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Fall Out Boy: Arduo camino hacia la madurez

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Escuchar la palabra Fall Out Boy, puede ser sinónimo de nostalgia para muchos que crecimos durante la primera década del nuevo milenio, y bandas como la mencionada eran pan de cada día en las radioemisoras y canales de televisión especializados. Es que sumados a sus cuatro años de receso, la flama que una vez brilló vigorosa, desapareció del mapa de un día para otro, por lo menos para el gran público, y de pronto Fall Out Boy pasó a ser una agrupación más para recordar una mejor (o peor) época. Pero durante la historia de la música, y de la gran industria, siempre ha existido lugar para los regresos y las reuniones, y un retorno que llegó de manera inesperada –y que alegró a muchos, de hecho- fue el de la banda de Illinois liderada por Patrick Stump, hombre que parece estar viviendo una etapa totalmente significativa de su vida y carrera, ahora trabajando en favor del grupo en vez de sus intereses propios. El frontman parece haber madurado y así también Fall Out Boy, agrupación que llega por segunda vez a Chile y de quienes revisamos los hitos que han marcado su carrera hasta la nueva era que viven estos días.

Menos serio, más serio

FALL OUT BOY THE SIMPSONS“Un proyecto fácil y escapista”.Así es como definió Pete Wentz a la agrupación que más tarde se convertiría en Fall Out Boy. El bajista era una figura reconocible de la escena del hardcore punk en Chicago, participando en numerosas bandas que iban desde el metalcore hasta el punk más purista. Con mensajes que incitaban al activismo político y la protesta ciudadana, Wentz se vio decepcionado cuando la escena decidió dejar estos temas de lado y concentrarse en la intensidad de la música para dedicarse a moshear. En este período fue cuando el músico decidió crear un proyecto para escapar y hacer algo “menos serio”. Fue así como se unió a  Joe Trohman en la guitarra, y a Patrick Stump, quien en ese entonces las hacía de baterista en una banda grindcore llamada Xgrinding processX, y estaba preparado para realizar lo propio en este nuevo proyecto, pero unas grabaciones alojadas en una página web, de él tocando guitarra acústica y cantando, convencieron a su compañeros que debían probarlo como guitarrista y vocalista, puesto que finalmente se ganó Stump. Un par de tocatas más adelante, lo último que faltaba por debatir era el nombre de la banda. Siendo unos fanáticos empedernidos de la serie animada “The Simpsons”, la banda tenía en la lista de posibles nombres para el grupo el de “Fallout Boy”, o como lo conocemos en la traducción latina de la serie, “Niño Fisión”. Tomaron ese nombre por un tiempo y, aunque quisieron rebautizarse por uno “más serio”, la insistencia de los fanáticos terminó por convencer a la banda de tomar el nombre del personaje de la popular serie norteamericana. Fall Out Boy había nacido.

El éxito y los problemas

Denominados como “the next big thing”, Fall Out Boy no tardó en convertirse en un fenómeno de masas. Su debut discográfico, “Take This To Your Grave” (2003), los presentó al mundo como la nueva sensación del punk rock, con harto de pop también, listos para dar el gran salto, el cual finalmente concretaron con el lanzamiento de su segundo disco “From Under The Cork Tree” (2005). Sencillos como “Sugar, We’re Goin Down” y “Dance, Dance” hacían estragos en los rankings radiales, fruto de un intenso trabajo de composición, el cual fue reiniciado un montón de veces debido a la inconformidad FALL OUT BOY 01del grupo con el nuevo material. Sin embargo, el éxito comercial no se equiparaba a las desdichas que ocurrían dentro del grupo, protagonizados en su mayoría por Wentz, cuya avanzada depresión lo llevó a intentar quitarse la vida. Estos problemas fueron los que poco a poco comenzaron a desgastar al conjunto, problemas que fueron acrecentándose con el tiempo, a pesar de que la banda se las arregló para editar dos placas más antes de su separación temporal.

Un nuevo escape

Acumulando un montón de problemas internos y personales, las cosas llegaron a un punto de ebullición que obligaron a sus integrantes a tomar la decisión de parar por un tiempo indefinido. Un descanso de los excesos y la necesidad de hacerse cargo de problemas personales, como la profunda depresión por la que pasaba el baterista Andy Hurley, y la adicción a los medicamentos de Pete Wentz, pusieron un alto a la trayectoria de Fall Out Boy. De pronto sus integrantes necesitaban de un nuevo escape, y es así cómo muchos se enfocaron en proyectos personales, con mayor o menor éxito. Stump lanzó el disco “Soul Punk” (2011) bajo su nombre, el cual fue un fracaso comercialmente y, peor aún, los fanáticos que lo iban a ver a sus shows como solista lo insultaban con frases del estilo “nos agradabas más cuando eras gordo”. Por su parte, Wentz formó el dúo electrónico Black Cards junto a Spencer Peterson, para lanzar el EP “Use Your Disillusion” (2012), con un mediano éxito. Hurley se enfocó en tocar la batería junto a varias bandas, destacando el súper grupo The Damned Things, cuya alineación fue completada por Scott Ian y Rob Caggiano de Anthrax, y Keith Buckley de Every Time I Die. Si bien, ninguno de estos proyectos superó lo logrado con Fall Out Boy, el tiempo dedicado a ellos por separado sirvió para que los músicos se dieran un respiro de cuatro años, lo que a la postre los reencantaría con su antigua banda y los haría volver con todo el año 2013 con el disco “Save Rock And Roll”, el cual trajo de vuelta a este “niño fisión”, claro que ahora más curtido y sabio.

