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Mejores discos internacionales 2014

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Muchos, muchísimos discos este año. Como siempre, la cosecha dejó trabajos excelentes, mediocres, así como algunos olvidables; cada uno sabrá cuáles descarta o atesora como favoritos de 2014. Hay para todos los gustos y así es el arte en general.

Podríamos hacer un listado con aquellas “decepciones del año”, y reírnos, burlarnos y discutir al respecto, pero como en HumoNegro preferimos darle cabida a lo que consideramos trascendente, durante todo 2014 hemos estado desarrollando el listado que verán a continuación.

La mecánica para dar con estos discos es la misma utilizada el año pasado, en los Mejores Discos 2013: cada mes, una docena de integrantes de nuestro equipo íbamos proponiendo discos para escuchar y analizar. Algunos fueron quedando tempranamente en el camino, otros resistieron lo que más pudieron (como el de Judas Priest, el de Cynic o el de Interpol, entre varios más), y otros sobrevivieron hasta esta lista, quedando abajo a último momento, o integrándola.

Con esto no pretendemos tener la última palabra o dictar cátedra en ningún sentido, para nada, sólo queremos compartir con ustedes el resultado de ese trabajo, el que fue llevado a cabo por personas que abarcan y conocen muchos géneros y estilos. Fue sorprendente, por ejemplo, ver a los más “rudos” de nuestro equipo dejarse llevar por calmas melodías o ciertas experimentaciones, y viceversa también. Tratamos de ser lo más objetivos posibles, aunque a veces el gusto por algo específico es más fuerte.

En fin, siempre faltarán o sobrarán, lo importante es que este listado pueda abrir las posibilidades a más de alguien para darle una oportunidad a música y trabajos que no han querido / podido escuchar, o simplemente para examinar y ver si coincide o no con los gustos propios. En esto no hay últimas palabras o perfección, sólo opinión, discrepancias o acuerdos. Costó mucho, pero lo fundamental es que lo hicimos con convicción, agrado y mucho cariño.

Acá los mejores 25 discos de este año según el equipo HumoNegro. (Los discos chilenos destacados de 2014 están aparte; haz clic AQUÍ).

  • Si quieres ir escuchando los discos, puedes pinchar el nombre o la portada de cada uno, están enlazados sus respectivos streamings.

25°

“Different Shades Of Blue” – Joe Bonamassa

JOE BONAMASSA - DIFFERENT SHADES OF BLUECada cierto tiempo la movida próxima al blues se ve vitalizada por nuevos héroes de la guitarra. De esta manera Joe Bonamassa cautiva con “Different Shades Of Blue”, un trabajo donde se deja ver toda la calidad vocal e instrumental del neoyorkino. Con 11 canciones, el disco es un recorrido que conecta con la parte más pura de las raíces del rock de guitarras, entregando un set de temas pesados y contundentes que bien recuerdan viejas glorias de los 60 y 70. Fiel a su estilo sencillo y pulcro, Bonamassa logra unos contundentes sonidos sacados de la maleta de un experimentado guitarrista, que conecta muy bien con la personalidad de un disco sencillo pero bien pensado. Imprescindible.

24°

“Last Act Of Defiance” – Sick Of It All

SICK OF IT ALL - LAST ACT OF DEFIANCE PORTADALos experimentados neoyorquinos de Sick Of It All nos proporcionaron este 2014 un disco que estuvo marcado por el regreso de la banda a sus raíces, haciendo gala de toda su potencia y brutalidad de antaño. Sin lugar a dudas “Last Act Of Defiance” reposiciona y sintetiza bastantes elementos de la esencia del sonido punk y hardcore, todo ello acompañado de unas letras que manifiestan la postura crítica y desafiante que ha caracterizado a SOIA. Con la altivez de siempre, la banda ha lanzado con esta placa un evidente desafío al mundo de la música, logrando un trabajo vibrante, caótico, eufórico y desordenado. Después de todo, un sonido tan feroz no pasa desapercibido para nadie.

23°

“Wig Out At Jagbags” – Stephen Malkmus & The Jicks

STEPHEN MALKMUS AND THE JICKS - WIG OUT AT JAGBAGSSalió en enero. Tal vez por eso mucha gente lo pasó por alto, pero lo último del ex Pavement, Stephen Malkmus con The Jicks, es el mejor disco lanzado por este conjunto, a punta de canciones que muestran todas las caras en las que se mueve el autor, con una coherencia y sentido del riesgo que merecen atención. Todo movimiento está bajo control, y entre el frenesí punk (“Rumble At The Rainbo”) y la nostalgia de la juventud (“Independence Street”), hay joyas complejas y hermosas como “J Smoov” o “Chartjunk”, que expanden el sonido clásico de Malkmus. Ahí tenemos claro que, pese a todo el camino recorrido, Stephen y los Jicks tienen para rato, y “Wig Out At Jagbags” es la prueba de ello.

22°

“Atlas” – Real Estate

REAL ESTATE - ATLASDignísimos hijos del jangle pop de The Byrds, los neojerseítas Real Estate vieron en “Atlas” –su más reciente álbum- la consagración de su sonido florido y evocativo. Melodías coloridas para estar tirado en el pasto a media tarde, bellamente interpretadas y ejecutadas con la precisión que todo disco de pop de guitarras debiera tener. Las guitarras están perfectamente coordinadas y poseen la cantidad justa de efectos para que el sonido permanezca en el aire sin diluirse ni perderse, arremolinándose y serpenteando en los oídos. Aunque a ratos parezca plano y monótono, su encanto radica en el goce de las melodías, algo así como disfrutar el viaje más que el destino mismo.

21°

“Phantom Radio” – Mark Lanegan

MARK LANEGAN - PHANTOM RADIO PORTADADespués de ocho años sin lanzar disco alguno como solista, Mark Lanegan tendría en “Blues Funeral” (2012) un nuevo impulso para una carrera que, como pocas, está llena de éxitos personales y colectivos. Siguiendo la línea de aquel trabajo y obviando lo hecho en “Imitations” (2013) –ningún disco de covers debiera considerarse en discografías formales-, el músico lleva a “Phantom Radio” por lugares que mantienen intacto el característico sello aguardentoso de sus primeras composiciones, pero desprendiéndose con éxito de las guitarras más furiosas para dar paso a todo un abanico de sonidos más cercanos a lo electrónico. El último de los grandes crooners ha vuelto para quedarse.

