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Mejores discos 2013

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En HumoNegro tenemos muchas virtudes y defectos, como en cualquier medio, pero si hay algo que nos caracteriza es la sinceridad. En nuestras cuatro paredes pudimos haber seleccionado veinte discos de 2013 que fueran de completo gusto del lector y señalar que son los mejores, y así todos quedaban contentos. Pero como lo nuestro es la honestidad y además contamos con un régimen interno democrático, nos juntamos como equipo, armamos un sistema de puntajes y votamos por los que creemos fueron los 20 mejores discos de este año.

La propuesta inicial contaba con más de un centenar de álbumes de distinta índole y géneros; no fue sencilla la elección, al igual que el año pasado nos peleamos y, por momentos, nos enemistamos, pero lo importante es que lo que verán a continuación fue el resultado de un equipo, de una cuantía horizontal de opinión, donde el voto de un director tuvo la misma valía que la de un editor o un colaborador esporádico. Es decir, es nuestra lista, nuestra visión, no pretendemos infundírsela, ni aseverar que es mejor o peor que cualquier otra. Si están de acuerdo, perfecto. Si no lo están, perfecto también. Esa es la idea de compartirla con ustedes: que lean, analicen y, si lo desean, nos dejen su opinión, sus favoritos, sus acuerdos y desacuerdos.

Sin más preámbulos, esta es la lista de los mejores discos de 2013 según el equipo HumoNegro.

20°

Lightning Bolt” – Pearl Jam

LIGHTNING BOLTCuando hablamos de Pearl Jam, resulta extremadamente complejo no ser condescendiente, sin embargo, el tener una trayectoria plagada de tantos éxitos supone también un desafío aún mayor, ya que las expectativas generadas resultan particularmente difíciles de llenar, y es precisamente en este rubro donde radica la importancia de “Lightning Bolt”, que a través de la búsqueda de nuevos matices y texturas logra mantener la frescura de su propuesta. Los liderados por Eddie Vedder son el ejemplo más claro que el todo es mayor que la suma de los talentos individuales. Este décimo álbum de estudio quizás no deja totalmente satisfecho a los fanáticos más acérrimos, pero no cabe duda que mejora con cada reproducción.

19°

Is Survived By” – Touché Amoré

IS SURVIVED BYTouché Amoré es incontrolable. Con “Is Survived By”, su tercer larga duración, los californianos detonaron un disco explosivo, lleno de rabia, esperanza y positividad, destacando tracks como “To Write Content”, “Kerosene”, “Just Exist” o la propia “Is Survived By”. “Esto es vivir por un amor. Esto es sobrevivir por un miedo; que todo lo que quede cuando se haya dicho y hecho, sean palabras que jamás volveré a oír”. Con la producción a cargo de Brad Wood (Smashing Pumpkins, Sunny Day Real Estate), el cuarteto, por momentos, homenajea a bandas icono como Mineral o At The Drive-In, recordándonos que son la última gran versión de la pasión y la furia del hardcore punk de nuestros tiempos.

18°

Random Access Memories” – Daft Punk

DAFT PUNK - RANDOM ACCESS MEMORIESPara los fanáticos de Daft Punk, el soundtrack de “Tron: Legacy” (2010) sólo calmó en parte la ansiedad por conocer nuevo material del dúo francés, un simple aperitivo por decirlo de alguna manera. Tomarse ocho años para editar un nuevo álbum de estudio supone el riesgo inherente de no dejar conforme a todos, y es precisamente esto lo que pasa con “RAM”, que a pesar de derrochar calidad técnica, del hype y de tener uno de los singles más atractivos de la historia, se diluye en sus altas expectativas. No hay que equivocarse, en ningún caso estamos en presencia de un mal disco, muy por el contrario, se encumbra muy por sobre la media del 2013, pero deja esa sensación que podría haber sido más.

17°

True North” – Bad Religion

TRUE NORTHCon “True North”, Bad Religion demuestra que el punk rock no está muerto, aunque nunca lo ha estado realmente, y que después de más de treinta años de carrera son capaces de despachar un disco consistente, con canciones directas y letras expresivas que nos hacen seguir creyendo. “Fuck You”, “Robin Hood In Reverse”, “In Their Hearts Is Right” y “Nothing To Dismay” destacan en un álbum de 16 canciones y 36 minutos de duración, en donde la mitad no sobrepasa los dos minutos, y la claridad de los riffs y potencia de las secuencias de batería hacen de este disco una referencia para que otras bandas del estilo, y las nuevas generaciones, sepan que el punk rock no tiene fecha de vencimiento aún.

16°

“New” – Paul McCartney

PAUL MCCARTNEY NEWCuando llevas más de 50 años de carrera, ¿hay alguna forma de que tu trabajo suene novedoso? Para Paul McCartney la respuesta es “sí”. Macca se alió a Nigel Godrich, productor emblemático de Radiohead, y lanzó “Chaos And Creation In The Backyard” en 2005, uno de los discos solistas más inmaculados del ex Beatle. Tras ocho años, se vuelve a nutrir de productores más jóvenes (Mark Ronson, Paul Epworth, entre otros) para sacar su obra más fresca y variada. “New” suena a McCartney, no desconociendo su voz más desgastada ni su sonido tradicional, sino que lo conecta con la vibra de esta época, logrando un disco redondo y lleno de momento brillantes, como la apertura con “Save Us” o la propia “New”.

15°

Defend Yourself” – Sebadoh

DEFEND YOURSELFFueron quince años de receso. Sebadoh sepultó el lo-fi de antaño y matizó la bandera del indie rock proponiendo al country, el soft rock y el noise pop como géneros indisociables. “Defend Yourself” llegó como un álbum versátil, transitando entre la melancolía, la impotencia y la felicidad. Con trece tracks escritos con la adultez lírica de Lou Barlow y el sonido de guitarras acopladas, algunas cuerdas acústicas y marchas tanto apacibles como agitadas, el trío de Norhampton no sólo tiene puesto ganado en nuestro ranking, también tiene a disposición un puñado de buenas canciones con que refrescar el repertorio que hoy los lleva de gira por Australia y EE.UU. Soberbia reaparición.

