pléyade de guitarras muestren el poder, es Nick Cave el que arrasa con su mezcla entre control, vulnerabilidad, misterio y sinceridad, en un álbum doble donde se confronta a las nociones de origen para luego abordar qué ocurre con los finales. “Ghosteen” es un trabajo coral, donde Cave practica con excelencia la empatía, entendiendo los dolores del mundo, comprendiendo cómo la memoria es un arma efectiva para la compañía, y también que nadie está olvidado, porque sin memoria no hay historias. El sonido del disco responde a la intimidad que destilan las letras y el desgarro de la interpretación vocal. Nick se hace acompañar de Warren Ellis, consiguiendo una obra de arte dedicada a la pena y la esperanza. La idea de lo injusto que es tener una pérdida se erradica, convirtiéndola en valor, en contención y en un acto de continuidad que sana y salva.


Ránking y textos por Manuel Cabrales, Javier Pérez, Manuel Toledo-Campos, David Martínez, Francisca Miranda y Claudio Tapia.


MEJORES DISCOS 2018

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MEJORES DISCOS 2016

MEJORES DISCOS 2015

MEJORES DISCOS 2014

MEJORES DISCOS 2013

MEJORES DISCOS 2012

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2 Comentarios

2 Comments

  1. Dj Loncho

    17-Dic-2019 en 12:18 pm

    Buen trabajo, he escuchado algunos como el de Tool, Iggy y Kim Gordon…me dejó claro que me falta bastamte por escuchar

    • Arm

      29-Dic-2019 en 3:26 pm

      Gracias por el tremendo esfuerzo de tener el coraje de publicar un ránking dónde el puesto 1 es para un disco de rock, género que salvo excepciones ya no escuchan ni registran gente menor de 35 años (digo “excepciones” porque no me gustan las generalizaciones) el bueno de Nick viene remando desde 1984 con esta banda y hoy estamos casi en el año 2020!!!

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Mejores discos de la década 2010-2019

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Mejores discos de la década 2010-2019

El último trimestre de 2019 fue prolífico en listas que contenían los “mejores discos de la década”. Por supuesto, cada medio actúa como le plazca y/o convenga, sin embargo, en HumoNegro sentimos que aquella no era la forma de llevar a cabo un manifiesto tan importante, ya que se dejaban afuera posibles contendores lanzados a fines de ese año. Como no imitaríamos esa forma, teníamos dos caminos: no hacer esta lista, o hacerla y demorarnos el tiempo que consideráramos necesario. Optamos por la segunda. Y es que para nosotros era casi una obligación; es decir, nos hemos caracterizado por nuestras listas de lo mejor de cada año, no podíamos quedar al margen de esto.

Todo lo anterior también se relaciona con la metodología para llegar a este resultado. Siete personas del equipo fuimos las que escuchamos y analizamos más de mil discos en un principio para luego ir reduciendo la lista, proceso que nos tomó varios meses. En resumen, aunamos criterios subjetivos para filtrarlos a través de un mecanismo objetivo.

Entendemos que la etiqueta “mejores discos de la década” es una que se puede asumir con un dejo de soberbia, y nunca será nuestra intención tener una palabra absoluta en esta materia. Por lo mismo, más que “mejores discos de la década” nos gusta llamarla “lista de consenso”, porque finalmente es eso: un punto de convergencia; cien puntos en este caso. Son siete visiones personales que dan vida a una visión grupal.

Esta es una larga presentación, pero era importante para nosotros entregarles las razones de por qué esta lista sale a esta altura del año. Con eso resuelto, y sin más preámbulos, aquí les dejamos nuestros cien seleccionados como mejores discos de la década 2010-2019.

  • Si quieres ir al streaming de algún disco para escucharlo, pincha en cada imagen.

Otoboke Beaver

“Itekoma Hits” (2019)

Japón es un terreno que entrega proyectos interesantes, y en el caso de Otoboke Beaver la sorpresa cae como una bomba. Derribando todos los estereotipos, “Itekoma Hits” es un recorrido caótico y fulminante, que puede dejar perplejo a los incautos. Si se trata de gritar, tocar a toda velocidad y exprimir las canciones hasta su nivel visceral, este conjunto de Kioto lo hace con una prolijidad extraordinaria. Dispuestas a pasar como un torbellino que desarma al oyente, estas cuatro chicas destrozan sus instrumentos mientras se rebelan contra los parámetros conservadores que impone la sociedad oriental. Reivindicando la ferocidad del riot grrrl, el punk vive en estos 26 minutos de energía.


METZ

“METZ” (2012)

El arrollador debut de los canadienses jugó con códigos noise para un resultado que no se queda atrás en actitud. Muchas de las canciones de la banda, desde su debut hasta sus últimos lanzamientos, siguen una misma línea, que fácilmente puede caer en lo repetitivo, sin embargo, se las arreglan para siempre sonar frescos o potenciar aún más su sonido. Es ese ímpetu el que alimenta chispazos de originalidad y una búsqueda sin abandonar su raíz ruidosa y filosa. El debut de METZ refrescó, sin duda, un panorama donde no se necesita más que una guitarra que parece un muro. Este disco homónimo vale la pena por su simplicidad de formato trío, que transmite una energía que ya quisieran otros proyectos.


Cloud Nothings

“Attack On Memory” (2012)

Enérgico, visceral y claustrofóbico. Probablemente esas son las mejores palabras para describir el tercer trabajo de los oriundos de Cleveland. Cargados con guitarras sucias, vocales desgarradores, letras extremadamente simples, pero efectivas, y la ayuda de Steve Albini en la mezcla, el conjunto liderado por Dylan Baldi dio vida a un álbum que invita a recorrer un mundo saturado de desesperanza y hastío, del que la banda pretende escapar, echando mano a una contundente base de post hardcore y noise rock. Son sólo ocho canciones las que dan vida a “Attack On Memory”, sin embargo, la intensidad del registro es tan abrumadora, que no necesita ni un minuto extra para dejar claro su mensaje.


Destroyer

“Kaputt” (2011)

La primera virtud que aflora en “Kaputt” es la suavidad con la que se erige cada una de las nueve canciones que componen el álbum. Desde el tono melancólico de “Chinatown” hasta el extenso y cambiante cierre con “Bay Of Pigs (Detail)”, el noveno trabajo de los canadienses recorre un viaje con emociones encontradas, pero siempre satisfactorias, donde la sutileza es transversal. Encima de aquel pop ejecutado con prolijidad, Dan Bejar construye un relato que abunda en reflexiones y experiencias personales, contadas con la habilidad propia de un cantautor. Tomando el melodrama como fuerza creadora, Destroyer entrega uno de los pilares de su carrera, donde el tiempo ha confirmado su habilidad para cautivar.


St. Vincent

“Strange Mercy” (2011)

St. Vincent siempre ha tenido la sensibilidad artística de crear estéticas, faceta que a lo largo de su carrera ha explotado en todos sus discos, pero la verdad es que “Strange Mercy” sobresale por otro motivo: nunca se le vio a Annie Clark tan confrontacional como en su tercer larga duración. Hoy el mundo parece hundido en la miseria, y la chica de Tulsa lo adelantó hace ya largos nueve años. Motivada por la situación judicial que enfrentaba su padre (acusado de fraude en 2010), dio con un disco que adelantaba la desolación que seguimos viviendo hoy. “Strange Mercy” es una prueba más de que St. Vincent es una de las referentes de la década no solo por su música, sino que también por su pluma.


Vampire Weekend

“Contra” (2010)

Muy probablemente todos disfrutamos de una buena cuota de distorsión y oscuridad cuando se trata de música, sin embargo, hay que reconocer que discos con la luminosidad de “Contra” son un verdadero regalo para el alma. Dos años después de su fantástico álbum debut, los neoyorkinos volvieron a sorprendernos con un trabajo lleno de armonías, acogedor y contagioso hasta el hastío, a ratos poético, a ratos festivo, mezcla precisa de pop de cámara con lo mejor del imaginario indie que, además, fusiona de forma perfecta sonidos de naturaleza electrónica con otros de evidente identidad orgánica, principalmente a nivel de percusiones. Sin duda, de lo más refrescante que nos ha regalado el pop en mucho tiempo.


Little Simz

“GREY Area” (2019)

Con diez canciones y un poco más de treinta minutos de duración, “GREY Area” es la obra que encumbra definitivamente a Little Simz como una titánica y joven promesa del hip hop. En su tercer disco, la rapera londinense muestra sus inquietudes en torno a la consolidación artística y sus deseos por alcanzar aquellas metas que añoraba durante su infancia. Mediante una rima afilada, que brilla por su agilidad y lucidez, Simbiatu Ajikawo se acompaña por la producción de Inflo, dando como resultado una obra versátil, que se entiende en buenos términos tanto con los sonidos orgánicos como con los beats. En una breve muestra de variedad, Little Simz afirma sus capacidades para coronarse como una MC deslumbrante.


Ana Tijoux

“La Bala” (2011)

Cuando un artista apuesta a crecer cada vez que avanza, es imposible no estar atentos a lo que sea que tenga que decir. “La Bala” toma lo mejor de la prosa consciente de Ana Tijoux y la fusiona con elegantes cuotas de R&B, jazz y algo de soul, al mismo tiempo que abre la puerta a numerosas colaboraciones que, lejos de quitarle identidad al disco, suman fantásticos matices a la oferta. Los samples y la voz hipnótica de Ana siguen estando ahí para regalarnos himnos de batalla de corte universal, sin embargo, es el trabajo en la apuesta sonora y la nueva voz de Tijoux (cantando por largos pasajes del álbum) lo que equilibra de forma intachable los 45 minutos que dan vida a este álbum.


