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Best Coast: Made In California

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La historia no es nueva: figura de una escena rockera under suaviza su forma de mostrar la música que crea y con ello llega a mayores audiencias. No es nuevo, pero la identidad muchas veces pareciera ser un poco forzada o una variación demasiado radical, como Chris Cornell grabando un disco con Timbaland en 2009 (el criticado “Scream”). En cambio, lo de Best Coast es mucho más natural. Bethany Cosentino y Bobb Bruno venían de lugares muy diferentes. Bruno era un artista de sesión, multinstrumentista prolijo y silencioso, perfil que mantiene hasta hoy, mientras Bethany era parte de ese experimento llamado Pocahaunted, una banda de chicas donde Cosentino compartía créditos con Amanda Brown y cuyo estilo dub mezclado con psicodelia, tuvo una pequeña pero potente fanaticada, además de lanzar en sus cuatro años juntas más de una docena de discos, pero esa misma vorágine agotó a Brown y Cosentino, y el grupo se separó en 2010.

La hermandad de Bobb y Bethany

En medio del trabajo con Pocahaunted, en 2009 Cosentino se unió a Bobb Bruno para armar una banda diferente. Best Coast sería el resultado de un proceso breve, pero intenso, donde ambos practicaron canciones y se dieron cuenta de qué les interesaba seguir en la música, que no era ni más ni menos que denotar su amor por California, su vibra y el sonido más primitivo, ese rock surfista que encontró su apogeo en los Beach Boys.

Claro, Best Coast suena más rockero, y esto tiene que ver con las raíces y la formación de sus miembros, pero también por la vocación de armar algo romántico pero frenético, que es lo que el grupo arma en su primer disco, el alabado “Crazy For You” (2010).

Se fueron de gira, sacaron videos geniales como el de “When I’m With You”, donde Bethany se enamora de un símil de Ronald McDonald. Otro detalle es la presencia de “Snacks”, el gato de Cosentino que ella misma reconoce que es una gran inspiración. De hecho, el mismísimo felino aparece en la portada de “Crazy For You”.

La mejor costa, el único lugar

Si en un comienzo Best Coast era una banda irónica y potente, esto se ha matizado con la irrupción de su segundo disco, “The Only Place” (2012), mucho más matizado y romántico, con un influjo más country también, predominando las guitarras más claras y ritmos de americana, donde se notan lecturas que miran a Neil Young o Bob Dylan.

Pero el imaginario también alcanza a las letras, que en general siempre hablan del amor desde términos fáciles de entender, con una claridad y sinceridad innegables. De hecho, la “biografía” de su sitio Web oficial dice simplemente “Inspired by life and love and everything else” (“Inspirados por la vida, el amor y todo lo demás”). Simple, pero evidente. Por eso es que no es extraño el orgullo por ser parte de la “West Coast”, juego de palabras para elegir el nombre de la banda, pero también la costa de California, a la que le dedican sus videos y también la tapa de “The Only Place”, con una ilustración de un oso abrazando una representación del Estado de California. Parece que no era solamente Katy Perry la que se creía una “chica de California”.

Aquí todos somos como amigos

La “buena onda” que expele la propuesta de Best Coast, no le es ajena a la industria de la música, y por eso es que el dúo es pieza obligada de varios festivales y, de hecho, serán los “teloneros” de Green Day en la fase norteamericana de su tour mundial.

También el video de “Our Deal” fue dirigido por la actriz y directora Drew Barrymore –amiga personal de Bethany- y protagonizado por Chloe Grace Moretz (“Kick-Ass”, “Hugo”) en una aventura al más puro estilo Romeo y Julieta. Además, Bethany es polola de Nathan Williams, líder de Wavves, otra de esas bandas indie que han salido de California. Ambos no sólo comparten créditos en un EP que sacaron el año pasado con sus bandas, sino que también el amor por ese pedazo de tierra que es su estado natal.

Con la misma simpleza es que Best Coast toca su música con una guitarra, un bajo y una batería, y con la misma claridad es que el amor define su andar. La biografía de Best Coast tiene razón: están inspirados por la vida, el amor y todo lo demás.