14°

“Wakin On A Pretty Daze” – Kurt Vile

KURT VILE - WAKING ON A PRETTY DAZELuego del éxito alcanzado con “Smoke Ring For My Halo” (2011), Kurt Vile se tomó un par de años para armar y lanzar su quinto disco de estudio, un trabajo que lo consolida como uno de los nombres más importantes del “indie” actual, y donde el apoyo y la complicidad de Vile con su banda The Violators se nota, y se atreven a firmar un registro con once canciones de las cuales siete sobrepasan los cinco minutos de duración, una apuesta poco común para los tiempos que corren, pero que logró un lugar entre lo mejor del año debido a la consistencia de las composiciones y a la gran variedad de influencias que logra recoger este cantautor norteamericano y su guitarra.

13°

m b v” – My Bloody Valentine

MBV22 años es una vida entera, pero cuando se trata de My Bloody Valentine, sabes que debes esperar. “m b v”, el tercer disco de la banda pionera en el verdadero noise rock, es una joya precisamente porque se mueve desde esa zona ruidosa para abrirse a diferentes horizontes en tres tercios consistentes, uno más experimental con tracks como “Only Tomorrow”, otro más pop con “New You” como innegable momento de quiebre con lo que conocíamos de Kevin Shields y los suyos, y un último tercio donde la mezcla de géneros hace que reconozcamos en MBV a una fuerza mucho mayor a la de su leyenda, marcada por el ruido, y que revivió con canciones y melodías que exigieron y entregaron mucho más de lo esperado.

12°

“Reflektor” – Arcade Fire

ARCADE FIRE - REFLEKTORLuego que The Suburbs ganara el Grammy al mejor disco del año (derrotando de paso a verdaderas máquinas de hacer dinero como Lady Gaga o Eminem), Régine Chassagne y Win Butler decidieron embarcarse en un retiro para así realizar labores humanitarias en Haití. Quizás fue durante ese periplo en el que el matrimonio decidió que su siguiente disco debiera ser la obra pop más épica y grandilocuente de los últimos años. Predeterminado o no, lo que no se puede negar es que de la mano de James Murphy, y gracias a canciones como “Normal Person”, “We Exist” y “Reflektor”, el cuarto disco de los canadienses marcó uno de los hitos más importantes de este 2013 gracias a un pop rock meticuloso y desinhibido. 

11°

“Sunbather” – Deafheaven

DEAFHEAVEN - SUNBATHERBlack metal mezclado con shoegaze. Esa es la etiqueta que le pusieron al segundo LP de Deafheaven, pero “Sunbather” es mucho más que esos estilos. George Clarke y Kerry McCoy consiguen mezclar brutalidad con delicadeza, creando atmósferas y paisajes sonoros únicos, llenos de color y, a la vez, de un aire pesado pero respirable que se complementa bien con la dinámica de explosión y calma que inunda al registro, rico en riffs y baterías estridentes (“Dream House”, de los mejores tracks del año), así como de intermedios con pianos contemplativos (“Please Remember”). Un triunfo de una banda que con su segundo disco logró enmendar los errores de su debut con calidad y de forma radical.

10°

The Devil Put Dinosaurs Here” – Alice In Chains

THE DEVIL PUT DINOSAURS HERESegundo álbum del cuarteto de Seattle en la era post Staley. “The Devil Put Dinosaurs Here” vino a consolidar el regreso gestado hace cuatro años y una cierta fidelidad al sonido que cultivaron en sus mejores tiempos, con un Cantrell aún más protagónico en la musicalización de letras en las que también aportó DuVall y que juntos muy bien armonizan. La nueva identidad de la banda comienza a despojarse de la carga auto comparativa y se escuda en lo que es el mejor argumento de su perpetuidad: buenos discos. “Phantom Limb”, “Hollow”, “Voices”, entre otras, lo sostienen como un logrado sucesor de “Black Gives Way To Blue” y reimpulsan la nueva ruta de los iconos del grunge.

Hesitation Marks” – Nine Inch Nails

HESITATION MARKSEsperar cinco años fue casi una tortura. Y no es que Nine Inch Nails sea una banda que se caracterice por lanzar discos periódicamente. Lo que hizo particularmente difícil de sobrellevar la espera, fue el hecho de ver a Trent Reznor embarcarse en una serie de exitosos proyectos personales que hizo que más de uno pensara que NIN había quedado relegado a un segundo plano (ganar un Oscar puede tentar a cualquiera). Pero el deber llama, y Reznor debía hacerse presente este 2013 con un álbum que sirvió para exorcizar muchos de sus demonios personales, y que terminó siendo el trabajo más maduro de la banda en toda su historia. Preciso, intenso, y por qué no, alegre. La espera sin dudas valió la pena.

Trouble Will Find Me” – The National

TROUBLE WILL FIND MESi con “High Violet” (2010) los oriundos de Cincinnati, Ohio, eclipsaron a la crítica con su prolijidad orquestal y las problemáticas de unos hombres maduros y con responsabilidades, “Trouble Will Find Me” fue lanzado como el paso siguiente, del momento en que se pierde la estabilidad que intentamos construir con los años. Un trabajo tan oscuro como la voz de Matt Berninger, lleno de melancolía y desconsuelo. “Sea Of Love”, “Demons”, “Graceless” o “I Should Live In Salt” son el testimonio de la voracidad del tiempo y la vida real, donde los errores rara vez pueden enmendarse. The National edificó un disco ideal para los corazones rotos, esos que sólo encuentran la respuesta en perderlo todo.

The Next Day” – David Bowie

THE NEXT DAYEl hito musical del año fue el regreso de David Bowie, no por estar ausente tanto tiempo ni por la expectación generada, sino por lo relevante de Bowie para la historia de la música, y también por volver desde las cenizas, cuando nadie se lo esperaba, de golpe con un video (“Where Are We Now”) y sin hacer comerciales breves o copiarle a “Thriller”. De hecho, sacó siete videos oficiales en 2013, más que cualquier otro artista. Por ello es increíble cómo Bowie volvió cantando canciones de David Bowie, con la colaboración leal de su mano derecha, Tony Visconti, sacando un disco tan auténtico como fresco y que logra insertarse en un contexto donde Bowie es uno más, dejando claro que nunca será uno más.

