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Gepe: Una evolución que no se detiene

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Si hay un artista nacional que se puede preciar de reinventarse en cada nuevo lanzamiento, ese es Daniel Riveros. Gepe, como se le conoce masivamente, encierra cada día nuevos sonidos y nuevas ideas que dispone, sin prejuicio alguno, para hacer funcionar sus canciones, lo que le ha significado ir ganando, tras cada disco, un mayor número de fanáticos desde diferentes partes de Latinoamérica. GEPE 2Brevemente, nos dedicaremos a explicar los cambios sonoros que hemos visto disco a disco en Gepe, y por qué es tan valorable la capacidad de reinvención y de evolución con calidad siendo genuino que tiene Riveros.

Taller Dejao fue lo primero que se escuchó de Daniel Riveros. En ese tiempo, en el ya lejano 2002, formó una alianza con Javier Cruz y armaron una propuesta única, que prescindía de las guitarras para tener en el bajo y la batería, instrumentos siempre vistos como rítmicos, la capacidad de generar texturas únicas, arropadas en sonidos folklóricos mezclados con armonías y compases pop. Tras lanzar “El Brillo Que Tiene Es Lo Humano Que Queda” (2004) y tocar por dos años, Taller Dejao se separó, pero dejó de inmediato en claro que, si alguno de los dos muchachos siguiera en la música, esa era la veta que explotarían.

Y quien siguió en la senda folklore-pop fue Daniel, quien con el seudónimo Gepe editó primero un EP, “5×5” (2004), donde mostró el germen del sonido que caracterizaría a su disco debut, “Gepinto” (2005), lanzado con el sello Quemasucabeza, que explotaba estructuras de canciones cercanas a la GEPEtradición folklórica, con ritmos nortinos evidentes, pero con toda la vocación de las canciones pop, algo que más tarde se acentuaría. De “Gepinto” destacarían los temas “Namás” (cuya primera versión estaba en “5×5”) y “La Enfermedad De Los Ojos”.

Luego de este disco, con un éxito acotado de ventas, pero muy alabado por la crítica, esa misma que hace algunos años tenía bastantes problemas para encontrar que algo chileno fuera de buena factura, Gepe siguió explorando sonidos y lanzó en 2007 “Hungría”, su segundo LP que incluye la primera colaboración con Pedro Subercaseaux (Pedropiedra), quien se convertiría en su compinche musical y también su compañero de departamento, y también del productor Vicente Sanfuentes, más conocido por su trabajo electrónico. Esto derivó en que “Hungría” tendiera más a los teclados que a la guitarra rasgueada, con un relativo éxito en tracks como “Celosía”.

GEPE Y PEDROTras el EP “Las Piedras” de 2008, Gepe se tomó su tiempo para lanzar “Audiovisión” (2010), el disco que le dio despegue definitivo a su carrera no sólo en Chile, sino que también en otros países. “Audiovisión” se caracterizó por volcarse mucho más al pop, exacerbando las influencias folklóricas, pero reinventándolas en esta clave con un resultado mucho más accesible que en “Hungría”, lo que se denotó en éxitos como “Por La Ventana”, “Alfabeto” o “Un Día Ayer”.

Y si el pop se tomaba “Audiovisión”, en “GP” (2012) esto se hizo más notorio, explorando menos en el folklore, siempre presente, pero además sumando otros sonidos latinoamericanos, como se nota en el indeleble hit “En La Naturaleza (4-3-2-1-0)” donde nuevamente colabora Pedropiedra. Allí, el reggaeton se mezcla con el pop y los sonidos andinos. Esto derivó en el disco de mayores éxitos para Riveros, y el que lo ha llevado a sus escenarios más importantes, con shows propios de alta convocatoria en México y con una invitación al Festival de Viña bajo el brazo.

ALEX Y DANIELEste año también lanzó su colaboración con Alex Anwandter, “Alex & Daniel” (2013), un disco de 8 canciones que exacerban la exploración pop, que se escapa un poco de la discografía propia de Riveros, pero que hace notar mucho sus otras raíces, más allá de las folklóricas que siempre lo acompañaron en su carrera.

