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WROS Fest, Día 2

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La producción aprendió rápidamente de los errores del día anterior y la jornada de clausura de WROS Fest 2012 resultó mucho mejor. Se ganó en sonido y se respetaron los horarios. Además, a las 19:00 horas, el público casi triplicaba la asistencia del comienzo del jueves. Todos esos ingredientes ayudaron a que la primera versión de este festival concluyera de forma impecable. Y que las casi dos mil personas que llenaron la pista del Teatro Caupolicán, se preocuparan sólo de lo importante: la música.

Ni siquiera la falsa alarma de tormenta convenció a los asistentes a llegar más tarde. Así, la banda de hardcore punk nacional Vadca y el power trío argentino Saltoseis se encontraron con un muy buen contingente. Si bien los pegados a la reja eran lo que esperaban al último número de la noche, la buena disposición de los mismos logró que se formara una conexión. Mínima, pero conexión al fin. Los chilenos se mostraron sólidos durante su show; pero hacia el final de la presentación de los trasandinos, parte de la concurrencia que esperaba sentada en los escalones, ya pedía su salida del escenario.

A Wilhelm Scream: Derritiendo tímpanos

Remecieron a un Caupolicán medio dormido, elevando los decibeles hasta la estratósfera. Dirigidos por el ultra-carismático vocalista Nuno Pereira con su jockey a lo Suicidal Tendencies, lo de los muchachos de New Bedford fue demoledor. Compenetrados como banda y con el público, le traspasaron a estos toda su energía.

Los primeros mosh se comenzaron a formar y muchos fanáticos de la agrupación aparecieron por la pista. Los tempos rápidos, con la base clásica del hardcore punk de la batería de Nicholas Angelini, orquestaron un show letal, uno que impedía quedarse estático. Porque el inquieto de Pereira, más las guitarras punzantes de Trevor y Mike, contagiaban de entusiasmo.

Canciones como “The Horse” y “Jaws 3, People0”se escucharon como si el teatro fuera un parlante gigante. Y en cuarenta minutos, A Wilhelm Scream demostró que está hecho de acero; con siete pulmones y dos corazones por integrante. Esos que hicieron que nunca dejaran de moverse.

Setlist: The RIP – Me vs. Morrissey In The Pretentiousness Contest – The Horse – Famous Friends & Fashion Drunks – Skid Rock – Jaws 3, People 0 – Boat Builders – Dreaming Of Throwing Up – Gut Sick Companion – I Wipe My Ass With Showbiz – The King Is Dead – We Built This City! (On Debts And Booze)

Strike Anywhere: El mundo de Thomas

Le acercó el micrófono a uno de los chicos que, segundos antes, había caído por sobre la reja; la misma a la que se subió para juntarse con el público. No paró de moverse, ni de saltar. Como un adolescente en una banda de rock exitosa. Como un Thom Yorke punk. Thomas Barnett es un espectáculo por sí solo. Tanto por su energía como por su aspecto. Porque esos dread rubios atraen automáticamente la mirada.

Repasando más de una década de historia, “Sedition” desató la locura desde el comienzo. La fusión de “We Amplify” con “Blaze” del “Exit English” (2003), continuó un show en el que los fanáticos eran tan protagonistas como los músicos. Porque mientras la primera les deja la responsabilidad con el recurso de los gritos, uno no se da cuenta cuando la segunda ya te hace correr en círculos. Otros clásicos como “Infrared”, “Refusal” y “Chalk Line” fueron parte del setlist, que incluyó colaboraciones de Justin Sane y Chris Barker de Anti-Flag, que ya estaban ansiosos por entrar en escena.

Quizá el único ripio del debut de Strike Anywhere, fueron unos pequeños problemas de sonido que hacían que, por momentos, la voz de Barnett se perdiera entre los instrumentos. Aunque fuera de eso, nos trajeron el mejor repertorio del skate punk norteamericano, el mismo que los llevó a ser parte de la banda sonora de una de las ediciones de Tony Hawk’s Pro Skater.

Setlist: Sedition – Chalk Line – We Amplify + Blaze – Prisoner Echoes – Fifth Estate – Blackbirds Roar – Refusal – Infrared – Opposite Number – Allies – To The World – The Crossing – Sunset

Anti-Flag: Lo mejor

Con Sane y Barker ya habiendo probado la entrega del público chileno, aparecieron los de Pittsburgh en el escenario. Faltaban cinco minutos para las nueve de la noche, y nadie acusaba falta de energía por la avalancha que significó Strike Anywhere y A Wilhelm Scream. Con un espectáculo delirante, Anti-Flag se probó la corona a lo mejor del día viernes.

