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Wilco: Luz en las cumbres

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Cuando una banda no tiene hits puede jugársela por ser objeto de culto, o puede luchar porque todo su material aspire a una calidad innegable; un riesgo aún mayor en caso de sostener una carrera. Wilco nunca ha tenido miedo a eso, y la trayectoria del sexteto que completa más de dos sólidas décadas en el ruedo lo comprueba, una cumbre tras otra, hasta tener una verdadera cordillera de canciones a su paso, por lo que al confirmarse la impensada primera visita del grupo a Chile no sólo había ansiedad, sino que también una cierta confianza: lo de Wilco sería un show de calidad inapelable y digno de recordar.  Y, como diría Juan Gabriel, “y así fue”.

05 Matorral @ Teatro Caupolicán 2016

Aún así, la jornada partió con desesperanza. No había muchos tickets vendidos y muy poca gente llegó a las 19:00 hrs. para ver a Matorral, que abría el escenario con puntualidad y “Boleta de Cambio” de su excelente “Gabriel” (2015). No más de 40 personas verían un show donde la perfección a veces se mezclaba con la concentración absorta en los detalles, sacrificando un poco de chispa en pos de un sonido pulcro como pocos pueden lograrlo, ese que con “Caen” o “Ya Quisiera” generó aplausos fuertes de parte de las decenas de personas que había ahí. Un real pena, pensando en la oportunidad desaprovechada al poner en el proscenio a una de las bandas más perfeccionistas y pulidas que se pueden ver en vivo en nuestro país hoy.

06 Coiffeur @ Teatro Caupolicán 2016

No mucho mejor era lo que le esperaba a Coiffeur, a las 19:50 puntual, con un centenar de personas en cancha y unos tímidos asistentes más en las plateas, pero en este caso también la recepción fue tímida. La faceta electrónica que explota hoy el argentino tras el EP “Nada” (2012) y el giro completo de rumbo que significó “Conquista de lo Inútil” (2013) no encienden a buena parte del público que lo apoyaba cuando, a mediados de la década pasada, lograba con su guitarra y voz un sonido urgente que ahora parecía languidecer en comparación a Matorral y, luego, con Wilco. Pese a que Coiffeur domina todas las facetas de su actual encarnación, eso no parece ser suficiente para traspasar las necesidades de la gente que lo conoce de tener un sonido más orgánico, y de quienes no lo conocen de dejar en claro que él es más que lo que ha hecho en los últimos años. 40 minutos donde hizo todo bien, y aún así pareció caer en oídos sordos. Otra pena.

11 Wilco @ Teatro Caupolicán 2016

Pero desde las 20:45 hrs. ocurrió la magia, y de haber una cancha semi vacía, todo era más movido y pasó de ser un temor a ser una esperanza, algo que terminó de cuajar cuando se vio un Caupolicán con unas 1.600 personas listas a las 9 de la noche para ver el debut de Jeff Tweedy y los suyos en Chile, por fin. Era real y era parte de un hito.

07 Wilco @ Teatro Caupolicán 2016

Wilco no se casa con ningún estilo en particular, lo que le permite pasar desde el rock al jazz al pop sin necesidad de escalas, permitiendo convivir en sus canciones todos los sonidos que sean claves para que la canción se luzca. En “Random Name Generator” lo que envuelve al público no es el solo infernal –primero de tantos de Nels Cline–, sino que la forma en que la melodía funciona, efecto que también se lograba en la más ambiental “I Am Trying To Break Your Heart”, donde Tweedy hizo cantar a un público que aún era tímido, pero que luego ganaría más aplomo para seguir las alternativas de un show casi sin respiros, donde era fácil apunarse por la falta de oxígeno en medio de tales cumbres luminosas.