20°

“Lullaby And.. The Ceaseless Roar” – Robert Plant

ROBERT PLANT - LULLABY AND THE CEASELESS ROAR PORTADARobert Plant sigue siendo un “flower child”, un explorador de sonidos y culturas que, con una maleta llena de experiencias, es capaz de componer un disco que renuncia definitivamente a toda expresión erótica para confesar la delicadeza de un beso robado. Aquí las etiquetas de género pierden significado, porque el sonido –siempre con el ritmo en el corazón- tiene muchos intérpretes que por momentos no se logran identificar, y que crean un patchwork multicolor que Plant llama country  & Eastern. Un ejemplo de música global, libre, sin expectativas, sólo con la ambición de crear un viaje en el que todo, de una u otra manera, vuelve al mismo punto de partida.

19°

“Benjamin Booker” – Benjamin Booker

BENJAMIN BOOKER - BENJAMIN BOOKEREs inevitable que, conforme el paso de los años, los géneros vayan pasando por altibajos. Para el blues rock, continuando con la reivindicación que The Black Crowes no alcanzó a completar, la aparición de figuras como las de Joe Bonamassa, Gary Clark Jr. y, en lo inmediato, la de Benjamin Booker, ha sido esencial para un resurgir. Lo del oriundo de Virginia es para destacar. A través de su debut homónimo, en el que es capaz de ser exitoso en la senda mezcla entre aquel blues más íntimo y un desenfado cercano al punk, con su particular voz, lleva hacia nuevos estándares un estilo que vuelve a pedir cancha. El de Booker, es un nombre que definitivamente hay que considerar desde ahora.

18°

“Fragments And Wholes Vol. 1” – Alain Johannes

ALAIN JOHANNES - FRAGMENTS AND WHOLES VOL 1“Spark” (2010) fue un ejercicio de sanación mediante la catarsis y la creación de canciones bellas e intensas, solitarias y sensibles. Pero Alain Johannes tiene raíces mucho más cercanas al rock alternativo, tal como se notó en su banda Eleven o sus colaboraciones con múltiples artistas. Por ello, los fanáticos de Alain esperaban que el calvo cantautor chileno-norteamericano sacara un disco más potente. “Fragments And Wholes Vol. 1” reúne todas las caras de Johannes, desde la distorsión stoner (“Saturn Wheel”), hasta la belleza melódica (el dúo de “Pebble Tears” y “Petal’s Wish”), generando un álbum imprescindible del año, que le hace justicia a un gran nombre del rock mundial.

17°

“By Absence Of The Sun” – Triggerfinger

TRIGGERFINGER - BY ABSCENCE OF THE SUNUn disco que no pretende otra cosa que brillar por su propia luz y que, quizás, quienes no los conocen, se deleiten con su sonido si nombramos particularmente a Queens Of The Stone Age como similitud más próxima en la forma de componer. No obstante, estos europeos se alejan y llevan su propio sonido cool y elegante a otros niveles, y es que Triggerfinger ha creado un trabajo rico en matices, donde el hard rock, el blues  y el crudo stoner decantan en memorables piezas dignas de elogio. “By Absence Of the Sun” no tiene nada que envidiarle a un “Songs For The Deaf” (2002) o algún trabajo de John García con Kyuss, y si logró escalar puestos en lo mejor del año que se va, es por algo.

16°

“This Island, Our Funeral” – Falloch

FALLOCH - THIS ISLAND OUR FUNERALEl post-rock y el metal han demostrado ser muy buena pareja desde siempre, y los escoceses Falloch son un gran ejemplo de ello. Mixturando ambos estilos y añadiéndole la cuota precisa de folk y música tradicional escocesa, han trazado su camino y su segundo álbum. “This Island, Our Funeral” es una obra aún más maciza que su predecesor. Rico en ambientes y melodías, de alguna manera suena a un disco de new age sin la parsimonia ni la grandilocuencia de este. Juega con la dinámica clásica del post-rock (melodía-explosión-melodía) apoyándose en la densidad de las guitarras, en un viaje desde la comodidad de los audífonos del auditor por los fríos y nubosos parajes escoceses.

15°

“.5: The Gray Chapter” – Slipknot

SLIPKNOT - 5 THE GRAY CHAPTER PORTADAEl regreso luego del trágico episodio Paul Gray, marca un punto de inflexión inesperado en la historia de Slipknot. Como homenaje y, en cierta forma, punto de partida hacia un nuevo rumbo, la banda nos presenta en “.5: The Gray Chapter”, su vuelta a las pistas con una placa llena de sentimientos encontrados, donde el odio y la rabia priman como combustible inagotable para hacer funcionar los engranajes de una máquina imparable. Con temas que destacan en composición, líricas y agresividad,  logran crear retorcidos y fantasmagóricos espacios, que remarcan y hacen que el regreso de los de Iowa se posicione en lo mejor del año y destaquen con un trabajo bestialmente completo.

14°

“Benji” – Sun Kil Moon

SUN KIL MOON - BENJISi Bob Dylan, Johnny Cash, Leonard Cohen y Tom Waits se hubiesen juntado a trabajar alguna vez, es muy probable que el resultado de aquella unión concluyese en algo similar a lo de “Benji”. Y es que el disco de los capitaneados por Mark Kozelek, ubicándose en un maravilloso lugar melódico, es todo un demoledor y misceláneo arreglo de distintos universos. Sentidas letras que, en un lenguaje simple y directo, interpretadas en el tono vocal perfecto, hablan de la familia como el eje en el pasar de una persona, del bullying, de asesinos en serie, de viejas glorias del rock & roll y de experiencias de vida completa. Algo que es hecho con tanta dedicación y cariño, es menester escuchar.

13°

“Transgender Dysphoria Blues” – Against Me!

AGAINST ME - TRANSGENDER DYSPHORIA BLUESLa transformación de Laura Jane Grace tomó a todos por sorpresa. Lamentablemente, algunos le dieron la espalda, otros miraban con incredulidad, mientras que el resto esperaba impacientemente el próximo movimiento de la artista. “Transgender Dysphoria Blues” fue la respuesta. Una obra a ratos autobiográfica y conceptual, que logra transmitir una honestidad tan brutal que, por el solo hecho de haber visto la luz del día, debió haber sido aplaudida. Pero la verdad es que este es un disco impresionante. Letras desgarradoras, honestas y punzantes; melodías agradables y un trabajo sonoro que hace de este el trabajo más impresionante en la historia de la banda y el más valiente de 2014.

12°

“Raves Tapes” – Mogwai

MOGWAI - RAVE TAPES 2014“Raves Tapes” es un disco que marca un cambio en la dirección sonora de Mogwai. Temas como “Remurdered” o “No Medicine For Regret”, nos proponen una particular visión de aquella fórmula ya conocida de los escoceses, logrando extrapolar sonidos introspectivos que pasan desde la frágil sutileza hasta el caos. Momentos congelados en el ambiente que nos envuelven y nos sumergen en un mundo de ensoñación y reflexión que, junto a la incorporación de  destacables atmósferas en teclado, logran generar una sensación única. Una bella historia creada a partir de una melodía que, sin contar explícitamente de qué se trata, se entiende a la perfección.

