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Como Asesinar A Felipes: Música de exportación

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Quizás no sea un fenómeno muy recurrente, pero, en casos bien puntuales, el escuchar un disco puede cambiar totalmente la percepción del paradigma musical en base al cual uno estaba funcionando hasta ese momento. Eso fue precisamente lo que le sucedió al baterista Felipe Salas cuando escuchó el álbum homónimo de la banda FDA (Fe por un Destino Anunciado). Fue en ese exacto momento que tomó la decisión de formar a “Como Asesinar A Felipes”, y para esto se puso en contacto con un par de conocidos de la Escuela Moderna de Música: el bajista Sebastián Muñoz y el tecladista Marco Meza. Ambos personajes con algo de camino recorrido en la escena musical, el primero en la banda Anwen, mientras que el segundó formó parte de la primera alineación de Trovadores Tales. En este período, Felipe seguía obsesionado con la música rap/hip hop que profesaba FDA, es así como empezó a asistir a sus tocatas, hasta que en una de sus presentaciones en el Cine Arte Alameda, se atrevió a entregarle unas maquetas a MC Enzo Miranda (alias “Koala Contreras”). Por esas cosas del destino, una grave neumonía tuvo en cama a Miranda, tiempo en que aprovechó de escuchar el material que le había entregado el baterista. Tan pronto como se recuperó, se puso en contacto con Felipe y le dijo que le gustaría que trabajasen juntos, para esto también incorporó al proyecto a uno de los mejores pinchadiscos nacionales: Dj Spacio (Carlos Meza). Ya con una formación definida, fue sólo cosa de tiempo para que empezaran a aparecer los primeros éxitos: “Influencia”, “El Jardín” y “Alerta Roja”.

La química al interior de la banda comenzó a fluir rápidamente, y en menos de un año ya estaban preparando el lanzamiento de su disco debut. La grabación del álbum se realizó en una sola sesión y de manera análoga en los estudios del Sello “Algo Records”. Las 10 canciones originales fueron producidas y mezcladas por Foex de Potoco Discos. La placa homónima vio la luz en 2008, y en su portada el artista Ariel Altamirano (Krtur) representó al quinteto como personas con cabeza de instrumentos musicales. Este trabajo remeció la escena nacional, con un estilo particular que no había sido explotado hasta ese momento, fusión de elementos del hip hop, jazz y rock, y en donde lo mejor de su repertorio era expuesto en sus presentaciones en vivo, donde son capaces de construir una atmósfera única.

Sólo un año después de su debut, sale al mercado “Un Disparo Al centro” (2009), la segunda producción de la banda. Para este trabajo la apuesta se incrementó al incorporar la colaboración de músicos de la Orquesta Sinfónica Nacional Juvenil. El álbum fue grabado íntegramente en los estudios Triana y su lanzamiento se realizó en el Teatro Oriente, presentación que posteriormente se convertiría en el DVD “Operación Teatro Oriente” (2010). En este punto, la banda ya mostraba una maduración que los consolidaba como una de las agrupaciones más destacables de la nueva escena rock, tanto así que llamó la atención de Billy Gould, bajista de Faith No More, quien decidió editar a los nacionales en Estados Unidos bajo su propio sello, Koolarrow Records.

Para su tercer álbum, la banda decide dar un cambio respecto a lo que había presentado en sus anteriores placas, construyendo canciones más simples (menos densas) y melodías más enérgicas. En esta nueva aventura contaron con la colaboración de Álvaro España (Fiskales Ad Hok), Raimundo Santander y el rapero Epicentro, dando vida a “Colores y Cadáveres” (2010), que sorprende gratamente por mostrar una nueva faceta de la banda, que lejos de perder la frescura de su música, ofrece una nueva exposición de cómo usar la versatilidad a su favor. Conociendo la hiperactividad de Como Asesinar A Felipes, sabemos que no pasará mucho tiempo hasta que se decidan a entrar nuevamente al estudio, por el momento siguen girando en todo el país y también internacionalizando su carrera, siendo la primera banda chilena en participar en el reconocido Festival de Jazz al Parque realizado en Colombia (2011).