Bon Iver

“Bon Iver” (2011)

Después de su experiencia ermitaña en “For Emma, Forever Ago” en 2008, Justin Vernon encontró en su disco homónimo un sonido mucho más colaborativo y armado. Bajo esa fórmula gestó este clásico de la década, un álbum cargado de tintes folk y composiciones emotivas, que lograron posicionar el nombre de Bon Iver como un referente musical para aquellas almas en busca de emociones. El segundo trabajo del músico de Wisconsin es un proyecto que sumerge en las profundidades del bosque estadounidense, mientras melodías cálidas, ritmos arrolladores y cuerdas emotivas aclaran el camino. Un viaje sumamente espiritual, que con el tiempo ha ido ganando fuerza y valía.


Mogwai

“Hardcore Will Never Die, But You Will” (2011)

Los escoceses se han convertido en una muralla sonora difícil de penetrar. Y es que su particular estilo, que hizo escuela, los ha posicionado como parte de un grupo de exponentes clásicos del post rock. “Hardcore Will Never Die, But You Will” es un disco con mayor atención a los detalles y las texturas, salvo excepciones cargadas a un desfile de distorsiones, como en “Rano Pano”, que son marca registrada de Mogwai. La frescura del álbum radica en un interesante juego de sintetizadores y armonías que desplazan a las guitarras a un estado más reflexivo y atmosférico. Sin embargo, no carece de fuerza ni potencia, ya que, incluso con esos elementos, la banda sabe cómo profundizar.


Baroness

“Yellow & Green” (2012)

El tercer álbum del cuarteto de Georgia fue el momento en que la banda se diferenció de sus pares. Después del contundente “Blue Record” (2009), ir por un disco doble que apuesta a bajar las revoluciones, fue una movida arriesgada. Sin embargo, el tiempo terminaría dándole la razón al conjunto. “Yellow & Green” es un álbum lleno de matices, que conserva la identidad sludge de Baroness, pero al mismo tiempo extiende su paleta sonora a un nivel muchísimo más desafiante. Los cambios de ritmos, la apuesta vocal, la cuidadosa estructura con que se desarrolla cada corte y el maravilloso trabajo puesto en las atmósferas, hacen de este álbum uno de esos capítulos donde la música trasciende las barreras estilísticas.


The War On Drugs

“Lost In The Dream” (2014)

El disco en que The War On Drugs encuentra su sonido es “Lost In The Dream”, tercer LP del proyecto, y donde Adam Granduciel se adentra en todas las bandas, artistas y estilos que influenciaron su música para definir una de las obras esenciales de su catálogo. Con guiños a Bruce Springsteen y Neil Young, acá abundan tracks con estampa de hit radial, guitarras calmas, pero con mucha presencia, y un sonido que permitió a la banda convertirse en un punto de comparación gracias a la cuidada orquestación en que cada uno de los instrumentos juega un rol fundamental, permitiendo que ese carácter personal no sea simplemente llevado a las letras, sino que a la cuidada propuesta del frontman para desarrollar esta obra.


Alice In Chains

“The Devil Put Dinosaurs Here” (2013)

La inagotable combustión de unos legendarios Alice In Chains queda de manifiesto en “The Devil Put Dinosaurs Here”, su segundo trabajo tras la reunión de 2005. Con Cantrell y DuVall a la cabeza de la difícil tarea de mantener viva la voz de toda una generación, la potencia no se hizo esperar y el álbum demuestra en sus 12 canciones la solidez suficiente de una banda que no transó en originalidad, no se tributó a sí misma y trazó líneas para seguir demostrando su vigencia. “Hollow” o “Phantom Limb” son claves para comprender aquello, de bajos y guitarras penetrantes. Con seguridad, y sin la presencia de Layne Staley, este ímpetu representa quizás el mejor y más completo trabajo de la banda desde su regreso.


Low

“Double Negative” (2018)

“Double Negative” plantea un ejercicio más que atrevido. No es sólo su complejidad la que dota de actitud y originalidad a una banda que no tiene miedo de deconstruir su sonido y, al mismo tiempo, desafiar cualquier norma sobre su propia identidad. Low ha sido capaz de formar una sociedad creativa que permite este tipo de licencias: canciones que son casi esculturas sonoras llenas de matices, detalles y atmósferas inquietantes, nerviosas y profundas. La complejidad de “Double Negative” no radica en recursos de virtuosismo o canciones extensas, sino que en la exploración sin restricciones de un formato tradicional de banda que debe ser comprendido con reflexión para definirlos.


Beach House

“Bloom” (2012)

Muchas veces la belleza se encuentra en lo más simple, por lo que, para una banda tan minimalista como Beach House, el correcto ensamble de los elementos hace que cada uno de sus discos sea mucho más que una colección de canciones. Con “Bloom” se explota la faceta de crear trabajos cuya lectura debe ser tan consistente como un álbum conceptual, haciendo que cada instrumento adorne el relato de canciones que se sienten fugaces como un suspiro, pero con la fuerza suficiente de involucrar al oyente en el torbellino de emociones que se despliegan con una batería que marca los tiempos constantes, así como los teclados y guitarras que le dan la atmósfera de ensueño necesaria.


Electrodomésticos

“Ex La Humanidad” (2017)

Catedrales en vez de casas; calles en vez de interludios. En vez de operar desde la emoción, la construcción de un disco de Electrodomésticos pareciera ser un trabajo arquitectónico, o la curatoría de ideas sonoras para dotarlas de significado y fuerza. Sin embargo, en el quinto álbum de la agrupación también hay un reconocimiento a lo humano de ese construir. La banda opera como motor primordial y los intérpretes brillan a la par de las composiciones, actuando también como terminaciones efectivas para la impregnación de identidad, en medio de sonidos que, sin esa sangre, podrían perder fuerza. “Ex La Humanidad” es la consolidación de la etapa más brillante de una de las mejores bandas chilenas en su mejor presente.


Grimes

“Visions” (2012)

La verdadera definición del DIY moderno lo entrega Claire Boucher con “Visions”, su tercer álbum como Grimes, en el que la canadiense explora distintas ramas del pop en una obra llena de matices, y que va marcando a través de su desarrollo toda la estética y sonido que vendrían en sus álbumes posteriores. Además de sus principales armas de batalla, como “Genesis” u “Oblivion”, en este disco encontramos la forma en que la tecnología puede ayudar a la música de manera beneficiosa y no perjudicial como suele ser. A pesar de su carácter digital y siempre futurista conceptualmente hablando, el lado humano de la artista se percibe en la dedicación y cariño que le da a su obra.


Arctic Monkeys

“AM” (2013)

El gran mérito del quinto disco de Arctic Monkeys es que atrapa todas las influencias que la banda venía masticando durante los últimos años (Black Sabbath, Led Zeppelin, T. Rex, por nombrar algunas) y las hace definitivamente suyas. El disco está plagado de riffs tremendamente cautivantes, viscosos y con una oscuridad que no le conocíamos al conjunto hasta ese entonces, una base rítmica aplastante y una performance vocal excepcional de Alex Turner, lleno de actitud y con un nivel de confianza que, si bien ya le habíamos visto antes, acá termina llevándoselo todo. Con este álbum, el cuarteto le mostró al mundo que lo de ellos era apostar completamente a la evolución sonora, sin perder el tiempo mirando hacia atrás.


The Afghan Whigs

“Do To The Beast” (2014)

Dieciséis años después, Greg Dulli y la banda no volvieron para revivir glorias, sino para cantar nuevas miserias. Hay algo de heroico en un retorno, pero, en vez del cliché, The Afghan Whigs consigue poner su sonido en medio de la frescura del rock del nuevo milenio y lo hace desenfundando múltiples aristas, desde las más crudas y cargadas al riff, hasta aquellas más románticas, siempre pasando por el cedazo de la voz de Dulli, traductor de emociones y cultor de la canción que puede hablar de lo que sea sin complejos. Esa voz rasposa se mueve como un depredador de cada línea y cada compás, con arrogancia exacta para atraer. Un disco que no es perfecto, pero que es palpable, corporal y lleno de alma.


St. Vincent

“St. Vincent” (2014)

La reinvención es clave para una artista como St. Vincent. En ese sentido, darle un carácter homónimo a su cuarto LP es una jugada que se siente como un reinicio. Tenso y oscuro, pero extrovertido y juguetón a la vez, el disco desarticula el pop de guitarras para fundirlo con sintetizadores, creando uno de sus trabajos más sólidos, donde se elimina toda comparación o idea preconcebida de su música para comenzar a trazar su legado como una de las compositoras más relevantes de nuestros tiempos. El álbum “más St. Vincent” de St. Vincent no lleva esa catalogación por su sonido, sino que por su naturaleza de reinterpretar las cosas y darles un sello propio, tal como acostumbra en cada proyecto en que se involucra.


Camila Moreno

“Mala Madre” (2015)

Las expectativas puestas sobre cómo ser mujer, cómo actuar y adaptarse frente a un patriarcado instalado y que configura opresiones que aún se sienten. Esas son las paredes con las que choca la artista nacional en un disco que es expansivo y otras veces profundamente claustrofóbico. Sin temor a la distorsión o la claridad en instantes precisos, “Mala Madre” golpea las entrañas con una Camila Moreno entregada al vaivén de emociones profundas, historias bien hilvanadas y, sobre todo, un ansia de evocar reflexiones como fractales, usando una parte para observar el todo. Desgarrador y casi premonitorio para el contexto actual, es uno de los álbumes indispensables de la música chilena en este milenio.


Julia Holter

“Have You In My Wilderness” (2015)

Enfocándose en los detalles en vez de las atmósferas que rodean todo, Julia Holter logra su trabajo más directo, pero no por ello el más simple. Su característica capacidad de crear texturas y capas toma un descanso para operar desde las emociones más claras que haya puesto en algún disco. La transparencia de la producción y el acto de esconder elementos a simple vista de este álbum es clave en los significados que toma. Pop barroco, pero sin exceso; pop de cámara, pero en una sala pequeña. Pese a lo sencillo que parece en su exterior, es en el alma de un trabajo así de cautivante donde reside lo dramático y lo divino de un disco que no por minimalista es menos denso y lleno de cosas por descubrir.


