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El legado escondido de John “The Ox” Entwistle

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A diez años de la muerte del bajista histórico de The Who, recogemos su legado que, entre el genio de Townshend, el arrojo de Daltrey y la exuberancia de Keith Moon, quedaba en un segundo plano cuando, en realidad, su estilo único le dio al instrumento de las cuatro cuerdas una inédita relevancia en una banda con –también- mucha más importancia de la que se le atribuye.

No es extraño que mucha gente no entienda mucho a The Who. Visto desde el presente, el trayecto discográfico de la banda ha sido irregular y algunos giros estilísticos provocaron dudas, divisiones y quiebres en la agrupación inglesa, dejándola siempre en una segunda línea de la música.

The Who es un grupo de rock atípico. Su líder, Pete Townshend, gustaba de la meditación, su vocalista Roger Daltrey era un tipo de bajo perfil, su baterista Keith Moon era un rockstar con muchos dilemas mentales y su bajista, John Entwistle, vivió siempre como una estrella, pero pocos se daban cuenta de eso. Pero no ahondaremos en detalles de la muerte de John “Thunderfingers” (“Dedos de Trueno”) Entwistle, el 27 de junio de 2002, en un hotel en Las Vegas, cuando The Who se había juntado para realizar una gira de reencuentro. Más importante que el final de un hombre, que puede ser fortuito, más vale revisar su obra, mucho más consciente. Y en este apartado, John tiene más que decir de lo que parece. Su técnica para tocar el bajo dictó cátedra en tiempos donde este instrumento era visto prácticamente como un metrónomo humano y poco más.

¿Quiénes son ustedes?

En la década de los 60’s, el pop dominaba todo y el rock no era ni siquiera un sueño febril de un desquiciado. En ese contexto, Peter Townshend y John Entwistle se unieron para intentar tocar música, de cualquier forma, y esa forma fue armar una banda de jazz, The Confederates.

Pero al poco andar, notaron que el jazz no cubría sus intereses. Roger Daltrey conoció a Entwistle y le propuso unirse a su banda, The Detours. John  propuso a Pete como guitarrista, Daltrey accedió y a la banda le fue bien; tenían un contrato discográfico, pero les dijeron que necesitaban sacar de la batería a Doug Sandom y encontrar a alguien mejor. Ellos accedieron y se pusieron a buscar a alguien para llenar este espacio. Keith Moon llegó a audicionar, sorprendiendo a The Detours con su desparpajo y autoconfianza.

Cambian su nombre a The Who; luego, por un corto tiempo, a The High Numbers, después de vuelta a The Who, mientras pasaban de ser patrimonio de los Mods –una tribu urbana sesentera-, a ser un número conocido en todo el mundo. Pero antes faltaba mucho trecho.

Está todo bien

En la época de surgimiento del rock en Inglaterra, todo era novedoso, pero los espacios para mostrarse eran pocos. Las radios piratas eran las únicas que tocaban a estas nuevas bandas, mientras la lucha entre Mods y Rockers se acrecentaba. En un comienzo, The Who era la banda de los Mods, pero ellos jamás se sintieron parte de ellos. Al menos, no por completo.

En paralelo, los singles que el cuarteto sacaba eran cada vez más exitosos. Pete Townshend iba puliendo su estilo y “I Can’t Explain” o “Substitute” dejaban huellas.

Pero fue con el álbum “My Generation” (1965) que lograron el éxito, con canciones tan inolvidables como el track que nombra al disco o “The Kids Are Alright”. Y si bien los singles eran muy pegajosos, ya tenían ingredientes distintivos respecto a otras propuestas.

El bajo de John

“My Generation” ha sido descrita por muchos expertos como una de las líneas de bajo más importantes de la historia. Pensemos en su año de realización, 1965, cuando recién aparecen íconos como The Beatles y todo esto muy ligado al rock ‘n roll. Nadie se había dedicado a experimentar. Es ahí donde entra John. O donde se queda. En un segundo plano, no sólo se encargó de marcar los ritmos de una fuerza tan variopinta como The Who, sino que también de expandir los usos de un instrumento que en ese momento era un acompañamiento y nada más.

