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Discos chilenos destacados 2015

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2015 fue un tremendo año para la música chilena, pese a la fútil discusión en que resultó lo del 20% en las radios o a que nuevamente asistimos a múltiples ocasiones donde el machismo de la escena nacional se advirtió a distancia, o a los prejuicios en materia de géneros musicales aún hacen que se discuta la calidad de propuestas necesarias para destacar. Pese a los ripios de (pésima) costumbre, y a las pobres soluciones que se presentan, la música es lo último que se apaga. Como siempre.

El año fue salvado por los excelentes retornos de gente con trayectoria, pero también por debuts estremecedores, dejando la sensación de que existe fortaleza estructural a nivel creativo en la música chilena, pero también habiendo irrupciones que van más allá de estos cimientos, que se expanden en los dominios de los territorios y vibraciones que pisan la producción artística.

2015 fue marcado por el accidente cerebrovascular y posterior recuperación de Jorge González, por la posibilidad única para este país de reconocer a un ícono clave en su arte en vida, y no de forma póstuma, tanto en un Movistar Arena repleto viéndolo regresar al canto, como con el lanzamiento hace muy poco de “Trenes”, su quinto álbum solista, y el mejor disco chileno del año.

Por otro lado, tuvimos el combo doble del sello Piloto, que si bien había lanzado sencillos, noqueó a todo el mundo, primero con el gran debut de Patio Solar, “Temporada”, y meses más tarde con “Nonato Coo”, el disco más importante de 2015 a manos de Niños del Cerro. Música con arraigo del locus desde el cual es creada, no sólo física, sino que también emocionalmente, unido con la conformación de verdaderas comunidades y circuitos propios, tocando en patios, casas, lugares lejos de lo tradicional, haciendo caminos propios, refrescantes y, lo que más importa para evitar la inercia, nuevos. Como si fuera poco, además tuvimos el EP debut de Velódromo, solidísimo estreno que va por un carril más tradicional en las formas, pero no en los contenidos, con muchísima potencia e identidad clara.

En medio tenemos excelentes discos de Camila Moreno, (Me Llamo) Sebastián, Colombina Parra, Nuclear, Gepe, Tenemos Explosivos, The Suicide Bitches, All Tomorrows o Dënver; retornos para consolidarse por parte de Maifersoni o Diego Peralta; así como también el debut de Los Días Contados con su impactante “Tocaciones”, un álbum lleno de elegancia y sexualidad. Además, hay discos que pasaron demasiado desapercibidos para la calidad que mostraron, como los regresos de Claudius Rieth, Gameover, o Andrés Valdivia.

Finalmente, es importantísimo destacar la intervención de los sellos cuyos trabajos aparecen en este listado. Ya mencionamos a Piloto, pero también es muy trascendente la labor de Cápsula Discos (que editó el grandioso “Gabriel” de Matorral), Sudamerican Records (a cargo del mejor empaque de disco del año para “Triunfo Moral” de Tus Amigos Nuevos), el coloso Quemasucabeza, Beast Discos y Tuneless Records, todos sellos que no sólo editan, sino que tratan de darle valor agregado a lo que muestran, lo que es notorio y mejora sin dudas este paisaje prometedor para la escena nacional, más que por lo que hay alrededor, por lo que importa: las canciones, los artistas y las sensaciones que los discos y los conciertos producen. Aquí, tal como en 2013 y 2014, les presentamos nuestros destacados 2015 (en orden alfabético):

Adelaida – “Madre Culebra”

ADELAIDA - MADRE CULEBRAConciso. La capacidad de aprovechar los recursos en el estudio por parte de Jurel Sónico, Natalia Díaz y Gabriel Holzapfel ya se notaba en “Monolito” (2014), primer larga duración de Adelaida, pero la banda expande su identidad hacia terrenos más brumosos y potentes en “Madre Culebra”, álbum más directo y que pule los pequeños ripios técnicos que se podían sentir en “Monolito”. Junto a Pablo Giadach, garante del sonido texturado de la agrupación, Jack Endino aparece en los créditos de producción de los singles más inmediatos, como “Holograma”, los que esperamos lleven a Adelaida a una mayor cantidad de oídos, porque, aunque tenga nexos con el grunge, el rock de los porteños suena a futuro fuerte y urgente.

Aeroparque – “Aeroparque” EP

AEROPARQUE - AEROPARQUEFuerza. Dentro de las novedades que han irrumpido este año, muchas veces existen ecos de ese indie pop más estadounidense, con referentes como Mac DeMarco, pero Aeroparque va por otros rumbos, pese a compartir ciertos elementos sonoros. Su potente EP debut homónimo tiene potencia y emociones, evocando más a Los Planetas, por ejemplo, con canciones directas, como “Ya No Te Necesito”, para pasar a la calma melódica con la acústica “Este Tren”. No hay tanta madurez en el sonido de Aeroparque aún, pero se esboza una identidad clara e inquietudes que se condicen con su búsqueda en vivo, por lo que este EP se convierte en una promesa y un atisbo de realidad a manos del novel cuarteto.

All Tomorrows – “Sol Agnates”

ALL TOMORROWS - SOL AGNATESPotencia. Si hace cuatro años “Opilion” ponía al cuarteto chileno en un sitial expectante respecto a la amplia, pero muchas veces poco enfocada escena del rock chileno, “Sol Agnates” consolida a All Tomorrows a punta de precisión y fuerza, llevando más allá su evolución dentro del metal moderno. El crecimiento de la banda ha sido fuerte en el escenario, con la posibilidad de tocar en grandes ocasiones, pero escapan del designio clásico del metal chileno sobre ser mejores en vivo que en estudio con un trabajo pulcro y directo al grano que, no obstante, entrega joyas más experimentales como “Unión” o lo más mathcore con “Downpour”, una variedad que los instala entre lo mejor del año.

Andrés Valdivia – “Efectos Secundarios”

ANDRES VALDIVIA - EFECTOS SECUNDARIOSBuscar. El nombre de Andrés Valdivia ganó notoriedad por haber compuesto e interpretado ese himno que es “Encontrar”, canción parte del soundtrack de “Se Arrienda” (2005), pero el sentido de las melodías y la composición han movido armónicamente a Valdivia, primero con “Nudo Ciego” (2006) y ahora, casi una década después, con “Efectos Secundarios”, donde –como reconoció en entrevistas– intenta responder a la pregunta “¿qué significa ser un hombre en 2014?”, y quizás por ello hay más ruido y distorsión, como se nota en la tensa “Ese Misterio”, o con un dinamismo sencillo como en “Responde”. Un disco con paisajes de película y melodías de cuartos estrechos, que devuelve a Valdivia a nuestros oídos en diez tracks.

