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Marillion: Progresivos en toda regla

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Con diecisiete discos a su haber, y dueños de una carrera constante y remarcable, la banda inglesa de rock progresivo, Marillion, regresa a nuestro país a quince años de su última –y única- presentación en Chile, con dos fechas programadas para los días 18 y 19 de octubre, siendo la primera en el clásico Teatro Caupolicán, y la segunda en las dependencias del Casino Monticello, en dos jornadas que se anticipan como imperdibles para todos los fanáticos de los sonidos progresivos que, en las manos de Marillion, no han dejado de reivindicarse.

La historia de Marillion se divide en dos marcadas eras. Desde los años 1979 hasta 1988, conocemos la “Era Fish”, llamada de esta manera por el nombre artístico del vocalista Derek William Dick, cuya estampa marcó la primera etapa de Marillion en los cuatro exitosos discos que grabó con la banda, que era completada por Steve Rothery (guitarrista), Mick Pointer (batería), Diz Minnett (bajo) y Brian Jelliman (teclado).

El debut de los británicos llegó con “Script For A Jester’s Tear” (1983), placa que reunió las influencias de bandas como Rush, Pink Floyd y el Genesis de Peter Gabriel, mezclando progresismo con oscuridad, en un disco que Fish definió como el principio de una trilogía de álbumes “pensados a un lado de la cama”, tratando de definir al público el lugar del que proviene la inspiración y el sentimiento que los condujo durante su concepción. “Market Square Heroes” fue el primer single, y aunque no estuvo incluido en el álbum, puso a Marillion en el mapa. La fama del grupo se acrecentó con la llegada de “Fugazi” (1984), que tuvo numerosos problemas durante su grabación, causados principalmente por la salida de Mick Pointer, obligando a probar sobre la marcha con una serie de bateristas para remplazarlo. Finalmente, Ian Mosley fue el elegido para tomar las baquetas y terminar un disco que puso gran énfasis en la exploración de sonidos electrónicos.

Con dos exitosos lanzamientos bajo el brazo, Marillion lanza su primer LP en vivo llamado “Real To Reel” (1984), el cual contenía material de sus dos primeros discos. Habiendo logrado buenos resultados comerciales, EMI entregó absoluta libertad para el siguiente larga duración de los británicos, quienes se despacharon el disco más exitoso de su carrera, “Misplaced Childhood” (1985), que alcanzó el número uno en los rankings del Reino Unido con singles como “Kayleigh” y “Lavender”. Este fue el primer álbum conceptual de Marillion, dividido en dos segmentos que hablan sobre el amor, la infancia y vivencias personales que fluyeron en un viaje de ácido que duró diez horas, según declaraciones del propio Fish.

“Clutching At Straws” (1987) continuó con el éxito de su predecesor y trajo consigo el fin de la “Era Fish”. El cantante, quien reconoció que ese era su mejor trabajo con la banda, tenía grandes diferencias con el manager del grupo, sobre todo en el ámbito de la repartición de ganancias, diferencias irreconciliables que llevaron al vocalista a dejar la banda y dedicarse a su carrera solista. De esta manera terminaba la primera etapa de Marillion, llevándolos a un receso, mientras “Clutching At Straws” era elegido como mejor disco del año por la revista Kerrang!

El quiebre desequilibró a los músicos, pero el show debía continuar y Steve Hogarth, tecladista y vocalista de The Europeans, apareció para llenar el vació que dejó Fish. El inglés venía desde la escena del new wave y jamás había tenido en su poder un disco de Marillion, sin embargo, llegó a la agrupación para escribir nuevas letras sobre el material que dejó Fish con la asistencia de John Helmer, amigo y colaborador de la banda, para dar forma al quinto disco del grupo: “Seasons End” (1989). La “Era Hogarth” había comenzado.

Hogarth intervino con mayor autoridad en el siguiente disco, “Holidays In Eden” (1991), donde incluso contribuyó con un tema propio, “Cover My Eyes (Pain And Heaven)”, composición perteneciente a How We Live, banda en la que militó Hogarth en el pasado y que se convirtió en el single de este nuevo disco, que apostó por una veta más pop, tendencia que se contrapuso a la oscuridad y complejidad de “Brave” (1994), el último disco en ubicarse en el top de los rankings, y que mantuvo los elogios de la crítica. Dave Meegan se encargó de la producción de “Brave”, comenzando una larga relación con el grupo y marcando el fin de su relación con EMI, quienes hicieron una pobre distribución del material, actitud que se repitió en “Afraid Of Sunlight” (1995), terminando por convencer al quinteto de que ya era hora de cambiar de casa discográfica.

Bajo el amparo de Castle Records, fue lanzado “This Strange Engine” (1997), cuyo tour de promoción por los Estados Unidos peligraba, debido a la falta de recursos para viajar al continente americano. La gira a suelo estadounidense fue rescatada por los mismos fanáticos, quienes hicieron una colecta para traer a la banda a sus tierras, en una muestra de cariño incondicional que se ha acrecentado gracias a los miles de seguidores alrededor del globo. Marillion no se daba descansos y siguió lanzando discos como “Radiation” (1998) y “Marillion.com” (1999), ambos álbumes con críticas disímiles, pero que mantenían al quinteto con vida.

Aburridos del poco compromiso de las disqueras, el grupo realizó una jugada arriesgada pidiendo a sus fanáticos que financiarán sus siguiente LP, reservándolo incluso antes de que comenzaran a grabarlo. El resultado fue apabullante, llegando a congregar más de 12.000 reservaciones, dinero que sirvió para dar vida a “Anoraknophobia” (2001). Marillion repitió la movida y para “Marbles” (2004) consiguieron 18.000 reservaciones. Como registro del proceso de grabación del disco, la banda lanza el DVD “Colours And Sound” (2006).