Silence Yourself” – Savages

SILENCE YOURSELFPocas bandas hacen un manifiesto. Menos aún se componen sólo de mujeres. Y menos aún tratan de mantener a la música como un arte necesario de percibir en su totalidad para ser comprendido. Savages quiere que volvamos a escuchar discos como obras de arte con “Silence Yourself”, pero lo hace con once tracks llenos de angustia, urgencia y potencia, con diferentes matices y letras directas, podadas de lo innecesario y llenas de intención. Además, tiene una formación de lujo con Jehnny Beth y una gran performance vocal, y a Fay Hilton, Gemma Thompson y Ayse Hassan sacándole todo el partido a sus instrumentos con riffs demoledores (“She Will”) o generando sonidos reflexivos como el cierre con “Marshal Dear”.

Modern Vampires Of The City” – Vampire Weekend

VAMPIRE WEEKEND - MODERN VAMPIRES OF THE CITYPese a la etiqueta de “cuicos hipsters” que rodea a los neoyorkinos Vampire Weekend, su tercer disco los lleva por aún más caminos que los explorados en sus dos primeros álbumes, logrando el registro de una banda que se despega de la zona de confort para dar saltos de calidad, controlados pero llenos de intención, como en “Hannah Hunt” o “Ya Hey”, donde Rostam Batmanglij toma la batuta al mezclar instrumentos y melodías, en tanto que Ezra Koenig cuenta historias que oscilan entre la vida cotidiana, la espiritualidad y el amor. “Modern Vampires Of The City” deja a la agrupación con una de las discografías más incuestionables de los últimos años y acalla a cada vez más contrarios a su particular estilo.

13” – Black Sabbath

13“13” estuvo marcado por el regreso de la formación original –omitiendo a Bill Ward-, la cual parece haber retrocedido en el tiempo hasta plena década de los 70, cuando el cuartero británico se transformó en un verdadero pionero del heavy metal, para despacharse un disco que fácilmente se instala en lo más destacable que ha creado la banda a lo largo de su dilatada discografía. Si bien, el conjunto de canciones suena como un entrañable retorno a las raíces, no sólo la nostalgia es la que encumbra a este trabajo como uno de los mejores discos del año, sino que también el hecho de que “13” tiene un puñado de buenas canciones, partiendo por el excelente sencillo “God Is Dead?”, hasta la letárgica “Dear Father”, demuestran que la leyenda sigue más viva que nunca, y la espera de 18 años por nuevo material valió totalmente la pena. 

AM” – Arctic Monkeys

AMLos de Sheffield volverían con su quinto disco de estudio en septiembre, dejando a muchos sorprendidos por el brusco acelerador a su siempre potente música, y aunque a algunos les costó más digerir “AM” que a otros, el resultado fue un disco maduro, con la cada vez más notoria inspiración psicodélica, blues y R&B de Alex Turner, el gran mentor creativo de la banda, que jugó con tendencia a los sonidos lo-fi como en “No. 1 Party Anthem”, el juego de las guitarras afiladas de Jamie Cook y Turner en “R U Mine?”, o el clímax vocal en la grandiosa “Why’d You Only Call Me When You’re High?”. “AM” contó con variados invitados, como Josh Homme, y fue concebido como el más poli-instrumental de su catálogo.

One Of Us Is The Killer” – The Dillinger Escape Plan

ONE OF US IS THE KILLERBrutales, violentos y afilados, The Dillinger Escape Plan siempre ha sido catalogado como un nombre fundamental para entender los nuevos rumbos del rock más pesado, pero en su quinto disco, “One Of Us Is The Killer”, Greg Puciato y los suyos logran llegar un paso más allá, haciendo que su sonido característico logre cuotas de accesibilidad importantes, mezclando su metal con jazz y pop al más alto nivel, explotando durante 40 minutos casi sin respiro alguno. En su más fiel estilo, DEP experimenta a lo largo de todo el registro, desquiciado y desquiciante, y logra una coherencia que nunca antes alcanzó, logrando en piezas como “Paranoia Shields” o “When I Lost My Bet” una genuina brillantez.

…Like Clockwork” – Queens Of The Stone Age

LIKE CLOCKWORKEste año, Queens Of The Stone Age lanzó un trabajo genuino, que bordea la perfección, donde sin miedo se atrevió a utilizar cuanto fuera necesario para desarrollar sus composiciones, imposibles de encapsular en un estilo determinado, sin abandonar el sello característico de su sonido. Disculpando el término, Homme y compañía tuvieron los “cojones” suficientes para realizar una entrega con lo que (quizás) realmente sentían, sin pensar en lo que el receptor de esta obra –ustedes, nosotros- pudiera opinar del resultado. De hecho, esto lo dejó por lejos en el primer lugar de acuerdo a nuestro sistema de puntajes, con una diferencia abismal sobre los demás álbumes. En definitiva, “…Like Clockwork” gana por sinceridad, por pasión y, sobre todo, por la obra musical que lega. Una placa que tras cada escucha obsesiona más, y que ni por asomo agota al oyente.

Por Manuel Toledo-Campos, Pamela Cortés, Sebastián Zumelzu, Emilio Guerrero, Bastián García, Gustavo Inzunza, Felipe Ramírez, Julio Ortúzar, David Guzmán, Guillermo Ramírez y Claudio Tapia.

 

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Los discos de Bob Dylan

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Bob Dylan Discos

El 24 de mayo de 1941 en Duluth, Minnesota, nace Robert Allen Zimmerman, más conocido como Bob Dylan, uno de los músicos más trascendentes de la escena folk, rock y blues de los 60 y 70. Figura difícil de atrapar, enemigo de los rótulos y eterno héroe de las letras, ha dado vida a una carrera incombustible, plagada de himnos grabados a fuego en el imaginario colectivo.

