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Marillion: Progresivos en toda regla

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Con diecisiete discos a su haber, y dueños de una carrera constante y remarcable, la banda inglesa de rock progresivo, Marillion, regresa a nuestro país a quince años de su última –y única- presentación en Chile, con dos fechas programadas para los días 18 y 19 de octubre, siendo la primera en el clásico Teatro Caupolicán, y la segunda en las dependencias del Casino Monticello, en dos jornadas que se anticipan como imperdibles para todos los fanáticos de los sonidos progresivos que, en las manos de Marillion, no han dejado de reivindicarse.

La historia de Marillion se divide en dos marcadas eras. Desde los años 1979 hasta 1988, conocemos la “Era Fish”, llamada de esta manera por el nombre artístico del vocalista Derek William Dick, cuya estampa marcó la primera etapa de Marillion en los cuatro exitosos discos que grabó con la banda, que era completada por Steve Rothery (guitarrista), Mick Pointer (batería), Diz Minnett (bajo) y Brian Jelliman (teclado).

El debut de los británicos llegó con “Script For A Jester’s Tear” (1983), placa que reunió las influencias de bandas como Rush, Pink Floyd y el Genesis de Peter Gabriel, mezclando progresismo con oscuridad, en un disco que Fish definió como el principio de una trilogía de álbumes “pensados a un lado de la cama”, tratando de definir al público el lugar del que proviene la inspiración y el sentimiento que los condujo durante su concepción. “Market Square Heroes” fue el primer single, y aunque no estuvo incluido en el álbum, puso a Marillion en el mapa. La fama del grupo se acrecentó con la llegada de “Fugazi” (1984), que tuvo numerosos problemas durante su grabación, causados principalmente por la salida de Mick Pointer, obligando a probar sobre la marcha con una serie de bateristas para remplazarlo. Finalmente, Ian Mosley fue el elegido para tomar las baquetas y terminar un disco que puso gran énfasis en la exploración de sonidos electrónicos.

Con dos exitosos lanzamientos bajo el brazo, Marillion lanza su primer LP en vivo llamado “Real To Reel” (1984), el cual contenía material de sus dos primeros discos. Habiendo logrado buenos resultados comerciales, EMI entregó absoluta libertad para el siguiente larga duración de los británicos, quienes se despacharon el disco más exitoso de su carrera, “Misplaced Childhood” (1985), que alcanzó el número uno en los rankings del Reino Unido con singles como “Kayleigh” y “Lavender”. Este fue el primer álbum conceptual de Marillion, dividido en dos segmentos que hablan sobre el amor, la infancia y vivencias personales que fluyeron en un viaje de ácido que duró diez horas, según declaraciones del propio Fish.

“Clutching At Straws” (1987) continuó con el éxito de su predecesor y trajo consigo el fin de la “Era Fish”. El cantante, quien reconoció que ese era su mejor trabajo con la banda, tenía grandes diferencias con el manager del grupo, sobre todo en el ámbito de la repartición de ganancias, diferencias irreconciliables que llevaron al vocalista a dejar la banda y dedicarse a su carrera solista. De esta manera terminaba la primera etapa de Marillion, llevándolos a un receso, mientras “Clutching At Straws” era elegido como mejor disco del año por la revista Kerrang!

El quiebre desequilibró a los músicos, pero el show debía continuar y Steve Hogarth, tecladista y vocalista de The Europeans, apareció para llenar el vació que dejó Fish. El inglés venía desde la escena del new wave y jamás había tenido en su poder un disco de Marillion, sin embargo, llegó a la agrupación para escribir nuevas letras sobre el material que dejó Fish con la asistencia de John Helmer, amigo y colaborador de la banda, para dar forma al quinto disco del grupo: “Seasons End” (1989). La “Era Hogarth” había comenzado.