Los expertos dicen hoy que los discos no denotan tanto este estilo único de tocar el bajo, a diferencia de lo que ocurría en los conciertos. En este sentido, vale la pena escuchar “Live At Leeds” (1970) –para muchos el mejor álbum de rock en vivo de todos los tiempos-, para notar que Entwistle era un virtuoso.

Las transiciones casi perfectas entre el uso de dedos, pulgares y los diferentes niveles de presión hacia las cuerdas hacían que, más que un soporte rítmico, el bajo de John fuera casi como un teclado, mientras que Keith Moon era ritmo y pasión. Un par de outsiders de instrumentos poco respetados en los 60’s.

Pongámonos un poco más academicistas. Si uno se fija, no sólo toca el bajo de forma convencional, sino que a ratos en vez de pulsar las cuerdas, las teclea como si tocara piano, lo que denota su amplia formación instrumental, pero también una vocación para buscar nuevas sonoridades.

¿Por qué destacar “My Generation”? Simplemente porque ahí aparece uno de los primeros solos de bajo del rock en la historia, y quizás el más influyente de todos. Ese ritmo endemoniado, lleno de quiebres y escondido en una canción demoledoramente simple le dio un lugar permanente en la historia a Entwistle.

Un poco más allá con The Who

The Who no era un grupo simple, pese a los singles que lanzaron en un comienzo. Si uno revisaba los lados B, el blues y el jazz tenían un amplio lugar, como en los covers de James Brown “La-la-la Lies” y “Please, Please, Please”.

Tras los singles, The Who se la jugó por lograr hacer álbumes, y con “Tommy” (1969)  lograron no sólo el reconocimiento musical que les faltaba, sino que construyeron un ícono pop. La primera “ópera rock”, le dio un peso y densidad diferentes al cuarteto, que se alejaba de los horizontes de bandas similares con uno de esos discos incuestionables, pese a la grandilocuencia del concepto ideado por Pete Townshend.

Mientras, John y Keith ya vivían la vida de los rockstars, aunque todavía no producía los estragos que más adelante se vendrían.

Tras el éxito de “Tommy”, la banda volvió al disco tradicional con “Who’s Next” (1971), su registro más exitoso en ventas con singles indelebles como “Baba O’Riley” o “Won’t Get Fooled Again”. Más adelante, la banda intentaría volver al concepto con “Quadrophenia” (1973), con relativo éxito, al igual que el olvidado “The Who By Numbers” de 1975. El último álbum grabado con el ya atribulado Keith Moon fue “Who Are You” (1978), pero ya no era lo mismo. La banda tenía serios problemas para emular su gran legado y tras dos álbumes olvidables como fueron “Face Dances” de 1981 e “It’s Hard” de 1982, Townshend decidió que The Who debía separarse, y así fue.

Bajo el efecto

John, al igual que Keith, nunca pudo controlar los excesos. Si Moon tenía líos con las drogas, Entwistle los tenía con el alcohol y las propias drogas. Por eso, cuando la reunión de The Who se esbozó a inicios del tercer milenio, no lo pensó dos veces.

Lo que a muchos les sorprendió en esos shows de retorno fue oír nuevamente a John. Claro, Pete rompía su guitarra, Roger constataba su vozarrón, pero John era el que la gente no tenía muy presente. Con el paso de los años su estilo único ya había sido copiado por muchos, pero él, con elegancia simple, dejaba a los pocos que se fijan en el bajo con la boca abierta. Si hasta Krist Novoselic de Nirvana aceptó que se basó en la forma de tocar de John para inspirarse. Él está en todas partes. Porque quizás su mayor legado es haber dejado en claro que hasta el instrumento más secundario ante los ojos de muchos, puede ser clave en la historia de la música. Diez años después, no hay que olvidarse de eso.