Como buen artista con más de cinco décadas de carrera en el cuerpo, es poseedor de un catálogo discográfico gigantesco, que muchas veces puede ser abrumador cuando uno desea aproximarse a su obra. Con esto en mente, y a manera de celebrar su figura en el momento en que cumple años, hemos querido compartir con ustedes un ranking de los larga duración de estudio del cantautor, partiendo por sus trabajos menos afortunados para luego cerrar con sus obras maestras. Como todo ranking, el orden de los discos tiene un carácter subjetivo y sin duda debatible, por lo que, más que centrarse en el lugar de cada álbum, nos gustaría que disfruten el recorrido tanto como lo hicimos nosotros.

39°

Knocked Out Loaded (1986)

El quinto disco lanzado por Dylan en los ochenta se ubica justo al medio de su peor racha. Las críticas a este álbum no pasan por las canciones incluidas; de hecho, el tema encargado de abrir el álbum es tremendamente efectivo, a pesar de su evidente sencillez. El problema con este disco tiene que ver con su cantidad de puntos bajos. La mezcla de estilos es difícil de entender (pasando por blues rock, pop y reggae), la instrumentación tiene una energía pobrísima y buena parte de los giros sonoros por los que apuesta Bob para ganar intensidad rayan abiertamente en lo cliché (el coro de niños en “They Killed Him” es el ejemplo más claro de eso). Sin duda, de los pocos discos de Dylan que uno podría elegir ignorar.


38°

Down In The Groove (1988)

Definitivamente, la segunda mitad de los ochenta no fue un buen período para Bob. Como a muchos artistas que hicieron el tránsito desde los 70, la firma musical de esta nueva década terminaría pasándole por arriba, llevándolo a perder buena parte de su propia identidad sonora. El álbum número veinticinco de Dylan tiene la particularidad de haber reunido un número gigantesco de colaboradores, incluyendo a Eric Clapton, Jerry García, Steve Jones y Paul Simonon, entre otros, y pese a sus tremendos pergaminos, terminaría dando vida a un deslavado set de pop folk genérico que, como muchos de los discos menos afortunados de Bob, se deja escuchar sin problemas, pero tiene poco o nada para llevarse con uno.


37°

Empire Burlesque (1985)

Muchos discos de Dylan tienen la particularidad de dejar clarísimo de qué se va a tratar el con sólo escuchar el primer tema. Es el caso de “The Times They Are A-Changin’”, “Highway 61 Revisited” y, desafortunadamente también es cierto, con “Empire Burlesque”. Los 46 minutos de música de este álbum califican dentro del pop más plástico que alguna vez le veríamos al artista. La estructura de casi todos los temas es increíblemente predecible, la instrumentación es arquetípica hasta el hastío y, lamentablemente, hasta algunas de las letras (habitualmente su escudo invencible) son desechables. De todas las trilogías que firmó Bob, este álbum da inicio a la más baja de ellas.


36°

Saved (1980)

Segundo disco de la trilogía cristiana. Más allá de las críticas que pueden existir respecto a la originalidad de la oferta musical y de lo “poco desafiante” del contenido narrativo de algunos tracks, lo cierto es que el nivel de entrega que alcanza Bob en estos discos es ciertamente destacable. Cada uno de los cortes de este álbum tiene a Dylan abiertamente dejándolo todo. Sin ir más lejos, la canción que da título al álbum es increíblemente cautivadora, lista para convertir al más recalcitrante de los ateos. Maravillosos pasajes de gospel, precisos acompañamientos vocales y toneladas de intensidad hacen de este trabajo un álbum con el que uno podrá no congeniar, pero que ciertamente tiene grandes momentos.


35°

Self Portrait (1970)

El primer disco de Dylan basado básicamente en versiones (fuera de su álbum debut) exige una mirada abierta. Para empezar, el mismo Dylan ha afirmado que se trató de una humorada, un álbum destinado a bajarle los humos a la gente que insistía en verlo como una figura mesiánica. En ese sentido, es fácil entender lo descuidado del registro, cuyo principal problema es lo desordenado que es. Bob transita caprichosamente por canciones clásicas como “Blue Moon”, cortes de aire country, temas instrumentales y momentos de rareza sublime, como la versión de “The Boxer” de Simon & Garfunkel, donde juega a interpretar las dos voces en tiempos que rara vez coinciden. Un álbum básicamente dirigido a completistas.


34°

Under The Red Sky (1990)

Después de una década para el olvido, el álbum número 27 de Bob Dylan llegó a demostrar que, si bien el oriundo de Duluth aún era capaz de lanzar una placa rescatable como “Oh Mercy”, ciertamente seguía extraviado. La apertura del álbum con “Wiggle Wiggle” no puede ser menos auspiciosa (casi con seguridad no la canción por la que Slash quería ser recordado por colaborar con Dylan), por fortuna, no todo en esta entrega es de ese nivel. De hecho, algunas baladas y pasajes de blues rock son más que correctos, y el tema que da título al álbum es sin duda querible si uno considera que el disco está dedicado a su hija de cuatro años. No es el momento más brillante de Dylan, pero lejos de ser su más bajo.


33°

Dylan (1973)

Después de dejar Columbia y sin hacerlo partícipe, el sello decidió lanzar un nuevo álbum de Dylan usando básicamente canciones que habían quedado fuera de sus dos discos de 1970, dando vida a algo así como una suerte de “Self Portrait”, pero un poco más ordenado. Sólo versiones y algunos cortes tradicionales ocupan este corto set de canciones que, sin ofrecer nada deslumbrante, logra rescatar algunos temas que de lo contrario habrían quedado sepultados por muchos años esperando la llegada de los bootlegs oficiales. Acertadas versiones de “Can’t Help Falling In Love” y, particularmente, la sentida toma de “The Ballad Of Ira Hayes” hacen de este álbum una parada obligada para cualquier seguidor de Bob.