El éxito en los rankings regresaba después de diez años con el lanzamiento de “Somewhere Else” (2007), placa que se posicionó en el puesto número 30 en el Reino Unido, con un sonido que muchos quisieron comparar con el trabajo de bandas como Coldplay o Radiohead. “Happiness Is the Road” (2008) marcó otro hito, cuando la banda decidió distribuirlo mediante programas P2P, declarando que no apoyan la piratería, pero asumiendo que la distribución en línea es el futuro y querían ser parte de él.

“Less Is More” (2009) fue lanzado como un disco de reversiones de canciones clásicas de todo el catálogo de Marillion en formato acústico, sumando un nuevo tema, “It’s Not Your Fault”. El disco más reciente del quinteto fue lanzado a mitad del pasado mes de septiembre y se titula “Sounds That Can’t Be Made”, donde destacan canciones como “Gaza”, que habla sobre el estado de guerra en el que viven los niños de Paelstina.

Una trayectoria longeva y llena de hitos es el gran bagaje de Marillion, una banda que no sólo demuestra progresión en su música, sino que también en su forma de pensar y evolucionar.

Por Sebastián Zumelzu

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Mejores discos internacionales 2021

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Mejores discos internacionales 2021

Otro año se termina y ya es tiempo de análisis y recuentos, momento preciso para revisitar lo más destacado en lanzamientos internacionales en un año que tuvo a la música de a poco retomando su curso creativo en un contexto de mayor control frente a la pandemia. Desde impensables colaboraciones, como Chelsea Wolfe junto a Converge, Anderson .Paak y Bruno Mars, o Floating Points con Pharoah Sanders y la London Symphony Orchestra, hasta la consagración de créditos más actuales, como Black Midi, Turnstile, Little Simz o Jinjer, este año estuvo repleto de discos que empujaron los cánones de sus respectivos estilos hasta alturas insospechadas, rearticulando las bases de cada género y sentando un precedente entre el debate de decisión creativa versus repetición de fórmulas. Por supuesto, este 2021 también fue un período para que muchos artistas ya consagrados salieran de su zona de confort, entregando en el proceso verdaderas obras dignas de lo mejor en sus amplios catálogos, como el caso de Iron Maiden, Nick Cave & Warren Ellis, Steven Wilson o St. Vincent.

Fueron muchos los discos que nuestro equipo propuso, escuchó, evaluó y seleccionó durante todos estos meses para dar con los que, a nuestro juicio, son los más importantes de este período, que comprende obras publicadas desde el 4 de diciembre de 2020 hasta el 26 de noviembre de 2021. Esperando que puedan encontrar algún título que hayan disfrutado mucho durante estos meses, o descubrir a su siguiente artista o disco favorito, a continuación dejamos nuestra lista con los 50 mejores discos de 2021.

Si quieres escuchar los álbumes, haz clic en la imagen de cada uno.


“Smiling With No Teeth”

Genesis Owusu

Para quienes disfrutan de la música como un arte ecléctico, “Smiling With No Teeth” de Genesis Owusu puede transformarse fácilmente en una de las revelaciones más satisfactorias de este año. Pese a estar fuera del epicentro de la industria, el debut del artista ghanés-australiano cuenta con sólidos argumentos que lo erigen como un excelente trabajo de autor. Encaminándose por tantas veredas sonoras como se le hace posible, el joven músico hace metáfora de su mundo personal tomando elementos tan disímiles como el funk o el post punk, donde cada track ofrece una mirada diferente sin perder el hilo conductor. Con la genialidad de un álbum fresco, Owusu se presenta al mundo sin pirotecnia, simplemente con su talento.


“…And Again Into The Light”

Panopticon

La música de Panopticon siempre ha caminado por la cornisa de lo esperable. El proyecto unipersonal del multiinstrumentista Austin Lunn ha sabido congeniar la crudeza y la angustia del black metal con folk y música tradicional de su tierra apalache. Y para “…And Again Into The Light” ahonda en esa inflexión, dándole los toques cinemáticos característicos del post rock para cohesionar su propuesta más sólida hasta la fecha la que, a contrapelo del estilo, entrega luz, esperanza y un profundo sentido de gratitud, búsqueda del perdón y amor en estos tiempos inciertos, llegando incluso a donar parte de las ganancias del álbum a quienes estén sufriendo algún tipo de enfermedad mental. A veces, un empujón llega de donde menos se espera.


“Utopian Ashes”

Bobby Gillespie And Jehnny Beth

En vez de cumplir expectativas y corresponder a sus carreras por separado, Jehnny y Bobby potencian el lado más introspectivo y melódico de cada uno en esta reunión rica en dulzura, aridez y poesía. Con sonidos más ligados al folk, al soul o al vals, este disco se demuestra como una instancia más dramática, entregando nuevos matices de estos intérpretes, que se entrelazan para tomar los roles que piden las canciones. El hastío, la soledad y las relaciones interpersonales son motores de composiciones que transforman el paisaje en escenario, y a cantantes en actores. Un álbum oscuro, quizás sin tanta catarsis, pero muy adecuado para las sensaciones que había cuando el encierro era lo más natural.


“Things Take Time, Take Time”

Courtney Barnett

Cuando Courtney Barnett anunció un nuevo álbum, muchos se ilusionaron con volver a escuchar esas letras cómicas, pertinentes e ingeniosas que la hicieron famosa alrededor del globo. Pero no, “Things Take Time, Take Time” es otra cosa. Con sólo minutos de escucha ya se puede percibir que atrás quedó esa esencia natural y espontánea que había creado en sus primeros trabajos; ahora ella es distinta y, por consecuencia, su música también. El tercer LP de su carrera se separa de sus trabajos previos, explorando un aura más pensativa y circular, donde la introspección y el descubrimiento brillan con texturas hipnóticas y baterías digitales que sólo la estrella de Melbourne podía crear.


