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Artista Lollapalooza 2014: Phoenix

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Francia siempre será la mayor potencia de la delicadeza artística, ya sea por opción, por vanguardismo o por mero estereotipo, aquel que hace pensar que hasta un hombre maldiciendo en francés suena delicado. Pero más que darle una vuelta graciosa a lo evidente, todo esto no está alejado de la realidad; la arquitectura, las bellas artes y el cine han comulgado por años ese sentimiento de delicadeza pasional, que también siempre ha desbordado en la historia más reciente de la música. La Chanson, La Nouvelle Chanson, han sido parte de este séquito de emociones, minimalismo y voces profundas y delicadas al mismo tiempo.

Quizás por lo mismo es que, entre el fin de los 90’s y el comienzo de la década del 2000, se creó en Paris de una forma muy extraña, una mezcla de sonidos eclécticos que transitaban entre indie rock, PHOENIX 01electroclash y french house, convirtiéndose en algo tan heterogéneo que difícilmente permite una subclasificación muy acotada, y de donde nacería AIR, Daft Punk, Stardust y, posteriormente, Justice. Y en la “ciudad de la cursilería”, mientras toda esta revuelta ocurría, pasaba lo que comúnmente pasa en todas las oleadas grandes de bandas: todos tocan con todos y son amigos de todos.

Antes de la formación de Daft Punk, nació Darlin’, trío que reunía a Guy-Manuel de Homem-Christo, Thomas Bangalter y Laurent Brancowitz, y aunque la formación se separaría tempranamente, los dos primeros integrantes pasarían a usar máscaras y a formar al famoso dúo detrás de “Get Lucky”, y Brancowitz firmaría su membresía en la banda de su hermano menor, Phoenix, donde su veta más electrónica pasaría a descansar en un sonido más estándar para lo que es una banda indie rock.

El resto es casi historia, si no fuese porque mientras Daft Punk y AIR seguían acaparando miradas y fama, Phoenix se mantenía en la sección de bandas independientes pequeñas fuera de Francia, pero con una capacidad de producción musical bastante álgida, lo que los llevó a editar tres discos antes de verdaderamente saborear el éxito, por más que su discografía contaba con buenas producciones y aún mejores composiciones. Entonces, ¿por qué Phoenix no podía salir del cuasi anonimato?

PHOENIX 02Y es aquí donde volvemos a la premisa de la música francesa, aquella que parecía no tener mucha cabida en la primera etapa de Phoenix, que más allá de su laureada participación en la película “Lost In Traslation” (2003) de Sofia Coppola, y la fama alcanzada por los singles “Run Run Run” y “Everything Is Everything”, la mezcla de su música parecía no despegar. Y es que su disco “Alphabetical” de 2004 tenía intensas similitudes al sonido que estaba comenzando a adquirir Daft Punk, pero aún no lograban dar en el clavo, en el sonido preciso que los llevara a las masas, ese que hoy los tienen en un sitial merecido y más allá de las revistas especializadas.

Tuvo que pasar suficiente tiempo como para llegar a “Wolfgang Amadeus Phoenix” (2009), un disco donde definitivamente dan con el sonido que tanto andaban buscando, pasando de un seco –pero igualmente grandioso- rock alternativo, a sonidos por los cuales se alejaron de su rebaño inicial, esos que emulan a atmósferas oníricas y que es la esencia de la música synth, y que luego pasaron a mezclar con lo más mainstream del new wave, teniendo como resultado canciones como “Lisztomani”, “Rome” o “Lasso”, lo que les hizo obtener el Grammy a Disco Alternativo del Año, y estar en el Top 10 de todas las principales publicaciones de música en el mundo.

PHOENIX 03Pero para llegar a encabezar los principales festivales del mundo, aún quedaba el asentamiento en los rankings y en la crítica, y eso se logró con la composición de “Bankrupt!” (2013), trabajo donde logran pulir la mixtura de los sonidos, llegando al rescate de los sonidos post Strokes y creando una delicadeza menos forzada que las de sus compañeros, sin olvidar los riffs de guitarras acompañados con grandes juegos de sonidos sintéticos, reclamando el puesto que por años los mantuvo como una eterna banda under y que, sin querer o con querer, los obligó a unirse a la eterna hegemonía de la suavidad francesa y esa facilidad que han depurado para crear de forma tan precisa la música electrónica más melódica. Porque para beats enfurecidos, tenemos a los alemanes.