Por Manuel Toledo-Campos

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1 Comentario

1 Comentario

  1. How can I

    16-Nov-2012 en 11:13 am

    If there¡¯s an prize for great online content, your article should win a big trophy. I haven¡¯t seen such well-written content in quite some time.

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Especial En Órbita 2017: Cigarettes After Sex

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Cigarettes After Sex

Un cenicero con los restos de cigarros recién apagados. Ventanas con las cortinas cerradas. Ropa interior en el suelo, en una silla, en medio de las sábanas o los cojines. ¿Solo o acompañado? ¿Luces prendidas o apagadas? ¿Imaginación, sueño o realidad palpable? Los ambientes que genera Cigarettes After Sex en sus canciones pintan imágenes complejas, ponen espejos al frente, y permiten la intermitencia entre brillantez y opacidad, porque el amor, el sexo, la soledad, y todo lo que esté entremedio, son puestos en la lupa sonora del cuarteto liderado por Greg Gonzalez.

Aunque con EP “I” (2012) habían tenido una notoriedad clara y su manera de ver al pop estaba de manifiesto, ciertamente había terminaciones que pulir y escenarios que iluminar más allá de lo teatral. En su álbum debut homónimo, salido en junio pasado, Cigarettes After Sex consigue salir de lo esquemático que podría ser su tipo de composición, y así las cosas fluyen. En vez de andar a tropiezos con las piezas de ropa que caen, todo puede ir un poco más lento, pero con más seguridad en los recursos y movidas a utilizar. En la habitación que se llena del sonido de los norteamericanos ya no es necesario tropezar al andar, porque cada movimiento tiene un impulso natural, entre un dreampop elegante y una manera oscura de plantar el ambient, entre una voz aterciopelada y bajos y ritmos profundos.

Quizás el rubro donde le falte cierta experiencia a la banda sea en las letras, que no consiguen la delicadeza que la interpretación en instrumentos y voz sugieren, pero también es parte del aprendizaje. Quizás son las palabras que se meten entre los cuerpos y que traban el correr de la sangre, que hielan las manos y convergen en la necesidad de seguir adelante, porque lo que consigue musicalmente Cigarettes After Sex no es sólo remitir a lo que ocurre en pareja, trío, o grupo de gente que se busca entre el amor, odio, lujuria y ausencia, sino que armar recuerdos que se puedan esconder en los beats de un bajo casi tan protagonista en la melodía como la voz de Greg, que entre tul y cuero sumerge las conciencias en historias sencillas, pero que conectan con el oyente.

Eso sí, lo concreto de las letras permite que haya un ancla en el mundo real. No se trata de un lugar de ensueño, donde el acto de tocar, besar, desear o amar quede restringido a acciones sin consecuencias. En las canciones de Cigarettes After Sex –y en especial en su LP homónimo– existen detalles concretos, corazones rotos (“Sweet”), ilusiones que se traducen en metáforas demasiado directas (“Opera House”) o la cotidianidad de una cama (“K”). No hay mucho que esconder cuando el olor a tabaco continúa en el dormitorio o cuando la brisa de la madrugada pega en los hombros, porque en medio de un ambiente idílico reside lo humano, a través del contacto físico y/o emocional.

A eso termina refiriendo la banda, entre un minimalismo elegante y sexy, a lo humano, a lo que puede errar, a lo que puede doler, y también a lo crudo e insensible (“Young & Dumb”), donde Gonzalez es capaz de culpar a su objeto de deseo de forma misógina por despecho, y aun así sonar como si pudiera convencer a cualquiera de seguirlo, a él y a sus palabras. El mundo de Cigarettes After Sex no es perfecto, se repleta de cenizas, ropa revuelta, olor a humo, a fluidos corporales, a alcohol, a ausencia, de dolores y palabras envueltas en rocas y cemento. El difícil terreno de lo carnal y lo ecléctico se funde en medio de imperfecciones que otorgan la calidez necesaria para que las canciones y los sonidos no se queden en axiomas vacíos, sino que realmente puedan generar una conexión significativa. Y en ese tipo de construcción narrativa y musical es que Cigarettes After Sex se ha vuelto una banda necesaria de escuchar y sentir. Bien adentro. Humanamente.

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