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Discos chilenos destacados 2019

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El año pasado quisimos incluir los discos chilenos en nuestro artículo de mejores discos internacionales. Resultó bonito, es cierto, pero aquello disminuyó la cantidad de trabajos desarrollados en Chile por entrar a competir en un ranking. Así que, como aprendemos de nuestros errores, decidimos volver a la idea original, que es destacar los discos chilenos que nos han llamado la atención durante todo el año sin competencia ni números.

Algo que ocurrió este año a nivel de industria fue el lanzamiento de más música que nunca, pero sin tener un correlato aparente en cantidad de discos. Las nuevas formas de consumo y la precariedad en la que muchas y muchos músicos deben trabajar en nuestro país, hacen que se deban optimizar los recursos a mano y eso ha derivado en una preferencia por el formato single o por los EPs muy breves, destinando más a instalar artistas que a poner un álbum como carta de presentación.

Pese a ello, hay artistas que se la siguen jugando por un formato de múltiples voces dentro de su expresión, y por ello creemos que este listado también puede destacar actos que juegan en esta dirección, más relacionada a conceptos, coherencia y un trabajo que muchas veces tiene calidad, otras tantas presenta un arrojo importante, y también es capaz de lograr un lugar en la memoria, como estimamos que estos discos lo lograron en 2019.

Además, con la situación sociopolítica del país, se entiende cómo el último trimestre del año –que usualmente ve muchos lanzamientos– se transformó en una triada más de lucha que de fiesta. Ver que, pese a ello, hay tantos trabajos de calidad, es un aliciente para escuchar y seguir con atención lo que la música chilena pueda ofrecer en 2020.

Están ordenados en orden alfabético y cada uno de ellos contiene un link que envía directo a su correspondiente streaming.


Cevladé – “RainViento

RainVientoUna reinvención musical y personal, eso es lo que trae “RainViento”, el nuevo disco de Cevladé, quien sigue posicionándose como uno de los raperos más dinámicos de la escena nacional y latinoamericana. Grabado en Buenos Aires y CDMX, el trabajo explora las contradicciones y pesares del Demonio Maravilla, quien usa al álbum como una especie de bitácora de vida. Todo adornado de una instrumentalización precisa y grandes colaboraciones como las de Leisha Medina, Giuliana Potenza y Muelas de Gallo. “RainViento” es un disco moderno y dinámico que funciona como un hibrido de estilos, perfeccionando lo hecho por Cevladé en “La Casa de Astaire” (2014) y “Pinceles y Puñales” (2017).


Cómo Asesinar A Felipes – “Naturaleza Muerta

Naturaleza MuertaEl séptimo asesinato de Los Felipes se llama “Naturaleza Muerta” y trae consigo una advertencia para todas y todos: adaptarse, cambiar o desaparecer. Con su ya característica lucidez, CAF saca adelante un disco reflexivo, en el que pintan sobre un lienzo donde es expuesto uno de los grandes pecados de la sociedad: cómo olvidamos de dónde venimos y a quién nos debemos. Junto a secuaces de la talla de Camila y Chino Moreno, Cómo Asesinar A Felipes explota nuevamente su dinamismo y experimentación, logrando dar con un álbum que en este Chile actual toma segundas lecturas, recordándonos que este sistema no sólo es perverso contra la naturaleza, sino que también contra la humanidad.


Cristóbal Briceño – “Briceño Contra Las Cuerdas

El inquieto músico nacional ha demostrado a través de sus distintos proyectos que es capaz de abarcar diversos estilos. Este último LP no es la excepción: Briceño experimenta con un sonido orientado a lo sinfónico y fuertemente cargado a las cuerdas, dando como origen a su título. En él, Francisco Rojas –tecladista de Ases Falsos– colabora como arreglista, productor y director de un ensamble orquestal creado para la ocasión. Sus letras, que van desde el amor y la contraposición entre control y libertad, hasta actividades paranormales en un nuevo hogar, se funden perfectamente con la mano de Rojas, creando un ambiente melancólico, que toca hasta la fibra más intrincada del alma.


Diego Lorenzini – “De Algo Hay Que Morir

La tercera entrega de Lorenzini llega marcada por la línea acústica que ha caracterizado su carrera solista. Con el humor como pilar fundamental, el artista es capaz de crear un arma para resistir a situaciones crudas y cuestionamientos cotidianos de la fragilidad humana. Las exquisitas capas de percusiones, cuerdas y trompetas se hacen presente a lo largo de todo el LP, creando ambientes que se ciñen a la perfección con la pícara lírica del mismo, una cargada de chilenismos que aportan risas y realidad. Además, las voces –con múltiples colaboradores, entre los que destaca Erlend Øye y gente del sello Uva Robot– le dan a este extenso disco un toque potente y conmovedor.


Entrópica – “Formas

Mientras Francisca Bascuñán entiende el pop y la electrónica de forma funcional a la composición como pocos artistas en Chile, “Formas” es la manifestación de que no sólo de esos estilos se puede nutrir la cantante conocida como Entrópica, sino también de R&B, soul, ambient y otras texturas. Aunque el título indique que hay que fijarse en cómo luce la música, una de las grandes contribuciones de “Formas” a la paleta sonora chilena en 2019 es desde otro sentido, desde las texturas, desde las sensaciones y del contraste entre tracks como “Housie”, “Atrás”, “Cálido” o “Mercurio”, que hacen que la imagen –soporte clave para la artista– tenga más significados y matices que nunca.


Felics – “Bosque Sagrado

En su primer disco solista, Félix Encina logra dar con un trabajo cálido y orgánico, influenciado fuertemente por el synth pop y el indie. El oriundo de La Cisterna juega constantemente con sintetizadores y progresiones vocales en un álbum que nace desde la autogestión (el mismo realizó la producción, grabación, mezcla y masterización del LP) y que con sus letras nos muestra la belleza de lo cotidiano. Ejemplo de ello son las canciones “Por Un Rato”, “El Lobo Feroz” y “Al Menos Hoy”. “Bosque Sagrado” es el primer paso de un proyecto cargado de luminosidad y frescura, que es dirigido por un músico que, desde una propuesta lo-fi, viene a innovar en la escena indie nacional.


