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Vicentico: El hombre en el espejo

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Así como Raphael de España y el cancelado Michael Jackson, muchos artistas a lo largo de la historia han sentido la necesidad de observar la relación entre el ser y su reflejo, entre lo que existe y su imagen. Dependiendo de la forma de configurarlo, esto deriva en catarsis de acción o de palabra, siempre con un correlato en la canción. Este es un ejercicio que involucra mirar y sentir, y es aquello lo que con maestría logran los artistas al avanzar en sus trayectorias, no sólo con el ego de su parte, sino con el desdoblamiento de este.

Ese grado de reflexión es el que pudimos observar la noche del 27 de marzo en el Teatro Teletón, en el sideshow de Vicentico antes de su participación en la primera jornada de la novena edición de Lollapalooza Chile, ante una audiencia que copaba las filas y columnas de sillas dispuestas en el recinto capitalino. Vicentico es ese narrador, y es también el sujeto narrado, en un recorrido por el lado más melancólico, maduro y romántico de un tipo que fue conocido como el líder de una agrupación como Los Fabulosos Cadillacs, llenos de energía y arrojo. En esta faceta, Vicentico elige ser más vulnerable, y también ser un elemento de mineral decantado por los ríos de influencias del pop italiano setentero y el romanticismo de antaño, algo que se notó desde el mero inicio con la potente “Ya No Te Quiero”, que fue la primera estación de casi dos horas de show.

Con una banda robusta, con al menos dos guitarras siempre a disposición y una batería con los niveles muy altos, al comienzo la amplificación se resintió un poco, algo que ya en la tercera canción, “Viento”, funcionaba mucho mejor, permitiendo captar las muchas sutilezas que eran necesarias para la conformación de un show como este. Canciones más nostálgicas como la mencionada “Viento” o “Luca” dejaban en claro que el taciturno Vicentico, que recién saludaría al en ese momento quieto público en el octavo tema, no estaba para generar una fiesta, sino que para compartir lo que siente y cómo se ve a sí mismo. Con su voz característica siendo manejada con maestría, “La Carta” o “Bajando La Calle” se asomaban como testimonios del camino recorrido por un artista cuyo poco ortodoxo estilo le generó incluso burlas en el pasado.

En canciones como “El Otro” o “Las Estrellas” la atención se volcaba al segundo micrófono, uno con cable, que estaba conectado a una máquina de loops, algo muy interesante, donde parecía que Vicentico se sentía más concentrado que en cualquier otro volátil momento. Los loops entregan una brecha en medio de canciones muy instaladas en el pop. No se trata de trazos experimentales, sino que de exploraciones intertextuales en la propia historia y obra de Vicentico, que entendió cómo estos cruces ayudan a darle más vueltas a un repertorio que en manos de cualquier otro, tal vez, sería demasiado sencillo para enganchar a gente más allá de los fanáticos. Vicentico consigue no sólo ser intrigante, sino que jamás perder ese limbo entre lo parco y lo comunicativo, dotándolo de magnetismo único.

Obviamente que la gente iba a reaccionar mucho más con la interacción más clásica, el acto de hablar, de conversar extrañamente con una voz versus centenares, y los temas más conocidos. Cuando Vicentico se quedó casi solo en el escenario, bromeó con el ritmo que le marcaba su baterista, y comenzó a esbozar los versos de “Cuando Pase El Temblor” de Soda Stereo antes de despacharse una desgarradora versión de “Los Caminos De La Vida”, que mezcló cerca del final con “Río Manzanares”, esa canción clásica del folklore latinoamericano compuesta por José Antonio López y que en Chile popularizara Isabel Parra. Son intertextos que se van repitiendo, como “Chalinet”, que se mete al final de “Las Estrellas”, o “Radio Kriminal” de los Cadillacs ya en el encore en “Las Manos”. Hay una narrativa concreta, enmarañada y real. El camino no es lineal, y el “Paisaje” no es algo mimético, sino que se pinta por partes, a lo Van Gogh, con “No Te Apartes De Mí” o “Siguiendo La Luna” siendo mucho más solemnes que en sus versiones a banda completa, o con “Morir A Tu Lado” y su letra de amores en extremo encapsulada en una melodía pegajosa que logró despegar a la gente de sus asientos, justo antes del final del set principal.