Camila Moreno – “Mala Madre”

CAMILA MORENO - MALA MADREÉpico. Delicado, furibundo y femenino, “Mala Madre” es el disco que define por completo la fuerza de Camila Moreno, al tomar las capacidades de sus lanzamientos anteriores e ir más allá. Las historias que se cuentan en él tienen mucho de íntimo, de hablar sobre las sensaciones de las oprimidas, de evitar la condescendencia porque las cosas caen por su propio peso. La oscuridad que rodea al disco se siente inevitable, mientras se suceden capas sonoras intrigantes con interpretaciones crudas y compases atrevidos, sagaces y llenos de sangre. En una escena de pop individual, “Mala Madre” se alza como una voz coral, casi como si la humanidad hablara a través suyo, en huracanes de ritmos y nubes de miradas.

Colombina Parra – “Otoño Negro”

COLOMBINA PARRA - OTOÑO NEGROReflexión. Colombina Parra es una artista de ciclos, y los que ocurren en su vida son parte importante de lo que es capaz de mostrar en sus lanzamientos como solista. Si en “Flores Como Gatos” (2011) enfrentaba la vida por su embarazo, “Detrás Del Vidrio” (2013) dejaba en claro la necesidad de Colombina de retomarse a sí misma. “Otoño Negro”, de este año, la pone frente a la muerte de su madre, Nury Tuca, y la artista lo hace de forma cálida pero a conciencia plena, con más aires a homenaje que a algo más nostálgico. Folk, cueca, noise y más se mezclan en un disco que muestra muchas más caras de Colombina que en lanzamientos anteriores. Un gran álbum con múltiples facetas.

Claudius – “Get Out”

CLAUDIUS - GET OUTÚnico. Claudius Rieth ha hecho una carrera en la producción y en la capacidad de pulir el sonido de otros, generando joyas en múltiples estilos, aunque para sí mismo ha dedicado menos tiempo, con sólo un álbum anterior, “Piano” (2008), y este, “Get Out”, que quizás a muchos no les suene porque no parece un disco hecho en Chile –para el caso, en el Estudio Triana en plena Providencia-, y genera sensaciones como las de New Orleans, Seattle o New York. Es un álbum con vocación, calidad e interpretaciones internacionales, pese a su aparente simpleza. He ahí una gracia de los grandes como Rieth: saber que el virtuosismo no muestra maestría, sino que es simplemente hacer las cosas bien.

Dënver – “Sangre Cita”

DENVER - SANGRE CITARiesgos. El cambio sonoro, arriesgadísimo y aun así muy lógico que presentó Dënver en su cuarto disco, “Sangre Cita”, es parte de las apuestas más fuertes del año. Si los arreglos aparentemente densos se sucedían en “Fuera de Campo” (2013), en su nuevo disco el dúo de Milton Mahan y Mariana Montenegro se posiciona en la pista de baile, de forma directa, apelando conscientemente a un sonido “plástico”, que esconde una manufactura muchas veces grandiosa (“Mai Lov”, “Mi Derrota”, “Los Vampiros”) y otras no tanto (“Bola Disco”), pero que nunca deja de exudar toneladas de convicción. La intención de Dënver nunca estuvo tan clara como ahora, y la transición de “Sangre Cita” debe ser seguida con mucha atención.

Diego Peralta – “Nuevo Hogar”

DIEGO PERALTA - NUEVO HOGARRefugios. Aunque llevaba tres producciones anteriores, “Nuevo Hogar” representa el debut en las ligas mayores para Diego Peralta que, pese a su juventud, tiene ya bastante recorrido en la escena más under de los cantautores en nuestro país. De la mano de la producción de Mowat, y con participaciones de Ítalo Arauz, Felipe Cadenasso y Antonio Del Favero de Matorral, Leo Saavedra, Cristóbal Briceño, y Javier Barría, Peralta logra destacar con canciones que se notan trabajadas a pulso para lograr el tránsito desde la composición solista, hasta un desarrollo en banda que permite ver la ambición de un autor que –como la carátula– merece estar en portada, a la vista y oído de todos.

Föllakzoid – “III”

FÖLLAKZOID - IIICaleidoscopio. Uno de los grupos de rock psicodélico más exitoso de nuestro país, que no tiene una presencia muy importante en las carteleras de conciertos en vivo, pero esto no impide que su fama crezca de la mano de sus discos. “III”, no sólo muestra una evolución, sino que algo aún más complicado dentro del estilo en el que se mueven, evidenciando rasgos únicos y reconocibles. Sí, “III” a veces se siente un poco pegado y monotemático, pero nadie puede negar que Föllakzoid es una fuerza que, a través de loops, efectos y ecos, consigue dar con canciones que impactan y que merecen ser escuchadas. Esperemos que sí sean profetas en su tierra, porque tienen méritos para ello.

Gameover – “Lázaro”

GAMEOVER - LAZAROGeneración. No hay regularidades en el trabajo que ha llevado a cabo Gameover, uno de esos grupos que definió lo que es ser independiente a comienzos de los 2000. Luego de un tránsito vertiginoso, dos hiatos han devuelto a la banda al ruedo por cortos períodos, y su estatus de culto se ha construido de manera quizás involuntaria, lo que le viene bien a un disco directo pero atemporal como “Lázaro”, siendo una breve aunque potente declaración de Gameover en 2015; una definición de que la madurez implica reconocer lo que se hizo bien, abrazarlo y devenirlo en historia grande, de esas que se escriben en canciones largas, como la excelente “Rey de la Ciudad” o en “Mil Años Luz”. Fuerte, claro, levántate y anda.

Gepe – “Estilo Libre”

GEPE - ESTILO LIBREColores. No es complicado ver por qué hay gente que aún resiste a Gepe. Daniel Riveros no hace lo mismo una y otra vez, sino que impulsa cambios, se mueve por diferentes géneros, y por ello es que genera también anticuerpos; es claro, porque se niega a seguir por caminos de un pasado glorioso. Hoy, se arma de canciones que están listas para cazar listados de todas las radios, porque Gepe en “Estilo Libre” genera fiestas para cada espacio del dial, romántico con “Invierno” o “TKM”, bailoteado con “Fiesta Maestra” o “Melipilla”, e incluso más zorrón con “Vivir”, a dúo con Javiera Mena. Un disco que lo libera de etiquetas y que es a prueba de prejuicios, con calidad e intención internacional.

Gran Capitals – “Nada Raro EP

GRAN CAPITALS - NADA RAROInfluencia. Las seis canciones que componen el EP debut de Gran Capitals –antes conocidos como ReyTuerto– son una cachetada de actualidad en medio de un panorama rockero que en Chile parece ser más tendiente a los residuos de los clásicos reinventados, más que a la novedad. “Nada Raro” tiene un sonido sofisticado, fresco y lleno de rock alternativo, donde las influencias quedan muy claras, pero se apropian de manera armónica y sin caer en el pastiche. Un debut con alma de experiencias extensas y canciones que recién comienzan a abrirse camino, son cosas que el sexteto tiene para seguir adelante, siendo parte de los estandartes de un rock que en ellos encuentra una bocanada de aire fresco.

