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Fantômas: The Director’s Cut Show

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En un festival lleno de debuts como RockOut Fest, uno de los nombres que más despierta las pasiones de los fanáticos es Fantômas, quizás el proyecto más personal de Mike Patton, o donde por lo menos se ha dado el lujo de construir –y deconstruir- la música como se le ha dado la gana, teniendo bajo su mando a una de las alineaciones más envidiables con la que podría contar un músico que quiere crear un sonido capaz de evocar armonía y caos en la misma composición: Buzz Osborne de Melvins en la guitarra, Dave Lombardo, ex Slayer y actual Philm, en la batería y, finalmente, Trevor Dunn, ex Mr. Bungle, en el bajo. Por donde se le mire, un grupo de lujo que, en su momento, sacó de sus casillas a muchas personas que esperaban escuchar a un dulce sucesor de Faith No More, o por lo menos a una banda que tocara canciones que se pudieran “escuchar”, pero la experimentación de Fantômas no pudo ser tolerada por un importante grupo de personas que incluso se retiraban a la mitad de show durante los primeros conciertos de la súper banda.

FANTOMAS 01 ARTICULOEl tiempo ha pasado y luego de cuatro discos de estudio, Fantômas ha logrado encontrar su nicho. Y, a pesar de no sacar nada nuevo desde hace nueve años, el deseo de que el cuarteto vuelva a la vida es una constante que se ha mantenido entre los fanáticos; y si hablamos de un país como Chile, donde Mike Patton es un verdadero ídolo, el sueño de poder ver a la banda en vivo algún día era prácticamente imposible. Pero dicen que lo sueños se hacen realidad y Fantômas confirmó su retorno en exclusiva para Chile, en dos noches donde interpretará íntegramente el disco “The Director’s Cut” (2001), y aquí afloraron sentimientos encontrados para los seguidores de la agrupación, ya que el disco que vienen a presentar al país podría ser considerado como el más “digerible” que han lanzado en su carrera, uno que los que le podría agradar a los que le hicieron la cruz al grupo en un principio.

¿Por qué no tocar algo del disco homónimo? ¿Qué hay de “Delìrium Còrdia” (2004)? ¿Y de “Suspended Animation” (2005)? Trevor Dunn dijo en una entrevista que tocar con Fantômas era un dolor en el culo, y cualquiera que haya escuchado sus discos puede imaginárselo, por lo que quizás –y esto es sólo especulación- “The Director’s Cut” era la mejor opción para volver a los escenarios luego de años fuera de práctica, o por lo menos la menos riesgosa. Es por eso que, con el afán de calmar las pasiones de aquellos que los acusan de haberse ido “a la segura”, o de invitar a aquellos que no conocen la banda a que se sumerjan en la locura sónica y experimental de Patton, hemos decidido hacer una revisión de los hitos que hacen de “The Director’s Cut” un álbum digno de escuchar en vivo, y suficientemente completo para que Fantômas pueda mostrarse en plenitud sobre el escenario.

Patton y el cine

FANTOMAS 02 ARTICULOCualquiera que siga la carrera del norteamericano, puede darse cuenta del amor que Patton tiene por el séptimo arte. Referencias a películas clásicas pueden ser encontradas en toda sus discografía, desde Faith No More (el video de “Last Cup Of Sorrow” es una suerte de recreación de “Vertigo” de Alfred Hitchcock), o llamar a su banda de trip hop, Peeping Tom, en honor a la película de horror de culto del año 1960. Su afición a las películas es clara y lo llevó a rendir un tributo extremo a composiciones emblemáticas utilizadas en las bandas sonoras del filmes tan disimiles como “The Godfather” (1972) o “Spider Baby Or, The Maddest Story Ever Told” (1967). Extremo, porque lo que hizo, para cualquier amante de lo clásico, puede ser visto como una verdadera blasfemia. Mike Patton tomó quince composiciones y las ultrajó hasta parir una cría horrible, pero al mismo tiempo maravillosa. Desde la orgía thrasher de “The Omen (Ave Satani)”, pasando por el infierno matemático de “Der Golem”, hasta el groove electrónico de “Twin Peaks: Fire Walk With Me”, “The Director’s Cut” es una muestra de que no existen barreras para la experimentación, ni siquiera las del “buen gusto”, y ese justamente es uno de los elementos claves de la fórmula de Fantômas.

Supenso, terror y oscuridad

Si existe un hilo conductor entre las cintas seleccionadas, estos son el suspenso, el terror y la oscuridad. Estos tres elementos son trabajados a la perfección para dar vida a atmósferas simplemente escalofriantes. Es imposible no estremecerse al escuchar “Rosemary’s Baby”, reversión del clásico tema compuesto por Krzysztof Komeda para la película de Roman Polanski, y que es uno de los cortes más destacados del álbum, si es que no es el mejor. En sus tres minutos y veinte segundos de duración, Fantômas calla la boca de todos sus detractores, esos que alegan que son puros gritos, cautivando los oídos de aquellos lo suficientemente valientes como para entrar en el juego del cuarteto. Para más deleite/esquizofrenia sonora, ahí están “Experiment In Terror”, “Cape Fear” e  “Investigation Of A Citizen Above Suspicion”, pura genialidad trastornada.

