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WarCry: Canto del alma

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Por mucho que se analice y debata, existe alguna razón por la que el metal español tiene un arrastre sin igual en nuestro país. En numerosos reviews se ha hablado de lo mucho que el estilo vende en Chile; sin importar si cae en la vereda de lo clásico, lo extremo, lo progresivo o lo más sinfónico, aquí hay metal para todos. Es por eso que los españoles WarCry generan una devoción que escapa a toda acepción frente a otras agrupaciones. Aquí los fans cantan, saltan, gritan y corean cada una de las canciones como si ellos mismos estuvieran interpretándolas sobre el escenario, un canto que sale del alma, dándole sentido a palabras que, a simple vista, podrían parecer nada más que relatos de una apuesta cliché de este género. Parece ser que, para sus fanáticos, WarCry es mucho más que eso, y claramente quedó demostrado en lo que fue el cuarto show de los asturianos en Santiago.

Como antesala a la presentación de la banda, estuvieron presentes dos agrupaciones chilenas para animar al abultado público que desde temprano llegó la tarde de domingo al Teatro Caupolicán. Lo anterior hace alusión al incondicional apoyo de la comunidad metalera por las bandas locales, algo agradable de presenciar luego del cálido recibimiento que tuvieron Witchblade y Alto Voltaje, los invitados en esta jornada llena de metal. Primero fue el turno del cuarteto Witchblade, quienes demostraron su estilo de tintes épicos y lleno de riffs sirviendo como buen acto de apertura, muy en la línea sonora que predominaría durante la noche. Luego, Alto Voltaje trajo literalmente una subida de energía con su música llena de poder y fuerza, que encendió aún más los ánimos previo a la llegada de los españoles.

Y como el plato principal era WarCry, este fue servido en la hora exacta que se había prometido, desatando la locura de los fans que sólo querían ver a sus ídolos sobre el escenario. Con un video de introducción, fueron pasando por la pantalla los nombres de cada integrante, siendo Pablo y Víctor García (guitarra y voz, respectivamente), quienes se llevaron la mayoría de los gritos y aplausos. Así, la banda echó a correr toda su artillería con “Alma De Conquistador”, donde la voz de Víctor no se escuchó al comienzo debido a problemas técnicos, aunque eso no cambiaría mucho después, gracias a la fuerza del público que cantó con toda el alma, haciendo sentir su voz por encima del frontman en algunas ocasiones.

Celebrados tracks como “Nuevo Mundo” y “Contra El Viento” prosiguieron en un inicio lleno de ímpetu y derroche de talento, desplegando todos sus tecnicismos en cada instrumento que compone el quinteto. Hay que ser justos en que la impecable ejecución de la banda se logra gracias al rol bien definido de cada parte, con principal énfasis en el soporte rítmico que proveen el bajista Roberto García junto al baterista Rafael Yugueros, los que se adornan de igual manera con el sólido desempeño de Santi Novoa en los teclados.

Obviamente, el sello épico y fantástico sería una premisa dominante durante la noche, con ejemplos como “Cielo e Infierno”, “Huelo El Miedo” o “La Vieja Guardia”, recibidas de igual manera por la incansable audiencia presente. Algunos de los pincelazos finales llegaron con “Devorando El Corazón” y “Tú Mismo”, donde se expuso con mucho carácter el sello propio del metal español, que por alguna razón ha alcanzado un estatus más grande junto a la banda, desmarcándose de otras agrupaciones similares.

Probablemente siga siendo una incógnita el motivo principal de este enorme arrastre que la banda genera en nuestro país, así como la enorme devoción que fanáticos de todas las edades sienten por ella. Con cuatro presentaciones en el cuerpo desde 2011, WarCry ha ido amasando cada vez más su creciente legión de seguidores, yendo en constante ascenso en la escala de popularidad para la comunidad local. No importa si se canta sobre el amor, la desesperanza o la vida misma, esos tópicos se tomarán con la misma seriedad y solemnidad que representan todas esas batallas medievales y personajes mitológicos que protagonizan las historias de fantasía que cuenta la agrupación. Independiente de que a ratos su música suene un tanto repetitiva y monótona, eso se perdona por ser parte de un sólo relato, uno que se va desarrollando durante diferentes capítulos para encontrar su punto final, y consigo afianzar aún más ese lazo inquebrantable con el público nacional.

