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We Are One Tour Chile 2017: De cara al fuego

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Han sido días felices para los seguidores nacionales del hardcore punk (ya sea en su arista más extrema o más melódica), puesto que hace un poco más de una semana se vivió una jornada memorable con el debut de Judge en Chile y ayer, por su parte, otro estreno acaeció en el mismo recinto de calle Alameda. Tras una carrera que sobrepasa las dos décadas, los estadounidenses de Face To Face otorgaron su primera presentación en este lado del continente, dentro del marco de la segunda edición del encuentro denominado We Are One, que este año contó además con la participación de otros insignes: Ignite, quienes, de frente y con sensatez, son un acto comprobado en directo del que es posible esperar un desempeño lleno de precisión y alma.

Completando el cartel estuvo Much The Same, The Fullblast y The Decline, estos últimos dueños de la obertura. Cerca de las 18:30 horas se ubicaron en el escenario y desde un principio entusiasmaron a una concurrencia que en ese momento llegaba de a poco al lugar. Dueños de tres larga duración (“I’m Not Gonna Lie to You” de 2010, “Are You Gonna Eat That?” de 2011 y “Resister” de 2015), los australianos se mostraron afiatados y con mucho dinamismo para ejecutar la velocidad de las composiciones, que también fueron la tónica del evento. “New Again”, “$hit Yeah!” o “I Don’t Believe” con su buena ejecución y la respectiva respuesta del público que había a esa hora, evidenciaron el respeto y el reconocimiento que han obtenido en el circuito internacional, lo que les ha permitido trabajar con gente de renombre en la escena, como Bill Stevenson (Descendents / Black Flag) o compartir la tarima con muchos de los grandes nombres del panorama.

Más tarde, y con una audiencia que crecía de forma exponencial, llegó el turno de Much The Same, quienes según lo publicado eran terceros en el programa, algo que sin embargo no ocurrió. Los estadounidenses usaron sus treinta minutos con destreza y dedicación, a pesar de que la mayor parte del contingente fue por los cabezas de cartel; salvo los acérrimos de siempre, la gente se limitaba a apreciar su propuesta más que a interactuar de manera activa. Los temas con los que partieron, “Wish” y “Masquerade”, constituyen el sello característico del grupo y son muy enérgicos, por lo tanto, son buenas instancias para observar el alma del conjunto. “Stitches”, corte promocional proveniente de “Survive” (2006), con mucha energía fue uno de los puntos más altos de su intervención en We Are One Tour 2017, dejando a sus seguidores con la satisfacción de verlos en las mejores circunstancias posibles.

El conjunto canadiense The Fullblast fueron los siguientes, y su combinación del sonido clásico del hardcore punk con toques progresivos representa a las tendencias más temerarias de la nueva era. “Shame” o “Spoons, Gats, (White Collar) Prison Tats” fueron tan precisas como veloces, quedando expuestas las habilidades de sus músicos, quienes, sin embargo, tuvieron que lidiar con algunos problemas de sonido que afectaron a la guitarra rítmica y a la voz por varios pasajes. A esas alturas, la pista del establecimiento capitalino estaba prácticamente llena y el ambiente a su vez era de comunión entre los asistentes que disfrutaban de “Redemption” o “Rollerskaters” y sus estructuras desafiantes de los cánones del estilo, desembocando al término de su turno en una ovación total.

El logo de Ignite apareció con imponencia proyectado en la pantalla y, tras unos breves minutos de espera, “Zoli” Teglas y sus compañeros se apoderaron de la velada, arrasando con un repertorio que, a diferencia de su presentación de hace dos años, se basó casi por completo en “A Place Called Home” (2000) y “Our Darkest Days” (2006), sus dos trabajos más exitosos. “Poverty For All” y su furia punk hizo estallar a todos los que se apostaban en la sección más próxima al escenario. Como era de esperarse, un coro gigante inundó todo a su paso y, con los ánimos en llamas, un himno del grupo como “Veteran” sentenció que esta sería sin duda una actuación inolvidable. Cada canción fue recibida con una respuesta mayor a la anterior; “Know Your History” o la siguiente, “Let it Burn”, hicieron que la batahola fuera de proporciones, y cuando llegó el momento de “Fear Is Our Tradition” la conexión entre los californianos y presentes fue absoluta.