32°

Together Through Life (2009)

Escrito en conjunto con Robert Hunter (Grateful Dead), “Together Through Life” debe ser el único punto de estos últimos 25 años donde Bob Dylan se ha anotado un claro traspié. Sin duda, hay seguidores que siempre van a disfrutar un nuevo disco de blues folk con mucho del sonido de New Orleans viniendo de Bob, el problema de este álbum es que básicamente se dedica a repetir la fórmula que venía explotando en sus últimos discos y la hace sonar plana, ofreciéndonos muy poco para conservar con nosotros al final del día (“It’s All Good” debe ser la gran excepción). Tomar el espíritu de una canción que Bob iba a componer para un soundtrack y terminar haciendo un álbum de ello quizás no fue la mejor idea.


31°

Christmas In The Heart (2009)

Tal como dice el título, el gran atributo de esta colección de clásicos de Navidad es el cariño con que está hecho. Para el año 2009 Dylan estaba pasando por un período complejo en términos de desempeño vocal, y claramente estaba teniendo problemas para adaptarse a su “nueva” voz (cosa que es posible notar también en “Together Through Life”). Afortunadamente, la instrumentación, el ánimo general del grupo de músicos y la forma en que están logradas las atmósferas es tan maravillosa, que el álbum logra transmitir de manera perfecta el espíritu que intenta contagiar, más allá de los baches vocales que uno pueda encontrar. Sorpresivamente, Dylan se anotó uno de los mejores discos de Navidad de los últimos años.


30°

Shot Of Love (1981)

El último disco de la trilogía cristiana tiene sin duda más aciertos que desencuentros. El ánimo es más luminoso que en “Saved”, el trabajo en la guitarra se anota un punto alto y el grueso de la apuesta sonora es convincente e incluso contagiosa más allá de algunas variaciones estilísticas algo difíciles de entender, que van desde el reggae a canciones de aire motown. El problema con “Shot Of Love” tiene que ver desafortunadamente con el ánimo de Dylan en lo narrativo, donde por momentos se le escucha abiertamente molesto y acusador (lo contrario que uno esperaría de un tipo lleno de espiritualidad). Claramente, después de tres discos en esta misma línea, Bob necesitaba comenzar a mirar hacia otros horizontes.


29°

Pat Garrett & Billy The Kid (1973)

Para muchos el disco de “Knockin’ On Heaven’s Door” y nada más. Sin duda, el tema versionado por Clapton en 1975 y luego por Guns N’ Roses en 1987 se ha instalado fuerte en el imaginario colectivo, y posiblemente ha hecho llegar a Dylan a más de un curioso. Por fortuna, el disco es mucho más que eso. No hay que olvidar que el álbum número 12 de Dylan es un soundtrack, y en esa línea se aboca la mayor parte del tiempo a generar ambientes que, para ser justos, están muy bien logrados. Viniendo de Bob, indudablemente uno quisiera tener más letras para revisar (el disco incluye otros tres cortes “cantados”), pero la verdad es que el álbum logra graduarse con éxito en la línea folk country que se dedica a explorar.


28°

Triplicate (2017)

Luego de dos discos fundamentalmente, dedicados a versionar clásicos en su gran mayoría popularizados por Frank Sinatra, Dylan decidió volver a apostar por la misma fórmula, pero esta vez con un disco triple. Un desafío mayor, pero de alguna forma, y mirado en retrospectiva, un ejercicio que el cantautor parecía necesitar (en lo vocal y también en lo motivacional) para poder volver a la composición original. Los 95 minutos de “Triplicate” no son un recorrido fácil. Extremadamente homogéneo por largos pasajes, la virtud principal de este set es la respetuosa y elegante manera en que Dylan y sus músicos logran adueñarse de cada uno de estos tracks, impregnándolos de su propia y nostálgica mirada.


27°

Infidels (1983)

El gran retorno de Bob post trilogía cristiana para muchos de sus seguidores. Para otros, sin embargo, un disco aún fuertemente ligado al discurso religioso, que además empezaba a mostrar los tics del sonido ochentero que tan mal le hicieron al cantautor. Más allá de los desacuerdos esperables, es cierto que “Infidels” goza de un mejor sonido en términos de producción y además tiene una narrativa que, si bien sigue ligada al imaginario religioso, es ciertamente más elegante que la de los discos que lo preceden. Quizás el gran mérito de este trabajo es que se trata de un disco breve y entretenido, que cada vez que logra ser bueno (como lo hace al inicio y al cierre de la entrega, por ejemplo), es muy bueno.


26°

World Gone Wrong (1993)

La primera mitad de los noventa fue un periodo de transición para Dylan, que terminaría llevándolo una vez más en su carrera a grabar discos de versiones. Más allá de las limitaciones propias de este tipo de registros, “World Gone Wrong” nos permitió volver a disfrutar de la faceta donde muy probablemente se encuentra más cómodo, cuando se trata básicamente de él y su guitarra. Con un sonido rústico (las canciones fueron grabadas en la cochera de su casa) y principalmente abocado a revisitar clásicos del blues rural popularizados por artistas insignes como Blind Willie McTell y Willie Brown, el álbum número 29 de Dylan es un recorrido esencialmente íntimo y sencillo, para disfrutar sin prisas.


25°

Planet Waves (1974)

Para su debut en el sello Asylum, Dylan dejó atrás el sonido country que había explorado intermitentemente desde “John Wesley Harding” (1967) y decidió volver al folk rock. En términos de ventas, este giro fue un éxito; de hecho, fue el primer número uno de Dylan en Estados Unidos. Como propuesta sonora, sin embargo, aun tratándose de un recorrido ciertamente agradable, la verdad es que por momentos la entrega se siente errática (la inclusión de dos versiones del mismo track es el mejor ejemplo de eso) y, a pesar de tener algunas canciones que sobresalen, como la versión lenta de “Forever Young” o “Dirge”, finalmente todo parece sostenerse sobre las virtudes del sello sonoro del combo Dylan-The Band.


