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Helmet: Punto de inflexión

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A finales de la década del 80 y principios de los 90, la presencia e importancia del rock y el metal en el mainstream era preponderante. Por una parte habían muchas agrupaciones consolidadas y otras realizando su arte sin reparos ni limitaciones de ningún tipo, conjugando sin problemas punk con otros elementos más alternativos en ese entonces, como  la electrónica (el uso de sintetizadores) y atisbos de pop, todos con el estandarte del post punk por delante o acuñando estilos similares, lo que además poseía una estética en particular que contrastaba con lo que por otra parte hacían bandas en el mundo del metal, donde el sonido es más estridente, con composiciones más complejas y, en general, todo lo que se le atribuye al género durante ese período de incubación. Cabe mencionar que es en esa época además donde estalla el movimiento del hip hop a nivel mundial, nutriendo más el espectro de la música multitudinaria de la década.

HELMET 01Las tendencias estaban muy marcadas en esos días y en ese contexto apareció Helmet, un grupo neoyorquino de jóvenes de apariencia sencilla y ajenos a la parafernalia, revolucionando la industria con una propuesta única, que en ese entonces era imposible de clasificar, ya que se alejaba bastante (más en dirección al hardcore, por ejemplo) de un fenómeno similar y contemporáneo a ellos como Faith No More, y que más tarde se convirtió en una influencia trascendental para la nueva camada de artistas que se avecinaba.

Luego de lanzar un sencillo llamado “Born Annoying” (1989), llamaron la atención del sello Amphetamine Reptile Records, lo que resultó en la incorporación de los liderados por Page Hamilton a su catálogo y, en 1990, la edición de su primer larga duración, “Strap It On”, disco bastante extraño e innovador para la época, al fusionar básicamente una especie de metal con énfasis en patrones repetitivos, atisbos de punk y mucho de rock más clásico y alternativo, todo matizado con unas guitarras de afinaciones muy bajas, que a la larga se convirtieron en un elemento vital para futuras generaciones, en las que repercutieron de manera notoria canciones como “Sinatra” o “Distracted”.

A las ligas mayores

HELMET 02El éxito alcanzado por Helmet llegó a oídos de Interscope Records, subsidiaria de Universal Music Group, quienes les ofrecieron un contrato millonario (cuenta la leyenda) y editaron en 1992 “Meantime”, el trabajo más popular de la banda, desde donde extrajeron dos singles y sus respectivos videos: la densa “In The Meantime” y “Unsung”. La siguiente entrega, titulada simplemente como “Betty”, fue lanzada al mercado en 1994 y logró la ubicación más alta en su carrera en el listado Billboard 200, ubicándose en el lugar 45, aunque tal situación no se tradujo en una importancia mayor en lo comercial, ya que el álbum vendió menos copias que su antecesor. Además, durante este período comienza lo que sería una constante en la trayectoria del grupo: el cambio de integrantes, ya que deja su puesto en la guitarra uno de los miembros fundadores, Peter Mengede, para que en su reemplazo llegue Rob Echeverria, proveniente de la escena hardcore de la gran manzana.

Supervivencia y presente

Durante este lapso Echeverria los abandona, y es así como deciden entrar al estudio de grabación como trío y editar su tercer registro en 1997, “Afterstate”, donde suavizan un  poco el sonido acercándose más al rock que al metal, y aunque el single “Exactly What You Wanted” tuvo una rotación considerable en los medios de comunicación, no ocurrió lo mismo en las ventas del disco. Esto, más la vida girando y el desgaste propio de un acto musical de tal magnitud, gatillaron la inevitable disolución.

Varios años más tarde, Hamilton resucita al conjunto y, luego de un tiempo, lanzan “Size Matters” (2004), disco que los puso de nuevo en la palestra como un esperado retorno, cosechando buenas críticas, aunque la situación de la industria para ese entonces era muy diferente a lo que ellos vivieron, por lo que en este segundo aire el énfasis está puesto sólo en desarrollar un concepto HELMET 03artístico por sobre las preocupaciones comerciales. Este punto, la libertad creativa, es algo que desde siempre fue un privilegio para Helmet por parte de las disqueras, de manera inusual si se le compara a la realidad de la mayoría de los músicos que trabajan en este nivel.

En 2005 se van de Interscope hacia Warcon y al año siguiente editan “Monochrome”, planteando algo en la misma línea del disco anterior, lo que se repite en su más reciente entrega también, “Seeing Eye Dog”, lanzado cuatro años más tarde, donde no se alejan de este sendero y, más que apelar a un reinvento o a un giro radical, se casan con una propuesta directa, sin ambiciones desmedidas que desvirtúen el enfoque más minimalista que se aplica en Helmet.