09 Wilco @ Teatro Caupolicán 2016

El regalo único del show fue “One Wing”, de “Wilco (The Album)” (2009), que no había aparecido en ningún show de la banda desde hace más de un año, y que generó una ovación inmediata. Con tantas canciones buenas, es fácil ver por qué el sexteto genera setlists diferentes para cada noche y así armar conciertos únicos, incluso cuando hay elementos esperados. Inolvidable será para los oyentes casuales el atropello a lo Keith Moon o Gabriel Parra de Glenn Kotche en medio de “Via Chicago”, mientras el resto de la banda mantenía el pulso como si nada ocurriera. Esos contrapuntos y quiebres hacen de Wilco una banda electrizante, llena de vida y de impulso propio, sin claudicar en que la simpleza de una canción debe primar, tanto para sus lecturas como para su disfrute, algo que también pasó con “Impossible Germany” y su manera segura de moverse entre John Stirratt y Jeff, siendo una canción con vida propia, allá, bien lejos, cerca del cielo, y donde flotar es sentir el peso propio y el de las guitarras brillando, como el fondo lleno de luces muy sobrias pero de excelente gusto.

16 Wilco @ Teatro Caupolicán 2016

Si hay algo considerable como un “hit” en la carrera de Wilco, es “Jesus, Etc.”, tema que sí fue bastante coreado, para luego pasar a una de las dos canciones de “Schmilco” (2016), disco que sirvió de excusa para esta visita: “Locator”, que se escucha más potente y eléctrica que en el estudio, donde la banda explotó un acercamiento más acústico que no se ve mucho en su debut en Santiago. Se hace sintomático que el disco del que más se extraen las canciones sea “A Ghost Is Born” (2004), ese donde Jeff Tweedy se toma a la banda y gana la confianza para hacer aún más, e ir más lejos. Quizás es ese espíritu el que motivó una gira sudamericana, la primera, y ese espíritu de refundación que inundó la previa de “A Ghost Is Born” podía extrapolarse a este momento, inesperado y bello, de tener a Wilco desplegando su calidad en vivo y cerrando su set con “Hummingbird” y “The Late Greats”, justamente de ese álbum, destinado a ser clave en la noche del 12 de octubre.

05 Wilco @ Teatro Caupolicán 2016

Un cartel llamó la atención de Tweedy, y luego es Nels quien lo muestra a la gente, donde se ve a un conductor y una flecha diciendo “Passenger Side”, canción que no estaba en el setlist, pero que la banda tocó para luego desatar un encore  de altísimo impacto, aún más potente, que remataría con otro pedido del público, esta vez previo al show. “Outtasite (Outta Mind)” sonó más cautivante que lo que cualquier podía esperar, y el final abrupto hacía que la gente reaccionara con incredulidad.

02 Wilco @ Teatro Caupolicán 2016

¿Realmente se había terminado? ¿Realmente había que bajarse de esta cordillera de canciones? ¿Realmente nos teníamos que bajar? Y ahí surgió el último momento, el último tanque de oxígeno a la vena con “Spiders (Kidsmoke)”, que no sólo fue un final de película, sino que reafirmó la sensación de que de Wilco podemos esperarlo todo, menos que dejen de lado a la canción. La composición y el cuidado a esta se ven como insumos menores en la era actual, tendiente a la producción como elemento clave, pero, como se pudo ver en el debut de Wilco en Chile y tras poco más de dos horas de intensidad neta, a veces el virtuosismo se ve mejor y más significativo cuando comunica algo, y en medio de tantas cumbres donde se empinaban miles de personas gracias a las canciones, no hay nada más importante que la vibra que genera un verso, un compás, una sonrisa.