24°

Street-Legal (1978)

La experiencia con “Desire” (1976) y el “Rolling Thunder Revue” (1975-1976) claramente dejó en la cabeza de Bob muchas nuevas posibilidades musicales a explorar. En ese contexto, apuesta por expandir su sonido y decide sumar a su banda habitual, tres cantantes mujeres para las segundas voces, un violinista, un saxofonista e incluso un trompetista para uno de los tracks. Las canciones que dan vida a “Street-Legal” son todas gigantes por naturaleza, llenas de intensidad, con un Dylan preciso en los vocales y siempre apuntando a explotar en un clímax épico. Para muchos, un álbum tremendamente sobrepoblado y por momentos reverberante, pero innegablemente entretenido y con identidad propia. De escucha obligada.


23°

Shadows In The Night (2015)

Cuando Bob anunció que lanzaría un álbum de versiones de clásicos popularizados por Sinatra, no dejó de ser una sorpresa. La pregunta obvia fue: ¿Cómo lo va a hacer Dylan, cuya voz viene en franco decaimiento, para versionar a un tipo apodado “La Voz”? Y lo cierto es que, sin grandes contratiempos, logra triunfar en esta empresa básicamente por lo bien elegido del set, lo respetuoso de su interpretación y el gran trabajo en la instrumentación, donde el pedal steel guitar pone la nota alta de la entrega. Sin embargo, más allá de sus méritos, la verdad es que este trabajo no es un recorrido fácil. De ánimo sombrío y muy pausado, la oferta puede ser desalentadora, sobre todo para quienes no conocen al artista.


22°

Good As I Been To You (1992)

Este lanzamiento y “World Gone Wrong” perfectamente podrían haber sido un disco doble, ya que ambos se dedican a explorar el mismo concepto, que es el de “un artista y su guitarra”. Las diferencias pasan principalmente por las temáticas, donde este trabajo destaca por su evidente luminosidad comparado con el que le sigue. Los 55 minutos de “Good As I Been To You” nos regalan la mejor cara del Dylan blusero, capaz de ir desde tracks sentidos y nostálgicos –con magníficos pasajes de armónica– a otros de desenfreno sin ningún problema. No por nada Bob se referiría a estas canciones como “la verdadera música para mí”. La oferta se siente natural y cautivadora, a pesar de lo sencillo de su naturaleza.


21°

Oh Mercy (1989)

A lo largo de su carrera, Daniel Lanois (U2, Peter Gabriel) ha probado ser uno de esos productores que tiene un impacto innegable en el proceso creativo y el sello sonoro de los artistas que acompaña. Tanto así, que, si bien este es un disco de Dylan, es imposible negar que lleva el sello Lanois en lo más profundo de su ADN. Las atmósferas están perfectamente logradas, el sonido es espacioso y fluye de manera impecable, el trabajo en las percusiones es preciso y, lo mejor de todo, es que Bob se escucha increíblemente compenetrado con la propuesta. Los himnos que nos dejó este disco, donde “Most Of The Time” es el ejemplo ineludible, se ubican con propiedad dentro de lo mejor del catálogo tardío del artista.


20°

New Morning (1970)

Cuatro meses después del polémico “Self Portrait”, Dylan volvió con un ánimo que de alguna manera parecía exigir revancha. La placa tiene varias particularidades que lo iban a convertir en un triunfo sin hacer de él un disco excepcional. Acá encontramos un Dylan para todos los gustos; hay canciones de espíritu blues, pop, country e incluso jazz (cuestionable decisión), la instrumentación está bien lograda, Bob vuelve a su estilo vocal tradicional y además el track que abre y el que da nombre al álbum son canciones increíbles. Sin ser un recorrido perfecto, es difícil pasar por estos 35 minutos de música sin encontrar nada para atesorar.


19°

Bob Dylan (1962)

Cierto es que el debut de Dylan probablemente suena tal como lo hacían el promedio de los aspirantes a estrella folk de los sesenta, sin embargo, si uno escucha con atención, no es difícil entender por qué el productor de Columbia Records, John H. Hammond, insistió en conservar a este joven artista, a pesar del pobre desempeño en ventas que tuvo el álbum. Elementos que destacan en este set: el ímpetu de Bob en la guitarra, la armónica e incluso las voces, la destreza para tomar temas tradicionales y darles nueva vida, como en “In My Time Of Dyin”, que más tarde sería versionada por Led Zeppelin, es un buen ejemplo de esto, y la escasa, pero efectiva capacidad compositiva del artista. Justo lo suficiente para apostar por él.


18°

John Wesley Harding (1967)

Si el inicio de su etapa eléctrica ya había sido un giro inesperado, cambiar otra vez de rumbo justo cuando se había apropiado de la escena rock blues de Estados Unidos fue una movida que dejó congelado a todo el mundo. Colgándose de la imagen de un forajido –de reputación muy distinta a lo que reza la canción que abre el disco– y del retiro forzado después de su famoso accidente en moto, Dylan aprovechó de volver a un sonido de naturaleza folk, que claramente miraba hacia la etapa country que estaba por empezar, cambiar por completo su abordaje narrativo apostando por letras muy breves, como la de la fantástica “All Along The Watchtower”, además de enviar un mensaje a todos los que creían haberlo descifrado.


17°

Fallen Angels (2016)

Una de las particularidades que tiene la trilogía de standards es que, pareciendo muy homogénea, realmente cada álbum tiene un enfoque particular. El segundo de este set es un álbum esencialmente luminoso, con historias que, más que de soledad y pérdida (como las del disco anterior), hablan de encontrar y dejarse llevar, con melodías de una calidez y paz que invitan a sonreír y con un cantante que claramente parece estar disfrutando el momento. Más allá de la elegante instrumentación que caracteriza a toda esta saga, lo que hace único a “Fallen Angles” es lo fantástico que está Dylan en los vocales, muy por sobre lo que se le había visto la última década. De esos discos donde todo parece funcionar.