Fernando Milagros – “Serpiente

Entre melodías pop y rock oscila “Serpiente”, el sexto disco de Fernando Milagros, quien nuevamente acoge esos estilos con su ya característica impronta folclórica. Dando un paso adelante en comparación a lo realizado en “Milagros” (2017), el compositor del Bío-Bío logra sacar un disco que llama la atención por lo fácil de escuchar que es. No se necesita de muchos minutos para cautivarse por esta serpiente que en su columna vertebral tiene hits como “La Diana”, “Poco A Poco”, “Ojos De Aceituna” y “Antirrevolución”. Fernando Milagros cerró este 2019 con uno de sus mejores trabajos hasta la fecha, demostrando que con los años ha ido afinando sus propias ideas y sonidos.


IIOII – “Hacia Donde Va El Agua

Gio Foschino y Nicolás Alvarado consiguen en el primer larga duración de IIOII decir mucho sin usar palabras. Los paisajes que pintan en este trabajo electrónico con muchos matices de ambient son complejos, pero fluyen –en medio de parajes fáciles de sentir– dada la belleza que consiguen en este disco. Nueve tracks de ensueño, donde lo onírico no requiere que alguien esté soñando, sino de que tenga los oídos bien abiertos. “Ambar” o “A Distancia De La Luz” son un par de paraderos épicos en un viaje tan interior como visible, abstracto, preciso y bien producido, algo que no es extraño dados los pergaminos de estos músicos, que reunidos consiguen perfecta contención y expansión.


Juan Pablo Abalo – “No Voy A Llorar

No siempre el amor es idílico, bonito o ideal, pero tampoco tiene que ser un infierno. En este terreno medio, mucho más cercano a la cotidianidad, es donde se instala nuevamente Juan Pablo Abalo, en un disco que, en vez de narrar, busca en los pliegues de la cama, en el alféizar o en conversaciones de madrugada; una descripción a las relaciones humanas. Abalo extiende los terrenos de sus composiciones hacia un pop sofisticado, con rica ley desde los minerales de una electrónica que le permite ser detallista sin dejar un tono minimalista, como lo cantado en “Todas Las Mañanas” o el tema que nombra al disco (gran colaboración con Kinética), punzantes exámenes al amor, al tocar o al extrañar.


Kuervos Del Sur – “Canto A Lo Brujo

El imaginario construido en “El Vuelo del Pillán” (2016) situó a Kuervos Del Sur como uno de los proyectos más interesantes y novedosos dentro del panorama local del último tiempo. El entramado de rock con raíz folclórica hace del conjunto curicano una propuesta fascinante, inspirada desde la identidad. Siguiendo ese camino, “Canto a lo Brujo” recoge el valor de la magia tradicional como su eje principal. Composiciones dedicadas a las fuerzas de la naturaleza y a la mística de sus hechiceros viajan acompañadas de la fuerza de las guitarras, como también del sonido nativo de charangos y quenas. Una obra que orbita por el terreno mágico de los saberes ancestrales.


La Bestia de Gevaudan – “Kintsukuroi

KintsukuroiLa tradicional técnica japonesa del kintsukuroi (consistente en reparar piezas de cerámica con metales preciosos) es el título que La Bestia de Gevaudan eligió para su tercer larga duración. Posicionándose de manera férrea en el universo disonante del post-metal, el conjunto realiza un viaje donde abundan las atmósferas densas y reverberantes. Junto con brindar una producción impecable, la obra cuenta con algunas colaboraciones de la escena sludge internacional; Michael Armine de Rosetta forma parte de estas contribuciones que van posicionando a La Bestia ante los ojos del mundo. “Kinstukuroi” es una experiencia multisensorial, donde la fuerza sonora abre la puerta hacia los imaginarios de un animal titánico.


Lefutray – “Human Delusions

Human DelusionsEl cuarto disco de Lefutray viene a confirmar una solidez que ya se evidenciaba desde su trabajo anterior, “Oath” (2015). Tomando la intensidad como elemento central del álbum, “Human Delusions” es un flujo de energía constante e inagotable. Una obra donde la pulcritud en su producción ofrece grandes piezas, como el inicio arrollador con “Wrath”, o el ímpetu implacable de “The Mist”, todo articulado con guitarras contundentes y un ritmo brutal, cuyo tono recuerda a grandes exponentes del metal extremo a nivel mundial. Un álbum que no suelta el pie del acelerador, consagrándose dentro de los mejores trabajos del circuito metalero local durante el año.


Maifersoni – “Monstrws

Maifersoni invoca con “Monstrws” a esa bestia interna que todos llevamos dentro y que está esperando salir para tomar represalias. Así de dura es la definición de este disco, que exprime el resentimiento y la rabia que se producen por el mundo en el que vivimos. Con un sonido cambiante, pero de permanente hipnotismo, el proyecto de Enrique Elgueta nos transporta por un viaje de largos momentos instrumentales, en los que se nota que el manejo de tiempos y sensaciones son de los grandes aciertos del músico. Un tercer LP que sigue dejando en alto el nombre de Maifersoni, quienes luego de este álbum no tiene que demostrarle a nadie que sus trabajos son sinónimos de calidad.


Medio Hermano – “XO

El sonido de una generación es difícil de obtener, pero desde lo íntimo de su segundo álbum Medio Hermano predijo con precisión buena parte de las desesperanzas y, a la vez, la resiliencia de una sociedad entera, en especial de quienes tendrán que aguantar el futuro. El gravitas de “XO” se acrecentó luego del 18 de octubre, sobre todo luego de la anagnórisis vivida por el país. Chile despertó, y en temas como “WSP”, “24/7”, “KINTSUGI” o “UNA UNO” se pueden observar los sueños y pesadillas previos al despertar, entre sonidos indie y otros más ligados a los sintetizadores para complementar la potencia de una banda que madura con el acto de resistir, con “un nuevo amor / un nuevo odio”.