“As Days Get Dark”

Arab Strap

Dieciséis años tuvieron que pasar para volver a escuchar un nuevo álbum de los escoceses Arab Strap, esta vez al alero del sello de sus compatriotas Mogwai, y su desprejuicio lírico y musical siguen más vigentes que nunca. En “As Days Get Dark” el sedoso manto del pop de cámara, tan en boga a fines de los noventa en su país natal, se ve nuevamente lacerado por melodías sombrías, monólogos hoscos e incómodos, pero sinceros, sobre la sociedad actual y sus comportamientos gangrenosos, especialmente la masculinidad tóxica, tema recurrente en las letras de Aidan Moffat. Esa tendencia a lo burdo y lo sarcástico de Arab Strap funciona perfectamente como marco teórico para el mundo caótico en el que nos encontramos hoy en día.


“The Art Of Losing”

The Anchoress

La pena y el duelo son los motores del segundo disco de Catherine Anne Davies, cargando de oscuridad y belleza sus reflexiones, con una interpretación arrojada y llena de sensaciones y matices. Con colaboraciones de James Dean Bradfield y producción de ella misma, “The Art Of Losing” explicita momentos de dolor con una luz especial y una escritura de canciones enfocada y llena de precisión, en clave pop alternativo. Mientras los efectos de una pandemia devastadora hacen pensar en la muerte como algo más cercano, son discos como este los que nos recuerdan que hay mucha humanidad en la pérdida, en sus efectos y en cómo seguir adelante, a través de canciones que hábilmente escudriñan en los recovecos del alma.


“Holoceno”

Papangu

El debut de Papangu es resultado de un trabajo evidentemente meticuloso y refinado, si se consideran los siete años de producción por el que atravesaron para concretar lo que escuchamos en “Holoceno”. Un dato relevante al tratarse de un álbum donde la destreza técnica y la creatividad rítmica son el norte de las siete canciones que lo componen, las que ofrecen pasajes agresivos, intrincados e impredecibles en todo momento. Notoriamente influenciados por pilares de la música progresiva, tales como Magma o King Crimson, este primer disco también destaca por posicionarse frente a la crisis medioambiental del Amazonas. Pese a estar alejados del radar de la industria, la placa de los brasileños brilla por su legítima genialidad.


“Senjutsu”

Iron Maiden

Con más de 45 años de carrera en el cuerpo, lo que nos regala la Doncella de Hierro en esta oportunidad es el testimonio definitivo de una banda que no sólo ha sabido sobrevivir durante más de cuatro décadas, sino que además ha tenido la lucidez de adaptar su repertorio para seguir deslumbrando a sus seguidores. Echando mano a un sonido que indudablemente sigue las claves del metal progresivo, el sexteto se da el lujo de regalarnos una aventura sonora con personalidad propia, contundente y también épica hasta el hastío, pero que, sobre todo, destaca por la inagotable destreza instrumental e interpretativa del conjunto. Todo indica que, a pesar del tiempo, Eddie sigue estando en su mejor forma.


“Springtime”

Springtime

El trío llamó la atención con su debut cargado a la experimentación sobre trazos clásicos del jazz, el art rock y el pop-noise, con un protagonismo interesantísimo de guitarras high pitch sobre pianos y otros arreglos. Springtime conjuga muy coherentemente todos los elementos caóticos y disonantes de un sinfín de géneros para crear una atmósfera que cuesta situar en 2021, y además difícil de clasificar. Esa virtud es clave para que “Springtime” cale hondo en una primera escucha y, más allá de los elementos dispersos de su propuesta sonora, guarda una sensibilidad que se refleja en letras muy íntimas y melancólicas, que se roban gran parte de la atención. Sin duda un disco fresquísimo, que llena un vacío con mucha creatividad y actitud para la improvisación y, sobre todo, para demostrar de entrada una identidad clara.


“Pilgrimage Of The Soul”

MONO

Los japoneses apostaron en grande y, sin transar en su correcta visión del post rock, decidieron subir el volumen y entregar un trabajo tan caótico como introspectivo. En su último trabajo decidieron que las capas de atmósferas, guitarras y artilugios convivieran con arreglos de cuerda y detalles electrónicos, nutriendo su propuesta y sin abandonar los momentos más ruidosos. Si bien, los límites de su estilo están definidos, MONO ha sido capaz de empujarlos hacia nuevas posibilidades con oficio, inteligencia y virtuosismo. Cambian la velocidad y entregan el protagonismo sonoro a las baterías, que se mezclan entre las guitarras y los momentos más volátiles de las canciones. El giro de MONO en esta pasada es fresquísimo, y así se sacuden de la etiqueta del post rock más clásico y aburrido con una propuesta original y generosa. Uno de sus mejores lanzamientos.


“Engine Of Hell”

Emma Ruth Rundle

Lo de Emma Ruth Rundle ha sido un ascenso excepcional. Si ya con “On Dark Horses” (2018) había llamado la atención de la crítica con sus guitarras pesadas y un sinfín de efectos, ahora necesitaba dar un giro más personal. “Engine Of Hell” se compuso de tropezón gracias a la pandemia y descubrió un lado aún más intenso de la artista. Compuesto e interpretado sólo con piano y guitarra acústica, el álbum goza de la mejor exhibición vocal de Rundle, transmitiendo una energía y sensibilidad única. El disco es denso, oscuro y duro, pero mantiene esos elementos que hacen de Rundle una de las nuevas y más interesantes exponentes de lo que se podría llamar post metal (junto a sus compañeras de sello Chelsea Wolfe y Lingua Ignota), tomando elementos del neofolk, el metal y el shoegaze.