11°

“To Be Kind” – Swans

SWANS - TO BE KINDCon una trayectoria de más de 30 años, Swans, la banda liderada por Michael Gira, sorprendió este 2014 con un prolijo y rotundo disco doble. Este trabajo, con más de dos horas de extensión y con sólo 10 canciones a cuesta, se transforma en un excéntrico viaje que muestra una paleta sonora profusamente experimental. Se conjuga así el descontrol de unos definidos riffs de guitarra acompañados de una pesada percusión en medio de cuidados arreglos. Todo ello origina un disco que derrocha calidad técnica, nutriéndose de la imaginación y del virtuosismo de todos quienes colaboraron en él. Intensidad y frenesí es lo que define a esta verdadera obra de arte.

10°

“Casualties Of Cool” – Casualties Of Cool

CASUALTIES OF COOL - CASUALTIES OF COOL 2014El imaginario musical incansable de Devin Townsend, que ha transitado desde el metal mas desbocado hasta el más matemático y preciso como reloj, ha aterrizado esta vez en el country y el blues, de la mano de la cantante canadiense Ché Aimee Dorval, para formar Casualties Of Cool y un álbum homónimo que fue pensado como parte de Devin Townsend Project, pero que tomó vida propia y paralela. Un disco conceptual reposado y etéreo, definido por Townsend mismo como “si las canciones de Johnny Cash estuvieran embrujadas”. Contiene momentos realmente solemnes, destila melancolía y al mismo tiempo belleza onírica, en la que Dorval y su voz juega un rol muy importante.

“Crosses” – Crosses

CROSSES - CROSSES 2014Desde hace bastante tiempo que Chino Moreno ha venido experimentando una “mikepattonización”, en la que se ha inmiscuido en una gran variedad de proyectos paralelos a Deftones, quizás satisfaciendo sus propias necesidades musicales, que es sabido son amplias. Crosses (†††) es probablemente la que mejor engloba todas las pretensiones que Moreno ha deslizado de forma muchas veces no tan sutil en Deftones, y que ahora puede exhibir en su estado más puro y desatado. Este álbum tiene electro rock, ambient, witch house y hasta dark wave, ganando puntos por ese eclecticismo que lo sostiene y que provee al auditor de canciones para prácticamente cualquier estado de ánimo o momento.

“Morning Phase” – Beck

BECK - MORNING PHASE 2014Si hay algo de lo que Beck puede presumir, en 29 años de carrera, es siempre apostar por la innovación, requisito fundamental para reconocer a todo buen músico. Con “Morning Phase”, el de California se reinventa a partir de sus propios trabajos en el amanecer de este siglo, trazando una armónica quietud en los 13 tracks que conforman el disco. La revisitada y, a todas luces, eficiente mezcla entre elementos del folk, el country y aquel rock más amable, tienen en “Wave” el puente perfecto entre dos partes de un trabajo que desprende, en cada uno de sus lugares, una invitación a relajarse con la motivación de turno. Luego de seis años de silencio discográfico, el viejo Beck no decepciona.

“Everything Will Be Alright In The End” – Weezer

WEEZER - EVERYTHING WILL BE ALRIGHT IN THE END 2014Los últimos años de Weezer fueron tanto prolíficos como confusos. La cantidad de discos lanzados desde el “Green Álbum” allá por el 2001, superó todas las expectativas, pero dejó en el camino a más de uno confundido, dudando de la real relevancia de los trabajos de River Cuomo. Incluso, tras el lanzamiento de “Hurley” (2010), muchos simplemente dejaron de tener a la banda en su radar. “Everything Will Be Alright In The End” funciona como la perfecta redención de Cuomo. La sutileza nunca ha sido una característica del líder de Weezer, y la búsqueda de ese vínculo perdido es lo que mueve a este disco, el cual es por lejos el más importante que Weezer ha lanzado en años.

“The Joy Of Motion” – Animals As Leaders

ANIMALS AS LEADERS - THE JOY OF MOTION 2014“The Joy Of Motion” explora y combina los sonidos propios del metal técnico moderno, con el componente progresivo y melódico propio del jazz. Fórmula para algunos descabellada, por ser estilos totalmente distintos, pero que cohesionan en un disco simplemente avasallador. Temas como “Tooth And Claw” o “Kascade” expelen visceralidad, complejidad y rítmicas que no se escuchan todos los días, y que merecen atención. Y es que Tosin Abasi y compañía dejan en claro que tienen otras formas de ver la música, plasmando en su última placa lo mejor de su propuesta. Un moderno sonido que Meshuggah, allá por los 90, sembró sin querer  como género y que, benditamente, ya dio frutos.

“Seeds” – TV On The Radio

TV ON THE RADIO - SEEDS 2014“Nine Types Of Light” (2011) tuvo la imposible misión de superar al espectacular “Dear Science” (2008). Para colmo, en abril de ese año la trágica muerte de su bajista, Gerard Smith, envolvió el lanzamiento de dicho disco en un ambiente de tristeza y pesar. Y pareciera ser que con “Seeds” los norteamericanos decidieron realizar una fiesta que sirviera como una hermosa despedida de su camarada, y en el intento lograron armar un disco que se alza como uno de los mejores de su carrera. Las melodías son más pegajosas que nunca, el trabajo sonoro es perfecto, y las letras dan una señal de madurez que demuestra, sin lugar a dudas, que TV On The Radio se encuentra por lejos en su mejor momento.

“Gigantoid” – Fu Manchu

FU MANCHU - GIGANTOID 2014Fu Manchu se ha transformado en una verdadera institución. Al más puro estilo Motorhead o AC/DC, cada disco nuevo entrega lo que uno espera de los californianos, dejando poco espacio para experimentos o salidas de libreto. Lo que hace interesante a esta agrupación es aquello que logra crear dentro del marco que se imponen a sí mismos. “Gigantoid” es, sin lugar a dudas, el mayor desvío musical que han tomado desde el mítico “In Search Of…” (1995). La psicodelia marcha rampante, otorgando una sensación de paranoia e incredulidad que no se veía desde los años de Brant Bjork y que demuestra que, a pesar de los años, aún les quedan bastantes trucos bajo la manga.

“Lost In The Dream” – The War On Drugs

THE WAR ON DRUGS - LOST IN THE DREAM 2014Adam Granduciel pasó por tener que responder pataletas de Mark Kozelek (Sun Kil Moon), hablar para todos los medios más relevantes del planeta musical, y ver el nombre de su banda en todas partes encabezando listas alrededor del orbe. Pero antes, en marzo, The War On Drugs sacó su tercer disco, “Lost In The Dream”, álbum sólido, lleno de canciones tan oníricas como cautivantemente pop, con guitarras, armonías y letras prístinas. Granduciel había logrado ganarse un sitial sin necesitar más que composiciones desarrolladas al máximo de sus capacidades, tal como se nota en “Under The Pressure” y “Red Eyes”. Desafiante y triunfante, este álbum llama a ser escuchado una y mil veces.