Hogarth intervino con mayor autoridad en el siguiente disco, “Holidays In Eden” (1991), donde incluso contribuyó con un tema propio, “Cover My Eyes (Pain And Heaven)”, composición perteneciente a How We Live, banda en la que militó Hogarth en el pasado y que se convirtió en el single de este nuevo disco, que apostó por una veta más pop, tendencia que se contrapuso a la oscuridad y complejidad de “Brave” (1994), el último disco en ubicarse en el top de los rankings, y que mantuvo los elogios de la crítica. Dave Meegan se encargó de la producción de “Brave”, comenzando una larga relación con el grupo y marcando el fin de su relación con EMI, quienes hicieron una pobre distribución del material, actitud que se repitió en “Afraid Of Sunlight” (1995), terminando por convencer al quinteto de que ya era hora de cambiar de casa discográfica.

Bajo el amparo de Castle Records, fue lanzado “This Strange Engine” (1997), cuyo tour de promoción por los Estados Unidos peligraba, debido a la falta de recursos para viajar al continente americano. La gira a suelo estadounidense fue rescatada por los mismos fanáticos, quienes hicieron una colecta para traer a la banda a sus tierras, en una muestra de cariño incondicional que se ha acrecentado gracias a los miles de seguidores alrededor del globo. Marillion no se daba descansos y siguió lanzando discos como “Radiation” (1998) y “Marillion.com” (1999), ambos álbumes con críticas disímiles, pero que mantenían al quinteto con vida.

Aburridos del poco compromiso de las disqueras, el grupo realizó una jugada arriesgada pidiendo a sus fanáticos que financiarán sus siguiente LP, reservándolo incluso antes de que comenzaran a grabarlo. El resultado fue apabullante, llegando a congregar más de 12.000 reservaciones, dinero que sirvió para dar vida a “Anoraknophobia” (2001). Marillion repitió la movida y para “Marbles” (2004) consiguieron 18.000 reservaciones. Como registro del proceso de grabación del disco, la banda lanza el DVD “Colours And Sound” (2006).

El éxito en los rankings regresaba después de diez años con el lanzamiento de “Somewhere Else” (2007), placa que se posicionó en el puesto número 30 en el Reino Unido, con un sonido que muchos quisieron comparar con el trabajo de bandas como Coldplay o Radiohead. “Happiness Is the Road” (2008) marcó otro hito, cuando la banda decidió distribuirlo mediante programas P2P, declarando que no apoyan la piratería, pero asumiendo que la distribución en línea es el futuro y querían ser parte de él.

“Less Is More” (2009) fue lanzado como un disco de reversiones de canciones clásicas de todo el catálogo de Marillion en formato acústico, sumando un nuevo tema, “It’s Not Your Fault”. El disco más reciente del quinteto fue lanzado a mitad del pasado mes de septiembre y se titula “Sounds That Can’t Be Made”, donde destacan canciones como “Gaza”, que habla sobre el estado de guerra en el que viven los niños de Paelstina.

Una trayectoria longeva y llena de hitos es el gran bagaje de Marillion, una banda que no sólo demuestra progresión en su música, sino que también en su forma de pensar y evolucionar.

Por Sebastián Zumelzu

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1 Comentario

1 Comentario

  1. Diego

    05-May-2014 en 12:34 pm

    Yo quiero saber porque Marillion perdió bastante popularidad durante los `90, si en los ´80 fue una de las bandas más famosas a nivel mundial, fue porque rompieron su contrato con EMI? acaso es la única casa discográfica importante? o la caída de la masividad vino con la salida de Fish? quiero saberlo porque no entiendo como no pudo alcanzar el status mítico de otras bandas también legendarias y conocidas por todos. Otra cosa que quiero saber es por qué los fans de Marillion financiaron cuatro de sus discos? es algo que me deja impactado y que no vi en ninguna otra banda. Repito, esto es porque rompieron su relación con EMI o porque no pudieron asociarse con alguna otra discográfica famosa? Gracias y la verdad que es una pena que una de las mejores bandas de la historia no tenga el reconocimiento de público que merece, porque su música es gigantesca, sublime y maravillosa.