“The Press Corpse” inició la protesta, y el mosh nuevamente se recompuso con uno de los singles de “The General Strike” (2012), lo último de la banda: la canción “Broken Bones”. Con un manejo envidiable de la masa, Barker hizo lo que quiso con la fanaticada: que todo mundo levantase el dedo del medio en señal de reprobación contra la policía en “Fuck Police Brutality”, para que luego levantaran las manos en “Underground Network”, para terminar lanzándose a la cancha del teatro.

Aunque lo que hizo único el show, fueron dos regalos que quedarán para siempre en la memoria colectiva del punk rock: el mosh pit más grande del WROS Fest en la canción “Death Of The Nation”, donde Chris pidió que despejaran toda la pista para formar ese huracán, incluso más numeroso que el del día anterior con Pennywise. También el cover “Should I Stay Or Should I Go” de The Clash.

Pero lo que lo transformó en épico, fue ese final sin precedentes, con el platinado Pat Thetic tocando la batería para la canción “Power To The Peaceful” en la cancha del Caupolicán. Con todos los fanáticos alrededor. La mentalidad de Anti-Flag a la hora de tocar es como la del rock de estadio, con canciones que todos corean y con innovaciones que rompen el esquema. Y ver eso en un escenario más pequeño, para sólo mil quinientas personas que llegaron al WROS chileno, fue un privilegio.

Setlist: The Press Corpse – Broken Bones – Fuck Police Brutality – This Is The End – Underground Network – America Got It Right – Shadow Of The Dead – A New Kind Of Army – Sodom, Gomorrah, Washington DC – This Is The New Sound – 1 Trillion Dollar$ – Death Of The Nation – 911 For Peace – Turn Your Back – Die For Your Government – Should I Stay Or Should I Go – Cities Burn – Power To The Peaceful

Rise Against: Cabrones

Antes de tocar ya tenían al público en el bolsillo. Entre las poleras de Anti-Flag, Glassjaw o Bad Religion, las que más se repetían eran las de los chicos de Chicago. Y claro, como cabezas de cartel, eran el broche de oro a un festival que se realizaba por primera vez en nuestro país, no sólo por el nombre, sino también por el tipo de música. Nadie se atrevió hasta hoy a traer esa cantidad de artistas de la escena punk rock y hardcore punk.

Pasadas las 22 horas con quince minutos, comenzó a sonar un sample que advertía que el momento había llegado, y vestidos completamente de negro, apareció en escena el cuarteto de Chicago. Tim, Joe, Brandon y Zach, tomaron sus instrumentos, saludaron en spanglish y noquearon de inmediato: ese ambient que se oía era el comienzo de “Survivors Guilt” de “Endgame” (2011), su más reciente disco. De ahí en más, podían hacer lo que quisieran con los fanáticos.

Sonando más potente que en sus trabajos de estudio, Rise Against liberó “Ready To Fall”. Y parecía que era el punto de partida de la locura colectiva. Muchas niñas le gritaban todos los piropos del mundo a Tim McIlrath, mientras la cancha se consumía luego de dos tardes completas de música, donde se dejó la piel en el Teatro Caupolicán.

El vocalista dejó de lado su guitarra y sacó del pedestal su micrófono, para transformarlo en una extensión de su mano. “Collapse (Post-Amerika)” sonó y el público hacía rato estaba entregado. De todas formas, la energía que irradia Tim es de una sencillez tremenda: lanzó agua y se paseó hasta los extremos del escenario para llegar a cantar con esas personas que coreaban cada tema desde palco. Por estas cosas, el día de mañana los fanáticos serán más fanáticos. Y como si estuviese todo planeado, al momento de tocar “Re-Education (Through Labor)” llegó hasta el escenario una pancarta con la consigna “Free Education Now!”, lo que hizo más significativo el momento.

“Paper Wings” y “Prayer Of The Refugee” fueron cantadas con el alma. Cada uno las interpretaba a su manera: unos cantando, otras gritando y los últimos corriendo en círculos en una carrera interminable. A la primera versión de WROS Fest en Chile sólo le quedaban unos minutos para morir, pero faltaba un esfuerzo final. La última gota de sudor, de energía, el último aliento estaría dedicado a “Give It All”.

Luego de eso, no quedaba más que esperar el término de “Savior” y quedarse con el recuerdo de la primera presentación en nuestro país de Rise Against. Una banda que no traiciona su esencia, que sabe combinar el rock alternativo con el hardcore punk sin que parezca forzado. Y que le ha dado un gran éxito, porque ha podido llegar a distintos tipos de público. Y estos les correspondieron repletando la pista del Teatro Caupolicán.

Setlist: Survivor Guilt – Ready To Fall – Collapse (Post-Amerika) – Good Left Undone – Broken English – Help Is On The Way – Drones – Disparity Of Design – Re-Education (Through Labor) – Paper Wings – Satellite – Wait For Me – Prayer Of The Refugee – Give It All – Savior

Por Bastián García

Fotos por Julio Ortúzar

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2 Comentarios

2 Comments

  1. Mawal

    13-Nov-2012 en 1:48 am

    Ke mierda el review de Vadca, pegarlo junto con el review de saltoseis, nisiquiera poner una foto, manerita de apañar a la única banda local presente ese día.