Jorge González – “Trenes”

JORGE GONZALEZ - TRENESMaestro. El mejor disco del año viene de la mano del artista vivo más importante de la música chilena, que en vez de dormir entre las almohadas de la redituable nostalgia, lleva al ex Prisionero a los territorios del pop más texturado y variado. A diferencia de “Libro” (2013), donde lo acústico dominaba la escena, en “Trenes” JG no se limita, usa recursos electrónicos, aparentes sampleos y efectos, logrando mezclar la calidez de “Nada Es Para Siempre” con la cadencia oscura y sexual de “Desconocido” o el pop-funk de “Julián”. González toma múltiples hablantes y alter egos para lograr el objetivo de transportarnos a través de un disco inolvidable y lleno de sentimientos. Lo mejor del año.

Los Días Contados – “Tocaciones”

LOS DIAS CONTADOS - TOCACIONESElegancia. Juan Pablo Abalo ya había entregado uno de los mejores discos chilenos en la última década durante 2014, pero nada hacía presagiar que, junto a Carlos “Cabeza” Reinoso (ex Mostro) y Luis Felipe Saavedra, sacaría en 2015 un álbum que movería esa oscuridad en clave de pista de baile reflexiva. “Tocaciones” de Los Días Contados cuenta con elegancia, con texturas cercanas a la de las sábanas de una cama vacía, un tanto desordenada, pero con el frío de las brisas que acompañan a una lluvia copiosa. En seis canciones y media hora, el trío muestra las caras más escondidas del dolor sensual al ritmo de beats y sintetizadores, cuya calidad hace de este uno de los debuts más pulcros en los últimos años.

Maifersoni – “Maiferland (Acto de Amor)”

MAIFERSONI - MAIFERLAND ACTO DE AMORAtmósferas. Enrique Elgueta estuvo en silencio cinco años, desde su “Telar Deslizante” (2010) hasta crear su tierra propia, “Maiferland”, donde se palpa reflexión y un idealismo sujeto al amor. No es el álbum más fácil de digerir de la temporada, pero una vez que el oyente queda inmerso en él, no hay para qué escapar. La estratósfera resulta ser el lugar perfecto para observar los movimientos en un planeta original, que habla de “generaciones doradas” y “partners”, de invocaciones y de aires andinos, porque las historias y ánimos se entrelazan para dar con un álbum que parece una verdadera introducción al mundo de Maifersoni, ese que se desata y brilla en su sólido show en vivo.

Mantarraya – “Frío” EP

MANTARRAYA - FRIOCalidez. Sólo cuatro canciones hicieron falta para que los penquistas Mantarraya se hicieran notar en 2015. Aunque de bajo perfil, el lanzamiento de su EP acústico, “Frío”, dejó en claro que, junto con lo expansivo de su sonido eléctrico, evidente en “Costa Esqueleto” (su excelente debut de 2013), existe una sensibilidad melódica que impacta. Perfecto para sonorizar una fogata en el sur o un despertar en la costa, “Frío” incluye su breve y emocionante tema homónimo o la grandiosa “La Divina Comedia”, antecedentes promisorios para los siguientes pasos del quinteto, que muestra en este EP su capacidad compositiva al desnudo, y sale con un gran triunfo en las manos.

Matorral – “Gabriel”

MATORRAL - GABRIELPerfección. No es nuevo afirmar que Matorral tiene una de las discografías más potentes y perfectas de la música nacional, pero el cuarteto, acostumbrado a un sonido directo y en vivo, necesitaba explorar las opciones de edición del estudio para dar un paso adelante en su ya excelsa calidad. “Gabriel” es el resultado de un trabajo meditado, con ningún elemento de sobra, con todo en su lugar, con canciones donde la vida transcurre en dos minutos, como “Abril”, o tiene la urgencia emocional de “Blanco”. Perfección con sangre, alma, belleza y la fuerza de la experiencia dispuesta de la manera más coherente, que hacen de “Gabriel” lo mejor de los ya tremendos Matorral.

(Me Llamo) Sebastián – “La Belleza”

ME LLAMO SEBASTIAN - LA BELLEZATeatral. Si “El Hambre” (2012) presentaba a Sebastián Sotomayor a lo grande, con un set de canciones infalibles e interpretaciones únicas, “La Belleza” aspira a cosas aún mayores. Ya no es sólo (Me Llamo) Sebastián quien se quiere presentar, sino que también tenemos mayores chance de acceder a sus composiciones y a las relaciones que se establecen entre estas y quien las oiga. Si antes se esbozaban los tópicos autobiográficos, ahora el compromiso es aún mayor, y la identidad de género aparece como columna vertebral de los relatos, pero musicalmente además todo es más radial, más sencillo de digerir, sin claudicar en lo teatral y en la riqueza de matices. Una belleza, por dentro y por fuera.

Niños Del Cerro – “Nonato Coo”

NIÑOS DEL CERRO - NONATO COOManifiesto. El álbum más importante del año. Quizás, uno del cual se harán tesis y análisis sociológicos en el futuro. “Nonato Coo” no sólo es un gran disco, sino que también parece ser la carta de principios de la nueva era de la música independiente en Chile, esa que se escapa de los teclados y bases para tomar instrumentos e irrumpir en formato banda, hablando menos y convocando más, generando himnos dignos de cantar como barrabrava, tal cual son los temas que se suceden en este excelente lanzamiento de Niños del Cerro,  uno de los créditos de la piedra angular de esta nueva escena, el iluminador sello Piloto. Un manifiesto épico y un gran disco debut para los floridanos.

Nuclear – “Formula For Anarchy”

NUCLEAR - FORMULA FOR ANARCHYControl. El metal chileno goza de un nivel muy interesante cuando se exploran de forma correcta los matices y el sonido, teniendo varias pruebas de ello, aunque la mayoría de las veces se trata más fuertemente de la experiencia arriba del escenario y las salas de ensayo. Nuclear no ha hecho un camino corto: los ariqueños tienen más de 17 años de carrera, y en “Formula For Anarchy” logran su mejor trabajo a la fecha, sin abandonar la brutalidad de su propuesta, pero agregándole cuotas de manejo y producción que los llevan a arenas internacionales, no sólo en escena, sino que también en estudio, lejos de las fórmulas, jugándosela por desarrollar las canciones, y dejarlas fluir con potencia suprema.

Patio Solar – “Temporada”

PATIO SOLAR - TEMPORADARealidad. El otro disco editado por Piloto, primer larga duración del novel sello, y uno perfecto para ampliar las rutas desde la periferia del Gran Santiago –esa donde hay pasajes estrechos y patios breves– hacia la carretera musical, instancia en que se dan a conocer nuevas propuestas a la velocidad de la luz, y donde la voz de Claudio Gajardo, sin mayores inflexiones, logra expresar emociones de forma adolescente sin subestimar tal concepto, de forma sencilla sin escatimar en calidad, y con una capacidad de letras y melodías tan directas, que es imposible quedar indiferentes. Un disco que dejó y seguirá dejando huella, y que pone todos los ojos en el luminoso futuro de Patio Solar.