En casi dos horas, Vicentico aprovechó la intimidad de un espacio acotado como el Teatro Teletón para mirarse en un espejo oscuro y mucho más experimental de lo que se podría pensar, desnudando sus vulnerabilidades y exponiendo sus fortalezas, todo nutrido de ese juego de mostrar y esconder, que genera intriga y algo mucho más interesante que lo que se pudiera anticipar. Cuando el eterno outro de “Solo Un Momento” culmina y Vicentico se queda con su hijo Florián, se le dibuja una clara sonrisa al cantante y por fin disfruta. Despacha “Vasos Vacíos” en el tono más melancólico del mundo, abraza a su hijo y agradece una noche más de música, y esta vez, al parecer, también esa chance inmejorable de poder entregarla con la completa sencillez de la transparencia, con esa honestidad que tienen las miradas a los ojos propios tras un largo día, en el espejo, comprendiendo el ser y el sentir, por fin.

Setlist

  1. Ya No Te Quiero
  2. Bajando La Calle
  3. Viento
  4. Luca
  5. El Rey del Rock And Roll
  6. El Otro
  7. La Carta
  8. Los Caminos de la Vida
  9. No Te Apartes de Mi
  10. Siguiendo La Luna (original de Los Fabulosos Cadillacs)
  11. Algo Contigo (original de Chico Novarro)
  12. Paisaje (original de Franco Simone)
  13. Las Estrellas
  14. Creo Que Me Enamoré
  15. Morir A Tu Lado
  16. Las Manos
  17. Basta de llamarme así (original de Los Fabulosos Cadillacs)
  18. Solo Un Momento
  19. Vasos Vacíos (original de Los Fabulosos Cadillacs)

Fotos por Carlos Müller para Lotus Producciones

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Primordial: Equilibrando la humildad y la ambición

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Primordial

Cuando pensamos en el sonido del black metal, siempre surge la idea de algo muy ligado a estructuras convencionales, o también ese estilo del metal que no va en el carril de lo tradicional, quizás llegando a otros segmentos. Por ello siempre es interesante cuando hay una mezcla de elementos para dar con algo nuevo, que es lo que pudimos ver a lo largo de una jornada con mucho de épico en la noche del domingo 21, en el Club Rock & Guitarras.

A las 19:54 horas, un poco antes de lo informado, Sol Sistere se subió al escenario e hizo valer su tiempo en oro, mostrando que desde una estructura black metal también llegan al heavy y al doom con facilidad, pese a que el sonido en la primera canción convertía todo en una masa sin mayores claridades. Desde el segundo tema se arregló esto, lo que afectaba muchísimo a la batería de Pablo Vera, y ya en “Death Knell” se veía cómo la potencia y el control eran uno en la ejecución de la banda. Sol Sistere quizás peca de tener entonaciones un poco cliché sin una épica detrás, pero en lo que importa, en las canciones, tiene todo el terreno ganado, y sólo se puede esperar más y más de una propuesta compleja e intrigante como la del quinteto, que a las 20:30 horas se bajaba del escenario para dejar en ascuas a un público que iba repletando poco a poco el pequeño local de Ñuñoa.

Lo anterior es clave, porque algo importante dentro del metal como es el debut de una agrupación de casi 30 años de carrera parece algo un poco menor. Al final, lo que genera algo único es la reacción de los fans y la impactante primera impresión que puede dejar una banda, y esto es precisamente lo que logró Primordial en dos horas llenas de intensidad, de mirarse a los ojos, de levantar puños y hacer headbanging.

El quinteto se subió poco a poco al escenario, siendo Alan Averill el último en hacerlo, y el vocalista y mente creativa principal del conjunto sin duda que era el que llevaría la batuta del show. Pintado y con una capucha al más puro estilo del Undertaker, Averill inmediatamente buscaba reacciones de un público que despertó con el anuncio de la primera canción, “Where Greater Men Have Fallen”, que de inmediato marcaba el pulso de lo que sería la jornada. La invitación no sólo era a disfrutar un show, sino también de la épica que le imprimía Alan a cada entonación, a cada mirada a la gente. El carisma del frontman es una extrañeza para un género que se caracteriza por el ostracismo y el dominio de lo instrumental, y es que tal vez el camino de Primordial ha generado algo diferente.