  2. RCGJ

    13-Nov-2012 en 5:17 pm

    Socio esta seguro que ese fue el set list de Anti-Flag??? yo no escuché tantas canciones

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DIIV: Esquemas Juveniles

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DIIV

Aunque estamos en una época con la posibilidad de más estilos que nunca, lo que es más claro de ver son las convergencias, cuando existen cosas muy diferentes que tienen un punto de encuentro. Nadie podría decir que Mac DeMarco, Wild Nothing y DIIV suenan igual, pero estos tres actos, con popularidad en nuestro país, tienen una sensibilidad con las guitarras y los ritmos que los hacen convivir incluso en el mismo sello, Captured Tracks. Pero luego aparecen las diferencias, que tienen más relación con cómo se disponen en un escenario o cómo se disponen ante su propia música, algo que se reafirmó en una nueva visita de DIIV, enterando su tercera vez en Chile.

Antes, todo partió con un potente set de Adelaida. La banda de Valparaíso estuvo muy bien elegida para partir con la jornada, en especial por la energía desplegada, que redundó en una ovación del público al cierre de su show pasadas las 21:45 hrs., donde pasaron por canciones como “1999” y “Eco”, para cerrar con la explosiva “Cienfuegos”, en su mayoría tracks que pertenecen a “Paraíso”, el disco que editaron en 2017. Un sólido espectáculo de una de las bandas más potentes del rock chileno, cuyo repertorio está siendo rápidamente engrosado.

Tras 25 minutos de espera, y teniendo a la mitad de DIIV en los últimos minutos ajustando ellos mismos sus instrumentos, entró a escena la banda de Brooklyn, que de inmediato podía establecer su potencia. A diferencia de Wild Nothing o DeMarco, lo de DIIV es más potente en el proscenio, y ellos no caen en la autoindulgencia, pese a que las formas de Zachary Cole Smith pudieran hacer creer lo contrario. Toda la banda suena cohesionada y eso deriva en el peso escénico que proyectan. Mientras Zachary pareciera al comienzo un vocalista parco que no se interesa en que se le entienda poco, luego se denota que eso es parte de la estética mientras él está enfocado como láser en lo suyo, y también en la guitarra de Andrew Bailey, con quien se complementan perfectamente.

Además, esta energía enfocada y este sonido aplanador no caen en un saco roto, porque el público que llegó a Club Blondie (que, vale decir, cada vez suena mejor para bandas) estaba dispuesto a saltar y sentir este show como algo realmente relevante. Ya en “Human” y “Dopamine” la algarabía era tal, que gente de la audiencia hacía crowdsurfing y otros revoleaban la polera o lo que fuera en el aire, como si se estuviera alentando al equipo en el estadio, con una conexión envidiable.

Aunque se ha visto a DIIV varias veces en vivo, existe algo que hace que se vuelva a ellos. Y tal vez sea esa sensación de que, en medio de todos los esquemas que rodean lo que son y proyectan sus canciones, existe una banda que tiene mucho que entregar, enfrentándose al cliché de los conjuntos que suenan o se ven similar, y que en general tienden a restringir el caudal de energía. En temas como “Past Lives” quedaba en claro que no se trataba meramente de escuchar versiones como las oscuras rendiciones de los discos, sino que algo de mayor alcance explosivo, sin traicionar esas sensaciones.

No es que DIIV sea la banda más brillante del mundo. Tras entregar una canción nueva sin título, tocaron un minuto de algo ininteligible y esos son gestos contradictorios, pero al menos reposa algo de honestidad en ellos que los hace ser de lo mejor de su rebaño, algo que en el iluminado final con “Dust”, “Doused”, y luego el encore con “Wait” (en el cual Andrew salió con un sostén que una persona lanzó al escenario) quedó de manifiesto. Poco más de una hora y cuarto que explicitan a DIIV como parte de los actos en los que no se debe desconfiar, porque pese a seguir modelos que parecieran muy definidos, ellos aún son capaces de entregar algo que los separa de la indulgencia y la simplona sencillez, y es así como probablemente los neoyorquinos consigan el paso a la trascendencia.

Setlist

  1. (Druun Pt. II)
  2. Is The Is Are
  3. (Druun)
  4. Human
  5. Under The Sun
  6. Dopamine
  7. Sometime
  8. Oshin (Subsume)
  9. Incarnate Devil
  10. Bent (Roi’s Song)
  11. Past Lives
  12. Nueva canción
  13. Healthy Moon
  14. Loose Ends
  15. Dust
  16. Doused
  17. Wait

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