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Especial RockOut Fest 2016: The Offspring

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Eran los rebeldes años 90, cuando un nuevo movimiento surgía con el fin de resucitar al punk. Bandas como NOFX, Bad Religion o Rancid, lideraban una revolución para traer de vuelta las raices de un estilo que ya no estaba en sus años de gloria. Bajo ese concepto, se albergaron en la etiqueta del “punk rock californiano”, generando un fenómeno tanto musical como en ventas, y de paso escribiendo su nombre para la eternidad en los libros de la historia musical. Una de las bandas que más destacó dentro de esta camada fue The Offspring, quienes, con su punk rock orientado hacia el Skate, lograron amasar una legión de seguidores, llevando sus álbumes a lo más alto de las listas. Queda muy poco para que la banda regrese a nuestro país para presenciar como Dexter Holland, Greg K., Noodles y Pete Parada desplegarán su show lleno de energía, vitalidad y mucha adrenalina, prometiendo una horda de mosh pits en el Estadio Santa Laura, cuando sean parte de la segunda edición del RockOut Fest.

THE OFFSPRING 01Pero, ¿qué fue lo que hizo tan exitosos a estos tipos oriundos de California? Muchos no logran entender de qué manera consiguieron tamaño reconocimiento en la escena, tanto norteamericana como mundial. Lo cierto es que, si hablamos netamente en temas de permanencia, su fenómeno es muy similar al ocurrido con Limp Bizkit, sin caer en comparaciones musicales, puesto que fueron los encargados de darle voz a una fracción de la juventud noventera norteamericana, dejando ese mensaje como una especie de legado hacia los años venideros. Ese “desenfreno y liberación” del que hablábamos en la reseña del show de la banda el año 2013 está presente en cada disco de su catálogo, desde “The Offspring” (1989) a “Days Go By” (2012), permitiendo que una generación completa se identificara con canciones como “Bad Habit”, “The Kids Aren’t Alright” o “Why Don’t You Get A Job?”.

El catálogo contundente está, de eso no hay duda, pero The Offspring no se queda solamente en aquello, ya que defienden muy bien en vivo sus discos llenos de energía y vitalidad. Es difícil por lo general que una banda suene íntegramente igual al estudio, pero Holland y compañía cumplen a cabalidad con esa función. Lo que la agrupación entrega en directo es una fiesta de principio a fin, un ritual donde se genera una conexión única entre artista y público; todos son una un gran voz que corea esos himnos que musicalizaron épocas pasadas, cuando la juventud afloraba, las responsabilidades eran menores, y todo era mucho más fácil de lo que es hoy. Muchos clamarán por escuchar canciones de “Smash” (1994) o “Americana” (1998), dos de las producciones más amadas por los fanáticos, y tan equivocados no están, porque la banda vaya que les da en el gusto armando un set repleto de lo mejor de su repertorio. Con esto, el karaoke masivo está asegurado.

THE OFFSPRING 02Es interesante imaginar como será esta nueva visita del cuarteto, ya que el hecho de que se desarrolle en un contexto de festival hará que el marco de público sea más extenso que en ocasiones anteriores. Eso es lo entretenido de los festivales, el ambiente que se genera en una audiencia que va dispuesta a todo. The Offspring tendrá la tarea de echarse a ese público al bolsillo, uno que no irá en su totalidad por ellos, pero que se entregará a una presentación que no estará ajena a sus conocimientos.

Canciones conocidas por la mayoría, de esas que sonaron alguna vez en las radios. Son pocas las bandas que pueden generar eso: pararse en el escenario de un festival y hacer cantar a todos los presentes. No hay edad para la música, tampoco para sentirse joven de espíritu; lo que es claro en The Offspring es ese poder que tiene de devolverle esos años pasados a todo el que cante y vibre con sus composiciones el próximo 3 de septiembre. Los años pasan, pero las canciones quedan.