“Valentine”

Snail Mail

Catarsis, confianzas por encontrar y los diferentes puntos de vista respecto a una ruptura sentimental, son ingredientes claves de cómo Lindsey Jordan armó el segundo disco de Snail Mail, pero hay mucho más que esos aparentes clichés. Junto con exigirse vocalmente y desplegar la emoción ahí, también hay decisiones en las letras y la forma de interpretar, llevando la vulnerabilidad, la ira y la incomodidad a los compases, al tempo, a los efectos de la guitarra e incluso al fraseo. Quienes extrañan el desparpajo de “Lush” (2018), tal vez encuentren correcto y más medido a “Valentine”, pero es parte de la gracia: el avance en madurez y en lo pulido que suena todo, sin perder potencia, urgencia, ni autenticidad.


“Fortitude”

Gojira

Cuando uno pensaba que los franceses ya habían mostrado todo lo que tenían, llegó “Fortitude” para dejar en claro que, tras dos décadas, Gojira no ha hecho más que perfeccionarse y crecer. Un disco que mezcla la potencia desmedida de sus primeros álbumes con la suavidad melódica que experimentaron en “Magma” (2016), logrando así dar con una de las mejores versiones de la banda en su larga historia. Aquí están todos los elementos que venían cocinando, pero perfeccionados; no hay errores, ni apuestas fallidas, sólo acierto tras acierto. Un disco que no sólo confirma que los europeos son leyendas dentro del género, sino que también están más vigentes que nunca.


“Call Me If You Get Lost”

Tyler, The Creator

Para el sexto trabajo de estudio de Tyler, The Creator, el ex líder del colectivo de hip hop Odd Future tenía como meta tácita darle continuidad a la mejor faceta de sí mismo comenzada en “Flower Boy” (2017) e “IGOR” (2019). Y lo cierto es que las expectativas se cumplieron con creces: un disco que fluye de manera naturalmente desprejuiciada, añadiendo toques de reggae, soul y R&B para otorgarle mayor profundidad y riqueza de elementos y texturas. Además, reúne a un cúmulo de estrellas del rap estadounidense, e incluso se da el lujo de invitar a, en su momento, su héroe máximo, Pharrell Williams, y lo lleva a su propio terreno haciéndolo rapear, algo muy inusual y un bien escaso del que sólo pueden ostentar quienes han probado llevar los horizontes de su propia creación mucho más allá de lo esperable.


“G_d’s Pee AT STATE’S END!”

Godspeed You! Black Emperor

Uno de los grandes regresos de este convulsionado año, fue el de los monumentales Godspeed You! Black Emperor, quienes nos regalan un soundtrack y manifiesto político para un cambio de época, el que sellan con la consigna: “Estos son tiempos de muerte y nuestro lado tiene que ganar”. Fieles a su legado, los quebequenses nos entregan un épico relato musical, que parte desde atmósferas turbulentas para emprender rumbo hacia paisajes sonoros esperanzadores. Así, pese a no encontrar novedad con respecto a trabajos anteriores, la virtud de “G_d’s Pee AT STATE’S END!” está en que probablemente sea el álbum de los canadiense que mayor correlato presenta entre su estética y la vivencia colectiva que estamos enfrentando.


“The Nearer The Fountain, More Pure The Stream Flows”

Damon Albarn

Con un espíritu casi sanador, las canciones que dan vida al segundo álbum solista de Albarn tienen el mérito de construir un recorrido particularmente cautivador, que no sólo invita a la reflexión y a conectarse con el entorno natural que nos rodea (de identidad esencialmente invernal en el caso del disco), sino que además golpea de manera contundente en lo musical sin necesidad de recursos especialmente extravagantes. Piano, saxofón, fantásticos arreglos de cuerda y un intérprete que definitivamente entrega un poco de su alma con cada composición, funcionan de manera perfecta como hilo conductor de este sencillo, pausado y, sobre todo, reconfortante pequeño gran viaje. Un nuevo triunfo del inglés.


“CRAWLER”

IDLES

Tan sorpresivo su anuncio como el camino que la banda tomó en su desarrollo, “CRAWLER” ratifica la madurez del conjunto de Bristol yendo un paso más allá de lo mostrado en “Ultra Mono”, publicado tan solo en 2020. Cada momento se sitúa en un estado de anticipación, de alerta, de una necesidad de estar pendiente de cada movimiento del entorno, lo que se va estructurando a medida que su frontman, Joe Talbot, dispara de manera desafiante las líricas suficientemente sustentadas por la sólida pared instrumental. Las intenciones suenan fuerte y claro, e indudablemente estamos frente a la primera experimentación propiamente artística para una banda que ya no necesita demostrar nada para comprobar su relevancia.


“Dream Weapon”

Genghis Tron

Lejos de los alaridos iracundos y las cajas de ritmos a velocidades extremas que en algún momento los caracterizó, Genghis Tron marcó un retorno sorpresivo y totalmente renovado. Cumpliéndose 13 años desde su última publicación, “Dream Weapon” es un trabajo que aborda la cruza entre metal y electrónica desde una vereda diferente. Ya sea por los cambios en su formación, junto a un nuevo vocalista e incorporando baterías orgánicas, o en la motivación por entregar composiciones dentro del rango de lo etéreo, este tercer disco se plantea como una relectura de la banda, donde las influencias del ambient y krautrock entregan una obra grandilocuente y espacial, sin dejar de lado un tremendo desplante de fuerza.


“The Path Of The Clouds”

Marissa Nadler

El trabajo de estudio más reciente de Marissa Nadler, “The Path Of The Clouds”, bien puede servir de manual de estilo sobre cómo abordar la subcultura gótica sin caer en los clichés, o sobre cómo hablar del fenómeno true crime sin inmiscuirse en sensacionalismos, sino que abordándolos como un tópico para desenvolverse líricamente acerca de la vida, la muerte y todo aquello que pasa entre medio. Flanqueada por figuras fundamentales como el ex bajista de Cocteau Twins, Simon Raymonde, y de nuevos nombres como Amber Webber, Emma Ruth Rundle o la arpista Mary Lattimore, da vida a un disco producido por ella misma y compuesto desde el piano, un instrumento que acababa de aprender durante la pandemia.