16°

The Basement Tapes (1975)

Es difícil saber cuánto de lo que se dice de este álbum tiene que ver con el mito que lo rodea y cuánto con sus méritos musicales. Publicado luego de ocho años de haber sido grabado, lo que terminó con el misterio y los bootlegs que circulaban por todos lados, el grupo de canciones que da vida al tercer disco doble de Dylan es claramente una colección diferente. El sonido no es el de un cantautor, todo acá suena a colaboración; el ánimo es expansivo, los cortes fluyen de forma natural y lo instrumental reimagina con éxito el sonido de la música de raíz estadounidense. Para quienes buscan un giro sonoro en Bob, este es el disco ganador; para los que disfrutan más de sus letras, hay otros trabajos más exitosos.


15°

Love And Theft (2001)

Quizás el mejor disco para anticipar lo que nos iba a regalar el cantautor los próximos 20 años. Lanzado el 11 de septiembre de 2001, la casi hora de música de esta entrega es un claro adelanto de la trilogía de música tradicional estadounidense (que empieza este disco) y de lo que se vendría luego con la saga de tributos iniciada con “Shadows In The Night” de 2015. Grabado casi en vivo, uno de los puntos altos de este álbum pasa por el grado de espontaneidad que exuda cada uno de los tracks, que incluso extendiéndose por más de cinco minutos en la mitad de los casos, logran hacer de este viaje un recorrido fantástico por lo mejor del pop, ragtime, blues, e incluso algo de vaudeville.


14°

Slow Train Coming (1979)

Quienquiera que diga que la trilogía cristiana fue un fracaso tras otro, nunca ha escuchado este álbum. Mezcla perfecta de entrega interpretativa y un fantástico grupo de músicos, con Mark Knopfler en la guitarra principal, el disco encargado de abrir este ciclo es un capítulo obligado del catálogo del artista. Sencillo en lo lírico, pero directo y efectivo en lo musical, las canciones que dan vida a este álbum se caracterizan por tener un feeling extremadamente liviano y cautivador. Compartiendo mucho del espíritu de “Street-Legal” (voces femeninas y bronces), lo cierto es que los pasajes de blues, gospel e incluso reggae, claramente llevan la apuesta al siguiente nivel.


13°

Tempest (2012)

Echando mano a la misma propuesta sonora de los últimos 10 años y con una voz en franco deterioro, la llegada de este álbum dejó muy poco para encantar al oyente casual. Por fortuna, el tiempo probaría que todos los que insistieron en descubrir las virtudes de la entrega tuvieron su recompensa, ya que “Tempest” marca uno de los puntos más altos de Dylan como contador de historias. Alejado casi por completo del formato estrofa-coro-estrofa, los paisajes que atraviesa este álbum van desde momentos de completa y reflexiva oscuridad, a otros de sobrecogedor homenaje, como los fantásticos siete minutos que cierran el álbum recordando a John Lennon. Disco de evolución pausada, pero tremendamente gratificante.


12°

Nashville Skyline (1969)

Si bien, es cierto que desde “John Wesley Harding” (1967) era posible ver que Dylan buscaba una nueva firma sonora, es en este disco donde se vuelca por completo a explorar la música country, pero no sólo eso: además cambia su forma de cantar. Puede sonar arriesgado y, de hecho, en su momento alejó a muchos de sus seguidores, sin embargo, el “nuevo Dylan” no sólo firmó un álbum a la altura de su catálogo, sino que también se anotó más de un track increíble en esta aventura. Quizás el mejor ejemplo de esto sea que incluso cuando acompañado por Johnny Cash se arriesgó a versionar uno de sus temas más entrañables, logró hacerlo de forma tan contundente, que es difícil elegir una de las dos versiones.


11°

Another Side Of Bob Dylan (1964)

Cada vez que quisieron colgarle una etiqueta, Dylan decidió moverse. En esta oportunidad fue en lo narrativo, donde el artista dijo “suficiente con esto de la ser la voz de su generación”. Las canciones de este álbum suenan al mismo folk que ya le conocíamos, sin embargo, tienen un ánimo mucho más liviano: hablan de amor, desencuentros y también tienen espacio para el humor, cosa que en su disco anterior hubiera sido impensable. El giro fue tan definitivo, que incluso en los cuatro minutos de la fantástica “My Back Pages” el artista se toma el tiempo de explicar su salida del ala más política del movimiento folk. Con una lírica claramente renovada, lo que seguía ciertamente era cambiar su sonido.


10°

Modern Times (2006)

Una de las cosas que hace de este un disco excepcional, es cómo el cantautor logra atrapar el espíritu de lo que venía mostrando en sus discos anteriores para luego ponerlo en un paquete increíblemente consistente. Echando mano a pasajes del más tradicional de los blues, como los seis minutos de “Rollin’ And Tumblin’” o la fantástica “Thunder On The Mountain” (con referencia a Alicia Keys incluida), Dylan aprovecha de intercalar canciones de ánimo muy pausado, pero de una belleza excepcional. Es difícil atravesar este set sin dejarse encantar por el ánimo jazz de “Spirit On The Water” o el fraseo en la maravillosa “Workingman’s Blues #2”. Elegante en la ejecución y simplemente eterno en las letras.


Rough And Rowdy Ways (2020)

Rough And Rowdy Ways

Hay discos demasiado grandes como para intentar ponerlos en una reseña. Este álbum tiene mucho de eso. Musicalmente preciso, privilegiando las baladas y los pasajes de blues, lo cierto es que lo de esta entrega va mucho más allá de lo sonoro. En este viaje el cantautor se acerca a nosotros con una cercanía inusitada, como aquel viejo amigo que hizo todo el recorrido y vuelve a compartir algunos secretos para poder retirarse a descansar. Acá Bob nos mira a la cara, comparte mucho de su intimidad, intenta explicar sus contradicciones y además nos invita a descifrar postales de una época que, pareciendo lejana, está mucho más cerca de lo que creemos. Si finalmente esta fue su despedida, es un dignísimo adiós.