En Rockout estará la posibilidad de validar la fama que los precede, donde figuran como influencia seminal en una gran cantidad de músicos exitosos de los noventa y alrededores, sobre todo (para pesar del mismo Hamilton) en géneros tan populares y masivos cono lo fue el nü metal, por ejemplo, y debutar en nuestro país con paso firme para cimentar el camino de vuelta hacia el lugar que merece el aporte que constituyen en el rock moderno.

Por Hans Oyarzún

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Especial En Órbita 2017: Cigarettes After Sex

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Cigarettes After Sex

Un cenicero con los restos de cigarros recién apagados. Ventanas con las cortinas cerradas. Ropa interior en el suelo, en una silla, en medio de las sábanas o los cojines. ¿Solo o acompañado? ¿Luces prendidas o apagadas? ¿Imaginación, sueño o realidad palpable? Los ambientes que genera Cigarettes After Sex en sus canciones pintan imágenes complejas, ponen espejos al frente, y permiten la intermitencia entre brillantez y opacidad, porque el amor, el sexo, la soledad, y todo lo que esté entremedio, son puestos en la lupa sonora del cuarteto liderado por Greg Gonzalez.

Aunque con EP “I” (2012) habían tenido una notoriedad clara y su manera de ver al pop estaba de manifiesto, ciertamente había terminaciones que pulir y escenarios que iluminar más allá de lo teatral. En su álbum debut homónimo, salido en junio pasado, Cigarettes After Sex consigue salir de lo esquemático que podría ser su tipo de composición, y así las cosas fluyen. En vez de andar a tropiezos con las piezas de ropa que caen, todo puede ir un poco más lento, pero con más seguridad en los recursos y movidas a utilizar. En la habitación que se llena del sonido de los norteamericanos ya no es necesario tropezar al andar, porque cada movimiento tiene un impulso natural, entre un dreampop elegante y una manera oscura de plantar el ambient, entre una voz aterciopelada y bajos y ritmos profundos.

Quizás el rubro donde le falte cierta experiencia a la banda sea en las letras, que no consiguen la delicadeza que la interpretación en instrumentos y voz sugieren, pero también es parte del aprendizaje. Quizás son las palabras que se meten entre los cuerpos y que traban el correr de la sangre, que hielan las manos y convergen en la necesidad de seguir adelante, porque lo que consigue musicalmente Cigarettes After Sex no es sólo remitir a lo que ocurre en pareja, trío, o grupo de gente que se busca entre el amor, odio, lujuria y ausencia, sino que armar recuerdos que se puedan esconder en los beats de un bajo casi tan protagonista en la melodía como la voz de Greg, que entre tul y cuero sumerge las conciencias en historias sencillas, pero que conectan con el oyente.

Eso sí, lo concreto de las letras permite que haya un ancla en el mundo real. No se trata de un lugar de ensueño, donde el acto de tocar, besar, desear o amar quede restringido a acciones sin consecuencias. En las canciones de Cigarettes After Sex –y en especial en su LP homónimo– existen detalles concretos, corazones rotos (“Sweet”), ilusiones que se traducen en metáforas demasiado directas (“Opera House”) o la cotidianidad de una cama (“K”). No hay mucho que esconder cuando el olor a tabaco continúa en el dormitorio o cuando la brisa de la madrugada pega en los hombros, porque en medio de un ambiente idílico reside lo humano, a través del contacto físico y/o emocional.

A eso termina refiriendo la banda, entre un minimalismo elegante y sexy, a lo humano, a lo que puede errar, a lo que puede doler, y también a lo crudo e insensible (“Young & Dumb”), donde Gonzalez es capaz de culpar a su objeto de deseo de forma misógina por despecho, y aun así sonar como si pudiera convencer a cualquiera de seguirlo, a él y a sus palabras. El mundo de Cigarettes After Sex no es perfecto, se repleta de cenizas, ropa revuelta, olor a humo, a fluidos corporales, a alcohol, a ausencia, de dolores y palabras envueltas en rocas y cemento. El difícil terreno de lo carnal y lo ecléctico se funde en medio de imperfecciones que otorgan la calidez necesaria para que las canciones y los sonidos no se queden en axiomas vacíos, sino que realmente puedan generar una conexión significativa. Y en ese tipo de construcción narrativa y musical es que Cigarettes After Sex se ha vuelto una banda necesaria de escuchar y sentir. Bien adentro. Humanamente.

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