Planeta No – “Odio”

PLANETA NO - ODIOOrgánico. Muchas veces se dictamina que el pop es música plástica, poco tangible. De ser así, ese prejuicio choca de frente con Planeta No. El trío, luego de varios años puliendo su propuesta y con el buen EP “Matucana” (2014) como antecedente, sacó “Odio” este año, tremendo debut donde lo orgánico es fundamental. Música para bailar y llorar, para cantar y tocar, con puntos altísimos en “El Campo”, “Maricón Zara” y “64”, en un disco que en medio de letras aparentemente simples explora la adolescencia como el último bastión de la rebeldía y de la posibilidad de una identidad propia, sin estar amenazada por las hegemonías culturales y económicas. Sí, hay odio, pero también mucha verdad.

Tenemos Explosivos – “La Virgen De Los Mataderos”

TENEMOS EXPLOSIVOS - LA VIRGEN DE LOS MATADEROSMemoria. En Chile mucha gente se compra el populismo, el discurso oficial, la necedad que domina el cotidiano, y en medio se enfrentan a slogans facilistas. He ahí donde se hace urgente el rescate de la memoria, de la historia, de los procesos, y de las sensaciones asociadas que generan las letras de Eduardo Pavez en “La Virgen de los Mataderos”, segundo disco de Tenemos Explosivos. Canción política pero poética, sin explícitos pero dejando todo muy claro, en medio de gritos y potencia post hardcore permanente. Un disco memorable y que es necesario escuchar muchas veces para poder hacernos cargo de la multiplicidad de significados que posee. Una escucha necesaria en tiempos oscuros.

The Suicide Bitches – “Semenation”

THE SUICIDE BITCHES - SEMENATIONRock. Pudo haber partido como un proyecto de un grupo de amigos, pero la evolución evidenciada en “Semenation” hace que The Suicide Bitches pise fuerte y asegure su lugar en los buenos lanzamientos de 2015 en Chile, en especial al jugársela por un rock “a secas”, sin caer ni en el metal ni en la psicodelia dominantes, y así hacerse su propio camino con ciertos elementos stoner y también con mucho tino en el manejo de la dinámica de los compases y la potencia. Uno de los proyectos más directos, que aprendió a ponerse más capas y texturas, logrando uno de los discos más excitantes y fáciles de disfrutar en un año donde pocos lograron tal solidez y consistencia en el rock.

Trementina – “Almost Reach The Sun”

TREMENTINA - ALMOST REACH THE SUNDefinitivo. Shoegaze puro y duro, con una apropiación única de códigos que parecen muy conocidos, es la carta de presentación del cuarteto valdiviano que madura y lleva su identidad al papel más sólido con este, su último lanzamiento. Ya en su EP “Brilliant Noise” (2013) mostraban que su interés es mezclar ruido con una sensibilidad pop evidente. No son dados a la complejidad como motivo de hacer canciones, aunque logren intrincados y geniales solos y murallas de efectos a volúmenes altos. Trementina hasta fue editado en Japón, y es de las pocas bandas chilenas que puede cantar en inglés y no perder en el intento. Sin duda seguirán proyectándose a la velocidad del sonido.

Tus Amigos Nuevos – “Triunfo Moral + Folclor de Medianoche I”

TRIUNFO MORAL - TUS AMIGOS NUEVOSEscenarios. Diego Lorenzini tiene una capacidad de generar letras cercanas y divertidas, con melodías imbatibles, pero en Tus Amigos Nuevos no posee la carga de ser el ente creativo, y Javier Chorbadjian, Leo Salinas y Manuel del Valle dotan a TAN de una potencia y posibilidad de corromper al ente viviente más aburrido a punta de bajos dinámicos, percusiones enérgicas y riffs afilados. Una fiesta que en vivo se desata y que en “Triunfo Moral” tiene su registro más acabado, mientras que el EP “Folclor de Medianoche I” muestra las sensibilidades innegables del conjunto, capaces de crear canciones excelentes, sea de la mano del ruido más fiestero o de las cuerdas acústicas más bonitas.

Velódromo – “Velódromo” EP

VELODROMO - VELODROMORevelación. Cuando el novel cuarteto Velódromo sacó su primer adelanto, “Gemini”, este año, las miradas inmediatamente se pusieron en lo que sería su EP debut. Un sonido tan maduro y tan claro es complejo de encontrar en el espectro de agrupaciones que buscan ser depositarias del shoegaze; y es que Velódromo –como muestra en las cuatro canciones que conforman su primer lanzamiento– mezcla con gracia sus influencias, logrando algo único y, lo más importante, con identidad inmediata. Puede que les falte experiencia, pero las ideas están, y si con cuatro canciones se convirtieron en una de las “bandas revelación”, habrá que esperar qué pueden hacer con un LP en toda su magnitud.

Por Manuel Toledo-Campos

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Los discos de Bob Dylan

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Bob Dylan Discos

El 24 de mayo de 1941 en Duluth, Minnesota, nace Robert Allen Zimmerman, más conocido como Bob Dylan, uno de los músicos más trascendentes de la escena folk, rock y blues de los 60 y 70. Figura difícil de atrapar, enemigo de los rótulos y eterno héroe de las letras, ha dado vida a una carrera incombustible, plagada de himnos grabados a fuego en el imaginario colectivo.

Como buen artista con más de cinco décadas de carrera en el cuerpo, es poseedor de un catálogo discográfico gigantesco, que muchas veces puede ser abrumador cuando uno desea aproximarse a su obra. Con esto en mente, y a manera de celebrar su figura en el momento en que cumple años, hemos querido compartir con ustedes un ranking de los larga duración de estudio del cantautor, partiendo por sus trabajos menos afortunados para luego cerrar con sus obras maestras. Como todo ranking, el orden de los discos tiene un carácter subjetivo y sin duda debatible, por lo que, más que centrarse en el lugar de cada álbum, nos gustaría que disfruten el recorrido tanto como lo hicimos nosotros.

39°

Knocked Out Loaded (1986)

El quinto disco lanzado por Dylan en los ochenta se ubica justo al medio de su peor racha. Las críticas a este álbum no pasan por las canciones incluidas; de hecho, el tema encargado de abrir el álbum es tremendamente efectivo, a pesar de su evidente sencillez. El problema con este disco tiene que ver con su cantidad de puntos bajos. La mezcla de estilos es difícil de entender (pasando por blues rock, pop y reggae), la instrumentación tiene una energía pobrísima y buena parte de los giros sonoros por los que apuesta Bob para ganar intensidad rayan abiertamente en lo cliché (el coro de niños en “They Killed Him” es el ejemplo más claro de eso). Sin duda, de los pocos discos de Dylan que uno podría elegir ignorar.


38°

Down In The Groove (1988)

Definitivamente, la segunda mitad de los ochenta no fue un buen período para Bob. Como a muchos artistas que hicieron el tránsito desde los 70, la firma musical de esta nueva década terminaría pasándole por arriba, llevándolo a perder buena parte de su propia identidad sonora. El álbum número veinticinco de Dylan tiene la particularidad de haber reunido un número gigantesco de colaboradores, incluyendo a Eric Clapton, Jerry García, Steve Jones y Paul Simonon, entre otros, y pese a sus tremendos pergaminos, terminaría dando vida a un deslavado set de pop folk genérico que, como muchos de los discos menos afortunados de Bob, se deja escuchar sin problemas, pero tiene poco o nada para llevarse con uno.