“Once More ‘Round The Sun” – Mastodon

MASTODON - ONCE MORE ROUND THE SUN 2014“The Hunter” (2011) fue una obra que causó bastante controversia entre la fanaticada de Mastodon. El sonido del metal progresivo-conceptual tan característico de la banda pasaba a segundo plano, dando espacio a una impronta mucho más directa y accesible. “Once More ´Round The Sun” continúa con esta propuesta, llevándola incluso mucho más allá, con canciones precisas y riffs que se quedan en la cabeza de quien escucha mucho después de haber dejado de lado los audífonos. Y es que este es un álbum que golpea, y golpea duro. Y si bien puede que haya algunos que deseen que la banda vuelva a sus orígenes, lo cierto es que el resultado de esta travesía nos tiene más que contentos.

“Do To The Beast” – The Afghan Whigs

THE AFGHAN WHIGS - DO TO THE BEAST 2014A veces no se trata de armar el disco más perfecto, sino que de generar un disco que produzca sensaciones y que, de paso, tenga las canciones para volverse indeleble en la memoria de quien lo escuche. Esto es lo que pasa con “Do To The Beast”, el primer disco de The Afghan Whigs en dieciséis años. Greg Dulli siempre ha sabido cómo generar algo que vaya más allá de la excelencia musical que muchos alcanzan de forma pulcra y apelando menos al corazón que a algo más. Dulli libera a la bestia, y la apuesta resulta, y aunque muchos digan que el disco no inventa nada, lo cierto es que los Whigs sacan lo mejor de sus propuestas anteriores, para cuajar un álbum que toca todas las fibras emocionales que Greg y los suyos pueden dominar. “Algiers”, video inicial de la promoción del disco, era simbólico: en él, Dulli llegaba a vengarse de quienes lo basurearon antes. Con “Do To The Beast” no llega la venganza, pero sí esa sensación de un retorno con ansias de arrasar con todo y con todos, al mismo tiempo que aparece la reflexión con contraparte necesaria de un álbum con un nivel de intensidad gigantesco, que mantiene la cadencia negra que Dulli atesoró desde la exploración del soul y el r&b mezclados con su cuota de rock pesado y gritón desde los noventa. Un disco que mueve sensaciones y que ahuyenta a los dudosos. Un registro que no es fotografía del momento de una agrupación, sino que es un monólogo que opera como manifiesto de The Afghan Whigs y mucho más de la figura de Greg Dulli, un tipo al que no le vienen con cuentos y que demostró que tiene cuerda creativa para rato.

Por Manuel Toledo-Campos, Daniel Guajardo, Carolina Velásquez, Danny Arce, Emilio Guerrero, Javier Mardones, María José Frazzoni, Gustavo Inzunza, Pablo Moya, Hans Oyarzún y Claudio Tapia.

Agradecimientos a Pamela Cortés y Camila Fuentes.

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Los discos de Bob Dylan

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Bob Dylan Discos

El 24 de mayo de 1941 en Duluth, Minnesota, nace Robert Allen Zimmerman, más conocido como Bob Dylan, uno de los músicos más trascendentes de la escena folk, rock y blues de los 60 y 70. Figura difícil de atrapar, enemigo de los rótulos y eterno héroe de las letras, ha dado vida a una carrera incombustible, plagada de himnos grabados a fuego en el imaginario colectivo.

Como buen artista con más de cinco décadas de carrera en el cuerpo, es poseedor de un catálogo discográfico gigantesco, que muchas veces puede ser abrumador cuando uno desea aproximarse a su obra. Con esto en mente, y a manera de celebrar su figura en el momento en que cumple años, hemos querido compartir con ustedes un ranking de los larga duración de estudio del cantautor, partiendo por sus trabajos menos afortunados para luego cerrar con sus obras maestras. Como todo ranking, el orden de los discos tiene un carácter subjetivo y sin duda debatible, por lo que, más que centrarse en el lugar de cada álbum, nos gustaría que disfruten el recorrido tanto como lo hicimos nosotros.

39°

Knocked Out Loaded (1986)

El quinto disco lanzado por Dylan en los ochenta se ubica justo al medio de su peor racha. Las críticas a este álbum no pasan por las canciones incluidas; de hecho, el tema encargado de abrir el álbum es tremendamente efectivo, a pesar de su evidente sencillez. El problema con este disco tiene que ver con su cantidad de puntos bajos. La mezcla de estilos es difícil de entender (pasando por blues rock, pop y reggae), la instrumentación tiene una energía pobrísima y buena parte de los giros sonoros por los que apuesta Bob para ganar intensidad rayan abiertamente en lo cliché (el coro de niños en “They Killed Him” es el ejemplo más claro de eso). Sin duda, de los pocos discos de Dylan que uno podría elegir ignorar.


38°

Down In The Groove (1988)

Definitivamente, la segunda mitad de los ochenta no fue un buen período para Bob. Como a muchos artistas que hicieron el tránsito desde los 70, la firma musical de esta nueva década terminaría pasándole por arriba, llevándolo a perder buena parte de su propia identidad sonora. El álbum número veinticinco de Dylan tiene la particularidad de haber reunido un número gigantesco de colaboradores, incluyendo a Eric Clapton, Jerry García, Steve Jones y Paul Simonon, entre otros, y pese a sus tremendos pergaminos, terminaría dando vida a un deslavado set de pop folk genérico que, como muchos de los discos menos afortunados de Bob, se deja escuchar sin problemas, pero tiene poco o nada para llevarse con uno.


37°

Empire Burlesque (1985)

Muchos discos de Dylan tienen la particularidad de dejar clarísimo de qué se va a tratar el con sólo escuchar el primer tema. Es el caso de “The Times They Are A-Changin’”, “Highway 61 Revisited” y, desafortunadamente también es cierto, con “Empire Burlesque”. Los 46 minutos de música de este álbum califican dentro del pop más plástico que alguna vez le veríamos al artista. La estructura de casi todos los temas es increíblemente predecible, la instrumentación es arquetípica hasta el hastío y, lamentablemente, hasta algunas de las letras (habitualmente su escudo invencible) son desechables. De todas las trilogías que firmó Bob, este álbum da inicio a la más baja de ellas.