Todo pareció más cómodo y natural que lo ocurrido en el Centro de Eventos San Diego el año 2015, lo que se notó en la actitud de Teglas, quien sólo se preocupó de agradecer el apoyo de los seguidores y a cantar con pericia, porque su desempeño fue superlativo en comparación a todos sus colegas de la noche. “My Judgement Day” y un extracto semi-acústico de “Slowdown”  fueron la antesala del que fuese el instante de mayor algarabía en esta nueva visita de Ignite a Chile: el bloque final donde ejecutaron “Place Called Home” y “Sunday Bloody Sunday”. Luego remataron como si no hubiera un mañana con sendas interpretaciones de la esperanzadora “Live For Better Days” y “Bleeding”, mientras que todos los que llegaron anoche a la cita cantaban a todo pulmón y marcaban con cariño y fuego en la memoria –tanto de la banda como de los incondicionales– estos sesenta minutos de hardcore punk en su estado más puro.

Si bien, fue posible aseverar que las expectativas eran altas para el debut de Face To Face por estos lados, lo cierto es que cualquier pronóstico se quedó corto frente a la ebullición y la euforia que se desencadenó apenas se oyó el clásico “one-two-three-four!” de “You’ve Done Nothing”, tema que abre “Don’t Turn Away” (1992) su primer disco. El catálogo que exhibieron ayer sólo incluyó tres extractos de su más reciente trabajo, “Protection” del año pasado, mientras que el resto sólo se concentró en la trilogía inicial: el ya nombrado registro de 1992, más “Big Choice” (1995) y el homónimo de 1996, decisión que se justifica al considerar su ausencia en el país. Así, cortes como “Bent But Not Broken”, “Double Crossed” o “I Won’t Say I’m Sorry” y su frescura, calzan perfecto con las pistas emblemáticas que le secundaron, como “Ordinary”, “You Lied”, “I Want” o “Walk The Walk”, que a su vez sonaron como si tuvieran un par de años de ser escritas.

Trever Keith y el resto de los músicos no daban crédito al entusiasmo y a la recepción que les profesó el público que llenó Club Blondie, situación que les infundió aún más fuerza y pasión para seguir con el espectáculo a través de “AOK”, “I’m Trying” o “Velocity”, todas enfrentadas a un círculo enorme de personas girando y bailando al compás del punk tradicional que hace Face To Face. Ya entrada la noche y ubicados en la postrimería de We Are One Tour 2017, el ímpetu de la velada se hizo más potente y el coro, que acompañó durante toda la hora que duró el show de uno de los estandartes del punk de la costa oeste de Estados Unidos, se escuchó unísono y conmovedor, algo que no dejó indiferentes a los integrantes que, entre atónitos y agradecidos, seguían su rutina de material clásico como “Complicated”, “I Won’t Lie Down”, “Blind” y “It’s Not Over”.

Tras retirarse por unos segundos, se cumplió la profecía de muchos fanáticos y “Pastel” más la gloriosa “Disconnected”, bajo una ovación histórica, clausuraron esta verdadera oda al hardcore punk que se llevó a cabo ayer en el centro de la ciudad y que, una vez más, fue capaz de unir en un solo canto a distintas generaciones que, sin importar su origen o contexto, mantienen viva la llama de la música callejera y contestaría que después de tanto tiempo sigue vigente y ardiendo en el corazón de sus adeptos.