37°

Empire Burlesque (1985)

Muchos discos de Dylan tienen la particularidad de dejar clarísimo de qué se va a tratar el con sólo escuchar el primer tema. Es el caso de “The Times They Are A-Changin’”, “Highway 61 Revisited” y, desafortunadamente también es cierto, con “Empire Burlesque”. Los 46 minutos de música de este álbum califican dentro del pop más plástico que alguna vez le veríamos al artista. La estructura de casi todos los temas es increíblemente predecible, la instrumentación es arquetípica hasta el hastío y, lamentablemente, hasta algunas de las letras (habitualmente su escudo invencible) son desechables. De todas las trilogías que firmó Bob, este álbum da inicio a la más baja de ellas.


36°

Saved (1980)

Segundo disco de la trilogía cristiana. Más allá de las críticas que pueden existir respecto a la originalidad de la oferta musical y de lo “poco desafiante” del contenido narrativo de algunos tracks, lo cierto es que el nivel de entrega que alcanza Bob en estos discos es ciertamente destacable. Cada uno de los cortes de este álbum tiene a Dylan abiertamente dejándolo todo. Sin ir más lejos, la canción que da título al álbum es increíblemente cautivadora, lista para convertir al más recalcitrante de los ateos. Maravillosos pasajes de gospel, precisos acompañamientos vocales y toneladas de intensidad hacen de este trabajo un álbum con el que uno podrá no congeniar, pero que ciertamente tiene grandes momentos.


35°

Self Portrait (1970)

El primer disco de Dylan basado básicamente en versiones (fuera de su álbum debut) exige una mirada abierta. Para empezar, el mismo Dylan ha afirmado que se trató de una humorada, un álbum destinado a bajarle los humos a la gente que insistía en verlo como una figura mesiánica. En ese sentido, es fácil entender lo descuidado del registro, cuyo principal problema es lo desordenado que es. Bob transita caprichosamente por canciones clásicas como “Blue Moon”, cortes de aire country, temas instrumentales y momentos de rareza sublime, como la versión de “The Boxer” de Simon & Garfunkel, donde juega a interpretar las dos voces en tiempos que rara vez coinciden. Un álbum básicamente dirigido a completistas.


34°

Under The Red Sky (1990)

Después de una década para el olvido, el álbum número 27 de Bob Dylan llegó a demostrar que, si bien el oriundo de Duluth aún era capaz de lanzar una placa rescatable como “Oh Mercy”, ciertamente seguía extraviado. La apertura del álbum con “Wiggle Wiggle” no puede ser menos auspiciosa (casi con seguridad no la canción por la que Slash quería ser recordado por colaborar con Dylan), por fortuna, no todo en esta entrega es de ese nivel. De hecho, algunas baladas y pasajes de blues rock son más que correctos, y el tema que da título al álbum es sin duda querible si uno considera que el disco está dedicado a su hija de cuatro años. No es el momento más brillante de Dylan, pero lejos de ser su más bajo.


33°

Dylan (1973)

Después de dejar Columbia y sin hacerlo partícipe, el sello decidió lanzar un nuevo álbum de Dylan usando básicamente canciones que habían quedado fuera de sus dos discos de 1970, dando vida a algo así como una suerte de “Self Portrait”, pero un poco más ordenado. Sólo versiones y algunos cortes tradicionales ocupan este corto set de canciones que, sin ofrecer nada deslumbrante, logra rescatar algunos temas que de lo contrario habrían quedado sepultados por muchos años esperando la llegada de los bootlegs oficiales. Acertadas versiones de “Can’t Help Falling In Love” y, particularmente, la sentida toma de “The Ballad Of Ira Hayes” hacen de este álbum una parada obligada para cualquier seguidor de Bob.


32°

Together Through Life (2009)

Escrito en conjunto con Robert Hunter (Grateful Dead), “Together Through Life” debe ser el único punto de estos últimos 25 años donde Bob Dylan se ha anotado un claro traspié. Sin duda, hay seguidores que siempre van a disfrutar un nuevo disco de blues folk con mucho del sonido de New Orleans viniendo de Bob, el problema de este álbum es que básicamente se dedica a repetir la fórmula que venía explotando en sus últimos discos y la hace sonar plana, ofreciéndonos muy poco para conservar con nosotros al final del día (“It’s All Good” debe ser la gran excepción). Tomar el espíritu de una canción que Bob iba a componer para un soundtrack y terminar haciendo un álbum de ello quizás no fue la mejor idea.


31°

Christmas In The Heart (2009)

Tal como dice el título, el gran atributo de esta colección de clásicos de Navidad es el cariño con que está hecho. Para el año 2009 Dylan estaba pasando por un período complejo en términos de desempeño vocal, y claramente estaba teniendo problemas para adaptarse a su “nueva” voz (cosa que es posible notar también en “Together Through Life”). Afortunadamente, la instrumentación, el ánimo general del grupo de músicos y la forma en que están logradas las atmósferas es tan maravillosa, que el álbum logra transmitir de manera perfecta el espíritu que intenta contagiar, más allá de los baches vocales que uno pueda encontrar. Sorpresivamente, Dylan se anotó uno de los mejores discos de Navidad de los últimos años.


30°

Shot Of Love (1981)

El último disco de la trilogía cristiana tiene sin duda más aciertos que desencuentros. El ánimo es más luminoso que en “Saved”, el trabajo en la guitarra se anota un punto alto y el grueso de la apuesta sonora es convincente e incluso contagiosa más allá de algunas variaciones estilísticas algo difíciles de entender, que van desde el reggae a canciones de aire motown. El problema con “Shot Of Love” tiene que ver desafortunadamente con el ánimo de Dylan en lo narrativo, donde por momentos se le escucha abiertamente molesto y acusador (lo contrario que uno esperaría de un tipo lleno de espiritualidad). Claramente, después de tres discos en esta misma línea, Bob necesitaba comenzar a mirar hacia otros horizontes.


29°

Pat Garrett & Billy The Kid (1973)

Para muchos el disco de “Knockin’ On Heaven’s Door” y nada más. Sin duda, el tema versionado por Clapton en 1975 y luego por Guns N’ Roses en 1987 se ha instalado fuerte en el imaginario colectivo, y posiblemente ha hecho llegar a Dylan a más de un curioso. Por fortuna, el disco es mucho más que eso. No hay que olvidar que el álbum número 12 de Dylan es un soundtrack, y en esa línea se aboca la mayor parte del tiempo a generar ambientes que, para ser justos, están muy bien logrados. Viniendo de Bob, indudablemente uno quisiera tener más letras para revisar (el disco incluye otros tres cortes “cantados”), pero la verdad es que el álbum logra graduarse con éxito en la línea folk country que se dedica a explorar.


