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Gepe: Electro Pop Andino

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De Gepe ya se conoce lo suficiente como para evitar repetir las introducciones de siempre. Su amistad con  Javiera Mena, sus años en Taller Dejao, su inicio como músico under de esa corriente neo folk que ha abrazado por años el circuito chileno, o su veta más pop desde “Audiovision” (2010).

Lo de Gepe, más que modas, colores, y fotografías dignas de American Apparel, es la evolución de su propio género, de su propio sonido, uno que ha mezclado gracias a dos vertientes lo suficientemente extremas, para dar como resultado un pop que se puede identificar como chileno, una iconografía de sonidos altiplánicos trazados con elementos foráneos.

En sus inicio de “5×5” (2004) y luego “Gepinto” (2005), cuando llamó la atención de la televisión por un extraño parecido timbrístico con Victor Jara, Gepe hacía canciones que venían aún con la firma de Taller Dejao, más en la composición lírica que en la rítmica, ya que en esta última se hizo más austero en cuanto a revoluciones y abogó más por un sonido en extremo dulce, acústico, muy íntimo y de raíces muy folclóricas. Desde la imposición del silencio de “Nahuel” y “La Escalera”, a la veta más nueva canción chilena de “Namás”, y “La Enfermedad de los Ojos”. Con “Hungría” (2007), producido por Vicente Sanfuentes, Gepe comienza de a poco a amasar un sonido propio. De estética más moderna, con elementos más electrónicos, pero nunca dejando sus letras con historias y relatos que mezclan magia altiplánica con urbanismo. Una de las sorpresas de ese disco sería “No Te Mueras Tanto”, canción impensada en la etapa de “Gepinto”. La introducción de otro idioma y la atmósfera electrónica entramada a la perfección con la cuasi tonada de “357”, o las última referencias a “Gepinto” en “8tema”, y sus fraseos que emulan a los cantantes folklóricos de la zona central. Hungría sería la introducción a esa facilidad que tiene Gepe para crear discos con estilos aleatorios y extremos. También comienza la amistad musical e inclusión de Pedro Piedra, quien se ha convertido en un elemento más que simplemente agregado a la música de Gepe.

“Audivisión” (2010) vendría siendo el momento de maduración, y de confirmar lo hecho años anteriores. El momento de mostrarse fuera de nuestras fronteras. El momento de adquirir el porte de lo que es uno de los compositores más talentosos, no sólo de la camada dosmilera chilena, si no más allá de nuestros límites, por qué no decirlo, a nivel latinoamericano. Aunque nada de esto es casualidad. Por primera vez, el trabajo de Gepe recaería en Cristian Heyne, uno de los productores más connotados del circuito nacional. El mismo que le daría vida a “Música, Gramática, Gimnasia” (2010) de Denver y a “Mena” (2011) de Javiera Mena. Una suerte de rey Midas indie.

“Audiovisión” muestra una gama interesante de composiciones. Instrumentalmente introduce distintos timbres, elementos más barrocos como cornos franceses y cuartetos de cuerdas, así como también la inclusión de “Amigos, Vecinos”, canción en su totalidad acústica que sólo utiliza palmas y una nota basal de piano. También se hace más evidente la cruza entre sonidos altiplánicos y electrónica moderna. Esos sonidos que uno fácilmente podría encontrar en el electroclash, como en “Alfabeto” o “La Bajada”. O el pop más bailable de “12 Minerales” y “Por La Ventana”. Audiovisión también contaría con sus ya comunes invitados, como Javiera Mena y Pedro Piedra. Este disco, trajo consigo la distinción de la prensa especializada (Rockdelux, el diario El País, por mencionar algunos) y la posibilidad de llevar su música fuera de las fronteras.

Ahora, a días de que “GP”, su cuarto disco de estudio vea la luz, el adelanto viene por el mismo camino zanjado por los singles de “Audiovisión”. El forzadamente llamado electroandino llevado un poco más al extremo en su primer single, “En La Naturaleza (4-3-2-1-0)”.

Si bien la columna de la música de Gepe siempre ha transitado por los sonidos derivados del folk, no ha tenido miedo en añadirle colores y rítmicas que normalmente serían contradictorias a lo que cita la evolución de folklore. Sólo queda seguir esperando uno de los discos más anhelados del año, y ver si este largo tiempo viene a confirmar la importancia de un tipo como Daniel Riveros en la escena nacional.

Por Pamela Cortés

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3 Comentarios

3 Comments

  1. Ro Polite

    23-Oct-2012 en 3:20 pm

    Buena reseña. este loco es un seco. Escuche el disco GP y me gustó mucho.

