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La mejor canción de cada disco de Pennywise

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Recuerdo exactamente el momento en que conocí a Pennywise. En aquellos días estaba recién explorando el hardcore punk californiano, gracias a una puerta que me abrió el “Punk In Drublic” (1994) de NOFX. Como los espacios para acceder a cosas nuevas de esa onda eran limitados en aquellos tiempos, intentaba aprovecharlos todos. Así, una noche estaba viendo el programa de Rolando Ramos en el canal Rock & Pop, donde de pronto presentaron un video de Pennywise, cuyo nombre y logo recordaba haber visto en algún estante de cassettes piratas del Persa Biobío. La potencia de la canción me impactó, y quise escuchar más de esa banda lo antes posible, así que fui al día siguiente al mismo persa –al famoso puesto de música del Argentino- a buscar algo de ellos. Me llevé el que, hasta ese momento, era su último disco: “Full Circle”, y si bien no estaba la canción que había escuchado la noche anterior, el efecto fue el mismo e inmediato.

Les cuento esto para que se entienda cuál es mi relación emocional con Pennywise, la cual podría resumir así: es una banda que me vuela la cabeza desde que la conocí. También se los cuento para contextualizar lo que estoy haciendo aquí: soy un fan más, sin pretensión alguna de verdad ni juicio experto, narrándoles mi relación emotiva con cada uno de sus discos, así como también cuál es para mí la canción más especial de cada uno. Para mí, no para la crítica especializada. Y especial, no necesariamente mejor. Intuyo que ustedes pueden tener otra opinión o ninguna, pero creo que puede resultar interesante seguir la historia de la banda desde una mirada sin mayores pretensiones como la mía. O quizás no lo es y estamos ante una aberración. Pero, bueno, comencemos para que ustedes luego lo resuelvan.

Pennywise (1991)

Primer disco larga duración de la banda, tras un par de EP’s anteriores. Pareció ser un muy buen momento para hacer un disco, pues la banda ya había identificado con bastante claridad su estilo. Encontramos aquí algunos clásicos, como “Wouldn’t It Be Nice” o “Pennywise”, pero también al final del disco encontramos “Bro Hymn”, canción que se volviera himno de la banda tras el suicidio del compositor de la misma y bajista original, Jason Matthew Thirsk, quien además la escribió como homenaje a sus amigos Canton, Colvin y Nichols, muertos en un accidente automovilístico. Como homenaje permanente a Jason, es además la canción con la cual la banda cierra tradicionalmente sus presentaciones, incluida aquella de 2012 en el Teatro Caupolicán, la que vuestro servidor coreó en su penoso inglés open english pegado a la barrera y con todo el corazón.

Unknown Road (1993)

Una excelente continuación, con un sonido incluso más potente que su predecesor. Inicia con un piano –que hace algunos años leí que era de la película “Poison Ivy” (1992)- cuya anécdota es que además se repite tras la última pista del disco “Full Circle”. Si bien no tiene muchos cortes que sean parte del repertorio regular de la banda, está la alucinante canción que les mencioné al inicio, y con la que los conocí: “Homesick”.

About Time (1995)

Entre mis favoritos de Pennywise. No tiene ninguna canción floja –desde mi humilde opinión-, y para quienes no conozcan a la banda, creo que es un excelente disco para partir. La inmejorable “Peaceful Day” le da el comienzo potente que caracteriza a sus álbumes, pero que en esta ocasión casi no da respiros. “Same Old Story” tuvo incluso video clip, muy en estética skater, y que recuerdo haber visto en un VHS de pésima calidad que me prestaron en aquellos años. Sin embargo, hay otra canción que me tuvo durante mucho tiempo pegado y que, hasta el día de hoy, me lleva de inmediato de vuelta hacia la segunda mitad de los 90 sólo con sus primeros acordes: “Every Single Day”.

Full Circle (1997)

Tal como les conté, esta fue mi puerta de entrada a la banda. Leí en su momento que la intención del grupo con este disco fue tributar al mencionado Jason Matthew Thirsk, quien se murió en 1996. Un buen ejemplo de esto es que el disco cierra con una versión en vivo de “Bro Hymn”, pero incorporándolo en la letra. Emotividad aparte, muchas partes de este álbum me hicieron alucinar: “Date With Destiny” y “Final Day” son excelentes ejemplos de ello. “Society” fue el single de este disco, pero sinceramente nunca me gustó mucho, pues me parecía que desentonaba con el resto del álbum. Sin embargo, no puedo olvidar cuando metí este cassette en el personal stereo –inserten las bromas que quieran sobre el carnet- en la micro de vuelta del persa Biobío hacia mi casa, presto a escuchar a esos tipos que tanto me llamaron la atención la noche anterior en la tele, y comenzó a sonar “Fight Till You Die”, la que hasta hoy es mi canción favorita de Pennywise, y uno de los mejores comienzos que recuerde de un disco hardcore punk.