28°

Triplicate (2017)

Luego de dos discos fundamentalmente, dedicados a versionar clásicos en su gran mayoría popularizados por Frank Sinatra, Dylan decidió volver a apostar por la misma fórmula, pero esta vez con un disco triple. Un desafío mayor, pero de alguna forma, y mirado en retrospectiva, un ejercicio que el cantautor parecía necesitar (en lo vocal y también en lo motivacional) para poder volver a la composición original. Los 95 minutos de “Triplicate” no son un recorrido fácil. Extremadamente homogéneo por largos pasajes, la virtud principal de este set es la respetuosa y elegante manera en que Dylan y sus músicos logran adueñarse de cada uno de estos tracks, impregnándolos de su propia y nostálgica mirada.


27°

Infidels (1983)

El gran retorno de Bob post trilogía cristiana para muchos de sus seguidores. Para otros, sin embargo, un disco aún fuertemente ligado al discurso religioso, que además empezaba a mostrar los tics del sonido ochentero que tan mal le hicieron al cantautor. Más allá de los desacuerdos esperables, es cierto que “Infidels” goza de un mejor sonido en términos de producción y además tiene una narrativa que, si bien sigue ligada al imaginario religioso, es ciertamente más elegante que la de los discos que lo preceden. Quizás el gran mérito de este trabajo es que se trata de un disco breve y entretenido, que cada vez que logra ser bueno (como lo hace al inicio y al cierre de la entrega, por ejemplo), es muy bueno.


26°

World Gone Wrong (1993)

La primera mitad de los noventa fue un periodo de transición para Dylan, que terminaría llevándolo una vez más en su carrera a grabar discos de versiones. Más allá de las limitaciones propias de este tipo de registros, “World Gone Wrong” nos permitió volver a disfrutar de la faceta donde muy probablemente se encuentra más cómodo, cuando se trata básicamente de él y su guitarra. Con un sonido rústico (las canciones fueron grabadas en la cochera de su casa) y principalmente abocado a revisitar clásicos del blues rural popularizados por artistas insignes como Blind Willie McTell y Willie Brown, el álbum número 29 de Dylan es un recorrido esencialmente íntimo y sencillo, para disfrutar sin prisas.


25°

Planet Waves (1974)

Para su debut en el sello Asylum, Dylan dejó atrás el sonido country que había explorado intermitentemente desde “John Wesley Harding” (1967) y decidió volver al folk rock. En términos de ventas, este giro fue un éxito; de hecho, fue el primer número uno de Dylan en Estados Unidos. Como propuesta sonora, sin embargo, aun tratándose de un recorrido ciertamente agradable, la verdad es que por momentos la entrega se siente errática (la inclusión de dos versiones del mismo track es el mejor ejemplo de eso) y, a pesar de tener algunas canciones que sobresalen, como la versión lenta de “Forever Young” o “Dirge”, finalmente todo parece sostenerse sobre las virtudes del sello sonoro del combo Dylan-The Band.


24°

Street-Legal (1978)

La experiencia con “Desire” (1976) y el “Rolling Thunder Revue” (1975-1976) claramente dejó en la cabeza de Bob muchas nuevas posibilidades musicales a explorar. En ese contexto, apuesta por expandir su sonido y decide sumar a su banda habitual, tres cantantes mujeres para las segundas voces, un violinista, un saxofonista e incluso un trompetista para uno de los tracks. Las canciones que dan vida a “Street-Legal” son todas gigantes por naturaleza, llenas de intensidad, con un Dylan preciso en los vocales y siempre apuntando a explotar en un clímax épico. Para muchos, un álbum tremendamente sobrepoblado y por momentos reverberante, pero innegablemente entretenido y con identidad propia. De escucha obligada.


23°

Shadows In The Night (2015)

Cuando Bob anunció que lanzaría un álbum de versiones de clásicos popularizados por Sinatra, no dejó de ser una sorpresa. La pregunta obvia fue: ¿Cómo lo va a hacer Dylan, cuya voz viene en franco decaimiento, para versionar a un tipo apodado “La Voz”? Y lo cierto es que, sin grandes contratiempos, logra triunfar en esta empresa básicamente por lo bien elegido del set, lo respetuoso de su interpretación y el gran trabajo en la instrumentación, donde el pedal steel guitar pone la nota alta de la entrega. Sin embargo, más allá de sus méritos, la verdad es que este trabajo no es un recorrido fácil. De ánimo sombrío y muy pausado, la oferta puede ser desalentadora, sobre todo para quienes no conocen al artista.


22°

Good As I Been To You (1992)

Este lanzamiento y “World Gone Wrong” perfectamente podrían haber sido un disco doble, ya que ambos se dedican a explorar el mismo concepto, que es el de “un artista y su guitarra”. Las diferencias pasan principalmente por las temáticas, donde este trabajo destaca por su evidente luminosidad comparado con el que le sigue. Los 55 minutos de “Good As I Been To You” nos regalan la mejor cara del Dylan blusero, capaz de ir desde tracks sentidos y nostálgicos –con magníficos pasajes de armónica– a otros de desenfreno sin ningún problema. No por nada Bob se referiría a estas canciones como “la verdadera música para mí”. La oferta se siente natural y cautivadora, a pesar de lo sencillo de su naturaleza.


21°

Oh Mercy (1989)

A lo largo de su carrera, Daniel Lanois (U2, Peter Gabriel) ha probado ser uno de esos productores que tiene un impacto innegable en el proceso creativo y el sello sonoro de los artistas que acompaña. Tanto así, que, si bien este es un disco de Dylan, es imposible negar que lleva el sello Lanois en lo más profundo de su ADN. Las atmósferas están perfectamente logradas, el sonido es espacioso y fluye de manera impecable, el trabajo en las percusiones es preciso y, lo mejor de todo, es que Bob se escucha increíblemente compenetrado con la propuesta. Los himnos que nos dejó este disco, donde “Most Of The Time” es el ejemplo ineludible, se ubican con propiedad dentro de lo mejor del catálogo tardío del artista.


20°

New Morning (1970)

Cuatro meses después del polémico “Self Portrait”, Dylan volvió con un ánimo que de alguna manera parecía exigir revancha. La placa tiene varias particularidades que lo iban a convertir en un triunfo sin hacer de él un disco excepcional. Acá encontramos un Dylan para todos los gustos; hay canciones de espíritu blues, pop, country e incluso jazz (cuestionable decisión), la instrumentación está bien lograda, Bob vuelve a su estilo vocal tradicional y además el track que abre y el que da nombre al álbum son canciones increíbles. Sin ser un recorrido perfecto, es difícil pasar por estos 35 minutos de música sin encontrar nada para atesorar.


