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Martín Méndez de Opeth: “Con los años no te quedan ganas de expresar la música con la agresividad de antaño”

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Con motivo del show que realizarán en nuestro país el próximo jueves 6 de abril en el Teatro Caupolicán, conversamos con el uruguayo Martín Méndez, bajista de Opeth y miembro más longevo de la banda después del vocalista y líder, Mikael Åkerfeldt, quien nos entregó algunas directrices de lo que será el próximo recital del conjunto en la capital, en promoción de “Sorceress” (2016), su más reciente álbum, además de contarnos algunos detalles de su carrera como miembro de una de las agrupaciones más respetadas de metal progresivo.

Hola, Martín. Sé que acaban de terminar una gira por Australia, ¿cómo estuvo esa experiencia?

Estuvo muy bueno, especialmente por haber podido tocar en el Opera House de Sidney. Fue uno de esos conciertos que se dan una vez en la vida, y que recordarás por siempre.

Supongo que ahora están en un descanso para preparar la gira por Sudamérica. ¿Qué tienen preparado para estos conciertos? ¿Seguirá la tónica de lo que han venido presentando en shows anteriores de este tour?

Así es, estamos descansando. Los shows que realizaremos en Sudamérica serán más o menos lo mismo que hemos venido tocando en otros lugares. Quizás cambiemos algunas canciones por otras, aunque no lo hemos discutido todavía, pero creo que iremos por la misma línea.

En esta ocasión vienen a presentar su nuevo disco, “Sorceress”, el cual ha sido clasificado por Mikael como “el mejor disco de la carrera de Opeth”. ¿Compartes su opinión?

Bueno, siempre se siente así cuando sacas un nuevo disco. Se siente fresco y divertido el tocar las canciones en vivo. Pero, bueno, es un disco más que hemos hecho, con las mismas ganas de siempre. Creo que la banda va evolucionando en cada lanzamiento, y creo que hemos logrado hacer un muy buen disco.

Durante los años, Mikael ha sido el líder y principal compositor del grupo. Casi la totalidad del material editado por Opeth es de su autoría. ¿Cómo trabajan ustedes como banda? ¿Se acoplan directamente a lo que él propone, o tienen la libertad de poder aportar con sus propias ideas?

Sí, él trabaja en solitario unos meses preparando demos. Ahí él programa baterías, toca bajos, pianos, guitarra. Luego nos hace llegar copias a mí y a “Axe” (Martin Axenrot) con todas sus ideas. Después nos envía una sin las pistas de bajo y batería para que podamos tocar encima de ellas, y así perfeccionar todo lo que ha compuesto, agregando nuestro estilo a la mezcla.

Pero siempre respetando lo que Mikael propuso.

Sí, sí. Las canciones ya vienen hechas. Las melodías, las letras. Lo que escuchamos es lo que va a ser. Lo que cambia un poco es la batería, el bajo y los solos de guitarra de Fredrik (Åkesson).

Siempre se ha reconocido la evolución sonora de Opeth. Escuchar su primer disco y escuchar lo que hacen en estos días es encontrarse con una banda que pasó de un metal más duro a uno más progresivo y melódico. Tú, que eres el segundo miembro más longevo dentro de la banda, ¿cómo ha sido tu proceso como músico en esta evolución de Opeth?

Creo que desde afuera se ve un poco distinto a como lo hemos vivido dentro del grupo. Lo divertido de tocar en Opeth es que, se podría decir, es un desafío. Siempre ha evolucionado disco a disco. Partimos todos siendo aficionados al death metal, pero ha crecido con las influencias de la banda. El sentimiento ya no es el mismo tampoco, sobre todo cuando llevas veinte años en esto; ya no te quedan ganas de expresar la música con la misma agresividad de antaño. Siempre hemos tratado de mantener el punto oscuro con el que hemos sido reconocidos en el mundo del metal, pero expresado de forma diferente.