Por Manuel Toledo-Campos

Fotos por Nicolás Aros

Setlist

  1. Random Name Generator
  2. I Am Trying To Break Your Heart
  3. Art Of Almost
  4. One Wing
  5. Misunderstood
  6. Someone to Lose
  7. I’ll Fight
  8. Handshake Dugs
  9. Via Chicago
  10. Impossible Germany
  11. Jesus, Etc.
  12. Locator
  13. Box Full Of Letters
  14. Heavy Metal Drummer
  15. I’m The Man Who Loves You
  16. Dawned On Me
  17. Hummingbird
  18. The Late Greats
  19. Passenger Side
  20. Theologians
  21. I’m Always In Love
  22. Red-Eyed And blue
  23. I Got You (At The End Of The Century)
  24. Outtasite (Outta Mind)
  25. Spiders (Kidsmoke)

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Norah Jones: Como las cosas solían ser

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Norah Jones

Desde el 18 de octubre todos los shows musicales han tenido algún tipo de acercamiento a la movilización, a un quebrantamiento a la abulia social, indicando una buena forma de ver cómo el paisaje va cambiando. Pero también existe ese tipo de shows que podría estar inserto en cualquier momento de la historia y no habría mayor diferencia. Tanto por la atemporalidad de la música presentada, como por la indiferencia de un público, como también las lógicas mismas que pueden aparecer en un espectáculo, el retorno de Norah Jones a Chile ante un Teatro Caupolicán casi repleto tuvo mucho de cápsula de tiempo y poco de conexión con lo que había fuera de las rejas del recinto de calle San Diego. Más adelante, se verá cómo esto también es una posibilidad sana y genuina respecto a la música misma.

Antes, durante la tarde del viernes 6 de diciembre, las plateas y sillas en cancha se fueron llenando muy lentamente hasta pasadas las 20:00 hrs., cuando Felipe Cadenasso se subió al escenario acompañado por Antonio del Favero y Natisú a tocar un set marcado por su trabajo como solista. Las armonías entre las voces de Felipe y Natisú eran perfectas, aterciopeladas, de una gran química marcada por el trabajo de ambos compositores que ven en la voz un instrumento mayor. Esto hacía de Cadenasso una buena elección de show de apertura.

Pero entre medio de canciones calmas, las luces estaban apagadas en las plateas y el ruido de la gente llegando cada vez de forma más numerosa, y las conversaciones multiplicándose como si nadie estuviera en el escenario. Realmente, era una sinfonía del irrespeto que censuraba la música preciosa que estaba siendo mostrada en el escenario y que hizo que casi nadie escuchara el único mensaje político de la jornada, cuando Cadenasso explicaba cómo era importante el hecho de estar más juntos que nunca. Tras 34 minutos de canciones brillantes, pero con mucha interferencia por parte del público, el trío de músicos se retiró con la cabeza en alto, sabiendo que la gente se lo perdió.

Luces volvieron a encenderse y ya el teatro lucía lleno en un 80%, espacio de tiempo que se extendería porque Norah Jones y sus músicos no saldrían a escena a las 21:00 hrs. Y qué bueno que no fue así, dada la cantidad de público que aún faltaba que se instalara en sus asientos. Recién a las 21:18 hrs., con todo en penumbra, ingresó ella junto a Brian Blade en batería y Jesse Murphy en el bajo (y luego en el contrabajo) para cambiar el aire en el ambiente, y entregar “Just A Little Bit” pegada a “It Was You”.

Era claro desde el inicio que la cruzada por el “retorno a lo básico” de Norah Jones que se inició en “Day Breaks” (2016) y se consolidó con “Begin Again” (2019) es parte del momento clave en que se encuentra la artista norteamericana, quien incluso, más allá de sus dotes vocales evidentes, incluso plasma su personalidad y talento en la forma de tocar el piano. Claro, su voz es un paradigma innegable del acercamiento del jazz al pop y a la pasividad que ha conseguido su trabajo, pero viendo lo que entregaba a temas como “Nightingale” o las versiones que haría más adelante de sus canciones más conocidas, los matices también se encuentran en la forma de pulsar las teclas, desde lo más tierno hasta lo más dramático. Norah Jones no se acomoda a lo pálido, dándole colores a todo, tal como las luces tenues que iluminaban a los músicos intentaban pintar en los telones detrás del escenario.

