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Dead Can Dance: La unificación de los estilos

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Sería imperdonable pasar por alto la decisión de los australianos de Dead Can Dance de cerrar su gira mundial 2012-2013 “Anastasis World Tour” en nuestro país, no sólo porque los fanáticos chilenos tendrán la oportunidad de ver por tercera vez en menos de ocho meses al dúo conformado por Lisa Gerrard y Brendan Perry, sino porque ratifica a Chile como una de las plazas más atractivas a nivel mundial para albergar shows masivos. La velada del próximo 13 de julio en el Movistar Arena promete ser diferente a sus anteriores dos presentaciones, en Monticello Grand Casino y Espacio Riesco. respectivamente, tanto por las sorpresas que tendrá el setlist en relación a lo que han venido mostrando desde el inicio del tour en agosto de 2012, como la nostalgia y misticismo que involucra cerrar la gira que significó el regreso a los escenarios tras una pausa de casi siete años sin presentarse en vivo.

Estamos buscando algo para descubrir el proceso de creatividad, de traer cosas inanimadas a la vida, de manera que estas se expresen”. (Lisa Gerrard)

DEAD CAN DANCE 2012 03El antecedente más inmediato que tenemos del trabajo de Dead Can Dance es su más reciente producción, “Anastasis” (2012), sin embargo, para llegar a entender la envergadura y majestuosidad de su legado, debemos retroceder más de tres décadas hasta sus orígenes, con la difícil misión desmenuzar sus influencias y comprender el combustible inspirador de uno de los proyectos más camaleónicos en la historia de la música, que ostenta el gran mérito de haber triunfado en un área en que muchos otros han fracasado, la capacidad de hacer convivir en perfecta armonía sonidos clásicos con elementos modernos, potenciándolos mutuamente en una amalgama de texturas y matices sin precedentes.

El origen del nombre

Quizás lo primero que debemos tratar de descifrar antes de hablar de Dead Can Dance, es el origen y significado de su nombre, el que según declaraciones de Gerrard y Perry nace de un extenso proceso de meditación, ante la necesidad de inyectar nueva vida a música e instrumentos que podían ser considerados como muertos y obsoletos. Es precisamente esta interpretación la que justifica la utilización de toda una gama de elementos musicales, que van desde los más comunes, como lo son la guitarra, los teclados, la percusión y los sintetizadores, hasta otros de matices mucho más clásicos, como la gaita, el violín, el violonchelo, la tuba, el yang-chin o el hurdy-gurdy.

Busqué un nombre que fuera descriptivo al acto creativo. Analizar el proceso de creatividad era traer las cosas a la vida”. (Brendan Perry, entrevista a Option Magazine, 1987)

Pero no son sólo los instrumentos para hacer música que utiliza Dead Can Dance los que evidencian su interés por revivir corrientes ya desaparecidas, sino también las influencias que impregnan su lírica, trayendo de vuelta las obras del poeta francés Charles Baudelaire, así como también del dramaturgo alemán Bertolt Brecht y el poeta español Luis de Góngora y Argote. Por todo lo anterior, no es de extrañarse que el estilo de los oriundos de Melbourne sea complejo de encasillar y/o etiquetar, transitando a través de los más disimiles géneros, tales como new age, punk, gótico, música litúrgica y cantos gregorianos, sólo por nombrar algunos, todos ellos con marcadas influencias hindúes, árabes, celtas y teutónicas.

Punto de Inflexión

En 1993, en paralelo al lanzamiento de su sexto álbum de estudio, “Into The Labyrinth”, se produce un importante punto de inflexión en la prometedora carrera de Dead Can Dance, cuando comienzan a aparecer los primeros roces creativos entre Lisa Gerrard y Brendan Perry, diferencias que se basaban en la incompatibilidad de opiniones respecto al trabajo futuro de la banda, con dos visiones DEAD CAN DANCE 2012 02evidentemente opuestas, en donde la vocalista apuntaba a trabajar sobre un estilo fundamentado en arreglos orquestales, mientras que el guitarrista mostraba una inclinación más cercana al sonido del teclado y los sintetizadores. Lo que en su comienzo eran leves discrepancias, se fueron incrementando con el paso de los años, lo que incluso los llevó a vivir en diferentes países, reuniéndose sólo para las sesiones de grabación. Perry se trasladó a la frontera entre Irlanda del Norte y Eire, a una vieja iglesia llamada Quivy Church, mientras que Gerrard regresó a Australia.

A pesar de las diferencias, en los años siguientes Dead Can Dance editó dos nuevos álbumes, “Toward The Within” (1994), primer registro en vivo, y “Spiritchaser” (1996), disco que el dúo nunca llegó a interpretar en conjunto. En 1998 se confirmó lo que a esa altura era insostenible: tras diecisiete años de exitosa trayectoria, la banda confirmó su disolución, cerrando una puerta que en ese momento se veía muy difícil que se volviese a abrir.

No lo sé; no hay razón para no estar juntos de nuevo, pero no lo cuestiono. La distancia no es el conflicto, pero la gente cambia. No he tenido información o las razones de no trabajar juntos”. (Lisa Gerrard sobre la separación de Dead Can Dance)

Tal como lo dijo Brendan Perry tras el distanciamiento, si existe algo positivo en la disolución de Dead Can Dance fue el renacer de los elementos por separado, en una suerte de liberación y apertura de un nuevo capítulo en la historia del dúo, sobre todo en el caso de Lisa Gerrard, que pudo dar rienda suelta a toda su capacidad creativa y retomar una carrera solista que había comenzando con la edición del álbum “The Mirror Pool” (1995), y que posteriormente complementarían “The Silver Tree” (2006) y “The Black Opal” (2009), además de una extensa lista de colaboraciones en bandas sonoras para cine. Por su parte, Perry también se mantuvo ocupado, editando los discos “Eye Of The Hunter” (1999) y “Ark” (2010).