Japandroids

“Celebration Rock” (2012)

El dúo Japandroids, compuesto por Brian King y David Prowse, es la viva demostración de la energía que puede transmitir la música en su formato más elemental. Mediante la misma fórmula que los dio a conocer con “Post-Nothing” (2009), ambos músicos se valen de una guitarra y una batería como únicas armas para cumplir un sencillo propósito: conmemorar las pequeñas alegrías de la vida. Sin quitarle atención al optimismo visceral que los caracteriza, “Celebration Rock” es un recorrido cuya noble motivación es construir un instante de catarsis, incluyendo momentos memorables, como la versión de “For The Love Of Ivy”, original de The Gun Club. Un trabajo breve e intenso, cuyo norte es, precisamente, celebrar.


Janelle Monáe

“The ArchAndroid” (2010)

Con una carrera que se expandió incluso a otras disciplinas durante la década, el primer álbum de Janelle Monáe sigue siendo intrigante por lo ambicioso que resulta. Incluyendo la segunda y tercera suite de su proyecto “Metropolis” (que aún no concluye), “The ArchAndroid” presenta mundos, personajes y sensibilidades que en voz de Monáe logran densidad y fluidez. Neo soul, jazz, rap o R&B se cruzan para adecuarse a mensajes de unidad frente a la adversidad, y ocupar la figura de una androide como símbolo que podría identificar las luchas que las “minorías” siguen librando en un mundo falsas mayorías. Valiente, ridículo, coqueto y transparente, este trabajo retrata a su autora, sus obsesiones y su talento.


Thom Yorke

“ANIMA” (2019)

Thom Yorke ha entendido cómo armonizar su relación con lo que exige y representa Radiohead junto a su inquieta búsqueda en solitario. “ANIMA” es el resultado de ello, con un Yorke más ambicioso y complejo, que descansa en un rol muchísimo más visual para acompañar su álbum gracias al cortometraje protagonizado por él y dirigido por Paul Thomas Anderson. Este es un trabajo completo, que explora una vez más en una electrónica profunda y oscura, pero con matices, ya que el músico recurre al reciclamiento de un par de arreglos y canciones antiguas para potenciar otras. “AINIMA” es en sí mismo inspirador e innovador, todo ello se cuela con emoción en “Dawn Chorus” o “Not The News”, tan conmovedoras como hipnóticas.


PUP

“The Dream Is Over” (2016)

Si al momento de tomar el micrófono y prender los amplificadores se suponía que el objetivo era cantar dejándose el alma y entregarse a cada canción como si fuera la última, entonces los canadienses no le deben nada a la vida. Directo, contagioso y la mayor parte del tiempo con la energía a tope, el segundo álbum del cuarteto funciona como un ejercicio perfecto de catarsis punk rock. Imprescindible para esos momentos en que hay que mandar al mundo al carajo sin la intención de deprimirse en el camino. Las guitarras afiladas y la contundente base rítmica que acompañan los destemplados vocales de Stefan Babcock, hacen de este álbum un candidato más que digno para ubicar al lado de los discos clásicos del estilo.


Tame Impala

“Currents” (2015)

Sin duda, el disco que cambió lo que entendíamos por Tame Impala. A punta de sintetizadores y melodías pop, “Currents” trajo nuevos aires al proyecto de Kevin Parker, mostrando una psicodelia mucho más enfocada en las luces de neón y la pista de baile. Poseedor de algunos de los hits más importantes de la banda, este tercer álbum no sólo le quitaría la odiosa chapa de “salvadores del rock” a los australianos, sino que también le permitiría alcanzar las cimas de los charts y ganarse un lugar privilegiado en los festivales más importantes del mundo. Un disco que cambió muchas cosas en el proyecto, pero que reafirmó la que quizás es la más importante: Tame Impala es un grupo fundamental de la década pasada.


The National

“Trouble Will Find Me” (2013)

El sexto disco de la banda de Cincinnati irrumpió con fuerza en 2013, ganándose a los aficionados y a la crítica. Siete años después, pareciera que nada hubiese cambiado. Y es que “Trouble Will Find Me” sigue sonando igual de bien a la primera o a la centésima escucha. Oscuro y deprimente, el trabajo nos abre por completo, haciendo florecer hasta a las emociones más ocultas. Acompañados por St. Vincent, Sufjan Stevens y Richard Reed Parry, The National tocó todos los corazones que quiso en este LP, un trabajo demoledoramente hermoso, lleno de melancolía y pesar. Sí hay que pasar un día bajoneado y con la nube gris encima de la cabeza, este es el disco que tiene que estar sonando de fondo.


Daft Punk

“Random Access Memories” (2013)

Por supuesto que hay una intención clara cuando Daft Punk recurre a Nile Rodgers y Giorgio Moroder para dar vida a un álbum lleno de nostalgia y referencias a la época dance y de sintes. Por sí solos habría resultado un álbum plástico, sin embargo, la inclusión de personajes clave, como el mencionado Rodgers –además de otro puñado de colaboradores– resultó en un “Random Access Memories” sólido y lleno de vida. Como mateos, Daft Punk rescató y homenajeó diversos pasajes de un estilo complejo, y hasta metieron un hit (“Get Lucky”) resonando sin parar. “Random Access Memories” alejó a Daft Punk de su concepto original y los humanizó, resultando en un álbum más orgánico.


Hiatus Kaiyote

“Choose Your Weapon” (2015)

Si hay un país que durante esta década ganó notoriedad, ese fue Australia. La tierra de los canguros tuvo una camada de proyectos que puso nuevamente en el tope de los charts a la isla, y uno de esos grupos fue Hiatus Kaiyote, quienes en 2015 lanzaron “Choose Your Weapon”, un rompecabezas sonoro difícil de definir. Y es que la banda liderada por la carismática Nai Palm toma referencias de todos lados, mezclando jazz, neo soul y ritmos africanos con una psicodelia adictiva y frenética, logrando un resultado tan extraño como precioso. El segundo LP del cuarteto de Melbourne es una odisea musical compleja, pero enormemente esclarecedora cuando se da el tiempo de digerirla.


Frank Ocean

“Blonde” (2016)

La convencionalidad no es algo que represente la carrera de Frank Ocean, un artista que, dentro de lo misterioso de su material, no es alguien que se apoya en estrategias astronómicas para el desarrollo y promoción de su trabajo. Con ese antecedente, bastó sólo el hype en torno a su segundo LP para transformar a “Blonde” en un clásico instantáneo, mostrando que el ex Odd Future no es sólo uno de los letristas más importantes de su generación, sino que también un sólido arquitecto de hits con los impecables arreglos presentes en este disco, que mezcla pop, R&B y avant-garde, abordando temáticas cotidianas con una mirada más aterrizada y amena que la distante ostentosidad que muchas veces se toma la industria.


Future Of The Left

“The Peace & Truce Of Future Of The Left” (2016)

Lo de los oriundos de Cardiff es un claro ejemplo de que el nivel de masividad de una banda no tiene nada que ver con la contundencia de su trabajo. El quinto álbum de estudio de Future Of The Left sorprendió una vez más con lo mejor de su propuesta noise y post hardcore, donde el diálogo que entablan los sardónicos vocales de Andrew Falkous con las demoledoras líneas de bajo que despacha una y otra vez Julia Ruzicka vuelve a ser el espíritu que define la identidad del disco. Siguiendo una lógica casi punk (el álbum desaparece luego de 38 minutos), el sarcasmo, la rabia y el desencanto que llenan cada minuto de esta entrega van a martillar cabezas hasta que se logre entrar al universo que habita la banda.


D’Angelo And The Vanguard

“Black Messiah” (2014)

Durante catorce años, D’Angelo desapareció del mapa para dejar atrás una etapa oscura, pero tremendamente exitosa. Tras dos discos y muchas adicciones a cuestas, el nacido en Richmond abandonó la escena para sanar y encontrar redención, volviendo a las pistas recién en 2014 con “Black Messiah”, una oda al hip hop y a las raíces negras. Un trabajo donde Michael Eugene Archer se muestra a tope creativa y socialmente, escribiendo letras enfocadas en la brutalidad policial y el movimiento “Black Live Matters”, que explotaría un par de años después. Un LP donde, junto a The Vanguard, experimenta con el R&B, el jazz y el funk, logrando hacer un repaso profundo por la cultura musical afroamericana.


Steven Wilson

“To The Bone” (2017)

Innovar sin importar a quién le guste, esa puede ser la primicia de “To The Bone”, un disco cálido y fresco, donde Steven Wilson nos muestra su cara más comercial y popera, luego de haberse graduado como un referente del progresivo. Un trabajo donde el inglés sale de su zona de confort y se sumerge en la exploración, logrando un LP conciso, estimulante y luminoso, el que inevitablemente no cayó bien en parte de su fanaticada, situación que al ex Porcupine Tree poco le importa. Lo suyo es seguir nutriendo su insaciable búsqueda personal, una que no discrimina géneros ni etiquetas, donde lo único que importa es sonar bien, algo que en su quinto álbum solista se da por sentado desde el primer minuto.


The xx

“I See You” (2017)

Sin perder la calidez y elegancia que los identifica, el tercer álbum de The xx se entrega por completo a los ritmos bailables. Gracias al minucioso trabajo realizado por Jamie xx en la vereda de los secuenciadores y sintetizadores, el dueto, conformado por Romy y Oliver, dialoga con fluidez a lo largo y ancho de “I See You”. Canciones que hablan del amor y la melancolía son el terreno donde reluce la complicidad envolvente que generan ambas voces. Con un sutil acento hacia la suavidad del soul, el conjunto londinense invita a sumergirse en la singularidad de su propuesta, aquella que convoca con igualdad de fuerzas tanto a la danza como a la construcción de un ambiente íntimo.


