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Albert Hammond Jr.: Nacimiento de la identidad

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Es reductivo indicar a Albert Hammond Jr. como simplemente el guitarrista de The Strokes. Inmediatamente es pensar en él como parte de un conjunto, como una pata de una mesa, como una de las partes que conforma un todo. Nick Valensi (el otro guitarrista de la banda neoyorquina) hace bien la pega, igual que Albert, entonces no se ve el genio y el ingenio del hijo del ídolo setentero ahí. Donde se pueden advertir por completo las inquietudes de AHJ es en su trabajo solista, que acumula tres larga duración y un EP, pero aun así es complicado dar con los detalles definitorios de Albert.

Quizás incluso así sea complicado instalar a Albert Hammond Jr. como un artista de categoría mundial, y allí es necesario remitirnos a la persona, a este guitarrista que partió con The Strokes luciendo una melena envidiable, llena de estilo, y también con una forma de tocar tan sencilla como dinámica, entregando ritmos vitales para que éxitos como “Last Nite” o “The Modern Age” germinaran. Sin embargo, es en medio del camino que AHJ tuvo que lidiar con muchas cosas que, digámoslo, parecen ser el cliché del rockero.

ALBERT HAMMOND JR 01Drogas, drogas y más drogas fueron dejando a Albert como una sombra de lo que fue, y cualquiera en sus zapatos se hubiera quedado ahí, pero salió de aquello para rehacerse y reconocerse, tal como nos indicó en la entrevista que les mostramos en revista HumoNegro: no sólo tenía la chance de volver a ser el de antes, sino que también de ser diferente.

Antes de la rehabilitación, AHJ sacó “Yours To Keep” (2006) y “¿Cómo Te Llama?” (2008), álbumes donde existía un sentido importante de la melodía y de cómo las armonías también podían ser dinámicas y complementarias en pos del ritmo, aunque también se notaba cierta inconsistencia en lo que armaba como solista, entre referencias latinas, rockeras, pop y también algunas más lúdicas, que armaban algunas mezclas que tenían poca coherencia. Parecían ser los ejercicios creativos de un artista curioso, más que proyectos de un carácter relevante para el solista que le permitieran mostrar su voz en toda su expresión.

En medio, The Strokes sacó discos cuestionados, y el desarrollo más patente de sus adicciones hizo que Albert se volviera un tipo más y más huraño ante las cámaras, y aquello se traspasaba a su banda. Por ello es que la rehabilitación se ve a la distancia como un ejercicio de inteligencia que, desde lo forzosas que son usualmente estas desintoxicaciones, generó nuevas capas de complejidades en la figura de Hammond Jr., quizás más adecuadas para erigirlo como un solista con algo que decir.

ALBERT HAMMOND JR 02Ya era evidente esto en los someros 15 minutos de “AHJ”, el EP que sacó en 2013, donde su voz, dentro de su fragilidad y timbre particulares, más dylanescos que otra cosa, expresaba una comodidad inédita. Las canciones eran simples, y los punteos y figuras no eran enormes, pero se notaba consistencia y claridad. No se trataba de arrojos de pulcritud, pero sin duda había algo de la limpieza de Albert en su forma de tocar la guitarra en medio de sintetizadores, bajos, baterías ligeras y voces fraccionadas.

“Rude Customer”, de este mismo EP, parece ser el antecedente más inmediato para “Momentary Masters” (2015), un disco que extrae su título de una referencia de Carl Sagan y que a lo largo de 10 concisos tracks va mostrando a Albert en toda su extensión, como nunca antes. “Caught By My Shadow” es tan infecciosa como potente, “Coming To Getcha” es intrigante y temblorosa, en tanto que “Side Boob” es divertida y bailable. Distintas caras de un AHJ que, aunque pareciera que le jugó un ajedrez a la muerte a riesgo de poder perder, en verdad simplemente hizo tablas y ahora puede caminar por otros rumbos, los que desee, con más confianza y voz que nunca, atributos que podremos ver en su regreso a Chile en el marco de Lollapalooza Chile 2016.