Meridiano de Zürich – “Saudade

En el segundo EP de esta banda post-rock / ambient, los sentimientos de melancolía y añoranza que le dan título se perpetúan a lo largo de las seis extensas canciones que le otorgan cuerpo. El disco se posiciona como un producto armónico y cohesivo, lo que hace que el oyente pueda transitar por sus experimentales y evocativas melodías fluidamente. Con marcados guiños al shoegaze a través de penetrantes sintetizadores, esta entrega funciona como un espacio para indagar en la conciencia y el alma. Confirmando que las palabras sobran, la naturaleza instrumental de este trabajo permite a quien los escuche conectar con los sentimientos y sensaciones que sólo la melancolía es capaz de encender.


On The Road To Jericho – “May Their Faces Cover The Horizon

Con el principio de que la música es una de las formas de resistencia más poderosas que existe y en el contexto del estallido social vivido en Chile desde el 18 de octubre, la banda compone, graba y lanza una gráfica pieza de cuatro movimientos que busca retratar el sentir de un país oprimido y harto de los abusos. La oscuridad abrumadora de este EP se funde de forma perfecta con las cuerdas que le dan un toque de angustia al comienzo, y luego añaden matices de un violento despertar. Al andar, lo anterior se funde a la perfección con los sonidos de cacerolazos y voces de ciudadanos molestos que se hicieron virales, convirtiendo esta composición en una radiografía de revolución y represión.


Simón Campusano – “Brillo

Hay una extraña madurez que se destila a lo largo del primer disco de Simón Campusano como solista. En vez de operar como un sujeto atado a su tiempo y espacio, el cantante que también forma parte de Niños del Cerro prefiere mirar cómo el sol hace que una sombra se mueva, cómo el tiempo pasa, o cómo la luz puede ganar a los daños que el día a día puede hacer. Nostalgia, candor, sanción, pero por sobre todo honestidad es lo que se nota en un disco que, en vez de mostrar a Campusano como un típico cantautor, lo desarrolla en medio de múltiples capas sonoras, más a la usanza de un Thom Yorke, y Martín Pérez Roa (Merci Merci) en la producción se hace cómplice perfecto de un debut sobrecogedor.


Slowkiss – “Patio 29

Patio 29Tras dos EP y constantes cambios de formación, Slowkiss lanza “Patio 29”, un disco de tintes grunge que además ofrece espacios para el noise y el punk, siempre abordando la música desde un rol feminista, idea necesaria en estos momentos de desconstrucción. El proyecto liderado por Elisa Montes esta vez opta por un sonido más oscuro que el de su último trabajo, “Ultraviolet” (2017), haciendo notorias las influencias y experiencias adoptadas en su viaje a USA. “Patio 29” se muestra –pese a tener un sonido muy noventero– como un disco 2019 donde las problemáticas actuales, como el abuso contra la mujer y las contradicciones de este mundo globalizado, son relatadas a punta de distorsión y crudas guitarras.


Solteronas En Escabeche – “Lenguaje y Comunicación

La experimentación es un territorio incierto; una vertiente que recorre la delgada línea entre lo tedioso y la genialidad. Enmarcados en esta zona de riesgo, Solteronas En Escabeche es un proyecto que cruza distintos elementos sonoros con ocurrencia. La técnica de sus músicos, determinada por baterías impredecibles y un bajo fuera de lo habitual, son la base de composiciones sugestivas. Por otra parte, las letras, pese a su minimalismo, se articulan con originalidad y cargan con un mensaje completo a las canciones de “Lenguaje y Comunicación”, un trabajo excéntrico que camina por un sendero propio y una obra que brilla como una rareza inclasificable.


Tortuganónima – “Imago

Seis años pasaron para que el cuarteto santiaguino sacara del horno su segundo LP y, lejos de defraudar, superaron con creces tanto su primer disco como su EP de 2016. Con una métrica que coquetea con el math rock y una prolijidad envidiable, este trabajo emerge como un producto sólido, destacando en su calidad sonora presente en sus riffs, efectos y loops electrónicos. Además, Tortuganónima toma riesgos al incluir voz de la mano de “Koala” Contreras, quien colabora en “Penumbra”. A través de “Imago” demuestran que son una banda consolidada y acoplada, sobre todo luego del arribo de Octavo Cañulef a las inclementes percusiones que se hacen presente de principio a fin.


Tus Amigos Nuevos – “Persisten

Para el conjunto local Tus Amigos Nuevos, el ritmo es un factor sustancial. Ya desde “Triunfo Moral” (2015) la banda llamó la atención del público chileno, caracterizándose por su desplante de energía con acento a lo bailable. Tal como dice el nombre de su nueva placa, el cuarteto persiste con una fórmula que invita a moverse, con guitarras frenéticas que resuenan a los recursos estilísticos de bandas como Talking Heads o LCD Soundsystem, entregando una propuesta levemente saturada en comparación a la anterior. Acompañándose de letras con vetas de humor, “Persisten” se apunta como un trabajo de producción sólida, que va perfilando y puliendo la habilidad rítmica de la banda.


Weight Of Emptiness – “Conquering The Deep Cycle

El arrollador debut de Weight Of Emptiness, “Anfractuous Moments For Redemption” (2017), posicionó a la banda rápidamente dentro del circuito metal extremo contemporáneo. Luego de una buena recepción internacional, que los llevó a presentarse en Europa, el conjunto local vuelve a la carga con su segundo álbum. Sin perder su fuerza característica, “Conquering The Deep Cycle” reúne recursos de distintas vertientes dentro del estilo, destacando los pasajes más intensos –en una evidente clave death metal– en contraste con los momentos más sutiles o suaves. La construcción de contrapuntos reafirma la solidez de un conjunto que va engrosando un repertorio con trabajos de reconocimiento local y foráneo.


Selección realizada por: Manuel Toledo-Campos, Javier Pérez, Francisca Miranda, Aquiles Cornejo y Claudio Tapia.