36°

Saved (1980)

Segundo disco de la trilogía cristiana. Más allá de las críticas que pueden existir respecto a la originalidad de la oferta musical y de lo “poco desafiante” del contenido narrativo de algunos tracks, lo cierto es que el nivel de entrega que alcanza Bob en estos discos es ciertamente destacable. Cada uno de los cortes de este álbum tiene a Dylan abiertamente dejándolo todo. Sin ir más lejos, la canción que da título al álbum es increíblemente cautivadora, lista para convertir al más recalcitrante de los ateos. Maravillosos pasajes de gospel, precisos acompañamientos vocales y toneladas de intensidad hacen de este trabajo un álbum con el que uno podrá no congeniar, pero que ciertamente tiene grandes momentos.


35°

Self Portrait (1970)

El primer disco de Dylan basado básicamente en versiones (fuera de su álbum debut) exige una mirada abierta. Para empezar, el mismo Dylan ha afirmado que se trató de una humorada, un álbum destinado a bajarle los humos a la gente que insistía en verlo como una figura mesiánica. En ese sentido, es fácil entender lo descuidado del registro, cuyo principal problema es lo desordenado que es. Bob transita caprichosamente por canciones clásicas como “Blue Moon”, cortes de aire country, temas instrumentales y momentos de rareza sublime, como la versión de “The Boxer” de Simon & Garfunkel, donde juega a interpretar las dos voces en tiempos que rara vez coinciden. Un álbum básicamente dirigido a completistas.


34°

Under The Red Sky (1990)

Después de una década para el olvido, el álbum número 27 de Bob Dylan llegó a demostrar que, si bien el oriundo de Duluth aún era capaz de lanzar una placa rescatable como “Oh Mercy”, ciertamente seguía extraviado. La apertura del álbum con “Wiggle Wiggle” no puede ser menos auspiciosa (casi con seguridad no la canción por la que Slash quería ser recordado por colaborar con Dylan), por fortuna, no todo en esta entrega es de ese nivel. De hecho, algunas baladas y pasajes de blues rock son más que correctos, y el tema que da título al álbum es sin duda querible si uno considera que el disco está dedicado a su hija de cuatro años. No es el momento más brillante de Dylan, pero lejos de ser su más bajo.


33°

Dylan (1973)

Después de dejar Columbia y sin hacerlo partícipe, el sello decidió lanzar un nuevo álbum de Dylan usando básicamente canciones que habían quedado fuera de sus dos discos de 1970, dando vida a algo así como una suerte de “Self Portrait”, pero un poco más ordenado. Sólo versiones y algunos cortes tradicionales ocupan este corto set de canciones que, sin ofrecer nada deslumbrante, logra rescatar algunos temas que de lo contrario habrían quedado sepultados por muchos años esperando la llegada de los bootlegs oficiales. Acertadas versiones de “Can’t Help Falling In Love” y, particularmente, la sentida toma de “The Ballad Of Ira Hayes” hacen de este álbum una parada obligada para cualquier seguidor de Bob.


32°

Together Through Life (2009)

Escrito en conjunto con Robert Hunter (Grateful Dead), “Together Through Life” debe ser el único punto de estos últimos 25 años donde Bob Dylan se ha anotado un claro traspié. Sin duda, hay seguidores que siempre van a disfrutar un nuevo disco de blues folk con mucho del sonido de New Orleans viniendo de Bob, el problema de este álbum es que básicamente se dedica a repetir la fórmula que venía explotando en sus últimos discos y la hace sonar plana, ofreciéndonos muy poco para conservar con nosotros al final del día (“It’s All Good” debe ser la gran excepción). Tomar el espíritu de una canción que Bob iba a componer para un soundtrack y terminar haciendo un álbum de ello quizás no fue la mejor idea.


31°

Christmas In The Heart (2009)

Tal como dice el título, el gran atributo de esta colección de clásicos de Navidad es el cariño con que está hecho. Para el año 2009 Dylan estaba pasando por un período complejo en términos de desempeño vocal, y claramente estaba teniendo problemas para adaptarse a su “nueva” voz (cosa que es posible notar también en “Together Through Life”). Afortunadamente, la instrumentación, el ánimo general del grupo de músicos y la forma en que están logradas las atmósferas es tan maravillosa, que el álbum logra transmitir de manera perfecta el espíritu que intenta contagiar, más allá de los baches vocales que uno pueda encontrar. Sorpresivamente, Dylan se anotó uno de los mejores discos de Navidad de los últimos años.


30°

Shot Of Love (1981)

El último disco de la trilogía cristiana tiene sin duda más aciertos que desencuentros. El ánimo es más luminoso que en “Saved”, el trabajo en la guitarra se anota un punto alto y el grueso de la apuesta sonora es convincente e incluso contagiosa más allá de algunas variaciones estilísticas algo difíciles de entender, que van desde el reggae a canciones de aire motown. El problema con “Shot Of Love” tiene que ver desafortunadamente con el ánimo de Dylan en lo narrativo, donde por momentos se le escucha abiertamente molesto y acusador (lo contrario que uno esperaría de un tipo lleno de espiritualidad). Claramente, después de tres discos en esta misma línea, Bob necesitaba comenzar a mirar hacia otros horizontes.


29°

Pat Garrett & Billy The Kid (1973)

Para muchos el disco de “Knockin’ On Heaven’s Door” y nada más. Sin duda, el tema versionado por Clapton en 1975 y luego por Guns N’ Roses en 1987 se ha instalado fuerte en el imaginario colectivo, y posiblemente ha hecho llegar a Dylan a más de un curioso. Por fortuna, el disco es mucho más que eso. No hay que olvidar que el álbum número 12 de Dylan es un soundtrack, y en esa línea se aboca la mayor parte del tiempo a generar ambientes que, para ser justos, están muy bien logrados. Viniendo de Bob, indudablemente uno quisiera tener más letras para revisar (el disco incluye otros tres cortes “cantados”), pero la verdad es que el álbum logra graduarse con éxito en la línea folk country que se dedica a explorar.


28°

Triplicate (2017)

Luego de dos discos fundamentalmente, dedicados a versionar clásicos en su gran mayoría popularizados por Frank Sinatra, Dylan decidió volver a apostar por la misma fórmula, pero esta vez con un disco triple. Un desafío mayor, pero de alguna forma, y mirado en retrospectiva, un ejercicio que el cantautor parecía necesitar (en lo vocal y también en lo motivacional) para poder volver a la composición original. Los 95 minutos de “Triplicate” no son un recorrido fácil. Extremadamente homogéneo por largos pasajes, la virtud principal de este set es la respetuosa y elegante manera en que Dylan y sus músicos logran adueñarse de cada uno de estos tracks, impregnándolos de su propia y nostálgica mirada.