Por Manuel Toledo-Campos

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1 Comentario

1 Comentario

  1. Matías Campos G

    28-Jun-2012 en 8:23 am

    Entwistle es por lejos el bajista que más marco la escena del rock, por otro lado su personalidad estoica significó una pieza clave para la conformación de The Who. Era precisamente por esta razón es que pasaba desapercibido, no porque su instrumento no se notase. En las canciones de The Who el que llevaba el compás era la guitarra o el teclado de Townshend, Daltrey y Entwistle eran bastante libres de hacer lo que querían, pero el bajista sólo se avocaba a mostrar su talento, dejándole el desplante a los dos restantes. Por eso y mucho más Entwistle siempre será recordado

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Chilenos en Lollapalooza 2020, Parte 2: Consolidando escenas

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Lollapalooza Chile

Aunque Lollapalooza Chile 2020 tiene más de cien artistas en total, la mayoría se fija en los cabezas de cartel, en esos nombres que tal vez no vendrán nunca más y que se presentan como oportunidades únicas. Pero también existe una miríada de actos chilenos que complementan la parrilla de forma precisa. Una apuesta por nombres emergentes en lo urbano, mezclado con artistas ya consolidados en el rock o en el indie, el festival que se desarrollará entre el 27 y el 29 de marzo en el Parque O’Higgins tiene múltiples colores, de los cuales te mostramos algunos tonos a continuación:

  • Para leer la primera parte de este artículo, con seis nombres más, entre los que se encuentran Pánico, Camila Moreno o Inti-Illimani & Quilapayún, haz clic AQUÍ.

Saiko

Tal vez la banda chilena más importante que faltaba que debutara en el escenario de Lollapalooza Chile, Saiko no sólo entera una carrera de más de dos décadas llena de éxitos, sino que también lo hace con una solidez escénica que viene de la experiencia y de la confianza que tiene la actual formación: una especie de dream team de la música chilena. A la voz inconfundible de Denisse Malebrán y el bajo de Luciano Rojas, se suma en batería el ex La Ley Mauricio Clavería, además el arreglista, productor y multiinstrumentista Martín D’Alesio.

Luego de muchos movimientos, la banda parece estar en un punto de madurez y tranquilidad que en vivo consigue mezclar efectivamente los éxitos de sus primeros discos (principalmente “Informe Saiko” de 1999 y “Las Horas” de 2004) con los tracks más nuevos, como “Fluvial” (hecho en colaboración con Sebastián Gallardo de We Are The Grand) o “Sabes”. Pop, rock, intensidad, dulzura, convicción y un carácter pionero en la música chilena, hacen de Saiko la última gran banda nacional vigente que debía debutar en el escenario del Parque O’Higgins.

Alain Johannes Trio (performs “Euphoria Morning”)

A estas alturas no debiéramos entregar credenciales de quién es Alain Johannes, pero no es malo recordar una que otra. Por ejemplo, que junto con Natasha Shneider fueron quienes produjeron el álbum solista debut de Chris Cornell, “Euphoria Morning”. Este álbum, salido en septiembre de 1999, tendrá un nuevo giro en el escenario de Lollapalooza Chile 2020, protagonizando lo que será el retorno de Johannes al festival, en formato trío, con los hermanos Cote Foncea (Lucybell, Dracma) y Felo Foncea (De Kiruza).

Johannes muchas veces ha comentado la cercanía que tenía con Chris Cornell y cuán importante fue para todos quienes participaron el hecho de grabar “Euphoria Morning”, un disco que, además de su carga emocional, posee melodías que distanciaron al vocalista de lo que hizo en Soundgarden, llevándolo a un rock más profundo, de texturas más ricas, mucho más parecido a lo que Alain y Natasha cultivaban en Eleven. Y es precisamente ese tipo de sonido el que será evocado en un show único con Johannes y los hermanos Foncea, que son prenda de garantía al momento de sonar en vivo.