LCD Soundsystem

“American Dream” (2017)

Tras seis años separados y siete sin material discográfico, el proyecto liderado por James Murphy volvió a las pistas, y “American Dream” puede verse como su regreso triunfal. Uno que, si bien siguió mostrando los sonidos y ritmos de sus antecesores, brilla por esencia propia, ya que los neoyorquinos optaron por lanzar su disco más oscuro y menos bailable hasta la fecha. Un retorno que viene a continuar la trilogía de tremendos lanzamientos de la banda, y que también aporta nuevas texturas, especialmente desde la vereda de las guitarras, las cuales en este sueño americano asoman más que en ninguno de sus otros álbumes. Un retorno redondo, que demostró que se puede ser novedoso jugando a lo mismo.


Kate Tempest

“Let Them Eat Chaos” (2016)

Desde un terreno intermedio entre la poesía y el rap, la rima de Kate Tempest tiene un ritmo que se acerca con naturalidad hacia el relato hablado. A partir de esta metodología, la rapera británica articula una narración reflexiva, que aterriza en la ciudad de Londres para hablar sobre las inquietudes que giran en torno a sus habitantes. Tomando como un punto en común las 4:18 de la madrugada, siete personajes ficticios se sitúan en ese espacio temporal para entregar sus puntos de vista respecto a las dificultades de vivir en una vertiginosa metrópolis. Con una singular capacidad analítica, la MC se apoya en las líricas para contar historias y crear la radiografía de una sociedad de consumo al borde del colapso.


The National

“High Violet” (2010)

Entre la extensa discografía de The National, difícilmente se encuentre un disco que no posea calidad, pero en “High Violet” de 2010 ese sello característico del conjunto se logra pulir mucho más. Pese a contar con muy buenos antecesores, y mucho mejores sucesores, este trabajo captura la esencia poética de la banda en todo su esplendor, llevando los cánones del rock alternativo hasta niveles insospechados, con un ruidoso pero delicado trabajo de arreglos, y una banda concentrada en su labor multiinstrumental, entregando su álbum más fino y estructurado hasta la fecha. Nada presagiaba que la hazaña sería lograda un par de veces más durante la década, pero eso claramente es otra historia.


Angel Olsen

“MY WOMAN” (2016)

Hay una cierta teatralidad en la voz de Angel Olsen que la hace destacar. Es dueña de virtudes que van más allá de una intención con aires de grandeza o una búsqueda de canciones épicas, y “MY WOMAN” concentra aquello en sus 10 tracks. Olsen, siempre cálida, busca maneras de sonar tan cruda como íntima (“Shut Up Kiss Me”). La rica mezcla de guitarras y unas suaves melodías que bien podrían acercarse al dream pop contrastan con una segunda mitad más experimental y compleja, desde donde se desprende “Woman”, un altísimo corte agresivamente íntimo, de interesante profundidad y elocuencia, en el que su voz dice presente con fuerza. “MY WOMAN”, lejos de ser autorreferente, se mantiene íntimo, cálido y, por qué no, delicado.


Napalm Death

“Apex Predator – Easy Meat” (2015)

La búsqueda de la humanidad no necesariamente vendrá del lado de los argumentos. Lo humano tiene racionalidad, pero también hay sangre, carne y hueso, músculo, nervio y entrañas, que en el caso de música como la de Napalm Death son todos territorios de disputa del sentido. Pese a lo devastador y arrollador de su grindcore, hay detrás una inquietud por la situación de quienes sufren de la esclavitud moderna, por condiciones de trabajo y por un bienestar común. Este es el decimoquinto disco de la banda inglesa, pero pareciera ser una revitalización de sus axiomas y sus energías. Compromiso innegable con las personas y una vocación con sonidos que incomodan, para precisamente decir verdades y sentirlas a golpes.


Anderson .Paak

“Malibu” (2016)

El segundo disco de Anderson .Paak es una luz de optimismo en medio de una década gris y llena de problemas; una pieza musical que coquetea con el hip hop, el soul y el funk, logrando un resultado sensual y cargado de buenas vibras. Un trabajo donde el californiano se apoya de eminencias de la música urbana norteamericana (Rapsody, 9th Wonder y DJ Khalil, entre otros) para lograr que el álbum sea un híbrido de estilos, donde los samples y los quiebres musicales se roban la película. Un LP que hace honor a su nombre, porque la verdad es que “Malibu” es una fiesta, un disco que da alegría y que recuerda que, en estos años oscuros, también hay espacio para irse a playa y disfrutar.


Chelsea Wolfe

“Hiss Spun” (2017)

Abordando tópicos personales, Chelsea Wolfe transforma su quinto LP en una obra íntima, oscura y altamente amenazante, donde el aura siniestra permite encapsular toda su refinada composición musical en una obra pesada y llena de ruido, y cada instrumento golpea al oyente en el desarrollo de canciones como “Spun” o “16 Psyche”. Con una obra llena de contrastes, la dulce pero poderosa voz de la artista logra generar contrapuntos intensos y muy bien definidos con la instrumentación en clave sludge, otorgándole un carácter diferente a lo que se espera normalmente del metal más oscuro, utilizando algunos clichés, pero con la dosificación necesaria para sonar como una renovación más interesante en el intento.


Deafheaven

“New Bermuda” (2015)

Fusión y contrastes. Ahí es donde Deafheaven ha decidido apostarlo todo. Con dos discos bajo el brazo, la banda volvió a golpear con un álbum que fusiona de manera perfecta las claves del post metal con lo más primigenio del black metal y, al mismo tiempo, transitar por paisajes sonoros que van desde la abierta brutalidad y oscuridad a otros excepcionalmente acogedores, con absoluta naturalidad. La pausada forma con que crece cada track y el orden con que cada uno de ellos está situado a lo largo del álbum, logran que “New Bermuda” se mueva como un animal compacto, con una estética increíblemente bien definida. Instrumental y vocalmente excepcional, este es uno de esos capítulos que nadie debería pasar por alto.


Kamasi Washington

“The Epic” (2015)

Las extensas e imponentes dimensiones que componen el tercer álbum de Kamasi Washington son, a primera escucha, intimidantes. Acompañado por músicos igual de habilidosos, el saxofonista compone una obra de tres actos, donde las múltiples escalas e improvisaciones son protagonistas indiscutidos durante las casi tres horas de extensión del disco. Como último ingrediente, la voz de Patrice Quinn entrega el aire necesario a cada una de las partes, cuyo resultado final es una experiencia sonora tan amplia, que logra conformar un universo en sí mismo. “The Epic” es una propuesta ambiciosa, que reivindica el valor del jazz y demuestra que es un género que, actualmente, no deja de entregar obras maestras.


Alain Johannes

“Spark” (2010)

Un tributo a un amor perdido y a la posibilidad de honrar la memoria desde la soledad. “Spark” es el debut solista de un artista que la década develó de forma protagónica, por fin, pero cuyo recorrido es amplio y trascendente. Chileno de nacimiento y norteamericano de crianza, Johannes es un músico mundial desde hace mucho tiempo, y con ese bagaje surge un trabajo así de único. Dedicado a su gran amor, Natasha Shneider, y elaborado con una cigarbox guitar, las ocho canciones se mueven gráciles, pero con un halo de relevancia mayor. No es sólo un disco, sino que un recuerdo en movimiento, un destello constante y, además, se trata de sentimientos que resuenan en letras arrojadas. Un deleite doloroso, pero bello.


Frank Ocean

“channel ORANGE” (2012)

Tras el paso de los años, este enorme trabajo llamado “channel ORANGE” no ha hecho más que seguir ganando peso. Si cuando se lanzó se le destacaba su elaborado sonido e ingeniosa narrativa, después de ocho años sus logros son mucho más profundos. Por una parte, es evidente que el primer disco de estudio de Frank Ocean fue un punto de partida para las transformaciones que tuvo la música negra durante esta década, logrando darle un giro de modernidad a estilos como el soul y el funk. Y también logró demostrar que se puede rapear sobre historias cercanas y comunes, consiguiendo que la lírica, al humanizarse, pegue más fuerte. Un LP innovador y pionero, que le dio la consagración definitiva a Christopher Edwin Breaux.


Beach House

“Teen Dream” (2010)

Si bien es cierto que muchos discos mejoran si uno les da el tiempo suficiente para decantar, hay algunos casos en que dichos trabajos no sólo mejoran, sino que terminan capturándonos por completo en su imaginario. El tercer disco del dúo de Baltimore sin duda tiene esa virtud. El trabajo puesto en la creación de los paisajes sonoros es tan sutil y preciso, que es imposible pretender apreciar toda su belleza después de un solo encuentro. Todo se desliza con suavidad en este álbum, los teclados, las eclécticas percusiones, los oníricos arreglos de cuerda y, por supuesto, la voz infinita de Victoria Legrand, siempre lista para tomar tu mano y llevarte de viaje a lo más profundo y cautivador del dream pop.


A Tribe Called Quest

“We Got It From Here… Thank You 4 Your Service” (2016)

El epitafio de una de las bandas más importantes en la historia del hip hop trajo consigo una exquisita selección de sonidos, que se pasean por el jazz, dub y una batería de samples, entregando esa última gran obra para agradecer a los fans por años llenos de historia. Con invitados estelares, como Elton John, Kendrick Lamar, Jack White o Kanye West, A Tribe Called Quest no escatima en recursos para mostrar lo que ellos mismos describen como su álbum definitivo, el que líricamente repasa la delicada situación de racismo en Estados Unidos. Una obra que, por muy reciente que sea, no dejará de resonar como la portadora de uno de los mensajes más recurrentes de esta década


Kanye West

“My Beautiful Dark Twisted Fantasy” (2010)

Son muy pocos los discos de hip hop moderno que tienen tantos momentos remarcables como “My Beautiful Dark Twisted Fantasy”, indudablemente la obra más importante en la carrera de Kanye West. Con una producción pomposa y llena de colaboradores, en este disco podemos encontrar la versión más maximalista del rapero, principalmente por la gran cantidad de invitados, desde Nicki Minaj hasta Bon Iver, además de la capacidad de West para adentrarse en diversos estilos musicales, llevándolos a la cultura popular con la inclusión de algunos de sus singles más importantes, como “Power”, “Runaway”, “Monster” y “All Of The Lights”. La obra magna del oriundo de Atlanta sería, además, una de sus últimas chispas de genialidad.