  2. fred

    29-Sep-2013 en 2:27 pm

    electro..pop…andino…. anoqueestupides! estos contemporaneos que intentan crear nuevas tonteras y terminan matando la musica para que los jovencitos de ahora que se creen hippies hipsterianos consuman mala musica

    • patty

      07-Dic-2013 en 10:38 am

      FRED LA VERDAD TU COMENTARIO ME ES CONTRADICTORIO…POR UN LADO DEFIENDES LA MUSICA YSU ESCENCIA, EXPRESION DE LIBETAD… Y POR OTRO LADO ATACAS DE MANERA INQUICITIVA A UN ARTISTA JOVEN QUE QUIERE FUCIONAR MÚSICA, QUE TIENE LALIBERTAD DE HACERLO…NO SEAS TAN IGNORANTE EN TUS COMENTARIOS… TU ERES HIPPIE?..EN QUÉ TRABAJAS?, ERES FELIZ????…SALUDOS Y TE INVITO A QUE TE HAGAS EL TIEMPO Y ESCUCHES…DANIEL ES SECO EN LO QUE HACE Y SÍ ES ORIGINAL…CARIÑOS PATTY…AHHH Y MI HIJOS SE LLAMAN INTI Y AMAYA…Y NO SOY HIPPIE, TRABAJO COMO DIRECTORA, ANDO ARRIBA DE UN AUTO DEL AÑO, Y DEFIENO MIS CONVICCIONES…

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Especial En Órbita 2017: Cigarettes After Sex

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Cigarettes After Sex

Un cenicero con los restos de cigarros recién apagados. Ventanas con las cortinas cerradas. Ropa interior en el suelo, en una silla, en medio de las sábanas o los cojines. ¿Solo o acompañado? ¿Luces prendidas o apagadas? ¿Imaginación, sueño o realidad palpable? Los ambientes que genera Cigarettes After Sex en sus canciones pintan imágenes complejas, ponen espejos al frente, y permiten la intermitencia entre brillantez y opacidad, porque el amor, el sexo, la soledad, y todo lo que esté entremedio, son puestos en la lupa sonora del cuarteto liderado por Greg Gonzalez.

Aunque con EP “I” (2012) habían tenido una notoriedad clara y su manera de ver al pop estaba de manifiesto, ciertamente había terminaciones que pulir y escenarios que iluminar más allá de lo teatral. En su álbum debut homónimo, salido en junio pasado, Cigarettes After Sex consigue salir de lo esquemático que podría ser su tipo de composición, y así las cosas fluyen. En vez de andar a tropiezos con las piezas de ropa que caen, todo puede ir un poco más lento, pero con más seguridad en los recursos y movidas a utilizar. En la habitación que se llena del sonido de los norteamericanos ya no es necesario tropezar al andar, porque cada movimiento tiene un impulso natural, entre un dreampop elegante y una manera oscura de plantar el ambient, entre una voz aterciopelada y bajos y ritmos profundos.

Quizás el rubro donde le falte cierta experiencia a la banda sea en las letras, que no consiguen la delicadeza que la interpretación en instrumentos y voz sugieren, pero también es parte del aprendizaje. Quizás son las palabras que se meten entre los cuerpos y que traban el correr de la sangre, que hielan las manos y convergen en la necesidad de seguir adelante, porque lo que consigue musicalmente Cigarettes After Sex no es sólo remitir a lo que ocurre en pareja, trío, o grupo de gente que se busca entre el amor, odio, lujuria y ausencia, sino que armar recuerdos que se puedan esconder en los beats de un bajo casi tan protagonista en la melodía como la voz de Greg, que entre tul y cuero sumerge las conciencias en historias sencillas, pero que conectan con el oyente.

Eso sí, lo concreto de las letras permite que haya un ancla en el mundo real. No se trata de un lugar de ensueño, donde el acto de tocar, besar, desear o amar quede restringido a acciones sin consecuencias. En las canciones de Cigarettes After Sex –y en especial en su LP homónimo– existen detalles concretos, corazones rotos (“Sweet”), ilusiones que se traducen en metáforas demasiado directas (“Opera House”) o la cotidianidad de una cama (“K”). No hay mucho que esconder cuando el olor a tabaco continúa en el dormitorio o cuando la brisa de la madrugada pega en los hombros, porque en medio de un ambiente idílico reside lo humano, a través del contacto físico y/o emocional.

A eso termina refiriendo la banda, entre un minimalismo elegante y sexy, a lo humano, a lo que puede errar, a lo que puede doler, y también a lo crudo e insensible (“Young & Dumb”), donde Gonzalez es capaz de culpar a su objeto de deseo de forma misógina por despecho, y aun así sonar como si pudiera convencer a cualquiera de seguirlo, a él y a sus palabras. El mundo de Cigarettes After Sex no es perfecto, se repleta de cenizas, ropa revuelta, olor a humo, a fluidos corporales, a alcohol, a ausencia, de dolores y palabras envueltas en rocas y cemento. El difícil terreno de lo carnal y lo ecléctico se funde en medio de imperfecciones que otorgan la calidez necesaria para que las canciones y los sonidos no se queden en axiomas vacíos, sino que realmente puedan generar una conexión significativa. Y en ese tipo de construcción narrativa y musical es que Cigarettes After Sex se ha vuelto una banda necesaria de escuchar y sentir. Bien adentro. Humanamente.

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