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Especial Lollapalooza 2013: Tomahawk

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Como a uno más de la casa recibimos a Mike Patton cada vez que regresa a nuestro país, el lugar que se ha convertido en asidero para sus creaciones más personales y experimentales, atrayendo siempre a un grupo no menor de fieles dispuestos a sumergirse en la mente de un hombre que parece no tomar descanso. El año pasado fue uno sin Patton, vacío que aumentó la ansiedad de los fanáticos que, a finales de 2012, se enteraron de que uno de los proyectos más potentes del músico estaría presente en la próxima edición de Lollapalooza. Claro que antes de enfrentarse a Tomahawk, hay que tener en claro un par de cuestiones. Sin duda, el nombre de Mike Patton es el gancho principal para acercarse al espectáculo, pero este no es un proyecto completamente moldeado por el músico, sino que estamos ante una verdadera superbanda, en cuyas filas desfilan exponentes insignes del rock underground estadounidense, quienes vienen a ser los verdaderos cerebros detrás del sonido de Tomahawk.

TOMAHAWK 01Duane Denison, guitarrista y miembro fundador de la extinta banda de noise de culto, The Jesus Lizard, comenzó a enviar cintas con grabaciones a Mike Patton, quien se encontraba viviendo el ocaso de Mr. Bungle y el apogeo de Fantômas. Surgió la idea de colaborar y así fue como sumaron a la agrupación a John Stanier, baterista de los clásicos Helmet y los más recientes Battles; y finalmente a Kevin Rutmanis, bajista de The Melvins. El cuarteto tomaría el nombre de Tomahawk en honor a la mortal hacha que portaban los nativos americanos, para dar forma a una banda que se nutre de las influencias de un colectivo de lujo, logrando poner en un balance perfecto la calidad técnica de sus integrantes, la libertad que entrega la experimentación y la noción de crear un producto accesible para todo tipo de público, no por nada durante mucho tiempo se sostuvo la idea de que Tomahawk era lo más “escuchable” que había realizado Mike Patton desde sus días en Faith No More.

El sonido de la guitarra de Denison se convirtió en el puntal de la propuesta de la banda, apoyado en la base de la precisa batería de Stanier y el bajo de Rutmanis. Mike Patton, por su parte, siempre haciendo de las suyas, volviendo a demostrar la versatilidad de su voz, que al igual que en Fantômas, adquiría la capacidad de mutar hacía formas inimaginables, cortesía de una serie de sintetizadores y efectos que se han transformado en uno de los principales fetiches del vocalista. Bajo esta fórmula fue lanzado durante el año 2001 el disco homónimo de los americanos, quienes no tardaron en llamar la atención, primero por su espectacular formación, y luego por su material que iba desde lo lúgubre de temas como “101 North”, hasta lo perturbador de “Flashback” o “God Hates A Coward”, nunca inquietando con complejas estructuras ni delirios de experimentación, sino que por el propio poder de las atmósferas y un cierto hálito de cinismo y crueldad en sus letras y sonidos.

TOMAHAWK 02No tardaron demasiado en seguir con un nuevo lanzamiento, siendo “Mit Gas” (2003) el disco más popular de la banda, con el cual salieron del mundo subterráneo para arremeter con temas como “Rape This Day” y “Mayday”, que a más de alguno recordaron los años de “King For A Day… Fool For A Lifetime” (1995) en Faith No More, por el simple hecho de tener a un Mike Patton desgarrándose en cada nota de sus agresivas letras. Por un lado, “Mit Gas” se desprendía del hermetismo y noción más underground del disco debut, para llegar a lugares más extremos, pudiendo confirmarse una mayor presencia de Patton en el proceso creativo, aunque este siempre ha señalado que “el jefe” en Tomahawk no es precisamente él.

Rencillas dentro del grupo, sobre todo por parte de Rutmanis, quien en reiteradas ocasiones se declaró incomodo dentro del grupo, sumado al poco tiempo para reunirse a componer debido a los diferentes proyectos en los que estaban involucrados cada uno de sus integrantes, pusieron a Tomahawk en un receso discográfico de cuatro años. Bajo este ambiente de tensión se dio a luz a “Anonymous” (2007), tercer disco de Tomahawk, y el que más se sale de los parámetros de los estadounidenses. Para el registro se tomaron como base las composiciones de los nativos norteamericanos, las cuales Denison descubrió en sus viajes por tierras indígenas y en un libro que adquirió, en el cual se encontraban una serie de piezas musicales escritas por compositores anónimos, de ahí el nombre del álbum, que se transformó en un trabajo totalmente conceptual y en el punto de quiebre para el cuarteto, que ahora pasaba a ser un trío, ya que Rutmanis salía definitivamente de la banda, incluso durante la preparación de “Anonymous”, proceso del que el bajista jamás se enteró.