“Happier Than Ever”

Billie Eilish

Pocos artistas han tenido tantas expectativas de cara a su segundo disco como Billie Eilish. Ese cañón llamado “When We All Fall Asleep, Where Do We Go?” le cambió la vida y la puso en un sitial reservado para las estrellas más relucientes de la galaxia. Por eso es imposible que todo lo vivido no se vea reflejado en “Happier Than Ever”. La fama apresurada, el hastío y la insoportable exigencia del ser ejemplo, son algunos de los temas que se abordan en este segundo experimento de los hermanos, el cual, pese a sus colores vivos y renovados, sigue teniendo espacio para esos beats oscuros que reventaron el globo hace dos años. Trabajo de cambio, sí, pero también álbum de confirmaciones y refinaciones.


“I Know I’m Funny haha”

Faye Webster

Desde la simpleza, Faye Webster propone un relato donde consolida un sonido más maduro y lleno de detalles y sutilezas, que hacen de este un trabajo más completo y complejo que sus predecesores. Desde la cotidianidad reflejada en sus letras (no tan vacías), que hablan de amor y hasta comedia, y la incorporación de elementos como la steel guitar que coquetean con el folk y otros, Webster presenta una clara evolución en su sonido, haciendo de “I Know I’m Funny haha” un ejercicio en extremo auténtico: si tuviera que dialogar con otros proyectos similares, su diferencia está en la construcción de esa simpleza e identidad, que no es antojadiza y es más robusta de lo que parece. Así, Webster entrega un trabajo divertido y con méritos para seguir creciendo.


“Blue Weekend”

Wolf Alice

No era un desafío menor superar lo que Wolf Alice había logrado con “Visions Of A Life” (2017). Conscientes de ello, el conjunto hizo lo que hacen los grupos que ya han alcanzado cierto grado de madurez: en vez de seguir extremando las mismas claves que habían explotado en el pasado, la banda se dedicó básicamente a darle cuerpo a su propuesta, trayendo a la vida un álbum quizás no tan directo como su predecesor, pero sí mucho más desafiante. Lleno de pequeños detalles que sólo se dejan ver después de múltiples escuchas, el nuevo álbum del cuarteto logra ser versátil, grandilocuente, vulnerable y agresivo al mismo tiempo, sin desperdiciar ni un segundo. Por el momento, lo de los ingleses sólo parece seguir mejorando.


“De Doorn”

Amenra

Consagrados en la escena del metal contemporáneo, Amenra y su séptimo larga duración reafirman dicho sitial, logrando una pulcra muestra de su lacerante propuesta estética. Expandiendo los límites de trabajos anteriores, en “De Doorn” prima una atmósfera contemplativa, pero no por eso menos tormentosa, donde agónicas rogativas y poéticas predicas son elementos fundamentales en el desarrollo de esta nueva liturgia. Con este álbum, los belgas comulgan una potencia y visceralidad poco convencional en el género, manifestada a través de pasajes catárticos, que quebrantan cuerpo y espíritu gracias a una densidad asfixiante, dejando caer sobre nuestra existencia todo el peso de su catedral en llamas.


“New Long Leg”

Dry Cleaning

Tener una vocalista que no canta podría ser un handicap para cualquier banda, pero Dry Cleaning le saca lustre a la particular entonación de Florence Shaw en los tracks de “New Long Leg”, álbum debut de la agrupación inglesa. Pero no sólo se trata de letras declamadas, sino también de pintar dinámicas sonoras llenas de acción, matices y post-punk capaces de remover estructuras. En vez de cantarle a emociones e individualidades, Dry Cleaning ofrece narraciones, paisajes, situaciones e historias, espacios y lugares descritos y explicados en forma de canción, yendo más allá de las emociones, entregando finalmente una vía más de escape a un año dominado por el encierro mental, afectivo y físico.


“Twin Plagues”

Wednesday

Las estruendosas guitarras entran por los oídos y nos sumergen en un trance completo. Lo que suena es la reencarnación absoluta de la esencia del shoegaze, pero modernizada. Y es que, pese a que “Twin Plagues” mantiene los códigos más puros de un género que tiene poco de purista, siempre consigue darle un toque de frescura al más puro estilo siglo XXI. Así es como Wednesday entrega en su tercer disco un cóctel de sonidos y texturas entretenido e hipnótico, donde, a través de un sonido principal, consiguen explorar distintas facetas sonoras. Un puzle que en estos tiempos de cuestionamientos e interrogantes se recibe con los brazos abiertos.


“Daddy’s Home”

St. Vincent

En una movida que podría considerarse arriesgada por lo bajo, Annie Clark decidió abandonar buena parte de la firma sonora que tanto éxito le había traído en sus últimos trabajos para dedicarse a explorar sonidos más emparentados con la década del setenta. Pasajes de contagioso funk, atmósferas llenas de psicodelia y notas de soul dan vida a un álbum que no sólo es innovador en lo sonoro, sino que, además, apuesta a no renunciar del todo al ADN que caracteriza a la cantautora de manera tal, que si bien de entrada puede sonar a un álbum muy “no St. Vincent”, a la larga es evidente que es ella la mente que está detrás de todo. Variado en lo musical y desafiante en las líricas, un acierto por donde se le mire.


“Bright Green Field”

Squid

Rememorando las vetas más experimentales del post punk de fines de los setenta, Squid y su debut “Bright Green Field” se posicionan de inmediato como imprescindibles de la rejuvenecida escena que le ha concebido un nuevo revival al género. Rebosante de lúdicas guitarras y robóticos sintetizadores, además de voces deshumanizadas que transitan hasta la paranoia, hipnóticas líneas de bajo y sutiles arreglos de trompeta y chelo, los ingleses nos entregan un álbum que logra marcar diferencia de sus coetáneos gracias a composiciones de larga duración, cargadas de extensas improvisaciones y atmósferas retro futuristas fuertemente influenciadas por el krautrock.


