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Especial Lollapalooza Chile 2017: Duran Duran

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La trayectoria muchas veces es un peso grande. Una larga carrera produce que haya expectativas, algo a lo que rendirle cuentas, además de la existencia creciente de fanáticos estáticos que no ven con buenos ojos la dinámica de la reinvención. Pero eso nunca le ha importado a Duran Duran. Mientras muchas bandas pop de los 80 parecen estar condenadas a ser objetos de nostalgia, DD hace el esfuerzo de evitar las arenas movedizas de la memoria estática. Sí, es raro ver a tipos de más de 50 años de edad vestirse como estrellas adolescentes, pero su conexión con los sonidos del momento y el esfuerzo por nunca perderse del radar del presente es encomiable, y hace que su legado se extienda cada vez más.

“Paper Gods” fue el último episodio de la amplia discografía del conjunto y, como siempre, resulta ser un desfile de figuras actuales que se moldean de forma adecuada a los sintetizadores y al aterciopelado pop que arma el cuarteto. En el disco lanzado en 2015 están Mark Ronson, Janelle Monáe, Mr Hudson, John Frusciante y Kiesza, además de Nile Rodgers, viejo conocido de DD. No es casual hablar de “desfile” si pensamos en la relación de la banda con la moda y las últimas tendencias. Incluso en el video de “Girl Panic!”, lanzado en 2011, aparecen las supermodelos Naomi Campbell, Eva Herzigová, Cindy Crawford y Helena Christensen interpretando a los miembros de Duran Duran. O en 2007, cuando sacaron un disco llamado, “Red Carpet Massacre”. Pero esta fijación con lo chic no deja de implicar un sentido impecable de lo que es una canción pop y cómo hacerla brillar con sofisticación inapelable.

La frivolidad es algo que siempre le ha venido bien a la banda -desde los enfrentamientos en shows de variedades en la TV británica con Spandau Ballet-, por lo que no es un signo de algo malo que esta prime en “Paper Gods”. Si Duran Duran se dedicara a sacar réditos de la mera nostalgia sería algo penoso, por lo tanto, el esfuerzo por mantenerse en la primera línea de la vanguardia pop es valorable cuando los productos que entregan son dignos de atención. El corte “Pressure Off” no usa en su completo potencial a todos los invitados que tiene, ni presenta de forma tan evidente la característica guitarra del hombre de Chic (Rodgers), o la potente voz de Janelle, pero tiene esa cualidad de caer de pie en cualquier chart, tal como ocurre con los tracks que pasan por las perillas de Mark Ronson. En tanto, “Face For Today” inexplicablemente no fue un éxito, pese a su carácter más épico, algo que también es transmitido en “What Are The Chances?”, donde John Frusciante aparece poco, pero cambia el contexto para entregar esa profundidad que a veces necesita el más superficial de los espacios.

Ya en “All You Need Is Now” (2010) se anticipaba que no volverían atrás, valiéndose de Mark Ronson desde ese instante, asegurándose esa sabiduría en materia de producción. Ronson sabe muy bien cómo hacer que lo nuevo tenga aires a lo antiguo, sin caer en el pastiche o la copia sin vergüenza. Y con gente como Simon Le Bon o Nick Rhodes, quienes entienden cómo funciona el negocio, y lo necesario de la pasarela como símbolo de presencia, sin duda que Ronson tuvo material.

La historia de Duran Duran es muy rica, y la cantidad de éxitos cosechados a lo largo de casi cuatro décadas de carrera es impactante, pero el impulso inércico que a muchos les gana la batalla no puede con un DD que admira el presente y añora el futuro. No se trata de un deseo conseguido sin fallas, y los tres últimos álbumes de Duran Duran no son ni serán clásicos de la historia de la música, pero en vivo se nota ese fuego de la ambición, esa idea de la permanencia sin regalos, ganada en el pulso de las intenciones; esa que late con fuerza propia y que difícilmente se extinga pronto.