En vez de caer en los clichés del black metal, Primordial ha ido mezclando y armando cosas nuevas en cada disco que sacan, y es esa ambición por expandir sus dominios cada vez más lo que ha generado que tengan uno de los sonidos más únicos en todo el metal, sin referencias a una o dos cosas, sino que miles a la vez, desde el folk hasta lo sinfónico, pasando por doom o hasta detalles más pastorales. También desde ahí viene el imaginario donde se cruzan dioses, verdugos, entierros e imperios en llamas, siempre con el punto de vista del oprimido como algo relevante. Averill se pone una soga con el típico nudo del colgado en “Gallows Hymn”, reclama solemnidad luego de una introducción casi histórica en “To Hell Or The Hangman” y juega con la camiseta retro de la selección Irlandesa de fútbol pre Mundial del ’94 (una verdadera rareza) que alguien tiene en el público. Todo es parte de una historia más grande que la de las canciones mismas, las que se suceden en su extensión mayor, incluyendo sorpresas más allá de lo que dice el setlist, como “Babel’s Tower” luego de la intensa y cruda “Nails Their Tongues”.

En materia de sonido, Primordial estuvo preciso en cada momento, pese a que a veces se perdía la distancia entre uno y otro instrumento, algo atribuible más a la amplificación del local que a descoordinaciones de la banda, pero eso jamás fue impedimento para lograr ser parte de algo impactante, uno de esos shows que demuestran cómo es que el metal es un campo de cultivo para la innovación, en especial cuando la intención y la ambición juegan. Algo sorprendente era que, pese al aspecto intimidante de Alan y a la precisión de los irlandeses para tocar las canciones, la cercanía (quizás impulsada por lo cerca que está la gente de la banda en el escenario de R&G) siempre fue algo presente, y quizás tiene que ver con esta dinámica de “no nos vencerán” que caracteriza a los de Irlanda del Norte, con esa identidad tan precarizada por los factores políticos, con lo que la afirmación propia termina siendo campo de batalla diario. Y por ello es que se piensa que los imperios deben caer (“As Rome Burns”, “Empire Falls”) porque, aunque la historia la escriban los vencedores, no por ello los vencidos no pueden caer cantando.

Más sorpresas había con “Autumn’s Ablaze” o con “Sons Of The Morrigan”, adiciones al setlist basadas únicamente en que era la primera vez de Primordial en Chile, lo que habla también de una agrupación dispuesta a hacer concesiones, a dar más de lo que se pudo haber planificado. He ahí el gran valor de un show como el de esa noche: se puede ver una banda ambiciosa en lo musical, en un gran momento creativo, con la sencillez necesaria para entender cómo se trasciende en verdad. Con esto, cuando la banda se manda el doblete final con “The Coffin Ships” y “Empire Falls”, en verdad entienden que no pueden bajarse así como así del escenario, y es ahí cuando sacan una última sorpresa, agregando de la nada “Heathen Tribes”.

Flexibles, cercanos, excelentes en la ejecución e interpretación, lo de Primordial en su debut en Chile fue de calidad implacable y de humanidad conmovedora, en dos horas de concierto que dejan en claro cómo existen aún miles de chances de innovar en el sonido, generando conexiones únicas en el escenario.

Setlist

  1. Where Greater Men Have Fallen
  2. Gods To The Godless
  3. Gallows Hymn
  4. Nails Their Tongues
  5. Babel’s Tower
  6. To Hell Or The Hangman
  7. No Grave Is Deep Enough
  8. As Rome Burns
  9. Autumn’s Ablaze
  10. Bloodied Yet Unbowed
  11. Sons Of The Morrigan
  12. The Coffin Ships
  13. Empire Falls
  14. Heathen Tribes

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