“I Don’t Live Here Anymore”

The War On Drugs

Simplificando su fórmula pulida y reconocida en su último par de discos, el proyecto liderado por Adam Granduciel consigue canciones más directas, sin perder la profundidad en lo que produce su sonido. En vez de decantar por el virtuosismo de un solo o extensos pasajes de figuras y arpegios, a veces son un par de notas o de cambios en un puente para expandir las emociones que, en este caso, acompañan letras que hablan del poder de los cambios y lo que es necesario para llevar estos a cabo. En el camino, generan el disco que más se parece a la experiencia de ver a la banda en vivo, logrando armar en contexto de pandemia y a distancia un álbum más vital y de agrupación que en ningún momento anterior.


“If I Can’t Have Love, I Want Power”

Halsey

El álbum es una obra teatral en sí misma. Una entrega completa y apasionada de una primicia tan brutal como sensata: el embarazo y el parto no sólo son un momento de dicha, también es un proceso de horrores y lamentos. Así lo entendió Halsey y así lo ejecutó en este LP. Con la producción de Trent Reznor y Atticus Ross, la artista de Nueva Jersey da con un trabajo honesto y meticuloso, donde sus propuestas sonoras pasadas se entrelazan para generar un sonido fresco y llamativo. Si se pensaba que su gran disco iba a ser “Manic” de 2020, con “If I Can’t Have Love, I Want Power” aquella declaración queda en el pasado. En menos de un año, Ashley Frangipane se superó a sí misma con creces.


“Infinite Granite”

Deafheaven

El paisaje usualmente es más abrumador cuando se ve completo, entonces la percepción no es la misma cuando el foco se fija en ciertos elementos. Esta es la sensación de concentración y admiración que produce el quinto disco de Deafheaven, que se arriesga a perder el bosque para mirar en detalle las copas de los árboles, poniendo a cuentagotas elementos reconocibles del sonido de la banda, como los guturales de George Clarke o la catarsis de la batería de Daniel Tracy. Más cercanos al shoegaze, es la belleza la que se impone ante la brutalidad, en un giro que aleja la banda de prejuicios o concepciones previas. El resultado es paciente, contemplativo y hasta tímido, pero no por ello menos poderoso ni emotivo.


“Wallflowers”

Jinjer

Jinjer no detiene su maquinaria demoledora. Dando un paso firme, y luego del desarrollo considerable en su propuesta con “Macro” (2019), este último trabajo viene a reafirmar los aciertos de la banda. El desplante técnico en lo instrumental, sumado a la versatilidad vocal y talento de Tatiana Shmailyuk, son las principales fortalezas que los ucranianos han logrado pulir y transformar en su sello de autenticidad, obteniendo un trabajo que, sin dejar de ser estridente, navega por distintas intensidades, paseando de voces limpias a salvajes guturales con toda naturalidad. Sin ser algo necesariamente nuevo, “Wallflowers” es la cosecha de un trabajo de años, el cual comienza a rendir sus frutos.


“Mirrors”

Pupil Slicer

Una ráfaga de agónicos alaridos, corrosivos riffs disonantes y métricas caóticas, dan cuerpo al demoledor álbum debut de Pupil Slicer. Con “Mirrors”, el trío londinense transita entre el sonido orgánico y la crudeza del metalcore de fines de los noventa y la sofisticación técnica de variantes más modernas del mathcore. Un trabajo que, sobre todo, se caracteriza por su exuberante brutalidad y versatilidad sónica, lejano a estancarse en los lugares comunes de su género. Estreno de ensueño con estética de pesadilla, el primer larga duración de los ingleses nos consume en su oscura decadencia y líricas cargadas de pesimismo, confrontándonos con el reflejo de la angustiante existencia contemporánea.


“THE FUTURE BITES”

Steven Wilson

Abordar la conceptualidad en un disco que se caracteriza por su leitmotiv, es algo que puede rayar en la monotonía, debido a que los tópicos de letra y música siempre deben ir de la mano para fortalecer la idea final. En “THE FUTURE BITES”, Steven Wilson logra dominar muy bien ese ejercicio, desarrollando un disco que juega con sonidos futuristas, centrándose principalmente en el synth pop y la electrónica para entregar su propia versión del presente, el estado actual de la sociedad y su relación con la creciente e imparable tecnología que domina nuestras vidas. Aunque gran parte de su fanaticada extrañara las guitarras, eso no importa, una realidad como la nuestra solamente puede ser descrita de esta forma.


“Drunk Tank Pink”

Shame

El desafío del segundo disco siempre es un fenómeno interesante, básicamente porque es imposible anticipar cómo va a enfrentar el desafío cada agrupación. En el caso de los oriundos de South London, la jugada fue radical. Si bien, aún es posible reconocer la visceralidad a la que apelaron en su primer trabajo, lo de ahora es una aventura abiertamente más provocadora, más emparentada con las claves del post punk, oscura y pantanosa en términos líricos, plagada de disonancias vocales y una base rítmica contundente en lo musical. Las canciones que dan vida a este retorno no sólo prueban que la banda no le teme a explorar nuevas fórmulas, sino que además tiene lo necesario para triunfar en el proceso.


“As The Love Continues”

Mogwai

Los escoceses se vuelcan a sus raíces con un álbum donde recurren a esa receta que tanto éxito les ha traído. Ruidosos a su manera, Mogwai se atreve a explotar poderosos riffs con suaves atmósferas cinemáticas y pequeños guiños al ambient. En este, su último trabajo, la banda consolida su estampa de veteranos y a sus anchas condensan su mejor versión noventera, atreviéndose con vientos y una que otra programación. Si de algo carece “As The Love Continues” en sus más de 60 minutos, es de baterías más insolentes que se sumen a la energía que proyecta el resto. Y es esa energía la que marca una nueva etapa de la banda, una aún más experimental y que no deja cabos sueltos: Mogwai no se cansa de buscar ni dar un giro a sus ideas sin perder identidad.


