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Kaiser Chiefs: Volviendo a casa

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Ricky Wilson rompiendo atriles de micrófonos, empujando camarógrafos, tomando cámaras, arreglándose el pantalón y moviendo su cabello empapado ante el público. Ricky Wilson arriba de una de las columnas de la estructura mecano que sostenía el escenario principal norte en la tercera edición de Lollapalooza Chile. Ricky Wilson adelante, dejando sorprendidos a varios que creían que Kaiser Chiefs no existía después de 2007.

KAISER CHIEFS 012013 vio la “emancipación” de Ricky tras la salida de Nick Hodgson de Kaiser Chiefs, pero también sería el punto de partida del renacer de una banda que tenía muchísimo para ofrecer que simplemente quedar con un par de hits y nada más. Los de Leeds no fueron ni serán la banda más brillante del mundo, e incluso les cuesta enganchar más de tres sencillos por LP válidos de llegar a los rankings, pero tienen cada vez más solidez en otros sentidos, como en el espectáculo en vivo.

Hablar de la banda que tomó su nombre de un equipo de fútbol sudafricano es un ejercicio complejo. Los comentarios ante su visita de 2014 teloneando a Foo Fighters fueron prejuiciosos y despectivos, y estos se han multiplicado ante su debut con un show en solitario que será el próximo 6 de junio en el Teatro La Cúpula, y no es difícil entender el desdén. Pero también hay que revisar los aciertos que ha tenido KC y cómo una banda que parecía destinada a ahogarse en las profundidades de la autocomplacencia y la intrascendencia, y que desde su último lanzamiento tiene un aire fresco y, por fin, nuevamente divertido.

El debut de Kaiser Chiefs con “Employment” en 2005 tenía mucho de fiesta y de reflexión, pero también de despecho, mezcla clave para la identificación que muchos sintieron ante tracks como “Everyday I Love You Less And Less” o “What Did I Ever Give You?”, mientras que el hit “I Predict A Riot” tenía esa sensación familiar y divertida que no sólo hacía que fuera pegote, sino que también reflejara el espíritu de Leeds, en especial cuando la letra tiene muchas referencias a la localidad.

KAISER CHIEFS 02Desde ahí que la gente esperó más y más de KC, algo que la propia banda también azuzó con lo pretencioso que fue el siguiente registro, “Yours Truly, Angry Mob” (2007), que si bien tenía tracks sencillos como “Ruby” o “Everything Is Average Nowadays”, también trataba de extenderse sobre territorios más complejos como en la gran “The Angry Mob” o en la soporífera “Thank You Very Much”. No eran avances tan grandes, pero marcaron un abismo que se haría más profundo con el correr de los lanzamientos, porque si aquel disco fue recibido con cierta desilusión, “Off With Their Heads” (2008) constató que la banda tuvo un debut que no pudo ser igualado, o al menos eso pasaba con las expectativas.

En lo musical parecían estacionados en fórmulas y temáticas, y entraron en una zona de confort que hacía molesto para muchos el escucharlos. Eso no quita que su éxito haya sido importante y que, pese a que musicalmente se hayan pegado un freno, igualmente llenaban los recintos donde se presentaban. Pero el concepto más extraño de todos y el que alejó a la banda de la cima fue “The Future Is Medieval” (2011). Sólo promocionado en Reino Unido, con ediciones en vinilo cuádruple, con un sistema de elegir el tracklist del gusto del oyente y hasta con la chance de ganar dinero con ello, el disco fue ahogado en lo extramusical, resultando un rotundo fracaso en los términos comerciales que manejaba la banda. Apenas rasguñó el top 10 en UK y realmente ninguna de las 23 canciones tuvo trascendencia. En los setlist en vivo, de hecho, no aparece ningún tema de este disco, lo que constata lo fallido de toda su realización.

KAISER CHIEFS 03Entonces, si tenemos a una banda con un gran debut, pero que ha caído en una curva cuesta abajo, ¿qué es lo que pasa usualmente en esos casos? Alguien abandona el bote, y en el caso de Kaiser Chiefs quien se va es el que, hasta ese instante, era el ente de mayor control creativo de la banda. Nick Hodgson se fue, y se pensaba que KC acabaría de inmediato, pero quien tomó la batuta fue el vocalista Ricky Wilson. Quien fuera sólo un intérprete y no mucho más, de pronto se convirtió en el magneto de energía para Kaiser Chiefs. Eso lo pudimos ver en 2013 y se reafirmó en “Education, Education, Education & War”, álbum de 2014 que tuvo en “Coming Home” su primer sencillo. De inmediato la declaración de principios hizo sentido, pensando en el sonido del disco que por fin muestra un paso adelante, sin abandonar las ideas del primer trabajo.

