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Los mil y un pasos antes de Garbage

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Poca gente se lo imagina, pero si hay una banda que prácticamente ha estado más tiempo separada que junta y que jamás ha hablado de quiebres o separaciones, esa es Garbage. Pero eso es parte de la hiperkinética historia de sus miembros, nunca con un solo proyecto en mente. Cuarteto icono del rock alternativo de mediados de los noventas y una de las pocas bandas norteamericanas que se sobrepuso a la hegemonía del grunge, de hecho, nunca estuvo pensado como una banda en sí, sino que fue el proyecto de estudio de un grupo de productores exitosos, pero las cosas cambiaron…

La voz de la basura

Se fecha en 1994 el inicio de la historia de Garbage, en Madison, ciudad del Estado de Wisconsin, donde Butch Vig, Steve Marker y Duke Erikson, tridente de productores musicales muy reconocidos, se juntaron con la escocesa Shirley Manson tras convocarla a participar de un proyecto “de estudio”. Manson llegó a los ojos y oídos de Vig, Erikson y Marker, porque este último quedó deslumbrado con una performance que vio de ella en la pantalla de MTV. “Suffocate Me” era el primer single de Angelfish, grupo donde Manson era la vocalista y cuyo video se exhibió en 1994 por MTV en Norteamérica.

Manson no era una recién llegada. Antes había estado en Goodbye Mr. Mackenzie –también conocidos como The Mackenzies-, un grupo que se formó en 1981, pero cuyo éxito recién llegó cuando Big John Duncan se separó de The Exploited y se unió a esta agrupación. En Goodbye Mr. Mackenzie, Shirley tocaba el teclado y además hacía las segundas voces, algo que ahora nadie creería, pero que efectivamente era así, con un perfil bajo en un conjunto que, pese a la falta de éxitos, nunca abandonó la vocación de lograr el estrellato.

Pero el conjunto tuvo problemas con su sello y Duncan no hizo nada mejor que armar un grupo nuevo, y con Shirley al frente. Lo que no se imaginaba era que les encantaría a Vig y los suyos, y la levantarían desde el otro lado del Atlántico para formar parte de su “loca” idea.

Los productores que querían ser músicos

El trío Vig-Erikson-Marker no sólo eran grandes amigos de la vida, sino que los tres tenían un bagaje musical más allá del promedio, porque antes de ser productores fueron músicos. Pero en los noventa era su faceta tras las perillas la que floreció.

Antes, en 1974 Duke Erikson formó Spooner, grupo que partió sin baterista, pero que al final de la década llamó a Butch Vig a formar parte. Lanzaron EPs y LPs a inicios de los 80’s con relativo éxito. Mientras, Vig y Steve Marker armaron un estudio de grabación, Smart Studios, donde iban a desarrollar sus discos las bandas de la escena under del Medio Oeste estadounidense. También ellos mismos armaron una banda, First Person, que no lanzó ningún disco, pero que dio paso a Fire Town que sí lo hizo.

Vig se hizo una reputación como un productor que era capaz de rearmar registros muy ruidosos y lograr que grupos muy noise, como Tad, develaran sus melodías. Tanto así, que The Smashing Pumpkins y los mismísimos Nirvana quisieron trabajar con él. De hecho, Butch Vig es el productor de “Nevermind”, uno de los álbumes más icónicos de todos los tiempos. Pero pronto volvería a ser el momento de Vig.

No todo es grunge

Garbage, como tal, iba a ser un proyecto y nada más que eso. Esto era motivado por las ganas del tridente de trabajar juntos y así fue que armaron algunas canciones, pero necesitaban a alguien que las cantara y he allí que el hallazgo televisivo de Marker funcionó. El primer intento de trabajar juntos fue todo un desastre colosal, con todo el mundo enojado y con los egos chocando fuerte y claro. Pero luego de eso consiguieron –de alguna forma- trabajar en una canción, “Vow”, que sería su primer sencillo y también el track favorito de la banda para cerrar sus conciertos.

El resto de la historia es bien sabida. La banda fue un éxito en los tiempos del grunge, siendo un referente para todas esas chicas que no encontraban referentes más allá del pop de Madonna, por ejemplo. Shirley se demostró como una frontwoman de aquellas; Vig siguió siendo un productor muy solicitado (su última aventura fue producir “I Should Have Known” del “Wasting Light” de Foo Fighters y Kris Novocelic); y Garbage teniendo hiatos pero jamás separándose, siempre retornando y, paradójicamente, nunca siendo un desecho en la escena musical. De hecho, llegan con un nostálgico disco nuevo bajo el brazo, el buen “Not Your Kind Of People” (2012).