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Especial En Órbita 2017: Cigarettes After Sex

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Cigarettes After Sex

Un cenicero con los restos de cigarros recién apagados. Ventanas con las cortinas cerradas. Ropa interior en el suelo, en una silla, en medio de las sábanas o los cojines. ¿Solo o acompañado? ¿Luces prendidas o apagadas? ¿Imaginación, sueño o realidad palpable? Los ambientes que genera Cigarettes After Sex en sus canciones pintan imágenes complejas, ponen espejos al frente, y permiten la intermitencia entre brillantez y opacidad, porque el amor, el sexo, la soledad, y todo lo que esté entremedio, son puestos en la lupa sonora del cuarteto liderado por Greg Gonzalez.

Aunque con EP “I” (2012) habían tenido una notoriedad clara y su manera de ver al pop estaba de manifiesto, ciertamente había terminaciones que pulir y escenarios que iluminar más allá de lo teatral. En su álbum debut homónimo, salido en junio pasado, Cigarettes After Sex consigue salir de lo esquemático que podría ser su tipo de composición, y así las cosas fluyen. En vez de andar a tropiezos con las piezas de ropa que caen, todo puede ir un poco más lento, pero con más seguridad en los recursos y movidas a utilizar. En la habitación que se llena del sonido de los norteamericanos ya no es necesario tropezar al andar, porque cada movimiento tiene un impulso natural, entre un dreampop elegante y una manera oscura de plantar el ambient, entre una voz aterciopelada y bajos y ritmos profundos.

Quizás el rubro donde le falte cierta experiencia a la banda sea en las letras, que no consiguen la delicadeza que la interpretación en instrumentos y voz sugieren, pero también es parte del aprendizaje. Quizás son las palabras que se meten entre los cuerpos y que traban el correr de la sangre, que hielan las manos y convergen en la necesidad de seguir adelante, porque lo que consigue musicalmente Cigarettes After Sex no es sólo remitir a lo que ocurre en pareja, trío, o grupo de gente que se busca entre el amor, odio, lujuria y ausencia, sino que armar recuerdos que se puedan esconder en los beats de un bajo casi tan protagonista en la melodía como la voz de Greg, que entre tul y cuero sumerge las conciencias en historias sencillas, pero que conectan con el oyente.

Eso sí, lo concreto de las letras permite que haya un ancla en el mundo real. No se trata de un lugar de ensueño, donde el acto de tocar, besar, desear o amar quede restringido a acciones sin consecuencias. En las canciones de Cigarettes After Sex –y en especial en su LP homónimo– existen detalles concretos, corazones rotos (“Sweet”), ilusiones que se traducen en metáforas demasiado directas (“Opera House”) o la cotidianidad de una cama (“K”). No hay mucho que esconder cuando el olor a tabaco continúa en el dormitorio o cuando la brisa de la madrugada pega en los hombros, porque en medio de un ambiente idílico reside lo humano, a través del contacto físico y/o emocional.

A eso termina refiriendo la banda, entre un minimalismo elegante y sexy, a lo humano, a lo que puede errar, a lo que puede doler, y también a lo crudo e insensible (“Young & Dumb”), donde Gonzalez es capaz de culpar a su objeto de deseo de forma misógina por despecho, y aun así sonar como si pudiera convencer a cualquiera de seguirlo, a él y a sus palabras. El mundo de Cigarettes After Sex no es perfecto, se repleta de cenizas, ropa revuelta, olor a humo, a fluidos corporales, a alcohol, a ausencia, de dolores y palabras envueltas en rocas y cemento. El difícil terreno de lo carnal y lo ecléctico se funde en medio de imperfecciones que otorgan la calidez necesaria para que las canciones y los sonidos no se queden en axiomas vacíos, sino que realmente puedan generar una conexión significativa. Y en ese tipo de construcción narrativa y musical es que Cigarettes After Sex se ha vuelto una banda necesaria de escuchar y sentir. Bien adentro. Humanamente.

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