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Especial Lollapalooza 2013: The Hives

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10 de Septiembre del año 2008. La algarabía es total en el Teatro Caupolicán, y no es solamente porque la selección acaba de golear por 4 a0 a Colombia (qué tiempos aquellos). En el escenario se encuentra una banda que maneja a la perfección el arte de las presentaciones en vivo y el público se encuentra completamente a merced de su frontman (y de su español que hizo que más de uno se sonrojara de vergüenza ajena). Suena “Return The Favour” y a pesar de que a esa altura las energías flaquean, la catarsis se apodera de todos los presentes. No se necesitan grandes juegos de luces ni complicadas puestas en escena, sólo cinco músicos (que deben estar obviamente bien uniformados) para hacer explotar un recinto ávido de Rock & Roll. Y es que a estas alturas pareciera que fuera un cliché, pero la gran fortaleza de The Hives radica en sus presentaciones en vivo, provistas de una locura que hace que hasta el más de los pacatos sucumba y se sume a la fiesta.

THE HIVES 01Lo acontecido ese 10 de Septiembre de 2008 en el Teatro Caupolicán, ha sido recordado de manera más que entusiasta por quienes tuvieron la suerte de presenciar el que, para muchos, fue uno de los mejores (sino el mejor) shows de dicho año. Un año que vio también las notables presentaciones de bandas como Muse o Black Rebel Motorcycle Club, por lo que la vara estaba bastante alta.

Descontrol y pulcritud. Dos valores prácticamente antagónicos que han guiado la carrera de estos muchachos provenientes de Suecia. Cada uno de sus discos es realizado con una precisión casi de relojería, y eso muchas veces atenta contra la paciencia de sus fanáticos. Casi cuatro años demoraron en completar “Tyrannosaurus Hives” (2004), el sucesor de su exitoso disco “Veni Vidi Vicious” (2000). Tres años pasarían para que “The Black And White Album” viera la luz del día. Y si de torturas se trata, “Lex Hives” demoró casi cinco años. La explicación de esto radica en que para The Hives nada debe ser dejado al azar. Ni la ridícula historia de cómo su manager, Randy Fitzsimmons, es el autor de todas sus canciones, ni la elección de sus colaboradores (como por ejemplo Pharrel Williams y Chaad Hugo en “The Black And White Album”), ni la estética que acompañará a cada álbum y a la gira que le sucederá. Todo tiene un propósito, y eso se ve reflejado al momento en que Pelle Almqvist, Nicholaus Arson, Vigilante Carlstroem, Dr. Matt Destruction y Chris Dangerous ponen pie en el escenario. Ya sea con “Come On”, THE HIVES 02“Hey Little World” o “Abra Cadaver”, el inicio del show parte con alguna canción que probablemente fue hecha para cumplir específicamente con ese propósito. Y esa es una filosofía que no muchas bandas comparten. Hace años los californianos de Fu Manchu señalaban que la mayoría de las bandas lanzaban un disco para luego partir en una gira que promocionaría dicho álbum. Ellos, en cambio, usaban los discos como una excusa para salir de gira. Y eso es algo sumamente similar a lo que The Hives hace. Casi como si el álbum fuera un medio y no necesariamente el fin.

David Bowie señaló que el Internet (o mejor dicho, la piratería) obligaría a muchos artistas a salir de sus mansiones para volver a los escenarios y darle a sus fanáticos algo que no pudieran obtener de manera gratuita en un sitio Web o en un programa de descargas. El live show se transformaría en el centro de la vida de un artista, y quienes no se adaptaran a dicho cambio estarían destinados a extinguirse. Ese cambio de paradigma no afectó en lo más mínimo a esta banda, la cual, al igual que otras agrupaciones de su tierra natal (como The Hellacopters, The Soundtrack Of Our Lives, Division Of THE HIVES 03Laura Lee, entre otras), aprendió de manera muy temprana que es en el escenario donde se alcanza la gloria. Y los años de práctica le han permitido jugar de local en cualquier lugar del planeta. Y ya sea con “Patrolling Days”, “A.K.A I-D-I-O-T”, “Die, Allright” o “Return The Favour”, la locura se apoderará del Claro Stage, no queda ninguna duda al respecto.

Lo único que queda por hacer es disfrutar de la discografía de la banda, y por sobre todo de su última obra, “Lex Hives”. Porque para bailar el tango se necesitan dos y, sin una audiencia cómplice, hasta la mejor de las bandas puede verse mal. La pega de ellos la tienen más que hecha; ahora la tarea nos toca a nosotros.