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Los discos de Bob Dylan

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Bob Dylan Discos

El 24 de mayo de 1941 en Duluth, Minnesota, nace Robert Allen Zimmerman, más conocido como Bob Dylan, uno de los músicos más trascendentes de la escena folk, rock y blues de los 60 y 70. Figura difícil de atrapar, enemigo de los rótulos y eterno héroe de las letras, ha dado vida a una carrera incombustible, plagada de himnos grabados a fuego en el imaginario colectivo.

Como buen artista con más de cinco décadas de carrera en el cuerpo, es poseedor de un catálogo discográfico gigantesco, que muchas veces puede ser abrumador cuando uno desea aproximarse a su obra. Con esto en mente, y a manera de celebrar su figura en el momento en que cumple años, hemos querido compartir con ustedes un ranking de los larga duración de estudio del cantautor, partiendo por sus trabajos menos afortunados para luego cerrar con sus obras maestras. Como todo ranking, el orden de los discos tiene un carácter subjetivo y sin duda debatible, por lo que, más que centrarse en el lugar de cada álbum, nos gustaría que disfruten el recorrido tanto como lo hicimos nosotros.

39°

Knocked Out Loaded (1986)

El quinto disco lanzado por Dylan en los ochenta se ubica justo al medio de su peor racha. Las críticas a este álbum no pasan por las canciones incluidas; de hecho, el tema encargado de abrir el álbum es tremendamente efectivo, a pesar de su evidente sencillez. El problema con este disco tiene que ver con su cantidad de puntos bajos. La mezcla de estilos es difícil de entender (pasando por blues rock, pop y reggae), la instrumentación tiene una energía pobrísima y buena parte de los giros sonoros por los que apuesta Bob para ganar intensidad rayan abiertamente en lo cliché (el coro de niños en “They Killed Him” es el ejemplo más claro de eso). Sin duda, de los pocos discos de Dylan que uno podría elegir ignorar.


38°

Down In The Groove (1988)

Definitivamente, la segunda mitad de los ochenta no fue un buen período para Bob. Como a muchos artistas que hicieron el tránsito desde los 70, la firma musical de esta nueva década terminaría pasándole por arriba, llevándolo a perder buena parte de su propia identidad sonora. El álbum número veinticinco de Dylan tiene la particularidad de haber reunido un número gigantesco de colaboradores, incluyendo a Eric Clapton, Jerry García, Steve Jones y Paul Simonon, entre otros, y pese a sus tremendos pergaminos, terminaría dando vida a un deslavado set de pop folk genérico que, como muchos de los discos menos afortunados de Bob, se deja escuchar sin problemas, pero tiene poco o nada para llevarse con uno.


37°

Empire Burlesque (1985)

Muchos discos de Dylan tienen la particularidad de dejar clarísimo de qué se va a tratar el con sólo escuchar el primer tema. Es el caso de “The Times They Are A-Changin’”, “Highway 61 Revisited” y, desafortunadamente también es cierto, con “Empire Burlesque”. Los 46 minutos de música de este álbum califican dentro del pop más plástico que alguna vez le veríamos al artista. La estructura de casi todos los temas es increíblemente predecible, la instrumentación es arquetípica hasta el hastío y, lamentablemente, hasta algunas de las letras (habitualmente su escudo invencible) son desechables. De todas las trilogías que firmó Bob, este álbum da inicio a la más baja de ellas.


36°

Saved (1980)

Segundo disco de la trilogía cristiana. Más allá de las críticas que pueden existir respecto a la originalidad de la oferta musical y de lo “poco desafiante” del contenido narrativo de algunos tracks, lo cierto es que el nivel de entrega que alcanza Bob en estos discos es ciertamente destacable. Cada uno de los cortes de este álbum tiene a Dylan abiertamente dejándolo todo. Sin ir más lejos, la canción que da título al álbum es increíblemente cautivadora, lista para convertir al más recalcitrante de los ateos. Maravillosos pasajes de gospel, precisos acompañamientos vocales y toneladas de intensidad hacen de este trabajo un álbum con el que uno podrá no congeniar, pero que ciertamente tiene grandes momentos.


35°

Self Portrait (1970)

El primer disco de Dylan basado básicamente en versiones (fuera de su álbum debut) exige una mirada abierta. Para empezar, el mismo Dylan ha afirmado que se trató de una humorada, un álbum destinado a bajarle los humos a la gente que insistía en verlo como una figura mesiánica. En ese sentido, es fácil entender lo descuidado del registro, cuyo principal problema es lo desordenado que es. Bob transita caprichosamente por canciones clásicas como “Blue Moon”, cortes de aire country, temas instrumentales y momentos de rareza sublime, como la versión de “The Boxer” de Simon & Garfunkel, donde juega a interpretar las dos voces en tiempos que rara vez coinciden. Un álbum básicamente dirigido a completistas.


34°

Under The Red Sky (1990)

Después de una década para el olvido, el álbum número 27 de Bob Dylan llegó a demostrar que, si bien el oriundo de Duluth aún era capaz de lanzar una placa rescatable como “Oh Mercy”, ciertamente seguía extraviado. La apertura del álbum con “Wiggle Wiggle” no puede ser menos auspiciosa (casi con seguridad no la canción por la que Slash quería ser recordado por colaborar con Dylan), por fortuna, no todo en esta entrega es de ese nivel. De hecho, algunas baladas y pasajes de blues rock son más que correctos, y el tema que da título al álbum es sin duda querible si uno considera que el disco está dedicado a su hija de cuatro años. No es el momento más brillante de Dylan, pero lejos de ser su más bajo.


33°

Dylan (1973)

Después de dejar Columbia y sin hacerlo partícipe, el sello decidió lanzar un nuevo álbum de Dylan usando básicamente canciones que habían quedado fuera de sus dos discos de 1970, dando vida a algo así como una suerte de “Self Portrait”, pero un poco más ordenado. Sólo versiones y algunos cortes tradicionales ocupan este corto set de canciones que, sin ofrecer nada deslumbrante, logra rescatar algunos temas que de lo contrario habrían quedado sepultados por muchos años esperando la llegada de los bootlegs oficiales. Acertadas versiones de “Can’t Help Falling In Love” y, particularmente, la sentida toma de “The Ballad Of Ira Hayes” hacen de este álbum una parada obligada para cualquier seguidor de Bob.