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Metronomy: El disco de tu corazón

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Metronomy

Sigue siendo extraño ir a conciertos y disponerse a pasarlo bien cuando el país despertó y, como pasa en “The Matrix”, al abrir los ojos no era un mundo idílico el que supuestamente había y pintaban, sino que todo se ve sucio, injusto y sobre una lupa. Por ello la música sirve como escape en medio de tensiones y para no perder la perspectiva sobre el propio ser. En medio de causas comunes, donde los cuerpos se vuelven uno y la individualidad se ve como un lujo, es bueno recordar el propio corazón, aquello que lo mueve, lo que lo emociona y hace feliz. Ese tipo de reacciones genuinas son las que aparecieron copiosamente en el retorno de Metronomy a nuestro país, con su cuarto show a la fecha, en la explanada del Centro Cultural Matucana 100.

La gente fue llegando poco a poco hasta repletar la explanada, cuando ya se escondía el sol, poniéndose cada vez más impaciente mientras se acercaban las 21:15 hrs., supuesto horario de inicio del show. A las 21:26 comenzó a sonar “Wedding” como intro del concierto, y como a la distancia se veía el edificio donde están los camarines, se notaba –como si fuera un programa televisivo– el momento exacto en que la banda se movía para llegar al escenario de riguroso vestuario blanco, en medio de los vítores. Comenzaron con “Lately”, canción en medio de la cual se escuchaban los primeros gritos de “el que no salta es paco”, parte de la “nueva normalidad” en los conciertos, algo de lo que deberemos hablar más tarde.

La potencia de las canciones de Metronomy no daba respiro. “Lately” y su pulso más psicodélico (sello de su último trabajo de estudio, “Metronomy Forever”) hasta el hit “The Bay”, convirtieron a Matucana 100 en un lugar de karaoke, irrumpiendo de inmediato la faceta más banda de rock de Metronomy con “Wedding Bells” y ese final falso que culminaba en una explosión con el solo de un Joseph Mount que parece más cómodo y sobrecogido que nunca con el rol que tiene en vivo. Mount es un tipo notoriamente tímido en el escenario, pese a ser el líder de un proyecto que mueve mucha gente, pero tal vez eso viene desde una comprensión fundamental. Y es que lo que se convierte en el disco o la canción que llega directo al corazón de la gente es una composición, más allá de sus exponentes.

Aunque Metronomy tiene una formación reconocible, de buenos músicos y carismas al servicio del show, lo más abrumador es la potencia de las composiciones, como pocas veces pasa en un espectáculo. La fuerza de “Corinne” no va ni en la potencia que le puso Anna Prior a cada beat en la batería o a los adornos precisos de los teclados del contagioso bailar y sonreír de Oscar Cash, sino que en la armonía tan fluida como impalpable que tienen los diferentes ritmos que mueven a la canción. En “Everything Goes My Way”, además del inmenso amor del público chileno a Prior o de la guitarra acústica siendo un dulce néctar para los oídos, la dinámica típica de los grupos a capella sesenteros en el coro son lo que hace la canción, y eso terminaba siendo hecho por el público, muy participativo, a diferencia de la última visita de la banda en un Lollapalooza 2018 donde resultaron injustamente ignorados.

Reservoir” fue una explosión de energía, en tanto que “Walking In The Dark” mostraba la vibra más chill digna de Madchester y la onda rave, para luego continuar precisamente con el baile con dos piezas instrumentales: “Boy Racers” y “Lying Low”. En este caso, vale precisar que Michael Lovett y Oscar Cash se complementan de forma perfecta cuando ambos están manejando los teclados, en una mini orquesta de sintetizadores muy a la usanza de Orchestral Manoeuvres In The Dark, pero con una vibra más ligera. En “Boy Racers”, además, Olugbenga Adelekan por fin sonó más con su bajo que, pese a tener un protagonismo clave en canciones como “The Bay”, no quedaba tan adelante en la mezcla de sonido, como sí pasó en esa canción. Todo esto servía como aperitivo perfecto para “Old Skool”, otra de esas composiciones hechas para conseguir la participación del público y hacer aún más grande la experiencia. Es impecable la capacidad de Mount de crear estas obras que, desde una producción usualmente muy minimalista y con el cuidado necesario de dejar respirar las capas sonoras, terminan con una capacidad de generar enlaces de valencia tan numerosos con la audiencia, tanto, que la participación hace del momento algo más cercano y también mucho más inolvidable.