“Comfort To Me”

Amyl And The Sniffers

Un mundo privativo, nervioso y asfixiante necesita música liberadora, revolucionaria y caótica. Es bajo esa lógica que Amyl And The Sniffers toma más y más valor. Ya no sólo son la banda punk de Melbourne que sacó un buen primer disco, ahora son un caballito de batalla para aquellos que quieren y necesitan sacudirse de la rutina agria de estos años modernos. Y es que, para esos oídos curiosos, “Comfort To Me” es un santo remedio, pero este LP no sólo es una muestra de energía y actitud, sino que, sobre todo, es un trabajo lleno de canciones grandiosas y potentes.


“Ignorance”

The Weather Station

El quinto lanzamiento de The Weather Station pareciera ser la consagración. La banda liderada por la voz de Tamara Lindeman encuentra en sus matices de cuerdas, percusiones y atmósferas a veces densas, un espacio en el que se mueve holgadamente. Y es que “Ignorance” es rico en esos detalles: un disco desordenado, que aglutina muchos elementos para crear una espesa experiencia hasta que la voz de Lindeman aparece en escena. El álbum mantiene una velocidad impulsada por arreglos electrónicos que conviven con vientos y guitarras, disipando toda oscuridad, entregándole energía y donde cada compás es un descubrimiento.


“Jubilee”

Japanese Breakfast

La tercera entrega en larga duración de la coreana-estadounidense Michelle Zauner, siempre bajo su alter ego musical Japanese Breakfast, es justamente lo que promete: un disco jubiloso con grandes pasajes, donde el pop orquestado recuerda al sonido menos balcánico de Beirut (“Paprika”), canciones sintéticas indie (“Be Sweet”) y power pop (“Kokomo, IN”) perfectamente equilibrado en forma y fondo. Eso sí, hay canciones mucho más densas y complejas, como “Sit”, que le dan reminiscencia a sus previos trabajos, cargados de emotividad por la muerte de su madre en 2014. En este álbum, Zauner ejerce de alquimista y transforma toda su breve discografía en un compendio que vale la pena destacar y escuchar.


“An Evening With Silk Sonic”

Silk Sonic

Tras meses de espera luego del anuncio de la sociedad constituida por Bruno Mars y Anderson .Paak, “An Evening With Silk Sonic” se convierte en un punto a destacar en las discografías de ambos. Rindiendo tributo a ritmos gloriosos de los 70, como el funk o el soul, al igual que socios con años de trabajo colaborativo, la dupla desborda un groove envidiable, transmitiendo una química pocas veces vista en este tipo de alianzas. Alejados de la sonoridad mainstream, en un ejercicio siempre arriesgado, sobre todo para una estrella del pop, el dúo sale airoso del experimento, conservando la capacidad para encantar a las masas y entregar hits radiales llenos de pasajes bailables y melodías seductoras.


“SINNER GET READY”

Lingua Ignota

Todo lo que recoge Lingua Ignota para nutrir su oscura propuesta la posiciona hacia una nueva aproximación del post metal. Esos elementos son clave para construir sus relatos, que pasan por la intimidad, la confrontación y la performance. En “SINNER GET READY” consigue un aplastante y estremecedor resultado: órganos, percusiones caóticas y una atmósfera cargada a lo religioso, con pasajes ansiosos únicos y densos. Aquella teatralidad es algo que hace de Lingua Ignota una propuesta única, gracias a su talento para recrear escenarios con su excelente trabajo lírico, visual y vocal, agregando detalles que recoge del doom, el barroco, gótico, folk y ópera. Sin duda, su inquietante oscuridad la posicionan como una referente original, sin sutilezas, y con una identidad única.


“Promises”

Floating Points, Pharoah Sanders & the London Symphony Orchestra

Floating Points es un productor electrónico, pero ese rótulo hace rato le queda chico. La complejidad de sus últimos proyectos hace que se piense en los pasos más allá que puede dar, y gracias a la alianza con Pharoah Sanders y cinco años de trabajo, es más clara la expansión de este potencial. “Promises” es una pieza musical dividida en nueve movimientos, mezclando lo clásico con lo contemporáneo, e instalando como nexo espiritual y figura protagónica al saxo de Sanders, en un deleite auditivo que merece paciencia para converger en estructuras y emociones atemporales que dejan queriendo más, pero que también parecen un premio al acto de escuchar, que es la mejor sensación que puede dejar un disco.


“HEY WHAT”

Low

Abrazar el ruido con ternura y sumergirse en páramos melancólicos cubiertos por la estática. Esa es la invitación de “HEY WHAT”, un álbum que nos llama a poner atención a todo rincón, donde cada nueva escucha nos revela algún tesoro oculto entre voces moduladas y frecuencias sobresaturadas. Emblemáticos para el slowcore, hoy la propuesta de Mimi Parker y Alan Sparhawk consolida su giro hacia atmósferas noise y post-industriales, en donde las posibilidades de la electricidad enriquecen el sonido del dúo con un variopinto arsenal de texturas. Manteniendo la esencia emotiva que los ha caracterizado por décadas, Low nos da lecciones de cómo evolucionar y reinventar las formas sin dañar el alma del proyecto.