Por Emilio Guerrero

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1 Comentario

1 Comentario

  1. Katu

    26-Mar-2013 en 7:19 pm

    No los pude ver el 2008 aunque ganas no faltaban, como fui por Muse quede sin dinero para más conciertos en esa época xD. Pero estoy segura de que ese show fue buenisimo en el 2008, sobretodo por los comentarios de algunos amigos que si fueron, esta super buena la crítica, me encantan estos suecos porqué al contrario que creen todos suecia no exporta solo metal xD.

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Especial En Órbita 2017: Cigarettes After Sex

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Cigarettes After Sex

Un cenicero con los restos de cigarros recién apagados. Ventanas con las cortinas cerradas. Ropa interior en el suelo, en una silla, en medio de las sábanas o los cojines. ¿Solo o acompañado? ¿Luces prendidas o apagadas? ¿Imaginación, sueño o realidad palpable? Los ambientes que genera Cigarettes After Sex en sus canciones pintan imágenes complejas, ponen espejos al frente, y permiten la intermitencia entre brillantez y opacidad, porque el amor, el sexo, la soledad, y todo lo que esté entremedio, son puestos en la lupa sonora del cuarteto liderado por Greg Gonzalez.

Aunque con EP “I” (2012) habían tenido una notoriedad clara y su manera de ver al pop estaba de manifiesto, ciertamente había terminaciones que pulir y escenarios que iluminar más allá de lo teatral. En su álbum debut homónimo, salido en junio pasado, Cigarettes After Sex consigue salir de lo esquemático que podría ser su tipo de composición, y así las cosas fluyen. En vez de andar a tropiezos con las piezas de ropa que caen, todo puede ir un poco más lento, pero con más seguridad en los recursos y movidas a utilizar. En la habitación que se llena del sonido de los norteamericanos ya no es necesario tropezar al andar, porque cada movimiento tiene un impulso natural, entre un dreampop elegante y una manera oscura de plantar el ambient, entre una voz aterciopelada y bajos y ritmos profundos.

Quizás el rubro donde le falte cierta experiencia a la banda sea en las letras, que no consiguen la delicadeza que la interpretación en instrumentos y voz sugieren, pero también es parte del aprendizaje. Quizás son las palabras que se meten entre los cuerpos y que traban el correr de la sangre, que hielan las manos y convergen en la necesidad de seguir adelante, porque lo que consigue musicalmente Cigarettes After Sex no es sólo remitir a lo que ocurre en pareja, trío, o grupo de gente que se busca entre el amor, odio, lujuria y ausencia, sino que armar recuerdos que se puedan esconder en los beats de un bajo casi tan protagonista en la melodía como la voz de Greg, que entre tul y cuero sumerge las conciencias en historias sencillas, pero que conectan con el oyente.

Eso sí, lo concreto de las letras permite que haya un ancla en el mundo real. No se trata de un lugar de ensueño, donde el acto de tocar, besar, desear o amar quede restringido a acciones sin consecuencias. En las canciones de Cigarettes After Sex –y en especial en su LP homónimo– existen detalles concretos, corazones rotos (“Sweet”), ilusiones que se traducen en metáforas demasiado directas (“Opera House”) o la cotidianidad de una cama (“K”). No hay mucho que esconder cuando el olor a tabaco continúa en el dormitorio o cuando la brisa de la madrugada pega en los hombros, porque en medio de un ambiente idílico reside lo humano, a través del contacto físico y/o emocional.

A eso termina refiriendo la banda, entre un minimalismo elegante y sexy, a lo humano, a lo que puede errar, a lo que puede doler, y también a lo crudo e insensible (“Young & Dumb”), donde Gonzalez es capaz de culpar a su objeto de deseo de forma misógina por despecho, y aun así sonar como si pudiera convencer a cualquiera de seguirlo, a él y a sus palabras. El mundo de Cigarettes After Sex no es perfecto, se repleta de cenizas, ropa revuelta, olor a humo, a fluidos corporales, a alcohol, a ausencia, de dolores y palabras envueltas en rocas y cemento. El difícil terreno de lo carnal y lo ecléctico se funde en medio de imperfecciones que otorgan la calidez necesaria para que las canciones y los sonidos no se queden en axiomas vacíos, sino que realmente puedan generar una conexión significativa. Y en ese tipo de construcción narrativa y musical es que Cigarettes After Sex se ha vuelto una banda necesaria de escuchar y sentir. Bien adentro. Humanamente.

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