27°

Infidels (1983)

El gran retorno de Bob post trilogía cristiana para muchos de sus seguidores. Para otros, sin embargo, un disco aún fuertemente ligado al discurso religioso, que además empezaba a mostrar los tics del sonido ochentero que tan mal le hicieron al cantautor. Más allá de los desacuerdos esperables, es cierto que “Infidels” goza de un mejor sonido en términos de producción y además tiene una narrativa que, si bien sigue ligada al imaginario religioso, es ciertamente más elegante que la de los discos que lo preceden. Quizás el gran mérito de este trabajo es que se trata de un disco breve y entretenido, que cada vez que logra ser bueno (como lo hace al inicio y al cierre de la entrega, por ejemplo), es muy bueno.


26°

World Gone Wrong (1993)

La primera mitad de los noventa fue un periodo de transición para Dylan, que terminaría llevándolo una vez más en su carrera a grabar discos de versiones. Más allá de las limitaciones propias de este tipo de registros, “World Gone Wrong” nos permitió volver a disfrutar de la faceta donde muy probablemente se encuentra más cómodo, cuando se trata básicamente de él y su guitarra. Con un sonido rústico (las canciones fueron grabadas en la cochera de su casa) y principalmente abocado a revisitar clásicos del blues rural popularizados por artistas insignes como Blind Willie McTell y Willie Brown, el álbum número 29 de Dylan es un recorrido esencialmente íntimo y sencillo, para disfrutar sin prisas.


25°

Planet Waves (1974)

Para su debut en el sello Asylum, Dylan dejó atrás el sonido country que había explorado intermitentemente desde “John Wesley Harding” (1967) y decidió volver al folk rock. En términos de ventas, este giro fue un éxito; de hecho, fue el primer número uno de Dylan en Estados Unidos. Como propuesta sonora, sin embargo, aun tratándose de un recorrido ciertamente agradable, la verdad es que por momentos la entrega se siente errática (la inclusión de dos versiones del mismo track es el mejor ejemplo de eso) y, a pesar de tener algunas canciones que sobresalen, como la versión lenta de “Forever Young” o “Dirge”, finalmente todo parece sostenerse sobre las virtudes del sello sonoro del combo Dylan-The Band.


24°

Street-Legal (1978)

La experiencia con “Desire” (1976) y el “Rolling Thunder Revue” (1975-1976) claramente dejó en la cabeza de Bob muchas nuevas posibilidades musicales a explorar. En ese contexto, apuesta por expandir su sonido y decide sumar a su banda habitual, tres cantantes mujeres para las segundas voces, un violinista, un saxofonista e incluso un trompetista para uno de los tracks. Las canciones que dan vida a “Street-Legal” son todas gigantes por naturaleza, llenas de intensidad, con un Dylan preciso en los vocales y siempre apuntando a explotar en un clímax épico. Para muchos, un álbum tremendamente sobrepoblado y por momentos reverberante, pero innegablemente entretenido y con identidad propia. De escucha obligada.


23°

Shadows In The Night (2015)

Cuando Bob anunció que lanzaría un álbum de versiones de clásicos popularizados por Sinatra, no dejó de ser una sorpresa. La pregunta obvia fue: ¿Cómo lo va a hacer Dylan, cuya voz viene en franco decaimiento, para versionar a un tipo apodado “La Voz”? Y lo cierto es que, sin grandes contratiempos, logra triunfar en esta empresa básicamente por lo bien elegido del set, lo respetuoso de su interpretación y el gran trabajo en la instrumentación, donde el pedal steel guitar pone la nota alta de la entrega. Sin embargo, más allá de sus méritos, la verdad es que este trabajo no es un recorrido fácil. De ánimo sombrío y muy pausado, la oferta puede ser desalentadora, sobre todo para quienes no conocen al artista.


22°

Good As I Been To You (1992)

Este lanzamiento y “World Gone Wrong” perfectamente podrían haber sido un disco doble, ya que ambos se dedican a explorar el mismo concepto, que es el de “un artista y su guitarra”. Las diferencias pasan principalmente por las temáticas, donde este trabajo destaca por su evidente luminosidad comparado con el que le sigue. Los 55 minutos de “Good As I Been To You” nos regalan la mejor cara del Dylan blusero, capaz de ir desde tracks sentidos y nostálgicos –con magníficos pasajes de armónica– a otros de desenfreno sin ningún problema. No por nada Bob se referiría a estas canciones como “la verdadera música para mí”. La oferta se siente natural y cautivadora, a pesar de lo sencillo de su naturaleza.


21°

Oh Mercy (1989)

A lo largo de su carrera, Daniel Lanois (U2, Peter Gabriel) ha probado ser uno de esos productores que tiene un impacto innegable en el proceso creativo y el sello sonoro de los artistas que acompaña. Tanto así, que, si bien este es un disco de Dylan, es imposible negar que lleva el sello Lanois en lo más profundo de su ADN. Las atmósferas están perfectamente logradas, el sonido es espacioso y fluye de manera impecable, el trabajo en las percusiones es preciso y, lo mejor de todo, es que Bob se escucha increíblemente compenetrado con la propuesta. Los himnos que nos dejó este disco, donde “Most Of The Time” es el ejemplo ineludible, se ubican con propiedad dentro de lo mejor del catálogo tardío del artista.


20°

New Morning (1970)

Cuatro meses después del polémico “Self Portrait”, Dylan volvió con un ánimo que de alguna manera parecía exigir revancha. La placa tiene varias particularidades que lo iban a convertir en un triunfo sin hacer de él un disco excepcional. Acá encontramos un Dylan para todos los gustos; hay canciones de espíritu blues, pop, country e incluso jazz (cuestionable decisión), la instrumentación está bien lograda, Bob vuelve a su estilo vocal tradicional y además el track que abre y el que da nombre al álbum son canciones increíbles. Sin ser un recorrido perfecto, es difícil pasar por estos 35 minutos de música sin encontrar nada para atesorar.


19°

Bob Dylan (1962)

Cierto es que el debut de Dylan probablemente suena tal como lo hacían el promedio de los aspirantes a estrella folk de los sesenta, sin embargo, si uno escucha con atención, no es difícil entender por qué el productor de Columbia Records, John H. Hammond, insistió en conservar a este joven artista, a pesar del pobre desempeño en ventas que tuvo el álbum. Elementos que destacan en este set: el ímpetu de Bob en la guitarra, la armónica e incluso las voces, la destreza para tomar temas tradicionales y darles nueva vida, como en “In My Time Of Dyin”, que más tarde sería versionada por Led Zeppelin, es un buen ejemplo de esto, y la escasa, pero efectiva capacidad compositiva del artista. Justo lo suficiente para apostar por él.