32°

Together Through Life (2009)

Escrito en conjunto con Robert Hunter (Grateful Dead), “Together Through Life” debe ser el único punto de estos últimos 25 años donde Bob Dylan se ha anotado un claro traspié. Sin duda, hay seguidores que siempre van a disfrutar un nuevo disco de blues folk con mucho del sonido de New Orleans viniendo de Bob, el problema de este álbum es que básicamente se dedica a repetir la fórmula que venía explotando en sus últimos discos y la hace sonar plana, ofreciéndonos muy poco para conservar con nosotros al final del día (“It’s All Good” debe ser la gran excepción). Tomar el espíritu de una canción que Bob iba a componer para un soundtrack y terminar haciendo un álbum de ello quizás no fue la mejor idea.


31°

Christmas In The Heart (2009)

Tal como dice el título, el gran atributo de esta colección de clásicos de Navidad es el cariño con que está hecho. Para el año 2009 Dylan estaba pasando por un período complejo en términos de desempeño vocal, y claramente estaba teniendo problemas para adaptarse a su “nueva” voz (cosa que es posible notar también en “Together Through Life”). Afortunadamente, la instrumentación, el ánimo general del grupo de músicos y la forma en que están logradas las atmósferas es tan maravillosa, que el álbum logra transmitir de manera perfecta el espíritu que intenta contagiar, más allá de los baches vocales que uno pueda encontrar. Sorpresivamente, Dylan se anotó uno de los mejores discos de Navidad de los últimos años.


30°

Shot Of Love (1981)

El último disco de la trilogía cristiana tiene sin duda más aciertos que desencuentros. El ánimo es más luminoso que en “Saved”, el trabajo en la guitarra se anota un punto alto y el grueso de la apuesta sonora es convincente e incluso contagiosa más allá de algunas variaciones estilísticas algo difíciles de entender, que van desde el reggae a canciones de aire motown. El problema con “Shot Of Love” tiene que ver desafortunadamente con el ánimo de Dylan en lo narrativo, donde por momentos se le escucha abiertamente molesto y acusador (lo contrario que uno esperaría de un tipo lleno de espiritualidad). Claramente, después de tres discos en esta misma línea, Bob necesitaba comenzar a mirar hacia otros horizontes.


29°

Pat Garrett & Billy The Kid (1973)

Para muchos el disco de “Knockin’ On Heaven’s Door” y nada más. Sin duda, el tema versionado por Clapton en 1975 y luego por Guns N’ Roses en 1987 se ha instalado fuerte en el imaginario colectivo, y posiblemente ha hecho llegar a Dylan a más de un curioso. Por fortuna, el disco es mucho más que eso. No hay que olvidar que el álbum número 12 de Dylan es un soundtrack, y en esa línea se aboca la mayor parte del tiempo a generar ambientes que, para ser justos, están muy bien logrados. Viniendo de Bob, indudablemente uno quisiera tener más letras para revisar (el disco incluye otros tres cortes “cantados”), pero la verdad es que el álbum logra graduarse con éxito en la línea folk country que se dedica a explorar.


28°

Triplicate (2017)

Luego de dos discos fundamentalmente, dedicados a versionar clásicos en su gran mayoría popularizados por Frank Sinatra, Dylan decidió volver a apostar por la misma fórmula, pero esta vez con un disco triple. Un desafío mayor, pero de alguna forma, y mirado en retrospectiva, un ejercicio que el cantautor parecía necesitar (en lo vocal y también en lo motivacional) para poder volver a la composición original. Los 95 minutos de “Triplicate” no son un recorrido fácil. Extremadamente homogéneo por largos pasajes, la virtud principal de este set es la respetuosa y elegante manera en que Dylan y sus músicos logran adueñarse de cada uno de estos tracks, impregnándolos de su propia y nostálgica mirada.


27°

Infidels (1983)

El gran retorno de Bob post trilogía cristiana para muchos de sus seguidores. Para otros, sin embargo, un disco aún fuertemente ligado al discurso religioso, que además empezaba a mostrar los tics del sonido ochentero que tan mal le hicieron al cantautor. Más allá de los desacuerdos esperables, es cierto que “Infidels” goza de un mejor sonido en términos de producción y además tiene una narrativa que, si bien sigue ligada al imaginario religioso, es ciertamente más elegante que la de los discos que lo preceden. Quizás el gran mérito de este trabajo es que se trata de un disco breve y entretenido, que cada vez que logra ser bueno (como lo hace al inicio y al cierre de la entrega, por ejemplo), es muy bueno.


26°

World Gone Wrong (1993)

La primera mitad de los noventa fue un periodo de transición para Dylan, que terminaría llevándolo una vez más en su carrera a grabar discos de versiones. Más allá de las limitaciones propias de este tipo de registros, “World Gone Wrong” nos permitió volver a disfrutar de la faceta donde muy probablemente se encuentra más cómodo, cuando se trata básicamente de él y su guitarra. Con un sonido rústico (las canciones fueron grabadas en la cochera de su casa) y principalmente abocado a revisitar clásicos del blues rural popularizados por artistas insignes como Blind Willie McTell y Willie Brown, el álbum número 29 de Dylan es un recorrido esencialmente íntimo y sencillo, para disfrutar sin prisas.


25°

Planet Waves (1974)

Para su debut en el sello Asylum, Dylan dejó atrás el sonido country que había explorado intermitentemente desde “John Wesley Harding” (1967) y decidió volver al folk rock. En términos de ventas, este giro fue un éxito; de hecho, fue el primer número uno de Dylan en Estados Unidos. Como propuesta sonora, sin embargo, aun tratándose de un recorrido ciertamente agradable, la verdad es que por momentos la entrega se siente errática (la inclusión de dos versiones del mismo track es el mejor ejemplo de eso) y, a pesar de tener algunas canciones que sobresalen, como la versión lenta de “Forever Young” o “Dirge”, finalmente todo parece sostenerse sobre las virtudes del sello sonoro del combo Dylan-The Band.