Vampire Weekend

“Modern Vampires Of The City” (2013)

El coqueteo de la banda con el world music, las percusiones y un uso fresco del punk rock naif, los representó como un estereotipo de utopía blanca cosmopolita. Sin embargo, Vampire Weekend, lejos de volverse intrascendente con el paso del tiempo, pulió y maduró ese sonido; la búsqueda y experimentación que podría acercarlos a ese rótulo se había acabado y la banda encontraba la originalidad. Por eso suenan tan bien canciones como “Don’t Lie” o “Ya Hey”. “Modern Vampires Of The City” no tiene el ímpetu ni la frescura de sus primeros trabajos, pero sí dos grandes virtudes: profundidad y sensibilidad.


Lingua Ignota

“CALIGULA” (2019)

Lingua Ignota (Kristin Hayter) construye un lenguaje propio en “CALIGULA”. Alimentado por los más profundos sentimientos de horror, venganza y desazón, este relato deja a un lado la sensibilidad tradicional para desembocar en un desgarrador sonido de canciones extremadamente profundas y oscuras. Un denso ejercicio que transita entre el metal, los arreglos sinfónicos y el noise, que funcionan cabalmente con la intensidad de sus letras, redefiniendo y desmarcándose de los parámetros de lo considerado agresivo y oscuro. “CALIGULA” es el resultado de un trabajo personal, donde ese sonido tormentoso es funcional para la experiencia y en el que la fuerza de su interpretación es primordial para admirar este álbum.


LCD Soundsystem

“This Is Happening” (2010)

La consolidación para una banda cuya vitrina se basó en su frescura y originalidad no podía ser menos. “This Is Happening” concentra todo ello con especial cuidado, y es aquí donde los liderados por Murphy no sólo plantean, sino que derechamente se apropian, por ahora, de este artefacto sonoro. La manera en que hacen dialogar sus influencias hace imposible no recordar a los mejores Talking Heads (“Dance Yrself Clean”), lo que de paso le entrega otra virtud a LCD Soundsystem: su propuesta no es un disfraz ni un tributo, sino que pura actitud y un trabajo meticuloso. “This Is Happening”, que podría ser su mejor álbum, tiene color, letras ingeniosas, certeras y formó parte de un ecosistema creativo que quizá sea difícil de volver a admirar.


Deafheaven

“Sunbather” (2013)

Dulce y arrollador. La ambivalencia que recorre el segundo disco de Deafheaven forma parte de las aventuras más deslumbrantes que dejó la década en el panorama de la música extrema. Con la osadía que conlleva convocar tanto al black metal como al shoegaze, la banda de San Francisco lleva a la perfección una fórmula que ya registraba algunos precedentes. La fuerza ensordecedora y el dramatismo vertiginoso de este trabajo entrega colores únicos y vistosos, en un ejercicio desprejuiciado, que nos permite apreciar dónde ha desembocado el extenso periplo del metal. Así como los tenues rayos de sol que se asoman en el invierno, “Sunbather” es un hermoso oxímoron que transmite su gélida calidez.


Protomartyr

“The Agent Intellect” (2015)

Sin duda, uno de los protagonistas que ha tenido el post punk revival de los últimos diez años ha sido Protomartyr. Sin despachar singles de corte radial, el cuarteto ha hecho de la consistencia sonora su leitmotiv. Lo del tercer álbum de la banda toma el testimonio donde lo dejó “Under Color Of Official Right” (2014) y explota los argumentos del grupo a un nivel superlativo, cortando por completo las amarras con la escuela más tradicional para crear su propio e inconfundible sello. La sucia distorsión que lo impregna todo, las viscosas líneas de bajo y los inconfundibles vocales de Joe Casey (mezcla perfecta de hastío, decepción y abulia) hacen de este trabajo un capítulo imperdible del imaginario reciente.


Billie Eilish

“WHEN WE ALL FALL ASLEEP, WHERE DO WE GO?” (2019)

Pese a la popularidad gigante que Billie Eilish tiene en el mundo, no existe en su álbum debut indicio alguno de una fórmula hecha pensando en un escenario. El mayor triunfo de este disco, coproducido junto a su hermano y compositor Finneas, es trabajar desde aquello que hace de la artista alguien único. No hay sampleos prestados de otros tiempos, sino que sonidos caseros (cuchillos, papel roto, alarmas, microondas, entre otros elementos), reverberaciones más desde un dormitorio que desde un estudio, y más para pintar un imaginario lleno de escenas propias. Un trabajo engañoso, con pinta de simple, pero atiborrado de detalles listos para ser descubiertos y convertidos en mitología, al igual que Billie.


Shame

“Songs Of Praise” (2018)

Cuando una banda debuta con una propuesta tan desvergonzadamente segura como para pasar por un grupo de veteranos, siempre es una buena señal. Lo de “Songs Of Praise” es producto de un conjunto que sabe de dónde viene y cómo quiere sonar. Con una identidad indudablemente inglesa, las canciones que dan vida a este álbum se mueven por un universo sonoro que, si bien rememora las claves del post punk, puede sonar increíblemente punk e incluso garage rock si la situación lo requiere. Oscuro y abrasivo por largos pasajes, la banda sabe muy bien cómo sonar coreable y dejar entrar algo de luz, sin perder nunca la potencia de su discurso. Cada uno de los tracks desplegados en este álbum pide a gritos ser disecado.


Lana Del Rey

“Norman Fucking Rockwell!” (2019)

Llegando a un punto de su carrera en que ya es una artista consagrada, Lana Del Rey entrega otra aclamada obra con “Norman Fucking Rockwell!”, su sexto trabajo de estudio, que viene a repuntar su estatus como una de las compositoras más importantes de la música contemporánea. Condimentando sus siempre misteriosas líricas con elementos del soft rock, la psicodelia y el folk, la artista ejecuta una obra magistral y delicada, llena de matices que se orquestan para crear un trabajo que va más allá de una simple colección de hits radiales. Punto aparte, la mano de Jack Antonoff en producción hace que cada pieza se tome su espacio y construya los paisajes e historias que la cantante narra a lo largo del álbum.


Weyes Blood

“Titanic Rising” (2019)

Aunque el mundo esté a segundos de acabarse, seguirá existiendo amor, o al menos algo de emoción. Este es el espíritu que cruza “Titanic Rising”, un álbum de pop de cámara, meticulosamente épico y atemporal, alineado con estos tiempos donde pareciera que el colapso está a la vuelta de la esquina. En medio de las sombras, la opulencia del sonido y la convergencia de cada capa que envuelve la escucha, como sábanas de seda cuidando un sueño perfecto, denotan las facetas escondidas de ese amor, dejando en claro que Natalie Mering hurgó mucho para encontrar los remanentes de la esperanza, encontrando algo, muy poco, pero lo suficiente. Un álbum de belleza inconmensurable, listo para el fin de los días, y lo que venga después de ello.


My Bloody Valentine

“m b v” (2013)

Perdidas en el tiempo estaban las nueve canciones que componen “m b v”, el tercer álbum de los legendarios My Bloody Valentine. Luego de dos décadas tras “Loveless”, y cuya influencia marcó pauta para toda una generación, los caprichos de Kevin Shields encontraron espacio para un nuevo álbum. Fiel a su estilo, “m b v” reinventa ese característico muro de guitarras y atmósferas para descansar en un disco breve, pero de trago lento, donde se dan licencias para explotar los mismos recursos y caer en lo tradicional con otros (“new you”). Es ese sonido atemporal y único el que mantuvo las expectativas para una banda que, más que buscar su regreso, necesitaba de un disco que hiciera justicia a su predecesor.


Black Midi

“Schlagenheim” (2019)

En un momento donde el rock de guitarras vive tiempos alicaídos llega “Schlagenheim”, una pieza de arte frenética y escalofriante, donde los jovencísimos Black Midi saludan al mundo desde su vereda tan estrambótica como única. Definir el disco es un verdadero desafío, porque los géneros parecen difuminarse entre tanta experimentación; el estilo de los chicos de Londres va más por la experiencia que por las etiquetas. Pero ojo, que con eso no decimos que les falte talento, porque lo que cosecharon en un solo disco algunas bandas lo persiguen toda la vida. Un álbum hostil e impredecible, que necesita tiempo para ser asimilado, pero que, al momento de atraparte, no te soltará fácilmente.


Cómo Asesinar A Felipes

“Elipse” (2017)

Cuando CAF mostró las partituras de su sexto álbum de estudio antes de letras o algún adelanto, estaba claro que nuevamente llevarían su propuesta a otro nivel. Luego de la salida de Gabo Paillao, la banda se reinventó como tantas veces antes, incorporando a Cristián Gallardo, y con ello abrazando los vientos; nuevos bríos para seguir creando, expandiendo, desafiando. El resultado: una suite en tres movimientos, apabullantes, llenos de coherencia, conciencia y energía, esa que viene de quienes creen por completo en lo que están haciendo. No sólo es una continuación de la operación, sino también su muestra más provocadora, la más exigente, a la medida de una agrupación cuya calidad trasciende en cada paso que da.