18°

John Wesley Harding (1967)

Si el inicio de su etapa eléctrica ya había sido un giro inesperado, cambiar otra vez de rumbo justo cuando se había apropiado de la escena rock blues de Estados Unidos fue una movida que dejó congelado a todo el mundo. Colgándose de la imagen de un forajido –de reputación muy distinta a lo que reza la canción que abre el disco– y del retiro forzado después de su famoso accidente en moto, Dylan aprovechó de volver a un sonido de naturaleza folk, que claramente miraba hacia la etapa country que estaba por empezar, cambiar por completo su abordaje narrativo apostando por letras muy breves, como la de la fantástica “All Along The Watchtower”, además de enviar un mensaje a todos los que creían haberlo descifrado.


17°

Fallen Angels (2016)

Una de las particularidades que tiene la trilogía de standards es que, pareciendo muy homogénea, realmente cada álbum tiene un enfoque particular. El segundo de este set es un álbum esencialmente luminoso, con historias que, más que de soledad y pérdida (como las del disco anterior), hablan de encontrar y dejarse llevar, con melodías de una calidez y paz que invitan a sonreír y con un cantante que claramente parece estar disfrutando el momento. Más allá de la elegante instrumentación que caracteriza a toda esta saga, lo que hace único a “Fallen Angles” es lo fantástico que está Dylan en los vocales, muy por sobre lo que se le había visto la última década. De esos discos donde todo parece funcionar.


16°

The Basement Tapes (1975)

Es difícil saber cuánto de lo que se dice de este álbum tiene que ver con el mito que lo rodea y cuánto con sus méritos musicales. Publicado luego de ocho años de haber sido grabado, lo que terminó con el misterio y los bootlegs que circulaban por todos lados, el grupo de canciones que da vida al tercer disco doble de Dylan es claramente una colección diferente. El sonido no es el de un cantautor, todo acá suena a colaboración; el ánimo es expansivo, los cortes fluyen de forma natural y lo instrumental reimagina con éxito el sonido de la música de raíz estadounidense. Para quienes buscan un giro sonoro en Bob, este es el disco ganador; para los que disfrutan más de sus letras, hay otros trabajos más exitosos.


15°

Love And Theft (2001)

Quizás el mejor disco para anticipar lo que nos iba a regalar el cantautor los próximos 20 años. Lanzado el 11 de septiembre de 2001, la casi hora de música de esta entrega es un claro adelanto de la trilogía de música tradicional estadounidense (que empieza este disco) y de lo que se vendría luego con la saga de tributos iniciada con “Shadows In The Night” de 2015. Grabado casi en vivo, uno de los puntos altos de este álbum pasa por el grado de espontaneidad que exuda cada uno de los tracks, que incluso extendiéndose por más de cinco minutos en la mitad de los casos, logran hacer de este viaje un recorrido fantástico por lo mejor del pop, ragtime, blues, e incluso algo de vaudeville.


14°

Slow Train Coming (1979)

Quienquiera que diga que la trilogía cristiana fue un fracaso tras otro, nunca ha escuchado este álbum. Mezcla perfecta de entrega interpretativa y un fantástico grupo de músicos, con Mark Knopfler en la guitarra principal, el disco encargado de abrir este ciclo es un capítulo obligado del catálogo del artista. Sencillo en lo lírico, pero directo y efectivo en lo musical, las canciones que dan vida a este álbum se caracterizan por tener un feeling extremadamente liviano y cautivador. Compartiendo mucho del espíritu de “Street-Legal” (voces femeninas y bronces), lo cierto es que los pasajes de blues, gospel e incluso reggae, claramente llevan la apuesta al siguiente nivel.


13°

Tempest (2012)

Echando mano a la misma propuesta sonora de los últimos 10 años y con una voz en franco deterioro, la llegada de este álbum dejó muy poco para encantar al oyente casual. Por fortuna, el tiempo probaría que todos los que insistieron en descubrir las virtudes de la entrega tuvieron su recompensa, ya que “Tempest” marca uno de los puntos más altos de Dylan como contador de historias. Alejado casi por completo del formato estrofa-coro-estrofa, los paisajes que atraviesa este álbum van desde momentos de completa y reflexiva oscuridad, a otros de sobrecogedor homenaje, como los fantásticos siete minutos que cierran el álbum recordando a John Lennon. Disco de evolución pausada, pero tremendamente gratificante.


12°

Nashville Skyline (1969)

Si bien, es cierto que desde “John Wesley Harding” (1967) era posible ver que Dylan buscaba una nueva firma sonora, es en este disco donde se vuelca por completo a explorar la música country, pero no sólo eso: además cambia su forma de cantar. Puede sonar arriesgado y, de hecho, en su momento alejó a muchos de sus seguidores, sin embargo, el “nuevo Dylan” no sólo firmó un álbum a la altura de su catálogo, sino que también se anotó más de un track increíble en esta aventura. Quizás el mejor ejemplo de esto sea que incluso cuando acompañado por Johnny Cash se arriesgó a versionar uno de sus temas más entrañables, logró hacerlo de forma tan contundente, que es difícil elegir una de las dos versiones.


11°

Another Side Of Bob Dylan (1964)

Cada vez que quisieron colgarle una etiqueta, Dylan decidió moverse. En esta oportunidad fue en lo narrativo, donde el artista dijo “suficiente con esto de la ser la voz de su generación”. Las canciones de este álbum suenan al mismo folk que ya le conocíamos, sin embargo, tienen un ánimo mucho más liviano: hablan de amor, desencuentros y también tienen espacio para el humor, cosa que en su disco anterior hubiera sido impensable. El giro fue tan definitivo, que incluso en los cuatro minutos de la fantástica “My Back Pages” el artista se toma el tiempo de explicar su salida del ala más política del movimiento folk. Con una lírica claramente renovada, lo que seguía ciertamente era cambiar su sonido.


10°

Modern Times (2006)

Una de las cosas que hace de este un disco excepcional, es cómo el cantautor logra atrapar el espíritu de lo que venía mostrando en sus discos anteriores para luego ponerlo en un paquete increíblemente consistente. Echando mano a pasajes del más tradicional de los blues, como los seis minutos de “Rollin’ And Tumblin’” o la fantástica “Thunder On The Mountain” (con referencia a Alicia Keys incluida), Dylan aprovecha de intercalar canciones de ánimo muy pausado, pero de una belleza excepcional. Es difícil atravesar este set sin dejarse encantar por el ánimo jazz de “Spirit On The Water” o el fraseo en la maravillosa “Workingman’s Blues #2”. Elegante en la ejecución y simplemente eterno en las letras.