Fernando Milagros

Luego de experimentar con múltiples recursos sonoros, pareciera que en “Serpiente” –disco que editó en 2019– Fernando Milagros volvió a la guitarra como muleta única, siendo las seis cuerdas y la garganta del cantautor lo que domina las melodías propuestas en los nueve tracks del sólido y cálido LP.

Esa cercanía orgánica es toda una novedad para el artista que en “Nuevo Sol” (2014) o “Milagros” (2017) tuvo en los trazos electrónicos un complemento clave. También es ese tono más ligado a lo psicodélico, con percusiones orgánicas y bajos más profundos como elementos que terminan de cuajar la mezcla, el que sonará en Lollapalooza Chile, con un músico que vuelve a sus raíces, pero con las enseñanzas marcadas en canciones más directas y llenas de detalles por descubrir ahí donde es más difícil: escondidas a simple vista.

Yorka

Las hermanas Pastenes son un halo de luz y de fuerza en el escenario nacional, haciendo un pop sofisticado, juguetón y bello, pero no por ello menos potente. En eso ayudan mucho las voces de Daniela y Yorka, quienes se apoyan y generan sensaciones de alto impacto, cantando sobre temas variados, con canciones que en el contexto de la protesta social han encontrado más oídos y más lecturas.

Esto también se relaciona al trabajo que ellas han hecho en terreno, con Yorka –quien es profesora– haciendo clases de canto en múltiples contextos, acercando la música a distintos territorios. “La Canción Es Protesta” es una de las mejores composiciones surgidas tras el estallido social, vinculando el sonido del canto nuevo con un pop del siglo XXI, y es ese tipo de conexiones lo que convierte a Yorka en un proyecto relevante, precioso de descubrir y atemporal en su sonido, en su mejor momento.

Slowkiss

La mezcla que hace Slowkiss podría ser un desastre si sólo se ve lo que hay en el papel. Pop, shoegaze, punk, elementos góticos incluso, pueden parecer cosas que en la mezcla podrían perder algo, pero el cuarteto chileno logra mostrar todas sus facetas, en una propuesta que, luego de mucho trabajo y convicción, es parte de los sucesos imperdibles del rock chileno en el último tiempo.

Aunque la masculinidad frágil haga que algunos le enrostren su pasado como parte de Supernova a Elisa Montes, lo que consigue la formación que la tiene a ella, Natalia Diaz, Andie Borie y Ricardo Pozo no pierde el tiempo en el pasado, y entrega rock directo como el que inunda “Patio 29”, el disco que lanzaron en agosto pasado y que será la columna vertebral de lo que promete ser una vibrante presentación en Lollapalooza Chile 2020.

Catana

Una de las voces más interesantes y versátiles dentro de la escena urbana, Catana ganó notoriedad con su mixtape “Qween C” en 2018, un trabajo que dejaba en claro cómo la intérprete podía rapear, cantar, trapear y también mezclar estilos en su voz. Con líricas afiladas, la artista también ha explorado en notas más sostenidas, en el R&B y en más recovecos musicales con colaboraciones múltiples.

“CA” es el último single editado por Catana, que muestra el camino reflexivo, pero lleno de reafirmación, que la tiene como uno de los nombres a seguir no sólo en la música chilena, sino que en la esfera latina. Tal vez porque, en medio de solistas que se ponen al centro como objeto de escrutinio, una voz que observa al resto con la confianza y el carisma que tiene Catana no sólo resulta algo lleno de novedad, sino también ocupa espacios que estaban ahí, a la espera de un talento como el de la oriunda de Cerro Navia, que llegará a Lollapalooza Chile a confirmar las sospechas que hay sobre uno de los secretos mejor guardados del rap chileno.

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