Straight Ahead (1999)

Como se imaginarán por la historia que les conté, “Straight Ahead” fue el primer disco de Pennywise que esperé. Y fue una espera bastante emocionante, pues mis expectativas eran altas, y no me decepcioné (aunque pienso ahora que quizás mi entusiasmo me hizo sobrevalorarlo en aquellos años). Recuerdo que, antes del lanzamiento, el sello Epitaph liberó dos canciones del disco: “Greed” y “Straight Ahead”, las que tardaron un buen rato en descargar en el modem de 56,6 Kbps del computador de un amigo, que si bien disfrutaba del punk nacional, no compartía del todo mi entusiasmo por Pennywise. Ambas están entre lo mejor del disco, junto a “My Own Country” y “Alien”, pero es mi preferida es “Straight Ahead”.

Land Of The Free? (2001)

“Land Of The Free?” tiene estética y contenido más político, y aunque algunas canciones me resultaron un tanto fomes, como “The World” o “Divine Intervention”, tiene otras que lo hacen un tremendo disco, al punto que me tuvo bien enganchado durante bastante tiempo, además de ser el primer disco de Pennywise que pude grabar en CD. El single de este disco fue “Fuck Authority” que, además de ser un temazo, tiene un interesante video clip, donde a través de montajes –de no mucho presupuesto, hay que decirlo, pero qué importa- la banda aparece en distintas situaciones de conflicto social. Retoma además la tradición de la partida potente con “Time Marches On”, y encontramos una intensidad similar en “Something Wrong Whith Me”. Mi favorita, sin embargo, es “Enemy”, que además de ser más representativa del ritmo clásico de Pennywise, tiene un comienzo que me gustaba escuchar una y otra vez, facilitado por mi reciente acercamiento a los CDs.

From The Ashes (2003)

En la época de lanzamiento de este disco, mi relación con Pennywise había decaído un poco en intensidad, al punto que “From The Ashes” pasó casi inadvertido para mí por un buen rato. No obstante, cuando le tomé asunto, gracias a la aparición de una canción de este disco en el compilado “Rock Against Bush”, descubrí que mi indiferencia fue injustificada. Me llamó en su momento la atención la técnica de grabación con voces dobles, típica de “The Offsping”, y que hace que Lindberg se haga coros a sí mismo en varias ocasiones. Tiene excelentes canciones, como “Waiting”, “Now I Know” o “Rise Up”, pero para mí el gancho de este disco fue la canción aparecida en el citado compilado contra Bush, llamada “God Save The USA”.

The Fuse (2005)

Como vine a descubrir que “From The Ashes” era un gran disco casi a punto de salir “The Fuse”, tenía una mezcla de expectativas altas con sospechas sobre cuándo la banda comenzaría a decaer. En mi opinión, no fue aquí, ya que este disco logró en mí un efecto casi comparable a “Full Circle”. Tiene excelentes canciones que no calzan tanto en el estilo tradicional de Pennywise, como “Best I Can” o “The Kids”, pero como es nuevamente la partida la que me hizo alucinar, la canción que quiero destacar de este disco es el track 1, “Knocked Down”, que además cuenta con video clip oficial.

Reason To Believe (2008)

Un álbum muy potente y que, por sobre todo, no se limita a repetir la misma fórmula de los anteriores. Pese a eso, es un disco que no logró engancharme como habían logrado los otros, aunque tiene chispazos que están entre mis momentos favoritos de la banda, como “One Reason”, donde la banda explora en sonidos más pesados.

All Or Nothing (2012)

Tras el alejamiento del vocalista Jim Lindberg, la banda decide seguir tocando incorporando a Zoltán “Zoli” Téglás de Ignite. La banda además no cesa su actividad, lo que permite conocer al nuevo vocalista a través de las presentaciones disponibles en internet. Sinceramente, cuando escuché a Téglás cantando el repertorio de Pennywise, no me gustó. Si bien era un excelente vocalista, su estilo tan distinto al de Lindberg me generó un poco de rechazo. Y tenía el prejuicio que “All Or Nothing” me sonaría al disco de una agrupación distinta, por lo que su salida no me generó expectativa alguna. Pero es un hecho que con el vocalista que tenga, Pennywise siempre ha sabido recuperar mi atención, y revirtieron por completo mis expectativas –tema que los debe haber tenido muy preocupados-. Además, agendaron una visita a Chile para ese año, y estando plenamente reconciliado con la banda, estuve tal como les conté antes: con el entusiasmo intacto, más ante la sorpresa de ver aparecer en el escenario a Lindberg, quien había vuelto sin haberme yo enterado. Lamentablemente, no hubo en su repertorio nada de este disco, que parece haber calzado más con el estilo de Téglás. De “All Or Nothing”, junto a la canción que lleva el mismo título del disco, mi favorita es “Revolution”.