Rough And Rowdy Ways (2020)

Rough And Rowdy Ways

Hay discos demasiado grandes como para intentar ponerlos en una reseña. Este álbum tiene mucho de eso. Musicalmente preciso, privilegiando las baladas y los pasajes de blues, lo cierto es que lo de esta entrega va mucho más allá de lo sonoro. En este viaje el cantautor se acerca a nosotros con una cercanía inusitada, como aquel viejo amigo que hizo todo el recorrido y vuelve a compartir algunos secretos para poder retirarse a descansar. Acá Bob nos mira a la cara, comparte mucho de su intimidad, intenta explicar sus contradicciones y además nos invita a descifrar postales de una época que, pareciendo lejana, está mucho más cerca de lo que creemos. Si finalmente esta fue su despedida, es un dignísimo adiós.


Time Out Of Mind (1997)

Una de las cosas que hace de este disco un recorrido excepcional, es cómo toma lo mejor de dos personalidades potentes involucradas en el proceso creativo y termina dando vida a una suerte de soundtrack acerca de los procesos de pérdida y la inevitable transitoriedad del ser. Lanois nos golpea una vez más con sus tradicionales atmósferas gigantes, sin embargo, en esta vuelta es el cuidado en los detalles –como el efecto en la voz de Dylan usado para abrir el álbum o las percusiones en “Not Dark Yet”– lo que termina robándose las miradas. Si a eso le sumamos la contundencia lírica de un artista que, cercano a sus sesenta años, empieza a lidiar con demonios que antes no había enfrentado, el resultado es superlativo.


The Times They Are A-Changin’ (1964)

Las diez canciones que dan vida al tercer álbum del artista, marcan uno de los momentos más oscuros y provocadores que alguna vez firmaría. De hecho, basta con ver la portada para anticipar que lo que sea que incluya este set no va ser liviano. Acompañado sólo de su guitarra y armónica, y echando mano a lo mejor de sus destrezas como artista folk, Bob levanta una voz de sentida y urgente denuncia en cada uno de los tracks que golpea el set. Los pasajes incluyen, entre otros, líneas acerca de la disparidad ante la ley, la miseria a la que nos condena el sistema y la despreciable manipulación política. Un recorrido de una carga emocional gigantesca, que desgraciadamente sigue sonando actual.


Desire (1976)

Después de “Blood On The Tracks”, Dylan decidió evitar la composición en solitario, en lo que uno podría ver como una vuelta a las sombras de un artista que siempre ha preferido evitar hablar de sí mismo. Jacques Levy fue el encargado de acompañar al músico en este apartado, firmando siete de los nueve tracks. Por fortuna, el resultado de esta apuesta fue increíble; en lo musical se trata de un álbum atrevido, diferente y dinámico, en largos pasajes caracterizado por la presencia de voces femeninas y el fantástico violín de Scarlet Rivera, que dejaría su sello en tracks eternos, como la luminosa “Mozambique” o la demandante “Hurricane”. Definitivamente un álbum de exitosísima búsqueda sonora.


Bringing It All Back Home (1965)

Reflejo de un artista todavía dividido, el primer álbum de la trilogía eléctrica es la muestra perfecta de lo mejor de las dos personalidades del músico. Mientras el lado A nos deleita con todo el rock blues furioso del nuevo Dylan, listo para comerse el mundo, anotándose himnos gigantes como “Subterranean Homesick Blues” y “Maggie’s Farm”, el lado B se encarga de entregarnos lo que le iba quedando de identidad folk. Sin embargo, una de las cosas más increíbles de este álbum es que, casi como en un desafío de identidades, la cara B sale a encarar a su contraparte de forma apabullante, abriendo con “Mr. Tambourine Man” y luego manteniendo el nivel hasta el final de la entrega. Sin duda, memorable.


Highway 61 Revisited (1965)

Con Dylan transformado en estrella de rock e intentando lidiar con el odio de su primera ola de seguidores, mucho del ímpetu avasallador que tiene este álbum está relacionado con la necesidad de desahogo que el artista estaba teniendo. La forma en que “Like A Rolling Stone” abre el disco con un golpe seco, como quien da una patada a una puerta y luego dispara una lírica furiosa llena de desdén, respaldada por una muralla de sonido donde el órgano Hammond se lo come todo, fue una de las cosas que cambió el sonido y la identidad de la música de toda una generación. Nunca en el mundo del rock alguien había tocado las claves que el músico explotó en esta entrega. Probablemente su trabajo más influencial.


Blonde On Blonde (1966)

Tras 18 meses enfocado en dar vida a tres discos que lo vieron mutar por completo, es con el último de este grupo que el cantautor sube la apuesta. No sólo se trata de uno de los primeros álbumes dobles de música rock de la historia, sino que este es el trabajo donde vemos al autor alcanzar el sonido que siempre quiso tener y que él describiría como “el sonido fino y salvaje del mercurio”, donde finalmente termina de desarrollar su tan típico fraseo en los vocales. Además, es en estos 70 minutos donde por fin Dylan deja de mirar a sus seguidores y decide reírse de todo y de todos. Las postales que nos dejó este álbum son el mejor reflejo de un artista al tope de sus capacidades y liberado por completo.


The Freewheelin’ Bob Dylan (1963)

Si uno intentara resumir que es lo que hace del segundo álbum de Dylan un trabajo excepcional, probablemente habría que decir que es su equilibrio. Sin tratarse de una placa de corte romántico o abiertamente enfocada en lo sociopolítico, es capaz de firmar increíbles pasajes en cada una de esas esquinas, echando mano a una propuesta sonora sencilla, pero apabullante. Cálido y evocador cuando debe serlo, como en el caso de “Don’t Think Twice, It’s All Right”, certero en los pasajes que invitan a la reflexión, como en la inmortal “Blowin’ In The Wind”, e implacable cuando la urgencia lo amerita, como sucede en “Masters Of War”. Es difícil saber si sólo se trata de su mejor álbum folk o derechamente de su mejor álbum.


Blood On The Tracks (1975)

Sin tratarse del álbum de Dylan más arriesgado en lo musical, ni el más críptico en lo lírico, lo que hace de “Blood On The Tracks” una experiencia única, tiene que ver con lo universal de su temática de fondo y con la increíble lucidez del artista a la hora de elegir cómo musicalizar este delicado viaje. Muchos lo han catalogado como el “álbum de ruptura definitivo”, aludiendo a que hablaría del divorcio del artista, sin embargo, mirado en perspectiva, lo cierto es que poco importa si el disco habla del músico o no, lo maravilloso de este grupo de canciones es cómo el cantautor captura las distintas etapas que se atraviesan durante el duelo de pareja de forma sencillamente sobrecogedora. Las imágenes que nos regala este álbum van desde los espacios de negación, ira y reconciliación, para luego cerrar con la tan postergada, pero necesaria, aceptación. No hay forma de recorrer este álbum sin notar que hay algo de cada uno de nosotros en esos versos. Definitivamente, inmortal.


Arte por Rodolfo Jofré

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