TOMAHAWK 03Así es como Tomahawk volvía a quedar a la deriva, hasta el año pasado, cuando el trío anunciaba la integración de un nuevo talento para cubrir el puesto de Rutmanis, siendo Trevor Dunn, histórico recurrente en gran parte del trabajo de Patton desde Mr. Bungle hasta Mondo Cane, como el nuevo bajista del grupo. Es así como lanzaron al mercado “Oddfellows” (2013), precedido por el box set compilatorio “Eponymous To Anonymous” (2012), devolviendo a la banda a los sonidos de sus dos primeros discos, quizás sin alcanzar la misma frescura que en esos álbumes, pero confirmándonos que las mentes maestras habían regresado a su causal para seguir asaltando al mundo con su rock/pop/alternativo/experimental.

Tomahawk se presentará en dos fechas durante este Lollapalooza, primero en un sideshow imperdible en la Cúpula del Parque O´Higgins el próximo 4 de abril, para luego pasar al escenario principal del festival el día domingo 7 de abril. En ambos shows podremos vivenciar de forma directa la consolidación de esta banda de súper músicos.

Por Sebastián Zumelzu

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1 Comentario

1 Comentario

  1. Natalia Farias

    02-Abr-2013 en 2:24 am

    TeAmo Patton!!

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Especial En Órbita 2017: Cigarettes After Sex

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Cigarettes After Sex

Un cenicero con los restos de cigarros recién apagados. Ventanas con las cortinas cerradas. Ropa interior en el suelo, en una silla, en medio de las sábanas o los cojines. ¿Solo o acompañado? ¿Luces prendidas o apagadas? ¿Imaginación, sueño o realidad palpable? Los ambientes que genera Cigarettes After Sex en sus canciones pintan imágenes complejas, ponen espejos al frente, y permiten la intermitencia entre brillantez y opacidad, porque el amor, el sexo, la soledad, y todo lo que esté entremedio, son puestos en la lupa sonora del cuarteto liderado por Greg Gonzalez.

Aunque con EP “I” (2012) habían tenido una notoriedad clara y su manera de ver al pop estaba de manifiesto, ciertamente había terminaciones que pulir y escenarios que iluminar más allá de lo teatral. En su álbum debut homónimo, salido en junio pasado, Cigarettes After Sex consigue salir de lo esquemático que podría ser su tipo de composición, y así las cosas fluyen. En vez de andar a tropiezos con las piezas de ropa que caen, todo puede ir un poco más lento, pero con más seguridad en los recursos y movidas a utilizar. En la habitación que se llena del sonido de los norteamericanos ya no es necesario tropezar al andar, porque cada movimiento tiene un impulso natural, entre un dreampop elegante y una manera oscura de plantar el ambient, entre una voz aterciopelada y bajos y ritmos profundos.

Quizás el rubro donde le falte cierta experiencia a la banda sea en las letras, que no consiguen la delicadeza que la interpretación en instrumentos y voz sugieren, pero también es parte del aprendizaje. Quizás son las palabras que se meten entre los cuerpos y que traban el correr de la sangre, que hielan las manos y convergen en la necesidad de seguir adelante, porque lo que consigue musicalmente Cigarettes After Sex no es sólo remitir a lo que ocurre en pareja, trío, o grupo de gente que se busca entre el amor, odio, lujuria y ausencia, sino que armar recuerdos que se puedan esconder en los beats de un bajo casi tan protagonista en la melodía como la voz de Greg, que entre tul y cuero sumerge las conciencias en historias sencillas, pero que conectan con el oyente.

Eso sí, lo concreto de las letras permite que haya un ancla en el mundo real. No se trata de un lugar de ensueño, donde el acto de tocar, besar, desear o amar quede restringido a acciones sin consecuencias. En las canciones de Cigarettes After Sex –y en especial en su LP homónimo– existen detalles concretos, corazones rotos (“Sweet”), ilusiones que se traducen en metáforas demasiado directas (“Opera House”) o la cotidianidad de una cama (“K”). No hay mucho que esconder cuando el olor a tabaco continúa en el dormitorio o cuando la brisa de la madrugada pega en los hombros, porque en medio de un ambiente idílico reside lo humano, a través del contacto físico y/o emocional.

A eso termina refiriendo la banda, entre un minimalismo elegante y sexy, a lo humano, a lo que puede errar, a lo que puede doler, y también a lo crudo e insensible (“Young & Dumb”), donde Gonzalez es capaz de culpar a su objeto de deseo de forma misógina por despecho, y aun así sonar como si pudiera convencer a cualquiera de seguirlo, a él y a sus palabras. El mundo de Cigarettes After Sex no es perfecto, se repleta de cenizas, ropa revuelta, olor a humo, a fluidos corporales, a alcohol, a ausencia, de dolores y palabras envueltas en rocas y cemento. El difícil terreno de lo carnal y lo ecléctico se funde en medio de imperfecciones que otorgan la calidez necesaria para que las canciones y los sonidos no se queden en axiomas vacíos, sino que realmente puedan generar una conexión significativa. Y en ese tipo de construcción narrativa y musical es que Cigarettes After Sex se ha vuelto una banda necesaria de escuchar y sentir. Bien adentro. Humanamente.

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