Tame Impala

“Lonerism” (2012)

En el segundo disco de Tame Impala, la banda comienza una transición que los aleja paulatinamente de la impronta de su debut, hecho a la medida de la psicodelia de los años sesenta. Sin olvidarse de los elementos favorables de su primer álbum, en “Lonerism” los australianos optan por darle mayor cabida a los sintetizadores y arreglos electrónicos, generando un sonido algo más contemporáneo. El resultado es un trabajo que recoge gran parte de su repertorio más reconocible, siendo “Feel Like We Only Go Backwards” su carta de presentación frente a las audiencias del mundo. En este segundo eslabón, el proyecto liderado por Kevin Parker da cuenta de la importancia de modificar la fórmula y explorar nuevos rumbos.


Jack White

“Blunderbuss” (2012)

Que Jack White haya dejado un poco de lado las ruidosas guitarras de The White Stripes no fue una decisión al azar para su primer LP, donde el oriundo de Detroit profundiza en la evolución sonora que ya venía mostrando en sus últimos discos. Acompañándose de varios colaboradores de la familia Third Man Records, White se pasea por el sonido de Dylan, Young, y otros, comenzando a trazar el legado que ha ido construyendo con sus proyectos, en un disco que muestra su versión más enfocada y pulcra, instrumentalmente hablando. Con un piano como protagonista y la lírica de Jack reenfocándose en situaciones de la vida cotidiana, “Blunderbuss” se alza como el disco más completo del músico en su periplo en solitario.


Deftones

“Koi No Yokan” (2012)

La capacidad creativa de Deftones pareciera ser un vasto universo por explorar. A doce años de una magna obra como “White Pony” la maquinaria compositiva no se detiene, sino, por el contrario, muestra una resuelta madurez. Pese a ser el segundo álbum sin Chi Cheng, “Koi No Yokan” se luce por la versatilidad y el amplio abanico de matices que acostumbran a mostrar. Con transiciones tan fluidas como dispares (como el paso de “Poltergeist” a “Entombed”), el conjunto liderado por Chino Moreno continúa acaparando la atención en un disco que no revoluciona su propuesta, pero sí da un paso firme y equilibrado. Una confirmación de vitalidad en una banda que sabe sacar provecho a sus años de experiencia.


Steven Wilson

“Hand. Cannot. Erase.” (2015)

Aunque la calidad de Steven Wilson y lo bien que usa los preceptos basales del rock progresivo sean lo más inmediato a su figura, lo que se esconde es lo más profundo: su amor por la melodía y por la unidad que esta puede generar. En su cuarto disco de estudio, Wilson explora más que nunca en lo que va debajo de lo evidente, rondando un concepto tan crudo como la ausencia involuntaria y cómo esta devela las complejidades de las sociedades contemporáneas. Haciéndose cargo de reflexiones profundas y genuinas, Steven genera su álbum más consistente de la década. Una obra llena de alma, humanidad y sensibilidad, proveniente de uno de los compositores que mejor comprende el poder de la creación musical.


Protomartyr

“Relatives In Descent” (2017)

Cinco discos han posicionado a la banda de Detroit como uno de los proyectos más interesantes del último tiempo, y “Relatives In Descent” es otro trabajo que rescata esa actitud reflexiva y musicalmente asfixiante. Sin embargo, el cuarto álbum de la banda tiene un discurso menos explícito y se enfoca en una sonoridad menos caótica. Protomartyr es una banda incómoda, sin carisma y con una actitud más bien pesimista, pero qué frescos son. Hablan por sí mismos plagados de metáforas y letras ácidas, todo bajo un ahogante manto de riffs hipnóticos y bajos profundos.


Swans

“The Seer” (2012)

Marcando el segundo paso de su retorno discográfico, el decimosegundo álbum de Swans es una confirmación de la increíble capacidad que poseen para erigir imaginarios apabullantes. En esta ocasión, el colectivo liderado por Michael Gira entrega un disco titánico, cuya extensa duración marca la pauta de los trabajos más recientes del conjunto. La cacofonía dentro de cada canción es la columna vertebral de la obra, cuyos dos pilares son las suites “The Seer” y “Apostate”, ambas viajes vertiginosos a través de un escenario oscuro y contundente, donde las impenetrables murallas sonoras entregan un insólito equilibrio entre armonía y disonancia, dando cuenta del retorcido sentido de belleza de los neoyorquinos.


Björk

“Utopia” (2017)

A Björk se le conoce por ser una artista que a lo largo de los años se ha dedicado a eliminar cada idealización que teníamos del pop, experimentado de formas inimaginables para darle nuevas texturas al género. En esa búsqueda de sonidos llegó su noveno disco, “Utopia”, una pieza sin un esqueleto conciso, que invita a viajar a través de melodías suaves y vientos majestuosos; un álbum que vino a darle una cuota de esperanza a un mundo que comenzaba a oscurecer lentamente. De la mano de la productora venezolana Arca, la multiinstrumentista logra crear un trabajo espiritual y poético, demostrando que el potencial creativo de la islandesa pareciera nunca tocar techo.


Nick Cave And The Bad Seeds

“Push The Sky Away” (2013)

El primer disco de la agrupación en los 2010’s luce como un trabajo tradicional, alimentado por la curiosidad mundana de un Nick obsesionado con datos aparecidos en Wikipedia y por líneas ambientales de Warren Ellis, sobre las que construyeron las nueve canciones. Pero el decimoquinto álbum del conjunto esconde cosas a simple vista, desde lo contemplativo que resulta todo en el sonido, hasta el control y contención desplegadas en la interpretación. Puede ser visto como el menor de los álbumes de Nick Cave And The Bad Seeds en la década, pero la fortaleza de sus composiciones es la que lo dota de un legado perenne, gracias a la libertad desoladora que sería el cimiento exacto para los siguientes pasos.


Leonard Cohen

“You Want It Darker” (2016)

La conciencia del final como un evento que se aproxima sin pausa, sin duda es un fenómeno amenazante para cualquier individuo. Sin embargo, cuando un artista del tamaño de Leonard Cohen se enfrenta a este mismo escenario, vemos nacer una obra de arte. El álbum número catorce del canadiense no es una oda a la muerte, muy por el contrario, es un bellísimo manifiesto que tiene como fin celebrar esas memorias que el músico claramente cobija en lo más profundo de su espíritu, ordenar algunas cosas y además aconsejar a los que estamos al otro lado del parlante, como quién se despide de un buen amigo. Poético, romántico, por momentos litúrgico e incluso castigador, pero siempre en paz y acogedor. Un álbum para la eternidad.


Kendrick Lamar

“DAMN.” (2017)

Tras el aclamado “To Pimp A Butterfly” (2015), Kendrick Lamar tenía la difícil tarea de mantener el momentum de dicho trabajo con “DAMN.”, álbum que llegó tan solo dos años después, con las miradas del mundo entero puestas sobre su trabajo y lo que entregaría el oriundo de Compton. Más accesible que su predecesor, en este disco encontramos canciones con el mismo directo y fuerte mensaje de su predecesor, pero llevadas hacia la masividad con un sonido radial y la colaboración de gigantes nombres como Bono de U2 o Rihanna, dosificando la diversidad de elementos que el rapero acostumbra a entregar con un álbum casi perfecto, que no por ser menos docto, termine siendo menos relevante.


Deftones

“Diamond Eyes” (2010)

Tras la pérdida de su bajista fundador, Chi Cheng, Deftones se sacudió para explorar una faceta más novedosa. “Diamond Eyes” explotó tras una frágil relación que permitió a la banda encontrarse en bruto con sus influencias. Así, nació uno de los álbumes más íntimos del grupo, pero que no pierde la fuerza ni potencia característica. En este largo, la banda fluye con total soltura entre las texturas de las guitarras (“Beauty School”) y las capas agresivas de la batería (“Rocket Skates”), encontrando en la voz de Chino Moreno calma y calidez. “Diamond Eyes” es un disco robusto y potente, manifiesto de un cambio de rumbo honesto para una banda de veteranos siempre en búsqueda de dar un golpe más.


Slipknot

“We Are Not Your Kind” (2019)

Brutal, inteligente y muy oscuro. Así es como suena y como se siente el sexto álbum de Slipknot, lleno del sonido más auténticamente crudo de la banda. Depresión, autoestimas destruidas, temor y fuerza, están presentes en las letras de un álbum donde el grupo experimenta muchísimo con vibras electrónicas o más industriales, pero donde, al mismo tiempo, se demuestran parte de las composiciones más pesadas. Inadvertidamente político, el esfuerzo de Slipknot por una paleta de emociones y géneros más amplia que nunca, también fue una respuesta al creciente racismo en EE.UU., impulsado por Donald Trump y sus seguidores. Brillante álbum de una de las bandas más injustamente encasilladas dentro del rock contemporáneo.


Car Seat Headrest

“Teens Of Denial” (2016)

Posiblemente el punto más alto de la carrera de Will Toledo. Alejado del excesivo tono lo-fi de “Teens Of Style” (2015), pero todavía lo suficientemente convencido de sus argumentos musicales como para explotar sin contemplaciones su propio estilo, sin mirar a otros horizontes sonoros. Los 70 minutos de esta entrega combinan dosis precisas de pop, indie noventero y garage rock con un universo lírico excepcional, lleno de postales de angustia adolescente, poesía callejera y un nivel de honestidad y familiaridad que hacen imposible no verse reflejado (o acompañado) en alguna de las historias que dan vida a este fantástico bestiario. Para disecar y disfrutar en múltiples escuchas.