Fantômas para las masas

FANTOMAS 03 ARTICULOEs verdad, “The Director’s Cut” es la placa más “liviana” de Fantômas, las más escuchable y digerible para el gran público. Y quizás por eso es que es la mejor carta para estas dos presentaciones en el país, sobre todo en el contexto de un gran festival, donde nadie quiere que la gente se espante en medio del show. Pero más allá de las mínimas quejas de los fanáticos que esperaban escuchar al Fantômas visceral del disco debut, al catatónico del “Delìrium Còrdia”, o al caóticamente perfecto del “Suspended Animation”, “The Director’s Cut” es un discazo por donde se le mire, y todo lo que uno quisiera ver u oír de la banda lo puede encontrar en esas quince composiciones. Así que guardemos las esperanzas de poder escuchar algo más para una próxima vez –aunque nunca se sabe qué puede pasar- y dediquémonos a disfrutar a una banda que nunca pensamos que podríamos ver en nuestro país –menos de manera exclusiva- tocando un disco que es pura maestría y que demuestra que Mike Patton es uno de los músicos más revolucionarios de las últimas décadas.

Por Sebastián Zumelzu

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2 Comentarios

2 Comments

  1. Damian

    03-Dic-2014 en 5:14 pm

    Solo una corrección: “Ashes to Ashes” está relacionado con Se7ven (Los Siete Pecados Capitales). Es “Last Cup of Sorrow” la que re-crea Vertigo

  2. Claudio

    03-Dic-2014 en 6:50 pm

    También van a tocar solo del Director’s Cut en el Rockout? Cómo saben? Creí que era solo en el sideshow.

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Especial En Órbita 2017: Cigarettes After Sex

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Cigarettes After Sex

Un cenicero con los restos de cigarros recién apagados. Ventanas con las cortinas cerradas. Ropa interior en el suelo, en una silla, en medio de las sábanas o los cojines. ¿Solo o acompañado? ¿Luces prendidas o apagadas? ¿Imaginación, sueño o realidad palpable? Los ambientes que genera Cigarettes After Sex en sus canciones pintan imágenes complejas, ponen espejos al frente, y permiten la intermitencia entre brillantez y opacidad, porque el amor, el sexo, la soledad, y todo lo que esté entremedio, son puestos en la lupa sonora del cuarteto liderado por Greg Gonzalez.

Aunque con EP “I” (2012) habían tenido una notoriedad clara y su manera de ver al pop estaba de manifiesto, ciertamente había terminaciones que pulir y escenarios que iluminar más allá de lo teatral. En su álbum debut homónimo, salido en junio pasado, Cigarettes After Sex consigue salir de lo esquemático que podría ser su tipo de composición, y así las cosas fluyen. En vez de andar a tropiezos con las piezas de ropa que caen, todo puede ir un poco más lento, pero con más seguridad en los recursos y movidas a utilizar. En la habitación que se llena del sonido de los norteamericanos ya no es necesario tropezar al andar, porque cada movimiento tiene un impulso natural, entre un dreampop elegante y una manera oscura de plantar el ambient, entre una voz aterciopelada y bajos y ritmos profundos.

Quizás el rubro donde le falte cierta experiencia a la banda sea en las letras, que no consiguen la delicadeza que la interpretación en instrumentos y voz sugieren, pero también es parte del aprendizaje. Quizás son las palabras que se meten entre los cuerpos y que traban el correr de la sangre, que hielan las manos y convergen en la necesidad de seguir adelante, porque lo que consigue musicalmente Cigarettes After Sex no es sólo remitir a lo que ocurre en pareja, trío, o grupo de gente que se busca entre el amor, odio, lujuria y ausencia, sino que armar recuerdos que se puedan esconder en los beats de un bajo casi tan protagonista en la melodía como la voz de Greg, que entre tul y cuero sumerge las conciencias en historias sencillas, pero que conectan con el oyente.

Eso sí, lo concreto de las letras permite que haya un ancla en el mundo real. No se trata de un lugar de ensueño, donde el acto de tocar, besar, desear o amar quede restringido a acciones sin consecuencias. En las canciones de Cigarettes After Sex –y en especial en su LP homónimo– existen detalles concretos, corazones rotos (“Sweet”), ilusiones que se traducen en metáforas demasiado directas (“Opera House”) o la cotidianidad de una cama (“K”). No hay mucho que esconder cuando el olor a tabaco continúa en el dormitorio o cuando la brisa de la madrugada pega en los hombros, porque en medio de un ambiente idílico reside lo humano, a través del contacto físico y/o emocional.

A eso termina refiriendo la banda, entre un minimalismo elegante y sexy, a lo humano, a lo que puede errar, a lo que puede doler, y también a lo crudo e insensible (“Young & Dumb”), donde Gonzalez es capaz de culpar a su objeto de deseo de forma misógina por despecho, y aun así sonar como si pudiera convencer a cualquiera de seguirlo, a él y a sus palabras. El mundo de Cigarettes After Sex no es perfecto, se repleta de cenizas, ropa revuelta, olor a humo, a fluidos corporales, a alcohol, a ausencia, de dolores y palabras envueltas en rocas y cemento. El difícil terreno de lo carnal y lo ecléctico se funde en medio de imperfecciones que otorgan la calidez necesaria para que las canciones y los sonidos no se queden en axiomas vacíos, sino que realmente puedan generar una conexión significativa. Y en ese tipo de construcción narrativa y musical es que Cigarettes After Sex se ha vuelto una banda necesaria de escuchar y sentir. Bien adentro. Humanamente.

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