Luego, la vibra de banda de rock & roll volvió a escena con “Insecurity”, una canción que en manos de cualquier otra banda hubiera quedado plana, pero que para Metronomy es perfecta porque refleja sus propias sensaciones de extrañeza y de desacomodo con aquello que pareciera tan natural. Parte también de la catarsis en medio de este show fue la capacidad de evitar que la normalidad parezca tan normal, y eso a Metronomy le queda muy bien. Tal vez, por ello en vez de tocar “On Dancefloors”, como decía el setlist, la banda se vio descolocada con los gritos de “el que no salta es paco” y “el pueblo unido jamás será vencido” con los que ellos intentaron continuar una parte instrumental de “Insecurity”. En vez de hacer como cualquier otra banda y seguir como si nada, la cara de Joseph indicaba que no sabía cómo reaccionar, más allá de una sonrisa nerviosa que cambió para tener un poco más de seguridad con “I’m Aquarius” y calmar un poco los decibeles, sumergiendo a la audiencia en un track tan especial como acuático, de esos que son inmersivos, justo para después despachar “The End Of You Too” pegada a “Salted Caramel Ice Cream” en un tono más bajo de lo que es la versión de estudio, algo que quizás sacó un poco a la gente del acto de disfrutar sin freno.

“El disco de tu corazón”, concepto acuñado por Miranda! –otra banda llena de canciones que, más allá de su estilo, se pegan de forma irremediable a los oídos–, no dejaba de rotar y de ser escuchado. Una canción tan querida como “The Look”, con un épico final de sintetizadores trenzados en un baile sideral, volvía a convertir a la explanada de M100 en un lugar caluroso, movido y repleto de baile, en tanto que “Love Letters” y su pulso casi como el latido de un corazón, sin parar, sin soplos o pausas, aumentó aún más las fuerzas que terminaron de explotar con un poco más de calma en “Sex Emoji”. El encore no demoró mucho, con “Upset My Girlfriend” que, en un tono casi autobiográfico, recuerda los inicios en la música de Joseph, quien por sentir la música muchas veces se dejaba llevar demasiado. Y quizás ahí está el mayor triunfo de su historia, el aprender a tener control, pero también a permitir que las cosas tengan crecimiento orgánico.

Como un corazón latiendo, el beat final tenía que ser uno de compases irregulares y de final abrupto, como ocurre con la rara “Radio Ladio”, final preciso para un show donde las canciones brillaron más que cualquier otra cosa. Al final del día eso es lo importante, porque, así como en tantos recuentos de fin de año, son esos tracks los que se quedan en el alma, esperando su momento para explotar en situaciones de felicidad que pueden acallar, aunque sea por una hora y media, la sordera del fascismo devenido en enemigo y la desesperanza convertida en voz cantante y rebelde de una revolución con todo en contra, pero con la fuerza de la unión como estandarte. Y qué buen soundtrack hubo para este pequeño escape.

Setlist

  1. Wedding
  2. Lately
  3. The Bay
  4. Wedding Bells
  5. Corinne
  6. Whitsand Bay
  7. Everything Goes My Way
  8. Heartbreaker
  9. Reservoir
  10. Walking In The Dark
  11. Boy Racers
  12. Lying Low
  13. Old Skool
  14. Insecurity
  15. I’m Aquarius
  16. The End Of You Too
  17. Salted Caramel Ice Cream
  18. The Look
  19. Love Letters
  20. Sex Emoji
  21. Upset My Girlfriend
  22. Radio Ladio

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