Run The Jewels

“Run The Jewels 3” (2016)

La bestia de dos cabezas conformada por El-P y Killer Mike ya había consolidado su voz, pero faltaba el resto. Para marcar la diferencia no bastaba con tener letras, barras y onda, sino que también necesitaban extender los dominios de una canción de rap, y eso lo logran en “Run The Jewels 3”. Con El-P luciendo un desprejuicio envidiable, la tercera entrega de Run The Jewels destila experimentación sonora, una producción aventurera y cruces estilísticos que sólo se podrían haber esperado de Gorillaz. Sin embargo, junto a esa capacidad, El-P y Killer Mike siguen con la agudeza e inteligencia ya desplegada, y ahondando en ella, con más actitud y más fuerza. “Run The Jewels 3” no es el reflejo más consistente del dúo, pero consolidó un sonido propio.


Lorde

“Melodrama” (2017)

Un día eres una adolescente que vive en los suburbios de Auckland y al siguiente David Bowie apuesta por ti como el futuro de la música. Así de profunda fue la transformación en la vida de Ella Marija Lani Yelich-O’Connor luego del meteórico éxito que tuvo su disco debut. Todo lo que trajo ese tsunami llamado “Pure Heroine” (2013) inevitablemente se vio vertido en su siguiente apuesta discográfica. La llegada de la fama, el paso forzado a la adultez y, sobre todo, el fin de su primera gran relación fueron expuestos en “Melodrama”, un trabajo de desahogo y sanación, que confirmó a Lorde como una de las cantantes jóvenes más talentosas del planeta.


Father John Misty

“I Love You, Honeybear” (2015)

Escribir de amor puede ser muy fácil, pero, al mismo tiempo, conlleva un gran problema: se usa tanto, que es muy fácil caer en el cliché o ser olvidado entre los cientos de discos melosos que hay dando vueltas. Por ello “I Love You, Honeybear” tiene tanto valor. En este trabajo, Father John Misty mostró de una manera magistral cómo hacer un álbum romántico y atractivo. Jugando con las contradicciones y la conquista, viaja por el camino más íntimo de su relación con su esposa, Emma. Una pieza única en su especie, cautivadora y cercana, que permite abrazar al amor y todo lo que él trae. Musicalmente intenso, este LP demuestra que aún se puede hablar de romance y ser innovador.


PJ Harvey

“Let England Shake” (2011)

La guerra es un tópico muy atractivo, pero es difícil recoger sus sonidos. Para la música, las explosiones o las disputas territoriales son algo estridente, alejado de la melodía, sin embargo, PJ Harvey eligió este camino para su octavo álbum de estudio. Mucho más accesible y melódico, con arreglos nebulosos y una voz mucho más aguda que lo usual, “Let England Shake” es un intento de retrato borroso de la identidad inglesa, y también un intento de indagar en las razones detrás de lo destructivo del ansia de ganar en un evento bélico. Si en algún momento Polly Jean fue un símbolo de catarsis, en este trabajo elige la reflexión y la narración, sin perder la potencia y urgencia, incluso en los tracks más calmos.


Sleater-Kinney

“No Cities To Love” (2015)

El álbum de regreso del trío se siente prácticamente como un nuevo debut, demostrando que no es necesario recurrir a la nostalgia para entregar un trabajo que permita abordar todos los frentes, desde la fanaticada más antigua hasta la captación de nuevos oyentes. Un disco directo, urgente, y con muchos puntos fuertes en su desarrollo, mostrando la versión más madura y concentrada de la banda, con un sonido que conserva la explosión y catarsis de siempre con un control mucho más estructurado. Esa disposición de elementos hace que “No Cities To Love” trascienda todo prejuicio o análisis comparativo con sus predecesores, demostrando que el tiempo no pasa en vano y que la banda puede seguir sonando cada vez mejor.


Iggy Pop

“Post Pop Depression” (2016)

La historia nos ha demostrado que Iggy es un dios a la hora de las colaboraciones. En los setenta dio vida a dos de los discos más relevantes de la década junto a Bowie, y ahora lo volvió a hacer con la ayuda de Josh Homme, Dean Fertita y Matt Helders. La fusión de estilos, y cada una de las identidades sonoras convocadas en este álbum, es abiertamente sublime. “Post Pop Depression” se mueve con increíble coherencia por pasajes de identidad stoner, contundente actitud punk y elegante rock alternativo, pero además destaca por su abrumadora lucidez en las letras, donde se aventura a reflexionar acerca de la mortalidad y los cerrojos invisibles de la vida moderna. La Iguana definitivamente volviendo al tope de sus destrezas.


Sufjan Stevens

“Carrie & Lowell” (2015)

¿Qué hacer con el dolor que nos deja la pérdida de una madre? ¿Cómo conciliar los fantasmas de una historia que dista mucho de ser perfecta? “Carrie & Lowell” recoge memorias como quien se aventura a revisar un viejo álbum de fotos, buscando entender mejor esos momentos que, disfrazados de cotidianidad, muchas veces ocultaban significados gigantescos. Para musicalizar su propia historia, Stevens echa mano a lo mejor de su escuela indie folk, abocándose a construir delicados paisajes sonoros en base a piano y cuerdas y, al mismo tiempo, poner la mayor honestidad posible en su fantástica y cálida interpretación vocal. Cuando la búsqueda de paz alcanza este nivel de belleza, el resultado sólo puede ser excepcional.


Savages

“Silence Yourself” (2013)

El exceso de información es un mal muy contemporáneo, pero acarrea un terror mucho más primitivo: el de la insuficiencia de lo humano para las personas. Ahora es más notorio por la tecnología y sus posibilidades, pero lo que Savages explora en su álbum debut es la urgencia de la conexión con uno mismo, con el interior y con lo basal de la existencia. “El mundo solía estar en silencio. Ahora tiene muchas voces”, versa la portada de este álbum que, desde un post-punk oscuro y potente, busca acallar la verborrea innecesaria y plantea el acto de escuchar como algo mucho más revolucionario, y también más útil de hacer. Un álbum de minimalismo engañoso, lleno de reflexiones posibles y de canciones poderosas.


Slowdive

“Slowdive” (2017)

Cuando la autenticidad es algo que resalta dentro de tu catálogo, puedes darte el lujo de realizar un álbum que suene a lo de siempre, pero sin ser monótono o entregar más de lo mismo. Slowdive regresó con un álbum homónimo luego de 22 años sin un larga duración, creando una obra que le entregó a sus fanáticos todo lo que podrían esperar, pero siempre manteniendo un deseo de avanzar y seguir innovando en su sonido, como lo han hecho durante años. Con una agrupación consciente de su importante legado, y utilizando los clichés de su sonido a beneficio propio, “Slowdive” trae a la contemporaneidad toda la profundidad, densidad y estruendoso ruido del shoegaze noventero bajo una mirada mucho más experimentada y contemplativa.


Fontaines D.C.

“Dogrel” (2019)

Según la banda, Dogrel es una forma de poesía propia de la cultura irlandesa, donde se deja de lado la pomposidad de la lírica para privilegiar una prosa que hable sobre las crudezas y cuestionamientos de la clase trabajadora. Es así como se presenta el debut de Fontaines D.C., un trabajo donde el arraigo a su gente se les escapa por los poros. Las luces y sombras de Dublín se reflejan en el canto tedioso de Grian Chatten, quien, pese a su entonación monótona, carga con un sentimiento que sale desde las entrañas. Un puñado de canciones que hablan de lo agridulce que significa nacer y crecer en una tierra permanente asediada, tanto en lo figurativo como en lo literal.


Nick Cave And The Bad Seeds

“Ghosteen” (2019)

“Ghosteen” es un espíritu migratorio, según el propio Nick Cave afirma, y mucho tiene de razón, ya que se trata de la obra más íntima y personal que el artista ha entregado en toda su carrera. Fuertemente inspirado por el fallecimiento de uno de sus hijos, el australiano entrega una colección de desgarradoras e intensas composiciones, dividida en dos partes, abordando desde una mirada parental y profunda todos los sentires de la vida y lo que viene después, siempre de una forma metafórica y llena de capas sonoras y líricas, haciendo que cada uno pueda involucrarse directamente con la obra, tanto en la interpretación de su significado como en la fuerte carga emocional que contiene.


David Bowie

“The Next Day” (2013)

Esta vuelta de David Bowie no podía ser menor después de años de silencio. “The Next Day” marcó una pauta de regreso en clave rock, original y reinventado como siempre. Bowie no necesitó resguardarse en el pasado ni mirar con nostalgia trabajos anteriores, sino que los tomó y utilizó de combustible para una expresión más sólida después de una década sin música. “The Next Day” es elegante, sobrio, pero audaz y atrevido. Contiene pasajes oscuros y épicos (“If You Can See Me”) y golpes más secos y duros, como “The Stars (Are Out Tonight)”. Es esa contradicción en su relato lo que hace único el trabajo de un mito como David Bowie, cuando es capaz de administrar su figura y talento como un complemento único junto a la música.


IDLES

“Brutalism” (2017)

Desde Bristol, el desaliñado y crudo discurso de IDLES resonaba con “Brutalism”, un debut macizo, que sacudió a más de alguno. Y es que la actitud y potencia del grupo los hizo destacar y desmarcarse de ciertos parámetros, ya que no necesitaron suavizar su relato para incomodar con canciones como “Well Done” o “Mother”. Si bien su sucesor, “Joy As An Act Of Resistance.”, los catapultó, fue este disco el que los presentó en bruto, con más soltura para explorar y lanzarse contra todo y todos. Un envión que a la fecha no resiste más análisis que la dureza de sus letras, la lucidez de su postura y la actitud de un show en vivo tan agresivo como irreverente.


Run The Jewels

“Run The Jewels 2” (2014)

Luego de publicar su debut, no pasó mucho tiempo para que Run The Jewels continuara desarrollando la fórmula explosiva que los puso entre las novedades del panorama hip hop. La dupla conformada por El-P y Killer Mike bebe de dos vertientes del género que en un principio parecían incompatibles: la experimentación en la producción, junto a una rima agresiva y punzante. Las mejores armas de un equipo que reafirma su calidad en este segundo homónimo. La energía en canciones como “Blockbuster Night, Pt. 1”, o la eficacia en las colaboraciones de la talla de Zack De La Rocha, son los puntos altos de un álbum que ofrece mayores matices que su debut. El segundo peldaño de una discografía que crece a pasos agigantados.