Este año Phoenix llega a Lollapalooza Chile, después de un largo viaje como headliner en varios de los principales festivales alrededor del mundo, como Coachella, Primavera Sound y Lollapalooza Chicago, entre otros. Ahora el turno es nuestro. ¡Viva La France!

Por Pamela Cortés

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Especial En Órbita 2017: Cigarettes After Sex

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Cigarettes After Sex

Un cenicero con los restos de cigarros recién apagados. Ventanas con las cortinas cerradas. Ropa interior en el suelo, en una silla, en medio de las sábanas o los cojines. ¿Solo o acompañado? ¿Luces prendidas o apagadas? ¿Imaginación, sueño o realidad palpable? Los ambientes que genera Cigarettes After Sex en sus canciones pintan imágenes complejas, ponen espejos al frente, y permiten la intermitencia entre brillantez y opacidad, porque el amor, el sexo, la soledad, y todo lo que esté entremedio, son puestos en la lupa sonora del cuarteto liderado por Greg Gonzalez.

Aunque con EP “I” (2012) habían tenido una notoriedad clara y su manera de ver al pop estaba de manifiesto, ciertamente había terminaciones que pulir y escenarios que iluminar más allá de lo teatral. En su álbum debut homónimo, salido en junio pasado, Cigarettes After Sex consigue salir de lo esquemático que podría ser su tipo de composición, y así las cosas fluyen. En vez de andar a tropiezos con las piezas de ropa que caen, todo puede ir un poco más lento, pero con más seguridad en los recursos y movidas a utilizar. En la habitación que se llena del sonido de los norteamericanos ya no es necesario tropezar al andar, porque cada movimiento tiene un impulso natural, entre un dreampop elegante y una manera oscura de plantar el ambient, entre una voz aterciopelada y bajos y ritmos profundos.

Quizás el rubro donde le falte cierta experiencia a la banda sea en las letras, que no consiguen la delicadeza que la interpretación en instrumentos y voz sugieren, pero también es parte del aprendizaje. Quizás son las palabras que se meten entre los cuerpos y que traban el correr de la sangre, que hielan las manos y convergen en la necesidad de seguir adelante, porque lo que consigue musicalmente Cigarettes After Sex no es sólo remitir a lo que ocurre en pareja, trío, o grupo de gente que se busca entre el amor, odio, lujuria y ausencia, sino que armar recuerdos que se puedan esconder en los beats de un bajo casi tan protagonista en la melodía como la voz de Greg, que entre tul y cuero sumerge las conciencias en historias sencillas, pero que conectan con el oyente.

Eso sí, lo concreto de las letras permite que haya un ancla en el mundo real. No se trata de un lugar de ensueño, donde el acto de tocar, besar, desear o amar quede restringido a acciones sin consecuencias. En las canciones de Cigarettes After Sex –y en especial en su LP homónimo– existen detalles concretos, corazones rotos (“Sweet”), ilusiones que se traducen en metáforas demasiado directas (“Opera House”) o la cotidianidad de una cama (“K”). No hay mucho que esconder cuando el olor a tabaco continúa en el dormitorio o cuando la brisa de la madrugada pega en los hombros, porque en medio de un ambiente idílico reside lo humano, a través del contacto físico y/o emocional.

A eso termina refiriendo la banda, entre un minimalismo elegante y sexy, a lo humano, a lo que puede errar, a lo que puede doler, y también a lo crudo e insensible (“Young & Dumb”), donde Gonzalez es capaz de culpar a su objeto de deseo de forma misógina por despecho, y aun así sonar como si pudiera convencer a cualquiera de seguirlo, a él y a sus palabras. El mundo de Cigarettes After Sex no es perfecto, se repleta de cenizas, ropa revuelta, olor a humo, a fluidos corporales, a alcohol, a ausencia, de dolores y palabras envueltas en rocas y cemento. El difícil terreno de lo carnal y lo ecléctico se funde en medio de imperfecciones que otorgan la calidez necesaria para que las canciones y los sonidos no se queden en axiomas vacíos, sino que realmente puedan generar una conexión significativa. Y en ese tipo de construcción narrativa y musical es que Cigarettes After Sex se ha vuelto una banda necesaria de escuchar y sentir. Bien adentro. Humanamente.

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