Revisando la historia de la banda, me llamó la atención la forma en que obtuviste tu puesto en ella. Según cuenta la leyenda, viste junto a Martín López (baterista de Opeth desde 1997 a 2006) un cartel de “se busca” por parte de Opeth en una tienda de discos. La agrupación estaba reclutando a nuevos integrantes. Ustedes eran fanáticos de la banda y querían tanto el trabajo, así que quitaron el aviso de la tienda para ser los únicos candidatos. ¿Eso es verdad?

Sí, así fue (risas).

¿Y cómo fue llegar ahí y tocar junto a ellos?

Fue muy extraño. Yo tenía solo 18 años, hace un año había llegado a Suecia desde Uruguay, con suerte podía hablar algo de inglés y casi nada de sueco. Fue una situación muy rara, pero creo que les gustó como toque, y de ahí todo evolucionando muy rápido.

Te fuiste a Suecia muy joven, pero en cuanto a la música y el metal en Sudamérica, ¿te has mantenido al tanto de lo que se hace por estos lados?

La verdad es que no sé mucho, y tampoco es que esté al tanto de la escena de acá tampoco en cuanto a bandas nuevas se refiere. De Uruguay de vez en cuando un amigo me manda algo, pero la verdad es que me suena todo igual, o todo muy parecido a lo que se escuchaba cuando yo vivía por allá. No tengo mucha información al respecto de lo que se está haciendo con el metal en Sudamérica.

Regresando a lo que será su próximo concierto en Chile, me llama la atención la afluencia de fanáticos que asiste cada vez en mayor cantidad a sus shows. ¿Cómo has vivido el vínculo con la fanaticada chilena?

Bueno, al público chileno lo recordamos siempre con mucho cariño. Es una fanaticada muy cálida, muy fuerte. La primera vez que fuimos la acogida fue muy poderosa. Para nosotros es siempre una alegría volver a tocar con ustedes.

Las ocasiones que he podido ver sus shows en el país, no deja de llamarme la atención la cantidad de fanáticos que todavía están pegados con la etapa más brutal de la banda. ¿Cómo sientes la evolución de ellos con respecto a la evolución de Opeth?

Ha habido de todo, desde los que han crecido con la banda, pudiendo digerir su estilo directamente, y los que no. Hay gente que ha quedado por el camino. También han llegado nuevos a raíz del nuevo sonido. Pero, bueno, obviamente los fans nos importan porque sin ellos no somos nadie, pero a la hora de crear no podemos llevar nada a cuestas, pensando en complacer a ningún tipo de público, porque no lo sabríamos hacer de todas formas. Creo que no quedaría bien.

Traicionaría también el espíritu de la banda, me imagino.

A nosotros nos gusta pasarla bien tocando música, y si se pierde eso ya no habría una razón para seguir haciéndolo, porque es mucho sacrificio.

¿Y cómo se las arreglan para conservar las ganas de seguir innovando cuando ya llevan más de veinte años de carrera en el cuerpo? Me da curiosidad, porque hay bandas como Slayer, por ejemplo, que llevan décadas de música sonando prácticamente igual y sin aburrirse de hacerlo.

Todos los miembros de la banda tenemos una meta en común: queremos evolucionar, experimentar y llegar a tocar puntos que nunca esperábamos tocar, directamente. Tal como lo hemos hecho con estos tres últimos discos. Un poco comprobarnos a nosotros mismos, lo que nos hace preguntarnos “¿Qué será lo próximo?”. Y estas bandas que hacen siempre lo mismo, la verdad es que los admiro (risas). Si Slayer llegará a cambiar de estilo sufrirían más la queja de los fans de lo que podríamos sentirla nosotros. Aparte que no creo que esté en su ética cambiar de estilo. No sé si serían capaces de hacerlo.

Perfecto. Martín, para terminar, ¿podrías enviar un saludo a sus fanáticos que esperan verlos el próximo 6 de abril en el Teatro Caupolicán?

Los invito a venir a nuestro show, donde -como siempre- daremos todo lo que tengamos para entregar, y esperamos tener una noche fantástica, como siempre las hemos tenido en Chile. ¡Nos vemos!