24°

Street-Legal (1978)

La experiencia con “Desire” (1976) y el “Rolling Thunder Revue” (1975-1976) claramente dejó en la cabeza de Bob muchas nuevas posibilidades musicales a explorar. En ese contexto, apuesta por expandir su sonido y decide sumar a su banda habitual, tres cantantes mujeres para las segundas voces, un violinista, un saxofonista e incluso un trompetista para uno de los tracks. Las canciones que dan vida a “Street-Legal” son todas gigantes por naturaleza, llenas de intensidad, con un Dylan preciso en los vocales y siempre apuntando a explotar en un clímax épico. Para muchos, un álbum tremendamente sobrepoblado y por momentos reverberante, pero innegablemente entretenido y con identidad propia. De escucha obligada.


23°

Shadows In The Night (2015)

Cuando Bob anunció que lanzaría un álbum de versiones de clásicos popularizados por Sinatra, no dejó de ser una sorpresa. La pregunta obvia fue: ¿Cómo lo va a hacer Dylan, cuya voz viene en franco decaimiento, para versionar a un tipo apodado “La Voz”? Y lo cierto es que, sin grandes contratiempos, logra triunfar en esta empresa básicamente por lo bien elegido del set, lo respetuoso de su interpretación y el gran trabajo en la instrumentación, donde el pedal steel guitar pone la nota alta de la entrega. Sin embargo, más allá de sus méritos, la verdad es que este trabajo no es un recorrido fácil. De ánimo sombrío y muy pausado, la oferta puede ser desalentadora, sobre todo para quienes no conocen al artista.


22°

Good As I Been To You (1992)

Este lanzamiento y “World Gone Wrong” perfectamente podrían haber sido un disco doble, ya que ambos se dedican a explorar el mismo concepto, que es el de “un artista y su guitarra”. Las diferencias pasan principalmente por las temáticas, donde este trabajo destaca por su evidente luminosidad comparado con el que le sigue. Los 55 minutos de “Good As I Been To You” nos regalan la mejor cara del Dylan blusero, capaz de ir desde tracks sentidos y nostálgicos –con magníficos pasajes de armónica– a otros de desenfreno sin ningún problema. No por nada Bob se referiría a estas canciones como “la verdadera música para mí”. La oferta se siente natural y cautivadora, a pesar de lo sencillo de su naturaleza.


21°

Oh Mercy (1989)

A lo largo de su carrera, Daniel Lanois (U2, Peter Gabriel) ha probado ser uno de esos productores que tiene un impacto innegable en el proceso creativo y el sello sonoro de los artistas que acompaña. Tanto así, que, si bien este es un disco de Dylan, es imposible negar que lleva el sello Lanois en lo más profundo de su ADN. Las atmósferas están perfectamente logradas, el sonido es espacioso y fluye de manera impecable, el trabajo en las percusiones es preciso y, lo mejor de todo, es que Bob se escucha increíblemente compenetrado con la propuesta. Los himnos que nos dejó este disco, donde “Most Of The Time” es el ejemplo ineludible, se ubican con propiedad dentro de lo mejor del catálogo tardío del artista.


20°

New Morning (1970)

Cuatro meses después del polémico “Self Portrait”, Dylan volvió con un ánimo que de alguna manera parecía exigir revancha. La placa tiene varias particularidades que lo iban a convertir en un triunfo sin hacer de él un disco excepcional. Acá encontramos un Dylan para todos los gustos; hay canciones de espíritu blues, pop, country e incluso jazz (cuestionable decisión), la instrumentación está bien lograda, Bob vuelve a su estilo vocal tradicional y además el track que abre y el que da nombre al álbum son canciones increíbles. Sin ser un recorrido perfecto, es difícil pasar por estos 35 minutos de música sin encontrar nada para atesorar.


19°

Bob Dylan (1962)

Cierto es que el debut de Dylan probablemente suena tal como lo hacían el promedio de los aspirantes a estrella folk de los sesenta, sin embargo, si uno escucha con atención, no es difícil entender por qué el productor de Columbia Records, John H. Hammond, insistió en conservar a este joven artista, a pesar del pobre desempeño en ventas que tuvo el álbum. Elementos que destacan en este set: el ímpetu de Bob en la guitarra, la armónica e incluso las voces, la destreza para tomar temas tradicionales y darles nueva vida, como en “In My Time Of Dyin”, que más tarde sería versionada por Led Zeppelin, es un buen ejemplo de esto, y la escasa, pero efectiva capacidad compositiva del artista. Justo lo suficiente para apostar por él.


18°

John Wesley Harding (1967)

Si el inicio de su etapa eléctrica ya había sido un giro inesperado, cambiar otra vez de rumbo justo cuando se había apropiado de la escena rock blues de Estados Unidos fue una movida que dejó congelado a todo el mundo. Colgándose de la imagen de un forajido –de reputación muy distinta a lo que reza la canción que abre el disco– y del retiro forzado después de su famoso accidente en moto, Dylan aprovechó de volver a un sonido de naturaleza folk, que claramente miraba hacia la etapa country que estaba por empezar, cambiar por completo su abordaje narrativo apostando por letras muy breves, como la de la fantástica “All Along The Watchtower”, además de enviar un mensaje a todos los que creían haberlo descifrado.


17°

Fallen Angels (2016)

Una de las particularidades que tiene la trilogía de standards es que, pareciendo muy homogénea, realmente cada álbum tiene un enfoque particular. El segundo de este set es un álbum esencialmente luminoso, con historias que, más que de soledad y pérdida (como las del disco anterior), hablan de encontrar y dejarse llevar, con melodías de una calidez y paz que invitan a sonreír y con un cantante que claramente parece estar disfrutando el momento. Más allá de la elegante instrumentación que caracteriza a toda esta saga, lo que hace único a “Fallen Angles” es lo fantástico que está Dylan en los vocales, muy por sobre lo que se le había visto la última década. De esos discos donde todo parece funcionar.