DEAD CAN DANCE 2012 01Los nativos de Melbourne se reunieron brevemente en 2005 para realizar una gira mundial y lanzar el álbum compilatorio “Memento”, en un reencuentro que tuvo el carácter de pasajero y que auguraba una suerte de despedida definitiva, sin embargo, para fortuna de los fanáticos más acérrimos de la banda, el proyecto Dead Can Dance todavía tenía un par de líneas por escribir en su exitosa historia y es así como el 12 de mayo de 2011, en la Web oficial de Brendan Perry, se anunciaba la edición de un nuevo trabajo de estudio, acompañado por una extensa gira de promoción que los trajo a Chile a fines de 2012, en dos memorables shows que destacaron por su impecable factura técnica y la estrecha conexión que se generó entre el público nacional y los australianos. No cabe duda que los seguidores que ya vivieron la sensible experiencia de ser parte del espectáculo que propone Dead Can Dance se repetirán el plato el próximo 13 de julio en Movistar Arena, y los que aún no han sido bendecidos con esta instancia, tendrán una nueva oportunidad de ser testigos privilegiados de una verdadera exposición de talento y maestría musical.

Por Gustavo Inzunza

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Especial En Órbita 2017: Cigarettes After Sex

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Cigarettes After Sex

Un cenicero con los restos de cigarros recién apagados. Ventanas con las cortinas cerradas. Ropa interior en el suelo, en una silla, en medio de las sábanas o los cojines. ¿Solo o acompañado? ¿Luces prendidas o apagadas? ¿Imaginación, sueño o realidad palpable? Los ambientes que genera Cigarettes After Sex en sus canciones pintan imágenes complejas, ponen espejos al frente, y permiten la intermitencia entre brillantez y opacidad, porque el amor, el sexo, la soledad, y todo lo que esté entremedio, son puestos en la lupa sonora del cuarteto liderado por Greg Gonzalez.

Aunque con EP “I” (2012) habían tenido una notoriedad clara y su manera de ver al pop estaba de manifiesto, ciertamente había terminaciones que pulir y escenarios que iluminar más allá de lo teatral. En su álbum debut homónimo, salido en junio pasado, Cigarettes After Sex consigue salir de lo esquemático que podría ser su tipo de composición, y así las cosas fluyen. En vez de andar a tropiezos con las piezas de ropa que caen, todo puede ir un poco más lento, pero con más seguridad en los recursos y movidas a utilizar. En la habitación que se llena del sonido de los norteamericanos ya no es necesario tropezar al andar, porque cada movimiento tiene un impulso natural, entre un dreampop elegante y una manera oscura de plantar el ambient, entre una voz aterciopelada y bajos y ritmos profundos.

Quizás el rubro donde le falte cierta experiencia a la banda sea en las letras, que no consiguen la delicadeza que la interpretación en instrumentos y voz sugieren, pero también es parte del aprendizaje. Quizás son las palabras que se meten entre los cuerpos y que traban el correr de la sangre, que hielan las manos y convergen en la necesidad de seguir adelante, porque lo que consigue musicalmente Cigarettes After Sex no es sólo remitir a lo que ocurre en pareja, trío, o grupo de gente que se busca entre el amor, odio, lujuria y ausencia, sino que armar recuerdos que se puedan esconder en los beats de un bajo casi tan protagonista en la melodía como la voz de Greg, que entre tul y cuero sumerge las conciencias en historias sencillas, pero que conectan con el oyente.

Eso sí, lo concreto de las letras permite que haya un ancla en el mundo real. No se trata de un lugar de ensueño, donde el acto de tocar, besar, desear o amar quede restringido a acciones sin consecuencias. En las canciones de Cigarettes After Sex –y en especial en su LP homónimo– existen detalles concretos, corazones rotos (“Sweet”), ilusiones que se traducen en metáforas demasiado directas (“Opera House”) o la cotidianidad de una cama (“K”). No hay mucho que esconder cuando el olor a tabaco continúa en el dormitorio o cuando la brisa de la madrugada pega en los hombros, porque en medio de un ambiente idílico reside lo humano, a través del contacto físico y/o emocional.

A eso termina refiriendo la banda, entre un minimalismo elegante y sexy, a lo humano, a lo que puede errar, a lo que puede doler, y también a lo crudo e insensible (“Young & Dumb”), donde Gonzalez es capaz de culpar a su objeto de deseo de forma misógina por despecho, y aun así sonar como si pudiera convencer a cualquiera de seguirlo, a él y a sus palabras. El mundo de Cigarettes After Sex no es perfecto, se repleta de cenizas, ropa revuelta, olor a humo, a fluidos corporales, a alcohol, a ausencia, de dolores y palabras envueltas en rocas y cemento. El difícil terreno de lo carnal y lo ecléctico se funde en medio de imperfecciones que otorgan la calidez necesaria para que las canciones y los sonidos no se queden en axiomas vacíos, sino que realmente puedan generar una conexión significativa. Y en ese tipo de construcción narrativa y musical es que Cigarettes After Sex se ha vuelto una banda necesaria de escuchar y sentir. Bien adentro. Humanamente.

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