Setlist

  1. Alma De Conquistador
  2. Nuevo Mundo
  3. Contra El Viento
  4. Rebelde
  5. Siempre
  6. Cielo e Infierno
  7. Coraje
  8. Resistencia
  9. Cobarde
  10. Huelo El Miedo
  11. Muerte O Victoria
  12. La Vieja Guardia
  13. Ardo Por Dentro
  14. Quiero Oírte
  15. Odio
  16. Un Poco De Fe
  17. Keops
  18. Así Soy
  19. Devorando El Corazón
  20. Tú Mismo
  21. No Te Abandonaré
  22. El Guardián De Troya
  23. Hoy Gano Yo

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Christina Rosenvinge: Ouijas para la empatía y la revolución

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Christina Rosenvinge

La opresión de la lógica patriarcal que rige como titiritero invisible a las acciones sociales del mundo ataca a todas y todos. Aunque las movilizaciones multitudinarias hacen creer a varios que son las mujeres las que buscan cambios para ellas, lo cierto es que toda modificación a la norma imperante debe implicar algo más allá, afectando a hombres y mujeres. Por ello se hace vital entender todo el espectro. Esa es parte de las inquietudes de una de las creadoras más relevantes de Hispanoamérica, en especial cuando el análisis se cierne sobre su propia historia y la de los suyos.

Christina Rosenvinge es activista, pensadora, productora, mujer, pero por sobre todo es compositora, y en este ámbito es el que vierte complejidades claves de escudriñar. “Un Hombre Rubio”, uno de los mejores discos de 2018, ataca desde la empatía y la honestidad hacia las razones por las que existen exigencias para los hombres en pos de un patriarcado que busca su propia sanidad. Ella ve en su padre a una figura que tiene esas contradicciones e intenta explicarse una relación –cuando menos– conflictiva. Junto con una producción exquisita (de exclusivo crédito de la propia Christina) y sonidos precisos y bien desarrollados, el décimo álbum de la madrileña es un arma poderosa para hacer espiritismos propios en busca de respuestas, analizar esos diálogos pendientes y, por supuesto, para elucubraciones que deriven en esa revolución que permitiría la transversalidad fundamental, esa donde géneros no importen.

Un portal se abrió a pocos kilómetros del radio urbano del Gran Santiago, y en el parque de Las Majadas de Pirque, con edificaciones preciosas alrededor, se dio algo cercano a un día de campo, ocasión que vería a Rosenvinge volver luego de 14 meses a Chile, pero con un nuevo paradigma, de esos que usaría el propio David Bowie para corromper la normalidad y expresar todo lo que se pueda indicar.

Pero antes, la velada fue abierta por la solvente y delicada propuesta de Sabina Odone, quien, pese a indicar que existían ciertos desperfectos técnicos, siempre se escuchó con claridad y belleza. Lo primero que mostró en su presentación –que se extendería por 35 minutos– fue su trilogía de sencillos “Una Historia de Amor”, previa a su disco “Amore” que está trabajando para ser editado en 2019. Y se nota la consistencia de las tres canciones, tan diferentes en temática y sonoridades, pero tan ligadas una a la otra, desde “Algo de Ti” con el enamoramiento, hasta “Quise Ser Tu Amante” en la reflexión a posteriori, pasando por la decepción en “Ellos No Cambian”. Además, Sabina estrenó una canción y, cuando su piano eléctrico dejó de sonar, cantó una versión a capella de “Il Cielo In Una Stanza”, canción que refiere a los ancestros de Odone, quien, emocionada por la oportunidad, demostró que una buena voz no necesariamente viene asociada a la catarsis permanente, sino al control y la contención que da la experiencia en vivo y la convicción en las propias canciones.

Media hora después sería el turno de una Christina Rosenvinge que, a la usanza del arte de “Un Hombre Rubio”, llegó ataviada de una camisa blanca y pantalones negros sin talle ajustado. El afán de explicar una vestimenta va en que es este el personaje en el que podía sostenerse Christina a lo largo del show, en este hombre rubio, guapo, exitoso, dominante, que por 106 minutos sería el centro de la atención, con sorpresas, reflexiones y, al final del día, un rock que desde la sofisticación puede transformar un tranquilo prado en un concierto frenético y lleno de momentos.

Con “Niña Animal” y “El Pretendiente”, ambas del disco nuevo, Rosenvinge ponía sobre aviso a la gente del tono del sonido para el show, con una banda correcta mas no descollante, quizás dejando en claro que, más allá de virtuosismos o perfección, lo que podía hacer que el show fuera inolvidable eran las canciones, y por ello es que Christina también entendió que, para el espacio y ambiente, ella podía tomar el pasado para ir tanteando la trayectoria para enlazar el presente, formando un lindo nudo que cierre todo. Por ello irrumpieron como nunca las canciones que originalmente le pertenecían a Christina & Los Subterráneos. Incluso, la primera sería una del disco incomprendido de ese proyecto, “Mi Pequeño Animal” (1994). “Pálido” era la primera sorpresa nostálgica, para luego pasar a una nostalgia más personal de Christina en “Jorge y Yo”, dedicada a su hermano, y luego llegar a otra antigua, en ese caso de 1992, “Señorita”.