16°

The Basement Tapes (1975)

Es difícil saber cuánto de lo que se dice de este álbum tiene que ver con el mito que lo rodea y cuánto con sus méritos musicales. Publicado luego de ocho años de haber sido grabado, lo que terminó con el misterio y los bootlegs que circulaban por todos lados, el grupo de canciones que da vida al tercer disco doble de Dylan es claramente una colección diferente. El sonido no es el de un cantautor, todo acá suena a colaboración; el ánimo es expansivo, los cortes fluyen de forma natural y lo instrumental reimagina con éxito el sonido de la música de raíz estadounidense. Para quienes buscan un giro sonoro en Bob, este es el disco ganador; para los que disfrutan más de sus letras, hay otros trabajos más exitosos.


15°

Love And Theft (2001)

Quizás el mejor disco para anticipar lo que nos iba a regalar el cantautor los próximos 20 años. Lanzado el 11 de septiembre de 2001, la casi hora de música de esta entrega es un claro adelanto de la trilogía de música tradicional estadounidense (que empieza este disco) y de lo que se vendría luego con la saga de tributos iniciada con “Shadows In The Night” de 2015. Grabado casi en vivo, uno de los puntos altos de este álbum pasa por el grado de espontaneidad que exuda cada uno de los tracks, que incluso extendiéndose por más de cinco minutos en la mitad de los casos, logran hacer de este viaje un recorrido fantástico por lo mejor del pop, ragtime, blues, e incluso algo de vaudeville.


14°

Slow Train Coming (1979)

Quienquiera que diga que la trilogía cristiana fue un fracaso tras otro, nunca ha escuchado este álbum. Mezcla perfecta de entrega interpretativa y un fantástico grupo de músicos, con Mark Knopfler en la guitarra principal, el disco encargado de abrir este ciclo es un capítulo obligado del catálogo del artista. Sencillo en lo lírico, pero directo y efectivo en lo musical, las canciones que dan vida a este álbum se caracterizan por tener un feeling extremadamente liviano y cautivador. Compartiendo mucho del espíritu de “Street-Legal” (voces femeninas y bronces), lo cierto es que los pasajes de blues, gospel e incluso reggae, claramente llevan la apuesta al siguiente nivel.


13°

Tempest (2012)

Echando mano a la misma propuesta sonora de los últimos 10 años y con una voz en franco deterioro, la llegada de este álbum dejó muy poco para encantar al oyente casual. Por fortuna, el tiempo probaría que todos los que insistieron en descubrir las virtudes de la entrega tuvieron su recompensa, ya que “Tempest” marca uno de los puntos más altos de Dylan como contador de historias. Alejado casi por completo del formato estrofa-coro-estrofa, los paisajes que atraviesa este álbum van desde momentos de completa y reflexiva oscuridad, a otros de sobrecogedor homenaje, como los fantásticos siete minutos que cierran el álbum recordando a John Lennon. Disco de evolución pausada, pero tremendamente gratificante.


12°

Nashville Skyline (1969)

Si bien, es cierto que desde “John Wesley Harding” (1967) era posible ver que Dylan buscaba una nueva firma sonora, es en este disco donde se vuelca por completo a explorar la música country, pero no sólo eso: además cambia su forma de cantar. Puede sonar arriesgado y, de hecho, en su momento alejó a muchos de sus seguidores, sin embargo, el “nuevo Dylan” no sólo firmó un álbum a la altura de su catálogo, sino que también se anotó más de un track increíble en esta aventura. Quizás el mejor ejemplo de esto sea que incluso cuando acompañado por Johnny Cash se arriesgó a versionar uno de sus temas más entrañables, logró hacerlo de forma tan contundente, que es difícil elegir una de las dos versiones.


11°

Another Side Of Bob Dylan (1964)

Cada vez que quisieron colgarle una etiqueta, Dylan decidió moverse. En esta oportunidad fue en lo narrativo, donde el artista dijo “suficiente con esto de la ser la voz de su generación”. Las canciones de este álbum suenan al mismo folk que ya le conocíamos, sin embargo, tienen un ánimo mucho más liviano: hablan de amor, desencuentros y también tienen espacio para el humor, cosa que en su disco anterior hubiera sido impensable. El giro fue tan definitivo, que incluso en los cuatro minutos de la fantástica “My Back Pages” el artista se toma el tiempo de explicar su salida del ala más política del movimiento folk. Con una lírica claramente renovada, lo que seguía ciertamente era cambiar su sonido.


10°

Modern Times (2006)

Una de las cosas que hace de este un disco excepcional, es cómo el cantautor logra atrapar el espíritu de lo que venía mostrando en sus discos anteriores para luego ponerlo en un paquete increíblemente consistente. Echando mano a pasajes del más tradicional de los blues, como los seis minutos de “Rollin’ And Tumblin’” o la fantástica “Thunder On The Mountain” (con referencia a Alicia Keys incluida), Dylan aprovecha de intercalar canciones de ánimo muy pausado, pero de una belleza excepcional. Es difícil atravesar este set sin dejarse encantar por el ánimo jazz de “Spirit On The Water” o el fraseo en la maravillosa “Workingman’s Blues #2”. Elegante en la ejecución y simplemente eterno en las letras.


Rough And Rowdy Ways (2020)

Rough And Rowdy Ways

Hay discos demasiado grandes como para intentar ponerlos en una reseña. Este álbum tiene mucho de eso. Musicalmente preciso, privilegiando las baladas y los pasajes de blues, lo cierto es que lo de esta entrega va mucho más allá de lo sonoro. En este viaje el cantautor se acerca a nosotros con una cercanía inusitada, como aquel viejo amigo que hizo todo el recorrido y vuelve a compartir algunos secretos para poder retirarse a descansar. Acá Bob nos mira a la cara, comparte mucho de su intimidad, intenta explicar sus contradicciones y además nos invita a descifrar postales de una época que, pareciendo lejana, está mucho más cerca de lo que creemos. Si finalmente esta fue su despedida, es un dignísimo adiós.