Por Manuel Cabrales

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1 Comentario

1 Comentario

  1. Punketa

    03-Sep-2016 en 2:12 am

    El mejor concieto fue el del 97, ese sí ke fue bueno. El del 2013 un askooo-

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Especial En Órbita 2017: Cigarettes After Sex

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Cigarettes After Sex

Un cenicero con los restos de cigarros recién apagados. Ventanas con las cortinas cerradas. Ropa interior en el suelo, en una silla, en medio de las sábanas o los cojines. ¿Solo o acompañado? ¿Luces prendidas o apagadas? ¿Imaginación, sueño o realidad palpable? Los ambientes que genera Cigarettes After Sex en sus canciones pintan imágenes complejas, ponen espejos al frente, y permiten la intermitencia entre brillantez y opacidad, porque el amor, el sexo, la soledad, y todo lo que esté entremedio, son puestos en la lupa sonora del cuarteto liderado por Greg Gonzalez.

Aunque con EP “I” (2012) habían tenido una notoriedad clara y su manera de ver al pop estaba de manifiesto, ciertamente había terminaciones que pulir y escenarios que iluminar más allá de lo teatral. En su álbum debut homónimo, salido en junio pasado, Cigarettes After Sex consigue salir de lo esquemático que podría ser su tipo de composición, y así las cosas fluyen. En vez de andar a tropiezos con las piezas de ropa que caen, todo puede ir un poco más lento, pero con más seguridad en los recursos y movidas a utilizar. En la habitación que se llena del sonido de los norteamericanos ya no es necesario tropezar al andar, porque cada movimiento tiene un impulso natural, entre un dreampop elegante y una manera oscura de plantar el ambient, entre una voz aterciopelada y bajos y ritmos profundos.

Quizás el rubro donde le falte cierta experiencia a la banda sea en las letras, que no consiguen la delicadeza que la interpretación en instrumentos y voz sugieren, pero también es parte del aprendizaje. Quizás son las palabras que se meten entre los cuerpos y que traban el correr de la sangre, que hielan las manos y convergen en la necesidad de seguir adelante, porque lo que consigue musicalmente Cigarettes After Sex no es sólo remitir a lo que ocurre en pareja, trío, o grupo de gente que se busca entre el amor, odio, lujuria y ausencia, sino que armar recuerdos que se puedan esconder en los beats de un bajo casi tan protagonista en la melodía como la voz de Greg, que entre tul y cuero sumerge las conciencias en historias sencillas, pero que conectan con el oyente.

Eso sí, lo concreto de las letras permite que haya un ancla en el mundo real. No se trata de un lugar de ensueño, donde el acto de tocar, besar, desear o amar quede restringido a acciones sin consecuencias. En las canciones de Cigarettes After Sex –y en especial en su LP homónimo– existen detalles concretos, corazones rotos (“Sweet”), ilusiones que se traducen en metáforas demasiado directas (“Opera House”) o la cotidianidad de una cama (“K”). No hay mucho que esconder cuando el olor a tabaco continúa en el dormitorio o cuando la brisa de la madrugada pega en los hombros, porque en medio de un ambiente idílico reside lo humano, a través del contacto físico y/o emocional.

A eso termina refiriendo la banda, entre un minimalismo elegante y sexy, a lo humano, a lo que puede errar, a lo que puede doler, y también a lo crudo e insensible (“Young & Dumb”), donde Gonzalez es capaz de culpar a su objeto de deseo de forma misógina por despecho, y aun así sonar como si pudiera convencer a cualquiera de seguirlo, a él y a sus palabras. El mundo de Cigarettes After Sex no es perfecto, se repleta de cenizas, ropa revuelta, olor a humo, a fluidos corporales, a alcohol, a ausencia, de dolores y palabras envueltas en rocas y cemento. El difícil terreno de lo carnal y lo ecléctico se funde en medio de imperfecciones que otorgan la calidez necesaria para que las canciones y los sonidos no se queden en axiomas vacíos, sino que realmente puedan generar una conexión significativa. Y en ese tipo de construcción narrativa y musical es que Cigarettes After Sex se ha vuelto una banda necesaria de escuchar y sentir. Bien adentro. Humanamente.

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