El año pasado, aprovechando la presentación de Faith No More en la segunda versión del Maquinaria Festival, el bajista Billy Gould sorprendió a todos al acompañar a Como Asesinar A Felipes en el show que ofrecieron en La Batuta, evento que contó con la presencia en el público de Trey Spruance (Mr. Bungle, Secret Chiefs 3) y Roddy Bottum (Faith No More). La banda nacional fue uno de los primeros confirmados como parte del cartel del Maquinaria 2012, escenario por el cual ya pasaron en 2010.

Fotos por Javier Valenzuela cortesía de Rocknvivo.com

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Especial En Órbita 2017: Cigarettes After Sex

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Cigarettes After Sex

Un cenicero con los restos de cigarros recién apagados. Ventanas con las cortinas cerradas. Ropa interior en el suelo, en una silla, en medio de las sábanas o los cojines. ¿Solo o acompañado? ¿Luces prendidas o apagadas? ¿Imaginación, sueño o realidad palpable? Los ambientes que genera Cigarettes After Sex en sus canciones pintan imágenes complejas, ponen espejos al frente, y permiten la intermitencia entre brillantez y opacidad, porque el amor, el sexo, la soledad, y todo lo que esté entremedio, son puestos en la lupa sonora del cuarteto liderado por Greg Gonzalez.

Aunque con EP “I” (2012) habían tenido una notoriedad clara y su manera de ver al pop estaba de manifiesto, ciertamente había terminaciones que pulir y escenarios que iluminar más allá de lo teatral. En su álbum debut homónimo, salido en junio pasado, Cigarettes After Sex consigue salir de lo esquemático que podría ser su tipo de composición, y así las cosas fluyen. En vez de andar a tropiezos con las piezas de ropa que caen, todo puede ir un poco más lento, pero con más seguridad en los recursos y movidas a utilizar. En la habitación que se llena del sonido de los norteamericanos ya no es necesario tropezar al andar, porque cada movimiento tiene un impulso natural, entre un dreampop elegante y una manera oscura de plantar el ambient, entre una voz aterciopelada y bajos y ritmos profundos.

Quizás el rubro donde le falte cierta experiencia a la banda sea en las letras, que no consiguen la delicadeza que la interpretación en instrumentos y voz sugieren, pero también es parte del aprendizaje. Quizás son las palabras que se meten entre los cuerpos y que traban el correr de la sangre, que hielan las manos y convergen en la necesidad de seguir adelante, porque lo que consigue musicalmente Cigarettes After Sex no es sólo remitir a lo que ocurre en pareja, trío, o grupo de gente que se busca entre el amor, odio, lujuria y ausencia, sino que armar recuerdos que se puedan esconder en los beats de un bajo casi tan protagonista en la melodía como la voz de Greg, que entre tul y cuero sumerge las conciencias en historias sencillas, pero que conectan con el oyente.

Eso sí, lo concreto de las letras permite que haya un ancla en el mundo real. No se trata de un lugar de ensueño, donde el acto de tocar, besar, desear o amar quede restringido a acciones sin consecuencias. En las canciones de Cigarettes After Sex –y en especial en su LP homónimo– existen detalles concretos, corazones rotos (“Sweet”), ilusiones que se traducen en metáforas demasiado directas (“Opera House”) o la cotidianidad de una cama (“K”). No hay mucho que esconder cuando el olor a tabaco continúa en el dormitorio o cuando la brisa de la madrugada pega en los hombros, porque en medio de un ambiente idílico reside lo humano, a través del contacto físico y/o emocional.

A eso termina refiriendo la banda, entre un minimalismo elegante y sexy, a lo humano, a lo que puede errar, a lo que puede doler, y también a lo crudo e insensible (“Young & Dumb”), donde Gonzalez es capaz de culpar a su objeto de deseo de forma misógina por despecho, y aun así sonar como si pudiera convencer a cualquiera de seguirlo, a él y a sus palabras. El mundo de Cigarettes After Sex no es perfecto, se repleta de cenizas, ropa revuelta, olor a humo, a fluidos corporales, a alcohol, a ausencia, de dolores y palabras envueltas en rocas y cemento. El difícil terreno de lo carnal y lo ecléctico se funde en medio de imperfecciones que otorgan la calidez necesaria para que las canciones y los sonidos no se queden en axiomas vacíos, sino que realmente puedan generar una conexión significativa. Y en ese tipo de construcción narrativa y musical es que Cigarettes After Sex se ha vuelto una banda necesaria de escuchar y sentir. Bien adentro. Humanamente.

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