El formato en escena es un clásico trío, sea jazzero con piano, bajo y batería, o en “Don’t Know What It Means”, original del proyecto Puss n Boots, y “Come Away With Me”, colgándose la guitarra, logrando otro tipo de presencia, un poco estática dada la perfección en cada eslabón del sonido logrado, sin falla alguna, pero con el carisma necesario para inundar el espacio. En medio, varias sorpresas como “It’s A Wonderful Time For Love” o “Tragedy” removían un repertorio que encontraba reacciones más ruidosas de la gente –cuyo silencio caracterizó esta fase de la noche–, las que vinieron con “Sunrise” o “After The Fall”. También fue llamativo notar cómo ella le entrega espacio a “Black”, parte del proyecto “Rome” que Danger Mouse y Daniele Luppi lanzaron en 2011, demostrando cómo Jones consigue que canciones con un carácter muy marcado se acoplen a lo que ella expresa y significa en un escenario.

Por eso que arruinaba un tanto la experiencia notar personas yéndose desde la mitad del concierto en adelante. Era muy extraña la sensación de ver perfección andando en un proscenio y con la calidez que tiene la voz de Norah Jones, para luego notar decenas de personas caminando a cuentagotas en dirección a la salida. Algunos, luego de “Come Away With Me”, otros tras “Don’t Know Why”, y otros después de “Flipside”, los movimientos humanos eran el único indicio de no estar ante una grabación en un estudio. Por otra parte, mucho se puede comentar de Jones, pero también la capacidad de estar siempre reaccionando de Brian Blade y la habilidad para marcar un pulso y, a la vez, armonizar con el piano de Jesse Murphy en el bajo, son importantes para apoyar y enaltecer a la artista.

Hablando de “Flipside”, también en esa canción se daba otra muestra más de cómo Norah Jones y su banda tienen una gran formación: cuando logran aguantar el compás, no dejando que pase al siguiente tan fácilmente, cerca del final, rompiendo con el ciclo de un pulso más natural, entregando otras sensaciones. Aguantar el compás, con tal precisión, es impactante, y más golpea en “Don’t Be Denied”, ese tema de Neil Young que ella transforma en una pieza de plegaria por la identidad propia, para que cada cual entienda su valor y también en su fuero más personal, que alguien como ella –que valora lo suyo y lo cuida tanto como puede (no usa redes sociales para asuntos personales, cuida el anonimato de su actual pareja, entre muchas otras cosas)–, es capaz de comprender.

Luego de despedirse de la gente, Jones y sus músicos volvieron para hacer sólo un tema más, entregando un show más breve de lo esperado, con casi una hora y media de espectáculo cerrado con “Cold Cold Heart”, cover de Hank Williams aparecido en “Come Away With Me” (2002), otra de las canciones que demuestran que la cantautora está para volver a comenzar y que ésta vez lo hace con la libertad de la madurez y las decisiones propias para, a final de cuentas, entregar música de la forma en la que muchos suponen que las cosas deben ser. Considerando la calidad –al menos desde ese punto de vista–, esta atemporalidad y capacidad de crear un universo paralelo propio son fuertes argumentos para tomar este camino, disfrutarlo y luego tratar de que ese dulzor dure un poco más, antes de volver al amargor de un contexto donde la lucha aún no termina.

Setlist

  1. Just A Little Bit
  2. It Was You
  3. Nightingale
  4. Begin Again
  5. Those Sweet Words
  6. It’s A Wonderful Time For Love
  7. Sunrise
  8. Don’t Know What It Means (original de Puss N Boots)
  9. Come Away With Me
  10. After The Fall
  11. Black (original de Danger Mouse & Daniele Luppi)
  12. Tragedy
  13. I’ve Got to See You Again (original de Jesse Harris & The Ferdinandos)
  14. Don’t Know Why (original de Jesse Harris & The Ferdinandos)
  15. Flipside
  16. Don’t Be Denied (original de Neil Young)
  17. Cold Cold Heart (original de Hank Williams)

Fotos por Jaime Valenzuela para DG Medios

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