“CARNAGE”

Nick Cave & Warren Ellis

El disco que debía llegar en un mundo apaleado por la pandemia se presenta no sólo como un completo panorama de la resignación y pesimismo propio de la incertidumbre, sino que además revela las claves para un futuro no tan brillante, pero con un sentido de urgencia en seguir la marcha y no bajar el ritmo. Cave y Ellis brindan una obra que, en poco más de 40 minutos, representa el peak creativo de sus carreras, replanteando nuevamente los conceptos de lo espiritual y lo material mediante la música. Un trabajo donde las palabras cobran un protagonismo esencial, apoyadas por bellas y desgarradoras melodías, que le brindan el aura precisa a este ejercicio de exorcizar los males internos y externos de la sociedad.


“ULTRAPOP”

The Armed

El esquivo colectivo de punk y metalcore, The Armed, esta vez se viste de ocho personas (que otra vez no se sabe quiénes son a ciencia cierta) y vuelve a la carga luego de tres años con “ULTRAPOP”, un trabajo que, como su nombre lo indica, explora vertientes más accesibles sin abandonar el metal amurallado y la violencia expresionista y muchas veces caótica de sus incontables capas de sonido, ambas características de esta agrupación. Contando con invitados de primer nivel, como miembros de METZ, Queens Of The Stone Age, Converge, Death y Genghis Tron, crean un universo en constante expansión, anónimo y enigmático como siempre, pero más concreto y ambicioso que nunca, abarcando aún más estilos y posibilidades.


“Bloodmoon: I”

Converge & Chelsea Wolfe

Hace ya algunos años que las colaboraciones entre Converge y Chelsea Wolfe entregaban luces de lo interesante que podía resultar la fusión, sin embargo, el lanzamiento de un disco en conjunto significaba una apuesta más tentadora. Como era de esperarse, “Bloodmoon: I” suena como un abismo, en el que la potencia de Converge se torna más hacia los compases lentos, dibujando este imaginario denso y oscuro, que muy bien sabe habitar Chelsea Wolfe. Mediante su voz hipnótica y fantasmagórica como ingrediente sustancial, la artista se intercala con Jacob Bannon, quien también aporta matices propios. Durante casi una hora de ritmo letárgico, el colectivo cumple las expectativas y transporta al oyente hacia un terreno sombrío.


“The Turning Wheel”

Spellling

Despojándose de los sonidos predominantes en sus primeros trabajos, Tia Cabral se vuelca directamente al pop progresivo en “The Turning Wheel”, tercer larga duración de su proyecto Spellling. Separando la obra en dos partes, “Above” y “Below”, la artista nos transporta en un viaje de 57 minutos donde podemos experimentar distintas emociones, experiencias, personajes e historias, ejecutando una impecable obra en lo conceptual y lo musical, donde el pop de cámara marca el pulso principal para los 12 tracks que componen este trabajo. Otra prueba fehaciente de que gran parte de la música más interesante de este año está interpretada y creada por mujeres, la verdadera fuerza predominante en la escena musical.


“For The First Time”

Black Country, New Road

Entre todos los debuts que aparecieron este año, “For The First Time” de Black Country, New Road es uno de los más refrescantes en el sentido de cómo sacudió el panorama musical británico, siempre acostumbrado a la novedad que sobresale de lo establecido. Con este primer LP, la agrupación concentra sus energías en seis relatos que abordan desde el post-punk hasta el free jazz, entregando un disco que no tiene pausas ni momentos bajos en su ecléctico y, a veces, confuso desarrollo, siempre entregando una versión propia de esa fórmula que ha estado repetida por años, pero ignorada hasta que alguien hace eco de ella. Una carta de presentación más que sólida para una banda que aún le queda mucho por experimentar.


“Sometimes I Might Be Introvert”

Little Simz

Si con “GREY Area” (2019) ya demostraba su capacidad lírica y la capacidad de construir mundos con esas palabras, Simbi ahora extiende ese poder a la generación de atmósferas emotivas con melodías y arreglos prístinos y bellos. Este álbum es convocante por su sensibilidad y los temas que toca, desde el desacomodo a lo exterior, que resuena con especial holgura en estos tiempos, hasta algo tan específico como la fama y sus problemas. Con una orquesta a disposición, Little Simz convierte el desamparo en épica, la vulnerabilidad en matices espectrales, y sus barras en el staccato que, como directora de orquesta, toma la batuta para contar una historia de rompecabezas por armar y emociones por controlar.


“GLOW ON”

Turnstile

Hace bastante tiempo que el hardcore no recibía un trabajo tan refrescante y rupturista como el tercer álbum de Turnstile, donde la banda se toma absoluta libertad para hacer lo que le plazca con un estilo que, por muy desordenado que parezca, tiene sus estructuras ultra determinadas. “GLOW ON” nos muestra a un conjunto en su etapa más experimental y mejor preparada, sacando páginas del libro del hardcore para mezclarlo con distintos ritmos y tonalidades con una primera regla inquebrantable: nunca dejar de ser ellos mismos. Acá Turnstile se siente diferente, mucho más maduro y decidido, pero mayormente con una visión muy clara de lo necesario que es escapar de una conveniente zona de confort para desarrollarte artísticamente.


“Cavalcade”

Black Midi

Cuando mezclamos la inquietud de perseguir nuevos horizontes sonoros con la jovial energía de una banda que quiere comerse al mundo, se da un resultado como el de “Cavalcade”, el segundo álbum de Black Midi. Y es que, con tan solo dos trabajos, la banda ha sabido cómo gestar su propio sonido, explorando diversos territorios de una manera atrevida, progresiva y llena de matices, siempre entregándole importancia al ritmo e intensidad de relato a través de su obra. Mediante estructuras complejas y una ironía al borde de lo permitido, el joven conjunto británico no escatima en recursos ni referencias para instalar las bases de lo que será un próspero legado en el futuro.


Ránking y textos por Manuel Cabrales, Javier Pérez, Manuel Toledo-Campos, David Martínez, Matías Muñoz, Aquiles Cornejo, Danny Arce, Emilio Toledo y Claudio Tapia.


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