“The Factory Gates” o “Misery Company” son canciones tremendas, al igual que “My Life” o “Bows & Arrows”, y todo ello se escapa de la fórmula prefijada, o al menos las interpretaciones resultan así. “EEE&W” no es el disco perfecto, pero es el que presenta por fin la resurrección de una agrupación que hace rato deambulaba en la intrascendencia, que ahora tiene bríos frescos y un futuro que no es novedoso, pero que por primera vez en mucho tiempo parece escaparse de la inercia para conseguir mayores grados de verdad y fuerza.

Por Manuel Toledo-Campos

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Especial En Órbita 2017: Cigarettes After Sex

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Cigarettes After Sex

Un cenicero con los restos de cigarros recién apagados. Ventanas con las cortinas cerradas. Ropa interior en el suelo, en una silla, en medio de las sábanas o los cojines. ¿Solo o acompañado? ¿Luces prendidas o apagadas? ¿Imaginación, sueño o realidad palpable? Los ambientes que genera Cigarettes After Sex en sus canciones pintan imágenes complejas, ponen espejos al frente, y permiten la intermitencia entre brillantez y opacidad, porque el amor, el sexo, la soledad, y todo lo que esté entremedio, son puestos en la lupa sonora del cuarteto liderado por Greg Gonzalez.

Aunque con EP “I” (2012) habían tenido una notoriedad clara y su manera de ver al pop estaba de manifiesto, ciertamente había terminaciones que pulir y escenarios que iluminar más allá de lo teatral. En su álbum debut homónimo, salido en junio pasado, Cigarettes After Sex consigue salir de lo esquemático que podría ser su tipo de composición, y así las cosas fluyen. En vez de andar a tropiezos con las piezas de ropa que caen, todo puede ir un poco más lento, pero con más seguridad en los recursos y movidas a utilizar. En la habitación que se llena del sonido de los norteamericanos ya no es necesario tropezar al andar, porque cada movimiento tiene un impulso natural, entre un dreampop elegante y una manera oscura de plantar el ambient, entre una voz aterciopelada y bajos y ritmos profundos.

Quizás el rubro donde le falte cierta experiencia a la banda sea en las letras, que no consiguen la delicadeza que la interpretación en instrumentos y voz sugieren, pero también es parte del aprendizaje. Quizás son las palabras que se meten entre los cuerpos y que traban el correr de la sangre, que hielan las manos y convergen en la necesidad de seguir adelante, porque lo que consigue musicalmente Cigarettes After Sex no es sólo remitir a lo que ocurre en pareja, trío, o grupo de gente que se busca entre el amor, odio, lujuria y ausencia, sino que armar recuerdos que se puedan esconder en los beats de un bajo casi tan protagonista en la melodía como la voz de Greg, que entre tul y cuero sumerge las conciencias en historias sencillas, pero que conectan con el oyente.

Eso sí, lo concreto de las letras permite que haya un ancla en el mundo real. No se trata de un lugar de ensueño, donde el acto de tocar, besar, desear o amar quede restringido a acciones sin consecuencias. En las canciones de Cigarettes After Sex –y en especial en su LP homónimo– existen detalles concretos, corazones rotos (“Sweet”), ilusiones que se traducen en metáforas demasiado directas (“Opera House”) o la cotidianidad de una cama (“K”). No hay mucho que esconder cuando el olor a tabaco continúa en el dormitorio o cuando la brisa de la madrugada pega en los hombros, porque en medio de un ambiente idílico reside lo humano, a través del contacto físico y/o emocional.

A eso termina refiriendo la banda, entre un minimalismo elegante y sexy, a lo humano, a lo que puede errar, a lo que puede doler, y también a lo crudo e insensible (“Young & Dumb”), donde Gonzalez es capaz de culpar a su objeto de deseo de forma misógina por despecho, y aun así sonar como si pudiera convencer a cualquiera de seguirlo, a él y a sus palabras. El mundo de Cigarettes After Sex no es perfecto, se repleta de cenizas, ropa revuelta, olor a humo, a fluidos corporales, a alcohol, a ausencia, de dolores y palabras envueltas en rocas y cemento. El difícil terreno de lo carnal y lo ecléctico se funde en medio de imperfecciones que otorgan la calidez necesaria para que las canciones y los sonidos no se queden en axiomas vacíos, sino que realmente puedan generar una conexión significativa. Y en ese tipo de construcción narrativa y musical es que Cigarettes After Sex se ha vuelto una banda necesaria de escuchar y sentir. Bien adentro. Humanamente.

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