Por Manuel Toledo-Campos

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Especial En Órbita 2017: Cigarettes After Sex

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Cigarettes After Sex

Un cenicero con los restos de cigarros recién apagados. Ventanas con las cortinas cerradas. Ropa interior en el suelo, en una silla, en medio de las sábanas o los cojines. ¿Solo o acompañado? ¿Luces prendidas o apagadas? ¿Imaginación, sueño o realidad palpable? Los ambientes que genera Cigarettes After Sex en sus canciones pintan imágenes complejas, ponen espejos al frente, y permiten la intermitencia entre brillantez y opacidad, porque el amor, el sexo, la soledad, y todo lo que esté entremedio, son puestos en la lupa sonora del cuarteto liderado por Greg Gonzalez.

Aunque con EP “I” (2012) habían tenido una notoriedad clara y su manera de ver al pop estaba de manifiesto, ciertamente había terminaciones que pulir y escenarios que iluminar más allá de lo teatral. En su álbum debut homónimo, salido en junio pasado, Cigarettes After Sex consigue salir de lo esquemático que podría ser su tipo de composición, y así las cosas fluyen. En vez de andar a tropiezos con las piezas de ropa que caen, todo puede ir un poco más lento, pero con más seguridad en los recursos y movidas a utilizar. En la habitación que se llena del sonido de los norteamericanos ya no es necesario tropezar al andar, porque cada movimiento tiene un impulso natural, entre un dreampop elegante y una manera oscura de plantar el ambient, entre una voz aterciopelada y bajos y ritmos profundos.

Quizás el rubro donde le falte cierta experiencia a la banda sea en las letras, que no consiguen la delicadeza que la interpretación en instrumentos y voz sugieren, pero también es parte del aprendizaje. Quizás son las palabras que se meten entre los cuerpos y que traban el correr de la sangre, que hielan las manos y convergen en la necesidad de seguir adelante, porque lo que consigue musicalmente Cigarettes After Sex no es sólo remitir a lo que ocurre en pareja, trío, o grupo de gente que se busca entre el amor, odio, lujuria y ausencia, sino que armar recuerdos que se puedan esconder en los beats de un bajo casi tan protagonista en la melodía como la voz de Greg, que entre tul y cuero sumerge las conciencias en historias sencillas, pero que conectan con el oyente.

Eso sí, lo concreto de las letras permite que haya un ancla en el mundo real. No se trata de un lugar de ensueño, donde el acto de tocar, besar, desear o amar quede restringido a acciones sin consecuencias. En las canciones de Cigarettes After Sex –y en especial en su LP homónimo– existen detalles concretos, corazones rotos (“Sweet”), ilusiones que se traducen en metáforas demasiado directas (“Opera House”) o la cotidianidad de una cama (“K”). No hay mucho que esconder cuando el olor a tabaco continúa en el dormitorio o cuando la brisa de la madrugada pega en los hombros, porque en medio de un ambiente idílico reside lo humano, a través del contacto físico y/o emocional.

A eso termina refiriendo la banda, entre un minimalismo elegante y sexy, a lo humano, a lo que puede errar, a lo que puede doler, y también a lo crudo e insensible (“Young & Dumb”), donde Gonzalez es capaz de culpar a su objeto de deseo de forma misógina por despecho, y aun así sonar como si pudiera convencer a cualquiera de seguirlo, a él y a sus palabras. El mundo de Cigarettes After Sex no es perfecto, se repleta de cenizas, ropa revuelta, olor a humo, a fluidos corporales, a alcohol, a ausencia, de dolores y palabras envueltas en rocas y cemento. El difícil terreno de lo carnal y lo ecléctico se funde en medio de imperfecciones que otorgan la calidez necesaria para que las canciones y los sonidos no se queden en axiomas vacíos, sino que realmente puedan generar una conexión significativa. Y en ese tipo de construcción narrativa y musical es que Cigarettes After Sex se ha vuelto una banda necesaria de escuchar y sentir. Bien adentro. Humanamente.

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