Arcade Fire

“The Suburbs” (2010)

En el verano norteamericano de 2010 se lanzó “The Suburbs”, tercer disco de los canadienses Arcade Fire, quienes para ese entonces eran quizás la banda indie más grande en el planeta. Así y todo, las expectativas quedaron cortas cuando esta radiografía territorial vio la luz. Orquestalmente gigante, los hermanos Butler sacaron del tintero su juventud en las periferias de Houston para crear un trabajo que expandió los límites sonoros de la agrupación y siguió alimentando el mito que los rodea. El álbum del Mercedes Benz 280SE es una guía para los jóvenes (y no tan jóvenes) que viven encerrados en sus pensamientos y emociones; una crónica de cómo la expansión urbana afecta y determina nuestras realidades.


Courtney Barnett

“Sometimes I Sit And Think, And Sometimes I Just Sit” (2015)

Es la voz despreocupada una de las características más atractivas e interesantes de Courtney Barnett. Desde Australia apareció con “Sometimes I Sit And Think, And Sometimes I Just Sit”, un refrescante debut, que la puso en órbita gracias a su original propuesta. Courtney Barnett rescató con actitud una serie de códigos rock y, sin etiquetas ni comparaciones, se apropió de ellos para crear un estilo a estas alturas propio. Hay una inexpresividad que, lejos de carecer de emoción, llena de intensidad el álbum a punta de guitarras descuidadas, letras ácidas y melodías pegajosas. Barnett no llegó con chapa de promesa; un disco de tal actitud no necesita alimentarse de expectativa para sorprender.


Björk

“Vulnicura” (2015)

Muchas veces los “discos de ruptura” parecen un animal completamente diferente al resto, con emociones a flor de piel, profundas, sangrantes, llenando relieves con lágrimas o sudor, pero “Vulnicura” va un paso más allá. Björk presenta una destrucción más grande, a más niveles, como mujer, como amante, como madre, como familia y como individuo, pero sin perder la belleza dentro de la continuidad de la vida. En medio de arreglos e interpretaciones de otro mundo, ahí está la humanidad del error o del fracaso, y las devastadoras consecuencias. Si en el video de “Joga” se jugaba con un planeta fraccionado, en “Vulnicura” esas fracturas fueron palpables, maravillando los sentidos y compartiendo el dolor.


Fiona Apple

“The Idler Wheel Is Wiser Than The Driver Of The Screw And Whipping Cords Will Serve You More Than Ropes Will Ever Do” (2012)

Una de las cosas que hace única la obra de Fiona Apple, es que cada vez que se aventura con un nuevo álbum, se da el lujo de modificar por completo los cánones de un género musical que a esta altura prácticamente le pertenece. Atrevida, visceral y acogedora, la senda que Apple nos invita a recorrer en su cuarto disco, de naturaleza completamente acústica, combina precisas cuotas de pop barroco, jazz y art rock. Sin embargo, lo que siempre domina la apuesta es la avasalladora interpretación vocal de la neoyorkina y la brutal honestidad con que nos hace parte de su universo. El concepto es tremendamente sencillo, pero lo que construye Apple desde esa base es lo que hace de este álbum toda una obra de arte.


Swans

“To Be Kind” (2014)

Diez canciones y dos horas de música para dar vida a un álbum que, desde todo punto de vista, merece ser catalogado de gigante. Lo del disco número trece de Swans es una caótica travesía rock a los lugares más oscuros, reverberantes y psicóticos de la mente. Uno de esos proyectos que no sólo se mete en la cabeza sin regalar un segundo para evitarlo, sino que además juega con ella a su antojo. Todos los paisajes sonoros con que nos golpea la banda maduran al ritmo preciso, desplegando progresivamente lisérgicos juegos de cuerdas, arreglos vocales y una base rítmica endemoniadamente hipnótica. Pocos son los músicos que luego de treinta años de carrera llegan a firmar un álbum así de innovador e impredecible.


Queens Of The Stone Age

“…Like Clockwork” (2013)

Tras seis años sin un disco de estudio, las expectativas por lo nuevo de QOTSA eran altísimas. Tanto, que el enorme salto que representa “…Like Clockwork” no estuvo exento de comentarios divididos entre quienes se mostraron escépticos al cambio, y los que notaron la impresionante madurez que alcanzó Josh Homme y compañía con su sexto álbum. Una obra oscura, poderosa y enfocada en que cada una de sus piezas funcione con precisión de reloj, permitiendo que elementos no tan habituales en la música del conjunto pudieran resaltar con el protagonismo que solo ellos pueden lograr, convirtiendo instantáneamente al LP en esa obra que, pese a no ser la más popular, es la más compleja y consistente de su discografía.


Daughters

“You Won’t Get What You Want” (2018)

Una experiencia más que estresante es lo que propone Daughters en su cuarto disco. Siguiendo la misma línea de sus trabajos anteriores, “You Won’t Get What You Want” es intenso, filoso y ruidoso. Sin la presencia estridente de la voz, este álbum se acerca a arreglos que van en sintonía con el noise y hasta el industrial, creando una atmósfera más melódica que su original grindcore, pero sin desapegarse por completo de ello. Daughters es una banda agresiva e incómoda, y aquí consolida una imagen más sombría y reflexiva gracias a las letras de Alexis Marshall, como también por las particulares guitarras de Nick Sadler. “You Won’t Get What You Want” podría ser el disco más intenso y demoledor de la década gracias a su grandeza, que consta de un sonido agresivo, pero que mantiene un bajo perfil.


Radiohead

“A Moon Shaped Pool” (2016)

En 2016, la banda formada en Abingdon decidió lanzar su noveno disco. Un viaje musical que, a momentos, es estruendoso, y en otros tremendamente frágil, desarrollándose entre melodías clásicas y sonidos electrónicos. Un nuevo paso adelante en una discografía como muy pocas, que siempre va nutriéndose de nuevos estilos y experimentos. En “A Moon Shaped Pool” Radiohead evita mantener un sonido, consiguiendo crear un desorden maravilloso. El trabajo, en el cual participó la London Contemporary Orchestra, es una prueba más de la capacidad creativa del grupo y su desplante conceptual. Otro disco con sabor a clásico para Radiohead.


Gorillaz

“Plastic Beach” (2010)

El proyecto musical-animado liderado por Damon Albarn y Jamie Hewlett requirió de cierto tiempo para que se le tomara seriedad y proyección. Primero visto como una excentricidad, fue en “Plastic Beach” cuando Gorillaz consolida su calidad artística y abre un abanico sonoro donde abundan los invitados. Colaboraciones tan disímiles como Snoop Dogg y ex miembros de The Clash, hasta Lou Reed, Mos Def y Mark E. Smith. Cada feat aporta una variable a la fórmula, donde es imposible percibir un género en concreto; más bien, conforman una amalgama de ritmos que se acoplan de una manera impecable. Todo esto dentro de una narrativa ficticia, en la que los cuatro simios se reencuentran en una isla de desechos.


David Bowie

“Blackstar” (2016)

¿Quién podría ser capaz de igualar la genialidad de David Bowie? No conforme con forjar una carrera tan extensa como dinámica, el Duque Blanco se despide de este plano con una precisión astrológica. Cumpliendo sesenta y nueve años, y dos días antes de morir, lanza “Blackstar”, su vigésimo quinto álbum de estudio, cuya aura está estrechamente ligada a sus últimos días. Acompañado por un sólido apoyo instrumental, que juega con el jazz y las atmósferas oscuras, el camaleón sella su recorrido artístico entregando una mirada en retrospectiva, con canciones que giran en torno al ocaso de la vida y al deseo de trascender. Una de tantas estrellas en el universo de un artista que vive eternamente en su obra.


Kendrick Lamar

“To Pimp A Butterfly” (2015)

Cada cierto tiempo aparecen discos que sobrepasan el plano musical; que tienen una fuerza tan ensordecedora, que mueven los cimientos más profundos de la sociedad. El tercer álbum de Kendrick Lamar es una prueba fidedigna de aquella descripción. Lanzado hace escasos cinco años, el trabajo es un manifiesto social, crudo en lo lírico y pulcro en lo musical, donde experimenta con sonidos que van desde el jazz más tradicional al hip hop más innovador. Con la denominación de “clásico” ganada, “To Pimp A Butterfly” es un relato cultural de las injusticias que vive la población afroamericana y la consagración definitiva del chico de Compton como el mayor referente de la música estadounidense de la década pasada.


IDLES

“Joy As An Act Of Resistance.” (2018)

No hay que mirar demasiado lejos para darse cuenta de que el mundo se ha transformado en un terreno hostil, no sólo a causa de una pandemia que ha removido nuestro cotidiano, sino también por la burda estrategia de los gobiernos por instaurar paulatinamente sociedades cada vez más restrictivas y autoritarias. Es en este complejo presente donde proyectos como IDLES son una luz que invita a la catarsis; aquella que posiciona la alegría personal como el primer punto en disputa contra una autoridad que nos quiere tristes, dóciles y resignados. El grito desgarrador de Joe Talbot toma posición frente a discursos conservadores, tales como el obsoleto concepto de masculinidad y la xenofobia, acompañado por la simpleza y visceralidad que el punk sabe ofrecer. Una obra maestra que nos recuerda que el hastío también puede ser una fuerza colectiva y creadora.


Ranking y textos por: Manuel Toledo-Campos, Matías Muñoz, Javier Pérez, Aquiles Cornejo, Manuel Cabrales, David Martínez y Claudio Tapia. Gráficas por Rodolfo Jofré.

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