El próximo 15 de octubre, en el Teatro Caupolicán, seremos testigos de todas estas virtudes de Garbage en vivo.

Por Manuel Toledo-Campos

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1 Comentario

1 Comentario

  1. startup

    12-Oct-2012 en 3:40 pm

    Otra de esas bandas, que luego de quemar sus 5 minutos de fama y quedarse sin lugares a los cuales mendigar un concierto, mira hacia latino américa.
    Una mierda.

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Mogwai, Future Islands y Sun Kil Moon, las tres fuerzas del otoño

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Fauna Otoño 2018

Al ver el cartel del festival que se realizará en Espacio Riesco este 12 de mayo, queda claro que varios mundos podrán convivir en el mismo espacio de Fauna Otoño, algo importante en tiempos donde la tolerancia y el respeto son claves para la convivencia, también considerando que la disposición de escenarios permite escuchar la gran mayoría de las propuestas. Es en este ánimo que destacan tres propuestas difíciles de clasificar, pero al mismo tiempo que son sencillas de identificar, las que intentaremos disponer desde las sensaciones más allá de tecnicismos.

 

Mogwai: Calma en el caos

Cada vez que una canción de Mogwai explota, la sensación que queda es de una extraña calma. Como si el cosmos aplicará un mecanismo de relajación ante un trauma, o como si hubiera hipnosis en el momento exacto del apocalipsis. Lo que hacen los escoceses va más allá de lo que técnicamente consiguen, porque construir crescendos que redunden en una catarsis bella es algo que pueden hacer muchos, pero lo de Mogwai va más allá, a veces dejando a la deriva al oyente en una meseta polar para luego, desde esa incertidumbre, llegar con un sonido más grande que la vida.

Aunque la banda hace rato que no saca un disco que caiga en gracia a todo el espectro de sus fans, lo que ha hecho en los últimos años, más que inventar una rueda nueva, ha sido refrescar la forma en la que ruedan. Eso hace que, en vez de escuchar algo que parezca igual a lo anterior, se permita ver en la performance misma las ganas de crear de los escoceses, quienes también destacan como creadores de soundtracks para películas y series. Si Mogwai es capaz de crear un mundo para sí mismos, en estos casos también son hábiles para arropar mundos ajenos en la música. Al final, lo que es evidente es cómo pueden manejar los ánimos, los espacios y los tiempos, fundamental para un espectáculo que relaja y tensa a la vez, como los latidos del corazón.

Future Islands: Baila por tu vida

La sofisticada propuesta del trío norteamericano Future Islands no alcanza a esconder las ansias de conseguir algo fundamental para la vida: el movimiento. Todas las armonías, las melodías, las figuras de bajo, todo eso redunda en la provocación fundamental de mover el cuerpo, las ideas, las emociones, a través de una dirección muy particular por la voz de Samuel T. Herring, uno de los frontman más impredecibles y entregados en un escenario. Cuando vemos la forma en la que Samuel vive un concierto, queda claro que lo de Future Islands no es casual, y que él siente esa música tanto o más que los fans.

Pero la banda no es sólo lo que consigue Samuel, porque la dinámica entre sintetizadores y bajo es parte de lo que hace a la agrupación sobresalir. Gerrit Welmers y William Cashion dialogan a través de compases que se tejen de tal forma, que no se puede ignorar lo que hit tras hit consigue Future Islands. Al final, el imperativo es bailar y sorprenderse con la extravagancia de Herring, y es difícil que eso no pase donde sea que se presenten.

Sun Kil Moon: aislar y provocar

No necesariamente a todos les puede gustar todo el mundo. Bien lo sabe y entiende Mark Kozelek, quien, más que preocuparse de agradar, ha intentado contar historias y hacerse valer en el escenario. Legendaria es aquella ocasión donde puteó a The War On Drugs por sonar muy fuerte, lo que molestaba su espectáculo con una sola guitarra. Kozelek en el proyecto Sun Kil Moon narra y expresa emoción a un grado descriptivo enorme, basado en letras casi declamadas, que no escatiman tiempo ni esfuerzo en llegar a lo medular de las historias y mucho más.

Pero Kozelek también es parlanchín debajo del escenario, y no es extraño verlo como Morrissey, lanzando opiniones poco populares, difíciles de defender y que, en vez de acercar gente a su música, la alejan. Esto redunda en que Sun Kil Moon tal vez no es un nombre tan conocido porque Mark no está interesado en algo tan masivo, pero sí en la cantidad de respeto necesario para que sus creaciones sean respetadas y realmente escuchadas. Es probable que en vivo quede claro que tantos dimes y diretes sirven para, finalmente, encontrar la música en medio del camino.

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