Time Out Of Mind (1997)

Una de las cosas que hace de este disco un recorrido excepcional, es cómo toma lo mejor de dos personalidades potentes involucradas en el proceso creativo y termina dando vida a una suerte de soundtrack acerca de los procesos de pérdida y la inevitable transitoriedad del ser. Lanois nos golpea una vez más con sus tradicionales atmósferas gigantes, sin embargo, en esta vuelta es el cuidado en los detalles –como el efecto en la voz de Dylan usado para abrir el álbum o las percusiones en “Not Dark Yet”– lo que termina robándose las miradas. Si a eso le sumamos la contundencia lírica de un artista que, cercano a sus sesenta años, empieza a lidiar con demonios que antes no había enfrentado, el resultado es superlativo.


The Times They Are A-Changin’ (1964)

Las diez canciones que dan vida al tercer álbum del artista, marcan uno de los momentos más oscuros y provocadores que alguna vez firmaría. De hecho, basta con ver la portada para anticipar que lo que sea que incluya este set no va ser liviano. Acompañado sólo de su guitarra y armónica, y echando mano a lo mejor de sus destrezas como artista folk, Bob levanta una voz de sentida y urgente denuncia en cada uno de los tracks que golpea el set. Los pasajes incluyen, entre otros, líneas acerca de la disparidad ante la ley, la miseria a la que nos condena el sistema y la despreciable manipulación política. Un recorrido de una carga emocional gigantesca, que desgraciadamente sigue sonando actual.


Desire (1976)

Después de “Blood On The Tracks”, Dylan decidió evitar la composición en solitario, en lo que uno podría ver como una vuelta a las sombras de un artista que siempre ha preferido evitar hablar de sí mismo. Jacques Levy fue el encargado de acompañar al músico en este apartado, firmando siete de los nueve tracks. Por fortuna, el resultado de esta apuesta fue increíble; en lo musical se trata de un álbum atrevido, diferente y dinámico, en largos pasajes caracterizado por la presencia de voces femeninas y el fantástico violín de Scarlet Rivera, que dejaría su sello en tracks eternos, como la luminosa “Mozambique” o la demandante “Hurricane”. Definitivamente un álbum de exitosísima búsqueda sonora.


Bringing It All Back Home (1965)

Reflejo de un artista todavía dividido, el primer álbum de la trilogía eléctrica es la muestra perfecta de lo mejor de las dos personalidades del músico. Mientras el lado A nos deleita con todo el rock blues furioso del nuevo Dylan, listo para comerse el mundo, anotándose himnos gigantes como “Subterranean Homesick Blues” y “Maggie’s Farm”, el lado B se encarga de entregarnos lo que le iba quedando de identidad folk. Sin embargo, una de las cosas más increíbles de este álbum es que, casi como en un desafío de identidades, la cara B sale a encarar a su contraparte de forma apabullante, abriendo con “Mr. Tambourine Man” y luego manteniendo el nivel hasta el final de la entrega. Sin duda, memorable.


Highway 61 Revisited (1965)

Con Dylan transformado en estrella de rock e intentando lidiar con el odio de su primera ola de seguidores, mucho del ímpetu avasallador que tiene este álbum está relacionado con la necesidad de desahogo que el artista estaba teniendo. La forma en que “Like A Rolling Stone” abre el disco con un golpe seco, como quien da una patada a una puerta y luego dispara una lírica furiosa llena de desdén, respaldada por una muralla de sonido donde el órgano Hammond se lo come todo, fue una de las cosas que cambió el sonido y la identidad de la música de toda una generación. Nunca en el mundo del rock alguien había tocado las claves que el músico explotó en esta entrega. Probablemente su trabajo más influencial.


Blonde On Blonde (1966)

Tras 18 meses enfocado en dar vida a tres discos que lo vieron mutar por completo, es con el último de este grupo que el cantautor sube la apuesta. No sólo se trata de uno de los primeros álbumes dobles de música rock de la historia, sino que este es el trabajo donde vemos al autor alcanzar el sonido que siempre quiso tener y que él describiría como “el sonido fino y salvaje del mercurio”, donde finalmente termina de desarrollar su tan típico fraseo en los vocales. Además, es en estos 70 minutos donde por fin Dylan deja de mirar a sus seguidores y decide reírse de todo y de todos. Las postales que nos dejó este álbum son el mejor reflejo de un artista al tope de sus capacidades y liberado por completo.


The Freewheelin’ Bob Dylan (1963)

Si uno intentara resumir que es lo que hace del segundo álbum de Dylan un trabajo excepcional, probablemente habría que decir que es su equilibrio. Sin tratarse de una placa de corte romántico o abiertamente enfocada en lo sociopolítico, es capaz de firmar increíbles pasajes en cada una de esas esquinas, echando mano a una propuesta sonora sencilla, pero apabullante. Cálido y evocador cuando debe serlo, como en el caso de “Don’t Think Twice, It’s All Right”, certero en los pasajes que invitan a la reflexión, como en la inmortal “Blowin’ In The Wind”, e implacable cuando la urgencia lo amerita, como sucede en “Masters Of War”. Es difícil saber si sólo se trata de su mejor álbum folk o derechamente de su mejor álbum.


Blood On The Tracks (1975)

Sin tratarse del álbum de Dylan más arriesgado en lo musical, ni el más críptico en lo lírico, lo que hace de “Blood On The Tracks” una experiencia única, tiene que ver con lo universal de su temática de fondo y con la increíble lucidez del artista a la hora de elegir cómo musicalizar este delicado viaje. Muchos lo han catalogado como el “álbum de ruptura definitivo”, aludiendo a que hablaría del divorcio del artista, sin embargo, mirado en perspectiva, lo cierto es que poco importa si el disco habla del músico o no, lo maravilloso de este grupo de canciones es cómo el cantautor captura las distintas etapas que se atraviesan durante el duelo de pareja de forma sencillamente sobrecogedora. Las imágenes que nos regala este álbum van desde los espacios de negación, ira y reconciliación, para luego cerrar con la tan postergada, pero necesaria, aceptación. No hay forma de recorrer este álbum sin notar que hay algo de cada uno de nosotros en esos versos. Definitivamente, inmortal.


Arte por Rodolfo Jofré

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