Por Manuel Toledo-Campos

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Especial En Órbita 2017: Cigarettes After Sex

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Cigarettes After Sex

Un cenicero con los restos de cigarros recién apagados. Ventanas con las cortinas cerradas. Ropa interior en el suelo, en una silla, en medio de las sábanas o los cojines. ¿Solo o acompañado? ¿Luces prendidas o apagadas? ¿Imaginación, sueño o realidad palpable? Los ambientes que genera Cigarettes After Sex en sus canciones pintan imágenes complejas, ponen espejos al frente, y permiten la intermitencia entre brillantez y opacidad, porque el amor, el sexo, la soledad, y todo lo que esté entremedio, son puestos en la lupa sonora del cuarteto liderado por Greg Gonzalez.

Aunque con EP “I” (2012) habían tenido una notoriedad clara y su manera de ver al pop estaba de manifiesto, ciertamente había terminaciones que pulir y escenarios que iluminar más allá de lo teatral. En su álbum debut homónimo, salido en junio pasado, Cigarettes After Sex consigue salir de lo esquemático que podría ser su tipo de composición, y así las cosas fluyen. En vez de andar a tropiezos con las piezas de ropa que caen, todo puede ir un poco más lento, pero con más seguridad en los recursos y movidas a utilizar. En la habitación que se llena del sonido de los norteamericanos ya no es necesario tropezar al andar, porque cada movimiento tiene un impulso natural, entre un dreampop elegante y una manera oscura de plantar el ambient, entre una voz aterciopelada y bajos y ritmos profundos.

Quizás el rubro donde le falte cierta experiencia a la banda sea en las letras, que no consiguen la delicadeza que la interpretación en instrumentos y voz sugieren, pero también es parte del aprendizaje. Quizás son las palabras que se meten entre los cuerpos y que traban el correr de la sangre, que hielan las manos y convergen en la necesidad de seguir adelante, porque lo que consigue musicalmente Cigarettes After Sex no es sólo remitir a lo que ocurre en pareja, trío, o grupo de gente que se busca entre el amor, odio, lujuria y ausencia, sino que armar recuerdos que se puedan esconder en los beats de un bajo casi tan protagonista en la melodía como la voz de Greg, que entre tul y cuero sumerge las conciencias en historias sencillas, pero que conectan con el oyente.

Eso sí, lo concreto de las letras permite que haya un ancla en el mundo real. No se trata de un lugar de ensueño, donde el acto de tocar, besar, desear o amar quede restringido a acciones sin consecuencias. En las canciones de Cigarettes After Sex –y en especial en su LP homónimo– existen detalles concretos, corazones rotos (“Sweet”), ilusiones que se traducen en metáforas demasiado directas (“Opera House”) o la cotidianidad de una cama (“K”). No hay mucho que esconder cuando el olor a tabaco continúa en el dormitorio o cuando la brisa de la madrugada pega en los hombros, porque en medio de un ambiente idílico reside lo humano, a través del contacto físico y/o emocional.

A eso termina refiriendo la banda, entre un minimalismo elegante y sexy, a lo humano, a lo que puede errar, a lo que puede doler, y también a lo crudo e insensible (“Young & Dumb”), donde Gonzalez es capaz de culpar a su objeto de deseo de forma misógina por despecho, y aun así sonar como si pudiera convencer a cualquiera de seguirlo, a él y a sus palabras. El mundo de Cigarettes After Sex no es perfecto, se repleta de cenizas, ropa revuelta, olor a humo, a fluidos corporales, a alcohol, a ausencia, de dolores y palabras envueltas en rocas y cemento. El difícil terreno de lo carnal y lo ecléctico se funde en medio de imperfecciones que otorgan la calidez necesaria para que las canciones y los sonidos no se queden en axiomas vacíos, sino que realmente puedan generar una conexión significativa. Y en ese tipo de construcción narrativa y musical es que Cigarettes After Sex se ha vuelto una banda necesaria de escuchar y sentir. Bien adentro. Humanamente.

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