En el arte del disco “5×5” Gepe escribía a modo de manifiesto: “La canción es como una casa. Se construye pero se puede remodelar, y esto siempre a partir de sus cimientos ya establecidos. Voy a elevar el techo, voy a construir un subterráneo, no importa, pues la casa sigue siendo la misma, ubicada en la misma calle y barrio”. Viendo cómo ha evolucionado, es claro que el éxito no ha mermado ni un poco las ganas de Daniel de generar más y mejor música, siempre con humildad y siendo fiel a sus inquietudes, las más antiguas y las más nuevas, las mismas que veremos en el escenario de Frontera el próximo 9 de noviembre.

Por Manuel Toledo-Campos

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Especial En Órbita 2017: Cigarettes After Sex

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Cigarettes After Sex

Un cenicero con los restos de cigarros recién apagados. Ventanas con las cortinas cerradas. Ropa interior en el suelo, en una silla, en medio de las sábanas o los cojines. ¿Solo o acompañado? ¿Luces prendidas o apagadas? ¿Imaginación, sueño o realidad palpable? Los ambientes que genera Cigarettes After Sex en sus canciones pintan imágenes complejas, ponen espejos al frente, y permiten la intermitencia entre brillantez y opacidad, porque el amor, el sexo, la soledad, y todo lo que esté entremedio, son puestos en la lupa sonora del cuarteto liderado por Greg Gonzalez.

Aunque con EP “I” (2012) habían tenido una notoriedad clara y su manera de ver al pop estaba de manifiesto, ciertamente había terminaciones que pulir y escenarios que iluminar más allá de lo teatral. En su álbum debut homónimo, salido en junio pasado, Cigarettes After Sex consigue salir de lo esquemático que podría ser su tipo de composición, y así las cosas fluyen. En vez de andar a tropiezos con las piezas de ropa que caen, todo puede ir un poco más lento, pero con más seguridad en los recursos y movidas a utilizar. En la habitación que se llena del sonido de los norteamericanos ya no es necesario tropezar al andar, porque cada movimiento tiene un impulso natural, entre un dreampop elegante y una manera oscura de plantar el ambient, entre una voz aterciopelada y bajos y ritmos profundos.

Quizás el rubro donde le falte cierta experiencia a la banda sea en las letras, que no consiguen la delicadeza que la interpretación en instrumentos y voz sugieren, pero también es parte del aprendizaje. Quizás son las palabras que se meten entre los cuerpos y que traban el correr de la sangre, que hielan las manos y convergen en la necesidad de seguir adelante, porque lo que consigue musicalmente Cigarettes After Sex no es sólo remitir a lo que ocurre en pareja, trío, o grupo de gente que se busca entre el amor, odio, lujuria y ausencia, sino que armar recuerdos que se puedan esconder en los beats de un bajo casi tan protagonista en la melodía como la voz de Greg, que entre tul y cuero sumerge las conciencias en historias sencillas, pero que conectan con el oyente.

Eso sí, lo concreto de las letras permite que haya un ancla en el mundo real. No se trata de un lugar de ensueño, donde el acto de tocar, besar, desear o amar quede restringido a acciones sin consecuencias. En las canciones de Cigarettes After Sex –y en especial en su LP homónimo– existen detalles concretos, corazones rotos (“Sweet”), ilusiones que se traducen en metáforas demasiado directas (“Opera House”) o la cotidianidad de una cama (“K”). No hay mucho que esconder cuando el olor a tabaco continúa en el dormitorio o cuando la brisa de la madrugada pega en los hombros, porque en medio de un ambiente idílico reside lo humano, a través del contacto físico y/o emocional.

A eso termina refiriendo la banda, entre un minimalismo elegante y sexy, a lo humano, a lo que puede errar, a lo que puede doler, y también a lo crudo e insensible (“Young & Dumb”), donde Gonzalez es capaz de culpar a su objeto de deseo de forma misógina por despecho, y aun así sonar como si pudiera convencer a cualquiera de seguirlo, a él y a sus palabras. El mundo de Cigarettes After Sex no es perfecto, se repleta de cenizas, ropa revuelta, olor a humo, a fluidos corporales, a alcohol, a ausencia, de dolores y palabras envueltas en rocas y cemento. El difícil terreno de lo carnal y lo ecléctico se funde en medio de imperfecciones que otorgan la calidez necesaria para que las canciones y los sonidos no se queden en axiomas vacíos, sino que realmente puedan generar una conexión significativa. Y en ese tipo de construcción narrativa y musical es que Cigarettes After Sex se ha vuelto una banda necesaria de escuchar y sentir. Bien adentro. Humanamente.

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