Rosenvinge volvía a su último registro con el dueto espiral de “Pesa La Palabra” y “Romance De La Plata”. En la primera canción, es el padre el que le habla a su prole, en tanto que en la segunda es la hija la que se da el espacio de hablarle a su progenitor, en un esfuerzo gimnástico de la interpretación, donde vemos cómo Christina está en otro nivel, siendo capaz de saltar desde su yo de hace más de 25 años hacia su padre, y luego hacia ella misma. Pareciera que estuviera dejando a los espíritus entrar, comunicarse y luego salir, todo en márgenes mínimos.

La Distancia Adecuada”, una sombría y elegante versión de “Tú Por Mi”, y luego “Ana y Los Pájaros” continuaban una jornada donde la verdadera Christina Rosenvinge quedaba a flote en todo momento, ya fuera con la repetición a modo de tantra de “Alguien Tendrá La Culpa” o con etapas más complicadas como las posteriores. Pasarán la puta, la tejedora, la flor entre las vías, pero nada será tan inesperado como “Mil Pedazos”, canción que la artista no tocaba desde su anterior visita en 2017, en una versión oscura, que hace sentir mucho más la división y el dolor de estos pedazos que no se sabe por dónde intentar volver a unir.

Aunque Rosenvinge y su banda abandonaron el escenario un poco, eso es parte de la dinámica tradicional de los conciertos, pero el retorno tuvo a Christina sola, con la guitarra ataviada y con intención de dar en el gusto a su gente, que logró que sonaran versiones solistas de “Las Suelas De Mis Botas” y “Sábado”, dos temas muy sorpresivos y que, sin querer, van dentro de la narrativa de comprender a otros y también generar cambios para modificar al ser.

En “La Piedra Angular”, canción que primero tiene a Christina acompañada solo por un piano para terminar con banda, se vivió uno de los momentos inolvidables de la jornada cuando ella se baja del escenario con intención de buscar una pareja para bailar el intermedio de ese track, que es casi un vals. Rosenvinge eligió a una mujer del público, con el arrojo arrogante de la vestimenta del hombre rubio que lleva puesta. Mientras bailan, mujer contra mujer, todo el público se pone a su alrededor generando una postal única, que se convertiría en incredulidad y risas cuando Christina falló espectacularmente en hacer un gesto galán y ella y su bailarina cayeron muy fuerte contra el suelo. Una manera única de relevar también el track que cierra “Un Hombre Rubio”, una balada preciosa que se pegó perfecta con otro track de Christina & Los Subterráneos, “Alguien Que Cuide De Mí”, y con el gran final con “Voy En Un Coche”, en una versión rockera pero madura, haciéndose cargo de la brecha de pensar que un auto es la libertad, algo muy lejano en 2019 a ese ideal de 1992, y por ello es que un tono más sombrío resultaba preciso.

Así culminaba un espectáculo donde no sólo hubo grandes canciones y momentos, sino también pudimos ver a una artista en el tope de sus capacidades, sean estas artísticas como personales. Christina Rosenvinge tiene en la cabeza como objetivo que se comunique qué es el feminismo, pero que se haga bien, sin caricaturas, y he allí su loable intención de buscar la empatía en figuras que también son consecuencias de un sistema opresor. En esta búsqueda, que va más allá de tumbas, dimensiones y fronteras, es que tenemos los cimientos de una revolución que no sabemos cuándo llegará, pero que sí tenemos certeza de que vendrá. Mientras tanto, como dice la canción que abrió el show, “aguanta”.

Setlist

  1. Niña Animal
  2. El Pretendiente
  3. Pálido (original de Christina & Los Subterráneos)
  4. Jorge y Yo
  5. Señorita (original de Christina & Los Subterráneos)
  6. Pesa La Palabra
  7. Romance De La Plata
  8. La Distancia Adecuada
  9. Tú Por Mi (original de Christina & Los Subterráneos)
  10. Ana y Los Pájaros
  11. Alguien Tendrá La Culpa
  12. La Flor Entre La Vía
  13. La Muy Puta
  14. La Tejedora
  15. Mil Pedazos (original de Christina & Los Subterráneos)
  16. Las Suelas De Mis Botas (original de Christina & Los Subterráneos)
  17. Sábado
  18. La Piedra Angular
  19. Alguien Que Cuide De Mi (original de Christina & Los Subterráneos)
  20. Voy En Un Coche (original de Christina & Los Subterráneos)

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