19°

Bob Dylan (1962)

Cierto es que el debut de Dylan probablemente suena tal como lo hacían el promedio de los aspirantes a estrella folk de los sesenta, sin embargo, si uno escucha con atención, no es difícil entender por qué el productor de Columbia Records, John H. Hammond, insistió en conservar a este joven artista, a pesar del pobre desempeño en ventas que tuvo el álbum. Elementos que destacan en este set: el ímpetu de Bob en la guitarra, la armónica e incluso las voces, la destreza para tomar temas tradicionales y darles nueva vida, como en “In My Time Of Dyin”, que más tarde sería versionada por Led Zeppelin, es un buen ejemplo de esto, y la escasa, pero efectiva capacidad compositiva del artista. Justo lo suficiente para apostar por él.


18°

John Wesley Harding (1967)

Si el inicio de su etapa eléctrica ya había sido un giro inesperado, cambiar otra vez de rumbo justo cuando se había apropiado de la escena rock blues de Estados Unidos fue una movida que dejó congelado a todo el mundo. Colgándose de la imagen de un forajido –de reputación muy distinta a lo que reza la canción que abre el disco– y del retiro forzado después de su famoso accidente en moto, Dylan aprovechó de volver a un sonido de naturaleza folk, que claramente miraba hacia la etapa country que estaba por empezar, cambiar por completo su abordaje narrativo apostando por letras muy breves, como la de la fantástica “All Along The Watchtower”, además de enviar un mensaje a todos los que creían haberlo descifrado.


17°

Fallen Angels (2016)

Una de las particularidades que tiene la trilogía de standards es que, pareciendo muy homogénea, realmente cada álbum tiene un enfoque particular. El segundo de este set es un álbum esencialmente luminoso, con historias que, más que de soledad y pérdida (como las del disco anterior), hablan de encontrar y dejarse llevar, con melodías de una calidez y paz que invitan a sonreír y con un cantante que claramente parece estar disfrutando el momento. Más allá de la elegante instrumentación que caracteriza a toda esta saga, lo que hace único a “Fallen Angles” es lo fantástico que está Dylan en los vocales, muy por sobre lo que se le había visto la última década. De esos discos donde todo parece funcionar.


16°

The Basement Tapes (1975)

Es difícil saber cuánto de lo que se dice de este álbum tiene que ver con el mito que lo rodea y cuánto con sus méritos musicales. Publicado luego de ocho años de haber sido grabado, lo que terminó con el misterio y los bootlegs que circulaban por todos lados, el grupo de canciones que da vida al tercer disco doble de Dylan es claramente una colección diferente. El sonido no es el de un cantautor, todo acá suena a colaboración; el ánimo es expansivo, los cortes fluyen de forma natural y lo instrumental reimagina con éxito el sonido de la música de raíz estadounidense. Para quienes buscan un giro sonoro en Bob, este es el disco ganador; para los que disfrutan más de sus letras, hay otros trabajos más exitosos.


15°

Love And Theft (2001)

Quizás el mejor disco para anticipar lo que nos iba a regalar el cantautor los próximos 20 años. Lanzado el 11 de septiembre de 2001, la casi hora de música de esta entrega es un claro adelanto de la trilogía de música tradicional estadounidense (que empieza este disco) y de lo que se vendría luego con la saga de tributos iniciada con “Shadows In The Night” de 2015. Grabado casi en vivo, uno de los puntos altos de este álbum pasa por el grado de espontaneidad que exuda cada uno de los tracks, que incluso extendiéndose por más de cinco minutos en la mitad de los casos, logran hacer de este viaje un recorrido fantástico por lo mejor del pop, ragtime, blues, e incluso algo de vaudeville.


14°

Slow Train Coming (1979)

Quienquiera que diga que la trilogía cristiana fue un fracaso tras otro, nunca ha escuchado este álbum. Mezcla perfecta de entrega interpretativa y un fantástico grupo de músicos, con Mark Knopfler en la guitarra principal, el disco encargado de abrir este ciclo es un capítulo obligado del catálogo del artista. Sencillo en lo lírico, pero directo y efectivo en lo musical, las canciones que dan vida a este álbum se caracterizan por tener un feeling extremadamente liviano y cautivador. Compartiendo mucho del espíritu de “Street-Legal” (voces femeninas y bronces), lo cierto es que los pasajes de blues, gospel e incluso reggae, claramente llevan la apuesta al siguiente nivel.


13°

Tempest (2012)

Echando mano a la misma propuesta sonora de los últimos 10 años y con una voz en franco deterioro, la llegada de este álbum dejó muy poco para encantar al oyente casual. Por fortuna, el tiempo probaría que todos los que insistieron en descubrir las virtudes de la entrega tuvieron su recompensa, ya que “Tempest” marca uno de los puntos más altos de Dylan como contador de historias. Alejado casi por completo del formato estrofa-coro-estrofa, los paisajes que atraviesa este álbum van desde momentos de completa y reflexiva oscuridad, a otros de sobrecogedor homenaje, como los fantásticos siete minutos que cierran el álbum recordando a John Lennon. Disco de evolución pausada, pero tremendamente gratificante.


12°

Nashville Skyline (1969)

Si bien, es cierto que desde “John Wesley Harding” (1967) era posible ver que Dylan buscaba una nueva firma sonora, es en este disco donde se vuelca por completo a explorar la música country, pero no sólo eso: además cambia su forma de cantar. Puede sonar arriesgado y, de hecho, en su momento alejó a muchos de sus seguidores, sin embargo, el “nuevo Dylan” no sólo firmó un álbum a la altura de su catálogo, sino que también se anotó más de un track increíble en esta aventura. Quizás el mejor ejemplo de esto sea que incluso cuando acompañado por Johnny Cash se arriesgó a versionar uno de sus temas más entrañables, logró hacerlo de forma tan contundente, que es difícil elegir una de las dos versiones.


11°

Another Side Of Bob Dylan (1964)

Cada vez que quisieron colgarle una etiqueta, Dylan decidió moverse. En esta oportunidad fue en lo narrativo, donde el artista dijo “suficiente con esto de la ser la voz de su generación”. Las canciones de este álbum suenan al mismo folk que ya le conocíamos, sin embargo, tienen un ánimo mucho más liviano: hablan de amor, desencuentros y también tienen espacio para el humor, cosa que en su disco anterior hubiera sido impensable. El giro fue tan definitivo, que incluso en los cuatro minutos de la fantástica “My Back Pages” el artista se toma el tiempo de explicar su salida del ala más política del movimiento folk. Con una lírica claramente renovada, lo que seguía ciertamente era cambiar su sonido.


10°

Modern Times (2006)

Una de las cosas que hace de este un disco excepcional, es cómo el cantautor logra atrapar el espíritu de lo que venía mostrando en sus discos anteriores para luego ponerlo en un paquete increíblemente consistente. Echando mano a pasajes del más tradicional de los blues, como los seis minutos de “Rollin’ And Tumblin’” o la fantástica “Thunder On The Mountain” (con referencia a Alicia Keys incluida), Dylan aprovecha de intercalar canciones de ánimo muy pausado, pero de una belleza excepcional. Es difícil atravesar este set sin dejarse encantar por el ánimo jazz de “Spirit On The Water” o el fraseo en la maravillosa “Workingman’s Blues #2”. Elegante en la ejecución y simplemente eterno en las letras.