Yesterdays (2014)

Con Lindberg reintegrado, y “All Or Nothing” lamentablemente olvidado –como también el proyecto que encabezó Lindberg durante su ausencia, llamado The Black Pacific-, la banda graba “Yesterdays”. Y no sé qué pasa con en este disco, pero no termina de gustarme. Tiene algunas cosas interesantes, como “Noise Pollution”, donde se acercan al punk rock, y un sonido bastante tradicional en “Violence Never Ending”, mi favorita del disco. Quizás la madurez de la banda produjo el efecto que yo esperaba en “All Or Nothning”: sonar como un grupo distinto, con los mismos integrantes. No obstante, no descarto que aprenda a valorarlo tras darle una nueva oportunidad, como ha pasado antes, porque de momento me suena a un disco hecho con pocas ganas. Pero en realidad, a estas alturas, no tengo nada que andar exigiéndole a Pennywise, y creo que tienen derecho a hacer un disco no tan bueno de vez en cuando.

Por Bototos

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Especial En Órbita 2017: Cigarettes After Sex

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Cigarettes After Sex

Un cenicero con los restos de cigarros recién apagados. Ventanas con las cortinas cerradas. Ropa interior en el suelo, en una silla, en medio de las sábanas o los cojines. ¿Solo o acompañado? ¿Luces prendidas o apagadas? ¿Imaginación, sueño o realidad palpable? Los ambientes que genera Cigarettes After Sex en sus canciones pintan imágenes complejas, ponen espejos al frente, y permiten la intermitencia entre brillantez y opacidad, porque el amor, el sexo, la soledad, y todo lo que esté entremedio, son puestos en la lupa sonora del cuarteto liderado por Greg Gonzalez.

Aunque con EP “I” (2012) habían tenido una notoriedad clara y su manera de ver al pop estaba de manifiesto, ciertamente había terminaciones que pulir y escenarios que iluminar más allá de lo teatral. En su álbum debut homónimo, salido en junio pasado, Cigarettes After Sex consigue salir de lo esquemático que podría ser su tipo de composición, y así las cosas fluyen. En vez de andar a tropiezos con las piezas de ropa que caen, todo puede ir un poco más lento, pero con más seguridad en los recursos y movidas a utilizar. En la habitación que se llena del sonido de los norteamericanos ya no es necesario tropezar al andar, porque cada movimiento tiene un impulso natural, entre un dreampop elegante y una manera oscura de plantar el ambient, entre una voz aterciopelada y bajos y ritmos profundos.

Quizás el rubro donde le falte cierta experiencia a la banda sea en las letras, que no consiguen la delicadeza que la interpretación en instrumentos y voz sugieren, pero también es parte del aprendizaje. Quizás son las palabras que se meten entre los cuerpos y que traban el correr de la sangre, que hielan las manos y convergen en la necesidad de seguir adelante, porque lo que consigue musicalmente Cigarettes After Sex no es sólo remitir a lo que ocurre en pareja, trío, o grupo de gente que se busca entre el amor, odio, lujuria y ausencia, sino que armar recuerdos que se puedan esconder en los beats de un bajo casi tan protagonista en la melodía como la voz de Greg, que entre tul y cuero sumerge las conciencias en historias sencillas, pero que conectan con el oyente.

Eso sí, lo concreto de las letras permite que haya un ancla en el mundo real. No se trata de un lugar de ensueño, donde el acto de tocar, besar, desear o amar quede restringido a acciones sin consecuencias. En las canciones de Cigarettes After Sex –y en especial en su LP homónimo– existen detalles concretos, corazones rotos (“Sweet”), ilusiones que se traducen en metáforas demasiado directas (“Opera House”) o la cotidianidad de una cama (“K”). No hay mucho que esconder cuando el olor a tabaco continúa en el dormitorio o cuando la brisa de la madrugada pega en los hombros, porque en medio de un ambiente idílico reside lo humano, a través del contacto físico y/o emocional.

A eso termina refiriendo la banda, entre un minimalismo elegante y sexy, a lo humano, a lo que puede errar, a lo que puede doler, y también a lo crudo e insensible (“Young & Dumb”), donde Gonzalez es capaz de culpar a su objeto de deseo de forma misógina por despecho, y aun así sonar como si pudiera convencer a cualquiera de seguirlo, a él y a sus palabras. El mundo de Cigarettes After Sex no es perfecto, se repleta de cenizas, ropa revuelta, olor a humo, a fluidos corporales, a alcohol, a ausencia, de dolores y palabras envueltas en rocas y cemento. El difícil terreno de lo carnal y lo ecléctico se funde en medio de imperfecciones que otorgan la calidez necesaria para que las canciones y los sonidos no se queden en axiomas vacíos, sino que realmente puedan generar una conexión significativa. Y en ese tipo de construcción narrativa y musical es que Cigarettes After Sex se ha vuelto una banda necesaria de escuchar y sentir. Bien adentro. Humanamente.

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