Maduros, pero con alma adolescente

FALL OUT BOY 02Luego de la salida de “Save Rock And Roll”, muchos aplaudieron la evolución sonora del grupo, señalando el crecimiento de sus integrantes, que ahora eran capaces de entregar mayores matices a su producto y cierto aire de madurez en su postura como banda, haciéndonos pensar que el alma juvenil y desvergonzada de sus primeros años se había marchado por completo, pero estábamos muy equivocados. “PAX AM Days” (2013) es un EP que salió sólo seis meses después de su último larga duración, y que sorprendió a propios y a extraños, porque en sus menos de catorce minutos de duración, muestra a un grupo de músicos moviéndose como verdaderos quinceañeros lanzando punk  y rock desenfrenado a las masas, como si nada importara, como si fuera un verdadero escape. Alejados de cualquier obligación con un sello o con ellos mismos, el último registro de Fall Out Boy viene a reflejar que, aunque los años pasen y la madurez haya llegado a sus vidas, la banda mantiene su esencia: la de ser un salida liviana y directa. El concepto queda patente en los ocho cortes de “PAX AM Days” y nos dejan ver que, por mucha madurez que se quiera acuñar a sus integrantes, el alma adolescente nunca muere.

Por Sebastián Zumelzu

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Especial En Órbita 2017: Cigarettes After Sex

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Cigarettes After Sex

Un cenicero con los restos de cigarros recién apagados. Ventanas con las cortinas cerradas. Ropa interior en el suelo, en una silla, en medio de las sábanas o los cojines. ¿Solo o acompañado? ¿Luces prendidas o apagadas? ¿Imaginación, sueño o realidad palpable? Los ambientes que genera Cigarettes After Sex en sus canciones pintan imágenes complejas, ponen espejos al frente, y permiten la intermitencia entre brillantez y opacidad, porque el amor, el sexo, la soledad, y todo lo que esté entremedio, son puestos en la lupa sonora del cuarteto liderado por Greg Gonzalez.

Aunque con EP “I” (2012) habían tenido una notoriedad clara y su manera de ver al pop estaba de manifiesto, ciertamente había terminaciones que pulir y escenarios que iluminar más allá de lo teatral. En su álbum debut homónimo, salido en junio pasado, Cigarettes After Sex consigue salir de lo esquemático que podría ser su tipo de composición, y así las cosas fluyen. En vez de andar a tropiezos con las piezas de ropa que caen, todo puede ir un poco más lento, pero con más seguridad en los recursos y movidas a utilizar. En la habitación que se llena del sonido de los norteamericanos ya no es necesario tropezar al andar, porque cada movimiento tiene un impulso natural, entre un dreampop elegante y una manera oscura de plantar el ambient, entre una voz aterciopelada y bajos y ritmos profundos.

Quizás el rubro donde le falte cierta experiencia a la banda sea en las letras, que no consiguen la delicadeza que la interpretación en instrumentos y voz sugieren, pero también es parte del aprendizaje. Quizás son las palabras que se meten entre los cuerpos y que traban el correr de la sangre, que hielan las manos y convergen en la necesidad de seguir adelante, porque lo que consigue musicalmente Cigarettes After Sex no es sólo remitir a lo que ocurre en pareja, trío, o grupo de gente que se busca entre el amor, odio, lujuria y ausencia, sino que armar recuerdos que se puedan esconder en los beats de un bajo casi tan protagonista en la melodía como la voz de Greg, que entre tul y cuero sumerge las conciencias en historias sencillas, pero que conectan con el oyente.

Eso sí, lo concreto de las letras permite que haya un ancla en el mundo real. No se trata de un lugar de ensueño, donde el acto de tocar, besar, desear o amar quede restringido a acciones sin consecuencias. En las canciones de Cigarettes After Sex –y en especial en su LP homónimo– existen detalles concretos, corazones rotos (“Sweet”), ilusiones que se traducen en metáforas demasiado directas (“Opera House”) o la cotidianidad de una cama (“K”). No hay mucho que esconder cuando el olor a tabaco continúa en el dormitorio o cuando la brisa de la madrugada pega en los hombros, porque en medio de un ambiente idílico reside lo humano, a través del contacto físico y/o emocional.

A eso termina refiriendo la banda, entre un minimalismo elegante y sexy, a lo humano, a lo que puede errar, a lo que puede doler, y también a lo crudo e insensible (“Young & Dumb”), donde Gonzalez es capaz de culpar a su objeto de deseo de forma misógina por despecho, y aun así sonar como si pudiera convencer a cualquiera de seguirlo, a él y a sus palabras. El mundo de Cigarettes After Sex no es perfecto, se repleta de cenizas, ropa revuelta, olor a humo, a fluidos corporales, a alcohol, a ausencia, de dolores y palabras envueltas en rocas y cemento. El difícil terreno de lo carnal y lo ecléctico se funde en medio de imperfecciones que otorgan la calidez necesaria para que las canciones y los sonidos no se queden en axiomas vacíos, sino que realmente puedan generar una conexión significativa. Y en ese tipo de construcción narrativa y musical es que Cigarettes After Sex se ha vuelto una banda necesaria de escuchar y sentir. Bien adentro. Humanamente.

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