Por Sebastián Zumelzu

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Mogwai, Future Islands y Sun Kil Moon, las tres fuerzas del otoño

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Fauna Otoño 2018

Al ver el cartel del festival que se realizará en Espacio Riesco este 12 de mayo, queda claro que varios mundos podrán convivir en el mismo espacio de Fauna Otoño, algo importante en tiempos donde la tolerancia y el respeto son claves para la convivencia, también considerando que la disposición de escenarios permite escuchar la gran mayoría de las propuestas. Es en este ánimo que destacan tres propuestas difíciles de clasificar, pero al mismo tiempo que son sencillas de identificar, las que intentaremos disponer desde las sensaciones más allá de tecnicismos.

 

Mogwai: Calma en el caos

Cada vez que una canción de Mogwai explota, la sensación que queda es de una extraña calma. Como si el cosmos aplicará un mecanismo de relajación ante un trauma, o como si hubiera hipnosis en el momento exacto del apocalipsis. Lo que hacen los escoceses va más allá de lo que técnicamente consiguen, porque construir crescendos que redunden en una catarsis bella es algo que pueden hacer muchos, pero lo de Mogwai va más allá, a veces dejando a la deriva al oyente en una meseta polar para luego, desde esa incertidumbre, llegar con un sonido más grande que la vida.

Aunque la banda hace rato que no saca un disco que caiga en gracia a todo el espectro de sus fans, lo que ha hecho en los últimos años, más que inventar una rueda nueva, ha sido refrescar la forma en la que ruedan. Eso hace que, en vez de escuchar algo que parezca igual a lo anterior, se permita ver en la performance misma las ganas de crear de los escoceses, quienes también destacan como creadores de soundtracks para películas y series. Si Mogwai es capaz de crear un mundo para sí mismos, en estos casos también son hábiles para arropar mundos ajenos en la música. Al final, lo que es evidente es cómo pueden manejar los ánimos, los espacios y los tiempos, fundamental para un espectáculo que relaja y tensa a la vez, como los latidos del corazón.

Future Islands: Baila por tu vida

La sofisticada propuesta del trío norteamericano Future Islands no alcanza a esconder las ansias de conseguir algo fundamental para la vida: el movimiento. Todas las armonías, las melodías, las figuras de bajo, todo eso redunda en la provocación fundamental de mover el cuerpo, las ideas, las emociones, a través de una dirección muy particular por la voz de Samuel T. Herring, uno de los frontman más impredecibles y entregados en un escenario. Cuando vemos la forma en la que Samuel vive un concierto, queda claro que lo de Future Islands no es casual, y que él siente esa música tanto o más que los fans.

Pero la banda no es sólo lo que consigue Samuel, porque la dinámica entre sintetizadores y bajo es parte de lo que hace a la agrupación sobresalir. Gerrit Welmers y William Cashion dialogan a través de compases que se tejen de tal forma, que no se puede ignorar lo que hit tras hit consigue Future Islands. Al final, el imperativo es bailar y sorprenderse con la extravagancia de Herring, y es difícil que eso no pase donde sea que se presenten.

Sun Kil Moon: aislar y provocar

No necesariamente a todos les puede gustar todo el mundo. Bien lo sabe y entiende Mark Kozelek, quien, más que preocuparse de agradar, ha intentado contar historias y hacerse valer en el escenario. Legendaria es aquella ocasión donde puteó a The War On Drugs por sonar muy fuerte, lo que molestaba su espectáculo con una sola guitarra. Kozelek en el proyecto Sun Kil Moon narra y expresa emoción a un grado descriptivo enorme, basado en letras casi declamadas, que no escatiman tiempo ni esfuerzo en llegar a lo medular de las historias y mucho más.

Pero Kozelek también es parlanchín debajo del escenario, y no es extraño verlo como Morrissey, lanzando opiniones poco populares, difíciles de defender y que, en vez de acercar gente a su música, la alejan. Esto redunda en que Sun Kil Moon tal vez no es un nombre tan conocido porque Mark no está interesado en algo tan masivo, pero sí en la cantidad de respeto necesario para que sus creaciones sean respetadas y realmente escuchadas. Es probable que en vivo quede claro que tantos dimes y diretes sirven para, finalmente, encontrar la música en medio del camino.

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