Time Out Of Mind (1997)

Una de las cosas que hace de este disco un recorrido excepcional, es cómo toma lo mejor de dos personalidades potentes involucradas en el proceso creativo y termina dando vida a una suerte de soundtrack acerca de los procesos de pérdida y la inevitable transitoriedad del ser. Lanois nos golpea una vez más con sus tradicionales atmósferas gigantes, sin embargo, en esta vuelta es el cuidado en los detalles –como el efecto en la voz de Dylan usado para abrir el álbum o las percusiones en “Not Dark Yet”– lo que termina robándose las miradas. Si a eso le sumamos la contundencia lírica de un artista que, cercano a sus sesenta años, empieza a lidiar con demonios que antes no había enfrentado, el resultado es superlativo.


The Times They Are A-Changin’ (1964)

Las diez canciones que dan vida al tercer álbum del artista, marcan uno de los momentos más oscuros y provocadores que alguna vez firmaría. De hecho, basta con ver la portada para anticipar que lo que sea que incluya este set no va ser liviano. Acompañado sólo de su guitarra y armónica, y echando mano a lo mejor de sus destrezas como artista folk, Bob levanta una voz de sentida y urgente denuncia en cada uno de los tracks que golpea el set. Los pasajes incluyen, entre otros, líneas acerca de la disparidad ante la ley, la miseria a la que nos condena el sistema y la despreciable manipulación política. Un recorrido de una carga emocional gigantesca, que desgraciadamente sigue sonando actual.


Desire (1976)

Después de “Blood On The Tracks”, Dylan decidió evitar la composición en solitario, en lo que uno podría ver como una vuelta a las sombras de un artista que siempre ha preferido evitar hablar de sí mismo. Jacques Levy fue el encargado de acompañar al músico en este apartado, firmando siete de los nueve tracks. Por fortuna, el resultado de esta apuesta fue increíble; en lo musical se trata de un álbum atrevido, diferente y dinámico, en largos pasajes caracterizado por la presencia de voces femeninas y el fantástico violín de Scarlet Rivera, que dejaría su sello en tracks eternos, como la luminosa “Mozambique” o la demandante “Hurricane”. Definitivamente un álbum de exitosísima búsqueda sonora.


Bringing It All Back Home (1965)

Reflejo de un artista todavía dividido, el primer álbum de la trilogía eléctrica es la muestra perfecta de lo mejor de las dos personalidades del músico. Mientras el lado A nos deleita con todo el rock blues furioso del nuevo Dylan, listo para comerse el mundo, anotándose himnos gigantes como “Subterranean Homesick Blues” y “Maggie’s Farm”, el lado B se encarga de entregarnos lo que le iba quedando de identidad folk. Sin embargo, una de las cosas más increíbles de este álbum es que, casi como en un desafío de identidades, la cara B sale a encarar a su contraparte de forma apabullante, abriendo con “Mr. Tambourine Man” y luego manteniendo el nivel hasta el final de la entrega. Sin duda, memorable.


Highway 61 Revisited (1965)

Con Dylan transformado en estrella de rock e intentando lidiar con el odio de su primera ola de seguidores, mucho del ímpetu avasallador que tiene este álbum está relacionado con la necesidad de desahogo que el artista estaba teniendo. La forma en que “Like A Rolling Stone” abre el disco con un golpe seco, como quien da una patada a una puerta y luego dispara una lírica furiosa llena de desdén, respaldada por una muralla de sonido donde el órgano Hammond se lo come todo, fue una de las cosas que cambió el sonido y la identidad de la música de toda una generación. Nunca en el mundo del rock alguien había tocado las claves que el músico explotó en esta entrega. Probablemente su trabajo más influencial.


Blonde On Blonde (1966)

Tras 18 meses enfocado en dar vida a tres discos que lo vieron mutar por completo, es con el último de este grupo que el cantautor sube la apuesta. No sólo se trata de uno de los primeros álbumes dobles de música rock de la historia, sino que este es el trabajo donde vemos al autor alcanzar el sonido que siempre quiso tener y que él describiría como “el sonido fino y salvaje del mercurio”, donde finalmente termina de desarrollar su tan típico fraseo en los vocales. Además, es en estos 70 minutos donde por fin Dylan deja de mirar a sus seguidores y decide reírse de todo y de todos. Las postales que nos dejó este álbum son el mejor reflejo de un artista al tope de sus capacidades y liberado por completo.


The Freewheelin’ Bob Dylan (1963)

Si uno intentara resumir que es lo que hace del segundo álbum de Dylan un trabajo excepcional, probablemente habría que decir que es su equilibrio. Sin tratarse de una placa de corte romántico o abiertamente enfocada en lo sociopolítico, es capaz de firmar increíbles pasajes en cada una de esas esquinas, echando mano a una propuesta sonora sencilla, pero apabullante. Cálido y evocador cuando debe serlo, como en el caso de “Don’t Think Twice, It’s All Right”, certero en los pasajes que invitan a la reflexión, como en la inmortal “Blowin’ In The Wind”, e implacable cuando la urgencia lo amerita, como sucede en “Masters Of War”. Es difícil saber si sólo se trata de su mejor álbum folk o derechamente de su mejor álbum.


Blood On The Tracks (1975)

Sin tratarse del álbum de Dylan más arriesgado en lo musical, ni el más críptico en lo lírico, lo que hace de “Blood On The Tracks” una experiencia única, tiene que ver con lo universal de su temática de fondo y con la increíble lucidez del artista a la hora de elegir cómo musicalizar este delicado viaje. Muchos lo han catalogado como el “álbum de ruptura definitivo”, aludiendo a que hablaría del divorcio del artista, sin embargo, mirado en perspectiva, lo cierto es que poco importa si el disco habla del músico o no, lo maravilloso de este grupo de canciones es cómo el cantautor captura las distintas etapas que se atraviesan durante el duelo de pareja de forma sencillamente sobrecogedora. Las imágenes que nos regala este álbum van desde los espacios de negación, ira y reconciliación, para luego cerrar con la tan postergada, pero necesaria, aceptación. No hay forma de recorrer este álbum sin notar que hay algo de cada uno de nosotros en esos versos. Definitivamente, inmortal.


Arte por Rodolfo Jofré

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