Rough And Rowdy Ways (2020)

Rough And Rowdy Ways

Hay discos demasiado grandes como para intentar ponerlos en una reseña. Este álbum tiene mucho de eso. Musicalmente preciso, privilegiando las baladas y los pasajes de blues, lo cierto es que lo de esta entrega va mucho más allá de lo sonoro. En este viaje el cantautor se acerca a nosotros con una cercanía inusitada, como aquel viejo amigo que hizo todo el recorrido y vuelve a compartir algunos secretos para poder retirarse a descansar. Acá Bob nos mira a la cara, comparte mucho de su intimidad, intenta explicar sus contradicciones y además nos invita a descifrar postales de una época que, pareciendo lejana, está mucho más cerca de lo que creemos. Si finalmente esta fue su despedida, es un dignísimo adiós.


Time Out Of Mind (1997)

Una de las cosas que hace de este disco un recorrido excepcional, es cómo toma lo mejor de dos personalidades potentes involucradas en el proceso creativo y termina dando vida a una suerte de soundtrack acerca de los procesos de pérdida y la inevitable transitoriedad del ser. Lanois nos golpea una vez más con sus tradicionales atmósferas gigantes, sin embargo, en esta vuelta es el cuidado en los detalles –como el efecto en la voz de Dylan usado para abrir el álbum o las percusiones en “Not Dark Yet”– lo que termina robándose las miradas. Si a eso le sumamos la contundencia lírica de un artista que, cercano a sus sesenta años, empieza a lidiar con demonios que antes no había enfrentado, el resultado es superlativo.


The Times They Are A-Changin’ (1964)

Las diez canciones que dan vida al tercer álbum del artista, marcan uno de los momentos más oscuros y provocadores que alguna vez firmaría. De hecho, basta con ver la portada para anticipar que lo que sea que incluya este set no va ser liviano. Acompañado sólo de su guitarra y armónica, y echando mano a lo mejor de sus destrezas como artista folk, Bob levanta una voz de sentida y urgente denuncia en cada uno de los tracks que golpea el set. Los pasajes incluyen, entre otros, líneas acerca de la disparidad ante la ley, la miseria a la que nos condena el sistema y la despreciable manipulación política. Un recorrido de una carga emocional gigantesca, que desgraciadamente sigue sonando actual.


Desire (1976)

Después de “Blood On The Tracks”, Dylan decidió evitar la composición en solitario, en lo que uno podría ver como una vuelta a las sombras de un artista que siempre ha preferido evitar hablar de sí mismo. Jacques Levy fue el encargado de acompañar al músico en este apartado, firmando siete de los nueve tracks. Por fortuna, el resultado de esta apuesta fue increíble; en lo musical se trata de un álbum atrevido, diferente y dinámico, en largos pasajes caracterizado por la presencia de voces femeninas y el fantástico violín de Scarlet Rivera, que dejaría su sello en tracks eternos, como la luminosa “Mozambique” o la demandante “Hurricane”. Definitivamente un álbum de exitosísima búsqueda sonora.


Bringing It All Back Home (1965)

Reflejo de un artista todavía dividido, el primer álbum de la trilogía eléctrica es la muestra perfecta de lo mejor de las dos personalidades del músico. Mientras el lado A nos deleita con todo el rock blues furioso del nuevo Dylan, listo para comerse el mundo, anotándose himnos gigantes como “Subterranean Homesick Blues” y “Maggie’s Farm”, el lado B se encarga de entregarnos lo que le iba quedando de identidad folk. Sin embargo, una de las cosas más increíbles de este álbum es que, casi como en un desafío de identidades, la cara B sale a encarar a su contraparte de forma apabullante, abriendo con “Mr. Tambourine Man” y luego manteniendo el nivel hasta el final de la entrega. Sin duda, memorable.


Highway 61 Revisited (1965)

Con Dylan transformado en estrella de rock e intentando lidiar con el odio de su primera ola de seguidores, mucho del ímpetu avasallador que tiene este álbum está relacionado con la necesidad de desahogo que el artista estaba teniendo. La forma en que “Like A Rolling Stone” abre el disco con un golpe seco, como quien da una patada a una puerta y luego dispara una lírica furiosa llena de desdén, respaldada por una muralla de sonido donde el órgano Hammond se lo come todo, fue una de las cosas que cambió el sonido y la identidad de la música de toda una generación. Nunca en el mundo del rock alguien había tocado las claves que el músico explotó en esta entrega. Probablemente su trabajo más influencial.


Blonde On Blonde (1966)

Tras 18 meses enfocado en dar vida a tres discos que lo vieron mutar por completo, es con el último de este grupo que el cantautor sube la apuesta. No sólo se trata de uno de los primeros álbumes dobles de música rock de la historia, sino que este es el trabajo donde vemos al autor alcanzar el sonido que siempre quiso tener y que él describiría como “el sonido fino y salvaje del mercurio”, donde finalmente termina de desarrollar su tan típico fraseo en los vocales. Además, es en estos 70 minutos donde por fin Dylan deja de mirar a sus seguidores y decide reírse de todo y de todos. Las postales que nos dejó este álbum son el mejor reflejo de un artista al tope de sus capacidades y liberado por completo.


The Freewheelin’ Bob Dylan (1963)

Si uno intentara resumir que es lo que hace del segundo álbum de Dylan un trabajo excepcional, probablemente habría que decir que es su equilibrio. Sin tratarse de una placa de corte romántico o abiertamente enfocada en lo sociopolítico, es capaz de firmar increíbles pasajes en cada una de esas esquinas, echando mano a una propuesta sonora sencilla, pero apabullante. Cálido y evocador cuando debe serlo, como en el caso de “Don’t Think Twice, It’s All Right”, certero en los pasajes que invitan a la reflexión, como en la inmortal “Blowin’ In The Wind”, e implacable cuando la urgencia lo amerita, como sucede en “Masters Of War”. Es difícil saber si sólo se trata de su mejor álbum folk o derechamente de su mejor álbum.


Blood On The Tracks (1975)

Sin tratarse del álbum de Dylan más arriesgado en lo musical, ni el más críptico en lo lírico, lo que hace de “Blood On The Tracks” una experiencia única, tiene que ver con lo universal de su temática de fondo y con la increíble lucidez del artista a la hora de elegir cómo musicalizar este delicado viaje. Muchos lo han catalogado como el “álbum de ruptura definitivo”, aludiendo a que hablaría del divorcio del artista, sin embargo, mirado en perspectiva, lo cierto es que poco importa si el disco habla del músico o no, lo maravilloso de este grupo de canciones es cómo el cantautor captura las distintas etapas que se atraviesan durante el duelo de pareja de forma sencillamente sobrecogedora. Las imágenes que nos regala este álbum van desde los espacios de negación, ira y reconciliación, para luego cerrar con la tan postergada, pero necesaria, aceptación. No hay forma de recorrer este álbum sin notar que hay algo de cada uno de nosotros en esos versos. Definitivamente, inmortal.


Arte por Rodolfo Jofré

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